¿Y yo qué
hago sin la dulzura de mi abuela? ¿Y yo qué hago sin sus palabras cariñosas que
todo lo vuelven benevolente con tan sólo pronunciarlas? Estoy loca de dolor Iaia con tu partida. Pero me aferro a tu
recuerdo que es tan fuerte y bello que todo lo ilumina. Tu alegría de vivir,
que queda en nosotros, que todo puede sanarlo. Tu sentido del humor hasta en
los momentos más negros. Tu manera tan sabia de ver y enfrentar la vida, esa
manera de ser que admiramos y siempre nos dio un empujoncito, una sonrisa y un
agradecimiento. Esa manera que nos guía ahora. Viviste una vida impecable, Iaia, larga, feliz, acompañada, amada. No
podemos pedir más. Tuviste también una muerte acompañada, y bromeando hasta el
último momento. ¡Qué suerte! ¡Qué suerte! Qué suerte tuviste, qué suerte
tuvimos, de tenerte con todo tu ser en cada momento, siempre viviendo hasta el
fondo, siempre conectada, cercana, siempre amable, afectuosa a rabiar, siempre
serena, hasta el último día, siempre agradecida y bondadosa. Iaia, que vida impecable y que suerte, que
suerte más gigantesca de haber tenido tu compañía tantos años, tu paso calmado,
tu sonrisa sincera, todo te interesaba, todo querías compartirlo, todo lo
volvías bonito. Que dicha más inmensa tu compañía. El paraíso debe ser algo así,
todos esos momentos que pasamos contigo. Y ahora estarás en un bello lugar,
pero lo más importante es que lo estuviste todo el tiempo, que vivías la vida
como si cada día fuera el último, pero al mismo tiempo sin prisa, poniendo todo
tu corazón a disposición del momento, a la altura de nuestra alegría y nuestra
pena. Mi abuela era una persona valiente, que todo lo enfrentó, sin
cavilaciones. Mi abuela era una persona abierta de mente, que reflexionaba y
cambiaba de opinión si era necesario, si la vida le iba mostrando nuevos
horizontes. Mi abuela era una persona sabia, que no juzgaba, que todo podía
entenderlo, con quien siempre se podía ser uno mismo sin contratiempos, sin
contradicciones. Mi abuela es una de las personas más bellas que han pisado
este planeta, y podemos seguir viviendo gracias a su recuerdo, porque es de una
belleza superlativa. Es de una fuerza superior. Al momento de enfermar dijiste,
si muero, sepan que lo pasé muy bien, me incineran y ya, se olvidan. Siempre
respetuosa y sin querer molestar. Es imposible olvidarte Iaia, tu falta cala tan hondo como ir hasta
el centro de la tierra, pero el paraíso que vivimos contigo estando a tu lado
no puede sino hacernos sonreír. No puedo menos que decir gracias Iaia, gracias por todo, por absolutamente
todo, por cada momento, por cada sonrisa, por cada palabra que pronunciabas,
como un bello poema. Nunca una mala cara, nunca un doblez. Iaia, te interesaste genuinamente por todo lo
que nos pasaba, por todo lo que queríamos mostrarte. Descansa en paz y no
olvides ni por un momento que seguimos caminando gracias a tu recuerdo. Te
adoro Iaia, como te dije al
oído antes de que cerraras los ojos por última vez. Te adoro Iaia, y mi vida ha sido un paraíso a tu lado.
Gracias, muchas gracias, te adoro Iaia, y mi vida tiene un sentido ahora que ya
no estás, seguir fuerte y contenta, como tú viviste toda tu vida. Te adoro Iaia,
y adiós, te vas tranquila y con tu recuerdo que vive en nosotros y nos ayuda a
seguir, disfrutando de la vida como tú lo hiciste. Descansa, Iaia, en un
paraíso maravilloso, te lo mereces. Nos enseñaste el amor sin límites, Iaia, te
lo mereces.