Lo primero que tengo que decir es que logré armar el ropero sin ayuda alguna. Me la ofrecieron amigas y amigos que quiero pero dije que la pediría si el asunto se tornaba imposible, lo que no ocurrió. Como es un ropero antiguo no tenía manual de instrucciones, pero la persona que me lo vendió puso pequeños papelitos tipo post-it por todos lados indicando dónde iba cada pieza de madera. La operación no estuvo exenta de dificultades ni quedó perfecto pero ya se encuentra en estado de guardar la ropa dentro, y he descubierto nuevas capacidades ocultas que poseía: hacer frente a un ropero desarmado y convertirlo en un ropero real. Sólo queda terminar de poner las tuercas que faltan cuando dilucide cómo hacer que encajen bien todas las partes e instalar el espejo que también tenía otro nivel de dificultad, y la paciencia es harta, pero no infinita. Mientras lo armaba escuchaba los capítulos del excelente podcast Migraphone de Ekaterina, por lo que la tarea fluyó. Agregar también que Ekaterina es una de las autoras más leídas de la revista Simone, y que yo la admiro mucho. Escuchen sus podcasts y léanla, ¡vale la pena! La nueva temporada, además, estará consagrada al tema de género y migración. Ahora vamos al tema que nos convoca: estoy segura que ingerí de manera involuntaria alguna sustancia ayer. Lo que indica que tal vez, alguien tuvo la voluntad de hacerla llegar a mi cuerpo, de alguna manera, no hay tantas hipótesis posibles. Vamos a los hechos. Estuve un momento ayer en un lugar de Lyon que se llama La Maison M o La Maison Mère, se indica adentro en neón rosado. En el baño se propone que si alguien es muy insistente contigo puedes pedirle a la persona del bar un “angel shot” y ellos se encargarán de disuadirlo de tal empresa. A la salida del baño un afiche señala que si le pones GHB a alguien en el vaso serás detenido, enviado a la cárcel por 5 años y tendrás que pagar una multa de muchos euros. La información no parece ser lo bastante disuasiva. Luego señala los efectos en un dibujo de un vaso, hospital, alucinaciones, coma, derrame cerebral. Ante tanto afiche, una se pregunta si vino a pasar un buen momento o a exponerse a riesgos inminentes y graves. Pues bien, son riesgos reales, a pesar de que una haya venido a pasar un buen momento. Los hombres creen que somos cuerpos como roperos que pueden utilizarse a discreción. En una sola semana sucedieron dos cosas: supe que los violadores están muy cerca, que a veces están entre personas que uno conoce, con quienes has conversado en fiestas o eventos, desenvolviéndose de manera impune, creando nuevas víctimas, ante la mirada cómplice de otras personas que uno puede conocer o no. La segunda, que ya me había sucedido hace unos años, es que alguien, me temo que un hombre, probablemente introdujo alguna sustancia en mi cerveza, ayer. Pienso que puedo afirmar, sin estar exagerando, que los violadores están en todos lados, muy cerca. Volvamos a los hechos. Estaba yo en el local ese, en un momento voy al baño, no era tarde, en toda la velada había tomado un par de cervezas, bailábamos de manera muy relajada, podríamos decir que mi lucidez era casi absoluta. Vuelvo entonces del baño, me siento un momento, converso con una amiga, y de pronto siento un sueño como que llevara dos días sin dormir, un cansancio absurdo. La amiga con la que estaba conversando me dice que va a irse, y me comenta, y tú también te deberías ir, tienes cara de estar muy cansada. Era una sensación distinta a tomar unas cervezas, como si la realidad se volviese súbitamente más difuminada de lo normal. Decidí que era el momento de irse, intrigada de qué era este sueño súbito. Le dije enseguida a mi amiga, me siento bien, pero pienso que llegó de alguna manera una sustancia a mi cuerpo porque me siento rara. Preocupada, se ofreció para acompañarme a mi casa. Le prometí que podía llegar sola, pero que estuviera atenta por si la llamaba. Caminé a mi casa como dentro de una nave espacial, escuchando St. Vincent, sin perder la calma, sentía que la situación estaba bajo control, pero sintiendo a ratos sensaciones como que la boca está adormecida, o que sientes algo en el brazo como si latiera. Caminé rápidamente con el objetivo de alcanzar mi casa lo más pronto posible para sentirme a salvo. Al llegar, intenté identificar bien lo que sentía para recordarlo al día siguiente, el momento era difuso, pero lúcido. Siguiendo los consejos de mi amiga, me preparé una sopa para ingerir algo antes de dormir. Saqué una sopa de sobre para un litro de agua que vertí en tres litros. Resultado, una olla con una cantidad gigante de sopa con miles de pequeños tallarines. Me tomé la sopa entera, sin perder la calma en ningún momento. Pensé enviar mensajes a un par de personas, idea de la cual desistí finalmente. Sólo quería dormir, y para qué alertar si todo estaba bajo control. En caso contrario habría buscado ayuda. Estaba tranquila, pero segura que había sido drogada: jamás me había sentido así con un par de cervezas. Repasé la noche y todas las maneras de las cuales eso podría haber sucedido. En ningún momento los vasos estuvieron sin vigilancia. Mi amiga me comentaba hoy que existen unos plásticos para tapar los vasos y evitar esto. Qué ridículo tener que estar barajando esta opción, ¿no? ¿No sería mejor que los hombres dejarán de violar? En el año 2018 me pusieron algo en el vaso, sin lugar a dudas, en otro lugar de Lyon, que se llama Le Sirius. En esa oportunidad, temí ser violada bajo el puente, creo que nunca había tenido tanto miedo. Me salvó mi hermano. Finalmente todo terminó bien, pero recuerdo con mucha nitidez la sensación de fragilidad y vulnerabilidad al día siguiente, como un agujero profundo en el estómago, un miedo universal alojado en las tripas. Estaba en ese momento con mi pareja y mi hermano, conversando con ellos disminuyó la sensación de fragilidad. Por varios años, no nos percatamos de lo que había ocurrido realmente, ahora me parece evidente: nos drogaron para robarnos, o quizá violarnos, o violarme a mí, o algo por ahí. Cuando salimos del local en esa oportunidad, me sentí de pronto como si hubiese tomado treinta cervezas, lo que no había ocurrido por supuesto, y tuve que recostarme en el césped. Por una descoordinación fatal, y supongo que agravada por el estado al que nos habían llevado contra nuestra voluntad, uno pensó que estaba con el otro, y el otro pensó que estaba con el uno. Resultado, me quedé sola un rato. Luego viene el encuentro con los dos hombres bajo el puente. Uno de los dos increpó al otro que me dejara tranquila. Me tomó del brazo, pero logré zafar, temblando, y me fui, quedándome unos minutos junto a unas personas y unas plantas que pillé hasta que volvió mi hermano. Hasta años después no caí en cuenta que era imposible haber estado en ese estado sin haber sido drogada con algo. Está esa culpa inmediata que uno se atribuye ante cualquier cosa, sin pensar que puede no haber sido nuestra responsabilidad. Lo de ayer me recordó todos esos momentos, ya lejanos. Pero, la lucha es hoy: el presente está repleto de violadores. Los hombres se hacen los desentendidos, pero debieran hacerse responsables del tema ahora ya: ellos o sus amigos o conocidos o las personas que van a sus locales, son violadores. Los números no dan para decir que son casos aislados: con cualquier mujer que hables le ha ocurrido alguna situación de este tipo. Si tú, o algún amigo tuyo, o algún conocido, o alguien que va a tu local es un violador: es tu responsabilidad hacer algo. Las mujeres solas no podemos contra la otra mitad de la humanidad. No podemos vivir en paz: hoy. Es extremadamente serio: cada noche que salimos, estamos expuestas a la violencia. La verdad es esta: vivimos con un miedo constante. Pongan atención: vivimos con un miedo constante, por las acciones de ustedes, de sus amigos, sus conocidos, o las personas que van a sus locales. Háganse cargo: ahora. Tú. Todos. Hola, autoridades: el plan no está resultando. Háganse cargo. Eres hombre, no te importa tanto, a ti no te van a violar (quizá): hazte cargo igual. Hola, autoridades, la campaña de prevención no es suficiente: hay que actuar, ahora. Y tú: deja de violar. Si ella no quiere tener sexo contigo, no la violes: es su derecho. Nuestros cuerpos son más que roperos. Somos personas. Hazte cargo. Lo que tenemos que decir es, fin a los violadores: ahora. El violador eres tú. Nada sin nuestro consentimiento.