16 de diciembre de 2019

Segundo preámbulo a las Instrucciones para amar


Sentir el olor de una rosa
Olvidar el tiempo
Escuchar a Lou Doillon
Leer a Proust
Caminar
Oír el río, que pasa
La miel en la lengua
El pelo al viento
Y luego:

Improvisar.

Y que sea lo que dios quiera, como se dice, y

Que la fuerza te acompañe.

Y luego, como Arthur H, decir, « Ô Mon amour la fête continue » (la fiesta continúa)

Y luego, si lo escuchamos atentamente, cambiar los jardines por bosques primitivos
Y oír nuestros pulmones, que se distienden.
Y contraen

Y tocar el tambor pero también ir al teatro y a conciertos de jazz
Y a la naturaleza
Y esperar y dar
Y agradecer

13 de diciembre de 2019

Preámbulo a las Instrucciones para amar


Leer novelas
A veces es como en las novelas
A veces, a veces
No
No es verdad
De cuáles novelas estamos hablando

Escuchar música
A veces es como un disco de heavy metal
Lo pones en la radio, lo escuchas
Así va a ser

Pero qué hacer
Algo hay: no tienes que pedirle permiso a nadie
Puedes hacerlo a escondidas
Bellas fantasías que nadie podrá arrebatarte

Vamos a lo serio
Hay un lado tan, pero tan real
Un lado
Un lugar
¿Ahí te quieres situar?

Alto
Para qué precipitarse
A ver
Alquilar un piso
Aperitivos
Conversación
Ya no hay miedo
No es verdad
Se instala lo siguiente:
El miedo a perder
Perder algo
Que se tiene
Algo que se posee
No es verdad
Una entelequia creada por algún infame
No es posible poseer
Entonces qué
Dos puntos
Amar es volverse frágil
Es aprender a disfrutar
Mientras el azar esté de tu lado
Mientras la suerte sea tu mejor aliada
Y luego rezar
No es verdad
Rezar no servirá
Más vale disfrutar
Y
Una cosa
Amar a la incertidumbre
¿No encuentras a nadie?
No importa
Que se vayan todos al infierno
No se han dado cuenta de tus atributos

11 de diciembre de 2019

El fin de la ceremonia


Quería ver una película de Claude Chabrol y tomé por azar La cérémonie en la médiathèque sin saber de qué iba. Gratis o por una suma ínfima al año es posible tomar prestada cualquier película, están todas, todas esas de cine arte que no había encontrado nunca en ningún lado, pues ahí están, en las mediatecas públicas, disponibles para mi felicidad y expectación. Creo que este año he visto 365. Y la música, todos los discos disponibles para mí, anoto en el buscador con alegría y voy a buscar el disco a la mediateca correspondiente. Luego esa música está en mis oídos cuando camino por las calles, haciendo del momento algo mágico, una aventura constante, una película propia. Los libros no. También están disponibles, pero esos los pago, nuevos o de ocasión, porque necesito subrayarlos, tenerlos, observarlos, leerlos con calma, repasar, volar, transformarme, transportarme. Los tengo frente a mí todo el tiempo. Los miro con tanta emoción. Tesoros, tesoros. Esas frases maravillosas que se exhiben, para quien quiera leerlas. La protagonista de La ceremonia es analfabeta. Dispara a los libros. Quiere eliminar todo lo que pilla. Quién es Sophie. La mujer que trabaja como empleada doméstica en una casa burguesa cerca de Saint-Malo. Amiga de Jeanne, la cartera. No esperaba encontrarme con una alegoría de la crisis actual de Chile. Un estallido que pone fin al desprecio. Viendo en la película a Sophie que sirve la comida a la familia en el comedor familiar, recuerdo cuánto rechazo me causa el hecho que alguien me sirva en una casa, si no está sentado a la mesa conmigo. Cuán distinto es el sabor de la comida cuando lo preparamos y lo servimos para nosotros mismos. Cuando los integrantes de una casa se organizan para limpiar y lavar la ropa. Si te vas de Chile la idea de que alguien duerma en tu casa o esté en tu cocina porque le pagas parece algo del siglo pasado. La venganza de Sophie y Jeanne contra quienes les dan las órdenes tiene la misma sustancia de la furia de la primera línea. Es como si Claude Chabrol se hubiese paseado por esas calles sin saberlo. Pero no es eso. Simplemente el fenómeno es el mismo. Mientras haya que pagar en todos lados por los libros, las películas y la música, y mientras haya personas que sirven a otras que celebran o sólo ven pasar la vida, mientras haya personas que sirven a otras en las fiestas en vez de estar con sus propias familias, las bibliotecas y los cuerpos van a seguir explotando. Lo malo es que Sophie y Jeanne son las que se quedan sin ojos en la historia de Chile. Los otros siguen comiendo tranquilos, tocando la campana para llamar a quien debe traer la comida. Hasta cuándo. Ser como de la familia, sin ser de la familia. En las familias todas las personas son iguales. Que muera ese Chile lleno de ceremonias. Lleno de Claires, de Solanges, de Sophies, de Jeannes, de Christines, de Léas, tan lleno de madames, por dios, qué cuesta poner a lavar la ropa, aquí todo el mundo lo hace, y sino pagan lo que cuesta. Y la relación es otra. Abramos las bibliotecas y revolvamos la cacerola. Ese país perdido entre el mar y la montaña tiene un futuro aciago de otra manera. Gracias a que nací en él puedo ver la diferencia. No me quejo. Sólo espero no encontrarme con alegorías y signos en cada rincón. La desigualdad es sofocante. Cómo todavía respira ese pedazo de tierra. Quizá esa es la pregunta base. Pero vayamos inmediatamente a las respuestas. Esas son fáciles. Otra cosa es esquivarlas. Por la razón que sea. Porque es rico que te sirvan a la mesa. Porque a veces llevar la bolsa de basura hace que las manos se ensucien. Porque el polvo da alergia. Chile me hace pensar en los castillos de la Loire. Algo muy señorial, lleno de ceremonias. El problema es que esos castillos ahora son museos. Será acaso la ocasión de descolgar esos cuadros y ponerlos en el museo. Dejar los vestidos de Catherine de Médicis y de Diane de Poitiers y abotonarnos la chaqueta solos. Una sola puerta de entrada y una sola puerta de salida. Un mismo bus para todos. Que para castillos ya tuvimos suficiente. Además los reyes eran personas educadas, habían leído mucho. Quizá se merecían el servicio a la mesa. Hoy nuestros gobernantes y políticos no están en ese grupo, pero quizá lo peor sea que piensen que nadie fue al colegio. Que nos traten como analfabetos. Que nos cierren las bibliotecas y luego nos disparen y luego digan que ellos no fueron, o peor aún, que fuimos nosotros mismos. Los que destruimos el castillo. Esa majestuosa estructura junto al río. Parece un oasis en medio del bosque. Abramos los museos y digamos adiós a los castillos. Lleguemos al final de la ceremonia. El 2020 acecha y los ojos están encima. El planeta escribiendo. Cambiemos de una vez ese bello país de mestizos sublimes. Que para reyes ya tuvimos suficiente. A revolver la cacerola para cambiar la ceremonia. Hay que salir a buscar los libros que nos esperan. Vivan las manos. Todas íbamos a ser reinas. No me des de a pedazos, migas para recoger. Uno se entrega entero cuando se ha de querer. Viva Rosalía, viva Efigenia, viva Lucila y viva Soledad. Todas vamos a ser reinas. De mil reinos sobre el mar.