30 de julio de 2025

Denuncia ahora: revolución metoo 2.0

Yo creo que toda esa energía que ocupan las mujeres en transformar en arte y reparar las experiencias traumáticas de agresiones sexuales y violencia ahora hay que emplearla en activismo feminista y abordar directamente el problema: desenmascarar a todos los violadores, nombrarlos y enviarlos a tribunales, a todxs, sin importar la clase social, el origen o lo que sea. No quiero ver una película más, ni cuadro ni poema, de una mujer víctima de violencia intentando reconstruirse: ataquemos el problema desde su raíz y reparemos con justicia. Hay que inyectarle fuerza a esto porque va lento y no disminuye: revolución metoo 2.0. Atención: no es normal violar. Es un delito, y no es tu problema privado que tienes que resolver sola llorando en tu casa, es un problema público, del cual la sociedad y las instituciones en su conjunto tienen que hacerse cargo. No eres la única que le pasó o le está pasando, eres una o uno entre miles de millones de personas. Contrarrestemos esta lacra entre todxs. Está mal violar a alguien, tiene que dejar de suceder. No es, ah normal, otra película de mujer violada, porque es algo de todos los días, una conducta normal: no. Está perseguida por la ley, y tiene pena de cárcel. ¿Te violaron? ¿Te están violando? Dilo, anótalo en letras bien grandes, anota su nombre, y denúncialo a la justicia: ahora, ahora ya, hoy, mañana, esta semana, es tu derecho. ¿Te obligaron a llevar a cabo cualquier conducta de carácter sexual sin tu consentimiento activo?: es una violación. Tienes derecho a no ser violada. Tienes derecho a decir que te violaron. Tienes derecho a decir quién te violó, si no se escucha, dilo más fuerte. NO MÁS. DENUNCIA. Fue ayer, antes de ayer, hace cuarenta años, mañana: no importa. Sigue siendo un delito y no tiene que ver contigo: DENUNCIA AHORA.

29 de julio de 2025

Viaje (Libro)

Viaje

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https://www.academia.edu/143138562/Viaje


Prefacio

Viaje es una novela. Es el libro noveno y final de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera, Fantasía, Misterio, Viaje. Es posible, sin embargo, leerlas por separado, dado que cada una constituye una unidad, aunque la lectura del conjunto entrega el plano completo de la historia, por supuesto, ya que cada libro señala nuevas claves, como son estas cosas. A qué voy, si uno no ha leído las ocho anteriores, puede sin problemas leer esta, y ya luego podrá dirigirse a las demás, tal vez en orden. De esa manera los lectores y lectoras no sentirán intimidación alguna, de ningún tipo, a leer ocho antes, no quisiera yo ser un elemento adicional de agobio en estos tiempos convulsos. Ahora bien, decir, a continuación, sin perjuicio de lo anterior, que las nueve novelas que la componen forman parte de la serie de cuarenta y dos novelas, agrupadas en cinco, que forman la gran novela: Lisa. Así: Lisa, Lisa en la mira, Lisa en la Rue des Fantasques, Lisa y la intemperie feminista, Lisa Barthes y la ficción. Pone fin a su vez, este libro, a algo más grande, a la serie de tres grandes novelas, escritas en los últimos quince años, Antonia Serrat y el caos, Afuera, Lisa. Empecé esta serie de libros cuando había cumplido treinta años, y quería ser una escritora, ahora voy a cumplir cuarenta y cinco en unos meses, estoy en la mitad de la vida, y soy una escritora. Me alegra este hecho, el cual constato con júbilo. No ha sido un camino fácil, pero en fin, cuál lo es, en definitiva. Para mí la literatura era un camino inexorable, y estoy contenta de haber llegado hasta acá, y no haberme retirado de la contienda vital antes de tiempo. En este libro en particular intenté explorar el nacimiento de la ficción (Viaje), luego de que había explorado el nacimiento del fuego (Fantasía) y el nacimiento de la forma (Misterio). Justo antes del viaje, y justo antes de la forma, eso contiene este libro. Lo que hubo al final de Antonia Serrat y el caos (escrito en Chile), y lo que hubo antes de Lisa (escrito en Lyon). Por qué estos dos momentos. Porque el libro trata sobre el viaje. Estos dos momentos son importantes en ese sentido, porque significaron el fin de la gestación del viaje real (2013), y el fin de la gestación del viaje ficticio (2023). Luego de esos dos momentos fue el viaje, la explosión del viaje. El nacimiento del movimiento efectivo, y el nacimiento de las cuarenta y dos novelas sobre las aventuras literarias de Lisa. Estoy realmente dichosa de haber alcanzado este punto y no haber claudicado en el camino. Se renuncia de tantas maneras, suicidándose, dejando la literatura, volviendo al país que se dejó atrás, entre otras. Todas son totalmente posibles. Yo opté por vivir, ser escritora, y quedarme en Francia. Aquí estoy. Hubo preguntas en este camino, evidentemente. Hubo dudas de fuego que me quemaron interiormente. Sigo aquí escribiendo. Hace semanas que no veo a nadie (es uno de los compromisos con una misma que se realizan en este oficio), pero tengo los libros, y a la distancia (mayor o menor), a un gran número de personas que me acompañan y a las que adoro, y por ellxs son todos estos esfuerzos, porque este trabajo es solitario, pero se disfruta en compañía, como todo lo que vale la pena. Para todxs ellxs son estas casi cincuenta novelas en total que escribí con una urgencia vital absoluta, y con una convicción inextinguible en la belleza, y en la justicia. Todo lo que soy está en estos libros. Todo lo que me ha sido entregado, y que agradezco cada día. He dado lo mejor de mí misma, y me siento tranquila, me siento en paz en este momento. Lo que no me tiene para nada tranquila, es la falta de paz en el mundo. Pido con mucha fuerza que cese la opresión para los pueblos colonizados y vengan tiempos mejores. Creo que es a lo que hay que abocarse ahora. Yo escribo libros, así es que seguiré desde ahí intentando transformar lo que esté a mi alcance. O soñando lo imposible, que es lo que me da la fuerza. Este intenso viaje es lo que me trajo hasta acá sana y salva. La posibilidad de la literatura. Junto al amor que he compartido con otrxs. El intenso viaje es la ficción que todo lo puede. Junto con la soledad literaria, y el amor, soñar el mundo es lo que siempre he tenido.

Gracias.

Andréa Balart-Perrier

Lyon, 28 de julio de 2025.

Andréa Balart-Perrier (de nacimiento Andrea Francisca Balart Armendariz, Santiago de Chile, 1980) es una escritora y abogada de derechos humanos, francesa, chilena, española. Escribe literatura hace 20 años, y es autora de más de 100 libros, publicados en Fée Éditions / Intemperie Ediciones, entre los que destacan la serie de novelas: Lisa. Cofundadora, directora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal. Activista feminista, participa hace más de cinco años en agrupaciones feministas militantes. Trabajó diez años como abogada, entre ellos cuatro años en la oficina de UNICEF (Naciones Unidas) en Santiago de Chile. Máster por la facultad de filosofía de la Universitat de Barcelona, y completó cuatro años de estudios de doctorado en filosofía y literatura (candidata a doctora) por la misma universidad. Máster por la facultad de filosofía y literatura de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile. Franco-chilena-catalano-vasca, vive en Lyon, Francia, desde hace más de una década (Lyon Ciudad de la Literatura UNESCO).


Lisa Barthes y la ficción


Cosmos


Parnaso


Teatro


Mito


26 de julio de 2025

En el viaje

¿Tal vez me tomo demasiado en serio la vida? Al final da lo mismo lo que vaya afirmándome a mí misma, todo sale al revés. Hablamos del nacimiento del fuego y del nacimiento de la forma. ¿Fue un viaje? Tal vez sea necesario seguir visitando el invierno un momento más. Pero cuándo acaban las cosas. ¿Cuando lo decidimos? ¿Cuando lo deciden ellas? Quizá sea necesario retroceder un poco. Antes del fuego y de la forma. Para entendernos. Cuando todavía no era la mitad de la vida. Antes de Jean. Antes del viaje. Cuando era la oscuridad real. Cuando recibí medicamentos para afrontarla. Tantas veces recibimos medicamentos. Nos indican que algo no funciona. Que son necesarias las muletas. ¿Es una forma de controlarnos? Los diagnósticos que van lanzando al aire. ¿Nos definen? ¿Dejamos que nos definan? Adam siempre me dijo que no había que darle importancia a esas cosas que querían restringirnos. No tiene nada que ver con tu identidad, me dijo. Tenía razón. Luego fue el viaje y después de unos meses no volví a tomar un solo medicamento para el funcionamiento adecuado de mi cerebro, de eso hace doce años. Recordemos que dejé atrás la opresión, y lo que necesitaba probablemente era justicia, la cual obtuve. La justicia es el mejor medicamento. Cura todos los males. No lo sabía en ese momento, en que recibí mi clasificación: trastorno bipolar del ánimo. ¿A qué se referían? ¿No podía estar triste después de liberarme de cuatro años de opresión en el trabajo? No sé a qué se refieren con esos diagnósticos, pero el problema aquí era claramente otro. Trastorno de la opresión acumulada. Se fue la opresión y se fue el trastorno. Nunca, y son doce años, he vuelto a sentir la angustia que sentí luego de irme de esa oficina y lidiar con la ola de emociones que me llegó encima. Nunca más una hora de terapia, nunca más un medicamento, en doce años. Barcelona, Jean, la universidad, se terminaron todos los trastornos. El acoso es algo muy serio. La vida también es algo muy serio. Ahora estoy en la mitad. Tengo paz hace mucho tiempo. He pasado separaciones, muertes, precariedad, distancias: nunca he vuelto a sentir angustia. Es distinto. La tristeza de la incertidumbre y la pérdida es distinta de la angustia de la opresión. Somos tantxs. Y luego la exigencia. El problema principal sea tal vez el abuso que nos aqueja. Que se le viene encima a tanta gente cada día. A tantas niñas y niños, entre esas personas. Claramente sería mejor, no más diagnósticos y más justicia. No más diagnósticos, y menos abuso. Lo voy a anotar aquí para que no haya dudas: no había nada que no funcionara en mí, al revés, funcionaba tan bien que mi cuerpo me advirtió claramente que había cosas que cambiar. Sigamos cambiando el mundo, a ver si es más fácil. Sigo en el viaje, las ganas de cambiar el mundo intactas, desde siempre, tal vez eso sí era parte de mi identidad. La mitad de la vida y sigo en el viaje: mucho mejor hacerlo acompañada. En el silencio encontré las palabras, en la solidaridad, en el amor. Vamos adelante, un esfuerzo más, que las personas se están muriendo de hambre. Vamos adelante, contra la dominación se lucha. Un poco de valentía para quienes nos gobiernan. Contra la dominación se lucha. Hasta que ya no sea necesario. Como vivo en el mundo de la fantasía: sé que llegará ese momento. Por mientras escribo. Se puede luchar de muchas maneras. Uno se puede rendir también. Ahora lo sé. No siento culpa en ningún sentido. En el viaje transformé la vida. Fue en el viaje cuando nació la literatura. En el fuego, en la forma. En el viaje. 

24 de julio de 2025

Misterio (Libro)

Misterio

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_misterio_23-07-25.pdf

https://www.academia.edu/143062013/Misterio

Misterio es una novela. Es el libro octavo de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera, Fantasía, Misterio.


Siren XII (la forma)

Los cuentos Mousse de Crabe y El mundo de la fantasía, pertenecen a la estirpe del misterio, junto con el texto Sin forma. Para comprender la forma hay que llegar a la sin forma absoluta. Pertenecen también al invierno de Alaska y a la primavera incipiente, sin ancla. No queda más que confiar. Tal vez me decía eso. ¿Puede ser? No, más bien no había suficiente sustento para estar en ese lugar. La sin forma es muy confusa. Ni siquiera se parece al misterio, porque está basada en nada. Una sirena sin rocas donde llegar. Una apuesta con convencimiento, pero más cercana a la alucinación. Chispas, destellos, corrientes que se cruzan y nos llevan lejos. Mareas altas que van inundando la playa que mostraba los caracoles marinos al descubierto. Claramente estaba cansada, no lo suficiente todavía como Calixte y Kaleb, pero apelaba a cosas sin forma que me dieran un descanso de mi tenaz esfuerzo. El cansancio y la desilusión los tenía, junto con el fuego eventual. O el fuego ya lo intuía, y lo que era eventual era la forma. En ese momento no se vislumbraba nada, sólo la pasión incomprensible por el misterio. Mi pasión por la forma es intensa. Por que las cosas tomen forma. En ese momento creía que la solución era la sin forma. Sentía que era una especie de tregua, un paréntesis donde poder crear algo desde cero. Tal vez era la sensación de suavizar la exigencia. De poder explorar tranquila en mi barco. Nadar con mi aleta por un lugar que no tuviera hielo. Dado que las marmotas y los bueyes nada, nunca los encontré, iba redactando historias, y me decía, Lisa, tal vez en ese doble filo de todo estén las respuestas. En ese doble filo que no es ninguno a la vez. Tal vez el océano sea más ancho si te olvidas de los límites. De los confines de la literatura, de su existencia material, de sus intentos colectivos, de sus limitaciones, de su dificultad, de su incertidumbre. Si piensas en el mousse de crabe y el mundo de la fantasía. Si aspiras a la sin forma y así ya te vas relajando y no hay batallas perdidas de antemano. Porque nunca podrás tenerlo todo. Eso ya lo sabía. Pero algo, tener algo al menos, me decía a mí misma, algo que sea más que esta aleta que me está permitiendo avanzar por este departamento acuático, que me permite llegar a mi roca junto al río para anotar algunas cosas, una poesía al vacío. Redacté la poesía: sin forma. Comencé. Por algún lado había que comenzar. Detén estos desvaríos, Lisa, me decía, concéntrate por una vez. Inventa algo. Aunque no haya nada. ¿Qué pierdes? Era una pregunta dura, porque ya lo había perdido todo, entonces identificaba que no había más para perder, tal vez por lo mismo era una pregunta fácil. Porque la respuesta daba lo mismo. Cuando no queda nada: intentas. A lo más pierdes la vida, que tampoco te importa tanto, porque la destinaste hace rato a las palabras, por lo tanto si quieren arrebatártela, ya estás preparada. La confianza tal vez estaba difusa, pero la convicción no. Esa se había construido hace tiempo, incluso antes de Jean, cuando crucé el océano buscando el mousse de crabe y los libros misteriosos que me habían volado la cabeza mucho tiempo atrás. Los encontraría, esa promesa la hice. Donde sea que estén, yo los encontraré. Tal vez el nacimiento de la forma se afirmó en eso. En la convicción de tener que encontrar algo. Aunque sea un misterio qué. Tal vez había hilos invisibles que movían mis pasos. Como una marioneta aferrada a una corriente adversa que promete algo diferente. Algo que no tiene que ver con lo otro, con lo ya visto. Algo que libere del hastío del infierno idéntico. En esos libros había algo diferente. Algo infernal y onírico. Misterios no resueltos. Sugerencias que hablaban de la consistencia de esa muerte que yo sentía al enfrentar la vida. Siempre estuve muy cerca de la muerte. No veía que existir era así no más. Sólo en el misterio encontraba consuelo. En lo que no lograba entender para nada. Eso me servía. Eso me indicaba que tenía que seguir, para descifrar en qué consistía la belleza. Descubrir por qué su intensidad era tal que me transportaba hacia lugares fuera de este mundo. Era donde mejor estaba. En esos momentos de silencio donde podía sentir lentamente toda esa felicidad que se revelaba de tanto en tanto. Fui muy feliz amando en ese país lejano. Amé muy intensamente. Comprendí tal vez la forma en ese momento, aunque luego todo volvió a comenzar y lo que había comprendido antes ya no tenía tanto sentido. Pero los tesoros se llevan en el barco, y el amor es un tesoro. La forma, en definitiva, nace de la fuerza. La fuerza de ese misterio. Ese afán incomprensible de desconocer los límites. De superarlos. Al amor, ahora caigo en cuenta, no renuncio nunca. La forma, es esa pasión por lo incomprensible. Por querer hacer de la magia una vida. Aunque sea ficción. Da lo mismo. Quién nos indica lo que es real. Se puede inventar. Lo importante es nunca, pero nunca, dejar de lado el misterio.  

Siren VIII (el nacimiento de la forma II)

Yo deseé vivir. Pero cómo. Los cuentos El tenedor, Mapas y La peineta son cuentos del invierno de Alaska. Los escribí en la sin forma. El texto Mélisande lo escribí para Joseph, estaba todavía en Alaska, pero tenía un ancla. Hay que imaginarse una persona en un iglú, construyendo un iglú, y luego sentada dentro, esperando algo. No sabemos bien qué. Lo que sí sabemos es que su ingenuidad es bastante grande. Todavía cree en los grandes proyectos, que más bien en ese momento son salvavidas que la extraigan de Alaska. Cree que está amando intensamente: se equivoca totalmente. Cree que todo será fácil y rápido, espera en el iglú. Qué distinto resulta ser todo. Pero el misterio siempre se va revelando de a poco. Hay algo de ternura en la vocación de organizar la realidad, o algo delirante de creer que es posible. He intentado amar cuatro veces después de Jean: nada. Con Joseph, dado que era el primero, estaba particularmente confiada: no conocía todavía bien ese misterio. Yo pensé que todo era grito y plata, como se dice: éxito asegurado. Los misterios de aquel órgano en el pecho son mucho más que misterios: son derechamente aporías. No hay explicaciones humanas, tal vez sí sobrenaturales, o tal vez sí planetarias, cósmicas, o ninguna. Ya no tengo esas ilusiones del amor intenso que va a llegar por arte de magia. El amor pasión me tiene sin cuidado. Más parece un pasatiempo frívolo. Aunque tiene su gracia. Pero ese afán de gigantescos propósitos es idéntico a Alaska: algo frío. Parece un bosque de una belleza singular, y termina siendo un bus abandonado con un muerto dentro envenenado con alguna baya ingerida por equivocación porque parecía nutricia, y finalmente no. Un cadáver con un cuaderno al lado con frases cortas: la felicidad es mejor cuando es compartida. Pero el cuaderno se disuelve en el invierno de ese norte extenso, y todo termina siendo una expedición a la nada. No es posible compartir los descubrimientos, porque son intrincados y tampoco se entienden bien. ¿No era solo el asunto?, ¿no era acompañado?, ¿cómo era? El cuaderno enterrado en la nieve como peineta perdida río abajo, como tenedor intentando ser peineta, como obra que habla sobre la sumisión y la violencia, como mapas que señalan un cauce que tal vez nunca existió, o hubo agua, pero ya no está. Qué importa que ahora sea la mitad de la vida, la desilusión es la misma, la forma que se sostiene por sí sola porque todos los intentos de redactarla acompañada fueron vanos, y sobre todo, porque no es posible redactar acompañada nada. Christopher McCandless lo aprendió bien y lo pagó con su vida. Porque nunca sabemos que eso que vamos a conseguir va a envenenarnos, va a llevarnos al misterio definitivo, el que no se resuelve ni con las herramientas más sofisticadas, el que no tiene vuelta atrás. Yo deseo vivir, a diferencia de Calixte y Kaleb, pero los entiendo perfectamente. Sé que el nacimiento de la forma puede costar la vida. I’m just another crazy guy playing at love was another high, canta Bryan Ferry. El nacimiento de la forma no es un juego, a diferencia de la aspiración al compromiso, es lo más serio que hay, puede salvar vidas. Love was too hot to handle?, se pregunta Roxy Music. Yo quisiera despedirme ya de todos quienes me ayudaron a crear la forma, Joseph, Loup, Troy, Maël, desearles suerte y que trabajen ahora en sus propias formas. Yo la mía ya la encontré, y lo bueno de estas cosas es que siempre va cambiando, porque ya sabemos que lo único real es el movimiento, lo único que nutre la fantasía y el misterio. Las bayas envenenadas entorpecen la forma, toman el espacio y el tiempo disponible. El nacimiento de la forma se produce, al fin de cuentas, en soledad. Eso es ineludible. La inspiración es otra cosa. Las musas son otra cosa. Tal vez ese bus en el bosque es la metáfora correcta. Ese intento delirante, extremo, difícil y mágico. El encuentro con el misterio.

23 de julio de 2025

Siren III (desear vivir III: el nacimiento de la forma)

Yo deseé vivir. Entré a este departamento con ganas de vivir, o las encontré. Encontré el fuego, ¿y la forma? ¿Se encuentra la forma? Traía el misterio y creé la forma. Recordemos que el departamento era acuático, y yo una sirena. Una criatura mitológica nadando en la nada. Como si yo era algo anacrónico, algo imaginario, algo que no estaba realmente ahí, que se paseaba como aire. Había el fuego en potencia, y no había forma. Hacía un frío que te inmovilizaba, como si hubiese sido el agua del ártico. La euforia de la fiesta había partido hace rato, y todo su calor se había definitivamente evaporado. Estaba en Alaska, con los alces. Nadaba con las nutrias marinas, las focas de puerto y las ballenas jorobadas. Por el hielo. Una sirena perdida buscando marmotas de Alaska y bueyes almizcleros. Adentro del agua: imposible. Tal vez si hubiese buscado leones marinos: no. Bueyes y marmotas. Nutrias, focas, ballenas: esas no. En definitiva: un desastre. Una pobre sirena congelada intentando entender qué hace ahí: misterio. ¿Qué es nadar? ¿Por qué tengo esta aleta tan rara? ¿Sirve para algo la literatura? ¿Va a salvarme de la muerte y la desilusión? Las ambiciones eran grandes: vivir. Navegar como sea. Las ambiciones eran grandes: desear vivir. Cómo se hacía esto. Buscaba manuales de instrucciones por todos lados. Los iba apilando, como Merlín con sus libros de magia en su cabaña en el bosque. Rodeada de libros de conjuros, dando instrucciones a los platos y las tazas para que se lavaran solas. Todavía no era la mitad de la vida, cómo iba a saber que todo sería más difícil y definitivo después. Leía los grandes libros con la ciencia de las pócimas e iba experimentando. Sólo explosión, no pasaba nada concreto, pero servía para calentar el espíritu de Alaska. Para acercarme a las marmotas y los bueyes. Me terminaba convirtiendo en distintas criaturas, mitológicas y no. Cómo se hacía esto. Qué es este frío. No puedo más. Los elixires me llevaban a calles sin salidas. Quería vivir. Como si fuera un ancla que podía detener por un momento el carrousel apareció por tercera vez Joseph, a quien conocía hace cuatro años. ¿La tercera fue la vencida? No, tampoco. Pero en Alaska es difícil comprender bien las cosas. El misterio es particularmente oscuro. Joseph terminó siendo literalmente un ancla. Ya no me movía para nada en el carrousel, pero sobre todo, no pasaba nada interesante. Veía pasar los animales y se difuminaban. No podía distinguir cuál era cuál. Cómo iba a encontrar al que buscaba. Seguía rodeada de los libros de brebajes pero ya no entendía nada. Por qué había ondulado como un péndulo del misterio absoluto de Jean a la organización extrema de Joseph. ¿Se hacen esas cosas en Alaska? Parece que sí. Es algo corriente. Anclarse en lo que está lo más lejos posible de lo anterior para que no se parezca nada, y así suplir todo lo que falta. Qué hacía yo organizando una vida hasta el último centímetro cuando era en realidad una sirena buscando el desarrollo del fuego para decir algo útil. Una sirena nadando entre las formas literarias para explotarlo todo, para dar con alguna forma que tuviese sentido. Le dije a Joseph que nuestras maneras de hacer las cosas diferían y que mejor dejáramos esta tercera vez hasta ahí no más porque se veía que no iba a prosperar. Siguió escribiéndome ese año y el siguiente, como si yo fuese una especie de diario de vida donde iba anotando sus avances en el orden de su existir. Como si me iba teniendo al corriente de las decisiones que iba tomando y sus progresiones y retrocesos, preparando un escenario correcto para los dos en su manera de entender las cosas. Era un monólogo, que yo iba leyendo, con una cierta curiosidad, pero sobre todo asombro por su constancia en lograr las condiciones adecuadas, a pesar de no tener respuesta alguna de su interlocutor, si es que se le puede llamar así a un soliloquio interior. Sé que sus intenciones eran buenas, pero raras. Porque todo estaba terminado. Eres como un ancla, le dije al ponerle punto final al asunto. Le dolió este apelativo, pero respetó mis metáforas. No podemos decir que no lo intentamos, fueron tres veces. Ahora que lo pienso era algo evidentemente destinado al fracaso, pero en Alaska nada está claro, y las anclas parecen a veces relaciones. Los animales por mientras circulando y yo perdiéndome todo. Seguí el nado hacia mejores horizontes, y mi pasión por Jean se triplicó. ¿Es posible eso? Comenzaban a salir las primeras flores en Alaska y mi deseo de vivir se fundió con volver a estar con Jean. Le redacté un libro de conjuros sobre el amor. Lo lancé al mar, mientras seguía nadando por el ártico, pero hacia el trópico, o eso me habría gustado. Comprendí rápidamente que este camino era el equivocado, porque mis conjuros no tenían resultado alguno. Lisa, me dije, por una vez, haz algo que sirva, que no sea todo explosión y algo tome forma. No tenía idea cómo se hacía esto. Apenas había logrado recordar cómo era vivir. Tenía programado un viaje a Barcelona para encontrarme con unas amigas: fui. Era el deshielo. En un bar me encontré con el caos aparente: Loup. Resultó finalmente que no era el caos, pero eso lo supe mucho después. Pensé que era un caos como el de Adam, o el mío, un caos que crea, pero no. Sólo algo plano y llano que no toma forma. Lo que sí tomó forma mientras duraba nuestra larga conversación fueron las novelas. Por qué. Se sumó un desafío adicional. Tenía que contar historias que no fueran reales, dada su manera de organizar las escenografías: fue lo que hice. Comencé a inventar, y nació la ficción dentro de la ficción. Nació la forma mientras hablaba de la sin forma. Mi deseo de vivir se fundió con mi necesidad de la forma en ese mundo acuático. ¿Sería una sirena para siempre? Sigo siendo una sirena, eso no cambia, pero en esta mitad de la vida tengo la forma, o he intentado crearla al menos. Sólo la abundancia, el excedente de signos, hace aparecer la lengua mágica, poética y que seduce, escribe Byung-Chul Han. La necesidad de la ficción intensa me hizo crear los signos que cargaron el misterio en sus manos. Ya no tengo necesidad de resolverlo. Con describirlo es suficiente. Con reconocerlo, como parte integrante de la vida. El misterio se organiza en formas poéticas. No sirve la organización transparente ni el caos difuso. Tal vez Jean sea el punto medio aunque nunca pueda volver a atraparlo. Tal vez me lo imagino ahora como punto medio y no lo es para nada. La fantasía es muy crucial siempre. Si no Joseph y Loup no habrían sido siquiera intentos. Pero el reino de Alaska y el falso oasis del trópico fueron pistas para intuir la forma, y como sabemos que todo es misterio, vamos nadando y luego el conjuro estético ya es otra cosa. Porque la belleza no se adquiere así no más. La forma tiene caminos misteriosos, como alces y bares. Como bosques en el hielo y reverberaciones caóticas. Las ilusiones ópticas son de gran ayuda. Describirlas y refractar la luz. De todas maneras cuál es el reflejo correcto. Desear vivir es suficiente. La forma encuentra su camino. Cuando todo es misterio: queda desear vivir. La forma es el oasis de la quimera que da vida.     

22 de julio de 2025

Siren II (desear vivir II)

Yo deseo vivir. Desear vivir es una cosa, lo otro es que lo demás nos permitan vivir. A veces efectivamente nos lo impiden, y otras veces los dejamos que lo hagan. Por ejemplo ahora en la franja no lo están permitiendo. Eso se llama genocidio, y no tiene perdón de ningún dios o diosa. Cualquiera de ellxs estaría en desacuerdo. Los países no sé, pasivos como están parece que estuviesen de acuerdo. Yo claramente no estoy de acuerdo, igual que los dioses, y que la mayoría de la población mundial. Por qué tenemos gobernantes idiotas y sádicos. ¿Votamos por ellos? Termina siendo un gran misterio. Decirnos, así es la vida, es un error. No es para nada así. Ellos la hacen así. Podría ser totalmente diferente. La violencia es una anomalía. Un error en la secuencia. Para qué diablos tenemos cerebro. Si no es para pensar un poco. Las emociones, para qué. Si no podemos identificar lo que está bien de lo que está mal. Si no podemos alcanzar a los demás. Esto no es sólo un misterio, es un gran fracaso. Un estridente fracaso. Una derrota de la estupidez y de nuestra incapacidad a ser personas. Ser persona significa desear vivir, o al menos permitírselo a los demás, si no queremos seguir. La destrucción es un naufragio. Una ruina de la que no se vuelve indemne. Los dioses y las diosas nos observan. La pérdida es inminente. Por una vez creemos ese mundo donde haya el deseo de vivir. 

Siren (desear vivir)

Hace tres años entonces llegué a este departamento. El misterio me acribillaba. Si no opté por la opción de Calixte y Kaleb, no estuve lejos. Pero buscaba el fuego. Esa inspiración ya la tenía. Entré entonces como si fuese una sirena que llega nadando a una roca y se instala ahí para tomar el sol y secar su aleta junto a los rayos y al agua. Nadaba por el departamento en el misterio indescifrable. Me ubiqué en la roca que daba al río, pluma en mano. Luego de la fiesta intensa llegó el invierno. Observar la nieve. ¿Y ahora qué? ¿He amado?, me pregunté. Qué es amar. Como todo era enigma había que comenzar desde el principio. Amé: concluí. Qué es amar exactamente: un misterio. Pero sé que pude hacerlo, alguna vez. En seis ocasiones amé profundamente, me dije. Uno me acaba de dejar, el otro acaba de morir, y los otros cuatro ya no existen. Qué queda: no tengo idea. Pero amé. Tal vez es suficiente para desear vivir. Viviré, me dije. Aunque sea escribo algo, tal vez. Algo que sirva. En los tres años que siguieron intenté amar cuatro veces, ninguna con éxito, Joseph, Loup, Troy, Maël, nada cuajó. Quizá era porque no entendía bien lo que es el amor. O ellos tampoco. Pero entonces Jean, Adam, Élie, Henri, Arsène, Virgile, ¿ellos si entendían? No lo creo. ¿Yo entendía? Tampoco. Misterio. Cómo se hace esto. A veces esto parece como la película Broken Flowers, con Bill Murray yendo a buscar a sus antiguas amantes para saber por qué lo dejaron o por qué terminó todo, en una exhaustiva investigación. Me causa gracia imaginarme llegando a la casa de la gente, con preguntas del tipo, qué era el amor, por qué no pudimos llevarlo a cabo. Comienzo a reírme de pensar en cómo resolver este misterio. Hay una diferencia importante ahora, en esta mitad de la vida, puedo generar la ficción sin necesidad de exponerme. Puedo ponerle freno a mis tendencias novelísticas que siempre están sintiéndose atraídas por las tramas interesantes. Quizá puedo saltar este muro de la mitad de la vida con tranquilidad luego de esto. El fuego me trajo una nueva cualidad: la ficción separada del presente. Parece fácil, pero es una gran cosa. Algo inmenso. Un fuego autónomo. Me independicé de las musas. ¿Se puede? Sé que se tomarían mal lo de ser musas, pero no eran solamente eso, evidentemente. Quién sabe. ¿Qué más eran? ¿Amor? Para eso habría que saber lo que es. En las ocasiones antes de ser sirena dijimos que sí era amor. En las ocasiones posteriores, no hay seguridad. Cómo saberlo. Lo que no toma forma, ¿puede serlo? Yo creo que no.  Creo que en las ocasiones posteriores siendo sirena todo parecía en realidad un juego. Creo que yo no tenía idea ni cómo se volvía a articular una vida, por lo que organizarla junto a alguien más parecía una quimera absurda. ¿Y ahora? Estoy más o menos en el mismo lugar. La diferencia es que ahora hago del fuego una vida. Estructuro el misterio para que pueda hablar por él mismo. Para que adquiera la danza de la literatura. Para que se convierta en música y pueda hacer olvidar. Dar algún sentido a las interrogantes para que al menos sean belleza. Guíen el carnaval hacia la roca de la sirena. Para sumergirnos para siempre. No sé en qué. ¿Fantasía? ¿Amor? ¿Qué es? Ese océano. Con las embarcaciones en el horizonte. I’ll be waiting at the end of the line, canta Bryan Ferry. ¿Cuál línea? Si hubiese una línea, pero todo es misterio. ¿Hay que seguir una línea? ¿Eso es amar? ¿Eso es tener pasión por algo? ¿La línea? ¿Llegar al final de la línea? Byung-Chul Han sugiere la inactividad, para desarmarse. La inactividad, la noche, la sombra, el sueño, la muerte, como Eurídice. Ahí estoy yo. Una sirena nadando en el misterio inconcluso, desarmando la mitad de la vida para construir la que viene. Me encuentro a mis anchas en este océano de mi casa, encontrado hace tres años. Las formas literarias, escribe Eva Illouz, implican procesos complejos y extensos de identificación con los personajes, ensayos de desarrollos posibles y fines probables, una reflexión acerca del significado moral de las decisiones de los personajes y deducciones acerca de las causas del comportamiento de estos. Ahí estoy yo como Bill Murray, con mi ramo de flores, yendo de puerta en puerta, con mi aleta de sirena, intentando interrogar cómo llegué hasta esta mitad de la vida y desde la roca alcanzar la inactividad que me permita desarmar ese misterio que me cala los huesos y las escamas y no me deja vivir: sí quiero entenderte. Sí quiero escribirte: vida mía. Dame la oportunidad de bucear por tus secretos que aún no me han sido revelados. Dame la oportunidad. Puedo seguir nadando, soy una sirena que quiere llegar al mundo de los humanos, como Ariel, tener la voz, y alcanzar todo eso que me ha sido negado hasta el momento: los versos del inframundo y todo aquello que necesita efectivamente ser dicho. No quiero tener un juicio parcial o falso, dada la aceleración monstruosa de la vida, donde las personas parecen viajeros que conocen el país y las personas sin moverse de la línea del tren, como dice Nietzsche. Quiero una vida contemplativa que me arranque de esta locura, de esta entrega eterna de flores sin milagro aparente. Olvídame, vida, déjame seguir aquí en el silencio. En el silencio de este océano. Ayer soñé que estaba con mis hermanos en la franja, y que iba prontamente a perder la vida. Sentí el inframundo y no me deja. Deseamos vivir, qué es lo que pasa. Flores rotas y la explosión. Para desear vivir tiene que haber el aire. Encontremos esa línea, que nos mantenga unidxs. Para la cordura tienen que haber unas mínimas condiciones de posibilidad. Luz, silencio, esa roca. Donde posarse a crear lo inaudito: ese mundo donde haya el deseo de vivir. 

19 de julio de 2025

Misterio

Suele ser una suerte de misterio la vida. Parece un lugar común decirlo, pero hay que captar bien el alcance metafísico de esto. Se intenta ponerle números a cuanta cosa circula, explicaciones a cuanto suceso acaece, de acuerdo, pero observemos bien: estamos perdidos. A veces sentimos que nos encontramos, que se aliviana un poco la carga, que hay razones, caminos: no dura tanto. Una apariencia de cosmos alojado en el desierto más absoluto. Tal vez por eso se inventó la música. Olvidar por un momento hace que todo adquiera sentido. Tenía un amigo en la universidad, que partió el año pasado, era músico, se llamaba Calixte, que me decía, yo creo que existimos para pensar, como dice Kant, no para ser felices, como dice Aristóteles. El año pasado decidió que ya era suficiente de existir. Me apenó mucho la noticia. Es alguien que tuve muy presente, aunque hace muchos años que no lo veía, porque recordaba siempre escenas o conversaciones con él, y me hacían reír. Una vez en una fiesta nos presentaron al hijo de un embajador europeo, creo que francés, había mucho ruido, y Calixte le dice, de manera no muy audible, pero audible al fin y al cabo: me importa una raja conocerte. Se estaba riendo de él porque era alguien lleno de maneras y reverencias, me importa una raja quiere decir, me tiene absolutamente sin cuidado conocerte o no. El asunto es que esta persona, diciéndose a sí mismo, es evidente que no fue eso lo que dijo, respondió, perdón, indicando que no había entendido bien, a lo que Calixte insistió, diciendo esta vez: estoy encantado de conocerte. Igualmente, dijo esta persona, con mucha pompa. Yo estaba al lado, con Clara, y nos pusimos a reír, por supuesto, luego de saludar a la persona en cuestión y partir un poco más allá. Era una broma estúpida, no hay duda, pero eran ese tipo de cosas que hacía Calixte que nos hacían reír mucho. Yo con mi espíritu diplomático y más bien tímido, jamás hubiese dicho nada similar. Pero Calixte era un misterio. Una no podía saber qué esperaba realmente de las situaciones, de las personas, de las actividades, de las motivaciones. Un completo misterio. Como si viviese con una intensidad total, pero al mismo tiempo odiara a todo el mundo. No había manera de dilucidar qué atravesaba su impulso. La mitad de la vida tiene algo pesado, imponente, que te tira hacia abajo, como queriendo enraizarte para lo que queda. Sugerirte que esperes un poco, que has visto ya la mitad, pero eso no significa que lo has visto todo, que en ese tránsito de anclarse en ese hito que estrangula seguirán surgiendo cosas. Me importa una raja conocerte. Cada vez que me acuerdo me pongo a reír. Como si Calixte lo alivianara todo, aunque no pudo alivianarlo para él mismo. Como si en la mitad de la vida hubiese que decirle a la existencia: me importa una raja conocerte. Para que todo siga fluyendo. Decirle: no me importa. Déjame tranquila: no quiero entenderte. Me importa una raja conocerte. Con estar aquí es suficiente. La mitad de una vida es una tregua. Si logramos saltar el muro sin estrellarnos al intentar subir, o bajar. El año pasado perdí dos amigos, Calixte, y Kaleb, un compañero de escuela, en circunstancias similares. Conversaba mucho con él en los tiempos de recreo en el colegio, me gustaban mucho sus reflexiones. Me parecía alguien atípico e interesante. En el último año de escuela había una actividad a fin de año en que las mujeres se ponían la ropa de los hombres y viceversa, era una actividad extraña en realidad, pero bueno, yo intercambié ropa con él. Usábamos un uniforme en el colegio, por lo que él se puso mi falda, y yo su pantalón. Ahora que lo pienso, no sé cuál habrá sido la motivación de esa actividad, pero en ese momento era divertido. Bueno, Kaleb también se declaró cansado el año pasado, como Calixte. Se dijeron: yo de este misterio no quiero más. Tal vez tenían razón. Se dijeron: me importa una raja conocerte. Fue un hecho triste, no como en esa fiesta, pero bueno, quién es uno para juzgar los misterios de la vida y las decisiones de los demás. Yo al igual que ellos, estoy diciéndole a la vida, me importa una raja conocerte, pero pasé al otro lado del muro, o así parece, o estoy en ese tránsito. Es intenso, doy fe, pero es como que se abre una dimensión desconocida al mismo tiempo, un misterio nuevo, como si no fuese ya suficiente: qué habrá en lo que queda. Junto con esto está la pregunta: qué es lo que quiero que haya en esta nueva mitad, luego de bajar del muro. Por el momento estoy arriba del muro, y miro hacia adelante, hacia atrás observo a Calixte y a Kaleb, con cariño, con agradecimiento, con alegría también, porque la mitad de la vida es ya bastante, y me digo, al mismo tiempo: quisiera conocerte. Quisiera conocerte, sin que el misterio me aprisione, sin reverencias interminables, sin la superficialidad que acompaña a veces a estos tiempos. Quisiera conocerte con magia, haciendo magia. Conejos, sombreros, etc. Escucho End of the line, del disco Siren, esta vez, de Roxy Music. Sirenas, eso me gustaría, algas, embarcaciones, lanzarme al mar siguiendo el canto de las sirenas. Reached the point of no return, canta Bryan Ferry. No quiero nada de lo miserable. De lo que conocí y me dio zancadillas. No quiero la realidad a secas. Quiero un misterio náutico. Quiero recordar el cansancio de Calixte y Kaleb, y saber que fueron también felices: no tengo dudas. Luego de este muro habrá de las dos cosas, tampoco tengo dudas. El misterio de la vida debe parecerse en una mitad y en la otra. Al final, todo es un río, hasta el mar. You know where to find me, canta Bryan Ferry. Now’s the time to take a dive, try a magic carpet ride, canta. Uno de los misterios ha quedado resuelto: en la alfombra mágica estará el viaje. La verdad es que no siempre me importa una raja conocerte: insisto en la literatura. En la alfombra mágica que me lleve a la música. Me siento cansada, pero no tan cansada. Es verano, tengo a Roxy Music. Tal vez es una especie de posta, donde uno va pasando el pequeño bastón de madera al siguiente, y ellos lo dejaron en nuestras manos para alguna clase de misión secreta a descifrar. Tal vez se puede afrontar como un juego de pistas extrañas. Para empezar hay que decir claramente: me importa una raja conocerte. Luego cambiarse la ropa por el compañero de al lado. Después ya no sé bien. Intento mirar qué hay más allá del muro, hacia el horizonte, o hacia el día siguiente: enigmas. Qué hay ahí en la semana que viene, en la próxima hora: incógnitas. Quien diga que no hay misterio es porque teme al fracaso de los pilares. También me ha pasado. Pero es asunto de escuchar música y se disipa la rigidez. Observaba ayer la película Le temps d’aimer, de Katell Quillévéré, sobre esas rigideces y su miseria, y esos espacios que se abren para amar de maneras inesperadas. Tal vez este sí sea el tiempo de amar de la humanidad. Podemos pensarlo de esa manera. ¿Quién nos lo impide? Desde aquí arriba del muro de la mitad de la vida quisiera crear esa música que cobije las maneras inesperadas. Cuando todo es misterio, queda la certeza, al menos de tener todavía la vida. Tengo mi pelo, tengo mi cabeza, canta Nina Simone, tengo mi cerebro, tengo mis oídos, tengo mis ojos, tengo mi nariz, tengo mi boca, tengo mi sonrisa. Queda la certeza: tengo tal vez las palabras y tengo mi cabeza. Tengo el misterio, y tengo, gracias a Calixte y a Kaleb, la sonrisa. Lo inesperado son oportunidades de comprender que amar es una posibilidad accesible: es gratis. Yo creo que ellos sabían sobre esto. Nos pasaron la posta. Quién nos impide hacerlo. Aquí no hay misterio: nadie. Quien quiera interponerse: me importa una raja conocerte. Juntxs es más posible. Siempre surfeando en el misterio (también es gratis). Estoy encantada de conocerte.  

17 de julio de 2025

Fantasía (Libro)

Fantasía

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_fantasia_14-07-25.pdf

o

https://www.academia.edu/142940213/Fantas%C3%ADa

Fantasía es una novela. Es el libro séptimo de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera, Fantasía.


Lisa Barthes y la ficción


Cosmos


Parnaso


Teatro


Mito


Prefacio (Fantasía)

Fantasía es una novela. Es el libro séptimo de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso, Teatro, Mito, Ópera, Fantasía. Forma parte de la serie de novelas: Lisa. Cuarenta novelas escritas entre julio de 2023 y julio de 2025, agrupadas en cinco grandes novelas. Así: Lisa, Lisa en la mira, Lisa en la Rue des Fantasques, Lisa y la intemperie feminista, Lisa Barthes y la ficción. Estoy en la mitad de la vida. A fines de este año cumplo cuarenta y cinco años. Exactamente el veintinueve de noviembre. Nací lejos de aquí, hace casi cuarenta y cinco años. Vivo en Lyon hace varios años, donde he pasado la mayor parte de mi tiempo escribiendo. Yendo a la ópera y al teatro. Al amor también fui. Me ha ido bien y me ha ido mal. Intento inventar Avalon. Eso es lo que me interesa ahora. Crear la fantasía absoluta. Transformar algo de esta realidad infame. Convertirla en canto. En canto de criaturas mitológicas. En danza de carnaval acuático y náutico. Los barcos me fascinan. Las islas. La playa. El verano. La fantasía. La magia. El amor pasión que deriva en nada. El amor pasión que deriva en algo. Un amor pasión a la deriva. Intenté reconstruir en este libro el nacimiento del fuego. La génesis de la literatura. Lo que antecedió a la explosión de Lisa. La separación, la muerte, el misterio, la música. Las cosas nacen de algún lado, generalmente. Surgen desde el inframundo para salir desde las profundidades y ver la luz. No he visto ninguna luz, pero escribí. Hace unos días vi los fuegos de artificio del catorce de julio. Luces de colores en el cielo oscuro. Grandes explosiones con formas de palmeras y corazones. Los tiempos son ingratos. Pero tenemos la literatura para seguir adelante. Aunque la prohíban y la incendien. Confiemos. Confiemos en la capacidad de la fantasía de salir adelante. De transformar los escenarios. Yo confío en la literatura. Hay que seguir escribiéndola, leyéndola. Crear ese relato eterno. Esa escalera infinita, como dice Carmen Ávila. Lo que menos podemos hacer ahora es renunciar. Renunciar no es posible. Sorteemos la avalancha de imágenes para contar la historia. Una historia que hable de nuestro intento. De nuestras ganas, de nuestros sueños, de nuestra utopía íntima y colectiva. La soledad la conocemos pero no nos asusta. La literatura es tanto más grande. La mezquindad no nos hace mella. Somos tanto más grandes. Gigantes como el planeta. Inmensos como la alegría. Poderosos como la amabilidad. Lo hemos visto todo, y seguimos riendo, como canta Arthur H y Lhasa De Sela. Avanzamos radiantes, de optimismo y de amor, cantan. Confiados y alegres, como decía mi abuela, y dice mi madre. Confiados y alegres de todas maneras. Seguimos riendo, a pesar de haberlo visto todo. Apagamos un poco el ruido para conocer el silencio. El fuego nace también del silencio. Del vacío. El pensamiento y la inspiración necesitan vacío, escribe Byung-Chul Han. Ahí estoy y no tengo miedo. 
Gracias.

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 17 de julio de 2025.

Andréa Balart-Perrier (de nacimiento Andrea Francisca Balart Armendariz, Santiago de Chile, 1980) es una escritora y abogada de derechos humanos, francesa, chilena, española. Escribe literatura hace 20 años, y es autora de más de 100 libros, publicados en Fée Éditions / Intemperie Ediciones, entre los que destacan la serie de novelas: Lisa. Cofundadora, directora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal. Activista feminista, participa hace más de cinco años en agrupaciones feministas militantes. Trabajó diez años como abogada, entre ellos cuatro años en la oficina de UNICEF (Naciones Unidas) en Santiago de Chile. Máster por la facultad de filosofía de la Universitat de Barcelona, y completó cuatro años de estudios de doctorado en filosofía y literatura (candidata a doctora) por la misma universidad. Máster por la facultad de filosofía y literatura de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile. Franco-chilena-catalano-vasca, vive en Lyon, Francia, desde hace más de una década (Lyon Ciudad de la Literatura UNESCO).

eng. Andréa Balart-Perrier (born Andrea Francisca Balart Armendariz, Santiago de Chile, 1980) is a French, Chilean, Spanish writer and human rights lawyer. She has been writing literature for 20 years, and is the author of more than 100 books, published by Fée Éditions / Intemperie Ediciones, including the series of novels: Lisa. Co-founder, director and editor of Simone // Revista / Revue / Journal. Feminist activist, she has been participating for more than five years in militant feminist groups. She worked for ten years as a lawyer, including four years at the UNICEF (United Nations) office in Santiago de Chile. She holds a Master’s degree from the Faculty of Philosophy at the University of Barcelona, and completed four years of doctoral studies in philosophy and literature (Ph.D. candidate) at the same university. Master’s degree from the Faculty of Philosophy and Literature at the Universidad Adolfo Ibáñez in Chile. French-Chilean-Catalan-Basque, she has been living in Lyon, France, for more than a decade (Lyon UNESCO City of Literature).


Avalon XIII (el fuego II)

Sigo contando historias. Como estoy en la mitad de la vida tengo varias, si no las invento. En qué consisten estas historias. En lluvia. En la insistencia de la lluvia. En la pasión del fuego. Un fuego que no lo apague la lluvia. En la búsqueda de Avalon. Es lo único que me interesa. ¿Qué olor despide la epidermis de las serpientes?, se pregunta Carmen Ávila. Esto también me interesa. Responde Carmen: El de la fría seda mojada por la fragancia del desencanto con la que está hecho el olor que anuncia una tormenta de caracoles en un bosque de efímeras orquídeas azules. Voy encontrando respuestas. Hoy salí a conseguir fruta del mercado porque mi refrigerador estaba vacío, y en el buzón había un sobre de papel que no se podía adivinar su contenido. Lo abrí. Era un regalo de Carmen, un libro de poesía, sobre las serpientes y otras cosas. Fui muy feliz con el regalo. En la primera página se indica: Lisa, va este libro, porque la poesía es una escalera infinita. Carmen Ávila. Paso a la segunda página donde se explican las reglas del juego, y se indica, entre otras cosas: “no se necesita ningún d(h)ado. El lenguaje es la mayor de las suertes”. Estoy totalmente de acuerdo con Carmen. El fuego está construido con lenguaje. Razón, lenguaje, emociones, fantasía, suerte, vértigo. ¿Qué amaría una serpiente?, se pregunta Carmen en la página ocho. También me interesa esto. Responde, entre otras cosas: Amaría no estar en el Génesis y no haber recibido tantas injurias y maldiciones por siglos; que no la hubieran confundido con el diablo y que no la compararan con algunas mujeres que no saben retener el silencio en el cuenco de las manos. Eso dice Carmen en relación al amor y las serpientes. Tal vez la literatura es una serpiente de fuego. Una criatura que no quiere recibir tantas injurias y maldiciones. Por siglos. Pero la literatura, a diferencia de la serpiente, sabe que esto es imposible. Porque la fantasía a veces da miedo, como las serpientes. La fantasía parece que atemoriza a veces hasta al más poderoso. Ante la prohibición el fuego es aún más poderoso. No nace el fuego, nace el infierno completo, o el amor absoluto. También puede ser. Todo nace. Como cuando hay la música. Yo creo que de todas maneras hay que preguntarse qué amaría la literatura. Que la dejaran tranquila. Para empezar. Que la leyeran. Que la consideraran. Que la crearan con cariño. Que estuviera constituida por el fuego. Que la impulsaran. Que le dieran espacio infinito. Que hubiese las condiciones para imaginarla. Que no estuviera regida por leyes totalmente invisibles, que más que literatura crean vacío. La soledad es inevitable. No se hace ilusiones en ese sentido. La literatura es como una mariposa es una colina de flores desierta, algo fugaz, y en total desamparo. Presa del acecho de las fieras. Porque quererlo todo es destruir. Se nos va erosionando el planeta. Se nos va muriendo la gente bajo manos con sangre. ¿Se acaba esto? La literatura a veces no es suficiente. Yo confío mucho en la literatura. Creo en su fuego. El que nace en los que la tocan. En los que se relacionan con ella, en cualquiera de sus formas. Todxs quienes la leen. Porque de alguna manera hay que resistir a la avalancha de imágenes. Nos desplazamos como serpientes por el suelo, perdidos de nuestros relatos y ceremonias. Quisiera entender la mitad de la vida. Quisiera saber si tiene sentido continuar y cómo. Quisiera que tomar un café en la mañana sea la fantasía pura. Escuchar Roxy Music y saber que hay un lugar para mí. Que no todo ha sido en vano. Que el nacimiento del fuego será algo más que el vacío. Quisiera volver a las Calanques de Marseille. Construir ahí una cabaña en el aire. Seguir asombrándome del paraíso. Inventar Avalon. Quisiera que la línea de tiempo fuera benevolente con los errores constantes. Con todo lo que quiero dejar atrás. Con las distintas formas de la lluvia. Con la exigencia absoluta que entorpece. Quiero dejar de pensar que puedo salvar a la gente: no puedo. No quiero, sobre todo. El nacimiento del fuego tiene también una dimensión de lo imposible. De lo que no voy a hacer de ahora en adelante. Porque no tengo ganas. Sé que el planeta va a seguir girando. No me hago ilusiones en ese sentido. En relación a mi cualidad de imprescindible. Tal vez esta mitad de la vida sea viajar más liviano. ¿Se puede? Sea viajar. Seguir escribiendo libros, sin duda. Todo ha nacido del silencio y ahora es la historia. Vivo, ya no tengo ninguna duda, en el mundo de la fantasía. 

16 de julio de 2025

Avalon XII (el fuego)

Los cuentos El barco, El puente y La llamada, los escribí para Moussa, y el cuento El perro, para Taras. El perro de la historia era un perro real, gigantesco, de una compañía de teatro. Se paseaba por las calles. Lyon es una especie de fantasía gigante. Una ciudad de la literatura. A mí me gusta mucho. Vivo aquí hace incontables años. Cada vez me va sorprendiendo más. Ayer fui a ver los fuegos artificiales del catorce de julio a un puente que hay a unas cuadras de mi casa, donde se veía el espectáculo en todo su esplendor. El puente estaba lleno de gente, y todo el borde del muro junto al río, todos esperando los fuegos. ¿Sería el nacimiento del fuego? Me apoyé en la baranda del puente, mientras veía pasar los barcos por el agua. Observaba la algarabía. Una suerte de carnaval acuático. Los barcos con luces de colores. Es una expresión que inventé en aquella época del nacimiento del fuego. Era una metáfora del amor, de la sensación del amor. El amor pasión. Estaba el tema de subirse o no a los barcos con luces de colores. Escribía mucho en las noches en ese tiempo, y pasaban por el río los barcos con luces de colores. Eran unos barcos reales, como el perro. Unos barcos con personas bailando o conversando, y tenían barras de luz de colores. A veces lila, a veces verde, a veces azul. Me imaginaba el acto de enamorarse como entrar en uno de esos barcos, decidirse a entrar, y bailar en esa pista de baile, o celebrar una cena a la luz de las velas en movimiento. Me lo imaginaba como brillos que luego se apagaban. Un impulso que luego se mostraba distinto al ímpetu inicial. Pero estaba ya uno en la embarcación, y esta estaba en movimiento. Había que seguir la fiesta. Por supuesto estaba muy desilusionada del amor. Lo veía como una fantasía triste. Una mentira, como canta Beth Hart. Lo veía como una manera de subirse a la felicidad, para luego caer muy abajo. Donde estaba yo. Pero no olvidemos que se gestaba el fuego, por lo que era un inframundo que guardaba secretos. Enigmas que se irían revelando de a poco. Qué pasó al comienzo de las novelas: era el caos. El caos real, como los barcos y el perro. Y del caos nace un nuevo tipo de fuerza, escribió Doris Lessing. Por qué duele el amor, se pregunta Eva Illouz, es mejor leerla, que quedarse en el desamparo. Cómo hacer nacer el fuego, me preguntaba yo, sola. Mientras observaba los barcos con luces de colores por el río. Ayer en el puente observando las figuras en el cielo me pregunté, cuándo nació el fuego. Fui revisando todas las veces que he visto fuegos de artificio estallar. Sobre todo me detuve en esas veces en Valparaíso, años nuevos, cuando estaba todavía muy lejos del fuego, cuando comenzaba la vida. Ahora estoy en la mitad, y tengo el fuego. Qué es el fuego. Es básicamente un viaje, que renovamos cada día. Una promesa con la fantasía: nunca te olvidaré. Nunca te olvidaré, decimos. Para eso hay que recordar. Hay que imaginar. Estuve en las Calanques de Marseille el mes pasado. Imaginé Avalon. Lo imaginé muy nítidamente. Debe parecerse a esto, me dije. Con gran seguridad. El fuego no es para nada seguridad. Es todo lo contrario. Inseguridad. Mientras más grande el fuego más inseguridad. Cómo es esa isla encantada. Qué es el fuego. Thinking without a bannister. Denken ohne Geländer, dice Hannah Arendt. L’amour, la mort, le cataclysme. Une existence normale : qu’y a-t-il de plus déraisonnable ?, dice Simone de Beauvoir. Swift and lean. A kind of beauty that you can’t predict, dice Paul Auster. Chase the writer, dice Julian Barnes. Pourvu que ce soit hors de ce monde !, dice Charles Baudelaire. Escribir fuera de la ley, dice Roberto Bolaño. Y si llegara a olvidar, ¿cómo haría para vivir?, dice María Luisa Bombal. L’ennemi de la sentimentalité et la fantaisie à court terme, dice André Breton. Ne pas oublier ce silence et le faire retentir, dice Albert Camus. Análisis musicales, psicológicos y razones profundas, dice Julio Cortázar. Il y a toujours un côté par lequel ça se fuit et ça se défait, dice Gilles Deleuze. Vivre penché et sans balustrade, dice Gustave Flaubert. Nous libérer nous de l’État, dice Michel Foucault. Sit down at a typewriter and bleed, dice Ernest Hemingway. Dans le reel, dice Michel Houellebecq. The attempt is all. No atonement for novelists, dice Ian McEwan. The possibility of eradicating political antagonism, dice Chantal Mouffe. De atrás para adelante. Pero no: la vida no tiene sentido, dice Nicanor Parra. Conscient du véritable pouvoir de l’esprit humain, dice Jacques Rancière. L’optimisme, ma fantasmagorie la plus intime, dice Jean-Paul Sartre. Inventar ficciones para ejercer la libertad, dice Mario Vargas Llosa. Cada obra debe ser un renovado salto en el vacío, dice Enrique Vila-Matas. Dans un monde où rien n’est à la mesure de l’homme, dice Simone Weil. A poet’s heart caught in a woman’s body, dice Virginia Woolf. Vivir humanamente no es eludible, dice María Zambrano. El fuego todo lo gobierna. Ya sabemos que nace de la separación, la muerte, el misterio, la música, la danza, la improvisación, el viaje, la fantasía, el mar, la amistad, y los libros. El amor no sé dónde está. No lo estoy esperando. Tengo el fuego. Tengo la enredadera, el viento, el barco, el puente, la llamada, el perro. No tengo nada, en definitiva. Todo lo imaginé. Todo fue la fantasía. El viaje a Avalon. Cada día el viaje. Parece la piedra de Sísifo. Pero aquí hay magia. Todo está en la magia. En el cuento, la novela, el relato, la historia, el ritual, la ceremonia, el minueto, la coreografía, la obra, el arte, la imaginación, el misterio, la expedición, la travesía, la trama, el argumento, el libreto, la fiesta, la celebración, el circo, el odeón, la fábula, el juego, la percepción, la sensación. No tengo nada, pero tengo la fantasía. Vi nacer el fuego. Lo vi. Se me acabó la vida y lo vi. No importa si la vida se había acabado: escribí. Leí lo que otros habían escrito. Volví a morir un sinnúmero de veces: no importa. Escribí. Aprendí el fuego. En este departamento frente al río, en la soledad más absoluta, tres años, tres meses, y tres días, aprendí. Escribí la ficción, el cosmos, el parnaso, el teatro, el mito, la ópera, la fantasía, el viaje. Ahora es el atardecer, las sombras de los árboles se mueven en la pared junto a mí en la luz amarilla anaranjada, al mismo ritmo que el ventilador en movimiento. Bryan Ferry no deja de cantar. So I turn the pages, and tell the story, canta. En la mitad de la vida el fuego es inmenso y el miedo todavía más grande: no importa. Yo vi los fuegos de artificio. A vivir se aprende, igual que escribir. No tengo nada, pero tengo la fantasía.

Avalon VII (el nacimiento del fuego II)

El nacimiento del fuego. No estoy diciendo que la literatura nace del dolor, o tal vez sí. Tal vez del amor, o de los dos. En cualquier caso nace de alguna parte, que tiene que ver con la necesidad. Lo importante es que nace, un día nace. Un día es la explosión. Es la llama suficientemente grande para no apagarse con el viento. Para no apagarse con la batalla cotidiana, día tras días. Entonces luego de la separación definitiva de Jean, y la muerte de Adam (ambos acontecimientos sucedieron en un espacio de dos semanas), me instalé en un departamento frente al río. Quería encontrar la llama. Dónde está la maldita llama, me dije. Primero la busqué en bares y conciertos. La busqué con mucho ahínco. Me dediqué a la danza febril como que el mundo fuera a acabarse de un día para el otro. Bueno, el mío se había acabado, así es que tal vez bailando se gestara algo. Estuve meses insistiendo en este propósito, la gestación de algo que reemplazara a la muerte. Fui preguntando por aquí y por allá, a todo quien se cruzara. ¿Sabes algo de la llama?, preguntaba. Nadie parecía entender exactamente a qué me refería. Pero yo necesitaba respuestas. Las dudas no me servían porque ya tenía demasiadas. Quería otra cosa. Quería razones. Sugerencias. Propuestas. Vida. Euforia. Explosión. Danza. Sentido. Encontré cosas en los bares, no exactamente sentido, pero era un sucedáneo muy eficaz. Imitaba perfectamente a la vida. La muerte como que desaparecía a ratos. Sobre todo en medio de la danza y la música. Pero luego había momentos en que la muerte atacaba aún más fuerte. Todo era borroso. Buscaba cobijo en situaciones insólitas que no entendía bien. En idiomas desconocidos e historias que no comprendía del todo. Llévenme a cualquier lado, pensaba. Cualquiera es mejor que este. No hay nada aquí, y la llama no tengo idea dónde está. A mí me gusta mucho la danza, así es que lo recuerdo como un momento feliz, a pesar de todo. Tenía la sensación de estar recuperando algo que me pertenecía, y me había sido arrebatado. Entonces apareció alguien que fue clave en esa época: Moussa. Alguien que yo sentía que tenía respuestas a las que yo jamás podría acceder. Moussa significa salvado de las aguas, en árabe. Moisés, en castellano. En árabe más bien es sacado del agua, extraído del agua. En cualquier caso a Adam se lo llevó el agua, y a Moussa lo trajo el agua. Llegó navegando desde Senegal y Guinea. Desde Dakar y Conakry. Era alguien fascinante Moussa llegado desde el agua. Me hacía perder la cabeza, que ya estaba en todo caso perdida, por lo tanto tampoco era tan difícil. Tal vez me hacía encontrar la cabeza. No tenía ni llama ni cabeza, pero con su presencia había algo que se calmaba. Algo dentro que parecía decir: da lo mismo. Olvídate de la llama y de la cabeza. Todo a su tiempo. Todo llegará. Se veía muy seguro en este sentido. Yo confiaba en su certeza. Él era de una amabilidad y de una ternura impresionantes, y al mismo tiempo parecía muy indiferente a todo, como en algún otro estrato de la existencia, me intrigaba. Me sentía bien cuando estaba él. Tenía una energía muy particular y su belleza, la de su alma y la de su cuerpo, irradiaba paz. Fue tal vez una suerte de embarcación que me salvó del naufragio absoluto. Él sabía sobrevivir en embarcaciones, por lo que podía compartirlo. Me hizo un espacio en su embarcación. Me sentía muy feliz de haberlo conocido. De saber que era posible sobrevivir a la pérdida de toda embarcación posible. Recorrimos juntos en momentos festivos, pero lo que me atraía era la calma que traía a mi alma ahogada sin remedio. Un buen día me dijo que comenzaría a dedicarse a la oración y al recogimiento, y que no podía verme más. Al principio pensé que era especie de broma, y que estaba exagerando: no. Era literalmente eso. De la fiesta absoluta iba a pasar al rezo profundo: de acuerdo. Le deseé suerte en el viaje, prometiendo poner más empeño en entender este tránsito. Tal vez era un camino que yo también debía seguir. Tal vez eso llevaba al nacimiento del fuego. A la creación de la llama. ¿Había que crearla? ¿Iba a nacer sola? No tenía idea. No me uní al rezo en ese momento. El recogimiento vino después. Todavía había que liberarse un poco más del vacío. Encontrar nuevas embarcaciones, que tuvieran pistas para entender el naufragio, o para olvidarlo completamente, mientras fuese posible. Conocí a Taras, un amigo de Tori, un músico francés de origen eslavo. Hablaba mucho, lo que cansaba un poco, pero su ánimo por las cosas era contagioso, daban ganas de motivarse con todo. Compartimos algunas fiestas también, y me dio un atisbo de que podría volver a motivarme con algo, o con alguien. No necesitaba mucho más en ese momento. Esa pequeña noción era ya un sucedáneo de llama. Meses después me lo encontré en el cumpleaños de Tori y todo salió mal, aunque yo lo pasé muy bien, pero él manifestó con posterioridad que yo me había sobrepasado acercándome demasiado, lo que a mí me causó mucha gracia. La escena: los dos en esta fiesta que llevaba horas, sentados en unos sillones del bar, no podíamos hablar nada porque la música lo impedía, y yo me había acercado para hablarle al oído, y en ese acto había rozado su piel. Bueno, a continuación yo había propuesto derechamente unir nuestros labios. Más tarde él le había dicho a Tori que yo había realizado propuestas indecorosas: de acuerdo. No volvimos a hablar. Volvamos ahora a la genealogía de la llama, a las raíces del fuego, a la génesis de la literatura. Tenemos entonces: la separación, la muerte, el misterio, la música. Agreguemos la danza infinita. Agreguemos la improvisación fantástica: la fantasía-impromptu. Conocí también en esa época a Jorge Drexler en una de esas fiestas. Es un músico que vive en España de origen uruguayo. Escuchaba mucho su música en ese tiempo, y su música y el encuentro me dieron pistas nuevas relativas a la llama. Me mostraron de qué podía estar compuesta la creatividad. Me gusta mucho su voz y sus letras, y el hecho de haber conversado con él en un bar trazó una especie de propuesta en el aire. Nuevas certezas que comenzaba a vislumbrar: hay una llama. Nacerá. Luego vino recorrer Portugal en auto con personas de la fantasía, y ver a los amigos en Barcelona. Viaje, fantasía, mar y amistad. La llama terminó de formarse. La historia comenzaba a escribirse. Un año después se compuso el relato. El nombre del alter ego había nacido en Afuera, pero comenzó sus nuevas aventuras con la llama exactamente hace dos años: julio del año 2023. El fuego creado dio nacimiento a cuarenta libros de aventuras de la llama en dos años. Cinco novelas en las que he intentado esbozar lo mejor de mí misma: la creencia en un mundo de fantasía. La fiesta la dejé de lado. La danza la llevo dentro. Siempre. La separación, la muerte, el misterio, la música le dieron nacimiento al fuego. El amor todavía no sé bien dónde está. Ya llegará. Un viaje a Avalon. Cuarenta años, la mitad de la vida, y cuarenta novelas de fuego. La llama es definitiva. El fuego está compuesto de fantasía. 

15 de julio de 2025

Avalon VI (el nacimiento del fuego)

La enredadera y El viento son cuentos que escribí cuando intentaba entender por qué todo se había hundido con Jean, creo que sólo me servía imaginar escenas que transportaran esa desorientación absoluta que sentía, esa incapacidad a darle forma al presente, todo era oscuro y tragicómico, pero en el fondo tenía miedo, no sabía si él volvería a mi lado, y no entendía bien cómo se llevaba a cabo la vida sin él luego de casi nueve años con él a mi lado. La vida era en definitiva una gran incógnita. Descubrí la fantasía para decir lo indecible. Para hablar de esa incomprensión y de esa soledad. Descubrí que la fantasía era como un juego, algo que hacía ver las cosas más livianas, o transformar el dolor en viento, algo que se lo llevara lejos, que diera nuevos significados a las cosas para poder partir todo de nuevo. Crear historias absurdas hacía que mi vida se viera menos insignificante. Jean me había herido muy profundo en el amor propio, nunca entendí bien su distancia, incluso ahora me cuesta, y las historias absurdas hacían parecer a mi vida como algo que tenía sentido. Hoy fui a caminar tarde para ver los fuegos de artificio desde el puente donde se ve la basílica en el cerro. Me emocioné mucho, fue como pasar revista a cientos de momentos anteriores y apreciar el presente al mismo tiempo. Las historias eran una especie de fantasía-impromptu, una improvisación fantástica mientras se me ocurría cómo enfrentar lo que venía hacia adelante. Tal vez la irrealidad de las historias fue una especie de refugio en la nebulosa galáctica en la que me encontraba flotando. Unos días antes de esos cuentos habíamos conversado con Jean por última vez el tema de la continuidad o no de nuestra relación, habíamos hecho el amor y Jean había insistido en la necesidad de nuestra distancia, o bueno, en su necesidad de esa distancia. Luego de eso vino un espiral de baile y música de varios meses para intentar domesticar el vacío. Besos ahogados en alcohol y un estado de euforia muy extraño. Conocí mucha gente de distintos lugares del planeta y descubrí universos que jamás había ni siquiera imaginado. No toqué fondo porque algo se abrió para acogerme, la sensación por primera de que esta separación iba a llevarme a algo que todavía no conocía. Algo que comprendí más tarde, el hecho de una cierta llama que me habitaba, parecida a la isla de Avalon, que no tengo idea cómo es, pero había algo. Luego del desenfreno saturado de música vino un largo silencio de años, que dura hasta ahora, y que ha estado poblado casi exclusivamente de literatura. Llegó finalmente la fantasía, para quedarse. Yo ahora vivo en el mundo de la fantasía. Luego de no saber ni dónde estaban los puntos cardinales. Esos cuentos los escribí entre mi separación definitiva con Jean y la muerte de Adam, un par de semanas después. Ahí están ubicados esos cuentos, en una especie de agujero del espacio-tiempo. Luego de ellos el vértigo era lo único conocido, todo estaba instalado en él. Una cosa encima de la otra como una colina inentendible o una zanja más bien, llena de códigos indescifrables. Después ochenta libros para intentar darle nombre a los jeroglíficos. Domar la fantasía para que se pareciera a una vida. Al principio me dediqué a inventar escenarios posibles. Hacer y deshacer nuevas organizaciones del caos. Después la fantasía iba siendo cada vez más exigente. Parecía fuego, llamas, en cualquier caso claramente me quemaba. Creo que me sigo quemando. Pero cada vez la ambición se hacía más gigante: lo quería todo. Comprender todas las formas. Liberarme de ellas y volver a inventarlas. Luego de que nuestra separación con Jean quedó sellada han transcurrido exactamente tres años, tres meses y tres días, y tres horas, tal vez. Hoy es quince de julio del año 2025, son las diez de la mañana. Aprendí tres cosas y olvidé otras tres. Qué aprendí. Aprendí las reglas de la fantasía. Aprendí que Avalon es una isla posible en sueños, y aprendí que el amor duele, en eso me ayudó Eva Illouz. Immanuel, no. Él me dejó mucho más perdida. Qué olvidé. Olvidé que te había olvidado, varias veces. Olvidé el camino de vuelta, y olvidé que había estado en pareja casi toda mi vida hasta ese momento. Descubrí la gran travesía por el espacio propio, y el silencio absoluto. Creo que todas esas cosas, las que aprendí y las que olvidé, se plegaron a la fantasía, dieron forma a la isla encantada. Sinceramente, esta mitad de la vida es sorprendentemente serena. Como si hubiese una persona diferente habitando esta casa considerando la que se instaló en ella hace tres años un día de agosto. Como si se hubiese librado una gran revolución sin tregua entre estas cuatro paredes, impulsada por una comunidad en movimiento. Creo que antes de tres años es un error pensar que uno está preparado para un nuevo paseo en barco. El ritmo del corazón es lento como tortuga. No empieza a latir en el vacío, es sólo una apariencia. Un latido drogado, enfermo, dependiente como de un tanque de oxígeno. Parece largo, pero luego su salud está intacta. Como si todo fue un viaje a Avalon ida y vuelta. Ya no estoy enamorada de Jean, aunque sigo enamorada. Ahora estoy enamorada de la fantasía. La que me permite vivir. La que me acompaña como algo posible. Esas señales de luces en la oscuridad que me van mostrando un sendero. Ahora sé que no sólo me interesa la fantasía, también me interesa el amor. El que duele a veces, eso ya lo aprendí. No estoy ahí en la fantasía, y ya no tengo miedo. Prefiero que mi corazón vaya a latir, que la fantasía a secas. Quiero vivir en el mundo de la fantasía. Quiero vivir entre el teatro y la ópera. Quiero el mito y la ceremonia. Quiero saber que queda la vida en esta mitad de la vida. Una vez más, quiero vivir en el mundo de la fantasía.  

14 de julio de 2025

Avalon III

Hoy tengo un arranque de felicidad que no logro explicar. Es el catorce de julio. Dudo que tenga que ver. Como un ánimo de fiesta. No es que tenga ganas de salir de fiesta, sólo una sensación de celebración, de algarabía, de tregua al vacío. Casi no sé si pueda escribir estas líneas, tal es mi exaltación. ¿Será la fantasía? Quiero saber más sobre ella. Quiero saberlo todo. Pero de manera narrativa, no aditiva. No una colina de fantasía que te aniquila. Una escena de fantasía que te haga soñar. Una estadía en Avalon. Escucho los pájaros por la ventana. Los cuervos graznando a todo pulmón, y otros pájaros que no logro identificar, con un canto dulce y melodioso. A veces esta disposición festiva anticipa bienaventuranzas. Tengo una percepción como de una bruja, es singular, a veces no lo entiendo bien, pero no es de extrañar, ya que mi bisabuela era una bruja, no de esas del tiempo en que las eliminaban. Ella falleció en su cama, luego de anunciar su muerte natural que se avecinaba, y brindar con toda su familia, a la que había hecho llamar para esta ceremonia. Bueno, qué es lo que viene en la mitad de la vida. Espero no mi muerte. Pero esas sensaciones suelen ser oscuras, también las tengo, antes de las debacles. Presentí la muerte de todxs mis abuelxs. No he explorado en esta veta de médium del más allá. Tampoco me interesa. Me basta con intentar entender cada vez de dónde vienen las sensaciones. A qué pueden deberse. A veces tengo que ir preguntando por aquí y por allá si todo va bien, porque siempre es difuso, no hay claridad en relación a qué atenerse. Las sensaciones suelen ser borrosas, pero festivas o sombrías con mucha nitidez. A veces son cosas que escribo, que luego suceden, y no tengo noción de que estoy anticipándome a nada, certeza que llega a continuación. Por ejemplo cuando Adam se ahogó, yo escribí unos días antes un texto que terminaba de esta manera: y ahí nos quedamos, bajo el agua. Cuando iba a escribirle unas palabras en el túnel que entré luego de su muerte, noté que en el cuaderno la última anotación era esa: y ahí nos quedamos, bajo el agua. Era un cuento sobre dos personas que eran invadidas por una gigantesca enredadera que terminaba por ahogarlos. Dos personas que querían otra cosa, pero terminaban bajo el agua, bajo la presión de la planta, entrampados en ella. Dos personas que al final lo perdían todo. La vida sobre todo. Dos personas en la mitad de la vida, y luego esta ya no continuaba. Aunque ellos habrían querido. En este momento un gran sol de atardecer, y llueve simultáneamente. Un espectáculo glorioso, veo la lluvia entre las hojas de los árboles, en este catorce de julio en una Francia ardiente, donde el presidente dice que debemos hacer un esfuerzo para mayor presupuesto de defensa dada la situación geopolítica del mundo. Un anuncio siniestro como casi todos los de este año. En otra ocasión escribí: no es hora de partir. A propósito de un amigo que despegaba al día siguiente a su casa en Nueva York, lugar donde no pudo dirigirse porque terminó hospitalizado por una urgencia de salud cuando era el momento de marcharse. Me escribió luego su hermano para contarme diciéndome que lo que yo había publicado se había cumplido, y que no había sido el momento de partir para él. Llueve y llueve y el sol arriba, hace tiempo que no veía una explosión de vida tan espléndida. Como si mi sensación interna de epifanía se encontró con el exterior en unos momentos de comunión. El día antes de la muerte de George Floyd bajo el pie de un policía y el estallido del movimiento Black Lives Matter, escribí un texto sobre el racismo que trataba sobre todos esos temas. Ahora la lluvia es tropical y cae tanta agua que parece la selva amazónica el bosque que veo por la cocina hacia la colina, tuve que cerrar la ventana porque la inundación llegaba hasta el interior. Bajo el agua. Espero no quedarme ahí. Como la enredadera. El arcoíris no lo vi. Espero ver los fuegos de artificio a las diez de la noche. Amo los fuegos de artificio. Son como la fantasía. Algo lleno de colores que estalla en el cielo como una isla encantada. Todo lo que me sugiera castillos me hace vivir. Quiero tanto vivir. Quiero tanto vivir esta mitad de la vida. ¿De qué estará conformada esta intuición que me posee? ¿Será intuición la palabra correcta? El libro donde está el cuento de la enredadera se llama Cassandre, quien anticipaba el futuro, pero nadie le creía. Espero no sea mi caso. Espero que las cosas que toman forma lleguen a destino. Too much luck means too much trouble, canta Bryan Ferry en True to life. Demasiada suerte significa demasiados problemas.  I’m fascinating but I’m trouble, le dije a Maël, como en Stardust Memories de Woody Allen. Evidentemente era una broma, pero parece que él se lo tomó en serio. No quiero problemas, se dijo. A diferencia de Sandy Bates, que dice: You said the right thing (dijiste exactamente lo que había que decir), Maël más bien sintió miedo, y pensó, cómo serán estos problemas. No logró llegar hasta mi ciudad. Porque estaba fascinado, pero los problemas, tuvo dudas. Se dijo, en la balanza: fascinante/problemas, no sé, estoy perdido, ¿es esto una fantasía? ¿una fantasía de hadas? ¿una fantasía sexual? ¿una fantasía de anticipación? Miles de interrogantes comenzaron a invadirlo, como la enredadera. ¿A qué te refieres con problemas?, quería saber, ¿pero cuán fascinante? ¿pero a qué hora? ¿pero qué habrá en ese tiempo? ¿pero vas a exigir cosas? ¿pero todo saldrá mal? ¿pero puedo ser yo mismo? ¿pero adónde vamos? Demasiados problemas. No pudo hacerlo. No dijiste exactamente lo que había que decir. ¿Qué había que decir? Olvidémonos de todo, como en una fantasía, ¿eso? ¿como en una fantasía sexual? ¿como en una comedia en blanco y negro? Los problemas yo ya los conozco. Es como si tuviese costumbre. Por ejemplo esos discursos inflamados que luego se desinflan. Esas peticiones perentorias. Esas propuestas extrañas. (Roxy Music mucho mejor). Sigue el sol y la lluvia entre las hojas iluminadas, es como magia. Escucho, por supuesto, Roxy Music. Much time alone, but arm in arm with my seaside diamond, I’ll soon be home. Soy fascinante pero acarreo cientos de problemas. Ahora me da mucha risa la frase. El teatro da para tanto. La ópera. Ni un ápice de sombrío en este día, sólo fascinación. I’m fascinating but I’m trouble (y no olvidemos que vivo en el mundo de la fantasía).