30 de abril de 2026

La expedición sigue XV

Ahí estoy, tratando de entender el vivir. No voy a decir que me ha ido increíble porque sería excederme. Digamos que a veces capto algo. Una ínfima parcela del desbocado rumbo de los acontecimientos. Pero todo es la batalla perpetua y la expedición interminable. Yo existo gracias al esfuerzo colectivo. Esa es la verdadera expedición. Los grandes movimientos de derechos humanos y animales que ponen coto a la avaricia. Que ponen coto a lo miserable y al delirio. Mi corazón ya lo ofrecí completamente, y nunca he creído que todo está perdido, al igual que Fito Paéz. No entro en ese juego. Me mantengo a una sabia distancia. Recibo el corazón de los demás. No puedo decir que no me he erosionado en el camino de contrarrestar. Es como que soy ya un espectro, pero a pesar de la perplejidad más allá de la perplejidad, lo que me acaece cada cierto número de semanas, igual ofreciendo el corazón sigo encontrando cobijo. Porque damos para los demás y entonces todo funciona. La miseria es mucho más pequeña que la solidaridad. Estos días leyendo el libro de Lauren Bastide, que nació un mes antes que yo, descubrí a través de sus palabras que su única hermana fue asesinada a quemarropa a los 20 años durante una disertación en la universidad por un compañero de clase que la acosaba hace dos años. Lloré mucho porque a veces la perplejidad no cesa. Porque intentamos transformar las experiencias, pero cuál es el límite. Luego ayer me reuní con las feministas y todo vuelve a empezar, siempre es salir a flote. Esas conversaciones, esos libros, son un alto en el camino desbocado. La gran interrupción de la dominación y el delirio. Estos grandes movimientos son eso, interrupción, como diría Rancière. Aspiro a una vida de interrupciones, hasta que ya no sea necesario. Un cuarto propio sin interrupciones para sentir y preparar las interrupciones. Este es el tema del libro de Lauren Bastide, esa cabaña propia. Me alegró mucho porque mi expedición es similar en ese sentido. Justo antes de llegar al momento que menciona el espionaje que sufría su hermana de parte de quien más tarde la asesinaría, había anotado en mi cuaderno de apuntes, “al final, los aspectos negativos que nos suceden, te dan más fuerza que otra cosa, con el tiempo eso sí. Dan la posibilidad de vengarse”. Pensaba yo en mi abuelo pedocriminal (abusador como tantos otros), y en quienes nos han violentado o han violentado a quienes queremos. Y entonces yo leí ese pasaje del libro. Sentí a continuación que lo que había anotado no servía para nada. Porque así sucede con la perplejidad más allá de la perplejidad. Lo que escapa de toda lógica, como es destruir a un pueblo completo, como sucede en este momento. Sentí que las experiencias no nos dan fuerza para nada, y más bien nos destruyen. Sobrevivir no es lo mismo que vivir. Pero si no han acabado del todo con nosotros (suerte que no todxs tienen), hay un espacio de vivir y no sobrevivir. Lo constato cada día conversando con las personas víctimas de la ambición y el delirio, que son casi todas, porque evidencio ese espacio de resistencia interno que es siempre colectivo. Ahora viene otra cosa. Que paguen los artífices de la miseria. Los grandes movimientos de los derechos humanos y animales son incansables. Debe ser porque el cansancio moviliza, aunque parezca una contradicción. Entonces descubro que mi literatura y la literatura están tan estrictamente ligadas a estos grandes movimientos de derechos humanos, animales y medioambientales que parecen ser una sola cosa. Porque todo se centra en el amor, el asombro y la naturaleza. Todo se centra en el gran viaje de la expedición ininterrumpida. Lo que me alegra es descubrir que sólo me hundo a medias en cada ocasión de la perplejidad. Tal vez eso también es la ambigüedad, mantenerse en el borde vertiginoso, sin jamás caer en la ingenuidad de la algarabía injustificada ni en la seguridad de un futuro cerrado. Ese punto intermedio que es también el equilibrio. Quizá la ambigüedad es el equilibrio pero también la cobardía. Porque la ingenuidad y la seguridad son opciones posibles. Lo que sí sé, en cualquier caso, es que con la ambigüedad no modificamos el mundo, sino sólo nos salvamos a nosotrxs mismos. Las dos cosas son deseables. Pero distintas. El escribir, el reunirse, es el momento que interrumpimos la ambigüedad, así como interrumpimos la dominación. La democracia de imaginar en acción un presente diferente. Creo que el caos verdadero está compuesto de esos gestos, que hacen toda la diferencia. Yo sigo ofreciendo, con alegría, o incluso algarabía, mi corazón. 

La expedición sigue XIV

Quién dijo que todo está perdido, canta Fito Páez, yo vengo a ofrecer mi corazón. Nos reunimos con Parchadxs a hilvanar el presente. Porque el presente hay que hilvanarlo. Atar esos cabos que se van escapando, que son casi todos. Esas fuerzas contrarias que quieren constantemente desarmarnos. No diremos que la contienda es equilibrada. Nunca hemos aspirado a eso porque es algo que no conocemos. Pero entonces la utopía cómo. Esa la llevamos adentro. La encontramos en lo más profundo de esos territorios que nos vieron nacer. Con más ahínco decimos deben unirse esas tierras lejanas, esas tierras sumergidas, en el presente unirse esas tierras, en el presente hilvanarse, porque nuestra exclusión está orquestada a lo largo y ancho. Es como que no nos diéramos por enteradas, como quien escucha llover, es lo que aprendimos, cuando se conoce la utopía no se olvida. Nos marginan pero hilvanamos. Funciona, aunque no lo parezca. Ya es como que estamos aquí con otra disposición. Con mayor impulso recordamos esas tierras que nos vieron nacer, compartimos los detalles, hacemos parte a lxs demás de nuestros avances y retrocesos, y la escena queda imaginada, es una de la resistencia y la alegría. Ofrecer el corazón implica un esfuerzo que conocemos, pero así es como construimos, entregando ese tiempo y nunca dando un pie atrás. Lo esencial está en ese intento activista feminista y antirracista. Comprender quiénes somos y nuestros derechos. Sobre todo las mentiras dejarlas de lado. La voluntad mezquina, sombría y delirante de seleccionar a los seres humanos y de aprovecharse del desequilibrio de poder para mantener esas ideas racistas que es de lo más oscuro que poseemos. Hilvanando les hacemos frente en todo sentido. El significado lo descubrimos a continuación. En cada conversación se va revelando una porción de esa verdad que poseemos. Que es lo más lejano a esas ideas racistas. Nos hemos dado cuenta en el camino, sobre todo ahora que en nuestro encuentro descubrimos que nos constituye la misma expedición. Ahora entendemos perfectamente lo que estamos haciendo. Entendemos por qué estamos aquí y por qué nos reunimos. Por qué han querido doblegarnos y quebrarnos para fines que no tienen que ver con nuestros fines. Los tenemos, sin embargo. Hacer de esta inmensidad terrestre un lugar donde no nos exploten y nos maten. Donde no se destruya el medio ambiente ni ninguna especie por objetivos miserables. La herida está abierta pero la vamos parchando y luego ya estamos en otra cosa: transformar esto que ha querido llamarse el lugar de todxs. Al pie de la letra creemos en estas palabras. Sabemos que nadie está por sobre nosotrxs. Ni estamos nosotrxs por sobre nadie ni nada. Si hay que seguir insistiendo, lo podemos hacer. Desde el principio supimos que veníamos a ofrecer el corazón. La expedición, con un ánimo nuevo, sigue. Nada está perdido, y vinimos a ofrecer nuestro corazón. El planeta nuevo ya está aquí, en el corazón. 

27 de abril de 2026

La expedición sigue XIII

La literatura es la búsqueda de la libertad. Es volverse espectro. Volverse uno con el todo como el artista del hambre de Kafka. Iba yo por el borde del río y pensé, Lisa, estás cada año más estricta con la literatura, te vas a evaporar como ese artista del hambre. Lisa, tampoco se trata que este libro sea un caos verdadero. Cuál es mi idea, ¿convertirme en un fantasma, en un holograma, en un espectro verdadero? El espectro verdadero comprendió el caos verdadero: fácil así. Y Nina Simone insistiendo con esas trompetas de “feeling good”. No pensé que la no ambigüedad pudiese tener tales implicancias para la salud. Claro, y todo eso es el caos verdadero: algo totalmente desmesurado. En vez de perder la cordura, mejor escribir, pero nunca retroceder en la contienda anti ambigüedad. El tema es que la ambigüedad quiere atacarte directamente en el pensamiento. Ya no son sólo las alucinaciones y fantasmas, fuera de ti, luego ataca desde dentro, como el caballo ese, que entró por las puertas de la ciudad, y luego salieron los soldados desde la inmensidad de madera. Así llega, aparece por generación espontánea dentro de las cavidades cerebrales. Un, dos, tres, se crea, toma nuevas formas, quiere seguir existiendo, quiere pertenecerte, no me dejes, dice, no me olvides, recuerda en cada momento que existo, que formo parte de ti. Recordé a Jack Nicholson en el rodaje de The Shining, donde Kubrick le dio sólo queso por un mes para que estuviera fuera de sí y rompiera puertas con hachas, así es la literatura, someterse al queso, a la rutina demente para romper las puertas, con elementos cortopunzantes, voluminosos, darle fuerte a la compuerta, como tambor, el proceso literario anti ambigüedad en la primavera es como ser un macho en el patriarcado, creer que puedes matar a alguien, creer que cada día te pertenece, robarlo al ruido, con disciplina inventar esa literatura que es puro teatro, porque ayer yo comprendí que la literatura es eso: teatro, tomar la idea y deformarla con una mueca, abrir los brazos, grandes aspavientos y reflexionar en una escena vacía, en un escenario con una silla y una mesa, una habitación con un solo personaje en esa cocina al atardecer. Ayer todo se reveló porque cuando iba bajo el puente por el paseo junto al río saqué mi libreta para anotar las ideas que no paran de llegar, y mientras estaba en eso, apareció un grupo de personas corriendo que pasaron junto a mí por los dos costados, raudos, y yo ensimismada en mi libreta, mientras ellos hablaban entre ellos y corrían, rápido, y yo anota que anota, y ellos corre que corre, como si yo no existiera, porque tal vez ya soy un espectro, ese es el tema, un fantasma en la ruta de los corredores, anotando, en su libreta imaginaria, en sus sueños imaginarios, firme el lápiz, para que no se escape, pero los corredores nada, rápidos, Lisa el espectro anotando las ideas fantasmáticas sobre la expedición anti ambigüedad, la batalla contra los espectros, contra mí misma y mi contenido fantasmático, con la esperanza de salvarme a mí misma del naufragio asegurado que es la literatura, quebrando esos portones con fierro, fracturando la organización del tiempo y la persistencia del ruido para que te deje entrar al parnaso, y comprender de una maldita vez: qué mierda es el caos verdadero y cuáles son los mecanismos exactos de la ambigüedad. Lisa, pero si no son lo mismo.      

La expedición sigue XI y XII

La expedición sigue XI

No hay rutina más demencial que la de la escritora, es demoníaca. Lo que agradezco es todavía estar con vida. Recuerdo que Bolaño dijo, porque escribí, casi la palmé. Exacto. Qué bueno que ahora haya robots que hacen esto, porque sinceramente es un despropósito. Para qué sirve esto además. He hipotecado mi vida, mi integridad y mi cordura. Con qué fin. Lo único bueno es que la vecina ya no está y no pone la televisión a un volumen de estadio de fútbol. Creo que este día 23 sin ambigüedad en la primavera está afectando mi percepción. Serias consecuencias a mi salud mental. Tal vez sin retorno. ¿Así son los programas de rehabilitación? Tipo ver animales por las paredes. Masas de lava llegando, incendiando el edificio, con cerros de musgo por los techos y suelos. Alucinaciones creo que se llama. Voces que te hablan. Espectros que te persiguen. Espero sinceramente que esto tenga algún objetivo. Que haya resultados. Es como querer prestarle significado a cada cosa: esfuerzo perdido. 


La expedición sigue XII

Vivir, sinceramente, es un arte impresionante. Y no me refiero a vivir de manera sincera, si no simplemente a vivir. El mayor arte: vivir. Y tiene una que estar viendo a esos arlequines crueles de presidentes, o tinieblas crueles simplemente, como si fuera poco vivir simplemente. Yo ayer caminé por el borde del río escuchando música bajo el sol incandescente. No me quemé el cráneo porque tenía un sombrero, pero mi alma iba como incendio con tanta algarabía de ese espacio de la música móvil. Iba pensando en las grandes obras y todo era expansión. Iba pensando en la anatomía de mi serenidad. La anatomía de la serenidad está hecha de cosas grandes y pequeñas. A mí me ocurrió lo siguiente, en el ámbito de lo pequeño, pero sin embargo grande. Yo tenía una vecina, que ya no sé dónde está, ojalá no en el firmamento, y en cambio en algún otro lugar. El tema es que su televisor estaba junto a la pared que colinda con la silla donde yo me siento a escribir, para observar el río y sentir el sol. Esto es, compartimos pared. Es un nivel de intimidad impresionante. La misma pared. Entonces ella a un lado de la pared, sin poder verme, y yo al otro lado de la pared, sin poder verla pero sí escucharla. Escucharla perfectamente, no a ella, pero sí a su televisor, porque el volumen era como que en realidad no estaba viendo televisión si no intentando reventar sus oídos, entonces tal vez hay que pensar que estaba sorda, y en realidad estos habían ya explotado y entonces sólo era ver las imágenes y el volumen por los cielos, para que escuchara yo la televisión. Ahí está, tal vez ella quería que yo escuchara sus películas y programas, pero nunca se me preguntó si ese era mi deseo, porque no lo era, pero ninguna pregunta me fue referida, y no tuve la oportunidad de decir que no quería para nada escuchar esas películas y programas y en cambio quería concentrarme en lo que estaba escribiendo o leyendo, y la vecina observando atentamente, o no, las imágenes, y haciendo venir abajo el edificio con la intensidad del sonido que salía de ese aparato del demonio, ese condenado aparato, yo no sé para qué existe, y estoy radiante que está por el momento apagado en ese salón de la vecina derruido probablemente por tal amplitud del ruido que se concentraba entre esas paredes, pero no solamente, porque también llegaba a las mías, entre las mías atrapado, así es el ruido, se atrapa y ya no se quiere ir, y hay que idear las más diversas estrategias para esquivarlo, para que esté ahí pero no llegue al cerebro e interfiera en las grandes obras. Entonces, para ser más precisa, yo no me di cuenta de esta falta de sonido caminando por el borde del río porque ahí no estaba antes, ese al menos, si no que sentada ayer en el sofá de mi salón, al atardecer, los pies apoyados en la mesa de centro, piernas cruzadas, libro en mano, taza con un café, leyendo las aventuras de Lauren Bastide en “Al fin sola”, que están fascinantes, y ahí fue cuando yo me di cuenta que llevaba unas semanas sin tener que emplear técnicas contra el ruido, y los oídos libres. Ahí fue. De pronto: no he empleado técnicas en todas estas semanas. La anatomía de la serenidad a veces se trata de pequeñas alegrías cotidianas. 

26 de abril de 2026

La expedición sigue VII - X

La expedición sigue VII

Una tiene que estar donde están los libros y el agua. Ahí estoy yo. Pero tengo seis lugares preferidos en el mundo. Lyon, la casa de mis padres en Santiago de Chile, Isla Negra, Barcelona especialmente Montgat Nord, Saint-Malo, Biarritz. Esos lugares de las expediciones mágicas. Esos lugares del sol y la felicidad. Del agua y las flores. Del amor y la belleza. Los lugares de la literatura. Me gustaría ahora agregar Munich porque quiero apropiarme su lengua. La expedición sigue. Soy un alma a la deriva, ahora lo sé. Un alma con forma de libro. Una apariencia de balsa con páginas secándose al sol con la sal. En mi cuerpo he escrito las historias. Las llevo dentro, en mi espíritu de la música. Los ritmos se forman mientras camino. Llevo el compás mientras recorro las avenidas y las pequeñas callejuelas. Sobre todo las pequeñas callejuelas. Sobre las avenidas no tengo idea. Todo es íntimo como la vida. Todo me alcanza y me asombra, me deja pequeña ante la inmensidad, impotente ante la grandeza de los fenómenos. Lo mío es la observación. Observo las relaciones humanas, la sociedad, la naturaleza. Observo de cerca el arte para comprenderlo. Para sentirlo sobre todo. Para crearlo sobre todo. No estoy por sobre nadie y nadie está por sobre mí. Me mantengo a una distancia prudente de la avaricia. Me defino conforme a criterios que no comprendo del todo. Por eso me gustan, porque así la expedición siempre sigue. Las cosas suelen no resultar exactamente como las imagino. Este es el oficio de la imaginación así es que eso sería muy difícil. A mí me gusta lo difícil. Es donde mejor estoy. La adversidad del caos verdadero me constituye. Busco pares que me acompañen en el proceso. Me divierto en grande. Otras veces no tanto. Porque las personas del caos verdadero suelen estar cerca de los cráteres de los volcanes. Sabemos lo que eso significa. Ese borde vertiginoso. Me siento viva pero estallo en mil pedazos. La expansión absoluta duele y reconforta. No cambiaría mi naturaleza explosiva y oscilante. He optado por aceptarla. Aspiro al equilibrio, sin embargo, y siento que cada día me acerco, lo que es ya bastante. En la cumbre de la primavera observo la floración. Soy capaz de perdonar. Perdonarme sobre todo. Vine a escribir, no me pierdo en eso. Nunca una duda en ese tema. A eso vine: llegué a la ciudad de los libros y el agua. Por eso estoy aquí. Pequeñas calles, grandes historias. Avenidas inmensas, desorientación. No es lo mío. Una tiene que saber qué es lo suyo. Yo estoy en las historias. 


La expedición sigue VIII

Algo de pez debo tener, porque en el agua encuentro mi elemento. Adentro de ella y contemplándola. Cortar a los ambiguos no ha sido un ejercicio menor. Es como dejar las drogas. Debiese ir a uno de esos encuentros de alcohólicos anónimos. Porque yo también soy ambigua, eso caí en cuenta en mi cruzada anti ambigüedad. Eso fue quizá lo más duro, esa constatación. Y lo que está claro es que ser humano es ser una repetición infernal de uno mismo. Ahí la dificultad. El componente adictivo de las cosas que hacemos nos juega en contra, y nuestra constitución adicta disfruta. Yo estoy como Siddhartha en el árbol. Sentado mientras llegan los demonios y los problemas, él nada, impasible. Igual que yo. Observo, siento en mi interior las olas de lava, y las dejo seguir. Buscar inspiración está bien, pero no será en los ambiguos esta vez. Ser otra es tan agradable. No canto victoria, pero no bajo la guardia. La serenidad ayuda. 


La expedición sigue IX

Día 21 sin ambigüedad, debiese llevar tipo un cuaderno de guerra. Avances y retrocesos. Describir las sensaciones de este nuevo estado. El trabajo, sigue avanzando de manera impecable. Tal vez no eran necesarios. Por qué entonces. Por qué buscamos las cosas que buscamos. Lo que me ha divertido mucho es que esas aplicaciones que bajé, con mirarlas cinco minutos al día es suficiente, es como que hubiese tenido varias citas, y continúo con mi trabajo. Más que suficiente. En ocasiones leer las descripciones tiene su gracia. Es vasta la humanidad, y eso es lo que yo agradezco cada día. Por otro lado a veces siento que se parecen tanto todos. La paradoja de los hombres. ¿Y la libertad dónde? Lo que nunca entiendo bien es los que anotan, apolítico. Cómo a alguien no le interesa la sociedad en la que vive. La organización de su entorno. Cuando anotan cristianismo también me cuesta un poco. Lo que me fascina es descubrir cuál es para cada uno su visión de la conquista, qué es lo que creen que la persona al otro lado quiere leer, para conseguir adeptas a sus sectas. Lo que se manifiesta anotando sí, en vez de la cruz roja. A mí la verdad es que esa opción se me da poco. Yo sé que todo está en mi falta de motivación en relación a citas reales: no me da el tiempo. La literatura es como una bestia carnívora que te traga entera. No queda nada. Como tengo hasta los 51 para lo de la pareja antes de separarme por tercera vez, tengo margen de acción, es lo que me digo. Pienso que a los 50 años es un momento espléndido, así queda un momento antes de la fecha límite. Entonces ya estos cinco años las grandes obras. 45 a 50, bien. Realmente yo nunca pensé que era tan organizada. Hasta que todo se desmorona. Pero los índices ya están trazados. Me cautivan las negociaciones conmigo misma. Quizá ser implacable es un estilo de vida. Sobre todo admirable cuando se es el caos verdadero. La expedición constante. Por eso es bueno escribir las aventuras con precisión. Ese es mi propio equilibrio. Tal vez lo encontré. 


La expedición sigue X

Día 22 sin ambigüedad, la expedición sigue. Lo que no sigue para nada, y ni siquiera comenzó, son las citas. Grégory el urbanista me hizo reír con sus canciones en audios. Hits de los 80’s en inglés. Tenía algo despreocupado que me pareció atractivo. Pero yo sabía a lo que me exponía en caso de presentarme a sus múltiples invitaciones. Una merma definitiva de mi tiempo. O decirle que no tengo ese tiempo. Hace un par de años me aventuré a una cita, se llamaba Wolf. Lo pasé bien, pero tuve que decirle cuando terminó que no contaba con momentos para reunirme, lo que pensándolo ahora era bastante absurdo, porque entonces para qué exponerse a la cita. Es como ir a un curso de cocina, pero decir que uno no come nada. Las cosas que una hace siento que tienen que tener sentido. Corté por lo sano, y para no repetir esa experiencia de decir asuntos sin sentido, manifesté que la cita mejor no. Grègory estaba desilusionado, eres como un mito urbano de la aplicación, me dijo, lo que me hizo reír. Yo sé que existo en verdad. Pero tal vez no. Sé que estoy fuera de la vida, aunque me diga lo contrario. Pero qué es la vida. Qué es estar adentro de la vida. Yo me siento viva, ¿sirve? La literatura es la vida. Tal vez cuesta entenderlo, sobre todo cuando una es mujer, donde esa posibilidad es relativamente reciente. Pero lo que sé es que el ser humano hace una y otra vez cosas sin sentido, como mirar aplicaciones cuando no quieres tener citas reales. Lo que pienso que puede modificar el panorama es la existencia de alguien que me inspire en el mundo real. Pero no accedo a él porque estoy en los libros. La paradoja de la escritora. Busca inspiración pero guardada en las páginas. La literatura es un absurdo completo. La existencia literaria es la mayor contradicción posible. Cómo no voy a ser ambigua. Día 22: la ambigüedad es constitutiva de la literatura. ¿Esa es la conclusión? Qué oficio de mierda. 

25 de abril de 2026

La expedición sigue VI

Quizá nunca había estado mejor que ahora. 45 años y la iluminación. Artista mujer inmigrante. Literatura, feminismo, filosofía. En la ciudad de las ficciones. En la ciudad del Jazz. La gran ciudad de la resistencia. Estoy bien aquí. Cuando recién vivía en Francia escribí, caminando junto al Rhône en Vienne la ciudad del Jazz: “Me quedo quedándome, porque nunca se sabe cuándo se está ya partiendo, y yo vine a no escapar, yo vine a vivir, viviendo. Sólo pido abrir los ojos a esta primavera colmada de vida”. Vine a vivir: ahora lo sé. Vine a escribir y ser feliz. A cumplir un destino escogido. Tengo mi sonrisa, tengo mis manos, canta Nina Simone. Tengo mi cerebro, tengo mis oídos, canta. Tengo mis ojos, tengo mi nariz, canta. Tengo el índice de la novela tesis de nuestras vidas. Tengo cartas de amor escritas y por escribir. Tengo la Región Poética en el vórtice de mi ánimo. Cuando llevaba un tiempo aquí escribí en mi pensamiento lo que me movía y quería alcanzar. Llegué. Pero es como que todo comenzara. Un presente donde existencia es la Región Poética completa. Una serenidad que no conocía. Frente a mí el piano abierto. Las partituras. La alegría. Simone de Beauvoir y Tori Amos que me observan. Los transeúntes por el paseo junto al río. Los amigxs, que siempre van conmigo. Andrea Wulf y sus libros de las exploraciones. Lauren Bastide y su libro “Al fin sola”. El primer libro que escribí cuando llegué se llamaba “Al fin solos (Almendra en Barcelona, Amande à Lyon)”. Ante tal batahola, pude publicar todo lo que había escrito desde que llegué años después, en el tiempo del silencio y la soledad, donde pude decantar. Acepto ese caos verdadero que me forjó. No me queda otra de todas maneras. Pero en el presente es donde vivo. En la era de las grandes novelas. En la era del gran cansancio y la gran serenidad. En el cementerio de los amores difuntos. Las balsas río abajo. El cine alemán, y la poesía incomprensible y por comprender. La expedición siempre sigue. 

La expedición sigue V

Tal vez lo que me tiene más feliz es que no sabía lo que estaba haciendo: ahora sí. Trece años sumergida en este continente y todo se ha cristalizado ahora. A mis 45 años, la iluminación. A ritmo de Jazz. Fue de un momento a otro. Comencé el año con esta pregunta: qué estoy haciendo aquí. Era un 20 de abril: llegó la respuesta. Trece años en la balsa, y así, 1, 2, 3, redacté el índice completo de una vez de la gran obra. De la tesis novela de nuestras vidas. La necesidad del viaje es la independencia, la autonomía, la libertad. El estado mental perfecto es la falta de distracciones y el sol. Cuatro años de silencio y soledad para ese momento. Escribir es una especie de trance. Una invocación, un frenesí. Un dejar salir, autorizar a la verdad. Puedes llegar, decirle. Es tu momento, aparece. Están creadas las condiciones. Siéntate en esta terraza a admirar el sol en el río. Los árboles con las hojas recién brotadas. Los cisnes emergidos. La música interior inserta en la naturaleza. Ahí estoy yo. Inserta en mi naturaleza y en la naturaleza. El trance de seguir el propio camino como barco raudo por el río. Fusionarse luego con la inmensidad. 

La expedición sigue IV

Cinco años seguidos nos abonamos con Jean a ese festival impresionante de Jazz en Vienne: Jazz à Vienne. Vivíamos cerca. Íbamos cada noche con una alegría infinita. A mí esa música me transformó por completo. Ese lugar, esa atmósfera. Jean tocaba el saxo en las tardes en esa naturaleza majestuosa. He vuelto otros años a ese festival, con amigxs, y siempre la dicha intacta. Con este tiempo luminoso, como la literatura es exigente, dan deseos de escribir sobre grandes aventuras. Como las llevo encima, paso revista. La dicha intacta porque escribir en la música es también aventurarse. Una expedición por esa naturaleza interior. Bailando crecí. En el piano, la guitarra, la percusión y la voz. A veces no puedo creer todo lo que está en mí. Ese universo que surge en el silencio. Todos los continentes posibles. La Región Poética. Es sin duda porque he amado. Porque he sido amada. Largas excursiones hacia el interior me lo revelan con intensidad. Ha sido intenso. Como la música de Nina Simone. Como el Jazz y el Soul. La intensidad de la belleza son todos esos momentos en que tuve la vida. En que se manifestó. Escribo porque existir es la luz radiante. Esos amores y amigxs que me permitieron la libertad. 

La expedición sigue III

Es fuerte que en el camino a las grandes obras haya tantas dudas que a veces una ni sabe para qué sirve la literatura. ¿Se mastica? ¿Se traga? ¿Se vomita? ¿Se mantiene en el cuerpo? Lo que sé es que el peor vicio en este trabajo es la ingratitud. Porque las grandes obras están hechas del amor que damos y recibimos, y de otras obras que se fundieron con nuestra piel. Cuando recién vivía en Francia escribí, caminando junto al Rhône en Vienne la ciudad del Jazz: “No tengo tanto, pero al menos tengo conciencia de algo: de que no tengo tanto. Al menos tengo conciencia de algo: no tengo tanto, pero cuando tenga menos, sabré que lo tenía todo”. Tal cual fue. Lo tenía todo. Ahora también, porque tengo la canción de Nina Simone: Ain’t Got No, I Got Life. En ella enumera todo lo que no tiene, pero afirma, tal vez no tengo nada, pero tengo otras cosas, sobre todo su vida y su libertad. Es lo mismo que tengo yo. Tengo mi vida y mi libertad. No me olvido nunca. Tengo el Jazz y el Soul. ¿Qué más? Y como si fuera poco, tengo a Doris Lessing, a Simone de Beauvoir, a Gabriela Mistral, a Hannah Arendt, a Virginia Woolf. Y más encima, más encima, tengo lo siguiente: un cuarto propio y silencio para escribir. Básicamente, lo tengo todo. La literatura tiene una sola razón de ser: la vida y la libertad. 

23 de abril de 2026

La expedición sigue II

Soy feliz, no tengo dudas, cómo podría no serlo con todas las personas sublimes que pueblan mi existencia. Todas las personas mágicas que llevo en mi alma. Con este sol que me alumbra el cerebro en esos recónditos lugares de la creatividad. Es la expansión absoluta. Una serenidad todopoderosa. Nina Simone cantando y su piano. Es la esperanza eterna. Hoy es el día de las ficciones que nos modificaron completamente: el día del libro. A mí me gusta este día porque es lo que yo hago: escribir libros. Los escribo también en mi pensamiento caminando por la ciudad. Ayer atravesé la ciudad completa de cabo a rabo caminando al atardecer para volver a mi casa. El último tramo ya era de noche e iba junto al río escuchando música, Lana del Rey, esas melodías insertas en escenas para desgarrarse con la pasión que alberga el espíritu sediento de experiencias. Vinieron a mí una serie de recuerdos extraños, que salieron a la superficie como si hubiese habitado un sueño. Cuando Adam murió entré en un túnel de desorientación y amor por la vida que quedaba. Unos días después de esa noticia que me rompió en innumerables partes, la cual recibía luego de un par de semanas de la noticia del cierre definitivo de mi relación con Jean, que me rompió en innumerables partes, fui al concierto de una amiga, suspendida en la nada, y luego a bailar, también suspendida en la nada. Ni siquiera había partes, creo que era una nebulosa negra como la noche. Ese es el contexto, pero vamos al recuerdo que nos convoca. Es un recuerdo breve y raro, pero de una tragicomedia impecable. Un instante en el tiempo para recordar. Sí, soy capaz de reír de lo más tenebroso, es algo que aprendí de vocación y oficio. Es una necesidad en el terreno de las ficciones. La que atesoro con mayor orgullo. Bien, ya que estamos en esto, voy a contar la historia tal cual fue, porque así es más interesante, y la respetabilidad ya sabemos que vale: callampa, para este trabajo. El que se aferre a ella saldrá deformado y ya nada es lo mismo. Lo primero a decir es que el personaje principal de la historia es un chofer de uber, esa empresa de taxis que te llevan a la casa luego de que los llamas. Bien, yo estaba en el tercer lugar de la noche, bailando, pero iban a cerrar. Había abrazado a la dj para agradecerle la música de la velada y le había preguntado si la podía besar. Se negó amablemente, y entonces ya era hora de irse. El tema es que yo estaba con el amigo de una amiga que se había ido, pero lo totalmente negativo es que ese amigo también se había ido. Por qué se había ido. Esa pregunta es buena, por la razón más extraña, porque en el lugar anterior nos habíamos besado, pero luego en el otro lugar, yo había besado a otro, entonces él se había sentido herido, y se le ocurrió partir y dejarme sola en ese insólito lugar. Llamé a mi amiga, dónde está fulanito, me dejó sola. Me contesta, Lisa, está aquí, volvió a la casa, dijo que tú lo habías abandonado. ¡Qué! ¿Se fue? Pero estoy sola aquí. Qué hago ahora. No saldré con vida de este lugar, estoy segura, le dije. O se te ocurre algo o mañana ya no existo. Por qué diablos se fue. Lisa, dice que te fuiste a bailar con otro. Pero uno no deja sola a alguien, le dije, me podría haber avisado por lo menos. Bueno, Lisa, calma, te vamos a llamar un uber que te deje en la casa. Yo no tenía nada de ese tipo de mecanismos eficientes para llegar a mi hogar, y era por supuesto muy tarde. Me llamaron un uber. Pude salir de ahí, y me fui en auto con alguien que me vino a buscar, me pareció genial. Me fui conversando con el chofer del auto, era más joven que yo, no recuerdo los detalles, pero aquí viene lo crucial de la historia, lo que me hizo reír ayer mientras caminaba junto al río con la voz envolvente de Lana del Rey. Avanzaba la conversación y se me ocurre preguntarle si lo podía besar, él iba manejando. A él le causa gracia, pero se vuelve visiblemente nervioso, lo que hacía la situación más divertida. Me dice, pero estoy trabajando. Yo lo miraba. Sigue la conversación. Aquí viene el giro de la trama. Llegamos a mi casa. Me despido, me bajo, y cuando estoy abriendo la puerta veo que se bajó él también y me está siguiendo. Llega a la puerta, era inofensivo, un aire tierno, entra al pasillo del edificio, donde están los buzones de cartas. Yo lo miro, le digo, qué haces aquí. Me dice, aquí sí te puedo besar. Yo me pongo a reír, amablemente, pero sorprendida. Mira, la verdad, es que ahora yo voy a subir a mi casa, y yo creo que esa oportunidad ya se acabó, y ahora es mejor que tú vuelvas a tu auto y yo suba por esta escalera a mi departamento, en el tercer piso. Me mira decepcionado. Entiende inmediatamente que no habría beso. Que en la existencia las ocasiones hay que tomarlas cuando se presentan, porque luego puede ser demasiado tarde. Ese tipo de trances una los aprende a fuego en el vivir. Está bien reflexionar, pero hay que saber que existir es con modificaciones y luego puede que ya no sea ese momento, y todo haya corrido río abajo. Esta era esa situación en todos los sentidos. Él había perdido un beso, y yo al amor de mi vida por el abandono y a mi amor absoluto por la muerte. De acuerdo, me dijo, no estaba molesto, más bien desilusionado y consciente de la circunstancia perdida por su deseo de la situación perfecta. Es que eso nos pasa, queremos algo perfecto, y entonces todo corre río abajo, porque la perfección es tan ajena a este loco pasar los días que alguien quiso llamar vivir. No hay nada más absurdo y singular que este trance en el que estamos inmersos lleno de dificultades y peripecias. Pero está el arte. Para hacer malabarismos y que parezca que todo encaja. Aunque nos abandone el amor de nuestras vidas y se nos muera nuestro amor absoluto. Todo lo organizamos en historias para que duela menos, para reír un poco, para extraer la belleza que queda de tanta batahola perpetua. Exclusivamente gracias a eso sobrevivimos, y más bien vivimos, porque es tan alto el arte que hasta lo más sombrío se vuelve dicha con el tiempo, crear es todo. Y volvemos entonces al caminar por la ciudad y al comienzo de todo: los libros. En este día, todo lo que somos tiene que arrodillarse y agradecer con ahínco y fervor que esté esta coyuntura de existir y acceder a libros. Sin ficciones somos la nada absoluta, esa en la que yo me encontraba. Pero siempre está el paisaje para un beso. Leer y escribir es eso: la escenografía completa para estar en un beso con el pasar por los días. Hoy le rezamos a la naturaleza, que ha impedido que nos coarten esa posibilidad del beso eterno. Porque han querido acabar cuántas veces con esa gloria, con el placer de las historias que nos recuerdan que no somos robots ni inteligencia artificial. Nos recuerdan lo más fundamental: no hay atajos verosímiles. Hay que hacerlo, proponerle un beso al chofer del uber, decirle luego junto a los buzones de cartas que todo terminó. Fue breve. Como es también existir, pero realmente inmenso con las historias. Extremadamente largo, inquietante y una majestuosa expedición que sigue. En este día: aunque nos callen, somos las historias y nunca van a detenerse. Pesadilla para algunos, sueño para otros, no se dejan atrapar, y al mismo tiempo pertenecen a cada uno que las lea. En este día de los libros: se perfila La Gran Resistencia. Se organiza, Lisa y la necesidad del viaje, o la condición humana de la artista mujer inmigrante. Doris Lessing, Simone de Beauvoir, Gabriela Mistral, Hannah Arendt, Virginia Woolf. ¡La expedición sigue! Feliz día del libro. Sálvame, que alguien me salve, canta Nina Simone. Música y literatura para vivir.  

20 de abril de 2026

La expedición sigue

A los 31 años me separé por primera vez. A los 41 años me separé por segunda vez. Ahora tengo 45 años y tengo hasta los 51 años para separarme por tercera vez. Hay un margen de acción. Quién será el afortunado candidato. Todavía no sé. Save me, somebody save me, canta Nina Simone. You’re driving me clean out of my mind, canta. Lo canta con un ritmo fantástico. Uno de esos que hacen olvidarlo todo. De esos que dan ganas de partir de nuevo. Una guitarra de oscilación funk y un bajo rápido. Su voz guiándolo todo, conversando con el teclado que responde. Por qué amilanarse si ella da tanto ánimo. Siempre está ahí diciendo verdades y empujando a seguir confiando. Desde el foso, confiar. No es cualquier cosa. Es una señal honesta. La verdad es importante, la honestidad con una misma. Creo que el caos verdadero es la necesidad del viaje. La literatura es esto: la expedición sigue. La vida es una especie de empeño imposible, como el libro “Cosmos” de Alexander von Humboldt. Mejor bailar y la música: que sea liviano.

Impulso perpetuo XXX

Convengamos algo, la interacción corporal es agradable, pero no voy a hipotecar todo mi tiempo por esa posibilidad. Prefiero la literatura. Aunque no le guste compartir. Aunque esté llena de pequeñas traiciones por esas frases entreveradas. Este año emprendí además una cruzada anti ambigüedad con una convicción de patriota, esos que no tienen dudas, lo que tuvo como resultado que no quedó títere con cabeza. Mi disposición anímica esta vez no era proclive a ese tipo de personalidades (deserté de ese grupo). Lo tal vez negativo, de esta férrea cruzada, es que ahora caigo en cuenta que ya no tendré un marinero en cada puerto. Chile, Francia, España. Jacques, Joseph, Judas. Ya no. De raíz excluí esa posibilidad. Ahora será llegar a puerto, descender de la embarcación, y hacer cualquier otra cosa que frecuentar marineros. Mis expediciones tendrán ahora la frescura del nuevo día. El sello de la serenidad. La ilimitación de esos horizontes cubiertos de posibilidades. ¿Qué más se puede pedir? Ya sabemos que la expedición sigue. Que cada palabrita tiene su precio y lo vale en oro. A Nina Simone la sigo escuchando. Poniendo énfasis en cada nota de ese piano. Inventando el lenguaje sin violencia. Redactando el gran atlas integrado de literatura, feminismo, filosofía, lingüística, arte. Humboldt se fue a Asia, ¿y yo? Yo también tengo que partir. Antes de eso zarpó para Sudamérica, y yo en el trayecto inverso, hacia Alemania. Tal vez todo se trata de recordar los compromisos que una tomó consigo misma: llegar hasta el caos verdadero. El impulso perpetuo de imaginar la belleza. De inventar la nueva forma de los vínculos. Observar marineros siempre ha sido de utilidad. Así como se observan las palabras en su hábitat. La organización de las frases para comprender la concepción más extensa del alma y sus escondites. Mi existencia completa ha sido un tomar notas en mi pensamiento en relación a qué es vivir para cada uno. Qué es soñar, cómo se expresa ese simple acto sin el cual no podemos vivir. Soñar es consustancial a despertar. Contemplo dos especímenes en este instante limpiando una canoa junto al río. Con gran entusiasmo, preparar el viaje. Entendieron de qué se trata. Tener ilusión por algo, lo que sea, y ejecutarlo. Pero qué. Tardamos la existencia completa en responder esto, porque cuándo una respuesta es definitiva. Lisa Nina Barthes Armendariz, mi nombre completo es una biblioteca. No existo en realidad, soy lo que otrxs quisieron decir. Heredamos las luchas de otrxs. Una larga línea nos une a una estirpe de jinetes desbocados. Que se hicieron esas preguntas, y concluyeron que en lo salvaje estaba el existir. Porque cada vez que todo se apretó como un corsé, fue el desborde de todo eso que había que decir, que supimos cuando la espada nos puso con la pared tras la espalda. No somos los primeros ni seremos sin duda los últimos. Pero el presente es este y estamos atrapados en él porque así funciona el tiempo. En el presente está uno inmovilizado. Soñar sirve, la nostalgia también, pero son apócrifas cuando de hacer frente se trata a ese peso cara a cara que tiene la consistencia de un tiempo detenido en cada segundo que transcurre. Entender esto es crucial: todo es ahora. Las oportunidades es como que surgieran abortadas, si se las mira bien. Se trata de cada segundo de existencia. Sacarle lustre a la embarcación. Introducir todo en la mochila y tomar un poco de agua. Como si cada instante es partir porque el presente no es muy diferente de eso. Redactar cartas de amor para encontrarse o despedirse. Junto a la barca con el sol en su cénit. Con un café cargado y el ademán intacto de dar con la pista adecuada. Cargar los remos en la espalda para que la balsa avance más rápido. Porque el tiempo a veces traiciona. También el clima. También los demás, o incluso a veces nosotros mismxs. Porque no todo es coser y cantar en esta excursión. Queremos que el amor nos salve, lo buscamos desesperadamente. Nos esparcimos por la piel cada partícula de polen que va apareciendo. La clave es fecundar cada idea para que llegue a puerto. Para que se encuentre con su marinero. Para sentir nuestra piel junto a la de alguien. Por las noches acariciar el pelo de aquel marinero. Mirarlo a los ojos y jurarle amor eterno. Lo que remedia el caos de los asuntos humanos es el perdón y las promesas, como sugiere Hannah Arendt. Yo la escucho muy atentamente. Pedí perdón, las promesas las hice. La música de las nuevas promesas es lo que me guía. Esos compromisos insertos en el presente. En cada instante de esa balsa donde navego con mi nombre, mi biblioteca y mi música. Los marineros los llevo en la inspiración. Las ideas las voy anotando en una pequeña bitácora de viaje, con humildad, con confianza. No existo salvo por lo que he intentado decir. Esa parte del arte que me constituyó. Nací en el agua y llegaré a ella. Crear las palabras es la satisfacción vacilante. No tengo idea qué hago aquí, pero confío en el presente.  

Impulso perpetuo XXIX

A veces nos asedia la soledad en las tierras de las grandes travesías. Es un impulso perpetuo, pero con la fatiga del caminante que no puede detener su andar. Es el punto medio entre el lamento y la dicha, huir y la perplejidad que aterriza a continuación. He venido al desierto para reírme de tu amor, que el desierto es más tierno y la espina besa mejor, canta Lhasa de Sela. He venido encendida al desierto para quemar, porque el alma prende fuego cuando deja de amar, canta Lhasa. En esa expedición hay iluminaciones. Espacios para disfrutar y olvidar las flechas que nos han alcanzado. El caminar cansado del viajero tenaz, del paseante en movimiento y desasosiego. Estuvimos ayer escuchando el concierto de unas amigas, con canto, guitarra, danza y teatro, en esa inspiración y saudade de canciones que ocuparon nuestra infancia, que cantamos en algún otro lado que este. El día antes habíamos estado conversando con las feministas y antirracistas en otra de esas reuniones del milagro de la resistencia. La soledad parece algo falso con esos encuentros. Algo nimio, pequeño, irrelevante. Porque esas ocasiones son la esencia del viajero atento. Del viajero que no renuncia. Se apaga la ciudad, se quema la ciudad, se hunde la ciudad, canta Lhasa de Sela. Te quiero amar, canta Lhasa. Así ocurre con el que llega: quiere amar. No siempre se nos da esa oportunidad. Muero quizá, canta Lhasa. Soñando, canta. Rezando, canta. Firmes en la dimensión del arte, el activismo y la solidaridad, te quiero amar.  

Impulso perpetuo XXVII

Soy Lisa Nina Barthes Armendariz, ese es mi nombre verdadero. Y no otro. El caos verdadero mi insignia. Lo que me distingue de otras criaturas. Viajo sin cesar. Como si fuera un carnaval. Como habitando un carnaval. Elijo mejor reír, porque llorar lo aprendí. Nací en el país de la gente llorando. De la gente buscando cuerpos. En los desiertos. Huesos. El país del cielo estrellado. De los grandes telescopios. Las excavaciones profundas. Los minerales. Las frutas. Aquí no hay tanta claridad de ese país, pero a veces más claridad, porque en ocasiones desde afuera se pueden decir cosas que no se pueden decir adentro. O se puede, pero el precio es alto. Yo lo pagué. Fue caro. Me fui. Vivo ahora junto al río como en una balsa. Una embarcación con libros y frutas. Frutillas y uvas. Mandarinas y plátanos. El agua me recuerda esos largos kilómetros de costa. Así es que estoy como en casa. Los reflejos del sol sobre las olas también se parece. La música está en todos lados. La literatura la llevo dentro. 

Impulso perpetuo XXVI

I had a love so pure, so strong, canta Nina Simone. Por qué salió mal, canta. Por dios, Nina, si sabemos que un día suele ir mal. Las preguntas: igual bien. Mejor. Hacerse unas preguntas. Luego ya un día no preguntárselo más. Ahí estoy yo. Despidiéndome de ese barco que partió. La que quiere partir ahora soy yo, en las nuevas expediciones. Por el vasto continente. Olvidar que una vez fui. Partir de nuevo. Todo lo perdona la vida, y nada. Implacable. Nos trata como un alumno sentado en un pupitre con la tarea de matemáticas incompleta. Un alumno esperando el sonido de la campana, con la tarea por completar. Signos a veces indescifrables. La mirada inquisidora del profesor. Y uno pensando en la hora de la recreación. El juego del balón o de la pinta. La caja de arena. Las canicas, los acertijos. El paseo por el bosque. Bañarse en el río. Remontar la corriente. La lección incompleta. El deber punzante. Cómo salir adelante. Cómo encajar en esas demandas. El pupitre. El uniforme adecuado. La manzana roja. Mi amor era tan puro y tan fuerte, como el de Nina Simone. La tarea de matemáticas la dejé incompleta. Igual fui a la recreación. 

 

15 de abril de 2026

Impulso perpetuo XXIV

La felicidad es conocer la libertad. La libertad de escribir, la libertad de amar, la libertad de caminar por la calle. Vivimos tiempos en que hay dudas respecto a esta posibilidad. Tiempos en que se nos quiere dar instrucciones. Pero la libertad es la felicidad, por lo tanto jamás vamos a renunciar a ella. Estamos dispuestos a casi cualquier cosa. Matar no, sin embargo. Eso nunca. Eso ya quedó en los anales de la historia. Oh, parece que no. ¿Matar? ¿Por qué matar? ¿Y amar? Por mientras nos van matando la ilusión de un mundo distinto. Pero no vamos a caer en ese juego. Aunque concentren la información para convencer correctamente. Qué demencial jugarreta. Dejemos a los dementes proseguir su camino, ¿pero escucharlos y seguirlos? Mal nos fue, mal nos ha ido por ese camino. Sin libertad no somos nada, aire. Cáscara, mueca, aridez, desamparo. Sin libertad somos alguna otra cosa que humanos. ¿Piedras? ¿Guijarros? ¿Y la música? I keep wondering just where my love went wrong, canta Nina Simone. Dónde se torció mi amor. Cuándo se olvidó la libertad. 

Impulso perpetuo XXIII

Me mantengo a una distancia prudente del amor. Porque como dice Nina Simone, Love will take me straight to my grave: exacto, a la tumba me llevará. Quizá el problema principal es todo eso que parece amor pero no lo es. Qué es el amor. Sí, a mí también me hace reír esa pregunta. Porque a fuerza de hacérsela van quedando pocas cosas que son amor. Pero hay otras que lo son. Por ejemplo yo amo a Nina Simone. Y cuando ella dice, el amor me llevará directamente a la tumba, yo gozo. Porque cuando la verdad es escuchada sólo queda disfrutar. Como que todo fuera ya liviano. Pero qué es el amor, aparte de ser algo que te lleva directamente a la tumba. Música, eso. La invención de la música. Como la invención de la naturaleza. Es saber que todo, absolutamente todo lo que hemos intentado aprender, es pequeño, ante la libertad. Estamos de rodillas ante el amor. Porque como este día asoleado, escuchando esas notas del piano, nos rebana. Nos perfora, nos hace añicos. Estoy siempre inerme ante la grandeza del sentimiento. Conocerlo es suficiente para escribir. Saber que lo llevo en mí para siempre. Que es el amor, y no el odio, lo que me guía. A mí el amor me libera. Me recuerda que le debo toda la creatividad. Así como a la música. La literatura es el testimonio fiel del amor y la música. La primavera es siempre el amor y la música. Nina Simone y el piano. La certeza de la libertad. 

Impulso perpetuo XXII

Why must love keep me a slave, canta Nina Simone. A mí escuchar a Nina Simone me libera. Es una casa, pertenezco a esa música. Ese piano y esa voz. Why won’t love free me, canta. Lo bueno es que están empleando el presupuesto para construir una zanja en la frontera, y recortándolo en educación: éxito asegurado. Lo que nos libera es la música, no el odio. La educación, la cultura. Los cerebros del odio vayamos dejándolos de lado. Durante tres siglos, los españoles habían alimentado en las colonias los recelos entre las distintas razas y clases, escribe Andrea Wulf en “La invención de la naturaleza”, Humboldt estaba convencido de que los criollos acomodados preferían estar gobernados por España que compartir el poder con los mestizos, esclavos, indígenas. Lo único que quizá iban a querer, temía, era crear una “república blanca” apoyada en la esclavitud, continúa Wulf, en su opinión, esas diferencias raciales estaban tan arraigadas en la composición social de las colonias que sus habitantes no estaban preparados para una revolución. Humboldt había predicho que la lucha por la independencia sudamericana sería sangrienta porque la sociedad colonial estaba profundamente dividida, escribe Wulf, durante tres siglos, los europeos habían hecho todo para cimentar “el odio de una casta hacia otra”, le dijo Humboldt a Jefferson, continúa Wulf, criollos, mestizos, esclavos, indígenas no formaban un pueblo unido, sino dividido y lleno de desconfianza mutua, era una advertencia que Bolívar nunca olvidó. El expresidente John Adams pensaba que la perspectiva de la democracia en Sudamérica era absurda, tanto como instaurarla “entre las aves, las bestias y los peces”, escribe Wulf, Thomas Jefferon reitero su temor al despotismo. ¿Cómo –preguntó Humboldt- iba una sociedad “plagada de sacerdotes” a establecer un Gobierno republicano y libre?, prosigue Wulf, tres siglos de dominio católico, insistió, habían hecho de los colonos unos niños ignorantes y habían “encadenado sus mentes”. Yo por mientras voy escuchando a Nina Simone para que me salve. Para no seguir siendo una esclava, del amor, de las circunstancias, del racismo. ¿El proyecto colonial sigue? Por qué el amor va a mantenerme esclava. Por qué el amor no me libera. Yo escucho a Nina Simone.  

13 de abril de 2026

Impulso perpetuo XXI

Mi incursión intensa en el cine en alemán este último tiempo me ha traído grandes satisfacciones, he ido encontrándome con tesoros. Este fin de semana vi, entre otras, la película de Maria Schrader, Stefan Zweig: Adiós a Europa, sobre los últimos años de la vida del escritor, y la película de István Szabó, Mephisto, basada en la novela de Klaus Mann, sobre un actor de teatro y sus volteretas para adaptarse a los cambios políticos. Ante la grandeza del arte soy un pequeño pato navegando río abajo con la corriente. Estoy inerme ante el tamaño de la belleza. Ante las ideas, las historias y la fotografía. A veces me siento atrapada en un caudal de sentido, y luego ya se borra toda desventura. Yo sé que es el arte lo que me salva. La posibilidad de la libertad. Ante el destino funesto de quienes lo ejercen en ocasiones, queda la fuerza de otrxs que tuvieron la valentía de hablar sobre esto. Esos testimonios secretos que nos levantan cuando todo se parece subrepticiamente a otros periodos de la historia que nos han tenido de rodillas. Hay pocas diferencias, si se observa bien. Todo se trata sobre destruir a grupos, opositores y censurar. A fuerza de ver el delirio de acabar con todxs los que haga falta por conservar la superioridad se va uno quedando perplejo. Porque la repetición de los relatos conlleva en su seno la certeza de la debacle. Este es un presente fuera de foco, ya no tengo dudas. Tal vez hay que mencionarlo, aunque sea evidente. Porque las cosas obvias, por notorias se olvidan. Partamos de esa base, ya no estemos más en la perplejidad. No esperemos a las grandes catástrofes, ya están aquí. Que siempre hay tiempo para arrepentirse. Ejemplos no nos faltan. El hecho de que en la prefectura acá nadie esté consiguiendo sus papeles a tiempo, o simplemente no los estén consiguiendo en absoluto, no tiene que ver con situaciones particulares que podrían presentar problemas, es una prístina voluntad de marginar lentamente, ¿y luego? ¿qué viene? ¿centros? ¿eliminar? En otros lados se optó ya derechamente por esta última opción. A veces el arte no nos salva para nada. Nada nos salva. Porque el delirio tiene contornos de gran pulpo como bestia sangrienta. Aunque no nos alcance nos alcanza. Cómo lo hacemos. ¿Seguimos escribiendo? ¿Montando obras de teatro? A veces el presente es extraño como una malformación. De esas que los autoritarios eliminaban con gas, para depurar el presente de obstáculos. Si el arte no dice nada me parece que es cómplice. Si el vecino no dice nada me parece que es cómplice. En los estudios sobre la histeria realizados por Freud y Josef Breuer (1842-1925), la casi totalidad de las pacientes habían sufrido abusos sexuales, relata Elisabeth Roudinesco, Freud desarrolló una primera teoría, conocida como la “teoría de la seducción”, que relacionaba el abuso sexual con la neurosis. Freud va más allá y afirma que el trauma psicológico es casi más grave que el trauma físico, asevera Roudinesco, el abandono de la teoría de la seducción desató la polémica, y algunos acusaron a Freud de echarse atrás por cobardía: supuestamente no se atrevió a revelar la magnitud real de los abusos sexuales cometidos por adultos contra niñxs. Hay muchas maneras de ser cómplice. Infinitas como la diversidad humana. Lo que no es tan infinito es el núcleo de la complicidad, se parece en todos los casos, y tiene los contornos del silencio, y a veces de los actos. El presente fuera de foco nos está esperando, flotando río abajo, como ese pato en la corriente. Resistir parece tratarse de otra cosa. 

11 de abril de 2026

Impulso perpetuo XX

La expedición sigue. Eso ya lo entendí. Atesoro esa dimensión épica de la existencia. La veo todo el tiempo. Sólo seguir aquí ya es bastante. Encontré mi alter ego, el personaje principal de Aguirre, la cólera de dios, de Werner Herzog. Klaus y yo, una sola cosa. Mi nuevo mejor amigo. Insistir en un viaje delirante. Todo está ahí. Cada escena de esa película es un calco de mi vida y mis aspiraciones. Me siento exactamente igual a cada paso por esas montañas escarpadas, a cada centímetro ganado sobre esa balsa en río abierto. Persiguiendo el dorado como un lugar mítico que escuchó uno de oídas por ahí, que encontró en algún libro flotando en la noche estrellada. Barro, flechas: se sigue. Traiciones, revueltas: se sigue. Hambre, privaciones: se sigue. Las grandes obras son un espejismo efectivo y concreto. Un pueblo dorado por el oro que se esfuma ante los propios ojos. Pero eso da lo mismo. No queda nadie en la balsa: el dorado no pierde forma. Ahora veo que mis lugares son las lenguas, eso ha sido mi impulso perpetuo. Seguir en esa balsa para conquistarlas todas. Voy conquistando territorios como Napoleón. Observando con asombro lo desconocido. Como Humboldt partiendo a Sudamérica, yo ahora tengo que explorar Alemania. La nueva etapa de este viaje que es la existencia. Quizá mi viaje es en lenguas. Porque mi patria son las palabras. Que están en todos lados. Yo voy como Aguirre en su balsa prometiéndome alcanzarlas. Exploré el castellano por todo el continente, el inglés en la escuela, luego el portugués por Brasil, el italiano por el norte y centro de Italia, el catalán en Barcelona, el francés por toda la extensión del territorio, y ahora el alemán. Las lenguas son palabras en acción y en relatos. A mí me interesa la aventura, el recorrido de las frases en su medio, y el ejercicio de leer el expresar de las historias. La música es belleza y mensaje. Las lenguas es conexión y literatura. Pensamiento y forma. Soy Aguirre en la balsa del devenir yendo al fondo de la selva. Las flechas son los obstáculos en el camino hacia la comprensión incompleta. La expedición termina en nada, porque no vamos hacia ningún lado. Sólo flotar río abajo, con un caballo sobre la balsa y alguien traduciéndonos la lengua desconocida. Para intentar comprender de dónde vienen las flechas y por qué. Esquivarlas, o simplemente morir una y otra vez. Intervalos de optimismo y resignación. Pero el dorado no se difumina. Es más firme que cualquier lengua. Sólido como la literatura. Resistente al anuncio de que el dorado no existe. Pero quién dijo que no existe. Entiendo a Aguirre como se entiende a alguien de tu estirpe condenada. La ira de dios. La persecución constante. Todo cabe. La balsa sigue, igual que la expedición completa. La enfermedad de la literatura, igual como esas personas desvariando en la embarcación desierta y resistiendo a la muerte. Se mueren todos, por supuesto. El dorado era un mito. Pero lo importante es el gesto. Entregar la expedición incompleta. Los fragmentos del recorrido, porque tal vez otrxs se aventuren después a ir más allá. Yo busco la obra íntegra, algo como El cuaderno dorado de Lessing, El segundo sexo de Beauvoir, La condición humana de Arendt, algo que me saque de esta balsa. Pero luego de haber recorrido todas mis lenguas que han sido como patrias, porque tenerlas es estar en ellas, y una patria es algo que se habita. Es como que Werner Herzog fuese mi cruzada, Christian Petzold mi alma, y Wim Wenders mi confusión y mis dudas. Hay algo grandioso al final en mi empeño, e infinitamente íntimo e inexplicable. De pie en la balsa permanezco, atenta, la mirada fija en los kilómetros de selva impenetrable, las flechas invisibles, las criaturas nocturnas, los ojos de los caimanes, rojos en la oscuridad saliendo a flote a borde del agua. Todo está en nuestra propia noción de la realidad, anclada en los hechos. Seguir el juego como si fuese algo mortalmente serio. Como la búsqueda misma del dorado. Ayer veía la película “La obra sin autor”, de Florian Henckel von Donnersmarck, inspirada libremente en la biografía del pintor alemán Gerhard Richter. El arte debe ser esa balsa abierta. Donde están las lenguas, para estar la propia. Porque sólo es posible la propia lengua en las demás. Yo llevo encima cada palabra para depositarla encima de un fragmento de mi balsa. Mientras busco el dorado mi expedición me incendia. Como los volcanes de Humboldt, en mis entrañas llevo el fuego. Una estirpe de criaturas de la travesía. No queda nadie en la balsa pero siento la presencia, me habita. Así como me habita todo ese arte que alcanzo en mi recorrido. Llevo baúles imaginarios donde almaceno mis descubrimientos, igual que los de Alexander Humboldt. Luego en el silencio observo los tesoros, como sentimientos nuevos, y lo uno todo, como aquel naturalista. Lo interno y externo forma una sola unidad. Sigo los pasos de Aguirre, en la locura y la miseria, pero dónde está escrita esa historia. Teniendo las palabras todo está siempre por escribirse. Sigo en la balsa. El arte es la voluntad de la mitificación imposible. La ira de la profundidad. La democracia completa. Esos planos totales por los cuales guiarnos. Comprender ese viaje sin sentido del cual no podemos escapar en el corazón de la selva. 

9 de abril de 2026

Impulso perpetuo XIX

De qué se trata vivir: ni idea. Lo que sí puedo decir por el momento es que estoy perdidamente enamorada del director de cine alemán Christian Petzold. Qué maravilla de películas. Ya las vi todas. Qué hago ahora. ¿Verlas todas de nuevo? Me pasó años atrás con François Truffaut, fascinación completa. Petzold se describe a sí mismo como un director de cine literario, igual como se describía Truffaut, más que músico o pintor. Eso debe estar en la base de mi amor infinito. Miro entrevistas a Petzold y quisiera tanto conversar con él, de sus películas, de cada detalle, todo, ¿eso es el amor, no? Para qué comprender de qué se trata vivir si unas películas pueden modificarte. Si pueden entregarte claves en relación al lugar que tiene que ocupar el arte en tu vida y a cómo existir no es realmente existir así no más si no de una cierta manera. Que tienda hacia la perfección del arte. Hacia esos colores, esos temas, esa redondez de los relatos, ese vacío, esa ausencia, ese silencio, esas dudas, esa soledad, esa desorientación, esas ganas de amar, y todo eso que nos constituye. Cuando vi la escena de “Ondina” en que el agua del acuario cae sobre los personajes mi corazón se detuvo porque comprendí cosas. No hay control ninguno en el arte, igual que en el amor. Darse contra el mueble y que eso termine llevándote a un pequeño hombre con una escafandra es un secreto bien guardado: vivimos en el fondo del mar hasta que algo nos libera. El arte o el amor. O un golpe involuntario. A veces está eso: vivir para conocer esos secretos. Para qué vivir todo el tiempo, si con vivir a veces ya es muchísimo. Somos ricos y no lo sabemos. Tenemos toda esta belleza disponible. Se empecinan en mostrarnos la violencia para que accedamos a destruir a otrxs. No. Ese juego es antiguo como el hambre. Yo tengo las películas de Christian Petzold y en ellas descubro cosas. Afuera es la primavera, por lo tanto dentro mío también. La ingratitud de otros nunca es suficiente para desviarnos. Vivir se trata posiblemente de reconocer, aunque cueste en ocasiones, la belleza. El amor que alguien depositó en obras que llegan a nuestro corazón. Que nos explican cosas sin palabras concretas. Que sólo observan el existir entonces ya se van sacando cosas en claro, y podemos sentir lo que es vivir, porque el resto es aire. Lo que me motiva es sentir lo que es vivir, más que comprenderlo a cabalidad porque siempre se va modificando. Sus películas me hicieron sentir. Recordar que formo parte de algo más grande. Que otros van conmigo. Que en esa soledad hay un encuentro. Las películas de Petzold me sacaron de bajo el agua, para comprender que sigo sin embargo nadando, y que está bien así. Son literatura y música porque de eso está compuesta la vida. Me recordaron que debo seguir creando, porque ahí es donde se produce el milagro. Un milagro simple, no pretencioso, porque sólo habla de seguir adelante, cualesquiera sean las circunstancias. Habla de que siempre queda algo. Aferrarse a eso es lo correcto, aferrarse al amor, aunque no haya nada más. A las distintas formas de amor. Creo que las películas de Petzold son una forma de optimismo sereno, no eufórico, una forma de optimismo resignado, un optimismo realista, y por lo tanto bello. Me parece que son una oda a la posibilidad de la creatividad, de las historias, a un impulso vital que es lo que permanece. Me parecieron una definición perfecta de existir: la desorientación absoluta, pero la posibilidad del arte y la decisión de quedarse, a pesar de todo. Una especie de apología a la imaginación. Salvarnos. Porque no hay una razón suficientemente poderosa para partir: es mejor aquí. 

Impulso perpetuo XVIII

Pasado mañana, el 11 de abril, es el cumpleaños de mi madre, Andrea Armendariz. Llegó al mundo en el año 1957, del vientre de su madre, Agustina, mi adorada abuela, quien llegó al mundo del vientre de su madre, Antonieta, mi bisabuela, a quien no conocí personalmente, pero sí por historias y fotografías. Mi madre debe su nombre al personaje de Andrea Cavalcanti de El Conde de Montecristo, de Alexandre Dumas. No precisamente porque se parezca a Andrea Cavalcanti, cuyas siniestras características son de todos conocidas, sino todo lo contrario. Lo contrario en dos sentidos, mi madre no comparte ninguna de las características de este malvado secuaz del Conde, y mi abuela escogió el nombre porque le gustaba la literatura, lo menos siniestro que existe. ¿Pero por qué Andrea Cavalcanti? Porque mientras mi madre se gestaba en el vientre de mi abuela, ella iba leyendo con atención las aventuras de Edmond Dantès, y cuando llegó a ese nombre, le pareció digno de una bella niña como la que ella traería al mundo. No se equivocó. Mi madre no sólo es la belleza total, si no que me permitió la vida y todo lo que ha seguido a continuación. Pero no así no más. Me lo permitió de la manera más bonita, enseñándome a vivir con sólidos valores durante toda mi vida hasta ahora. Hablo con mi madre al menos una vez a la semana, y es la guía absoluta. Sigo aprendiendo de ella hasta el día de hoy, la bondad, el amor, la amistad, el respeto por todos los seres vivos, la humildad, la libertad, la equidad, la justicia, la paz, la lealtad, la perseverancia, la responsabilidad. Pero si tuviese que decir dos cosas que aprendí especialmente, son la valentía y la gratitud. No pasar de largo, y luchar por lo que uno cree. Mi madre me lo recuerda todo el tiempo, sin gratitud no somos nada, me dice, porque nada nos pertenece, y nada lo hemos logrado solos, todo es en grupo. Tienes que seguir adelante, hija, porque estás haciendo lo que sientes que tienes que hacer, nunca te desanimes. Yo sólo sigo por esas palabras de aliento que tengo cada semana. Que me recuerdan quien soy. En este presente fuera de foco, las cosas obvias, por evidentes se olvidan. Mi madre me las recuerda cada vez, nunca se pierde, porque ella también recibió esa claridad de su madre: la vida se respeta, y todos los seres humanos son iguales y dignos de tu amor. Somos todxs lo mismo, hija, no pierdas tu tiempo en personas si te hacen daño, pero tú no puedes hacerle daño a nadie, no lo olvides nunca. Esa educación es todo lo que tengo, y es lo que me ha mantenido en pie. Camino tranquila porque lo aprendí bien, y porque mi madre está cada semana orientándome en el camino de la bondad y el amor. Está recordándome cada semana a qué vine y a nunca rendirme. Este año cumplen 50 años de casados con mi padre, Francisco Antonio Balart. Yo sé que mi mamá es feliz, porque comparte la vida con un hombre hermoso y generoso, que la ha hecho sentir siempre como que es la más importante del mundo: lo es para mí también. Gracias por todo, mamá, que sigas siendo feliz, porque esta felicidad es algo que has construido, día a día, te adoramos, muy feliz cumpleaños. 

8 de abril de 2026

Impulso perpetuo XVII

Ante el espectáculo cada vez más acentuado de gobernantes crueles, antidemocráticos y muchas veces estúpidos, valoro cada vez más la bondad, la valentía y las personas que piensan un poco. Leí hace poco “La buena terrorista” de Doris Lessing, una columna de Paul B. Preciado, y un texto que mandó una autora amiga para nuestra revista Simone, sobre Venezuela. Pequeños gestos inmensos que hacen toda la diferencia. A mí eso es lo que me extrae del foso en el que me hundo cuando veo las barbaridades de las que son capaces algunas personas. La violencia y la falta de democracia es algo muy grave. No se puede ya repetir eslóganes así no más. Estamos hablando de vidas humanas. He estado viendo también muchas películas alemanas, y suelen contener en gran medida reflexiones que subyacen sobre la culpa, la responsabilidad, la individualidad, los límites. Todo es tan actual, como que no parece real, no puede estar sucediendo. Qué pasa con nuestros valores de respetar la vida humana, la integridad, la democracia, la libertad. Como una amnesia de pronto. Y una sensación creada de hablar en el vacío, con tanto algoritmo, y organización de la información. Hay que pensar nuevas formas. Me parece urgente. Europa crea una ley para perseguir a la gente y poder dejarla presa en centros fuera de sus fronteras, una ley para vigilarnos y marginarnos lentamente. Como si nada. No puedo quedarme impasible ante la debacle. Es ahora. Pensar formas nuevas es ahora, perfeccionar la democracia, acordarse de los valores compartidos, despertar a que estamos hablando de personas siempre, y no hay diferencias. Un presente fuera de foco requiere pensar un poco más, atreverse un poco más, detener la violencia un poco más, poner atención a lo que cada uno de nosotros está haciendo, un poco más. Esto es algo de todxs juntxs. Ahora. Ni una sola vida menos, ahora. En qué momento la ideología y la pertenencia ciega. Tiene que haber un momento en que se produce el pasar al acto, olvidarlo todo, hay que identificarlo para poner coto a la locura de creerse capaz de cualquier cosa, demonizar a quien se tiene al frente. Es fuerte ver cómo las cosas obvias, por evidentes y silenciadas, se olvidan. En tiempos oscuros no se puede dar el brazo a torcer. Fuera todos los gobernantes con las facultades mentales perturbadas. 

7 de abril de 2026

Impulso perpetuo XVI

Estoy muy feliz con mi diploma anti ambigüedad. Haberlo cerrado todo. En tres meses me ocupé de tres asuntos que llevaba encima hace años. Jacques, Joseph, Judas. Insistían en seguir existiendo, a pesar de no proponer nada que sirviera para algo. Ni siquiera para mucho, si no para algo, al menos. Este año, premunida de los argumentos adecuados, les dije: no. Ni ahora, ni nunca. Todo fue por una nueva convicción interna: cerrar la ambigüedad en mi interior. La adquirí porque ahora tengo el convencimiento que puedo escribir sin estar fuera de la vida. Ya no van a ser incompatibles. Este año me permitiré a mí misma tener una pareja. Voy a compartir mi tiempo. Sin ceder en la libertad literaria, ni en el tiempo de lectura, habrá que reorganizar. A veces me sorprende mi pragmatismo. Nunca me identifiqué con esta manera de estar en el mundo. Debo serlo, no hay duda. Pero el amor me lo vivo como una avalancha, eso no cambia. Como algo totalmente imprevisto sin regla ninguna y con todos los caminos abiertos. Después de cuatro años de no tener a Jean, yo quiero amar. Estoy preparada. Quiero comprometerme. El haber interactuado con los extremadamente ambiguos y en ocasiones un poco torcidos, me hizo confirmar, cada vez, la bondad y transparencia de Jean, su escala de valores que es la más alta. Qué hermoso es. Pero estoy preparada y clara conmigo misma: quiero recomenzar. No pensé que iba a articularlo de manera tan diáfana y nítida, todo se siente distinto sin los lastres anteriores, y habiendo cerrado algo que me cambió la vida. Ahora volví a modificarme, llevo 45 años encima, y un presente asoleado. Libros en curso, estoy aprendiendo alemán, el activismo continúa, la música, la amistad, la familia. La esperanza no sé dónde la encuentro, pero está. Debo amar mucho la vida para saber que puedo volver a hacerlo. Tal vez 45 años es un buen momento para encontrar un equilibrio a las cosas. La integración de todos esos aspectos de uno que van sucediéndose como un caos verdadero. Yo quiero amar. 

4 de abril de 2026

Impulso perpetuo VIII

La existencia se ha encargado de enviarme todo tipo de noticias y señales fuertes este último tiempo, parece ser su especialidad. La mía no sé cuál es, pero voy recibiéndolo todo con humildad y delicadeza, para no pasar de largo. La vida es algo en movimiento, nunca se resuelve: eso ya lo entendí. Hay que considerar como posibilidad que a los 45 años llegue la madurez. Parece ser mi caso. No creo estar sola en esto. El pasar vital me ha dado demasiado duro encima: ya aprendí. En ocasiones siento que estoy constantemente pagando por antiguos pecados e indelicadezas. Sucedió algo misterioso, caí en cuenta que eso que veía en los demás estaba en mí (suena como a autoayuda, pero sucedió tal cual). Vi, lo vi, ahí prístino, que la ambigüedad estaba en mí, y entonces cómo liberarte de ella. Estoy haciéndolo distinto ahora, asumiendo con convicción mi responsabilidad. Hasta del más allá me llegan mensajes. Soñé hace unos días con Adam, unas peripecias largas, nítidas y muy reales. ¿Será una manera de comunicarse de quienes ya no están aquí? Al día siguiente en la mañana me escribió su madre, para contarme que están terminando su exposición de fotos virtual, un espacio precioso, con unas fotografías sublimes, como las que Adam tomaba. Todos estos días siento que está aquí en mi casa, pero no tengo cómo comprender qué quiere decirme, lo intento, sin embargo. Espero no esté tratando de advertirme sobre algo, pero nunca había sentido su presencia tan fuerte, es como que está sentado en mi salón mientras escribo. Le hablo, pero es una conversación extraña porque no escucho sus respuestas ni sus preguntas. Sólo puedo imaginarlas. Ayer tuve un encuentro irreal y mágico, me tomé un café con Joseph, después de tres años de silencio de mi parte. Fue una sorpresa absoluta. Tuve una sensación de reconciliarme con la existencia. No pensé que él fuera capaz de eso. Su mirada profunda y cristalina me aniquiló por completo. Fue una especie de jaque mate sin clemencia. Su belleza volvió a desencajar todas mis certezas. Sus frases al sol y su sonrisa. Lisa, hazlo bien, me dije, no seas como siempre eres, cambia. Estoy poniendo de mi parte, lo prometo. Quiero ser una persona mejor. Le pedí hoy a la vida, no sigas disparándome en el suelo, te juro que estoy poniendo atención y todo será distinto. Comprendí algo hoy respecto de Adam, éramos iguales, por eso estábamos tan cerca: malditos barcos a la deriva. ¿Me respondes algo, ahora? No te escucho así. Háblame de alguna otra manera. Aquí estoy, atenta. Ayúdame porque tengo que ser una persona mejor, cuéntame lo que has aprendido. Conversar con Joseph me hizo darme cuenta cuánto me he modificado. Fue un alegre reconocimiento. Caminar con él de la mano, besarlo al borde del río, como una novela de esas bien románticas. Pero a mí la tregua no me alcanza. Debe ser muy profundo el alcance de mis errores. Hoy me escribió Grégory para decirme que quiere llevarme a bailar la próxima semana. Le dije que podíamos tomar un café, no aspiro a grandes fiestas en este presente que quiere a toda costa indicarme algo. Me da la sensación que he recibido en el tiempo la dosis correcta para aprender algo, pero seguir amando el pasar por los días: no tengo dudas en ese sentido. Existir es de una fineza superior, todo transparente como este día de reflejos en el agua azul profunda y brotes en los árboles. Decidí que tenía que actuar en consecuencia con mi nueva naturaleza anti-ambigua. Le dije a Joseph que todo sería distinto y asoleado. Estoy probablemente bajo su embrujo absoluto. Casi no puedo articular palabra hoy. Y él queriendo cerrarlo todo por las antiguas tempestades. Cómo se hace. ¿Hay que nacer de nuevo? Cómo. Adam, ¿estás ahí, me ayudas? Hazlo por nuestras eras completas de desastres, ayúdame, estoy sola en esto. No sé cómo se hace. Pero tengo voluntad. Un ánimo resuelto. ¿No es suficiente? ¿Qué me hace falta? ¿Modificar el patriarcado? ¿Eliminarlo? Hacerlo añicos dentro de mí misma. Cuál es el verdadero problema. ¿Son varios? ¿Los demás, yo misma, todos juntxs? Joseph, no me dejes ahora, como diría Pink Floyd. No digas que esto es el final del camino, como canta Roger Waters. Tu belleza, un fiel reflejo de la belleza de la vida. Don’t leave me now.

2 de abril de 2026

Impulso perpetuo VII

Este año las grandes preguntas se han instalado cómodamente en el salón de mi casa. Ya no se mueven. Pienso que 45 años es un punto de quiebre. No está ya una para cualquier cosa. Qué es vivir: o sale alguna buena respuesta o no se puede continuar. Dejarlas para más adelante: ya no. Un buen día el statu quo hiere. No antes. Es un buen día. Porque siempre hay cosas que resolver. Un buen día la ambigüedad parece absurda. Se requiere cerrar y avanzar. Modificar. Yo estoy en ese trance. Me agrada. Me siento movilizada. El movimiento es lo que me motiva a mí. Lo estático me pone muy nerviosa. Mi creatividad nace de lo que no comprendo. Hay algo que sé ahora: nunca vuelvo atrás. Sigo adelante. Esta vez no es la excepción. Los nuevos horizontes son los que me dan el impulso. Es perpetuo.