29 de noviembre de 2022

42 (III)

Somos los errantes, escribió Rilke, pero el andar del tiempo, tomadlo como nimiedad, en lo que siempre permanece, todo lo que corre habrá pasado ya; pues sólo lo que queda nos consagra. Oh, no echéis el valor a la velocidad ni al intento de vuelo, escribió Rainer Maria, todo ha descansado: tiniebla y claridad, flor y libro. Crucé el océano, otras veces lo había hecho, más arriba de las nubes, tan arriba desde donde no puede distinguirse nada. En un rincón del planeta celebré una fiesta del amor continuo. Poblé mi ánimo de esperanza. El presente ha pasado tan fuerte a través mío que ha corroído todo lo que quedaba de pasado. Floto como entre nubes. A las 08h55 de la mañana, un día como hoy, 29 de noviembre de 1980, me apersoné en esta dimensión. Reconocí el amor al instante. Reconocí que esto se trataba de nacer, y volver a nacer. El asombro que cargo es el mismo desde ese momento. Es lo que siempre permanece. Mi disposición a la vida de fuego. La noción de ser música que perfora. La certeza de que la melodía resuena al observar. No en vano he interrogado a cada instante que ha transcurrido. No me canso de soñar con canciones y utopías. Con amores que me dejen situada en la luna. Donde las estrellas se materialicen en verdades ocultas. Este sábado, entre la vía láctea, el canto, la amistad y el fuego creía que me fundía con el todo. Brotaba la magia de saberse viva y pulsando. La nueva era comienza, y tiene el ritmo de la revolución interior. Una sin fronteras y con acordes disonantes. Esos que nos dejan flotando donde nuestros pies ya no tocan el suelo, desde donde emerge todo lo emocionante, como dice Bowie. El agradecimiento me tiene instalada en la soltura imbatible. Ve cómo estalla mi alma, como cantamos el fin de semana, usa el amor como un puente. El amor ha creado todos los puentes que me constituyen. Llegué hace cuarenta y dos años y ya comenzó a materializarse el milagro. Cada día será un regalo a explorar. Todo será compuesto, dicho y escrito. Por siempre, absolutamente por siempre, joven.    


Nuevo libro: Cassandre de B. et l’amour, la mort, le cataclysme


21 de noviembre de 2022

Prefacio

Nuevo libro

Cassandre de B. et l’amour, la mort, le cataclysme


Prefacio

Este libro es una recopilación de textos escritos entre abril y noviembre del año 2022 en Lyon, Francia. Textos sobre el amor, la muerte, el cataclismo. Textos feministas. Propuestas. Desgarros. Es un libro sobre la esperanza. Sobre las posibilidades. Sobre el amor real. Sobre el fin de las cosas. Sobre los cisnes que vuelan a ras del agua frente a mi ventana y me deslumbran una y otra vez. Quiero pensar también que es una semilla, sólo un esbozo de todo lo que viene. Pero lo que escribimos es también determinante y tiene su tiempo. Estos textos tienen por propósito entregar mi idea del amor, y siempre agradecer. Tal vez lanzar una botella, que vaya con el río, y llegue al mar. El humor es un componente esencial. En este año de extremos, gran felicidad y dolor profundo, sólo queda hacer activismo, escribir y amar. Disfruté mucho escribiendo, siento un gran placer al hacerlo. Comienzo a sentirme como un pez en el agua. Amor, amor, amor,

Andrea

Cassandre de B. et l’amour, la mort, le cataclysme

Nuevo libro:

Andrea Balart 
“Cassandre de B. et l’amour, la mort, le cataclysme”
Lyon, 2022


Para Laila, Paula, Trinidad, Cecilia, Paola y Ana, por la amistad, la compañía, el feminismo y la música

Para Aldo Bucchi Cuevas (1981-2022) y su hermosa familia

Índice

42;
42 (II); 
Qué es el amor; 
Aldo; 
Aldo (II); 
Aldo (III); 
Aldo (IV); 
Aldo (V); 
Aldo (VI); 
Aldo (VII); 
Aldo (VIII); 
Aldo (IX);
Aldo (X);
Las intuiciones salvajes; 
Feliz cumpleaños, Aldo; 
El viento;
La enredadera; 
Jorge Drexler; 
El barco; 
El dolor que brilla; 
La vida después del amor; 
Vivir a la deriva y vivir; 
Buscarme la ruina; 
El puente;
Where can you run when the outlaw's inside you; 
La llamada; 
Toute ma vie fut amour, puis oubli; 
Buscamos la destrucción; 
L’amour, la mort, le cataclysme; 
Sound of da Police; 
Dame unos días de asilo; 
La mudanza; 
Who knows why the caged bird even sings?; 
La exploración del paraíso; 
Sin brújula en la tormenta; 
La conversación; 
Los amigos y el mar; 
Mi amiga Piedad;
Imaginar; 
I’ll take you nowhere; 
I’ll take you nowhere II; 
Ça n’existe pas, l’indifférence; 
9 años;
La posibilidad del amor; 
Papá; 
18; 
Lejos; 
Otoño; 
No quiero olvidarme de hablar; 
El amor real; 
El amor real II; 
El amor real III; 
El amor real IV; 
El amor real V; 
El amor real VI; 
Música; 
El perro; 
Inspiración; 
Inspiración II; 
I can't turn off what turns me on; 
I can't turn off what turns me on II; 
Résistance; 
Parchadxs; 
We circle down from the sky; 
GHB (gamma-hydroxybutyrate) les violeurs sont partout; 
Dress me in leather, oh, that's a little better, but that's still not it, none of this shit fits; 
Cercle de femmes; 
Bruno; 
No, I, young lover, I wish love was enough, enough, enough; 
Burn the pages of unwritten memoirs, but I can keep running;
Marcia, elle danse, elle a cherché une nouvelle façon, et l’a inventée; 
Chou, Andy, dis-lui oui, sois gentil, cette fois-ci; 
La heladera; 
Little birds singing like the day is perfect, but to me they sound psychotic / Draguer; 
Little birds singing like the day is perfect, but to me they sound psychotic II / Réinventer le masculin; 
Denunciar la violencia siempre (gâcher la fête est un passage obligé);
Make me a real girl; 
La noche; 
Soy romántico, no boludo; 
Naciones Unidas y toda su mierda; 
Los doce segundos de oscuridad; 
Love is the baddest blues; 
Your heart is as black as night; 
Out of joint; 
Comfortably numb; 
There's a hunger still unsatisfied; 
Laila; 
Halloween; 
La ópera; 
El boomerang; 
El bar; 
Feminismo; 
El conejo; 
Chéri, je suis en train d'écrire;
La verdadera libertad; 
Heathcliff, it's me, I'm Cathy, I’ve come home, I'm so cold; 
Heathcliff, it's me, I'm Cathy, I’ve come home, I'm so cold II; 
Perderse; 
Encontrarse; 
Matrimonio; 
Si un día viene a buscarme la parca empujad al mar mi barca y a mí enterradme sin duelo entre la playa y el cielo; 
(Andrea) Collell; 
Siempre partir; 
Votar y la posibilidad de la inmortalidad; 
Plegaria en un recodo del paisaje; 
Mi único destino; 
La sensación al seguirte; 
El arte de los pequeños triunfos; 
L'art des petites victoires; 
The art of small victories; 
Puedo ser tu rey.

20 de noviembre de 2022

42 (II)

Recuerda siempre que la razón por la que empezaste a crear, dice Bowie, fue que había algo dentro de ti que sentías que si podías manifestarlo de alguna manera entenderías más sobre ti mismo y sobre cómo coexistes con el resto de la sociedad. Creo que es terriblemente peligroso para un artista, afirma, cumplir las expectativas de los demás, por lo general, producen su peor trabajo cuando lo hacen. Si te sientes seguro en la zona en la que trabajas, agrega David, no estás trabajando en la zona adecuada, siempre hay que adentrarse un poco más en el agua de donde uno se siente capaz de estar, sal un poco de tu profundidad y cuando sientas que tus pies no tocan el fondo, estarás llegando al lugar adecuado para hacer algo emocionante. Puedo ser cruel, no sé por qué, dice Tori Amos, no entiendo por qué mi globo no puede mantenerse arriba en un cielo con un viento perfecto. El otoño tiene también un lado fantástico de la despreocupación. Una apatía positiva. Una indiferencia suave que reconforta. Cosas que parecían importar ya no importan. A veces es incluso desear todo lo contrario a lo anterior. Quitarle peso a los asuntos. Moderarse. Perder determinación. Querer fluir con el río, dejar a la barca mecerse con las olas hacia donde quiera dirigirse. Perderse. Dudar de los límites de los acontecimientos. La edad también va entregando esta dicha. Mayor seguridad respecto a asumir la propia verdad. Nunca crear para la galería, dice Bowie, nunca trabajar para otras personas en lo que hacemos. El tiempo me ha dado el júbilo de la despreocupación. Observo lo que debería decirse y sigo adelante. Si sale de las entrañas desordena. Desde el vértigo se arma la frase. Desde la nada, que tiene su asiento en los intestinos, en los pulmones. Lo que nos hace respirar es lo que va modelando las formas. A los cuarenta y dos años hay una cierta noción del placer, el vicio, lo relevante y lo indiferente. De nuestros límites, nuestras búsquedas. Crear es desnudarse como el árbol en otoño. No hay manera de retener las hojas para ocultarse. El concepto de vergüenza se difumina. Es necesario empujar un poco más al crepúsculo para que llegue más tarde. Extraer eso que descansaba tranquilo en el interior. Mencionarlo, sugerirlo, e ir armando el vendaval. La concepción de la culpa pierde distorsión. El globo no vuela porque no había suficiente viento, aunque lo parecía. O había mucho viento, y así y todo no pude hacerlo, punto, no importa. Estoy en lo profundo, no toco el fondo, y desvarío. Si no enredaras la situación todo se vería más nítido. También está eso, el tiempo trae claridad. Agudeza y valentía, basada en la serenidad. La sensación de que crear es más importante que la respetabilidad. Hoy no hay límites inútiles. Todo será escrito. 

19 de noviembre de 2022

(Andrea) Collell

Collell y yo nos hicimos íntimas amigas trabajando juntas perdidas en la precaria oficina de profesores ayudantes de la Universidad. Nos volvimos inseparables. Todo se trataba sobre resistir. Decíamos que sí a cualquier trabajo que apareciera, como ser secretaria de actas de examen de grado, para lograr un sueldo digno a fin de mes y pagar el alquiler. Con el Tito Coddou éramos un trío de desarraigados felices y combativos, y con el Raimundo Pérez, que aparecía a veces también. Logramos sobrevivir gracias a la amistad. Guardo unos recuerdos impresionantes de ese tiempo en los confines de la calle República. Más tarde partimos a Barcelona a estudiar, Collell y Balart, éramos un dúo fantástico, las abogadas chilenas y catalanas, las dos hacíamos un máster, éramos el equipo de Andreas, para todos lados, además medimos lo mismo y estamos de cumpleaños con una semana de diferencia, y las dos tocábamos la guitarra y sacábamos fotos. Para mí la Collell es sinónimo de felicidad. De hablar por horas y horas. Collell es una mujer maravillosa, una caja de sorpresas. Una mujer hermosa y alguien que sabe realmente lo que significa ser buena amiga. Una amiga que siempre está ahí. Que es capaz de venirse de Valdivia a Santiago sólo para una velada de conversación en persona. Ese día que apareció en la oficina de República no sabía la suerte que significaba. Collell es una parte demasiado fundamental de mi vida. Admiro demasiado sus luchas en pos de sus objetivos, sus proyectos extraordinarios, su capacidad para la belleza, para darle significado y sentido a las cosas. Collells es alguien que siempre está atenta a los detalles. No sé cómo lo hace. Todo siempre bonito y entregando revelaciones preciosas. No sé de dónde le extrae horas al día. Siempre me llamó la atención su capacidad de trabajo, su entrega a cada tarea, como si fuese lo más importante. Collell es como esas personas que ya casi no existen. Una bondad sin límites. Hacer incluso más de lo que se puede si es necesario. A Carlos, que tiene una suerte inmensa por supuesto, lo conocí en nuestro piso en Barcelona, en aquel tiempo de disfrutar de aquella ciudad maravillosa. Me cayó bien de inmediato, me hacía reír mucho. El verano pasado disfrutando con ellos en Valdivia, estaba asombrada del proyecto que armaron, que están construyendo, me emociona mucho ver que Collells va concretando sus sueños, junto a alguien tan interesante y comprometido con un planeta mejor. Carlos es una persona muy cariñosa y eso siempre me ha dado alegría. Lo que uno más quiere para una amiga tan querida es que su existencia se parezca lo más posible a lo que había soñado. Sé que la Andrea encontró a alguien que la sigue en sus sueños, y eso es todo lo que habría podido pedir. Te adoro amiga, y que sigan siendo muy felices. Gracias por todo, siempre. Te mereces cada instante de felicidad que la existencia te ha dado. 

18 de noviembre de 2022

42

Escribo para recordar quien soy cuando las estaciones cambian. Para mostrarme a mí misma que una cierta tarea emprendida tenía sentido una vez que los precipicios han sido muchos. Escribo para perdonarme a mí misma todo lo que he dejado inconcluso o que dejé al borde del camino porque el peso era mucho o por falta de la valentía suficiente. Como dijo Gabriela Mistral, tal vez morir, solo sea ir con asombro marchando, entre un rumor de hojas secas, y por un parque extasiado. Como escribiera ella, a esta alameda muriente he traído mi cansancio, y estoy ya no sé qué tiempo tendida bajo los álamos, que van cubriendo mi pecho, de su oro divino y tardo. Me siento abrumada de recorrer todo lo que ha ocurrido en este año que ya parte, y sin embargo me inunda la sensación de que todavía quedan cosas por decir. Mientras queden cosas por decir puede continuar la vida. Yo escribo porque no sé vivir de otra forma. Porque a veces no comprendo las encrucijadas. Cuarenta y dos años sin entender cuando las hojas caen. Asombrándome como la primera vez. El otoño tiene un tinte cruel, de ponernos frente a frente de nuestras ramas desnudas. De nuestras hojas que cambian de color, que se lanzan en picada. Yo escribo porque es lo único que me cobija cuando todo se ha desvanecido. Porque en esas palabras está el secreto de mi accidentada estadía en estos tiempos oscilantes. Porque el vértigo es la constante. Porque sé que soy como un árbol, o una flor, muero y vuelvo a vivir todos los años, cuando es el momento. Escribo porque es lo único que permanece. Porque no he aprendido a vivir de otra manera. Porque el frío me perfora y entonces todo flota en el aire. Entonces lo que se incubaba se disuelve. Nací para habitar los ciclos entregándome a ellos como a un amante enloquecido. Para personificar todas las etapas de los acontecimientos, explotando en cada vuelta, como una estrella en el espacio. Para fundirme con el todo. Soy todas las cosas y sus dudas y reflujos. Cada vez que la ola regresa trae nuevas cosas. Yo sólo quiero escribir. Ya estás advertido, el resto puede ser el paraíso. Yo sólo quiero amar y escribir.  

15 de noviembre de 2022

Puedo ser tu rey

En mi teléfono hay dos aplicaciones de citas que no miro jamás. Si alguna vez las abro viene una sensación de extrañeza. Sé que detrás de las fotos hay personas reales, o que detrás de algunas, al menos, hay personas reales, pero observo y leo las descripciones y me siento en una nave espacial. Siento estar mirando marcianos recientemente llegados a esta tierra. Avanzo un momento y no logro conectar con ningún marciano. No me gusta ninguno. Pero va más allá de que sean demasiado verdes o redondos. No me imagino hablando con ninguno. La sola idea del proceso, hablar, encontrarlo quizá un día en persona y ver que no se parece nada a la foto, o que todo lo que dijo no logró reflejar cómo realmente era su personalidad, me disuade. Estoy cansada antes de comenzar. Sobre todo, luego de un momento, me doy cuenta que el problema no es de los marcianos, me detengo y me pregunto: pero qué es lo que quieres, Andrea, por qué estás mirando esto, qué les vas a decir. Y ahí quedo. Me digo: a mí me interesa el amor. ¿Tiene esto alguna relación con el amor? Pero qué es el amor. No sé exactamente. Ahí quedo. En el caso que el amor fuera varias cosas, las voy repasando y pienso si quiero alguna de esas, y si podrían estar relacionadas con esos perfiles que circulan. Pero cuando las voy examinando tampoco sé, en el caso que fuesen amor, cuál o cuáles son las que quiero. Ahí quedo. Quizá lo que me interesa es saber solamente lo que es el amor. Tal vez cuando sepa lo que es me interese. Ahí quedo. Cierro las aplicaciones y me voy a escribir. 

14 de noviembre de 2022

Qué es el amor

He amado profundamente en seis ocasiones en mi vida. Casi todas relaciones muy largas, de varios años. Cada momento ha sido totalmente distinto del otro. Me pregunto sin embargo, qué es el amor. Y quedo sumida en la perplejidad. Quizá por lo mismo. Ha tomado formas tan diversas. El amor es un sinfín de cosas. Fui muy feliz cada vez, y también sufrí muchísimo. Sobre todo las primeras veces, me parecía imposible de sobrellevar. Estoy agradecida, no obstante, de lo que cada uno me entregó. Quizá el amor es también estar en paz con lo que nos ha acontecido y observarlo de manera crítica, pero con gratitud. Quizá el amor es dejar todo eso atrás y seguir adelante. Quizá el amor es el gesto de saber que se puede repetir, siempre se puede repetir, y siempre será distinto. Quizá el amor es desafiar a la perplejidad. Mostrarle lo que hemos aprendido. Prometerle que lo que queda de vida no será en vano.  

Matrimonio

Me casé dos veces. También me separé dos veces. En ambas ocasiones lo di todo de mí. Una gran convicción de que se podía crear algo genial. Pero no todo depende de uno. La primera vez la decisión de finalizar la tomé yo. La segunda vez sucedió contra mi voluntad. Ahora, espero con paciencia, que mi marido quiera continuar su vida conmigo. Dejar cumplirse toda impresión y todo germen de un sentir totalmente en sí, dice Rilke, en lo oscuro, en lo indecible, en lo inconsciente, en lo inaccesible al propio entendimiento, y aguardar con honda humildad y paciencia la hora del descenso de una nueva claridad: esto es lo único que se llama vivir como artista, en la comprensión como en la creación. No hay medida en el tiempo, escribe Rainer Maria: no sirve un año, y diez años no son nada; ser artista quiere decir no calcular ni contar: madurar como el árbol, que no apremia su savia, y se yergue confiado en las tormentas de primavera, sin miedo a que detrás pudiera no venir el verano. Pero viene sólo para los pacientes, advierte, que están ahí como si tuvieran por delante la eternidad, de tan despreocupadamente tranquilos y abiertos. Yo lo aprendo diariamente, confiesa, lo aprendo bajo dolores a los que estoy agradecido: ¡la paciencia lo es todo! El amor, por supuesto, existe fuera y dentro del matrimonio. De hecho el amor y el matrimonio son dos cosas totalmente distintas. No tienen nada que ver. A veces van juntas y a veces no. En este caso está el matrimonio, pero sobre todo está el amor, que me desgarra. Ningún terreno de la experiencia humana está tan provisto de convenciones como éste, dice Rilke. En lo personal el matrimonio me da igual, lo que quiero es recuperar a mi enamorado. La institución tiene un montón de problemas que habría que replantearse, como todas las instituciones patriarcales. No entraré en esos detalles aquí. Quizá mencionar que cuando está inserto en materias migratorias, donde el racismo es la regla, genera grandes distorsiones y discriminaciones, como la sospecha automática de que podría haber matrimonio y no amor, por lo perverso de un sistema que te da como opción el casarte para permanecer en el territorio. Es esto, está el amor, el sistema te empuja a que haya el matrimonio para que pueda continuar el amor en el territorio, y luego te tira encima la sospecha de que quizá no había amor y sólo había matrimonio. Sólo un par de veces sentí recaer esa sospecha en mí, pero la rabia que genera es inmensa. Dan ganas de decir, váyanse al diablo con sus reglas migratorias y déjenme tranquila con mi amor que es sublime y no necesita convención alguna. Nosotros vivíamos cada uno en su casa por opción, por varios años. Es cierto, afirma Rilke, que muchos jóvenes que aman falsamente, esto es, simplemente entregándose y sin soledad, sienten lo opresivo de ese error, y quieren también hacer capaz de vida y fértil la situación en que han caído, mediante su manera propia y personal; pues su naturaleza les dice que las cuestiones del amor, menos aún que todo el resto de lo que es importante, no se pueden resolver públicamente y según tal o cual acuerdo; que hay cuestiones, cuestiones próximas de persona a persona, que en cada caso requieren una respuesta nueva, especial, sólo personal; pero ellos, que ya se han lanzado juntos y ya no se delimitan ni distinguen, es decir, ellos ya no poseen nada propio, ¿cómo habrían de encontrar una salida de sí mismos, desde lo hondo de la soledad ya disipada? Ahora bien, que hayamos firmado ese contrato me parece lo más romántico y vertiginoso que hay. Para dos personas con nuestras características volátiles, es una proeza que eleva el gesto a un nivel de romanticismo superior. Estar casada con el amor de mi vida me parece fascinante. El problema es que mi enamorado por el momento no me quiere en su vida. Lo que es un obstáculo importante, casi esencial. Pero lo que permite profundizar acerca de qué obstruía la comunicación, de qué esperamos de las otras personas, de cuánto esperamos que se amoldaran a algo, cuánto exigimos que las cosas se desenvolvieran de manera perfecta, nuestro concepto de perfección, sin ver a quién tenemos al frente y cuáles son sus propios conceptos. La perfección es algo por definición imposible en el ámbito de las relaciones humanas. Cuando hemos perdido todo nos damos cuenta de cuánto nos gustaba la persona como era, así tan cual. Si mi enamorado no vuelve a mis brazos, quizá un día vuelva a casarme, quién sabe. Qué son varios matrimonios en una existencia cuando se ama demasiado la vida.

13 de noviembre de 2022

Encontrarse

Escribir no se trata sólo de perderse, también de encontrarse. Una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad, escribe Rilke. Hay sólo un único medio, exhorta, entre en usted, examine ese fundamento que usted llama escribir; ponga a prueba si extiende sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón; reconozca si se moriría usted si se le privara de escribir. Esto, continúa, sobre todo: pregúntese en la hora más silenciosa de su noche: ¿debo escribir? Excave en sí mismo, propone, en busca de una respuesta profunda. Y si ésta hubiera de ser de asentimiento, dice Rainer Maria, si hubiera usted de enfrentarse a esta grave pregunta con un enérgico y sencillo debo, entonces construya su vida según esta necesidad: su vida, entrando hasta su hora más indiferente y pequeña, debe ser un signo y un testimonio de ese impulso. No puede equivocarse usted, advierte, lo que se necesita es sólo esto: soledad, gran soledad interior, entrar en sí y no encontrarse con nadie durante horas y horas, eso es lo que debe poder alcanzar. Además de perderme todo el tiempo, excavo en mí misma y me encuentro con el destino que pende de un hilo. Me hago preguntas que intento responder con la mayor sinceridad posible. Procuro no juzgar a las respuestas cuando duelen. Sólo son peligrosas y malas aquellas tristezas que se llevan por entre la gente para ensordecerlas, dice Rilke, por eso también pasa la tristeza: lo nuevo en nosotros, lo sobrevenido, ha entrado en nuestro corazón, ha penetrado en su más íntima estancia, y tampoco está ya ahí: está en la sangre. Por eso es tan importante estar solos y atentos cuando estamos tristes, sugiere: porque el instante, aparentemente sin acontecimientos e inmóvil, en que nos sale al encuentro nuestro futuro está mucho más próximo a la vida que esos otros momentos ruidosos y casuales, en que se cumple para nosotros, como viniendo desde fuera. Cuanto más silenciosos, pacientes y abiertos estemos en la tristeza, continúa, más honda y certeramente entrará en nosotros lo nuevo, mejor lo adquiriremos, más se hará destino nuestro, y más nos sentiremos familiares y próximos a él cuando un día “acontezca” (es decir: cuando salga de nosotros hacia los demás). En este domingo invernal, en que recuerdo a mi abuela en el día de su cumpleaños, observo por la ventana la noche que cae sobre la ciudad tan temprano, cuando todavía está el deseo de la luminosidad. Escribir es también para mí un refugio, donde descansar cuando la existencia va deprisa. Donde puedo detenerme para explorar lo que viene a mi alma. Lo que se va difuminando y lo que se aproxima o insinúa. El excavar tiene el milagro de la anticipación. Sentir la vibración de algo antes de que se manifieste de manera visible. La única posibilidad es decantando todo eso que la existencia nos va arrojando, lo pidamos o no. Mirando la tristeza cara a cara. Identificando al mismo tiempo las raíces de la alegría. Puesto que existir es doble. Cuando afirmamos algo, estamos al mismo tiempo afirmando otras cosas sin darnos cuenta a veces. Cuando identificamos lo que nos entristece hay también ahí un germen de alegría, algo por venir que es diferente. Un espacio en que estamos empujados a mirar lo que nos rodea, lo que queda, lo que empieza a incubarse. Lo que antes quizá no veíamos, incluso de una misma situación. Se despliega un abanico de matices. Como evaluar de manera diferente lo que te gustaba o no te gustaba de una situación. La tristeza ilumina la alegría que estaba oculta, lo que fue bueno, lo que queremos conservar, lo que quisiéramos repetir. La falta de algo nos sugiere las bondades de su existencia. Lo que disfrutábamos. Lo que a veces amábamos sin darnos cuenta exactamente. El tiempo está siempre poblado de tristeza y de alegría. La alegría también siempre tiene una raíz de tristeza. El vértigo de saber que todo va a modificarse. Pero que en el fondo está la inmanencia, lo que permanece: el hecho de que todo puede escribirse. Y todo lo que puede escribirse vale la pena. El destino de todas las experiencias es alegre. Conectar con los demás. Dejar de lado la rigidez y la exigencia, y aprender la compasión.

Si un día viene a buscarme la parca empujad al mar mi barca y a mí enterradme sin duelo entre la playa y el cielo

Tu última foto, Iaia, en Barcelona, la ciudad de tus padres. Muy feliz cumpleaños. Te quiero por siempre y te extraño cada día. La primera vez que compilé algunos textos para imprimirlos en un libro fue para dedicártelos. Te ponías tan feliz de leerme. Extraño tu voz y tu entusiasmo. Tu sentido del humor. Sobre todo tu humor negro, que me hacía reír a carcajadas. Extraño esas conversaciones de horas y horas sobre alguna parcela de la existencia. Tu sabiduría no tenía límites. Siempre estabas a gusto, sonriendo. Gozando de la oportunidad de pasear y compartir. Es como que hubieses partido ayer, el tiempo pasa tan rápido. Tu compañía era un oasis. Agradezco haberte tenido tanto tiempo a nuestro lado. Una suerte infinita. Mi literatura lleva por siempre tu nombre. Feliz cumpleaños, Agustina Salamero Riera. Mi feminismo lleva también tu nombre, el de mi madre, y el de tus hermanas, Ana, Antonieta, Asunción, Aurelia y Angelina. Un linaje de mujeres fuertes y hermosas. Todo eso va en mí. Tu paciencia innumerable para hacer frente a lo que sea que llegara. No me canso de recordarte y pedirte que sigas acompañando mi pluma. Te adoro por siempre.  

12 de noviembre de 2022

Perderse

Siempre que vamos a algún lugar nuevo no damos con la ubicación correcta a la primera. Cuando nos percatamos, mientras caminamos, mi amiga anuncia: llegó la hora de perderse. A mí me causa mucha gracia y le encuentro toda la razón. Porque siempre llega una hora en la que hay que perderse. Si fuera así no más llegar a algún lado todo sería mucho más fácil y aburrido. Por el contrario, perderse permite que acontezcan eventos no previstos, quizá, o posibilita descubrir lugares fuera de ruta. No estamos hablando aquí de caminar así no más sin objetivo. Esto es mucho más interesante, el objetivo lo tienes, pero no lo alcanzas. Estás ahí, cerca, cerca, pero no. Das vueltas a veces en círculos, o por la avenida paralela sin saberlo, o partes en sentido contrario, o crees que un cierto parque tenía otro nombre y te sorprendes de conocer su nombre real. Perderse es fascinante. Lo que más gozo es cuando le pasa a las personas eficientes que no consideran el factor incertidumbre en sus rutinas. En la literatura perderse es el gesto base. Nunca hay un camino directo. La incertidumbre es la consigna. El objetivo suele estar claro: escribir. Luego definir el tema, la estrategia para presentarlo y las palabras para decirlo es vivir perdido. Nunca sabes si vas a llegar a puerto. Con perseverancia se puede llegar, pero de mejores o peores formas. Obtener un resultado es emocionante, pero vivir el camino es maravilloso. Escribir es vivir perdido. Una errancia eterna. Sin descanso. Nunca sabes si vas a poder repetir realmente el gesto. Si habrá mejores formas. Sólo queda intentar imaginarlas. Rezar, porque la existencia sea benevolente con tu pluma, y le dé el poder de las pociones y ungüentos mágicos. Esos que curan el alma. La literatura tiene poder sanador. La belleza es el mejor remedio. No hay otro como ese. El placer de la belleza es todo. Perderse es ser el placer de la belleza.  

11 de noviembre de 2022

Heathcliff, it's me, I'm Cathy, I’ve come home, I'm so cold II

Lo que a uno no le dicen cuando nace es que no habrá reposo, que el presente es perpetuo. Aun los mejores, dice Rilke, se equivocan en las palabras cuando éstas han de significar lo más silencioso y casi indecible. Viva usted ahora las preguntas, propone, se trata de vivirlo todo. Sabemos poco, afirma, pero el que hayamos de mantenernos en lo difícil es una seguridad que no nos abandonará; es bueno estar solo, pues la soledad es difícil; que algo sea difícil debe ser una razón más para que lo hagamos. También amar es bueno, continúa Rainer Maria, pues el amor es difícil, amor de persona a persona; esto es quizá lo más difícil que se nos impone, lo extremo, la última prueba y examen, el trabajo para el cual todo otro trabajo sólo es una preparación. Un día existirá la mujer, dice, cuyo nombre no signifique meramente una oposición a lo masculino, sino algo por sí, algo que no se piense como un completamiento y un límite, sino sólo vida y existencia: la persona femenina. Este progreso, prosigue, transformará la experiencia del amor que ahora está llena de error (ante todo, muy contra la voluntad del hombre, que quedará superado); la cambiará desde la base, convirtiéndola en una relación que se entienda de persona a persona, no ya de hombre a mujer. Y este amor más humano (que se cumplirá con infinita discreción y silencio, y con bondad y claridad, en el atar y desatar), afirma Rilke, se parecerá a aquel que preparamos combativa y laboriosamente, el amor que consiste en que dos soledades se defiendan mutuamente, se delimiten y se rindan homenaje. A un par de semanas del aniversario de mi nacimiento, lo que quisiera pedir es amar con valentía, sin mezquindades. Lo que quisiera pedir es que el tiempo no pase en vano. No perderlo en amores sin valía. En lecturas vacías. En la redacción de textos sin significado. En actividades inconducentes en relación a la creatividad. No es sólo la pereza, dice Rilke, lo que hace que las relaciones humanas sean tan indeciblemente monótonas y se repitan sin renovarse de caso en caso; es el miedo a alguna nueva experiencia no previsible, a cuya altura uno no cree haber crecido, pero sólo quien esté hecho a todo, quien no excluya nada, ni aun lo más enigmático, vivirá como algo vivo la relación con otro, y conformará él mismo su propia existencia a fondo. Esta semana en el círculo de mujeres imaginé un jardín con una mesa como la de Alicia en el país de las maravillas, donde tomaban té, la fantasía no me abandona este último tiempo, la realidad y la fantasía han pasado a ser una sola cosa. Luego elegí una carta entre cientos, y para mi sorpresa, se llamaba “imaginación”, y su texto, que leí al llegar a mi casa, comenzaba así, “en Al otro lado del espejo, la novela célebre de Lewis Carroll, Alicia recibe un buen consejo de la Reina Blanca” (me disfracé de eso para halloween, y en la actividad mencioné la idea de pasar de un mundo a otro, como en el armario de Narnia, triple coincidencia). La carta continuaba así, “le recomienda que imagine cosas imposibles todos los días para que sucedan”. Me quedé mirando el texto con estupor. La fantasía está efectivamente mezclándose con la realidad, y esa idea me hipnotiza. Para esta nueva edad que se me avecina, la libertad ya la siento, y lo que quisiera tener a raudales es justamente imaginación. Debemos aceptar, dice Rilke, nuestra existencia en toda la medida en que corresponda: todo, aun lo inaudito, debe ser posible en ella, esto es en el fondo la única valentía que se nos exige: ser valientes para lo más extraño, asombroso e inexplicable que nos pueda ocurrir. Lo que quiero pedir, es imaginación para crear lo asombroso y abordar lo inexplicable. Vivir las preguntas, imaginar las respuestas, las salidas, los espejos y los armarios. Lo que quiero pedir es que el presente se desfigure y entre en él todo lo posible y lo imposible. Vivir la realidad en estado de combustión permanente. Imaginar el fuego y todas sus formas. 

8 de noviembre de 2022

Heathcliff, it's me, I'm Cathy, I’ve come home, I'm so cold

No busco nada. No quiero que llegue nada. Sólo quiero que el tiempo se pliegue a los designios de las palabras. Hace muchos años atrás tenía un solo deseo: escribir todos los días. Mi sueño era el siguiente: ser escritora y vivir en Europa. Ojalá con boina en un café. Ojalá rodeada de surrealismo. Hoy, ad portas del aniversario del día de mi nacimiento, me encuentro con todo eso con lo que fantaseaba. Sobre todo con mucho surrealismo. La realidad curvada y llena de ideas. La idea del nacimiento me la dio Fiorenza, me dijo, ya no celebro los felices cumpleaños a mis amigos sino los felices nacimientos, celebrando el nacimiento, donde tú eres el regalo para nosotros y el nacimiento que nos permite compartir este tiempo juntos. El año pasado me encontré con un mazo de cartas enredado entre las hojas otoñales buscando mi nueva edad, este año no busqué nada y me encontré con un sinfín de corazones rojos de papel conviviendo con las hojas. En un pensamiento creativo, escribe Rilke, viven mil noches de amor olvidadas, que lo llenan de altura y grandeza. La experiencia artística, dice, está tan increíblemente cerca de la sexual, en su dolor y gozo, que ambos fenómenos en realidad son sólo formas diversas de una idéntica ansia y dicha. Las obras de arte, afirma Rainer Maria, son de una infinita soledad y con nada se pueden alcanzar menos que con la crítica, sólo el amor puede captarlas y retenerlas, y sólo él puede tener razón de ellas. Quizá estén más emparentados los sexos de lo que se piensa, asevera, y la gran renovación del mundo quizá consista en que el hombre y la mujer, liberados de todos los sentires erróneos y las desganas, no se buscarán como opuestos, sino como hermanos y vecinos, y se reunirán como personas, para llevar simplemente en común, serios y pacientes, el pesado sexo que les está impuesto. A diferencia de Edith Piaf, yo sí me arrepiento de cosas, el mal y el que bien que me hicieron no me da lo mismo. El que yo hice tampoco, el bien y el mal que he hecho sí me importa. No quiero seguir siendo una repetición absurda. Ni el mundo tiene que serlo. El mal que se hizo se repara. El cumpleaños es el nacimiento de la nueva persona. La que va a explorar el presente con más determinación y detenimiento. Una garza frente a mis ojos, batiendo sus alas con fuerza contra el viento arremolinado. Así quiero existir. Las alas son las herramientas para volar. El aniversario del nacimiento es el deseo de ser mejor. Pero, sobre todo, de escribir mejor. De amar mejor.  

La verdadera libertad

La verdadera libertad quema. Yo había conocido sucedáneos. Embriaga y da vértigo. Perfora. Incendia. Yo pensaba que ocuparse de otro ser humano o de animales era el verdadero obstáculo para la literatura. Hay más. La pareja estable también es un obstáculo. La verdadera libertad es la siguiente: no necesitarla. No conocía este paraíso. Pobre de mí, y yo creía que era libre. Que las palabras no tenían fronteras. No conocía. De pronto todo podía decirse. No sólo la responsabilidad de un niño está disconforme a la literatura, sino también la pareja estable: es incompatible. Hay que desembarazarse también de la seriedad innecesaria y de la proyección de imágenes. El humor y la sinceridad son ingredientes esenciales. Dejar trazos de lo que habita el corazón sin máscaras. Decir lo que más da miedo. Qué se pierde. Qué importa lo que los demás van a pensar. El problema es no saber escribir. El problema es no saber cómo decirlo. No dar con la forma necesaria. El contenido, si se acerca o se distancia de nuestra honorabilidad construida es indiferente. Es necesario volverse personaje y decir lo que ocurre, aunque exhiba dolor, dificultad o los lados grotescos de existir, que son innumerables. Existir tiene un lado muy ridículo, que se oculta seguido. Lo más interesante es explorar lo difícil. Ahí donde no hay respuestas. Donde hay que inventarlas. El único objetivo es la verdadera libertad y sus formas puntiagudas y lisas. Las palabras que llegan al corazón sin obstáculos. Directamente a las entrañas, y destruyen de pasión y conciencia. La verdadera libertad es amar tanto el cambio como para hacerlo posible. La verdadera libertad abrasa. Baila. Destruye. Ama. Desde su garganta surge el gemido y el grito. El paraíso en ciernes es la búsqueda de la verdadera libertad y sus frutos prodigiosos. Saber que existir va más allá de uno mismo. A veces hay que renunciar a ciertas cosas. El sabor de existir es en el fondo más dulce. 

6 de noviembre de 2022

Chéri, je suis en train d'écrire

Los hombres dicen no escribas sobre nosotros, queremos ser borrosos. Estar impunes en nuestra falta de claridad. Enfrentar lo difuso requiere un esfuerzo de análisis, y la literatura se inventó para eso: dar forma al silencio para interceptarlo. La principal función de la literatura es la justicia. Vengar lo indecible. Crear formas nuevas que despejen la niebla. Es una ocupación fantástica. Como una montaña rusa. La adrenalina es total. ¿Llegaré al final del trayecto? Esa pregunta siempre está presente. ¿Me abroché el cinturón de seguridad? ¿Podía sacar los pies y las manos del carro? Creatividad y estrategia. No hay estimulante más poderoso. Riesgo puro. ¿Cuántas vueltas dará este carro? ¿Cuántas antes de que llegue a puerto? Bueno, con los hombres es parecido en algunas cosas, a veces más entretenido y otras veces menos. Hace un tiempo conocí a uno que era del grupo borroso. Una situación particular dentro del grupo, bastante extendida. En realidad casi todos pertenecen al grupo borroso, parecen haberse puesto de acuerdo. Bueno, este era del grupo borroso porque no son capaces de decir que salen con alguien más desde antes, lo que no es difícil de intuir, dada la errancia. Visto desde afuera, parecen locos furiosos, manotazos de ciego sin ton ni son. Todo por dejar abiertos todos los frentes, porque uno nunca sabe. Y para qué ponerse en el lugar de las otras personas. El objetivo es lo más importante. Ganar. Ganar a cualquier precio. Que todas estén disponibles. Uno es como los víveres en el pasillo del supermercado. Quiero elegir bien cuál me voy a llevar. Salvo que los paquetes de tallarines no tienen sentimientos. Y las personas, sí. La seducción en esas circunstancias es aburridísima. Nefasta en realidad. La capacidad de elegir es un bien preciado. La sinceridad también. Por qué tratar a las personas como si fuesen tontas. Como si fuesen paquetes de tallarines. En definitiva ellos se comportan como si fuesen tontos, y no entendieran lo que está ocurriendo. Siendo que es tan evidente. Lo borroso es siempre voluntario. Y es una solución de facilidad. Sí sólo sí preguntas directamente obtienes una respuesta. Pero no siempre. A veces mienten derechamente. También hay de esos. Las maneras masculinas a veces tienen algo de siniestro. Las femeninas también supongo, por otras razones, quizá. O en el fondo por los mismos problemas. Está totalmente mal entendido lo que es la seducción y su atractivo. Observar los palos de ciego es lo menos atractivo que hay. Querer ganarlas todas también. Como si fuera una competencia. Bien, logré lo mejor del mercado. Aunque igual voy a seguir mirando, porque podría haber algo mejor, quién sabe, hay que estar seguro, nunca acaba esa posibilidad, el consumo infinito, ¡que no se detenga! ¡Quiero tenerlo todo! ¡Ahora ya! ¡Sin esforzarme nada! ¡Por qué no puedo tenerlo todo! Los hombres quieren seducir como si fueran multinacionales que destruyen el medio ambiente: es una mierda. Ponle un poco de humanidad a la cuestión. Si el sexo es rico pero hay otras cosas. Todo el mundo tiene cosas que hacer. Más que perder el tiempo miserablemente con pantanos nublados. Se puede hacer exactamente lo mismo hablando. Y las personas pueden de esa manera expresar si quieren o no, quienes son, qué buscan, qué les acomoda, lo que sueñan, sus expectativas, sus límites, sus maneras de funcionar, sus propias verdades. El consumo masivo homogeniza todo. No hay tiempo de distinguir una cosa de otra. Una superficialidad desarmante. Mientras las mujeres no dejemos de ser objetos de consumo no hay mucha posibilidad de evolución. Somos personas, no objetos. Compren tallarines si quieren, pero nosotras ya no estamos en el supermercado. La peor actitud es querer ganar a cualquier precio. Unidos contra el consumo masivo. No somos objetos en una vitrina. 

4 de noviembre de 2022

El conejo

El otro día caminaba yo por el borde del río, el quai donde están las péniches, esos barcos geniales donde puede uno tomarse una cerveza mirando el agua pasar, y sucedió algo totalmente improbable: se me cruzó un conejo. Era de noche. El conejo tenía orejas blancas, pero era gris, no como el de Alicia en el país de las maravillas. Pero tenía un reloj, igual que el conejo blanco. Luego de mi estupor, decidí seguirlo, por supuesto. Sabía que me llevaría a algún lugar fantástico. Parecía que iba con prisa, no fue fácil seguirlo. Me llevó por un sinfín de lugares, a veces oscuros, pero por su pelaje y su reloj que brillaba no era tan complicado alcanzarlo. Luego me di cuenta que era imposible liberarse de él. Cumplir años es una calamidad. Traté de explicarle. Hacerlo razonar. Llama al siglo XXI, dile que nos dé un respiro, como dice St. Vincent. El conejo nada. Oídos sordos. El puto conejo empecinado en seguir saltando, sin detenerse. Siempre atrasado. Yo no quiero ya cumplir más años. Estoy bien así. Debería ser optativo. ¿Quieres usted seguir cumpliendo años? ¿Sí? ¿No? Marque con una cruz. Yo estoy perfectamente. Conejo de mierda, dame una tregua. Deja de perseguirme. El año se termina y todavía quiero hacer tantas cosas, los días tan cortos, la noche que llega en la mitad de la jornada. Ya basta. El invierno también es una calamidad. Te distraes dos segundos y ya es de noche. Y los rayos de sol cómo, y los cielos azules, cómo. Costará vivir, decía un tío mío vasco. Debería haber dejado pasar ese conejo. Debería haber firmado para vivir sólo en primavera y verano. Cuando me dieron el formulario no estaba pensando claramente. Tampoco cuando te escribí. El tiempo es una calamidad. Los ex son una calamidad. Está todo mal diseñado. Y estamos llenos de conejos grises que nos persiguen con relojes. Que puedas permanecer siempre joven, canta Bob Dylan. Un himno de mi infancia, en la voz de Joan Baez, la ídola de mi madre. Ahora me dices que no eres nostálgico, canta Joan Baez, entonces dame otra palabra para eso, tú que eres tan bueno con las palabras, y en mantener las cosas vagas, porque ahora necesito algo de esa vaguedad, todo ha vuelto con demasiada claridad, sí, te quise mucho, y si me ofreces diamantes y óxido, ya he pagado. El pasado se adhiere a uno de una manera satánica y absurda. Lo positivo, es que si uno tiene el suficiente tiempo puede ver el pastel darse vuelta. Y mostrar otra cara. Se dio vuelta la tortilla, como se dice. Como dice mi madre, la venganza es un plato que se come frío. Qué fantástico. El conejo además va rápido sólo cuando quiere. Las verdaderas aventuras a veces demoran, y el olvido también. Y por mientras el conejo salta que salta, igual no se puede descansar. No hay caso. Yo estoy contenta de habérmelo encontrado cara a cara. Reconozco ahora sus facciones como si estuviesen tatuadas en mi piel. Pude verle la cara y evaporarme de fuego. Seguirlo hasta encontrar su escondite. No pareciera, pero tiene una guarida. Donde produce otros miles de conejos grises. Nos persiguen a distintos niveles. Productividad, salario, alojamiento. La revolución será atrapar ese conejo escurridizo. El tiempo es nuestro. Haremos estrategias junto con ese conejo, no se va a salir con la suya. Basta de explotación. Basta de ahogar balsas en el mar. Basta de comentarios racistas. La creatividad le pertenece a todos y cada uno. El conejo adquiere una nueva cara. El feminismo es en gran parte responsable de los saltos suaves que da el conejo ahora. El país de las maravillas se comparte. Tenemos que cuidar nuestro espacio de la explotación y el racismo. De la destrucción. Somos dueños de nuestro tiempo. Cómo y cuándo será nuestra decisión. 


1 de noviembre de 2022

El bar

A veces en los bares puedes conocer a personas que parecen tener una altura mayor que la que realmente tienen. Por ejemplo si están en el escenario, o detrás de la barra. Además les llega la luz encima, lo que les da una imagen distinta que el resto de las personas del lugar. Es sólo una imagen muchas veces. Una vez conocí a una de esas personas, tenía una personalidad extraña, parecía estar peleando todo el tiempo. Al principio me causaba gracia, luego caí en cuenta que sus maneras de funcionar eran nefastas. Era incomprensible. A veces respondía a veces no. A veces quería bailar a veces no. Era el rey del reino borroso. Su errancia, que podría haber sido atractiva en el mundo de los machos, parecía más bien enferma. Se acercaba al reino de la superficialidad y el miedo con apariencia de indiferencia. No sé bien qué me parecía atractivo inicialmente, debe haber sido la luz, la altura. Una vez fui a su casa, con el tiempo la experiencia ha mutado en una invitación desafortunada. La altura y la luz confunden, y luego al decantar caes en cuenta que la sensación final de todos los eventos es borrosa e insípida tirando hacia amarga. El encuentro con personas que no pueden mirar más allá de sus pies es una experiencia funesta en general. Hay más, en algunos bares invitan a machos violadores, de esos que luego van a la heladera. A él no parecía importarle. Quizá no poder mirar más allá de sus pies le impedía ver el problema, o comprenderlo en su justa dimensión. Queridas mujeres, atención con la luz y la altura, a veces tienen reservados secretos lúgubres. La imposibilidad de comunicación es a veces voluntaria. La errancia también. Ya basta de machos y de cómplices. Hasta ir al bar puede ser peligroso y cansador.  

El boomerang

Yo misma nunca he podido averiguar con exactitud qué es el feminismo, dice Rebecca West, todo lo que sé es que la gente me llama feminista cuando mi comportamiento no permite que me confundan con un felpudo limpiapiés. En exactamente cuatro semanas estaré de cumpleaños, el 29 de noviembre. Me encanta el cumpleaños. Me preparo con antelación para ir pasando revista antes de que llegue el día a todo lo que ha acontecido, lo que ha llegado, lo que se va. ¿Podrías abrir tus brazos y perdonarme de todos estos malos pensamientos?, dice St. Vincent, estoy ciega a los rostros en la niebla. Pasar revista incluye profundizar decodificando, escribiendo. Sabes que al hacerlo te va a llegar algo de vuelta. Pero siempre llega de vuelta, es como un boomerang. Pero es mejor lanzarlo que quedarse con el boomerang atrapado en la garganta, o en el cuello, al menos cuando vuelve puedes intentar esquivarlo. Tampoco he podido definir exactamente qué es el feminismo, lo que sé es que la gente me llama feminista cuando escribo sobre existir sin ahogarse con el boomerang incrustado en el cuello. Cuando hacemos cosas que algunos hombres también hacen, pero mejor que ellos. Pero con más empatía, más estrategia. Al final nuestro arte de existir está más desarrollado porque tiene más obstáculos. Obligada a crear reglas nuevas que vayan haciendo zigzag entremedio de los objetos que te van arrojando, como en un juego de video. Pero en la realidad, no como en un juego. Lo más entretenido de cumplir años es evaluar si el zigzag fue efectivo y diseñar nuevos caminos. Trazar nuevos métodos, crear nuevas historias. Cumplir años es agradecer al humor que te permite seguir en pie. Que te autoriza a sortear los elementos como si fuera un juego. Sin ser un juego. Depende de donde vivas el riesgo puede ser altísimo. Tu propia vida puede estar en peligro. Aún así lanzar el boomerang. Nuestro esfuerzo dará aire a otras, dañadas o aniquiladas por el boomerang. Nunca había tenido tanto sentido la lucha y el zigzag. Cada vez somos más.