Estoy en mi terraza. No me llega el sol
pero lo veo enfrente. Al principio lamentaba que no llegara a mi balcón amado.
Pero ahora me gusta, porque me recuerda que tengo que salir a buscarlo. Que
está tan cerca. Unos acordes, unas calles y puedo encontrarlo. Tal vez, es que
lo llevo dentro. Y siempre está conmigo. Por eso no me hace falta. Y por eso
salgo a buscarlo, con una sensación muy parecida a la felicidad. Sólo quiero
agradecer. Dar. Inspirar y elevarme. Olvidarlo todo. Y recordar que el sol me
constituye. Que sus rayos y su calor se filtran por mis poros. Que no habrá
final a la vida librada de sucedáneos. Que los pájaros vuelan y encuentran el
calor. Que todo está provisto de un sentido. Y que la existencia es en realidad
un oasis en el que podemos quedarnos. Hasta que las nubes surjan, para volver a
desaparecer. Y así, saber que estamos vivos y que el paraíso no tendrá final.
Sólo existe. Sólo hay que verlo. Reír, mientras los rayos muestren un camino. Asirlo,
con determinación, con inocencia, y la existencia hará su parte.
29 de octubre de 2018
18 de octubre de 2018
De bibliotecas y tesis II
Lo que yo nunca pensé cuando comencé a construir mi biblioteca, es que
el nomadismo se pegaría a mis pulmones, como una nueva forma de respirar. El
resultado: libros dispersos por el planeta. Mala cosa. Agarro uno de una
estantería que encuentro cerca. Cortázar. […] Lina Meruane. El tiempo se
suspende. Y eso es lo que me gusta. Salir un momento de este tiempo que carcome
porque cuando regresa vuelven las interrogantes. […] La incertidumbre es un
vaso vacío. Hasta puedes dejarlo como está. Vacío. Y esa oportunidad es lo que
alivia. Ese vaso vacío que sonríe. Porque no se siente apremiado. Porque sabe
que es libre de hundirse aún más en la incertidumbre. […] Me sumerjo en el vaso
vacío. Y vuelvo a pensar en mi biblioteca perdida por los confines del globo.
Pienso en Flaubert, en Woolf. Me concentro en el cuarto propio. Respiro
tranquila porque puedo moverme. Porque no soy un árbol. Mis piernas suben y
bajan raudas la escalera del edificio. Los seis pisos. Y miro al presente cara
a cara. Me habla. De vasos vacíos, de tiempo para escribir una tesis y nada
más. Como si la existencia pudiese resumirse a eso. Y vaya que puede. […] Nunca
hubiese pensado poder monofocalmente sumergirme de esa manera. Bueno,
monofocalmente hasta ahí no más. No exageremos. Tenía que escribir sobre dos
autores. La dispersión siempre termina haciendo su parte. Y pienso en el
universo librado de distracciones. Y es un paraíso. El paraíso de los nómadas que
buscan su cuarto propio. Nací en él y cada vez que lo encuentro mi alma sonríe.
Porque está a sus anchas. Porque nada es mejor que la libertad para crear. Que
los espacios abiertos a lo que el cerebro o el tiempo quieran hacer llegar. O
el alma. O esa emoción que me consume, que me hace vivir. Esa nave espacial que
llamo cuerpo. […] Que puede administrar este presente tan lleno de atajos. De
caminos que no llevan a ningún lugar y eso es lo bueno. Realizo un compromiso.
Adaptarme a los caminos que no tienen rumbo. […] Seguir dispersando la
biblioteca, seguir reconstruyéndola, con la esperanza de una esperanza intacta.
Pero tan herida. Mejor dejarla a un lado. Escribir la tesis como que se te
fuera la vida. Como que todo eso que quisiste decir tiene un espacio, una
forma, un tiempo, un ritmo. Compases que bailan mientras miras desfilar a tu
desasosiego. Mientras la rabia te posee. […] Porque el paraíso de los nómadas
te sonríe, y sabes que podrás encontrar libros en todas partes y que tal vez,
podrás decir lo que viniste a decir. Pero más claramente que nunca. Porque la
claridad algún día será tu aliada fiel, y a ella alabas. Porque la existencia
no es más que hacer lo que estás haciendo. […] Porque no hay descanso posible,
y eso ya lo descubriste hace siglos. Parece como que tuvieras doscientos años.
Y, como siempre, ya nada será como antes. O bueno, casi nada. O dos terceras
partes. O quizá, en lo más profundo, todo siga igual. Y acordarte que te
olvidaste. Y saber que nunca olvidas. Pero que harás tu mejor esfuerzo. Y el
vaso vacío hará su parte. Cuánto gozo, y cuánto cansancio. Pero bueno, algún
día todo acabará, TODO, y no hay
mayor consuelo posible.
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