25 de febrero de 2023

Soledad IV

La soledad tampoco es algo propio de los espacios laborales. En la esfera íntima se puede sin lugar a dudas estar en una relación de pareja con alguien y estar solo. Es algo que sucede bastante, pero de lo que se habla muy poco. Dada la cercanía esta soledad toma una forma más próxima a la desesperanza que a la perplejidad. Conocí esta soledad cuando vivía en Santiago de Chile, durante un tiempo, lo que me llevó a separarme de la persona con la que me había casado. Esta soledad se construye de manera progresiva. Se materializa de manera física cuando la identidad propia se vuelve invisible a la mirada del otro. Es una manera de estar sin estar, queriendo estar. Se va creando cuando un muro comienza a erigirse entre dos personas, producto de la incapacidad de comunicarse, de la imposibilidad de la contención. A fuerza de repetición se va haciendo más firme. Nos queríamos mucho, él también me quería, pero de una manera que terminó acabando con mis ganas de existir y hacer proyectos. Si en un principio podía llamarlo amor, más tarde creo que era algo distinto. La construcción de esta soledad se va logrando con la unión de diferentes elementos: no quiero que salgas sola con tus amigas, no quiero que veas a personas con las que has tenido algún tipo de relación sentimental de cualquier especie, ya no quiero que vayamos a hacer estudios a otro país, yo quiero tener hijos ahora, no quiero ir a terapia de pareja, hasta cuándo pierdes tu dinero pagándole a una psicóloga, no entiendo por qué estudias filosofía, no entiendo por qué imprimes tu literatura, por qué quieres tocar música, no quiero ver películas en que no hay acción, paguemos todo a medias, por qué lo estabas seduciendo en la fiesta, no estoy de acuerdo con ese viaje, no quiero hablar de eso, todo lo que sucedió es tu culpa, no entiendes nada, vives en tu propio planeta, te imaginas cosas, es asunto mío si quiero gritar y dar portazos, es asunto mío si quiero encerrarme en mi pieza, sale de mi pieza, por qué está mojado el lavamanos, y así. Mi soledad pasó a ser total. Sentía encima mío demasiadas expectativas de que tenía que funcionar la relación y de que el vínculo que había contraído era para toda la eternidad, no podía romperlo, algo estaba mal en mí, no en la situación, y no podía expresarle a nadie el abandono absoluto en el que me sentía. Un día, sola, miré el asunto de frente: o me suicido o me separo. No tenía duda alguna de cuál opción era mi preferida, pero materializarla se veía extremadamente difícil. Resolví que tenía que hacerlo, a pesar de la dificultad. La otra opción era extraña, por decir lo menos, nunca la barajé seriamente. Pero al querer llevarla a cabo algo me retenía, tenía miedo de comunicar la profundidad de mi soledad. Decidí por un tiempo que esperaría un poco, luego caí en cuenta que no tenía sentido. Me armé de valor y le comuniqué un día mi decisión. Recogí mis pedazos y me prometí a mí misma que otra existencia era posible. No dejaría de buscarla hasta encontrarla. 

La segunda parte de esta historia, trata, por supuesto, de la amistad, como las anteriores. Pero de algo más también. Del amor a la vida, al baile, a la música, a los viajes. Una vez físicamente sola en mi casa, pero existencialmente acompañada, comenzó un período complejo, pero sobre todo sublime de reconstrucción de mi identidad. El matrimonio había sido hasta el momento una de mis peores experiencias y tenía que, además de reparar los daños, explorar todo lo que la existencia podía ser y yo no había todavía identificado. Comencé a salir mucho con Sandra y María Paz a conciertos y fiestas, a veces con María de los Ángeles, conocí a José Tomás y armamos una banda de música, y más tarde nos fuimos de viaje con María Paz y Tracy a bailar al gran carnaval. Creo que ese año entendí bien lo que era vivir. No tenía que ver con lo otro. Era algo nuevo. Era algo para lo que no tenía todavía las palabras. Tuve que ir creándolas en el camino. A fuerza de escribir y describir todas las aventuras en las que me embarqué y todo lo que iba sintiendo. Ese año nació lo que yo quería que naciera, que no era un hijo, nacieron las nuevas maneras de crear, quizá nació la creación real, en definitiva. La posibilidad de ser la creación, de personificar la poesía y la canción. No había vuelta atrás. Todavía no había tomado la decisión irrevocable de partir de Chile, pero la idea empezó a incubarse de manera irreversible ese año, partí al año siguiente, hace ya diez años. Hoy quiero agradecer a Sandra, María Paz, Tracy, María de los Ángeles y José Tomás, por la vuelta a la música, al baile y a los viajes. Porque me acompañaron en un período extraordinario y en un proceso expansivo de recuperación, pero sobre todo de creación, de la identidad. A José Tomás le debo la vuelta a la música, lo que me marcó como tatuarse algo en la piel. La posibilidad de inventar música y vibrar en la comunión de los acordes. A María de los Ángeles le debo la posibilidad de compartir los nuevos mundos que iba descubriendo y la exploración de nuevos planetas. A Sandra, María Paz y Tracy les debo en definitiva todo, me salvaron la vida, en ese momento, sin saberlo. Les debo el amor por el baile, la música y el viaje. Me siento unida a ellas luego de ese año de una manera sobrenatural, me devolvieron el gusto por la vida, por lo que estaré, de forma profunda, eternamente agradecida. Hasta el fin de los tiempos, al menos del mío. Fuimos a un viaje al corazón de la existencia. En esos parajes asombrosos. Un viaje inolvidable. A veces estamos con las personas y no nos damos cuenta hasta qué punto las estamos transformando hacia algo mejor. La amistad, que ya existía, se forjó a fuego, y yo estaré literalmente enamorada amistosamente de ellas para siempre. Qué mujeres impresionantes. Belleza en su estado más puro. Amistad en su estado esencial. La que no pide nada a cambio. Una amistad totalmente gratuita que se alegra con el bienestar de los demás. Que está ahí siempre que se requiere. No tengo quizá las palabras exactas para decir la sustancia de este vínculo, de esta entrega, pero voy decantándolo con el tiempo, porque son amigas a quienes atesoro, a pesar de la distancia, a pesar de las posibles diferencias, todo eso da lo mismo, ellas son mis amigas y me cambiaron la vida. Creo que el agradecimiento es un acto que también nos transforma. La capacidad de identificar lo que los demás han dejado en nosotros. La noción innegable de que nuestra identidad está construida en conjunto con las personas, y que somos todos responsables y artífices de la felicidad de los otros. No sé si es la distancia o la nostalgia pero yo a estas mujeres las encuentro perfectas, de sólo verlas ya estoy en casa. Me han hecho muy feliz, a través de tantos, tantos años. Ese año fue especialmente mágico, gracias Sandra, María Paz, Tracy, María de los Ángeles y José Tomás, la música siguió su camino y llegó hasta el mar. Diez años después todavía fantaseo con tantas aventuras que recorrimos. Ya nunca olvidaré que la vida es aventura, y nada más. La aventura de nunca dejar que la soledad difumine tu identidad. La aventura de crear tu identidad mediante la amistad. La aventura, sigue para siempre.

Para Sandra Bunger, María Paz Hermosilla, Tracy Mackay, María de los Ángeles Flores y José Tomás Amenábar.

23 de febrero de 2023

Soledad III

Luego de hacer la práctica para ser abogada en la oficina de derechos humanos del Estado, entré a trabajar en uno de los programas de derechos humanos de la Universidad Diego Portales, específicamente sobre derechos de las personas con discapacidad. Mi jefa era una mujer impresionante y brillante, abogada y cientista política ciega, quien es hoy la enviada especial del secretario general de Naciones Unidas sobre discapacidad y accesibilidad, y a quien terminé sintiendo como amiga con el tiempo, lazo que dura hasta hoy. Con ella fui a la sede de Naciones Unidas en Nueva York, a la primera conferencia de estados parte de la convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, donde María Soledad fue elegida como miembro del comité creado por la convención. Una experiencia inolvidable, cuando mi imagen de Naciones Unidas estaba todavía intacta, porque además de participar, era los ojos de María Soledad, algo que no había hecho nunca, y creo que puedo decir que me cambió la vida. Podría escribir mucho sobre esto, pero volvamos a la universidad y a la soledad. Los primeros seis meses en esa universidad almorcé sola, y trabajaba además sola. María Soledad iba sólo algunos días a la semana, y nadie nunca me invitó a almorzar. Muchas personas me conocían, sin embargo, había estudiado ahí. Fue una experiencia extraña, me gustaba el trabajo, pero me sentía sola. En marzo, a la vuelta de las vacaciones, apareció Alberto, que comenzó a trabajar en el ordenar al lado del mío, y luego Andrea, que comenzó a trabajar dos escritorios más allá, y luego Raimundo, que iba una vez a la semana, y estaba en el escritorio de atrás. Todos en la improvisada oficina de profesores ayudantes de investigación. Fue una revolución total. Mi existencia dio un giro en 180 grados. De la total soledad, pasé a formar parte de un grupo de resistencia y de amistad que me marcó de una manera casi indescriptible. Una experiencia que sigue marcándome cuando repaso ese año en esa pequeña oficina que era como un templo. Los derechos humanos adquirieron toda la dimensión que tienen, yo trabajaba en derechos de las personas con discapacidad, Andrea en derecho penal, Alberto en derecho constitucional y Raimundo en derecho ambiental. Aprendí muchísimo, pero sobre todo aprendí lo que era el compañerismo en el trabajo, algo que en esa universidad no había visto hasta el momento en casi ningún lado. Más tarde tuve experiencias fantásticas que valoré mucho, con Leonor, Lidia, Alejandra, Jaime, Jorge, Miguel, Javier, entre otros profesores. Hoy quiero agradecer a Andrea, Alberto y Raimundo, porque, sin saberlo, también me salvaron la vida, en ese momento, y con quienes conservo una amistad que valoro muchísimo. Compartíamos no sólo la lucha, sino que la cotidianeidad, conversar durante el trabajo, almorzar juntos, ir a tomar cerveza y quedarnos conversando por horas de horas. Un tiempo sagrado, del que todavía estoy agradecida. Convirtieron mi experiencia de lucha en oración. Qué seres sublimes. La unión es el motor de los derechos humanos. La noción de que compartimos las luchas con otros, y de que somos relevantes para alguien. Mi universo se expandió, conocí la sustancia del encuentro y lo que encierran los espíritus lúcidos llenos de belleza. Conocí algo que no olvidé: la coherencia. Ya la había identificado en Nelson, mi jefe de la práctica, y luego en María Soledad, y luego profundicé con mis tres amigos. Tres abogados destacados y éticos a quienes siempre he admirado sin límites. Además de la amistad, conocer el tras bambalinas de la coherencia es una experiencia que tengo escrita a fuego. Ser abogado de derechos humanos no tiene sólo que ver con títulos, sino que sobre todo, con la coherencia de que las palabras no sean aire. Además de amigos, en ese marzo luminoso y hacia adelante conocí a tres personas excelentes, que además me hacían reír mucho. Los derechos humanos son algo muy concreto: la coherencia de crear bondad. La oportunidad de modificar positivamente la sustancia del mundo y no sólo su forma. Gracias Andrea, Alberto y Raimundo por mostrarme un camino. La soledad a veces logra que nos perdamos. Los quiero y los admiro, por siempre.

Para Andrea Collell, Alberto Coddou y Raimundo Pérez.

22 de febrero de 2023

Je te désire

Si estás enamorado no necesitas consumir drogas. La caída es muy dura eso sí después. Como luego de toda subida radical. ¿Estamos programados para el encuentro de los cuerpos? Me encontré con sus ojos al pie de la montaña. Mientras ocurría caí en cuenta que cada vez es más difícil dejar de hacerlo. Las drogas son más simples que esto. No siempre. Pero aquí está el intervalo. Como el del tren y el andén. Como la diferencia de tono entre los sonidos de dos notas musicales. En ese espacio reside la posibilidad de volver a encontrarse. El tren y el andén no pueden fundirse. Tampoco las dos notas musicales. Sólo en apariencia. En ese intervalo sucede. En la tierra de nadie se encuentran los cuerpos. Conscientes de su separación. La fusión momentánea es lo que enciende el deseo de trascender los límites. De ponerlos a prueba hasta que desaparezcan. Las ansias de explorar el intervalo. Difuminarlo. Para volver a difuminarlo. A continuación no poder dejar de hacerlo. A riesgo de caer desde muy arriba. Desde más arriba cada vez. Amar debe tener algo de necesidad y masoquismo. Caer desde lo más alto posible. Para volver a romper todos los límites. Llegar aún más lejos. Cada vez más lejos. Amar es también ambicionar. Querer ponerle palabras a la explosión. Lo interesante es la resiliencia. Caemos desde muy alto y luego como un pez damos media vuelta y volvemos a recorrer la pecera con tranquilidad. Con algo de tranquilidad. Con la pretensión de volver a romper los límites. Me pregunto si lo que nos devasta es la planicie. La necesidad de las montañas. La aspiración de alcanzar las nubes. Los intervalos son muy interesantes. Porque no siempre son visibles. Hay que identificarlos. Para tomar posesión de lo que está alojado en ellos y transformarlos. El deseo es el gusto por los intervalos y todo su misterio. Una manera de abordar las distancias haciéndolas explotar. No hay tal cosa como los verdaderos intervalos si se observa atentamente. Sentir es dinamitar las distancias y crear nuevas configuraciones. Son los cuerpos los que crean el oasis. Para nunca dejar de desear. 

Soledad II

La soledad no es algo propio del migrante. Se puede perfectamente estar acompañado y estar solo. Cuando trabajaba en Santiago de Chile en Naciones Unidas, por mucho tiempo me sentí muy sola. Estaba aislada y mi jefe directo era un abusador. Un día llegó a la oficina que estaba frente a la mía, Soledad, y a una que estaba un poco más allá, Sebastián. En las mañanas partíamos a comprar café y conversábamos. Todos los días. Luego a veces en las tardes íbamos a tomarnos una cerveza y seguíamos conversando. Teníamos tantas cosas que decirnos. Los tres para todos lados. Nos hicimos inseparables. Ellos también, sin saberlo, o quizá sabiéndolo, me salvaron la vida. Era una amistad incondicional. Conversábamos todo. Nos apoyábamos en todo. Nos reíamos sin parar. Convertimos en humor toda la hostilidad. La amistad tiene esa capacidad creativa increíble, transformar las cosas en amor, hasta lo más difícil. Quizá lo más importante que aprendí en esa oficina fue el valor de la amistad. Se dice a veces que hay que saber separar el trabajo de la vida personal. Es una afirmación que tiene aspectos ciertos, como saber identificar los espacios y sus diferencias. Pero la amistad está en todos lados, y debe estar. Los ambientes hostiles de trabajo deben terminarse. Pasamos tantas horas en los lugares de trabajo. Quiero agradecer hoy con mucha fuerza a Soledad y Sebastián, porque el trabajo pasó a ser, en aquellos años, de un infierno a un paraíso. Fui muy feliz compartiendo con ellos la existencia completa. Sentí, incluso, que mi trabajo era reconocido. Me mostraron también mi propio valor, que me había sido robado. Me devolvieron la confianza en mí misma. El abuso en el trabajo tiene que terminar. Soledad y Sebastián me hicieron recordar por qué había llegado yo a esa institución. Las razones de mi búsqueda y esfuerzo. Me trajeron de vuelta a los derechos humanos, algo que se había distorsionado con el tiempo. Caí en cuenta que estaba intacto. Mi alma, en el fondo, no tenía cicatriz alguna, y el espíritu de los derechos humanos era algo real, como yo lo recordaba, tal cual, la posibilidad de un mundo mucho mejor. La soledad es sinónimo de abuso, y la amistad es totalmente lo contrario. La comunión absoluta que entrega belleza a cada ambiente y a cada momento. Teniéndonos, estoy segura que pudimos aportar mucho más, la convicción era absoluta. Esa belleza sigue en mí, me ayuda para seguir trabajando por los derechos humanos. Sin Naciones Unidas, pero siempre, siempre, con amistad, con solidaridad. Llegamos más lejos en el camino que seguimos cuando estamos acompañados. Gracias Soledad y Sebastián por esos años inolvidables y por todo lo aprendido. Todo ha sido reparado, ahora sólo queda recordarle quizá a otras personas por qué empezaron, recordar que nunca hay que dejar de luchar. La noción de amistad es el motor de la solidaridad. Los derechos humanos, en la sustancia más íntima, están siempre intactos, y son para todos. Trabajar por los derechos humanos, cuando es real, es ayudar a disminuir la soledad. 

Para Soledad Cortés y Sebastián Carrasco.

21 de febrero de 2023

Chasser l'impatience de te voir

Sálvame de lo que quiero, dice St. Vincent, save me from what I want. Decimos, déjame ahuyentar la impaciencia por verte. Porque cada paciencia debe ser buscada. Hay que salir a encontrarla. St. Vincent dice, cariño, lo que te revela es lo que intentas y escondes, podrías decírselo a los planetas o la funda de tu almohada: honey, what reveals you is what you try and hide away, you could tell the planets or your pillow case. Pero por qué revelarnos. Amar es volverse imbécil. Conseguir una nube en el cerebro. Que te acompaña a todos lados. La reflexión por ningún lado. También hay que salir a buscarla. Amar es perder sustancia. Perder peso. Es tragarse la ensoñación y disminuir la productividad terrenal. Es esforzarse en alinear las palabras. Buscar las líneas. Seguir los surcos. Caer en los precipicios. Volar en los intersticios. No tiene sentido. Desplazarse sin ton ni son. Dar vueltas en círculos. Salir a buscar. Salir a entregar. Sálvanos, St. Vincent. Danos la claridad perdida. Los motivos de las palabras. Los significados correctos. Las íes y sus puntos. Amar a un hombre se parece a veces a estudiar derecho: hay que conocer de cerca al contrario. Para actuar en consecuencia. Para modificar la corriente del río. Para navegar identificando los descalabros. Para derrocar a los reyes. Lo que no te enseñaron: te las arreglas. Improvisas. Con la nube dentro de los sesos. Con la acuarela en la mano. Vas pintando la cara de todos quienes se cruzan. Dibujando mariposas y arcoíris. Parecen los dibujos de un niño. Los fuegos artificiales a cualquier hora del día. Ni se ven con el sol. Pero tú los ves. Quieres que diga algo, cualquier cosa. Escucharlo es lo importante. Observarlo. A él y a su cuerpo. Sus movimientos. Sentir sus movimientos. Sentir que la sangre corre por sus venas. Que su piel está tibia. Amar definitivamente es volverse imbécil, y olvidar cualquier arrepentimiento. Encontrar la razón profunda de las palabras.  

20 de febrero de 2023

La peineta

Sucedió algo inesperado. Apareció la peineta. La que había sido reemplazada por el tenedor y luego por la otra peineta. Esto es, de tres, la número uno. Primero había cero, luego dos contando la que partió río abajo, luego una, luego dos contando la que apareció luego de haber sido declarada oficialmente como desaparecida. Como si no hubiese cosas que resolver. Le confesé que había sido reemplazada y la guardé en el cajón. Pero pensando que debería regalarla. No necesito dos peinetas. Una sola ya me peina el pelo. Y otra en el cajón, para qué. En mal momento apareciste le dije, ya no te necesito. Voy a tener que regalarte. Abrí el cajón y me quedé mirándola con estupefacción. Qué voy a hacer contigo. Ya no quiero ser una cheerleader, dice St. Vincent. Yo tampoco quiero ser una cheerleader. Los jóvenes vecinos de arriba miran la televisión todo el día. Yo pongo en mis audífonos el sonido de unas olas del Caribe. La televisión se esfuma, afortunadamente. Como la peineta. Subí a hablarles. Les llevé la peineta. Así pueden hacer otra cosa que mirar la televisión. Me puse a pasar la aspiradora a continuación. Con miedo de que apareciera una nueva peineta. Con miedo de que al buscar algo apareciera otra cosa. La pregunta es, si se pierde mi peineta, los vecinos, ¿me devolverán la mía? Pero quizá vuelvan a mirar la televisión. Y yo tenga que volver a poner el mar Caribe en mis audífonos. Para no perder el hilo. Con haber perdido la peineta me basta. Dos peinetas más encima. Pero como tengo una nueva. Mucho mejor. Tiene un diente quebrado pero me gusta. Llegó a mi casa y tenía un diente quebrado. O sea que en el camino perdí la otra peineta y rompí el diente de la que llegó sana y salva a casa. Hasta cuándo una cheerleader. Mira, la peineta peina. Igual es una peineta, no se le puede pedir más. La veo que hace un esfuerzo. A pesar de su diente quebrado. O quizá no. Por qué la voy a cambiar, ¿por el diente quebrado? Si igual peina. Uno termina encariñándose. No con los cheerleaders. Cualquier cosa es mejor que la televisión. 

19 de febrero de 2023

Deseo IV

El deseo envuelto en amor es la voluntad de explorar las cimas escarpadas. De encontrar en tus ojos marinos la sugerencia maestra. La que arrasa con el vendaval. Situándonos en el punto cero. En el vaivén de las olas sin estribos. Mientras recorro el día evoco tu disposición a la explanada que se ensancha. Al camino que se va allanando para ir plantando las flores. Las frutas en las palmeras. Una playa con arena blanca que se adhiere a la piel como harina. El sol que traspasa el agua y brilla. El viento cálido que trae un escalofrío como señal de alerta. La necesidad de tu cuerpo. La necesidad de tu cerebro como agua de un oasis. Veleros, veleros, veleros, y una hilera de expectativas que en realidad se resumen a tenerte cerca. A la posibilidad de que el deseo se convierta definitivamente en amor en la proa del barco. Al deseo de que el deseo se convierta en inextinguible. 

Deseo III

El deseo envuelto en amor es repetir cada día el milagro. Apropiarse del arcoíris como que este se materializara en colores tangibles. Olvidar que el tiempo tiene la consistencia del tiempo y tergiversarlo todo. Observar los segundos y ver cómo estos se disuelven y estallan. Olvidar que las palabras designan cosas. Seguir a las nubes como si en ellas estuviese cifrado el misterio. Caminar y perder la dirección de los acontecimientos. Evocar a los planetas como si ellos orbitaran a la altura de tu cabeza. Como si las estrellas fugaces entraran por tus oídos y salieran por tus ojos. La voluntad de entregar nuevas constelaciones. De decir soy esto, no hay más, y es para ti. No todo pero compartamos. Pero quiero saber lo que ocupa tu cerebro. Lo que inunda tu espíritu marino. La voluntad de explorar las cimas escarpadas.  

Deseo II

El deseo es el impulso de fabricar atardeceres. Subir a la cima y crear una inmortalidad temporal. El deseo envuelto en amor es lo que convierte un punto cardinal en estrategia. La necesidad de seguir a la estrella. La fascinación de acompañar a la orquesta con la tonalidad perfecta. Alcanzar el risco al unísono. Crear deseo envuelto en amor es la noción de un vértigo sagrado. La pasión de decir no quiero que esto acabe. De decir su paraíso se encuentra con el mío. El deseo es el amor al perfume del amor. La sensación del agua en la piel y sus ondulaciones. La estela que deja un barco en el agua e invita a soñar. A contemplarla como algo que se forma y se disuelve para volver a formarse una y otra vez. Repetir cada día el milagro.  

Deseo

Está el deseo y está el deseo envuelto en amor. La necesidad de seguir a un destino y unirlo a otro. De dónde surge ese impulso. Se trata de salir de bajo el agua, sentir los pulmones llenos de aire y observar frente a ti el barco con luces de colores que se detiene para que alcances su proa y avances pelo al viento en la oscuridad celeste. La existencia tiene una capacidad regenerativa impresionante. Un movimiento que sana y crea el deseo. El deseo se crea. Consiste en la capacidad de ampliar los horizontes. De ver más allá de un cierto espíritu. Intuir lo que albergan sus laberintos. Consiste en querer profundizar en una mirada. Advertir que oculta algo desconocido y diferente. Límites nuevos. Elementos que no poseemos. Sabiduría que nos excede. El deseo es el impulso de fabricar atardeceres. 

17 de febrero de 2023

Violencia

La violencia es un lenguaje que no conozco y nunca conocí. Al menos de niña. Me comentaba ayer una amiga del encuentro con un grupo de hooligans que tuvo hace algún tiempo aquí en Lyon. Un grupo de personas armadas con palos luego de un partido de fútbol. Me mostró después un video de un grupo de extrema derecha que rompieron a piedrazos una librería y biblioteca anarquista de Lyon que daba clases de francés gratis a los extranjeros. Un grupo totalmente siniestro de jóvenes vestidos de negro con capuchas que avanzaban por una calle del centro todos al mismo paso, decididos a aliviar ese sentimiento de inferioridad vital que obstruye el cerebro, haciendo cualquier barbaridad. Se queda uno helado. Un grupo de esos le pegó también al amigo de una amiga que salía de un bar gay en el casco antiguo de la ciudad. Y así, suma y sigue. Como escribió Roberto Bolaño, tal como le había explicado Norton que le ocurría a ella cuando veía a su ex marido, un tipo de metro noventa y destino incierto, un suicida en potencia o un homicida en potencia, posiblemente un delincuente menor o un hooligan cuyo horizonte cultural se cifraba en canciones populares que cantaba junto con sus amigotes de infancia en algún pub, un gilipollas que creía en la televisión y cuyo espíritu enano y atrofiado era semejante al de cualquier fundamentalista religioso, en cualquier caso y hablando claro, el peor marido que se podía echar encima una mujer. Como también escribió Bolaño, el Ojo siempre intentó escapar de la violencia aun a riesgo de ser considerado un cobarde, pero de la violencia, de la verdadera violencia, no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década de los cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende. ¿Puede uno mantenerse fuera de la violencia? La violencia es un lenguaje que no entiendo. Las palabras y las acciones son sagradas y nos llevan por el río hasta el mar. Queremos paz, respeto, y un lenguaje mejor para nuestros pueblos. Un lenguaje que habite en el silencio de la consciencia. En ese lugar mudo donde nos encontramos. Ese lugar existencial donde nacimos, siempre llenos de esperanza. Un lenguaje tiene que ser como una primavera que permita la aparición de las flores. Como las que tímidamente comienzan a surgir en Lyon. Un lenguaje tiene que ser como un reflejo en el agua, flexible y en movimiento, que dé espacio a la aparición de la duda, el amor y la alegría. Un espacio para habitar el planeta y no destruirlo. Un lenguaje debe ser el advenimiento del humor y los atardeceres de colores. El deseo de continuar para lo que queda. 

15 de febrero de 2023

14 de febrero

Un día como hoy se ha decidido, en razón de un cierto origen que se discute como siempre estas cosas, celebrar el día de los enamorados. Lo que nos lleva, o quizá no, a preguntarnos, al menos una vez en este día, qué es estar enamorado. En este día pueden suceder varias cosas. Por ejemplo, que ningún enamorado te escriba nada, como me sucedió el año pasado. No se dieron por aludidos. Confieso que aunque la fecha no me interesa especialmente, igual me dolió un poco, quise hacerme la indiferente, pero no, ahí sola, con la almohada, le acepté a mi yo interior que habría sido lindo recibir un mensaje. No, nada. Como si era cualquier día, 16 de mayo o 30 de abril. Quizá era el resultado de mantener frentes ficticios. A veces se está sola en esto, o sea de enamorados en plural indicando reciprocidad nada. Quizá lo que dolió fue constatar, no pensaron en mí ni un ratito. O quizá pensaron y decidieron deliberadamente no escribir nada. Lo importante es que el amor son hechos y no sólo palabras. Tenemos entonces una primera idea en relación a qué es estar enamorado: desear hechos y no sólo palabras. Otra opción para este día es que te escriban y quieran verte. También puede suceder. Cuando el corazón ha estado acribillado y a la deriva por un tiempo considerable esta opción es como un día asoleado. Como hoy. Lo que nos lleva a una segunda idea en relación a qué es estar enamorado: se puede volver a estar enamorado luego de que se ha estado enamorado. Esto es, un 14 de febrero nadie te escribió nada, y luego al siguiente sí. Esto es, para ser más exactos, estar enamorado puede ser una cosa, y luego puede ser otra. Como dice L'Impératrice, pas besoin de style, quand tout se défile, le cœur à 10 000, le reste on s'en fout : no necesitas tener estilo, cuando todo se desintegra, el corazón a 10.000, lo demás no nos importa. 

Empatía

Texto publicado en Simone // Revista / Revue / Journal


Feminismo es sinónimo de derechos humanos y de democracia. Quien se declare no feminista está diciendo soy anti derechos humanos y anti democracia. Luego están los apellidos, me identifico más con tal o cual corriente, pero la base es la misma: los derechos humanos de las mujeres y la calidad democrática de la sociedad. 

El feminismo por un lado ha hecho hincapié en que las mujeres también son humanos, por lo que les corresponden, asimismo, esos derechos, en igualdad de condiciones con los otros humanos, y además en muchas ocasiones con todos los seres vivos. Por otro lado, ha ampliado el campo de visión, al decir, en cada situación, miremos también a los márgenes, a quienes no tienen título para gobernar, pero también están aquí, la parte de los sin parte, como dice Rancière, en relación a la democracia. 

Pero este es el piso mínimo. Lo interesante del feminismo es que ha definido el contenido de esos derechos humanos y de esa democracia, de manera bastante exigente. Ha elaborado todo un catálogo de acciones o comportamientos en las relaciones humanas que vulneran estos derechos, y ha propuesto todo otro abanico que protege la integridad de las personas y su pleno desarrollo. Esto lo ha logrado haciendo algo que no se había hecho antes: escuchando a los seres humanos. Sacándolos del margen, y poniéndolos al centro. Derribando los estereotipos, dándoles voz y visibilidad a las personas en toda su complejidad y cruce de identidades. El acceso a la multiplicidad y la pluralidad fueron clave para caer en cuenta de lo siguiente: a pesar de las diferencias, yo también. Me too. La unión es todo.   

El feminismo ha instalado los siguientes conceptos, la solidaridad sistemática, el deber de empatía, la responsabilidad incluso por acciones ajenas, la reparación basada en la justicia. Por eso que no podemos pasar de largo, en un mundo que se desintegra, más vale que ampliemos nuestra visión y actuemos en conjunto. La resistencia es supervivencia. Esto se ha propuesto de manera revolucionaria, no basado en sistemas morales ni control social de ningún tipo, se ha propuesto desde la libertad y la autonomía. Estas acciones se han vuelto políticas, en el sentido de participación en la creación del mundo. Aquella actividad cuyo fin consiste en asegurar la vida en el sentido más amplio, como lo entendía Arendt.

Con el nombre de sororidad, se ha querido instalar una práctica de solidaridad sistemática. Se ha puesto el énfasis en la relación de solidaridad entre mujeres, porque esto es lo revolucionario, la fraternidad era ya un concepto instalado. Era necesario que las mujeres se unieran y trabajaran juntas porque instalar conceptos nuevos cuando se está del lado de los oprimidos requiere coordinación. Pero el feminismo va más allá de la sororidad, al desarrollar este concepto, lo que intenta es instalar una práctica sistemática de solidaridad. Esta práctica consiste en mirar el cuadro completo. La obligación de observar más allá de lo que aparece en la foto. La interdependencia de los sistemas y la idea de que si alguien está arriba, asegurarse que no hay alguien abajo, sobre el que se está pasando encima. La idea de no dejar a personas fuera de la foto. Lo que se crea sobre cadáveres, nace muerto, no tiene valor. Este concepto va de la mano con la horizontalidad. El feminismo observa con atención las jerarquías. Por qué hay alguien arriba y alguien abajo. Por qué se me dirá lo que tengo que hacer. En este barco todos tenemos el mismo valor. Lo que va también ligado con la interseccionalidad, que pone ojo en observar cuando es más difícil para alguien subirse a la misma proa del barco, por la razón o razones que sean. Valorando este cruce de factores con justicia, con objeto de mantenerse en la horizontalidad. 

En cuanto al deber de empatía, nace de la reformulación total de las relaciones humanas que realiza el feminismo. Lo que no surge de manera antojadiza, más bien porque muchas personas se estaban quedando abajo. ¿La mitad de la humanidad? Esto se ha realizado específicamente acordando una lista de acciones y situaciones que causan dolor, al ser opresivas. El dolor es importante aquí. Por ejemplo cuando una persona quiere poner fin a un vínculo, tiene al menos dos opciones, manifestarlo claramente, o no decir nada y comenzar a comportarse de manera imbécil para que la otra persona termine haciéndolo. Lo que el feminismo ha hecho es decir, de manera asertiva, esto es diciendo cuando tú haces esto yo me siento así: mal, por ejemplo. No ha dicho los hombres son así o asá, o son peores o mejores, bastaría semejante estupidez, ha dicho, por ejemplo, si alguien dice, todo se llevará a cabo como yo quiero o la relación está terminada, es un trato injusto y opresivo. Es un mal trato. Lo que ha hecho el feminismo es describir con lujo de detalles todas las interacciones que duelen, voluntarias o forzadas. Ha indicado todas las situaciones en que existe maltrato, con gran claridad. El maltrato es violencia. En cualquiera de sus grados. El feminismo ha puesto énfasis en dos asuntos que evitan este tipo de situaciones: la comunicación y la noción de que las personas tienen emociones y sentimientos. Parece evidente pero la idea no estaba lo suficientemente instalada. Por ejemplo, hacer notar que si alguien se pone a gritar o evadir lo que no está funcionando, no sólo eso no va a ayudar en absoluto, sino que también es una forma de maltrato, por lo tanto de violencia. Y cuando se ejerce contra alguien que más encima no puede por alguna razón acabar libremente con ese vínculo, la pone en una situación imposible y vulnera su integridad. El feminismo nos impulsa, en todo momento, a considerar en cada ocasión la noción de empatía, de evaluar si nuestras acciones son imbéciles o no, si estamos causando dolor o permitiendo el florecimiento de los demás. Claro, cuando se ha dictado siempre lo que hay que hacer como regla universal esto puede ser difícil de identificar, pero esto ya no va más. El maltrato está claramente pormenorizado y ya no se puede indicar que no se tenía noción. Si no quieres comportarte como un imbécil ponte un poquito las pilas. Si se quiere terminar una relación se puede hablar. Y que las condiciones sean justas cuando esta acaba. La noción de que todos estamos en la misma proa del barco y tenemos igual valor hay que tenerla siempre en mente. Y la distribución de lo que se ha formulado como privilegios, que son bastante evidentes. La existencia de una supuesta meritocracia es una mala broma. 

El concepto de la responsabilidad por las acciones propias e incluso las ajenas es interesante también. Intenta acabar con la complicidad. Las acciones imbéciles tienen la característica de repetirse si no se pone atajo a quien las comete. Tienen una persistencia impresionante. La impunidad es además un aliciente definitivo para estas repeticiones. Muchas veces toman la forma de acciones tipificadas como delito. Ante esto hay al menos dos opciones, quedarse en silencio al tomar conocimiento de ellas, o impedirlas de alguna manera. En el caso de las imbéciles o las delictivas, que también son imbéciles, hay una tendencia casi inexplicable del gremio masculino a dejarlas pasar. Es cosa de observar. Pero las buenas noticias son que gracias a los conceptos instalados por el feminismo, la complicidad va en retirada. Sin ir más lejos supe la semana anterior, por ejemplo, que una cierta persona denunciada por violencia ya no era bienvenida donde antes lo era. Una gran alegría. No sé si la noción de responsabilidad está instalada, pero va en camino, y la de denuncia está ya en su puesto. El silencio parece cada vez más algo del pasado. 

Por último quisiera remarcar otra noción que se ha desarrollado, la de reparación basada en la justicia. El gremio masculino es muy reacio a pedir perdón o a disculparse cuando corresponde. Era una noción desconocida. Junto con la concepción errada de la culpa. De quién tiene la culpa sobre algo. Primero decir que la culpa en una interacción de dos personas es compartida, y cuando es un delito, es de quien lo comete. Si algo sale mal en una interacción voluntaria, es consecuencia de lo que alguien hace y de la recepción del interlocutor y sus características propias, la afirmación, tú me pones así, es una estupidez. Por otro lado, si se fuerza a alguien a realizar o padecer algo, sin su consentimiento por lo tanto, en ningún caso la responsabilidad es de la víctima. En toda la gama de acciones cotidianas o delictivas que menoscaban la integridad de alguien, el feminismo ha instalado de manera muy clara la noción de la necesidad de una reparación, que se asienta en el concepto de justicia. Lo fracturado debe repararse. Se ha instalado la importancia de la obligación de reparar. Aquí ya no es, no me importa que se las arreglen solos, hay una responsabilidad de observar, reconocer, sancionar, arreglar lo que se ha roto. Como darse cuenta que no es consumir plástico y lanzarlo al mar, y olvidarse, el planeta está ahogado y el plástico llega de vuelta un día o el otro, es necesario reciclar o dejar de consumir plástico, en cualquier caso, dejar de romper al planeta y reparar todo lo ya roto. 

En otras palabras, estamos tanto mejor con el feminismo y la ecología que lo que queda es seguir profundizando y agradecer que estén aquí. Queda tanto por hacer. Y eso es otra cosa, tampoco sirve sólo decir o parecer, también hay que hacer. Por ejemplo si dices que defiendes los derechos humanos pero estás confundido en relación a lo que son, no sirve. Se puede perfectamente saber ahora qué significan y qué implica. Lo que hay que hacer. Como dice Ani DiFranco, puedes hablar de una gran filosofía, pero si no puedes ser amable con la gente todos los días no significa mucho para mí, son las pequeñas cosas que haces, las pequeñas cosas que dices, es el amor que das en el camino. Y llegamos aquí a un tema clave: el amor. Recordemos que feminismo es sinónimo de derechos humanos y de democracia. Lo fantástico es que el feminismo ha indicado algo radical: el amor y sus manifestaciones son un derecho humano. Por lo tanto una responsabilidad. Lo más importante: que no acabe el feminismo hasta que no se haya modificado definitivamente el mundo. Las mujeres que hoy no pueden ir a educarse o que temen por sus vidas por un velo mal puesto nos necesitan a todos.  



* Andrea Balart es escritora y abogada de derechos humanos. Máster por la facultad de filosofía de la Universitat de Barcelona. Activista feminista, cofundadora, directora y editora de Simone // Revista / Revue / Journal, y traductora (fr-eng-esp). Franco-chilena, nació en Santiago de Chile y vive en Lyon, Francia. 

12 de febrero de 2023

Viaje

Annie Ernaux escribió a los veintidós años: escribiré para vengar a mi raza. Lo menciona en su discurso al recibir el premio nobel de literatura. Pensaba orgullosa e ingenuamente, escribe Ernaux, que una victoria individual borraba siglos de dominación y de pobreza. El azar privado e histórico, escribe Annie, confirieron a mi deseo de escribir un carácter de urgencia secreta y absoluta. Me pareció evidente, escribe Ernaux, anclar el relato de mi desgarro social en la situación que viví cuando era estudiante, esa situación indigna a la que el Estado francés condenaba siempre a las mujeres: el recurso al aborto clandestino entre las manos de una “hacedora de ángeles”, de una abortera. Vengar a mi raza y vengar a mi sexo, escribe Annie, serían una sola y misma cosa a partir de entonces. El reconocimiento de mi obra por la Academia Sueca, escribe Ernaux, es una señal de esperanza para todas las escritoras. Yo pertenezco a la raza de los escritores. No tengo otra patria que la literatura. Pero tengo un sexo y sin haberlo pedido, pertenezco a una categoría particular dentro de esta raza. La raza de las escritoras. Pero no quiero vengar ni a mi raza ni a mi sexo. Me basta con escribir. La literatura, finalmente, es una patria que tiene sus propias reglas. Esas son las que me interesan. Las decisiones de mi biografía han estado sujetas a un solo motor: las palabras. Pero la organización de las palabras tiene un cierto motor: la justicia. Mi patria es la organización de las palabras anclada en la justicia. Para mí, literatura y justicia son indisociables. He hecho de mi existencia un viaje en búsqueda de la literatura y la justicia. La patria es algo que hay que buscar, como un destino. El destino está trazado de azar y deseo. Debido a que las palabras gobiernan, intento a cada paso hacer lo que conviene al bienestar de ellas. A través del tiempo recorrí treinta países y cientos de ciudades buscándolas, interrogándolas. Hice del viaje mi destino. Porque la justicia se busca. Siempre estuve en lugares que no eran mi destino final. Lo sentía en la piel y las palabras me guiaban. Para la patria literaria es importante definir un lugar físico. Aparecen con mucha más libertad cuando hay el silencio. Logran expresar lo que querían decir. La justicia la sigo buscando, pero aquí en Lyon, rodeada de mi biblioteca y frente al río: siento que llegué a mi destino final. Por primera vez no quiero estar en otro lado. Las palabras lo saben. Se han instalado todas a conversar conmigo alrededor de la mesa. Mi cerebro ahora sólo genera literatura. Caminar a comprar café es un poema. Pienso en metáforas. Ya no se esfuman, cada paso está compuesto de figuras. Pensé que no había algo tal como un destino final. Ahora sólo queda hacer que las palabras y la justicia se encuentren. Sigue el viaje. La literatura es la música que las palabras componen en el movimiento del espíritu. Si tuviese que vengar a algo sería la propia literatura. Es ella que nos permite el viaje. 

11 de febrero de 2023

Al pie de la montaña

Me dirigí a la ciudad al pie de la montaña. Tenía una cita con el destino. Como dice L’Impératrice en la voz de Flore Benguigui, cortaste los cables, entendiste el deal, todo es más fácil cuando nos volvemos locos, dejaste la fábrica, rompiste la máquina, más arriba de las cimas los códigos no importan. En este caso era al pie de la montaña. Antes de subir a las cimas. Tampoco importaban los códigos. Los cables cortados, el deal entendido. Me esperaba el destino. Lo seguí. Hasta un café. Hasta un bar. Por toda la ciudad bajo el sol invernal. Por toda la ciudad bajo la noche estrellada. Dejar la fábrica. Romper la máquina. Volver a encontrar esas conversaciones que hablan sobre un rumbo, volver a encontrar esa mirada que envuelve un futuro que me cautiva. El destino quedó sellado, el pacto acordado. L’Impératrice dice, en el orden establecido, tú buscas la salida. Las cumbres. Encontrarse al pie de la montaña para abrazar las cimas. Donde los códigos no importan. Quiero. Por esta vez y por un momento más largo. Partir de nuevo. Quiero. Una existencia nueva. Pero que sea al pie de la montaña. Pero que sea en las cimas. L’Impératrice dice, el corazón a diez mil por hora, el resto no importa. Nunca se deja de lado la aventura. El amor al viaje es una condición. Quiero. 

9 de febrero de 2023

Soledad

Hubo un momento en esta ciudad años atrás que sentí una intensa soledad. De hecho, caí en cuenta que estaba literalmente sola. El camino migratorio tiene de todo menos de fácil. Recuerdo que me inscribí en un curso de francés escrito, más para hablar con alguien distinto a mí misma que avanzar con la lengua. Llevaba unos años ya viviendo en Francia, pero en otros lugares, manejaba bien el idioma. No había tomado nunca cursos de francés acá, había aprendido por mi cuenta. Identificaba sin embargo la necesidad de escribirlo mejor si quería integrarme (al mundo profesional literario era bastante optimista, rayando en la utopía, pero ahí está una con sus sueños). Pero volvamos a la soledad. Conocí en ese curso a Michelle, una mujer fantástica, artista originaria de Ciudad de México. No creo haberle dicho que su existencia era tan relevante para mí como el aire. La habría asustado quizá. A Magdalena, otra mujer fantástica, veterinaria y artista originaria de Santiago y Viña del Mar, Chile, la conocía hace unos años, pero vivía ahora fuera de Lyon. Por esto, compartíamos esporádicamente conversaciones eternas junto al río tomando cerveza, lo que también tenía la sustancia del aire que se respira para vivir. A Jenifer, física brillante originaria de Burgos, España, también la había conocido años antes. A ella le dije, Jenifer, invítame a panoramas porque estoy sola. Amablemente escuchó mi llamada de auxilio y disfruté sin límites sus invitaciones como un tanque de oxígeno en un planeta sin condiciones para la sobrevivencia. Recuerdo que además del curso, descargué también una aplicación para conocer gente, con los mismos objetivos. Tomando una cerveza con una persona que acababa de conocer, ante sus preguntas por mi instalación, le conté mis aventuras. Le dije, sí, todo bien: tengo tres amigas, una de México, otra de Chile y otra de España. Nunca más me llamó, quizá lo de tres amigas sonaba raro. Para mí era muy importante. A veces pequeños gestos son muy importantes. A veces modificamos la existencia de las personas sin darnos cuenta. Han pasado años y este lugar es mi casa, ya no tengo que bajar aplicaciones ni ir a cursos para compartir palabras. Sin embargo, en este día, quiero agradecerle a Michelle, Magdalena y Jenifer porque, sin saberlo, me salvaron la vida en ese momento. La soledad del inmigrante es durísima. Pero genera encuentros que son como tesoros. Afortunadamente, además, no dura para siempre. Gracias a todas y cada una de las personas que me han entregado gestos y momentos esenciales. Gracias a quienes están ahí, semana tras semana. Luego de diez años, la soledad se ha difuminado, ya no soy una inmigrante, y tengo nuevas familias. La experiencia es el desarrollo más profundo de la empatía. 

6 de febrero de 2023

La familia feminista

Este fin de semana fue la reunión plenaria de Parchadxs, nuestro colectivo feminista latino de Lyon. Qué maravilla de encuentro. Cuando se es inmigrante, un grupo así es una familia. Mujeres que vienen de distintos lugares de Latinoamérica, Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Bolivia, Perú, Guayana francesa, Cuba, además de Francia, España e Italia. Un colectivo interseccional, anti racista y anti colonialista. El feminismo es una hermosa forma de vida. Constituida por la solidaridad. Instalada en la justicia. Soy feliz en este espacio activista. El feminismo trata sobre amar al mundo lo suficiente como para intentar cambiar lo necesario. El feminismo es, en lo profundo, empatía. Unirse es pertenecer. Es importante pertenecer. Cuando se es inmigrante, a veces se está excluido. Pero siempre se pueden crear grupos de encuentro. Pero siempre se puede amar lo suficiente al país de destino como para trabajar en convertirlo en un lugar mejor. Finalmente, el país de destino es también el propio país. El mundo está compuesto de identidades múltiples. Eso es lo interesante. La complejidad de la lucha. La empatía que ama la complejidad. Para mí migrar ha sido, sobre todo, aprender. No parar de aprender. No parar de maravillarme. Migrar ha sido para mí construir nuevas familias. Crear formas de amor que no conocía. Amo y agradezco a esta gran familia feminista que no excluye. Migrar y el feminismo para mí han sido una nueva forma de esperanza. La esperanza real. Un mundo nuevo simplemente, organizado bajo el signo del agradecimiento. Empatizar sin fronteras. Pertenecer sin límites.  

5 de febrero de 2023

A mis hijos elegidos

Hace nueve años recibí un regalo inesperado, hijos elegidos. Tres seres humanos maravillosos, parecidos a su padre. Buscaban su identidad y su camino, fui una testigo privilegiada de un proceso hermoso de transformación. Recibí mucho amor, y creé vínculos que hasta el momento no conocía. Me sumergí en la vida como nunca. Entregué toda la magia que me fue posible. Todo lo que soy. Tuve que inventar un sinfín de cosas que no tenía idea, improvisar, crear consejos, formas de relacionarse, maneras de encontrarse. No me arrepiento de nada. La comunión íntima es el más grande tesoro. Mi enamorado decidió un día terminar la relación, a mi pesar. Hice el duelo, pasó el tiempo, y hoy observo el presente con una promesa de futuro, estoy preparada para construir una nueva existencia. Lo que me tiene más feliz es la noción de que el amor recibido y entregado no acaba. La posibilidad de mantener esos vínculos que tanta felicidad me han traído. Las familias toman formas diversas, eso he aprendido con el tiempo, los hijos elegidos siguen siéndolo, aunque quizá tomen la forma de amigos, si es esa la palabra más exacta. Pero no puedo olvidar que los encontré cuando aún no conocían su verdadero nombre. El amor tiene tantas maneras de manifestarse. Los he amado encontrándome con el alma desnuda, directamente, tal cual son, y ellos me han amado tal cual soy. El dolor de perder lo más cotidiano da paso al agradecimiento. Finalmente, ellos también tuvieron que inicialmente conocer a una extraña. Tuvieron a una segunda mamá elegida. Ahora tienen a una amiga, una casa donde llegar, y saben que, para siempre, pueden contar conmigo. 

4 de febrero de 2023

Pájaros

Necesito cada pájaro que pasa frente a mi ventana, en el río. Cada garza blanca, cada cisne, cada cuervo. Me acompañan y me deslumbran. He dejado de amar. Sucedió de pronto. La admiración dio paso a la náusea. No quiero que vuelva a dirigirme la palabra. Los grandes y los pequeños pájaros se posan en los árboles justo frente a mi ventana. La vida aérea es realmente interesante. Están por sobre las cosas. Ahí estoy yo. Por encima de una historia muerta y enterrada. Tu falta de comunicación y tus adicciones podrán ir a enterrar a alguien más. Infundes miedo, pregunta si quieres. Levantar la voz se ha vuelto tu arma para aplacar tu vulnerabilidad. Observo la lápida, y parto, volando. Ahora sí, sólo queda el sol y la literatura. 

3 de febrero de 2023

Ley

Mis versos se han desarrollado al calor de la soledad. A veces me pregunto si ha valido la pena. Generalmente creo que sí. Pero cada día es dueño de sí mismo. Es extraña la sensación de que algo es mejor para una, pero están las dificultades de implementación tantas veces. Los sentimientos asociados. Los deseos, los recuerdos, las creencias. A veces me pregunto si la vida tiene leyes propias. Leyes universales. Si observando otras conductas se podrá obtener información valiosa, o si en realidad estamos a la completa deriva y nuestras intuiciones son lo más cercano que tenemos a una ley. De dónde surgen esas intuiciones. Me pregunto si flotan en la nada o si están asociadas a un todo a veces invisible. Tengo la sensación que las intuiciones terminan por decantar. No siempre. En ocasiones se disuelven o se olvidan. Tal vez las intuiciones son pequeñas piedras que surgen en el río para ir avanzando sin introducir cada vez el pie en el agua. Cuánto de creación hay en ellas. Cuán tendencioso es su contenido. Hay una suerte de leyes invisibles que podemos detectar y elegir si las seguiremos o no. Son leyes desprovistas de moral y costumbres. Son leyes éticas. Que podemos presentir. Si estamos atentos. Sentimos la necesidad de poner los puntos sobre las íes cuando nos sentimos heridos. Pero la justicia sigue su propio camino. No es necesario consumirnos en el recorrido. Lo que entregamos vuelve, siempre, de alguna manera. Sea oscuro o brille. Hoy volvimos a hablar, pero en sus palabras ya hace un tiempo que está el vacío instalado. Un vacío hondo y espeso. Que es necesario esquivar. Como una ley no-ética. Si no tienes cuidado te atrapa. Las leyes universales son sabias en relación a dejar libre el cauce del río.