Un día cavamos un agujero en el jardín e hicimos un lago. Un gran agujero, un gran lago. El agua desbordaba por uno de sus costados, y caía por una cascada de rocas. Mirado desde arriba tenía la forma de un corazón, como los que dibujamos, no los de verdad. No es lo mismo. Como el del dibujo de un niño. O un adulto. Sin venas, ni arterias. Sin sangre. Un solo trazo con formas redondas. Así era el lago. Era agradable caminar por la orilla, al atardecer a comienzos del verano, cuando el viento cálido da en la cara y el pelo ondula y uno cree que vivir es eso nada más. También adoptamos un gato. Para que corriera por el borde del lago intentando atrapar las abejas que se paseaban por allí en busca de agua. Las libélulas. Los pequeños insectos de formas extrañas. Pero jamás una pata en el agua, se inclinaba cuidadosamente acercando la cabeza para beber un poco sin apenas tocarla. Para qué sumergirse entero si se puede probar un poco. Y evaluar. Y evaluar. El gato no dejaba de evaluar. Y yo de mirarlo. Por horas. Perseguir al viento. Las pequeñas partículas blancas de los dientes de león. Llegado el momento una enredadera comenzó a crecer por los bordes del lago. Fue subiendo imperceptiblemente por la colina hasta alcanzar la casa. Luego los márgenes de la casa. Sin previo aviso entró por una fisura del muro y comenzó a recorrer el salón hasta la cocina. Envolviendo los platos y las tazas. Los que no se habían volado con el viento. A fin de cuentas, luego de un tiempo indeterminado había invadido la casa entera. Parecía un cuadro de Ernesto Barreda. Terminó entrando por nuestras gargantas y tomando las palabras que queríamos poner en juego para la conversación. Conversaba ella sola. Se abastecía a sí misma. No le importábamos en absoluto. El gato ya ni entraba para no tener que mirarla a los ojos. O escuchar sus monólogos. Ella misma terminó por aburrirse. Volvió al lago. En busca de nuevas ideas. Estaba dispuesta a todo. Nos tomó del cuello y nos sumergió en el agua. No teníamos las autorizaciones adecuadas. Nos faltaban los mecanismos. Ahí nos quedamos. Bajo el agua.
23 de mayo de 2022
17 de mayo de 2022
El viento
Había tomado yo posesión de mi pequeña silla en la gran avenida peatonal. Sobre la mesa un crêpe de chocolate y un café. Mediodía y un calor que daba fuerte en la espalda. El gentío desplazándose en todas direcciones. Puede uno estar estático y la concurrencia avanzar. Por qué hacer como los demás. A veces el movimiento va por dentro. Pensaba en Marie, mi planta, que decidió secarse al percatarse de mi abandono, pero dejó un pequeño brote al final de su pequeño y frágil tronco para no eliminarse del todo. Unas hojas ya van saliendo. La observo cada día. Luego la conversación se asentaba en algo, y en ese momento, estando desprevenida de los contratiempos del presente, el gran viento que soplaba con una furia que iba en aumento decidió llevarse el tercio que me quedaba de crêpe por los aires, levantándolo junto al plato para elevarlo y girar. Tuvo a bien este paso de baile llevarse también a la mitad de mi café que esperaba en la taza. El plato invitó a la taza, y plato, taza, crêpe y café decidieron girar y perderse en la inmensidad ante mi mirada atónita. A veces el viento se lo lleva todo. Marie no estaba. También habría partido. Luego ya sin crêpe y sin café tomamos el autobús en la dirección equivocada. Vas para un lado y partes a otro. Sin darte realmente cuenta. Uno que es exactamente el lado contrario. Esto es, vas para uno, y partes para el lado completamente opuesto, el que no es nada del lado al que ibas. Nos bajamos del bus por supuesto. Porque había razones para la intención de tomar el bus en un comienzo, y no había manera de llegar sin bajarse. Luego el autobús no pasaba. Abandonados a nuestra suerte en la inmensidad de la ciudad en silencio. Sin crêpe, sin café, sin plato, sin taza. Marie a kilómetros de distancia. Decidimos alojar en la acera. Improvisamos una tienda. La decoramos a nuestro gusto. Con lo que quedaba. No era mucho. Pero era algo. Pusimos música. Eso ayudó a pasar el tiempo. Ahí estamos. Ahí estoy. Y el viento sigue llevándoselo todo. Aprehendo las palabras al vuelo y compongo historias absurdas. Historias que sucedieron tal cual. Historias al fin y al cabo. Historias vitales. El autobús pasó finalmente. Volver a casa fue otra historia. Todavía soplaba el viento.
9 de mayo de 2022
La sensación al seguirte
La enfermedad del amor
Este año serán nueve años bajo tu estrella
Sólo conozco tu terreno
Ahí donde he sido feliz
Ahí donde la ola reventó una y otra vez
Donde tu caminar me llenó de gozo
No conozco otro amor tan profundo como el que me inspiras
Eres perfecto y sólo puedo vibrar bajo tu luna llena que me exalta
Lo que nos lleva más allá es la sensación de expansión
De salir de lo plano y regular
Para eso estoy y miro a los ojos
Para la llamada de lo que estalla y enceguece
Lo que me deslumbra es la profundidad que perfora el instante eterno
Keats dijo, el objetivo de zambullirse en un lago no es nadar inmediatamente hasta la orilla, sino estar en el lago, deleitarse con la sensación del agua.
Lo que me conmueve es que eres presente
Estés o no estés, eres
La posibilidad me excita
La certeza de tu perfección
Lo lejos que llega la sensación al seguirte
En vano tratarías de evadirte de mi voz, como dijo Huidobro
Y de saltar los muros de mis alabanzas, estamos cosidos por la misma estrella.
El amor no es una enfermedad es una bienaventuranza
Qué importa anhelar si puedes ser música que trasciende
Si la reminiscencia de tu cuerpo me entrega versos que vuelan
Caer es duro pero amar es mejor
Prefiero la poesía a la explanada sin sobresaltos
La acción también está cosida de amor
De revoluciones sin mañana y desilusión
¿Quieres saber cómo se siente?
Como flores y locura errante
Como juventud, aventura y libertad
Quién dice cuándo acaba todo
Qué buscas, qué buscas
Tengo la poesía y las olas para navegar hacia las orillas
Hacia los márgenes y admirar en el intertanto los kilómetros de agua
Si vas a partir recuerda que yo seguiré estando aquí
Deleitándome con la sensación del agua
Esperando tu estrella sin esperar
Nadie ocupará tu lugar.
8 de mayo de 2022
Mi único destino
El amor es un deambular, decía hoy la ópera
El exilio es su reino.
Tan pronto vivimos, tan pronto morimos
Se extiende ante mi vista la inmensidad infértil de tu partida
Cuento los días para volver a encontrarte
Mi único destino es frente a tus ojos
Frente a tu mirada que contiene todo lo vivo
La magia de tu voz que imita a la música
Sin tu cuerpo estoy inerme al borde del camino
Los paseantes me ignoran
Intento comunicar la alerta pero nadie parece entender
Nuestra conexión es tan íntima que trepa como una enredadera
Cubriendo todo momento vital
Desiertos y catástrofes parecen nimios junto a tu ausencia
La poesía es el lenguaje de lo importante
La puesta en escena de la estructura del mundo
La textura del sentido que incita a escribir y actuar
Mi impulso está dado por la sensación de tu piel y el refugio de tu risa
Por todo lo que he conocido en tu nombre
Por todo lo que se aloja en tu vibración que me revoluciona suavemente
He encendido las alarmas
Si tu nave espacial despega la seguiré por universos infinitos
La poesía está desnuda si no vuelves.
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