Intenté recordar los consejos de Bolaño a los escritores jóvenes, y
recordaba: leer mucho, y follar mucho. Pero había otro consejo, sé que había
otro. Vuelvo al libro, y luego de buscar un momento, ahí estaba: vivir mucho.
Se me había olvidado. Vivir…. imagínate… vivir.
Luego me quedé mirando al infinito, en línea recta hacia delante, o
por la ventana, hacia el lado, o hacia abajo, El maestro ignorante, de Jacques Rancière, que había dejado sobre
el cojín. Vivir… imagínate... vivir.