31 de julio de 2026

Aventura II

Crecimos escuchando y cantando Joan Baez, Cat Stevens, Violeta Parra, Silvio Rodríguez, Charo Cofré, Joan Manuel Serrat y Leonard Cohen, era la música que le gustaba a mi mamá, y escuchando Chopin y música flamenca, era la música que le gustaba a mi papá. Cassettes y luego discos, en el auto, en viajes, en las vacaciones, en la casa. Me acompañan esas letras y acordes. Esas voces. De qué manera nos da forma la música que va con nosotros. Una especie de puente al futuro, de raíz en el presente. A Bob Dylan le dieron el premio nobel de literatura, pero creo que hay que considerar también a Joan Baez y a Violeta Parra. “Diamonds and Rust”, y “Cantores que reflexionan”, son un resumen perfecto del existir. A mí esas canciones me escoltan. Me llevan sana y salva a casa, cada vez que emprendo una aventura, y luego las preguntas. Me recuerdan que la nostalgia es necesaria pero no imprescindible, y que tengo una misión que no debe ahogarse en la mentira. Mi imaginario estuvo tallado al calor de lo humano, cabalgando en la poesía. Joan Baez me dejó diamantes y vigilancia al óxido. Violeta Parra me dejó justicia y voz. En ambos casos calor y poesía. Con ellas imaginé castillos y triunfos. El triunfo de la pasión y la verdad. “And if you’re offering me diamonds and rust, I’ve already paid”. “Hoy es su canto un azadón, que le abre surcos al vivir, a la justicia en su raíz, y a los raudales de su voz”. La música es la aventura del corazón desbocado. 

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