Tal vez me fui de Barcelona porque también era como una casa, y para escribir hay que estar lejos de casa. Hay que encontrarse en terreno desconocido. En terreno por conocer. Ahora en la Barceloneta escucho música de fiesta por todos lados, mientras peleo con emociones y recuerdos. Qué extraño lugar en un sentido. Un lugar para dejarlo todo atrás. Como hace uno cuando quiere escribir. Por qué es necesario estar lejos de casa. Porque las olas ahogan. ¿Y la soledad? ¿Y la distancia? Me encuentro aquí con gente tan querida. Pero sé que puedo volver. Que el tiempo pasa de todas maneras, pero para qué queremos retenerlo. Pasará, es innegable. Conozco sus artimañas y promesas. Se parecen a las nuestras. Las maniobras que empleamos para olvidarlo, y los pactos que hacemos para creer habitarlo entendiéndolo todo, cuando es todo lo contrario. Nos tiene por el cuello. De una oreja nos levanta, aunque nos sentimos tan autónomos y resueltos. Estamos en la mitad de un caos constante, como la Barceloneta en agosto. Movimiento y entusiasmo. Que nos eleva y nos aplasta a ratos. Buscamos en medio de la debacle la corona, la espada y la grandiosa mitología. Una mitología si es grandiosa puede sustituir a la vida. Fácilmente. Porque en los libros adivinamos un poco más. No en cualquier lugar. No en el beat afilado que no acaba. Tal vez en el mar. Tal vez en el río. En la amistad sin duda, en el amor significativo. Dónde está eso. Yo sólo me relaciono con libros, es triste a veces, porque los libros son tristes. Porque transportan verdades que a veces duelen. Tantos aspectos que nos hacen trizas. Que no tienen que ver con la fiesta de un barrio en llamas. El movimiento es un arma de doble filo. A veces es éxtasis y a veces oscuridad. Para mí es más éxtasis que otra cosa. El traslado de los libros. La fiesta no. Me deja vacía. Con el tiempo la he dejado de lado. En cambio la conversación me eleva cada vez más. La conversación con los pies en la arena, la conversación en un café, en un bar, en el atardecer y en una mañana asoleada cuando todavía pueden ocurrir cosas porque el día recién ha comenzado. Compartir con la gente que quiero es mi grandiosa mitología. Donde instalo todos mis cimientos. Para que luego los libros puedan hablar, y entenderlos. No tienen sentido si los seres humanos no están cerca, si los seres vivos no me acompañan. A veces viene de todas maneras la tristeza, porque la estadía en los días está tan llena de movimiento. Me aferro a la música. El compás exacto de la amistad y el amor cuando es todopoderoso. Eso también es mitología, pero mucho mejor que así sea, el sueño es más grande y lo vuelve todo posible. Sin la intensidad del sentimiento no nace mito alguno. Su veracidad no es tan relevante, al menos inicialmente. Luego ya va siendo necesario. Yo invento su majestuosidad en todos los casos que siento de cerca la explosión de las luces de colores: no me arrepiento. Elegí escribir, ¿de qué otra manera podría ser? La pasión es lo único que enciende el corazón. Para indiferencia ya tenemos la de las naciones con el sufrimiento. La pasión es un requisito imprescindible. Ahí se equivoca la película Materialists, lo que faltaba era la pasión, no la promesa absurda de una duración desconocida. No hace falta. Lo importante es que haya pasión y valentía. Hacer como que todo es seguridad y certeza, cuando es todo lo contrario, amar es lanzarse al abismo de las olas en todas las direcciones posibles colisionando entre ellas hasta ahogarte. Lo que no sé es si volverá a sucederme y si algo de lo que imagino tomará forma. Tal vez lo que no sé es si siento algo, y eso es más delicado. Porque entonces el camino está cerrado de antemano. Por eso me concentro en los libros, y llegará cuando tenga que llegar. De todas maneras, existir es una apuesta en el vacío, hay que confiar, no queda otra. O concentrarse en los libros y olvidarse de lo otro: es lo que hago. Me sale naturalmente, no pongo esfuerzo en eso. Disfruto lo que va llegando, y siempre continuar la invención, porque lo que cuenta son los mitos. Los del papel, y de la música de las profundidades. Me rendí hace tiempo de llevar el ritmo correcto de los acontecimientos. Los dejo proseguir sin mí. Organizarse sin mi participación activa. Luego me tocan la puerta. Es agradable, no lo niego. Un barco a la deriva con una biblioteca dentro. Creo que esta imagen describe bien mi estadía en las ciudades. O más bien esta, un barco a la deriva aparente con una biblioteca dentro. El timón lo tengo y no soy amiga del delirio. Soy amiga cercana del humor. Me guía. Como un velero al que sigo en todo momento. Los mitos me hacen reír, porque describen tan bien la existencia, que reconozco la verdad entre la vegetación espesa. Esto es lo que dijo en realidad Florence Welch: My empty halls to echo with grand self-mythology. Soy un rey, dijo. Sentirlo es suficiente, y todo el resto está en los libros. I am king, dijo. La luz está en el túnel sin salida aparente. La pasión se nutre de eso. La imposibilidad, la distancia. El grito de la mitología, porque el susurro no alcanza al florecimiento. En la playa es mejor cuando hay sol. En el amor es mucho mejor cuando hay pasión.
28 de agosto de 2025
Grandiosa mitología
Lo que hacemos es que vamos creando una mitología asociada a los lugares. Están los recuerdos, están las anécdotas, los sentimientos, las sensaciones, y los vamos fijando como historias de un libro mayor que nos espera para cuando volvemos. Para encontrar puntos de referencia que nos sitúen aunque no estemos buscando específicamente orientarnos. Sucede tal vez naturalmente. Nuestro cerebro adora esas líneas de colores que vamos pintando sobre las piedras para encontrar el camino a casa. A veces son personajes que inventamos: todo es para que la fantasía nos permita vivir. Yo inventé a Samson el escritor, y ahora quisiera inventar a Ézéchiel el actor: esta ciudad todo lo permite. Por eso regreso: sueño sin detenerme con grandes aventuras, playas, castillos, y obras grandiosas de la mitología. Al mismo tiempo todo es humor. Una gran parte de cinismo y de certeza de que la ciudad tampoco podrá serlo todo. Así sucede. Pero no es tan grave. Porque están las obras que nos van dando razones para seguir. Venir y buscar lo inencontrable. Existir tiene algo de eso, ¿no? Necesito mi corona dorada de dolor, canta Florence Welch, mi espada sangrienta para blandir, mis salones vacíos para que resuene mi grandiosa mitología. Estos mitos son historias no ideología. No intentan convencer a nadie. Intentan entrar al corazón de los lugares para sustituirlos. Instalarse en el interior de los sucesos para modificarlos. Para que el fardo del tiempo no sea tan pesado. De todo eso que aconteció y queda en uno como sedimentos igual que las señales del agua en la arena al retirarse. Entonces creamos las grandes mitologías que son como una señalética. Arte que nos salve de los sedimentos y de todo eso que no toma forma, o adquiere formas que no comprendemos. Distintas, no usuales, no similares a las que nos enseñó la ideología. De ahí la confusión. Pero cercana a la certeza de las intuiciones como coronas, espadas, y salones vacíos donde resuena el eco de lo inventado. Yo lo que hago es dialogar con los personajes. Pedirles que me extraigan de la ciudad cuando es intensa. Cuando sus llamas me indican que una parte de mí sigue aquí, como sigue en cada personaje que compone la grandiosa mitología. Hice hoy el recorrido de cuando estudiaba en esta ciudad, calles, facultades, librerías, museos, cines y plazas. Es difícil sacarse el tiempo de encima, y la mitad de la vida pesa, además de la nitidez de que ya todo es distinto simultáneamente. La mitología se crea con lo nuevo y con esos puntos de fuga que nos acompañan para huir pero saber que ya estamos en casa. Siempre estuvimos. Porque lo que llamamos casa son líneas trazadas en el aire. Frases que significan tanto para nosotros que podemos cobijarnos en ellas. Pronto será la hora de volver a partir. Como una parte de mí vive aún en esta ciudad es difícil partir. Mientras caminaba por la ciudad pensaba en la hilera de decisiones que vamos tomando que van determinando nuestro destino, más todo ese azar que hace su parte. Yo escogí el viaje, siempre el viaje. Siempre la ficción y la mitología. Necesitaba moverme, seguir a mi corazón adonde quiso llevarme. Ahora mi corazón está en Lyon, y ahí se va a quedar. En lo que se ha dejado río abajo no hay vuelta atrás.
23 de agosto de 2025
Lisa Lyon Barthes y el arte (Libro)
Lisa Lyon Barthes y el arte
Lisa Lyon Barthes y el arte es una novela que escribí en lo que se proyectaba como vacaciones en la ciudad de Barcelona, durante el mes de agosto de 2025. La escribí en tres días en un piso en la Barceloneta mirando plantas por la ventana.
22 de agosto de 2025
Ventanas VI
Quién es Samson el escritor. No tengo ni la menor idea. Sólo sé que nació un mes y un día antes que yo, y que estuvo en mi casa, mientras yo no estaba. Sólo sé que estuvo en mi comedor y mi cocina. En mi salón y en mi habitación, y yo nada, lejos, muy lejos. Parece la historia de los osos y ricitos de oro. En este caso él es ricitos de oro, y yo un animal salvaje, que tiene una casa, con un comedor, una cocina, un salón, una habitación, y libros. Varios libros en estanterías, que Samson el escritor fue observando durante su estadía en mi casa, sin saber por dónde comenzar ni dónde proseguir. Debe haberse sentado en la silla y haberse acostado en la cama, igual que la niña del cuento, pero yo no llegué como una bestia a preguntar quién estuvo sentado ni acostado, porque yo estuve de acuerdo con que él tuviese las llaves, y entrara. No tenía ni la menor idea quién es, pero le dije, de acuerdo, yo voy a tu terraza cálida de los atardeceres anaranjados, y tú vienes a mi balcón mágico frente al río, a hacer lo que estimes, porque eso no lo acordamos para nada, porque no habría osado en imponer conducta alguna, como Samson el escritor escribe, supuse que escribiría algo, o tal vez no, tal vez quería justamente descansar de esa pluma endemoniada y caminar por las calles de Lyon a la luz de las estrellas celestes, en esos días de canícula maléfica. Tal vez Samson el escritor se derritió en mi balcón, así como yo me derretí en su terraza, y por eso no tuve más noticias de él. No es cierto, lo vi en una librería, días después cuando él había tomado un tren de vuelta, y yo todavía ningún tren de vuelta, entonces en la misma ciudad esta vez, pudimos entrar por ventanas y lanzarnos a las cascadas, para que la temperatura que arreciaba no acabara con nuestras vidas, así como estaba acabando con la existencia en el planeta. Ahora la ciudad se encuentra bajo una lluvia tropical, con truenos estridentes y relámpagos salvajes, como los osos esos del cuento. Pero vivían en una casa, con camas y sillas, igual que Samson el escritor y yo. Lisa, dónde escribes en ese piso, eso quería preguntarte, me dijo. Depende de la estación del año, le contesté. Sigo al sol adónde quiera llevarme. Tal vez pensó que pertenecía a una especie de secta mística: no. Miro el río, le dije, o el verde, necesito alguna ventana cerca, cielo, bosque, agua, nubes, luces de colores, explosiones. Ah, ventanas, me dijo. A qué te refieres, quise saber. Yo también necesito de las ventanas, me dijo. Quiero entrar por ellas. Entrar adónde, le pregunté. No sé bien todavía, entrar. ¿Entrar solamente? ¿Nunca salir? Nunca, me dijo. Luego se rio. Salir, por supuesto, siempre hay que salir. De acuerdo, le dije. A mí también me gusta salir, afirmé. ¿Salir con alguien? Bueno, depende con quién, respondí con franqueza. Se quedó en silencio, serio. Como si yo había dicho alguna especie de respuesta capciosa que debía descifrar. De acuerdo, afirmó. ¿Tú sales con cualquier persona?, quise saber, luego de su afirmación que contenía una cierta decepción en el tono. A qué te refieres, preguntó. No sé bien, le dije. Más bien tú comenzaste con esto de salir y entrar por las ventanas, o entrar y salir en general, o entrar y salir de alguna manera que te pertenece y que tal vez me excede y no puedo entender en este momento, agregué. Sonrió como si yo hubiese dicho una especie de broma, o algo que abría las posibilidades de aquel atardecer extraño y fascinante en la biblioteca de las ventanas infinitas. A mí me gusta entrar, concluyó. De acuerdo, respondí. Parecía los aforismos de Kafka, tal vez los había leído antes de llegar, antes de que yo le pasara el libro, tal vez lo componían incluso antes de saber de la existencia de estos aforismos misteriosos del viaje eterno al desierto de la mística celestial y lunar de la tierra de la sin forma y de tanta forma que termina uno aplastado como intentando entrar a castillos cerrados, y no ventanas. ¿Por dónde entraste?, me preguntó. ¿A la librería? ¿A la cafetería? ¿A tu casa? ¿A la mía? Entonces recordamos que teníamos las llaves. Las llaves de la felicidad y la literatura eterna y refulgente. Me gusta ir a la playa, dije, y bañarme en el mar. De acuerdo, dijo. A mí me gusta andar en bicicleta y pensar ideas en el gran parque junto al lago con garzas. De acuerdo, respondí. Casi olvidamos las llaves, le dije. ¿De la felicidad?, preguntó. De la literatura eterna y refulgente, afirmé. Salimos por la ventana. Por qué no. Ya que habíamos insistido en nuestra intención de entrar y salir por ventanas, o más bien él había sido enfático en que eso era lo que él iba a hacer, nos dirigimos a la ventana, y salimos. Luego la noche se fundió con el día siguiente mientras yo caminaba por la ciudad, y él no tengo idea. Porque como dije, no sé nada de su vida, sólo que le gusta andar en bicicleta, y que estuvo en mi casa, mientras yo no estaba. Acordamos volver a intercambiar nuestras terrazas y balcones, y tal vez un día, quién sabe, alguna otra cosa, pero eso no se habló en ese momento ni en ningún otro, y ahora que lo anoto aquí pienso que no tiene sentido, y entonces termino aquí para que la lluvia tropical de la noche no me lleve a desvaríos innecesarios como escribir novelas sobre aforismos impenetrables y ventanas inexplicables para la razón y los sentidos abiertos a la debacle, como ocurre en ocasiones, esas del calor y las emociones literarias todopoderosas.
Ventanas V
Samson el escritor dijo voy a leer los aforismos de Kafka, así todo tendrá sentido, pero luego estaba lejos más confundido que antes, y más encima lejos. Se fue muy lejos, tomó ese libro, y todo fue la debacle. Cómo se vuelve, se preguntaba ahora. Tampoco sabía si quería volver. Creía a veces seguir estando allá, pero no lo estaba para nada, y Kafka no estaba ayudando en ningún sentido. Para qué quieres seguir estando allá, le dije. Le entregué el libro de los aforismos de Kafka. Todo fue quizá mi culpa, como las manzanas esas del árbol. Yo le dije, lee estos aforismos, y listo. A qué te refieres, quiso saber. Yo tampoco supe a qué se refería. Había tal vez un problema de comunicación, que luego habría que combatir en el desvelo causado por el café. Pero si no tomamos café, me dijo. Cierto, le dije. Pero es como que lo hubiésemos tomado, ¿no?, pregunté. ¿Como una sustancia infalible?, quiso saber. No había caso, no nos entendíamos. Una apariencia de comprensión en un desierto de libros por leer. De aforismos por entender, uno por uno, uno por uno, ir repasándolos para sacar cosas en claro, casi exactamente igual que existir. Estoy cansado de estos aforismos ininteligibles, me dijo. ¿No se entienden?, le pregunté. A ver leamos, propuse. Comenzamos. Abrimos el libro en el número 1: “El camino verdadero pasa por una cuerda que no está tendida en lo alto, sino muy cerca del suelo. Parece hecha más para tropezar que para andar por ella.” Está todo muy claro me parece, afirmé. No hay nitidez en relación a cuál es el camino verdadero, respondió. Me quedé observándolo sin decir palabra. Debe estar pensando en eso de las ventanas, me dije para mis adentros. ¿Cuál es la ventana correcta?, se preguntó en voz alta luego de un momento, parecía más una pregunta que se hacía a sí mismo que una interrogante dirigida a alguien. Por esta razón seguí sin decir palabra. En relación al camino verdadero, no tengo pista alguna. Tal vez por eso no quería acercarme a la pregunta de las ventanas. No quería ni estar cerca de esa pregunta. No quería una y otra vez quemarme con preguntas, porque esas interrogantes de fuego me dejan en el punto cero una y otra vez. Sin duda me habría gustado salir por una ventana con mi libro de aforismos en ese momento, o lanzarme en la cascada que el lugar ofrecía como propia, una cascada que ellos habían construido ahí para imaginar salidas posibles, un gran abanico de ventanas para redactar las líneas del caos total, el caos real, el que siempre busqué y tal vez ahora sé qué era lo que estaba buscando: aforismos para guiarme en el arte. ¿En el arte de vivir? En algún tipo de arte que intento entender. Que intento crear. Resolví contestar su pregunta. La ventana correcta es aquella donde se ve el mar. O el río, respondió. Cierto, le dije. ¿El río que llega al mar? Tienden a llegar al mar, contestó. Cierto, asentí. Tal vez lo bueno es tropezar con la cuerda verdadera. Lo verdadero, lo que sea que eso signifique. Sigamos leyendo los aforismos, le propuse. Tal vez haya más respuestas. No quiero más respuestas, contestó. Ya he tenido suficiente. Ahora quieres ventanas, le dije. Eso ya lo sé, agregué. Exacto, me dijo. Comenzábamos a entendernos. Pero todavía estaban ahí los aforismos, para perderse sin vuelta atrás.
Ventanas IV
Entonces tal vez esta historia no sea realmente sobre Samson el escritor, ¿o sí?, y sea sobre otra cosa. Sobre las ventanas de Samson el escritor, las que él quiere abrir. Me dijo: yo quiero abrir ventanas. No supe exactamente a qué se refería, porque tantas veces las palabras dan para tanto. Varios sentidos que se agolpan, como la sangre en la cabeza al ponerse pies para arriba. Como esta ciudad, un lugar pies para arriba, en tantos sentidos. El lugar de la alucinación y la victoria, de la derrota absoluta y las mañanas asoleadas para sentirse que la literatura es posible. Es tal vez lo que sintió Samson cuando abrió la ventana, por eso quería seguir abriendo ventanas. Sin detenerse quiso abrirlas. Se debe haber referido a eso. ¿Pero qué exactamente? ¿Quería salir por la ventana? ¿Y la puerta? ¿Estaba cerrada? ¿Cuando salimos por la ventana, necesariamente estaba cerrada la puerta? Tal vez no le interesaban las puertas, y sí las ventanas. Las ventanas que parecen librerías, con cascadas, para lanzarse a ese destino incierto que nos persigue los pies constantemente, aunque en ocasiones queremos librarnos, salir disparados hacia otro lado, traspasar el umbral y dirigirse a la playa (queda a unas pocas cuadras y aquí estoy), porque la literatura a veces no te deja tranquila (nunca jamás), y entonces cuando deberías estar en la playa bajo un quitasol verde estás con las palabras y las historias de Samson el escritor, porque la literatura se trata sobre una esclavitud que no deja intersticios para respirar, porque Samson en su castillo con atardeceres anaranjados está maldiciendo este calor desde el cual no puede escapar y que le llena las venas de sangre porque se van dilatando cada vez más y las historias lo ahorcan, y tanto café que no puede dormir, y sale al balcón, y lo único que quiere es olvidar, pero recuerda, recuerda tanto que cree que tiene que salir de esa terraza, y de ese piso, y trasladarse a otro en otro barrio, en un barrio tal vez donde pueda tomar trenes cuando quiera y dirigirse a Francia, para escribir las malditas historias que ahora odia, porque le han destruido la existencia, porque en el fondo sabe que escribir es estar atrapado, sin remisión posible, en un castillo, y aunque ha querido acercarse a la vida, esta huye, huye, como de la peste negra, y el café no puede dejarlo porque le hace vivir, y otras cosas también le hacen vivir, pero esas no quiere recordarlas, porque no quiere mezclar todas las historias y que ya no se entienda nada. Quiere entender. Eso ya lo zanjó. En cuanto llegó a ese piso hace muchos años, dijo: quiero entender. Saldré por esas ventanas, dijo. Pero nunca sabía cuáles. Quería salir por todas. Entrar por todas. Así no se puede. Las cosas no se dieron como esperaba. Bueno, a veces sí, no todas las veces, ¿varias veces? ¿Más veces sí, o más veces no? Cuánta confusión en esas ventanas. No hay caso. Samson el escritor es la intensidad infernal de esta ciudad en ruinas. De esta ciudad que existe más allá de cualquier ser vivo. Entrar en ella es entrar en la perplejidad. Samson el escritor es la perplejidad absoluta.
Ventanas III
La historia de Samson el escritor no comienza en realidad en una librería, sería demasiado evidente. Tal vez la historia les gustó, a mí también, pero comienza antes. Cuándo comienza la historia de un escritor. ¿Cuando toma la pluma por primera vez? ¿Cuando escribe algo que parece literatura? Qué es lo que parece literatura. Qué es la literatura. Pero no nos vayamos tan lejos, concentrémonos en la historia de Samson el escritor, y no en su literatura, la cual conozco muy poco todavía como para aventurarme en ese plano. A él casi no lo conozco tampoco. Pero conozco su casa. Así es. Pero a él sólo lo vi en una librería. Cómo puede darse este fenómeno extraño, inverosímil y literario. Es tal vez esta una historia de ciencia ficción. Es posible. Cuando las cosas tienen calidades sobrenaturales puede ser perfectamente ciencia ficción. Juro que conocí su casa, pero él no estaba ahí, de hecho no había nadie, un último piso de un edificio en el centro de Barcelona, donde los treinta y siete grados mantenían el aire detenido incluso en la terraza que daba a la ciudad casi completa. El atardecer tenía tintes anaranjados que permitían olvidar el calor y recordar los secretos de esta ciudad misteriosa e intensa como no he conocido otra. Ahí estuve, en su casa. Con un café en la mañana en esa terraza, y una cerveza al atardecer, para recordar una por una todas las aventuras de esta ciudad descabellada: no. Sería imposible recordarlo todo, y además no hace falta. Porque dijimos que todo se regenera. Yo siempre prefiero lo descabellado a la nostalgia. Las explosiones de colores y nadar en ese mar sublime sin recordar absolutamente nada: mucho mejor así. Pero a la literatura le gusta recordar, aunque le gusta sobre todo, olvidar. Es su pasatiempo preferido, olvidar todo lo anterior para comenzar historias como que nunca hubiese habido otras antes. Tal vez aquí van a pensar que comienza la historia de Samson el escritor, pero no comienza nada, o tal vez es efectivamente aquí cuando todo comienza. En esa terraza del crepúsculo anaranjado. Quisiera yo que comience algo, pero sé cómo son estas cosas, la literatura es siempre más fuerte y sigue su propio camino. Digámoslo: la historia de Samson el escritor es mi historia de Samson el escritor. Cuántas versiones hay de cada historia. De acuerdo, la mía comienza en la terraza hirviendo con quitasol verde y el sol perdiéndose en los edificios para dejar atrás el color naranja intenso como la contextura del fuego que anima esta ciudad. Samson el escritor se ha fundido cuántas veces con el paisaje en esa terraza. No tengo idea, pero es mi historia.
20 de agosto de 2025
Ventanas II
De qué se trata escribir. Esta pregunta vuelve y vuelve. Pero sin volver exactamente, porque lo que uno está preguntándose en verdad es por los sucesos que permiten la literatura. Esas fotos de cables eléctricos y editoriales de la clandestinidad. Es como las vacaciones, partes sin saber adónde vas. Partes no más. Eso tiene que suceder. Para que llegue lo otro. Partir. Luego lo otro, tal vez. Lo importante es que escribir es la noción borrosa de destinos posibles. De librerías y crepúsculos. De arena hirviendo y olas en la piel desnuda. Yo siempre quise llegar al mar. Intuía secretos submarinos. Sugerencias que no se veían a simple vista. Ahora me expando con cada detalle cuando hago mía la sustancia de esta ciudad perdida. Esta ciudad que nunca sé con exactitud de qué está compuesta porque es como que se transformara en cada vuelta. Partí un día y llegué a su puerto. He vuelto una y mil veces, y siempre es distinto. El agua cristalina, apacible. Siempre hay promesas de literatura. Esa es la gracia. La literatura sabe hacer las promesas correctas. Las necesarias para seguir nadando y luego observar el mar desde la playa. Perderse en esa inmensidad. Es lo mismo con la ciudad. No puedo abarcarla, y cada vez se regenera. Por eso vuelvo, por eso vivo. Por eso escribo, y por eso abro ventanas y puertas. Porque la sorpresa no puedo inventarla, pero siempre está ahí.
Ventanas
Conocí a un escritor y estuvimos conversando sobre la calidad literaria de los lugares. No llegamos a un acuerdo. Pero tal vez no hacía falta. Porque en qué consiste eso, tal vez ahí estaba la imposibilidad del acuerdo. Lo que lo inspira a él quizá no es lo mismo que me inspira a mí, es muy probable. Fuimos a una librería que se llama Finestres, ventanas, en catalán. Un lugar fascinante. En realidad yo llegué antes y nos encontramos ahí, en la cafetería que queda al final de todo, con paredes cubiertas de vegetación y agua que cae por las paredes como si fuera una cascada. Recorrí las estanterías observando los libros en catalán, castellano, francés, inglés. Sillones instalados en diversos lugares para sentarse a leer, con lámparas de pie, que daban al espacio el aspecto de estar en el salón de tu casa, con extraños que quieren dedicarse a lo mismo que tú, que en el fondo entienden esa fascinación por la magia de las letras agrupadas en esas páginas que son la vida completa. Samson, así se llama el escritor, me habló del origen del lugar y anécdotas relativas a esto, lo sabía todo. Tomamos una cerveza en la cafetería, era tarde para café, y luego, como todos los días, hay que dormir, y el café a veces lo impide. Otras cosas también lo impiden. Lo que se lo impide a él no debe ser lo mismo que a mí, igual que la calidad literaria de los lugares, pero en el café hay algo universal que supongo coincidimos (es más fácil). ¿Encontré ventanas? No tengo idea, pero pasé un buen momento. Me entusiasma siempre hablar de libros, editoriales e historias inverosímiles, como perder tu biblioteca entera y todas tus películas. No hay recuperación posible a algo así, pero él está sano y salvo, así es que creo que puede uno salir adelante. Quizá aprendes cosas, de ti mismo, de la relación con los objetos, cuando les entregamos calidades sobrenaturales, como a los lugares, a las ventanas, a las palabras y a los pájaros extinguidos por la corriente. Tal vez la literatura trata sobre eso, inventar calidades sobrenaturales y entregárselas a las cosas, como una posta, para que nos vayan acompañando, sobre todo cuando el café, o alguna otra cosa, nos impide dormir. Imaginar esas ventanas hasta que se abran, y entonces sea la vida, la que vinimos a buscar a la librería, y nos encontramos con otra cosa, pero que nunca, nunca podemos identificar, porque la literatura también es enigma, y ahí está toda su naturaleza superior.
14 de agosto de 2025
El mar y la mitad de la vida
Con mi amiga Piedad estamos en la mitad de la vida. De esa mitad más de la mitad la hemos pasado juntas. Nos conocimos a los diecisiete años en la facultad de derecho. En un pasillo de la facultad, de un segundo piso, cómo te llamas, etc. Le dije, es la primera vez que conozco a alguien que se llama Piedad. Fue la primera vez de otras cosas también. Exageraciones que nos llevaban a caernos al suelo de la risa, con esa risa estruendosa de la Piedad que me hacía tan feliz, la primera vez de una complicidad inextinguible, de una admiración sin límites, de unas ganas de explorar todas las aristas de relacionarse y ser feliz, vibrar con la existencia. La Piedad tiene una sabiduría vital que sabe disfrutar todo lo bello que ha sido puesto a su alcance, igual como sabía hacerlo su madre, Montserrat, y sabe hacerlo su compañero, Francisco, y su hermana, Macarena. Personas todas que quiero y admiro sin límites. Han sido también siempre una familia para mí. Porque Piedad la hace a una siempre sentirse en casa, siempre sentirse como que uno llegó a algún lado, a algún lugar importante, a algo que va a modificarte para siempre, la esencia de habitar los días a lo que existir se refiere. Al escuchar su nombre fue inmediatamente una casa, una promesa segura de aventuras por venir. Vinieron, siguen viniendo, desde hace casi treinta años. Porque con la Piedad todo es gozo, reírse, disfrutar, profundizar en todo lo relevante de este pasatiempo extraño en el que intentamos sacar cosas en claro, intentamos que quede algo, de esta velocidad intimidante. La Piedad no se intimida, la valentía es clave. Ahora con los pies en la arena y mirando el mar, sabemos que llegamos a algún lado. Que siempre estamos llegando. Que la mitad de la vida es extraña, pero serena, que acompañadxs es siempre revelación fantástica. Es imposible aburrirse un solo segundo con alguien tan inteligente, interesante, y con un sentido del humor tan agudo. La Piedad lo ha modificado todo, su existencia, y la de tantas personas, en tantos sentidos. Para todas partes con su perra Chabuca, motivo de alegría constante y amor incondicional. Creo que ese nombre que escuché fue la suerte que se anunciaba. A veces sucede, se produce la alquimia, las personas se encuentran y es la fiesta absoluta. Creo que la suerte es lo mejor que la vida me ha entregado en esta mitad que hemos ya transitado, la bienaventuranza de encontrarme con estas personas que entienden de qué se trata vivir, aunque haya que repasar a cada instante cómo llevarlo a cabo de la mejor manera posible. Poder celebrar con ellxs es un regalo que atesoro, porque me hace vivir, me hace querer seguir motivada para la mitad que viene. Un impulso de vida. Sigue cumpliendo tus sueños Piedad, porque nos has ayudado tanto a cumplir los nuestros, mi alegría contiene tu nombre y tu entusiasmo por vivir, tu apoyo incondicional en los proyectos importantes, que hemos llevado a cabo juntas, los proyectos de cada una, que hemos llevado a cabo acompañadas. Que esta mitad de la vida que se presenta sea la culminación de una vida de milagro que te has construido con pasión e inteligencia. Gracias es una palabra pequeña para expresar lo que he vivido contigo, que se materialice la epifanía completa que vienes soñando y armando, todo ha tenido un sentido mágico, como el que imprimía tu madre en todo, junto al mar y al amor, muy feliz cumpleaños.
4 de agosto de 2025
Lisa Barthes y la ficción (Libro completo)
Fantasía
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_fantasia_14-07-25.pdf
o
https://www.academia.edu/142940213/Fantas%C3%ADa
Fantasía es una novela. Es el libro séptimo de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera, Fantasía, Misterio, Viaje.
Lisa Barthes y la ficción
Cosmos
Parnaso
Teatro
Mito
Ópera
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_opera_06-07-25.pdf
Fantasía
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_fantasia_14-07-25.pdf
Misterio
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_misterio_23-07-25.pdf
Viaje
https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_viaje_27-07-25.pdf
3 de agosto de 2025
Rider
Pasado mañana, 05 de agosto, es el cumpleaños de mi hermano Francisco, alias Rider: Rider of Rohan. Francisco no sólo cabalga las grandes explanadas junto con Éomer, y a veces con Aragorn y Legolas. No es solamente un jinete veloz en busca de orcos, Sauron o Saruman. Hay algo que tal vez no sabían de Francisco, algo muy interesante y asombroso: su absoluta fascinación por el ajedrez. Pero no es sólo eso. Hay más. Rider es el fundador de un club de ajedrez público y gratuito en Santiago de Chile, que funciona desde hace seis años, y se ha convertido en el club más grande de ajedrez en Chile. Más de trescientos cincuenta jugadores y jugadoras federados, y una comunidad de más de cuatrocientos jugadores. Rider llega entonces en su caballo, absolutamente todos los lunes del año al Club Ajedrez Cordillera, nombre de la agrupación, se baja de su caballo, y juega ajedrez. A estas fantásticas reuniones, puede venir quien quiera, a jugar ajedrez, sin importar su nivel de ajedrez, edad, raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. El tema es querer jugar ajedrez. Porque de eso se trata este grupo. Una comunidad del anillo en torno al ajedrez. Yo sé que siempre fue su sueño crear una comunidad del anillo, pero más encima con amateurs y expertos absolutos del ajedrez, creo que supera todo lo que Rider habría podido soñar. Así es, lo logró. Todos contra Sauron y Saruman. Porque no sólo se reúnen a jugar ajedrez sagradamente todos los lunes del año, también sus miembros compiten en torneos nacionales e internacionales, y ganan. La perseverancia es lo que lleva adelante las cosas. Jugadoras y jugadores del Club Ajedrez Cordillera han ganado torneos nacionales y sudamericanos. Además se organizan para que todas las personas que necesitan llegar a un torneo internacional lo puedan hacer. Estoy segura que ese país es un poco mejor con esta iniciativa de pasión infinita, y solidaridad, además. Rider siempre ha sido alguien que rompe fronteras, de una inteligencia impresionante, y trabajo firme, además de cabalgar, jugar ajedrez, dirige con gran pasión, inteligencia y amor, la empresa líder de baños, cocinas y pinturas de Chile: CHC. Como si fuese poco, es el padre de mis dos sobrinas, lo más hermoso de este planeta, una de ellas mi ahijada: Agustina y Margarita. Nosotros con Francisco lo hemos pasado muy bien siempre, tiene un humor fantástico y una buena onda impresionante, con mi otro hermano, Felipe, hemos sido siempre muy unidos y nos queremos mucho. Hicimos una vez un viaje por Europa los tres, mochila al hombro por dos meses, recuerdos imborrables. Estoy infinitamente agradecida de mis dos hermanos, siempre cariñosos, divertidos, presentes y apoyando. Rider, cuarenta y dos años y la fiesta sigue, estoy dichosa por este hecho. Te adoramos, muy, pero muy feliz cumpleaños, sigue firme con esa pasión que rompe fronteras. Gracias por todo siempre. ¡Riders of Rohan! Seguimos.
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