14 de julio en una Francia bajo el fuego. 37 grados en este momento en Lyon. Me hace pensar en la canción “Toxic” de Britney Spears. Too high, can’t come down, losing my head, spinning around and around, do you feel me now? it’s in the air and it’s all around, canta Britney Spears, with a taste of your lips, I’m on a ride, you’re toxic, I’m slipping under, with a taste of a poison paradise, I’m addicted to you, don’t you know that you’re toxic? Britney no se imaginó que su canción se ajustaría tan bien a este presente tóxico de fuego. Baby, can’t you see I’m calling? A guy like you should wear a warning, it’s dangerous, I’m falling, there’s no escape, I can’t wait, I need a hit, baby, give me it, you’re dangerous, I’m loving it, canta Britney Spears. Creo que todo se volvió más intenso porque encontramos a Roberto Bolaño. Un encuentro fortuito, por supuesto. El último día en Barcelona. Toxic Bolaño, la copia exacta. Adictivo, incandescente. Tal como esa ciudad, de la intensidad interminable. Mi intuición de que volvería a aparecer era exacta, tal como su parecido con el escritor. Estábamos afuera de un bar en el Raval, donde nos aprestábamos a entrar, y Roberto Bolaño llegó en su bicicleta y la aparcó en la puerta del bar. Yo había partido unos pasos más allá a comprar un bocadillo, y mis amigxs me hicieron señas, vuelve, movían las manos exageradamente. No entendí qué pasaba, volví, nos quedamos los tres atrapados en el asombro. Era Roberto Bolaño, atraído por mis ganas de encontrarlo, nos observó mientras aparcaba su bicicleta sin entender mucho de qué trataba tanta batahola, por qué tres extraños lo miraban con esa cara de sorpresa. Partió caminando por las pequeñas calles, lo seguí, qué más podía hacer, si estaba ahí era el destino hacerle las dos preguntas que me corroían, si sabía que era exacto al escritor, y si él escribía a su vez. Lo alcancé, pude preguntarle. Pero llegó su novia, como en esas películas en que el plan fracasa, y se lo llevó lejos. Bueno, no tan lejos, un poco más allá, era un concierto punk de una banda de mujeres en el Raval, eran las fiestas del barrio. No nos rendimos, al volver al bar, donde teníamos la intención inicial de entrar, nos encontramos con su bicicleta, pero mis amigxs no recordaban exactamente cuál era, y yo ni me había fijado cuál, obnubilada por este encuentro fortuito que había invocado al destino. No importa, anoté en dos papeles, porque estábamos entre dos bicicletas que podían ser, Bolaño, y a continuación mi teléfono. Los dejé en los candados que ataban las bicicletas, para poder terminar mis preguntas relativas a Roberto Bolaño a su doble real y ficticio. Espero su llamada. Siempre la mayor fuente de aventuras de ficción es la propia vida. Feliz 14 de julio, y que gane Francia el partido de fútbol enfrentando a España. No pueden ganar todos, ¿cierto? Yo perdí, como Bolaño, pero lo encontré. Lo espero, en la ciudad tóxica bajo el fuego. Eres tóxico, Bolaño, soy adicta a ti. Mi pasión es fabricar la suerte. Imaginar el destino y perderme en su boca.
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