31 de mayo de 2025

Closer to the heart

Crear una nueva realidad, más cerca del corazón, canta Rush. Tú puedes ser el capitán, y yo dibujaré el mapa, navegando hacia el destino, más cerca del corazón, cantan. Yo observo más cerca del corazón. Escucho Rush y me emociono, más cerca del corazón. Muy cerca del corazón. Te llevo muy cerca del corazón. Esa nueva realidad de la nueva tierra asoma su cara para observar lo más cerca posible del corazón. En esa barca de la realidad estoy cerca del corazón. Lo conozco a ese corazón indómito que no se pliega. Ese deseo difuso que se evapora al atardecer para volver a constituirse en la mañana del sol incandescente.  

27 de mayo de 2025

Parnaso (Libro)

Parnaso

Parnaso es una novela. Es la tercera parte de Lisa Barthes y la ficción. Así: Lisa Barthes y la ficción, Cosmos, Parnaso

Lisa Barthes y la ficción

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_lisa_barthes_y_la_ficcion_02-05-25.pdf

Cosmos

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_cosmos_18-05-25.pdf

Parnaso

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_parnaso_26-05-25.pdf



Parnaso

Tal vez tengo que decidir si mi vida va a ser sólo literatura. Si todo va a ser ficción. Si hay un límite. Si habrá otras cosas. Toma el camino largo a casa, canta Supertramp. La ficción es mi casa. Ese Parnaso donde me instalé hace un tiempo. Esa montaña de poetas donde voy comprendiendo la vida. A veces. A veces no entiendo nada. Veo acciones, palabras, y me quedo en la perplejidad. Voy recogiendo flores y sintiendo el aroma en mi cuerpo. Observo la vida. Creo que esa es mi ocupación principal. Desde el monte, con la música, observo la vida. Llevo en mí la poesía. Lo de esa montaña lejana me parece absurdo. Yo estoy adentro de la vida. Muy adentro. La observo desde adentro. Horizontalmente la observo. Horizontalmente la tomo. Horizontalmente la voy construyendo. El arte está hecho para modificar. Para soñar, modificando. Yo modifico observando, escribiendo. El Parnaso no es sólo una montaña, es también un prado, donde nos instalamos a compartir la poesía. La poesía está en todas partes. La torre de marfil pasó de moda. Ahora es ese prado de la perplejidad. Ese prado de la poesía. Ese prado colectivo de la nueva tierra. La literatura acompaña a la nueva tierra. Le da forma para que pueda interrumpir la dominación. En el Parnaso construimos la vida. Ese prado de la literatura de la belleza y las respuestas. Ese prado de la observación atenta. Encontramos nuestro lugar, tomando el camino largo a casa. El Parnaso es la casa de la literatura. De los nuevos significados y del deseo. La casa de las novelas y el gozo. La montaña está, en realidad, en nosotros. La ficción la llevamos a todos lados. Es la chispa que enciende. 

26 de mayo de 2025

Los mapas del deseo

Tengo en mi habitación sólo dos imágenes en las paredes, suspendidas con alfileres: dos grandes mapas. Uno del mundo y uno de Lyon. Antes de acostarme los observo un momento, sentada en la cama, apoyada en la pared. Uno a cada lado de la cama. Tal vez así me siento parte de algo y no me pierdo. Quiero saber dónde estoy, a lo que pertenezco. Quiero saber de qué maneras se despliega mi deseo. Dónde está, por dónde va. Hoy se cumplen dos años desde ese misterioso día de la caja en Barcelona, con Loup. Es también el cumpleaños de Henri, mi primer marido. Tuve una pelea con Maël. Es mucho más testarudo de lo que parece, y como yo también, la combinación puede ser explosiva a ratos. Bueno, el que tiene temperamento y no tiene templanza eres tú finalmente, le dije. Dejó de hablarme la mitad del día. Más tarde me mandó Enjoy the silence de Depeche Mode en el piano, con su voz, que me fascina. Me hizo reír. Escucho ahora Supertramp a todo volumen con una cerveza, en el salón de mi casa. Un momento perfecto. Pienso en todo lo que lleva este día, todo ese pasado y ese presente lleno de música. Maël me envía ahora Two of us de Supertramp, escucho de nuevo su voz. Dime, ¿hacia dónde vamos ahora?, dice la canción. ¿Qué vamos a descubrir?, en esta tierra salvaje, que esta soledad nos trae, mientras seamos dos, seguiré adelante, ¿no vas a abrazarme?, dice la canción. Hacia dónde vamos. Observo los mapas. Los mapas del deseo. Sí quiero estar en sus brazos, no es eso. Pero es tan obstinado. Quiere todo como él lo estima necesario, igual que yo. Chispas, del deseo tal vez. Dejo que los mapas me recorran, para entrar profundamente en ellos. Fundirme con la tierra y la ciudad, fundirme a su deseo, que está tan cerca del mío. Me hace reír, al mismo tiempo. Tal vez los grandes mapas son sentido del humor y deseo, y luego perderse, en la espontaneidad del existir, música a todo volumen y la calma de la noche. Pertenezco a los grandes mapas. Los del deseo presente. 

25 de mayo de 2025

Los deseos a la bruja II

Tuvimos una conversación con la bruja. Una larga conversación. De esas que comienzan a mediodía y terminan a altas horas de la madrugada. Sí, me encanta conversar, esto puede ocurrirme fácilmente. Bueno, al parecer a ella también le gusta conversar, en cualquier caso lo importante es que pudimos entendernos perfectamente. La bruja de la escoba me preguntó por mis deseos, y yo escuché también los de ella. Lo que quiero es: nada. Le dije. No es verdad, no dije eso. Lo pensé, eso sí. Quiero literatura, le dije. Quiero ritmo, quiero cadencia, quiero el parnaso, el mar, el cuerpo, la vida. Quiero una historia que se escriba con letras doradas, un cuaderno dorado, donde todo esté integrado, como el de Doris Lessing. Al final, lo que nos mueve es el deseo. Dejamos de desear y se acerca la muerte. Deseamos en todo tipo de ámbitos. Deseamos incesantemente, y vamos creando mapas de los deseos. Para encontrarlos, para no perdernos. El deseo puede llevarnos a la locura. Es necesaria la templanza. Saber desear, sin perder la cabeza. Bruja, ¿me ayudas con esto? No nos leamos la suerte entre gitanas, le dije. Es una expresión de mi tierra. Ella lo entendió sin necesidad de explicaciones. Nuestra complicidad era absoluta. Cómo ves a este presente, bruja, le pregunté. Me habló un largo momento sobre la magia y sobre el infierno. No pierdas tu centro, me dijo la bruja. Escribe. Es lo que hago, le respondí. ¿Tú?, quise saber. Concedo deseos, me confesó. De acuerdo, afirmé. Vámonos en la alfombra mágica a China, le propuse. Vamos, me contestó. La respuesta era inesperada. ¿Y los deseos? Da lo mismo eso, me dijo. ¿Ah sí?, quise saber. Te lo juro, respondió. Era de una claridad que daba miedo. Bruja, yo deseo, le expresé. Olvídate, me interpeló. Bruja, necesito desear para escribir. Me miraba, impasible. Me parecía fascinante su manera de describir las cosas, su agudeza, su clarividencia, su precisión. Quiero ser como tú, le dije. Reímos. Me propuso acompañarme hasta la casa, era tarde. La invité a subir. Así es que este es tu templo, afirmó. Aquí es, le dije. Aquí está la alfombra mágica que me concediste, hace casi cuarenta años. La exploración me trajo hasta aquí. Le pregunté si quería una cerveza, asintió. Nos sentamos en el salón. Nunca terminan estas conversaciones. Seguimos conversando. Comenzaba el nuevo día. Se iba la noche. Quédate, le dije. Redactemos esas líneas. Todo comenzó contigo. El deseo de literatura es el deseo de la carne, el deseo del espíritu, el deseo. Lo que experimento todos los días, muy cerca, muy cerca, de los sueños. Los nuevos sueños. Después de los cien libros y los cuarenta años son otros sueños, más cristalinos, más serenos, más ambiciosos y rellenos del éxtasis real. Sueño con ficción y amor. Mucha ficción y mucho amor. La bruja se queda despierta hasta tarde y lo anota: escribe. Tomo la hoja, la pongo en mi pequeño altar de la entrada. El deseo es un talismán. Una bola de cristal. Una alfombra mágica. Un templo. Una travesía. El deseo. Yo deseo. 

Los deseos a la bruja

Mi madre me envía un pequeño texto que escribí a los siete años, respondiendo a la pregunta: qué le pedirías a la bruja si pudieras pedirle cinco deseos. Por supuesto, yo pedí más. Nunca puedo tener suficiente, como la canción de Depeche Mode. Observo mis peticiones a la bruja de la escoba: yo le pediría un viaje a la Antártica, un pasaje a la China, una caja de bombones muy grande, un cofre con joyas (collares, pulseras, rubíes y anillos), un set de belleza, un vestido largo negro, de terciopelo con lentejuelas, un abrigo de piel, zapatos de gamuza altos, una casa en la playa con grandes ventanales y con vista al mar, un Chevrolet automático, y una alfombra mágica. Fin de la solicitud. A los siete años ya tenía una claridad meridiana respecto a mis deseos: perderme en alguna parte lejos, mirar el mar, vestirme como Cruella de Vil, y viajar en alfombra mágica para que la existencia tuviese alguna gracia. Todo estaba ahí. Todo estuvo desde el primer momento. China y la Antártica, supongo que quería decir: algún lugar desconocido e intrigante. Lo de la alfombra mágica me causa gracia porque es la última línea, cuando ya se iba acabando el espacio, necesitaba asegurarme los viajes mágicos, para que no faltara el desplazamiento ni lo extraordinario. Mis peticiones son puro movimiento. Vaivén de las olas, travesías por lugares inexplorados o exóticos, en mi concepto infantil. Disney, ni hablar, yo quería ir a la Antártica y a China, y luego la alfombra mágica, para ya poder ir recorriendo con calma, todo lo otro, siempre ahí estacionada la alfombra para partir, o el Chevrolet (automático). Siempre tuve una fascinación por el mar. Esta no ha hecho más que crecer, lo que es bastante decir, porque ya era inmensa. Pero no quería el barco, quería observar el mar, sentirlo en mí, hacerme grande, hacerme libre, subir a la corriente con las palabras, perderme en la contemplación del paraíso. Las vestimentas me parecen teatrales y seductoras, encontradas en cofres, como un juego eterno, y los chocolates, para asegurar la dulzura del camino. Hace cuarenta años ya todo había sido escrito. Debiese tal vez volver a responder esta pregunta ahora. Vestida de Cruella de Vil en China montada en la alfombra mágica: qué quieres, Lisa, qué esperas de este nuevo presente. Creo que debo comenzar un nuevo texto para responder esta pregunta. Hablar con esa bruja, hablar con ella a solas, contarle este largo viaje, saber cuál ha sido el suyo, y saber quién soy, casi cuarenta años después de tantos deseos fantásticos. En la bruja encuentro la esencia de mi naturaleza nómade y exploradora. Con ella redacto la literatura. Que no es otra cosa que una lista de deseos por alcanzar. Que no es otra cosa que una lista de deseos por vivir.  

24 de mayo de 2025

La seducción

La seducción es sin duda un juego, como todo lo importante. Todos nacemos gritando, canta St. Vincent. Me he subido a unos brazos abiertos, que se han convertido en una camisa de fuerza, corazones robados que no necesitaba, pero vaya, siempre he pagado por ellos, canta St. Vincent, he escalado cables eléctricos y montañas, solo para sentirme por encima del suelo, he salido a rastras de tus casas sagradas, sólo para sentir cómo me palpita el dolor de cabeza. Es una hermosa descripción del proceso. Bien. Intentemos otra descripción. De eso se trata la seducción. Jugar a crear. Imaginar algo, en el terreno de la ficción. Compartir esos espejismos. Olvidarlo todo. Llevar a otro al olvido. A mí se me da bien esto, porque yo creo en esas ficciones. Creo firmemente en ellas, como si el pasado de mi existencia fuera una trama de historieta. Un cuento planetario con miles de entradas y salidas. Algo que voy reinterpretando e intentando entender cada vez con mayor profundidad. Lo observo con afección, pero con distancia. Me someto a lo nuevo que va apareciendo como si se me fuese la vida en ello. Juego el juego hasta la nave espacial. Hasta despegar con ese cohete del cosmos. Luego observo por la ventana el paisaje. Disfruto el viaje. Disfruto el juego. Disfruto la sustancia de los días. He aprendido a dejar de lado los personajes de las historietas anteriores. Antes no sabía hacer esto. Era, sobre todo, muy cansador. Creo que en el fondo perdía el tiempo. Teniendo más de cuarenta, optimizo. Como alguien pragmático. Nunca pensé que mi calidad de escritora me lo permitiría, pero: sí. Ahora sé que son dos cosas independientes. Que las historias pueden cerrarse para abrir otras. Oasis. Viaje en nave espacial. Música. Me asombra el teatro de la vida. Esa capacidad de darlo todo, por una pieza, por un libreto que esconde el sentido. Lo que busco es eso. Los libretos que tienen significado, además de la belleza de las palabras. Tal vez por eso dejé de lado las historietas antiguas: ya no tenían sentido. La premura de los cuarenta ha agudizado mi visión. Juego ahora seriamente. Lo dejo todo en la página, en el libro, en la historia. Los obstáculos inconducentes me ponen nerviosa. Necesito que el humor pueda desmontar las estructuras. Entonces juego. Porque el humor es también un juego. Una seducción a la vida. Para que esta se entregue, como un amante experimentado. La seducción es esa parte del juego que traza las líneas para todo lo demás. La estructura de la ficción. La música de la ficción. Las verdaderas historias juegan a que esto no termine. 

Golliwog’s Cakewalk

Soy una escritora tratando de relacionarse con el mundo real y las dificultades son serias. Creo que la pieza Golliwog’s Cakewalk de Debussy lo resume bien. Todas las peripecias necesarias. Si uno la escucha atentamente, todo está ahí. Como si uno fuera una parodia saltarina de uno mismo. Una especie de sketch cómico que se alarga. Una manera de dar liviandad a lo pesado. Los códigos los sigo, aunque me causan gracia. Soy al mismo tiempo los compositores y los imitados. Escribo mi propia danza para reírme de mí misma. Por momentos se suaviza, por momentos sube. A veces una mano hace acrobacias para pasar por encima de la otra y llegar a la nota correcta, sin pasarla a llevar. Estoy llegando a límites insospechados. Ayer pensé qué pasaría si Maël y yo dejamos de vernos. Pero aquí viene lo interesante, a continuación no pensé en cómo me sentiría, si no que me puse a elucubrar en relación cómo transformaría su personaje. De pronto me detuve en mi reflexión: Lisa, estás llegando demasiado lejos con la ficción. Me puse a reír. Como si me hubiese puesto a bailar Golliwog’s Cakewalk. Fue igual. Lisa, haz un esfuerzo. Que no todo sea igual a Golliwog’s Cakewalk. Que no todo sea exactamente igual. Innova un poco. Dejé de bailar. Fui a tocarle en el piano Cuando comenzamos a nacer, de Charly García, y Love of my life, de Queen, y se las mandé. Supe que le llegarían los mensajes cifrados. Que en lo profundo eran saltarines como un cakewalk, en staccato. Tampoco nos pongamos tan serios, pensé, Cuando comenzamos a nacer, con la seriedad de un staccato brincador. Love of my life con la solemnidad de un baile de fiesta. Bueno, tal vez todos estamos de acuerdo que esos bailes de fiesta nos ayudan a seguir. Para tener nuestro gran pastel al final, como recompensa, como en esas celebraciones del cake-walk. Yo voy preparando esos pasteles para celebrar. Esperando que me llegue uno. Esperando acertar en algo. Que sea más que bailar saltando. Componer esos brincos inquietos. Ese componente de juego de la vida. Esa fiesta que voy desplegando, la que organizo sola y luego invito gente, o llegan sin ser invitados: esto es fantástico. Como Maël. Una fantasía acróbata. Una fantasía teatral. Una fantasía musical. Los bailes nos ayudan a seguir y componer. Hasta que un día están dentro de nuestro espíritu, y vamos bailando como cake-walk, para celebrar, porque el juego y el amor, era algo real. 

23 de mayo de 2025

Bajo el signo de la tormenta

Estoy contenta de haber llegado hasta los cuarenta años. Me encantaría continuar. Esta ficción agradable. Creo que me gusta pensarlo como ficción porque su realidad es tan inexplicable como enigmática. Me va mejor en lo otro. Selecciono, organizo, modifico, invento. En el otro plano, suelo ser una catástrofe. Se me viene encima. Pero disfruto. Eso sí. Disfruto mucho. Hoy estuve tocando un poco de música, fue emocionante. Escuchando a Maël en el piano cantando. Hemos estado hablando acerca de qué es ficción y qué no, sin llegar a conclusiones perentorias. Como siempre en estas cosas, me lo vivo con curiosidad, alegría, y agonía. Me río, por supuesto. Oscilo, como todo el mundo supongo. Del sentido al sinsentido. De las dudas a las certezas inestables, al barco a la deriva, al prado florido. La diferencia es que ahora es mucho más liviano todo. Tal vez pasando los cuarenta hay una sensación de haberlo logrado, y luego ya viene el gozar lo que queda. En una semana exactamente son tres vueltas al sol completas desde la inmersión de Adam, a los cuarenta años. No tengo tantas respuestas en relación a esto. Tal vez ni hace falta. Imagino que él está contento que yo sí pasé aquella edad, y sigo remando aunque a veces sea apenas, y otras veces, montada en una estrella fugaz. Es lo que dice Maël. Siente que avanzamos como estrella fugaz. A mí me parece normal. Lo que al mismo tiempo me genera interrogantes, porque no sé cómo más podría ser. Es como que tengo una sola velocidad: supersónica. Es la intensidad de la literatura tal vez. La concentración absoluta donde todo debe ser evaluado. Donde hay que observar hasta lo último que se asoma tras la colina. Lo que sí es bastante particular es que año tras año todo vaya repitiéndose. Con ciertas variaciones. Pero cada día es distinto, en algún sentido. Eso debe ser lo interesante. Lo que me mantiene arriba del barco. Le debo a la curiosidad tal vez esta estadía más allá de los cuarenta años. Secretamente voy celebrando cada día el poder estar todavía aquí. Le da una sustancia que me alegra, a los días. La primavera y la promesa del verano son siempre una motivación, y el miedo al otoño y al invierno nunca he podido sacármelo de encima. Hablé con Troy estos días y acordamos que nuestro vínculo poético podía tomar la forma de la amistad, luego de un silencio de meses, por iniciativa mía. Él estaba contento de esta propuesta. Me asombra mucho la consistencia de los distintos vínculos y la manera como comienzan, prosiguen, a veces se transforman, a veces se terminan. Cuarenta años no es suficiente para haber abarcado todas las sustancias posibles. Es como una playa interminable que se pierde en el infinito. Los asuntos humanos suelen tener esa consistencia. Lo que pone muy nerviosas a algunas personas. Todo intento de organización es vano y a veces criminal. En la placidez de este atardecer primaveral en Lyon quiero pensar que vendrán tiempos mejores para todxs, sin excepción. Que las personas que quedan van a poder llegar por lo menos a los cuarenta, sin contar a aquellos que van a aparecer, para seguir reflexionando acerca del presente, siempre tan misterioso. Yo me lo vivo como asombro, con curiosidad, como un gozo. Me siento cansada, pero siempre me queda el optimismo y la esperanza. La sensación de que el mundo y yo misma, vamos mejorando en aspectos importantes. Quiero creer. Quiero confiar que me queda tiempo. Que el esfuerzo podrá estar constantemente llevándome a nuevas cosas para vibrar al ritmo de los latidos de la tierra y del arte, como ha sido hasta ahora. Tal vez el signo de la tormenta está teñido del agradecimiento de poder llegar hasta el fondo de las cosas, con la expectativa de poder salir del agua siempre, o no. Bajo el signo de la tormenta nutro mi creatividad. El gozo es infinito, como esa playa interminable, donde Adam debe haber caminado tantas veces. Me gusta imaginármelo sentado en la arena, observando el océano, actividad que es una de mis preferidas desde siempre. Observar el mar. Creer adivinar su fuerza, sin tener idea. Sin vislumbrar nada lo que puede hacer o de lo que puede ocurrir, igual que en el existir tembloroso al que nos arrojaron, o que llegamos, o que nos invitaron. No pedí nada, pero ya que estoy aquí mejor celebrar. Mejor llegar a la cima del arte. Con un sentido todo es más fluido, como el mar. El signo de la tormenta a veces perdona, sé que Adam estaría de acuerdo conmigo. Tal vez lo que me gusta de la ficción es que puedo seguir imaginándolo, y sé que él estaría de acuerdo en caso de saberlo. La ficción es bondadosa, y nos entrega escenarios imaginarios para poder suavizar los que son más reales, o reales del todo. Quizá con Maël lleguemos a esas respuestas, dónde estaba ese límite de la ficción, dónde comienza otra cosa. Pase lo que pase, ya que llegué a los cuarenta, quiero, sin embargo, aferrarme a lo vivo. Que me perdonen por hoy los que ya no están. Necesito seguir imaginando para vivir. Necesito saber lo que es real. Para no perderme definitivamente en la ficción, una especie de locura divina, ancestral, poderosa e irrenunciable. Bajo el signo de la tormenta imagino para llegar al final de lo que mi cuerpo pueda entregar. Para todo eso que queda, que es la vida que hemos vivido, y la que nos espera. Yo sigo imaginando, y porque ese fue mi destino: siempre bajo el signo de la tormenta. 

22 de mayo de 2025

Ragazzo Sauvage de la Rivière

Maël va tomando distintas formas y la ficción no deja de extenderse. Vamos creando un laberinto. ¿Se puede salir después? Es la pregunta que nos hacemos. Qué temperamento que tienes, me dice. Me hace reír. Sin templanza y con temperamento, dice. Cierto, respondo. Si no eres tú será otro, le digo. Ah, tienes las ideas claras, Lisa. Para que veas. Me responde en latín y me hace reír. Lisa Miller, dice, como Henry Miller, soy la resurrección y la vida, síganme, o callen para siempre. ¿A eso te refieres?, me pregunta. A eso, le digo. Ahora es él el que ríe. Sonrío. Porque no sé hasta dónde se extiende la ficción. Nunca es posible tener ese control. Mon Ragazzo Sauvage de la Rivière, le digo, porque me manda una fotografía bañándose en el río, sin nada más que el aro que tiene prendido al lóbulo de la oreja. Gracias, le digo. Sabe que ese tipo de cosas aceleran mi pulso. Se lo digo, aunque ya lo sabe. Vuelve a reír. Tal vez lo importante de la ficción es que hace reír, de alegría, de emoción, de agitación, de inquietud. Le hablo de la selva interminable. Donde lo encontré. En realidad no lo encontré. Él me encontró. O nos encontramos. También sucede. Oscilo entre las ansias de su cuerpo y el amor que me suscita. Sé que a él le pasa lo mismo porque me lo dijo. Lo bueno de la ficción es que se puede decir lo verdadero. Se puede transformar en ficción lo verdadero. Se puede extender al infinito. Hacer crecer al laberinto, para nunca más poder salir. Para no poder distinguir una cosa de la otra, aunque luego todo se disipe y cada elemento esté en su compartimiento. Esto da lo mismo, ahora lo sé. Lo importante es extender la ficción, hasta que sea una historia. Bañarse en ese río. Sumergirse profundo, como Adam, aunque luego nos lleve a la muerte. Porque antes de eso hubo la vida. Hubo una inmensa vida. Una selva interminable, un parnaso explorado y vuelto a explorar. Hasta tener suficiente. Hasta que se manifieste la esencia. Hasta saber quiénes somos, y hasta dónde podemos llegar. El río de la ficción corre por nuestras venas y nos da la sensación de ser simios bañándose en el agua cristalina. Quiero ser un simio. Bañarme en ese río. Crear la ficción para hacer la historia. Esa historia cotidiana del río, de la corriente avanzando cauce abajo. Lentamente avanzando, y a una velocidad planetaria. Hay momentos en que sé con precisión por qué elegí este oficio. Porque la ficción es lo verdadero. Lo que quiero vivir contigo. 

Los ríos salvajes

Hablamos de ríos salvajes y junglas con Maël. De pronto me dijo: Je t’aime. Me sorprendió mucho. No me lo esperaba para nada. Por supuesto la nave espacial despegó inmediatamente. Desde luego en la ficción salvaje ese terreno es parnaso, igual que la selva. Sexy-wild fiction, me dice Maël. Yo voy por el quinto planeta de ese cosmos que me pilló desprevenida un día de abril estando yo en una reunión social con una barbacoa. Ahí estaba yo, y luego al terminar esa barbacoa fantástica donde se abordaron variados temas estrictamente relevantes sobre el existir, entonces unas palabras desde el cosmos. De qué se trata esto, me dije. Me intrigaron las frases que componían esa comunicación inesperada. De qué se trata esto. No daba con nada específico. Me declaré perdida. Clara me dijo, Lisa, está muy claro. ¿Ah sí?, le pregunté. Sí, respondió. No te escribe por eso que dice, afirmó Clara, te escribe porque quiere verte. ¿Ah sí?, pregunté. Mi ingenuidad no tiene límites a veces, Clara, le confesé. Contéstale, me dijo. ¿Ahora?, pregunté. Necesito unos días. Para entender. No hay nada que entender, Lisa, dijo Clara. De acuerdo, le dije. Empezamos a desvariar en relación a respuestas posibles. Nos pusimos a reír. Siempre hacemos eso. Reír. Los ríos salvajes hacen reír. De alegría, de emoción, de agitación, de inquietud, de selvas interminables, en definitiva. Me declaré habitante voluntaria de la selva interminable. Un simio verdadero. Dispuesto a todo. Igual que Starman Grimes, igual que Traviatitta Jungle. Dispuestos a todo. Explorar, explorar, esa selva, y esos ríos salvajes y planetarios, donde el cuerpo se sumerge para sentir el agua en la piel y calmar la exaltación constante. Dispuestos a todo. 

Traviatitta Jungle et Starman Grimes : un fantasme

Lo bueno de las historias es que pueden escribirse. Es que escuchando su voz se van escribiendo. Sintiendo sus palabras en mi cuerpo. Porque así se van sucediendo las palabras, van trepando por mi cuerpo que florece. Lo voy sintiendo en cada etapa. Sube desde los pies hacia arriba, para evaporarse cuando llega a lo más alto. Tal vez ahora sé que es ficción, y me fascina de esa manera. Porque puedo imaginar la historia hasta donde efectivamente va a llegar. Como si la ficción fuera en definitiva una intuición que luego se muestra verdadera. Mi cuerpo es real. Su cuerpo es real. Aunque está en las estrellas. Se pasea por los planetas. El mío está en el parnaso. En la ópera de la jungla. Una que contiene ingredientes disímiles. Tragedia, romanticismo, y plantas carnívoras. Bien adentro el signo de la tormenta. Eso siempre. Juntos en ese tornado eléctrico. Lo único real. La única fantasía que me enciende. La que me promete la explosión. Puedo sentirlo. La historia se va escribiendo. Lo único real. Esas ansias salvajes de su cuerpo. De su voz en mi cuello. De su afán de encontrarme. Para escribir juntos la historia planetaria. Porque fuera de este mundo es donde las cosas suceden. El dominio de la ficción. Lo verdadero. Cruzar las fronteras, cruzar las fronteras, llegar. Escribir en tu piel esas historias de la fantasía. Es lo único real ahora. 

21 de mayo de 2025

La invitación al parnaso: un fantasme

He estado llegando a conclusiones interesantes: no se puede escapar de la ficción. He estado llegando a primaveras interesantes: fantasías en flor bajo el signo de la tormenta. La ficción tiene eso de que te somete a compromisos. Entregas contigo misma sobre las que después se genera una deuda. Estos pactos generan cientos de riesgos. Tendrás las fantasías pero habrá la invitación. En el horizonte el parnaso y todo ese ancho mar a cruzar. Todo ese océano de las profundidades. Quién mencionó esas confidencias que arrastran al risco. Es la música. Esa comunicación que dice: de la ficción no se escapa. Entonces someterse al signo de la tormenta una vez más. Porque ya está en tus venas. Porque la energía de Adam está tal vez en ti misma, y entonces lo fulminante termina por perderse en el cosmos. No habías barajado esa posibilidad. Entras en el laberinto. Entonces te dices, como St. Vincent: prefiero que el énfasis esté en la música. Ahí es dónde voy a buscarlo. Ahí es donde la energía va a concentrarse. La invitación al parnaso es una fantasía. De esas que se concretan en el ámbito planetario. Te vuelves carne y estrépito. La materialidad un ansia. Una locura de la razón agitada. Frutillas para sentir lo dulce. Uvas para sentir lo que podría ser ese viñedo esperando un momento. Volverse carne es con riesgos. La ficción lo permite. Está dentro del contrato. Ese acuerdo implacable da flexibilidad al vaivén posible. De pronto todo se vuelve liviano. Como si ya no te perteneces. La ficción te guía y su camino es atractivo como el aroma de la piel, dulce como el vino, como una frambuesa extraviada en un prado. Ser carne es una especie de parnaso indeterminado. Es una fantasía que sienta las bases de la ficción perdida en una colina. Dónde estaba esa ficción. Era la que estaba buscando. Encontrarla es el inicio de la fantasía del parnaso vacilante. Toda ficción contiene una ambigüedad. En su seno está la alabanza a la carne. Porque es tal vez desde ahí que todo comienza. 

18 de mayo de 2025

El malestar

Creo que sucede así, un día, un buen día: te cansas. Entonces luego ya es otra cosa. Un día, no tan bueno, tocas fondo y luego identificas que ya no puedes llegar más abajo. Con dificultad te levantas de la cama, te preparas un café, te sientas a observar el día, oscuro porque es el invierno y la luz por ningún lado, y te dices: parece que algo no va bien. Tu empatía habitual por ningún lado, la paciencia es algo inexistente: qué pasa. ¿Pasa algo?, te preguntas. Sí, te respondes. Qué es lo que pasa. Estás a un centímetro de tomar el arma de fuego que no tienes y abrir ráfaga contra todo quien se cruce a importunarte. Desde esa melancolía bajo el agua viene de pronto una sensación de una especie de día de furia. El malestar se transforma en acción. Porque ya basta. Qué pasa. Luego es otra cosa. Identificas. Dejen de matar, de torturar, de explotar, ya no quieres que te roben, ni que te violen, ni que abusen de tu empatía, ni de tu cuerpo, ni que te pidan mantener relaciones sin motivación, o sin reciprocidad, no quieres que te manipulen, ni que te traten como idiota, ni que te traten como persona de segunda categoría por tu origen, o por tu sexo, ni que mientan en relación a ti o tergiversen la información, ni que te agredan sin motivos, ni que te mezclen en cosas que tú nada que ver, ni que te impongan maneras de proceder, ni que presenten leyes que perjudican a todas las personas que conoces, ni que deporten a gran parte de las personas que conoces, ni que las utilicen, y sobre todo no quieres que sigan matando a los seres humanos. A continuación identificas todo eso que no te gusta de ti, tu parte de la responsabilidad, todo eso que te condiciona a actuar de una cierta manera, que puede en ocasiones herir a los demás. Entonces te dices: hay que hacer algo. Como eso siempre es difuso, te pones a ordenar la casa completa, hasta que parece terreno minado luego de varias excavaciones, lo afrontas todo, absolutamente todo, que venga lo que sea necesario, aquí hay que intervenir, al mismo tiempo buscas las zapatillas de correr y sales a correr para aliviar ese dolor de cabeza primaveral que te persigue, lees la pila de periódicos atrasados, lo modificas todo, y te dices: es ahora. Esto no puede seguir así. Entonces todo se va aclarando, se va despejando, y tienes más respuestas. Sobre todo, llegas a una nueva serenidad, muy cercana a la furia del día del arma de fuego, pero transformada. Vuelves a sentarte con un café, y observas este nuevo presente. Vas a la ópera, una pieza llena de tormentas y fuerza, que te deja admirativa como no lo estabas hace tiempo, y te dices: existe. Se puede. Se puede. Vas viendo tu cantidad de energía y sabes que vas a tener que organizarla bien. Eres muy organizada. Eso no cambia. Pero tomas una linda decisión: ya no más de todo eso que aniquila tu energía. La situación es demasiado desesperada para que se vaya en disputas inconducentes, la justicia y el arte siempre esperando llegar a su tormenta cúlmine. La gran ola que pueda llegar lejos, como un llamado desde dentro de la tierra, volcanes en erupción que modifiquen el eje. Se acabó. Al fin de cuentas, estás tal vez en la mitad de tu vida. Si no eres capaz de observar atenta, entonces cómo. Entonces cómo llegar a la fuerza de esa ópera, a la potencia de esa orquesta, a la modificación de todo lo imaginable. No, no viniste a perder el tiempo. Llevas en tu cuerpo cuarenta y cuatro años de avalancha. Tu adorado Adam te dejó a mitad de camino porque ya lo había hecho todo. ¿Y tú? ¿Hacía dónde diablos vas? ¿Qué estás esperando? Tal vez te queda poco tiempo, Lisa, porque acuérdate que los de la especie de la tormenta de relámpagos eléctricos no les va tan bien en ese aspecto. El aspecto tiempo falla porque la intensidad tiene costos. Tú lo has conocido todo y puedes decir lo que tienes que decir. Ya lo has hecho, ¿no? Puedes hacerlo. Sabes perfectamente que lo puedes hacer. La pregunta es cómo. Esa es la pregunta eterna. La pregunta importante. La que te haces todos los días con un café al sol, o entre las nubes, o incluso en la lluvia de tornado que gira. Tu serenidad es más profunda. Esa gran ola ya no alcanza los peces que nadan en tu interior, esos que se llevaron a Adam. Tu océano ahora es calmo como un amanecer de mayo boreal escuchando St. Vincent y escribiendo porque es lo único que te interesa. Que alguna bondad haya de haber llegado hasta acá: esa serenidad de cientos de tormentas revisadas y vueltas a revisar. Tienes algunas respuestas: al fin. Tu cuerpo te las va indicando, tu cerebro flotante y agudo. Ya no más. El malestar, siempre, siempre, se transforma en arte y justicia. Mientras quede tiempo: ahora es el cosmos infinito. La paz y la felicidad perpetua, que vaya infundiendo parnaso para todxs. Porque esto siempre es colectivo. Siempre. El malestar se va transformando en arte y justicia entre todxs. El mundo abierto porque nunca fue nuestro. El mundo de la utopía porque es de nosotrxs. No nos pidan el cielo porque entregaremos la tormenta. Un día sucede. 

17 de mayo de 2025

Cosmos II

Mi deseo por ti es idéntico a la primavera. Se extiende como ramas por el cosmos. Trepa por las paredes y estalla en flores de colores. De dónde apareciste, Maël. ¿Desde el cosmos? ¿Desde el mar? ¿Desde lo salvaje indeterminado? En ese suspenso me encuentro. No puedo apagar lo que me enciende, canta St. Vincent. No apago lo que me enciende, insiste. Me pasa lo mismo. Lo que me enciende: jamás lo apago. En la primavera nací con cientos de flores alrededor. Me moví de hemisferio, mi aniversario cambió de estación, pero la primavera: ahí está. En mis venas. Aparecen los rayos de sol y se manifiesta, como convertirse en lobo con la luna llena. Aquí es algo parecido, pero yo me convierto en flor. En flor del cosmos. Me convierto en música que todo lo disuelve. El deseo llegó a mí, yo no hice nada, ni siquiera lo estaba buscando. Llamó a mi puerta. Ring my bell, como canta Blondie. Así fue aquí. Buenos días, ¿Lisa? Sí. ¿Llegó la primavera?, pregunté. ¿Estamos en el cosmos? ¿Quién eres? No apago lo que me enciende, dije. Llegó la primavera, respondió. De acuerdo, le dije. Vamos entonces. Vamos a ese cosmos que nos espera. A ese universo de la falta de templanza que es lo único que conozco, ¿y tú? No puedo apagar lo que me enciende, respondió. Así veo, le dije. Me alegro mucho. La primavera guarda secretos que nunca termino de conocer. El signo de la tempestad y sus explosiones precisas. Como si hubiese una premura absoluta. El deseo tiene eso de enigmático. Se abre camino como las enredaderas en primavera. Escala lo rugoso hasta llegar a la cima. Claramente no hay que apagar lo que enciende. 

Cosmos

¿Se acaba el invierno? Tal vez sí vivía en el mundo de la fantasía, a pesar de lo que le dije a mi madre a los tres años. ¿Crees que vivimos en el mundo de la fantasía?, le pregunté. Le hice ver que estaba pidiendo demasiado. Conocía mis límites, y creía conocer los límites del mundo, no todo iba a salir tan perfecto como ella estaba proponiendo. Pero qué es la perfección. Tal vez es una sensación, opacada incansablemente por cientos de cosas que no lo son, en ocasiones para nada. Qué es el destino. ¿Un cosmos que flota? ¿Un cosmos que integramos como suspendidos en una nave espacial? ¿Unas notas en el piano que nos destruyen de pasión? Debussy identificó esto del destino. Algo que sube y baja y nos hace añicos en el intento de alcanzarlo. Algo imposible y esencial. Algo nítido como el cosmos. Como las palabras que nos insuflan parnaso para seguir escuchando el canto de los pájaros que va desapareciendo. Cada año menos pájaros, dicen los ornitólogos. Yo no puedo vivir sin los pájaros. No puedo vivir sin la fantasía. No puedo vivir sin la música. Son cosas de primera necesidad, como diría Nicanor Parra. Artículos de primera necesidad que son un lujo. Ahora sabemos también que los momentos sin que nadie sea destruido son un lujo también. Pero es la primera necesidad. Honrar la vida. De las personas y los pájaros. ¿Se va acabando el invierno? ¿Viene el cosmos a elevarnos? ¿A dejarnos flotando por universos desconocidos? En esta mañana asoleada de mayo le pido a la vida que no se rinda. Que la música llegue. Que lo perfecto, no por olvidado, se muera. Aprendamos del mundo de la fantasía. 

Doctor Gradus ad Parnassum

Quisiera que mi vida sea idéntica a Doctor Gradus ad Parnassum de Debussy. Que no haya ninguna diferencia. Idealmente en una mañana asoleada, pero puede ser también en la noche estrellada, o las dos. O en todos esos momentos del milagro. De amor a la vida. Del optimismo y del agradecimiento por la música y la belleza. Lloro con esta pieza. Porque está tan cerca de mi alma. Parece que hubiesen nacido al mismo tiempo, mirándose, comunicándose con una sonrisa. Es una sonrisa de complicidad. De confirmación de un mensaje recibido. Un mensaje que tiene relación con que queda tiempo, con que las frases pueden organizarse y significar algo. Esta mañana asoleada de mayo mi espíritu danza con esas notas que me mantienen en suspenso. Es mi estado normal. Un suspenso que no tiene final. Unas notas que no terminan de resolverse. Que suben, bajan, y vuelven a subir, y vuelven a bajar y todo se mantiene flotando porque mi cerebro está incesantemente obnubilado, y mi corazón se subyuga al momento. Mi estado natural es el del parnaso con interrupciones. Recorro escaleras que no van a ningún lado y es mucho mejor así. Sigo las notas, que me elevan. Disfruto. Porque tanta belleza puesta al alcance del cuerpo es una motivación para fijar las líneas. Esas que no van a ninguna parte. Pero terminan por encontrarse. Escaleras que llegan. Que parten. Que recomienzan. Las certezas son una burla, como el título de la obra de Debussy. Yo quisiera una larga tregua adherida a estas notas, a este vaivén mágico, a ese humor que es también el mío. En el parnaso las preguntas, para olvidar las respuestas. Qué es la vida: unas notas en el piano que nos van guiando hacia algún lado desconocido, al que terminamos de llegar, o no. Hoy mantengámonos en esa cadencia porque sugiere. Porque volar también es la vida, sin templanza ni mesura. Ese cosmos que nos vio nacer y nos acompaña como las notas de un piano que nos eleva. Mis pies nunca han estado verdaderamente en la tierra. La belleza siempre me exaltó hasta las lágrimas. Comparto un destino con esas composiciones que destruyen de pasión. Es lo único que conozco.  

16 de mayo de 2025

La tempérance

Me llama Maël para decirme que debo invocar a la templanza. Lisa, pide templanza para ofrecer arrebato a la pasión. Pero hay un problema, un pequeño detalle, algo que él no sabe: esa es una palabra que no está en mi léxico. No conozco su significado. Voy a mi diccionario interior y reviso: templanza. No está. Dónde está, dónde está. Cómo poder invocarla. Cómo es ese procedimiento. ¿Tiene reglas? ¿Etapas? ¿Progresiones? ¿Ritmos? Observo la palabra de nuevo: templanza. Vuelvo a repasar a ver si la encuentro. No. Debe ser algo. Debe querer significar algo. Tal vez puedo inventar un significado, pero ya no será la templanza. Una templanza adaptada para personas de la especie de seres habitados por la tormenta de relámpagos eléctricos. Tiene que ser posible. Indago un poco más. Quiero saber a qué se refiere esta palabra, me da curiosidad. Debe ser una palabra con bondades. El signo de la tempestad la borró de su lista. Entonces le propongo otra: cosmos. Tal vez esa es la integración completa. Quizá esa puede situarnos afuera de la vorágine. A un paso de la ficción que transforma todo en debacle. Dejé al caos y dejé a la poesía cuando es etérea: quiero otra cosa. Aspiro al cosmos completo. Invoco a la explosión total de las estructuras. Llamé a Maël para advertirle que no conozco esa palabra. De acuerdo, me dijo. Se hacía miles de preguntas. Le advertí que había invocado a la tormenta. A la energía fulminante de quienes van a modificarlo todo, como Adam, como yo. Es lo único que conozco. 


15 de mayo de 2025

Ya no vas a volver

Tres años ya desde tu buceo infinito, Adam. Esa travesía que nunca tuvo final. Tres largos años, que me han transformado, no te imaginas cómo. Igual que siempre en mayo los rayos de sol llegan de una manera al río que se reflejan por toda mi casa dando movimiento de hojas y círculos misteriosos de luz desde las ventanas al atardecer. Todo baila incesantemente, como si estuviese bajo el agua, como tú. Es un espectáculo muy bello, como tú eras. La luminosidad de la primavera alerta hasta el último átomo de mi cuerpo. Como lo que le causabas tú. ¿Estás aquí? Pensaba en ti ayer, le decía a mi madre que fuiste tú el que me enseñó que no debía nunca amoldarme, si no transformar en capacidades lo que se me señalaba como defectos. Lo seguí al pie de la letra. ¿Te das cuenta? ¿Te das cuenta cómo todo queda? Cómo las cosas que expresamos siguen viviendo en los demás. ¿Te das cuenta cómo sigues cambiándolo todo? A pesar de tu ausencia. A pesar de tu pacto con los peces de colores. Compartíamos la misma energía explosiva. Cuando todo terminó porque nuestra unión era tan fulminante que había dislocado el eje de la tierra fuiste un día igual a mi casa, aunque habíamos acordado no hacerlo. Querías respuestas. Querías desafiarlo todo, porque así hacías las cosas, no te rendías nunca. Te pedí que habláramos en otro momento porque nuestra avalancha no podía seguir arrasándolo todo. Cuánto daría por poder hablar contigo ahora. Por poder contarte todo sobre este presente fulminante como tu vida. Sobre este presente sin explicaciones ni frenos, como tu impulso. Conocí a alguien, Adam, alguien que me embruja. Alguien que me recuerda a ti y a tu energía detonante. ¿Te imaginas? Tres años después de tu partida alguien que es de nuestra especie: la de los seres habitados por la tormenta de relámpagos eléctricos. Cuánto daría por escuchar tus aventuras. Por saber acerca de tus pasiones y descubrimientos que me cautivaban. Por escuchar tus reflexiones que me dejaban pensando días, semanas, años. Sigo pensando en todas las cosas que hablamos. Abarcamos todo el espectro de cosas relevantes en este existir. Ya te dije que me dejaste sola, y ahora sigo pensando en todo eso, pero junto al río y sólo con tu recuerdo, que es tan nítido como todo lo que tú descubrías: de una sabiduría a prueba del tiempo. Todo ha quedado aquí. Está en mí, está en mi casa, está mis libros, está en mi esperanza, y en mi necesidad de una tregua a tu ausencia. Si tu amor era un ancla que me ataba a la vida y estoy perdida en el mar es porque no sé si esas interacciones esenciales van a volver a sucederme. No pierdo las esperanzas. Tal vez le sugeriste al destino que lo trajera. A esta persona que responde al signo del tornado, como nosotros. Somos del signo de la tormenta eterna. ¿Lo sabías? Cuarenta años te bastaron para pulverizarlo todo. Para alcanzar todo lo posible. Soy más flemática que tú tal vez, pero mi energía es idéntica. ¿Vas a decir algo cuando yo sienta que llegué a la cima de mi arte? ¿Vamos a celebrar? Cuando hablábamos de todas estas cosas imprescindibles yo no tenía la noción real de que esa exploración conjunta no sería infinita. Tu energía parecía ilimitada. Ahora sé que una cosa tal no existe. Ahora sé que la naturaleza de los seres fulminantes está bajo el signo de la debacle y la creación eterna. Te extraño, Adam, me gustaría conversar contigo. Sentir que una vez más me ilumina tu estrella. No descanses, vuelve, aunque sea bajo el signo de la tempestad. Dime dónde puedo encontrarte. Tu energía está en alguna parte. Era infinita como tu paso por mi cuerpo. Te extraño, Adam, no dejes de transformar mi mundo. 

Simone la revista abierta: la nueva utopía

[esp] Simone la revista abierta: la nueva utopía

La urgencia nos obliga. Nos encontramos frente al abismo y no vinimos a esto. Colectivamente nos reunimos y abrimos los brazos a hacer frente a la debacle. La nueva utopía de la solidaridad y el cuidado. No sólo resistimos, también proponemos. Simone abre sus puertas y ventanas a quien quiera escribir sobre feminismo, antirracismo, ecología. Sin sexismo, sin racismo, sin especismo. Sin ideologías políticas ni económicas que destruyan a otrxs. Una revista abierta, flexible, democrática. El arte para decir. Las ideas para llegar. La proposición completa de un mundo de seres vivos. La construcción colectiva de una nueva utopía de reparación y responsabilidad. Sin la rigidez que excluye, porque mata. Con el respeto que honra. Amor y ternura para un mundo dislocado. Derechos humanos. Derechos humanos. Derechos humanos. Literatura. ¡Literatura! Arte. Traducción para alcanzar. Aquí vamos juntxs. Sin genocidio ni murallas. Hoy comienza la vida que es para todxs. Justicia social y ecológica: aquí vamos todxs juntxs. 

Andréa Balart-Perrier para Simone // Revista / Revue / Journal


[fr] Simone la revue ouverte : la nouvelle utopie

L'urgence nous pousse à agir. On se retrouve face à un précipice, et on n'est pas venus ici pour cela. On se rassemble et on ouvre nos bras pour faire face à la catastrophe. La nouvelle utopie de la solidarité et le souci de l'autre. On ne se contente pas de résister, on propose aussi. Simone ouvre ses portes et ses fenêtres à tou.te.s celles.eux qui veulent écrire sur le féminisme, l'antiracisme, l'écologie. Sans sexisme, sans racisme, sans spécisme. Sans idéologies politiques ou économiques qui détruisent les autres. Une revue ouverte, flexible, démocratique. L'art pour s'exprimer. Des idées pour y arriver. La proposition complète pour un monde d'êtres vivants. La construction collective d'une nouvelle utopie de réparation et de responsabilité. Sans la rigidité qui exclut, parce qu'elle tue. Avec le respect qui honore. L'amour et la tendresse pour un monde désarticulé. Les droits humains. Les droits humains. Les droits humains. La littérature. La littérature ! L'art. La traduction qui permet d'y atteindre. Ici on y va ensemble. Sans génocide ni murs. Aujourd'hui commence la vie qui est pour tou.te.s. Justice sociale et écologique : ici on y va tou.te.s ensemble.

Andréa Balart-Perrier pour Simone // Revista / Revue / Journal


[eng] Simone the open journal: the new utopia

Urgency compels us. We find ourselves facing an abyss, and this is not what we came for. We come together collectively and open our arms to face the debacle. The new utopia of solidarity and care. We not only resist, we also propose. Simone opens its doors and windows to anyone who wants to write about feminism, anti-racism, ecology. Without sexism, without racism, without speciesism. Without political or economic ideologies that destroy others. An open, flexible, democratic journal. Art to express. Ideas to get there. The complete proposal for a world of living beings. The collective construction of a new utopia of reparation and responsibility. Without the rigidity that excludes, because it kills. With the respect that honors. Love and tenderness for a dislocated world. Human rights. Human rights. Human rights. Literature. Literature! Art. Translation to reach. Here we go together. Without genocide or walls. Today begins the life that is for everyone. Social and ecological justice: here we go together.

Andréa Balart-Perrier for Simone // Revista / Revue / Journal


https://simonerevistarevuejournal.blogspot.com/2025/05/esp-simone-la-revista-abierta-la-nueva.html


13 de mayo de 2025

Esos que nos van violando, pero parece que ya un poco menos

Ese día de diciembre de 2023 en que la más alta autoridad de este país dijo estar orgulloso de un violador en serie como Depardieu, mientras publicaba una ley anti inmigración y llamaba al rearme demográfico porque parece que no toda la gente es gente, otros son otra cosa, pero él quiere gente sólida y con valores, como Depardieu, ese día, ese día, estuve a un centímetro de dejar el impulso de decir y actuar. Era demasiado al mismo tiempo. Me sumí en una profunda desilusión y pena (como la que siento hoy con lo que ocurre en medio oriente), me parecía que la tarea era demasiado ingrata y pesada, y todo muy grave para entenderlo a cabalidad. No dejé el impulso, ahora tampoco. Hoy me desperté con la condena en tribunales de Depardieu por agresiones sexuales. Me puse a llorar de emoción, porque parece que las utopías de alguna manera tienen sentido. De alguna manera que vamos descubriendo. Lentamente, pero ahí está ese sentido escurridizo que brilla a veces. Me puse a pensar en todas esas ocasiones que me he visto forzada a tener relaciones sexuales sin consentimiento, recordé al menos tres veces, a los veinte, a los treinta, a los cuarenta, en diferentes circunstancias, a los veinte atrapada en unas cabañas, a los treinta en estado de ebriedad, a los cuarenta por miedo en la casa de alguien, en las tres ocasiones lo mismo: escorias humanas. Personas que no entienden que el cuerpo de los demás no les pertenece. Ese asco y ese vértigo de la autoestima, ese miedo, quedan en el cuerpo. Eso es lo que llora cuando se lee sobre una condena. Esa parte de unx que sabe que la impunidad es la puerta a la falta de reparación que se va regenerando y a nuevas víctimas. Esas lágrimas de emoción reconstruyen esa parte del cuerpo que sigue cargando esos momentos en que nos ultrajaron, nos rompieron, cuando no nos respetaron, esa parte que se confunde a veces cuando hemos sido tratadxs como objetos. Es como si nuestra valía se afirmara con cada condena. Porque parece que no valíamos nada antes, era el bar abierto, cada uno tome lo que le plazca. Si de utopías se trata: TODAS LAS PERSONAS QUE VIOLAN LLEGARÁN A LA JUSTICIA PARA SER CONDENADAS. ESTE ES SOLO EL COMIENZO.   

11 de mayo de 2025

El manual

Creo que estoy necesitando un manual de cómo relacionarse con la gente. No sé si será la tensión ambiente de este año y los atentados flagrantes a los derechos humanos que vemos cada día, pero lo que unx daba por sabido ya no corre al parecer. Con el tiempo unx va agarrándole la mano a la vida, más o menos hay herramientas, para comprender, para saber los móviles detrás de las conductas y la manera cómo abordarlas: ya no. Me he visto confrontada a una serie de situaciones propias y ajenas que me he quedado en la perplejidad. Una lista considerable. Por qué habrá mandado ese mensaje, por qué reaccionó así, por qué hizo eso, por qué piensa eso. Ha aumentado la complejidad, aceptémoslo. Algo así como que antes yo percibía que había unos límites y aunque unx tenía ganas de hacer algo, no lo hacía. Ahora hay como un bar abierto, pide lo que quieras. Voy a tener que empezar a anotar todas estas situaciones que han llegado y no me ha alcanzado la experiencia adquirida. Por dónde se agarra esto. Qué viene ahora. Estoy hablando de situaciones de lo más variopintas. Yo misma me sorprendo con muy poca paciencia. Tal vez antes dejaba pasar muchas cosas y ahora me detengo y me parecen inadmisibles, o sin sentido. Ese manual, cuando lo encuentre, va a valer oro. ¿Pero está todo escrito? ¿Se puede entenderlo todo? ¿Tiene todo coherencia y sentido? Claramente no. El manual de la coherencia y el sentido. Es una idea espléndida. Vamos abarcando todas las situaciones para no quedarnos sin herramientas, con un índice, agregando nuevos conceptos e interpretaciones, y luego lloramos, lloramos, lloramos, porque nada tiene sentido, porque no hay coherencia ninguna. La energía limitadísima, y yo respondo siempre a todo: tal vez es un error. El tema de los móviles detrás de las acciones me apasiona. Lo que dirige la trama. Lo mejor es preguntarlo antes de que comience a funcionar la máquina de la ficción. Pero esas cosas no se preguntan, porque las acciones suelen dar pistas de lo que subyace. Lo que consigno aquí es que esas pistas que unx tenía no están siendo suficientes. ¿Se ha dislocado este presente? Tal vez. Yo suelo quedar dislocada con las situaciones que no había previsto en el campo de posibilidades. Igual en la literatura hay un gozo en ese campo imprevisto. Nuevas ideas, nuevas interpretaciones, nuevas ficciones. Sin duda la literatura nos facilita la tarea de aprender a prever. El manual va, en todo caso. El humor es tan, tan interesante para este tipo de cosas. Los problemas, igual que la mediocridad y el miedo, se desmontan con la risa, como diría Bolaño. Tengo ya varias entradas para el manual de este año: el manual de la coherencia y el sentido. 

Relacionarse con escritorxs

Me acaba de escribir una persona solicitándome que por favor no la mencione en novelas presentes o futuras. Esta es una solicitud habitual que me llega. Lo que me causa invariablemente bastante extrañeza y mucha gracia, a decir verdad. Es una solicitud bastante particular, porque además los personajes de novelas están inspirados en personas, a veces, pero qué es una inspiración. ¡Date con una piedra en los dientes que inspiraste algo! Eso es lo que pienso, en general. Qué suerte que sirves para personaje. Las personas aburridas y clásicas en el sentido de integrar la masa sin calidades particulares no inspiran para nada. Por lo que ser inspiración de novela claramente es un halago, me parece a mí. Ahora bien, hay que aclarar algo rápido, porque siempre surge esta duda: si te relacionas con escritorxs vas a aparecer en novelas. Eso es un hecho, no hay ninguna duda aquí. Ni una sola. Por lo que queda una opción, si unx no quiere ser la inspiración de personajes de novelas: no relacionarse con escritorxs. Es la única solución. Hay que eliminar inmediatamente los teléfonos de la lista de personas posibles. Borrarlos todos. Con escritorxs no me relacionaré. Si no quieres inspirar personajes. A mí esto me da lo mismo, por lo tanto me relaciono con escritorxs encantada de la vida. De hecho, ojalá tuviese más amigxs escritorxs, dónde están. Siempre estoy buscando. Dónde están, dónde están. Quiero tener muchos amigxs escritorxs, y ojalá aparecer en muchas novelas, ideal, me encantaría. Varios personajes, que abarquen todo el abanico de mi personalidad, lo más simpático y lo muy difícil. La respetabilidad es un lastre, nunca se ve con claridad este hecho innegable. Por supuesto si alguien escribe para destruir a alguien en relaciones asimétricas no es muy amigable. El contexto es todo. La forma de decirlo, la simetría de las relaciones, la existencia de poder posible o no. Pero dejado de lado esto, en contextos de igualdad, inspirarse, parece razonable. Es algo más bien consustancial al oficio. En resumen, si no te interesa inspirar personajes: corta inmediatamente toda relación con escritorxs. Queda consignado para el registro. El riesgo es real. 

10 de mayo de 2025

La ficción acuática

Luego de separarme, tomé la decisión de conseguirme una vivienda definitiva en esta ciudad que amo. Comprometámonos, le dije. Era un paso arriesgado para alguien que vive del movimiento como yo. Conversamos con la ciudad. Cómo lo ves, Lyon. Pasamos noches en vela juntas. Caminatas bajo el sol que abrasa y paseos acompañadas por la luz de las estrellas celestes. Hagámoslo, me dijo Lyon. Esta ciudad no tiene miedo al compromiso. ¿Y yo? Parece que no. Aquí estoy. Un brillante día de mayo hace tres años puse un pie por primera vez en este refugio poético junto al río. Fue amor a primera vista. ¿Seguro, Lyon? El departamento pertenecía a un profesor de literatura por lo que entré y ya estaba como en casa: estantes de libros flanqueando todos los costados. Aquí es. Por la ventana el río magnífico para iluminar toda la ficción que iba a llegar. El verde invadiendo todas las ventanas. No tengo dudas. Nos comprometimos. Qué hace que una ciudad te atraiga hasta ese punto. Celebramos juntas en una gran fiesta. ¿Estás lista para las grandes obras?, le pregunté. Hagámoslo, me dijo. Tres años de ficción acuática. Vivo en la más extrema soledad. La elegí así y la disfruto. En este momento es aún más extrema. Siempre hay algún amor que la amortigua, el carnaval está ahí a un paso: no esta vez. No más ficciones de ese tipo, Lisa: ahora la ficción real. Puedes hacerlo. En qué consiste esta ficción real, quise saber. Le pregunté a la ciudad. ¿Tienes la fuerza?, le dije. ¿Tienes el movimiento y la acción en tus brazos? Lo tenía todo. Le dije un sinfín de halagos. No se deja convencer fácil. Entrégate, le dije. Lleguemos a la cima juntas. Pienso que el lugar es lo más importante, luego qué estás haciendo, y luego con quién estás. Yo elegí esta ciudad porque su consistencia está muy cerca de mi alma. La veo como un reflejo de la poesía que me habita. Nos fusionamos ya. No pensé que era posible. Soy la ficción acuática y todo fluye por mis venas sedientas de creación y de abismo. Amar es destruir esa parte de las certezas cuando se revela como ficción. La ciudad de los libros es mi esencia y mi camino. Ahora sé que puedo partir, pero volveré. Puedo ir y volver. Esa flexibilidad la necesito en mi tiempo y en mi necesidad ineludible de movimiento. Soy una nómade asentada. Ahora sé que es posible. Quisiera desplazarme y decirle a Lyon que me deje pasar temporadas lejos de ella adherida a las letras, en las ciudades que amo y otras nuevas que van a entregarme los nuevos idiomas que busco. Si no estoy aprendiendo todo el tiempo siento que me estanco y pierdo interés. Rehuyo la sensación de estar cómoda, me pone nerviosa. Ojalá no entender nada. Tener que activar ese cerebro flotante y explorador de horizontes inalcanzables. No pensé que hubiese un amor tan puro por una ciudad. Por ese espacio donde se despliega la magia. La ciudad de los libros ha ido lentamente revelándome sus secretos. Me sorprenden y me intrigan. Mi necesidad de arte encuentra su baile. Su música acorde a la profundidad de las ganas de acantilado desde donde observar la vida. Me mantengo ahora a una distancia de la ficción. La observo pero no me fusiono con ella. ¿Es tal vez la primera vez? ¿Hay una edad correcta para tomar esta decisión? Como a mí me gusta explorar lo nuevo: me encuentro en esa expedición por la soledad que no intenta camuflarse con ficción que evade. Tal vez entrega las claves para futuros compromisos con ficciones reales. Nado por la ficción acuática y su esencia me lleva a tesoros. Barcos sumergidos por descubrir. Voy al margen de la existencia, a los bordes que a veces quedan sin luz. La ficción acuática explora esos rincones donde el sol demora más en llegar. En la era de la imagen la ficción acuática no se queda en el color que se exhibe en un solo momento del día. Cada hora tiene sus enigmas. Cada matiz las llaves de la incógnita. Me comprometí y ha sido una relación exitosa. Tres años de este espacio de paraíso. Templo de la poesía y la promesa del arte verdadero. Junto al río construyo la ficción acuática. Cada amanecer y crepúsculo me perfora de esa emoción equivalente a la vida. La ficción acuática le da un ritmo a mi existencia semejante a las pulsaciones de mi espíritu y de mi corazón febril y enloquecido.  

9 de mayo de 2025

El planeta de los simios que hablaban

La familia de Maïa tiene aventuras con alienígenas. Marcianos desprogramados que se dirigen al planeta de los simios que hablaban. La tropa de artistas cheerleaders se va encontrando con la debacle y el arte ofrecido como mercancía. Qué es esto, se preguntan. Ahí está la familia de Maïa dándole firme al arte para que la selva siga circulando. Para que el aire vaya circulando. La familia de Maïa habla porque son simios amigables. Simios organizados. Simios que se levantan temprano y se reúnen en un día feriado. Luego de ese día de trabajo en una jornada feriada se reúnen y comparten una comida y una cerveza. Cómo van los marcianos desprogramados, preguntan. ¿Siguen robando? No sé, dice Maïa. Pienso que sí, dice Cléo. Es extractivismo, dice Romy. Llega la respuesta: sí. Siguen robando. Ahora qué, pregunta Inès. Sabana dio por disuelto misteriosamente nuestro grupo y quiere llevarse el nombre, respondo. Qué, dice Maïa. ¿En serio?, dice Cléo. Te lo juro. Pero Lisa, ¿estás segura?, insiste Maïa. La seguridad es algo que tengo en este momento, contesto. La seguridad es algo absoluto que se muestra en el cielo como si no hubiese nubes. O sea, más bien, había un cielo, y luego unas nubes. Pero la seguridad está. Grandes nubes, grises, muy grises, pero la seguridad, total. Déjame leer el mensaje, dice Inès. Pero Cléo, ella es la que no te pagó nada, y luego se quedó con el dinero de tu presentación, ¿no?, pregunta Romy. Sí, responde Cléo, ella misma. ¿Caben dos impasses en una persona?, pregunta Emma. Sí, respondo, así parece. Lisa, ¿y cuáles son los principios de ese marciano desprogramado?, pregunta Maïa. Se desprogramó, le respondo. Ya lo sé, dice Maïa, ¿pero hay principios? Cuál es el principio, dice Tori. Esta es como una especie de tarjeta roja, como el fútbol, agrega, bandera roja, como las que vemos cuando pensamos que es un carnaval y en cambio es el desastre llegándonos como agua más arriba de la cabeza, esto es: ahogados. Ahogados en nubes, digo. En selvas. Somos monos pero hablamos. Hablemos. ¿Entre nosotras?, pregunta Emma. Somos monos que hablamos, afirmo. Monos cheerleaders, de la tropa de las que alumbran. ¿Y este robo fue a mano armada?, pregunta Inès. ¿Fue por efracción? ¿Por sorpresa? Un robo a la luz del día, dice Cléo. Pesetera es un término que le va bien, dice Romy, al fin y al cabo. Organicemos el circo en el planeta de los simios que hablan, propone a continuación Romy. Hablemos como simios, propongo. Organicémonos, dice Inès, alumbrando un camino con nuestras espadas de láser. Te fuiste para otro lado, Inès, dice Maïa, aquí estamos en la selva. La selva, la selva, dice Inès, de acuerdo. No me hables de las venas abiertas de Latinoamérica, me recuerda presidentes oscuros, dice Romy. A mí me fascina ese libro, dice Cléo. Atención tropa que alumbra, interpelo. Lisa, ¿le vas a decir a ese marciano que se programe?, pregunta Inès. Voy a la selva, contesto. Sigamos creando y organizando. Busco la respuesta y vuelvo. 

Sabana y los simios

Sabana muy alegre se dirigió al planeta de los simios. De aquí voy a extraer el mineral, se dijo. Aquí todo será posible porque estos monos se ven tranquilos. Silenciosos, domesticados. Vamos simios, organicemos algo, hagamos volteretas en el aire, cantemos, y luego yo voy recolectando. Recolectando, recolectando, saqueando, saqueando. Una foto por aquí, una foto por acá, a ver si esto vende, a ver si el público gusta de estos espectáculos, una obra de teatro por aquí, una por allá, vamos pavimentando un camino construido con cuerpos. Si te he visto no me acuerdo. Cómo. Sabana encantada en el planeta de los simios se pasea por la selva, va abriendo paso con los brazos, entre insectos y mamíferos desprevenidos. De pronto una construcción en medio de los árboles. No puedo abrir esta puerta. Primer impasse. Sabana no quiere pagar lo que cuesta. Por qué pagar a los simios si están tan calladitos. ¿Hablan? Sabana toma el dinero, corre. La selva se cierra sobre ella misma. Atrapada. Pero tiene el dinero. No lo suelta. De eso ni hablar. Ella encontró los minerales. Ella trajo los insumos y escenarios. No sé qué le pasa a estos monos. Segundo impasse. Sabana sigue armando circos que vayan a su ritmo para que la producción se justifique. Toma todo lo de uno y lo quiere llevar al otro. Nada salió de su cerebro porque el arte tal vez dónde estaba. Lo encontró. Lo encontró botado según ella. Se generó por arte de magia. Por generación espontánea. Porque las cosas no surgen de algún lado, del cerebro de otra persona. Entonces vamos llevando, vamos llevando. Los monos vuelven a hablar. Adónde llevas todo eso. ¿Lejos? Sabana, pero estamos de lo más bien aquí, de hecho tal vez ahora que te vas yendo todo vaya incluso más fluido porque como que interfieres, pero no se veía, ahora se ve, ahora todo se va viendo, se identifica. Desde cuándo que los monos hablan, se pregunta. Vuelve contrariada a su refugio lejano. Reminiscencias de selva, reminiscencias de selva en su cerebro. Pero de ahí no sale nada más que reminiscencias. Va a avanzar la máquina y se estanca. Va a avanzar la máquina y se estanca. Qué cansador todo esto. Voy a hablar bien con los monos. Tomaré todo porque así es mi ética. No me importa que sea contra la ley. Es la mía, la defenderé. La defenderé contra viento y marea, y si no sale nada de mi cerebro, qué importa. Porque yo vi, porque yo organicé. Los monos observan, a ratos con intriga, a ratos con un poco de humor, a ratos con estupor. La invitan a continuar su camino, y hacer salir cosas de su cerebro. Pero todo era más fácil antes. Pero todo va siendo difícil. No se domestican estos monos rebeldes, y yo quería organizarlo todo, y seguir robando. Saqueando, saqueando. Los minerales, el arte, la vida, el sentido. Lo robaron todo. Sabana llora un poco para intentar comprender. Qué ha pasado que el carromato se detuvo. Los monos tranquilos, siguen ocupando su cerebro. Observan. Se organizan. La selva al fin de cuentas, era un lugar amable sin ese circo. Siguen haciendo arte, porque saben hacerlo muy bien. Siguen. Siguen. La selva permanece. Hablan. Ella anota: el planeta de los simios que hablan, pero la idea no es de ella, y la exhibe y el dinero luego nadie lo vio. Llama a su compañera de cuarto, Bestia, para que le dé una opinión de este circo que armó que no está saliendo como esperaba. Las dos junto a la piscina reflexionan boca arriba, como el cuento de Cortázar, pero aquí es más plano, no hay tantas aventuras. Más bien pequeños petardos que se apagan, luego de entregar luz artificial. Esto es real como la ficción, dice una. ¿Esto vende?, pregunta la otra. Luego la misma secuencia, pero cambian las frases entre ellas. Una pregunta si esto vende y la otra afirma que esto es real como la ficción. En definitiva así se va la tarde junto a la piscina. Las nubes se cierran sobre ellas. Tienen que entrar a la casa porque llueve. Organicemos algo, dicen. ¿Robando?, pregunta una. ¿Mintiendo?, pregunta la otra. No llegan a una claridad en relación a las respuestas. Vuelven a repasar. ¿Robando o mintiendo? Las dos, dice una. Las dos, dice la otra. Luego vuelven a hacerse las mismas preguntas, cada una repitiendo una de las preguntas, a continuación de la otra, y van cambiando para no aburrirse tanto. Así se va la noche. Llega la madrugada. El cerebro está vacío y lo han repasado todo. Repasaron todas las maneras posibles de zafar de aquellas leyes implacables que a veces existen entre las personas. No hay manera. Deciden hacerlo igual, porque cerebro vacío es hambre para mañana. Incluso para hoy. La selva impasible. El arte creciendo. Los monos prendiendo antorchas para alumbrar. Porque con la luz no se juega. Porque es necesario ver. Porque no necesitan luz donde hay el arte que nace desde adentro. Desde muy adentro nace y llega lejos. Lejos. Lejos. Como la selva. Esa que recuerda en sueños. Esa que habita con sueños. Los monos tranquilos: tal vez un día se pague lo que cuesta y no se robe lo que hay. 

8 de mayo de 2025

I thought it was a carnival

Vi pasar una de esas bromas de imagen cuadrada con una pequeña leyenda que me hacen reír mucho, dos mujeres con vestidos del siglo pasado, una le decía a la otra, no viste acaso todas las banderas rojas (red flags), y la otra contesta, pensé que era un carnaval. I thought it was a carnival. Maravilloso. Una definición perfecta del oficio literario. Banderas rojas por doquier: ahí hay que dirigirse. Porque el hecho de vivir constantemente en la ficción es ver carnavales donde todo parece complicarse, donde todo te indica que en realidad no hay eso que estás viendo, pero la ficción es más fuerte y rellena todo lo necesario. La ficción inventa todo lo que no hay y transforma todo lo que hay. La sustancia de las banderas es brío explosivo. I thought it was a carnival. Mi existencia se resume bien a esa frase. Pensé que era un carnaval. Al final, no es necesario que todo sea tan entretenido, la mitad del trabajo la puede crear uno. Tomas lo que ves y completas. Modificas a guisa. Suena impecable, fluido y mágico. Vamos ahora a la segunda parte. El final ineludible de la ficción. Cuando la historia está creada hay que seguirla. Continuar ese carnaval infatigable. ¿Es posible? No. La ficción es como el amor-pasión: acaba. Estos dos procesos están muy cerca. Así como los libros se terminan, las relaciones finalizan. De pronto dice: fin. Esto indica que la ficción no puede estirarse más, que ya llegó a su máximo y arriesga con volverse contra ti como un elástico que se rompe y ataca a quien lo sostiene. Este proceso se desarrolla en todo tipo de ámbitos, porque vivimos de ficciones que nos sostienen. Por suerte nos sostienen. Por suerte se acaban. Las banderas rojas están ahí a simple vista, pero quién quiere vivir como robot perfecto, como una muralla sin fisuras a través de la cual no entra nada. Hacemos caso omiso. O corremos a ellas, contentos como siguiendo un desfile de fiesta. Disfraces de colores. Hay un tercer aspecto que sigue, la noción de la energía disponible. Banderas rojas igual a muy poca disponible para el verdadero carnaval que es la creación. Ahí viene la hora de la verdad: no se va a poder seguir así. Pero yo pensé que era un carnaval. A nadie le importa. Dos opciones: el engaño me sumió en la infertilidad, o cerré ese libro de ficciones. Pero luego se requieren nuevas ficciones. Se requiere esa música de las profundidades. Ese amor absurdo que nos atrae porque es el ciclo correcto de la necesidad de modificar incesantemente para que la máquina de la ficción funcione de manera acertada. Pensé que era un carnaval. A mí siempre me salva el azar. No siempre me salva el azar, a veces cierro el libro porque el elástico me llega de vuelta. Estiro, estiro la ficción. Lo convierto todo en historia espeluznante y en misterio irresoluble. Luego me dedico a entenderlo. A descifrarlo. Pero hay tantas claves contradictorias que me demoro un poco: qué diablos es esta historia. Por dónde se la aborda. Siempre pensé que la existencia era un carnaval hasta que opté por convertirlo en literatura: que quede algo de la ficción constante. Converso conmigo misma, Lisa, no seas tan dura, sin remisión ni contemplaciones: I thought it was a carnival. 

2 de mayo de 2025

Lo dejé todo por la ficción

Doris Lessing recibía el año 2007 el premio nobel de literatura, y en el mismo momento sin saberlo yo escribía perdida en un bosque en el norte de Italia un texto que dio comienzo a mi deseo de convertirme en escritora. Lo considero mi primer texto oficial, lo titulé: Hace falta pasión. Realizaba sola un viaje por Europa de varios meses, principalmente Italia, tenía veintiséis años. Quería aprender italiano y quedarme a vivir ahí. Conocí castillos y ciudades que me dejaron sin habla. Conocí los castillos de Julieta y Romeo, y observé cómo la ficción se mezcla con la realidad todo el tiempo. Cómo es ese tránsito mágico, como fue mi recorrido por esa historia que se había escrito y comenzaba a escribirse en mi existencia. Llevaba un pequeño cuaderno e iba anotando las cientos de reflexiones que se presentaban en esa especie de punto de quiebre de mi vida. Tenía que tomar decisiones en relación a buscarme un trabajo como abogada de derechos humanos y antes de partir había comenzado una relación que quedó en el aire para siempre. Quería vivir en Europa, pero cómo se implementaba eso. Publiqué ese primer texto oficial y recibí muchos comentarios. No me los esperaba para nada. Antes de eso en mi corazón había ya designado que la literatura era mi pasión y podía hacerlo, lo que quedó sellado para mí al poner el punto final en ese texto, entre los pájaros y las mariposas. Hablaba sobre la necesidad de la pasión. Me daba cuenta que la mía era expansiva y quería canalizarla en las creaciones posibles. Quería que las interacciones estuviesen llenas de esa pasión también. Quería eliminar definitivamente la planicie de mi vida. Viajé mucho en tren y escribía, caminé, caminé, y conocí gente fantástica. Me dije, viajar está bien, pero la próxima vez yo me voy a quedar a vivir aquí, porque mi destino está escrito en este lugar. Esas intuiciones son muy fuertes y quedan adheridas a fuego al espíritu sediento de precipicios y aventuras difíciles. Amo el camino largo, el más complicado, el que va a despertarme a la vida verdadera para poder escribirla. Para qué hacerlo fácil si difícil también resulta, es lo que me digo. Casi diez años después de ese acto inaugural en el bosque en Italia, en otro bosque no muy lejos de ese, en el sudeste de Francia, tomé la decisión de dedicarme enteramente a la literatura. Me dije: lo dejaré todo por la ficción. Fue una apuesta en el vacío, pero de una convicción absoluta. Los derechos humanos me siguieron, sin embargo, y las actividades necesarias para la supervivencia. Siempre he tenido mi corazón dividido entre los derechos humanos y la literatura. El próximo año van a ser diez años de esa decisión implacable en el bosque. Escribo estas líneas, observo el presente: lo dejé todo por la ficción. Vivo una ficción tal vez: la ficción de la literatura constante. Pero en cualquier caso, sólo hay libros en mi vida. No pensé que era posible. La semana pasada le regalé a Jean mis plantas, lo que quedaba a mi cargo. En esta casa ahora sólo hay libros. Era acaso necesaria esta desposesión absoluta de la vida: para mí sí. A veces me considero de una radicalidad que asusta: yo misma me sorprendo. No sé cómo lo hacen los otros: yo necesito estar concentrada. La ficción todo lo gobierna. Lo real duele y me eleva, lo tomo todo y lo convierto en palabras. Me divierto en grande, y a ratos, no muchos, me hundo en la desesperanza de un mañana imposible. Observo el mundo y me regocijo y me entristezco. Quiero un presente para mis hijos espirituales. Quiero un futuro para esta humanidad confundida. El arte y la paz me van mostrando caminos. Yo lo dejé todo por la ficción. Como ya no queda nada, escribo: qué más voy a hacer. Qué viene después de esto: ¿más ficción? La ficción absoluta: cómo es esa. Por momentos me río a carcajadas de mis decisiones y mi radicalidad, y en otros momentos me pregunto qué diablos estoy pensando, cuando los castillos son entidades que no me dejan salir como historias que no se terminan de organizar. La literatura es el gozo completo, la perfección del arte, y es tan imperfecta, millones de fisuras por todos lados. Entra la luz pero todo se escapa. Todo se fuga, y la dificultad es un golpe que te da en plena cara todos los días. Las dudas, tus compañeras oficiales, como una delegación que no deja tu salón. Las observo, sentadas en el sillón, en la mesa del comedor, junto a la ventana, tocando el piano, preparando café. De qué están hechas, les pregunto, no se disuelven nunca. Vuelvo a esa decisión del bosque de Francia, a ese texto del bosque de Italia, y regreso al presente. Qué es el tiempo, ¿una ficción? ¿Qué es la literatura? Todavía no tengo idea, pero lo hago, lo hago cada día, y tal vez un día la alcance. Por mientras es mi amiga, vamos juntas. Mi amor radical de la vida. La ficción es mi casa y mi esperanza. Alcanzo la cadencia correcta. El optimismo debe ser una especie de enfermedad. Mi adicción a las novelas encuentra su camino. Cada día encuentra su camino. Julieta y Romeo se me presentaron en esos castillos para siempre. Mi ficción es esta existencia como castillo lleno de habitaciones y pasillos. Cada día descubro la literatura. Pasa uno de esos largos barcos con comensales por el río y cientos de ventanas. Adónde van. Adónde vamos. Con una confianza implacable, yo lo dejé todo por la ficción. 

1 de mayo de 2025

Enamorada es una palabra que no alcanza X

Espero tu cuerpo junto al río como quien espera la llegada de pájaros azules migrando hacia lo desconocido. Quisiera seguir explorando contigo. Lo descubrimos todo. Lo inventamos todo. Organizamos cada día el presente para que se adaptara a nuestra posibilidad de estar juntos sin tergiversar nuestras almas instaladas en el asombro. Queríamos estar juntos y nunca hubo obstáculos imposibles porque nuestro amor era sólido como un metal al rojo vivo. Nos habita un volcán y eso siempre lo supimos. Construimos sobre lava porque así la existencia no nos defraudaba nunca. Sabemos dónde está la aventura de lo cotidiano porque estamos despiertos a la avalancha. Nos constituye y moldea nuestra estadía en los días. La travesía entera fue montados en una estrella fugaz que se regeneraba. Recorrimos el país íntegro y la bienaventuranza completa. Esos paseos son los que llevo ahora para acordarme de la belleza. Ahora que la literatura lo gobierna todo llevo cada centímetro de esos viajes en mi sangre para aprender cómo describir los paisajes inolvidables del alma. Cada escenario tiene esas sugerencias para guiarme. Todo lo alcanzamos. Cada lugar nos enseñó algo, y sobre todo, siempre lo pasamos bien juntos. Sabemos disfrutar la vida porque su fugacidad está instalada en nuestras venas. Vinimos a recorrer los parajes de los espíritus indómitos y obstinados. Modificamos un poco el planeta con un amor que va iluminando. Nunca dejamos de lado las utopías porque así es más verdadero. Cada paso alumbra alguna oscuridad tenaz. Nuestra pasión es la que propone algo nuevo. Algo que va más allá, como la vida significativa. Quiero seguir recorriendo contigo. 

Enamorada es una palabra que no alcanza IX

Me anuncio tu amor porque me libera. Porque me entrega calor en este presente complejo. Porque te tuve frente a mis ojos y comprendí tantas verdades, ocultas. Te lleve mis plantas porque sé que van a florecer contigo, como lo hacían conmigo. En tu calor todo se manifiesta siempre como renacimiento. Desde dónde nace esa vida. Tu fuego es explosión creadora. Me siento atraída hacia tus brazos como cientos de abejas en un prado atiborrado de flores. Es la pasión completa. Tus manos son las más bonitas que yo he tenido entre las mías. Tu boca, tu cuello. Todo me anuncia un paraíso que tuve y que no llega. Junto al río lo espero, sabiendo que es la incertidumbre la que me guía. 

Enamorada es una palabra que no alcanza VIII

Me privas de tu abrazo y luego cómo sigue la vida. En qué refugio prosigue. En cuál mañana asoleada te encuentro. Es temprano en la mañana y cantan los pájaros. El río desciende ciudad abajo apacible. Sé que más allá llega hasta ti. Hasta esa ciudad mágica donde fuimos tan felices. En ese templo romano construido por aquel imperio que dejó todas sus señales en esas calles. Así también es mi cuerpo, contiene tus señales. Lo recorren como indicando que ahí hubo esa vida. En este presente atesoro esas señales porque me mantienen atenta. Me dicen siempre no olvides que hubo la vida. No busco nada, disfruto, pienso en tu abrazo, en la literatura, en todo lo que me eleva, en mi corazón que bombea sangre, en este amor infinito que a veces no entiendo pero siempre me salva de la debacle. Fuiste el refugio de las palabras y te las debo todas. Esas calles te reciben y sé que es el amor el que habla. Tus movimientos están grabados con el fuego de ese sentimiento que enaltece.