22 de enero de 2026

El caos verdadero III

Nada es a medias conmigo. Busco la ocasión de las cosas. Voy y las enfrento. Para qué están si no puedo tocarlas, les digo. Las desafío. A veces no resulta para nada como planeado. Creo que el caos verdadero es la valentía. Y el caos apócrifo lo contrario. Reparto ultimátum y que sea lo que el destino quiera proveer. Voy navegando, afirmo. Todo está en movimiento, manifiesto. Volver a partir. Porque nací para el viaje. Nací para el mar y la literatura. Parto lejos, a mi casa. El eterno retorno. Pero ya no retorno igual. Quiero ir libre de pasado para poder proponerle cosas al presente. Juego con fantasmas y les hago zancadillas. Con la crueldad planetaria ya tengo suficiente. Ahora tiene que ser la ternura. Ahora tiene que ser la valentía. Sentir el caos verdadero. Voy en su búsqueda. Antes era el amor verdadero. Ahora es otra alternativa, que tiene que ver con la osadía. Ahora no es un simple acercamiento al presente. Son las grandes olas de la creatividad. Nos equivocamos en buscar el amor verdadero. La imaginación tiene que dar para más. Para nuevas formas que no escondan nuestro potencial radical. Todo fue someterse y acomodarse. Yo planteo algo exactamente igual al océano. Inconmensurable y sin límites.

20 de enero de 2026

El caos verdadero

Una necesita escuchar sus propias palabras, para que aparezca la verdad. En el rumor del océano escucho las palabras. En la música. Instalada en el amor, cuando es verdadero. También existe el caos apócrifo y el caos verdadero. La diferencia reside en la creatividad que nace. Maté mi sueño hace tres noches, escribe Gabriela Mistral, día no quiero, noche no quiero, porque mientras se va y vuelve, vivo otra cosa que vida y muerte. Yo vivo otra cosa que vida y muerte. Pero ya no quiero vivirla. El océano en su inquietud habitual. Espuma por doquier de tanto movimiento agitado. Qué es el amor. Sí, de nuevo esa pregunta. Ahora más que nunca buscarlo. Ahora que todo se desmorona. Me gusta esa sensación de ganas de empezar de nuevo. Habla bien de mi disposición a la vida. A esa distinta que es la mía. Una vida de olas y arrecifes. ¿El caos verdadero será una mezcla de debacle e impulso? Lo que sé es que el caos verdadero tiene que ver con la vida y no con la muerte. Cuando algo se debate entre las dos no lo es. Así puede definirse el caos apócrifo. Desde el cual no nace nada. Algo intermedio, algo a medias, algo mediocre. Creo que el caos verdadero es la búsqueda de la verdad. Son las formas de imaginación que nos despiertan a la posibilidad de la verdad. Creo que este año es el todo por el todo. Una búsqueda implacable. Olvidar que se tiene un nombre. Desandar esos caminos sinuosos, donde no se perdona nada. Volverse literatura de manera definitiva. Lo que sea que eso signifique. Da vértigo. ¿Y la inspiración? Quién inventó la literatura y la hizo incompatible con la vida. Le dijo, dirás la vida, pero no podrás vivirla. Qué es vivirla. ¿Escribirla? ¿Padecerla? ¿Cabalgar en sus cimas? A mí lo que me motiva es que las cosas sucedan. Forzar la circunstancia para que entregue su secreto. Todo suceso tiene un secreto. La sustancia que puede escribirse. Se parece al océano, una vez revelada. Pero un océano íntimo, el océano de uno. Vislumbrarlo es alegría. Toda frase debe ser tributaria de la belleza y la verdad. 

19 de enero de 2026

Formas de imaginación (Libro)

Formas de imaginación

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/20_formas_imaginacion_12-01-26.pdf

o

https://www.academia.edu/146226189/Formas_de_imaginaci%C3%B3n

“Formas de imaginación” es una novela. Es el tercer libro de “Lisa y el vértigo”. Así: “Lisa y el vértigo”; “El año de la literatura”; “Formas de imaginación”.


15 de enero de 2026

Formas de imaginación IX

Tal vez es lo más parecido que voy a tener a una relación que se mantiene en el tiempo de forma indefinida. Quizá debo alegrarme. ¿Hay límites para la alegría? ¿Momentos que no corresponden, situaciones que no calzan? A mí me gusta estar en sus brazos. Bailar con él al unísono. No me importa tanto más. Eso es suficiente. Luego está la literatura, que me alienta a continuar. Hay algo ahí, me dice. Pero qué. Eso nunca lo dice. Sólo indica que hay que seguir. Intento ponerle un atajo a esto por todos los medios. No hay fracaso acompañado de estruendo más grande que ese. Cada imposibilidad se vuelve camino. ¿Se hace camino al andar? Una especie de Serrat distorsionado. Un sucedáneo de Serrat para desorientados y diabólicos. Para estúpidos e inconsecuentes. Para ingenuos, torpes y limitados de entendimiento. No creo que sea algo cognitivo, pero ya no sé qué pensar. De esta criatura resistente a la bomba atómica. Samsa no es nada al lado de esta incomprensión torcida. Al lado de esta insistencia psicodélica. ¿Sustancias, será eso? Química de esa que devasta el laboratorio y luego no hay cómo componer los ingredientes corrosivos que lo hicieron volar todo por los aires. Lo que tengo certeza es que mi razón no participa en ningún sentido. Es un baile con los elementos al descampado. Bajo las estrellas, en un bosque. Mi cordura no conoce remedio a su desaparición. No queda más que disfrutar. Lo que viene más adelante es la muerte: ahí no hay dudas. Mejor disfrutar. Construir algo es una entelequia, porque todo se desintegra, y esto no. Como no tiene forma, no puede desintegrarse, simplemente sigue su camino (al andar). Se hace camino. Cuando uno lleva encima la desilusión este tipo de ficciones son muy efectivas. Yo las atesoro, las impulso, aunque batallo con ellas al mismo tiempo. Me impongo cosas, me reprocho a mí misma. Lisa, una vida puede parecerse a una vida, acuérdate, me digo. Ya no funciona. Sólo veo libros en el horizonte, y musas del presente. Es duro, pero una se acostumbra, como se acostumbra una a la hoja en blanco cada día: algo del presente absoluto, porque nunca hay organización que resista. La independencia es total. La literatura es dueña de sí misma, y eso es lo que más duele, esa autonomía implacable. Cada día es soberano de sus líneas. Haré lo que yo quiera con este día, parecen decir las frases rebeldes. Pero la inspiración no falla. Jacques es la inspiración completa porque lo amo más que a mi propia vida. Salgo de mí misma, para encontrarme con otro. Es la definición más plausible del amor. La inventé pero es porque estaba dentro de mí, igual que Jacques. Creo que gracias a él logro comprenderlo todo, aunque en el momento la situación parezca el caos de esos venenosos y sin salida. Estoy agradecida de su existencia. Tal vez el destino lo puso en mi camino (que se hace al andar) para conocer la poesía de ese caos sin nombre. La razón de nuestra imaginación, que es la forma de adentrarse en el mundo. Es una sin miedo y sin concesiones. Sin límites y sin ingenuidad, porque cuando se ha comprendido la vida es una certeza que acredita que no tiene sentido, salvo amar. 

Formas de imaginación VIII

Somos como una pareja de larga data, nos decimos apelativos horribles, y luego continuamos. ¿Es sano? Quizá esa pregunta no hace falta. Para qué. La literatura me guía sin tregua. Ni un minuto me da para mí misma. Tengo que inventarme excusas. Imaginar escenarios y coartadas. Para esquivar su perentoria exigencia. Soy un juguete del destino literario. Una marioneta de las palabras olvidadas. De los cánticos en montes desiertos. De las aterradoras hojas y hojas en blanco, que son como una invitación al abismo constante. Nací en el vértigo y no hubo vuelta atrás desde ese primer instante. Tal vez Jacques emula esa fascinación por la vida. Quiere ser ella y sobrepasarla, sin saberlo. Como no entiendo sus motivaciones en ningún caso, debe haber algo que me excede en las posibilidades que llamamos existencia. No descubro nada con él, sin embargo, ya todo está en mí. Tal vez es un lenguaje inefable el que hablamos. Algo impronunciable para aquellos de esa especie de la locura. Un caos inexpresable que flota en el aire y se nos adhiere. Lo que nunca entiendo son esas ganas de su cercanía. La necesidad de su abrazo y su sublime fragilidad cerca mío. Claramente no está hecho para la organización de este mundo. Quizá yo tampoco. Ahí estamos. Luchando contra un pasado y simulando un futuro, mintiendo en un presente que no deja asirse. Lo que desafía mis convicciones es su cuerpo. Su boca. Las formas de imaginación de sus besos. No hay límites descifrables para el amor que siento por la integralidad de su persona. Es una situación estúpida, sinceramente. El amor es una especie de desdibujarse y volverse polvo de estrellas. Dejar de ser para materializar algo abstracto que consume todo lo que está a su paso. Algo que pueda entender la verdadera esencia de esta vida y salvarnos de la debacle. Del descalabro que presenciamos. El cuerpo nos pone a prueba para que olvidemos quienes somos y pensemos en los demás. Salgamos de nosotros mismos para tratar de ir hacia algún lado. Aunque sea un acantilado rocoso. Mirar desde arriba tiene su gracia. Nos volvemos adictos a esa despersonalización porque es lo que nos permite seguir adelante. Es lo que nos permite escribir y crear. Imaginar esos mundos que se nos hacen tan difíciles de concebir a veces. No es falta de ideas, son las dudas de lo posible. El amor nos entrega la mano desde el acantilado para sacarnos del salto que dimos y hacernos creer que todo es posible. 

Formas de imaginación VII

Y si uno dijera, voy a sentir el amor, y punto. Sin batallas internas inconducentes. A mí me gustaría tener esa distancia de las cosas. Dejarlas fluir, libres: no. Nuevas preguntas, nuevas conquistas, nuevos tropiezos. Distancia, nada. Me acribilla esta sensación. Me transporto a ese amor infinito, que debiese haberse extinguido con el tiempo. Qué es esto. Un escarabajo en la bomba atómica. Escuché que sobrevivían. ¿Sí? ¿Algo así? Este amor dado a los juegos, estratagemas y trucos. Artimañas pesadas y escaramuzas interminables. No puede ser de este mundo esto porque no tiene sentido. Amo a Jacques como si fuese una extensión de mí misma. Tampoco tiene sentido. Es la oscuridad y la especie esa de locura. La poesía esa del caos, esa con minúscula. Ese tipo de brotes perseverantes que surgen de la tierra en terrenos inadecuados. Ni agua ni nada: igual. No puede ser. Qué sucede. Debo estar poniéndome a prueba de alguna manera. Tal vez invento juegos para mí misma. Para sobrevivir a la bomba atómica. Para pensar en otra cosa que no sea el presente planetario nefasto. Llego demasiado lejos con mis propias jugarretas: qué absurdo. Nunca pensé que sería el hazmerreír de mí misma. Y el amor tiene la osadía de hacerme creer que esto tiene sentido. Ese es su defecto, y su mayor virtud. Transformarlo todo en errores y esperanzas. Como si hubiese tiempo para tales artificios. El amor es lo único que sirve para escribir. 

Formas de imaginación VI

Es una especie de pago de rescate que hace a la Imaginación un país que antes no cumplió con la Imaginación, no la lució y tal vez no la tuvo, escribe Gabriela Mistral en 1938, a propósito de la poesía de Vicente Huidobro y Pablo Neruda. La Poesía es una especie de locura hecha con materiales sensatos, escribe Mistral, la Poesía debió ser siempre el lenguaje de la locura y habría quedado fuera de ella, en línea paralela, la Razón gobernando casi todo o todos los demás géneros. Les confieso con todo gusto, escribe Mistral, pero con muchísimo miedo de asustar, que suelo pensarme la Poesía como un ejercicio aparte de todos y que sería el de soltar la locura, el desorden, el frenesí puro sobre las gentes. Ella, esta peregrina Poesía, escribe Mistral, cumpliría el oficio vacante de dislocar voluntariamente la realidad para insinuar otra que pudo ser; ella manejaría la misma sustancia de los sueños y por lo tanto sería profesionalmente absurda; ella repugnaría lo orgánico y lo congruente, no por mirarlos en hechos nocivos, sino por considerarlos reino aparte y menester de otros. Ella aportaría una utilidad de décimo plano, escribe Mistral, es decir, una muy lejana y estrambótica utilidad: la de nutrir directa y copiosamente la Imagen y con ello mantener esa lonja, esa pizca de locura que también es parte real de nuestro ser y que, tajada o anegada, nos empobrece sin que lo sepamos y nos abaja aplebeyándonos. Este descenso de la Poesía al caos, como dicen tantos, afirma Mistral, podría ser un ascenso: hay oscuridades de arriba y de abajo, y muchas veces el hervor del cielo estrellado me ha parecido un como torbellino de resplandores y una confusión de laberinto blanco. Tal vez frecuentar a Jacques es un descenso de la Poesía al caos. He probado todo para dejar de frecuentarlo, pero nada resulta. Tal vez hay una especie de necesidad del caos en nosotros, que nos lleva a este encuentro maligno con los elementos. Una necesidad de subvertir la Poesía para que se convierta en caos, en margen, en saber periférico, devaluado, rechazado, que se transforma luego en poesía en minúsculas, en plegaria íntima. Lo íntimo es lo que sobresale. Lo grandilocuente aburre. Nosotros nos encontramos en un caos entrañable que disloca. Por qué se me ocurre estar ahí no sé. ¿Atesoro el descenso? Quizá es un ascenso, una oscuridad de arriba y abajo. Esa confusión extraña de laberinto blanco. Claramente es una especie de locura hecha con materiales sensatos. Ese es el enigma. Odiarse a una misma por exponerse a desamarrar lentamente las certezas. Las formas de imaginación me acechan. Cuando las encuentro, las miro de frente. Observo el lenguaje de la locura. Sobre todo cuando sale de mí. No tengo vergüenza. Vivo el ascenso. De la Poesía al caos. Soy enemiga del delirio, sin embargo. Cada uno de mis pasos esconde el amor absoluto. Lo lleva en su seno. El delirio lo corto de raíz. La ficción necesita disciplina. También inspiración. Por eso dejo volar la emoción todopoderosa. La manifiesto si la siento. El caos apócrifo es impermeable a ella. No la entiende. Quizá por eso Jacques la lleva con él. El caos verdadero. De la Poesía al caos yo encontré un espacio para habitar este planeta. Ascenso para crear formas de imaginación. Este es el tiempo de desplegarlas. Para que no todo sea pánico y desgarro. La locura que nos lleve al caos íntimo que quieren erradicar. La censura y la prohibición del género como teoría y movimiento son en sí mismas un esfuerzo por impedir que la gente, en particular la juventud, ejerza su libertad, escribe Judith Butler. Como sabemos, afirma, la posibilidad de pensar con libertad amplía la capacidad de una persona de juzgar correctamente, y ese precepto educativo no es equiparable a un adoctrinamiento. Las formas de imaginación nos están esperando, el ascenso de la Poesía al caos, el encuentro íntimo con los horizontes posibles. 

13 de enero de 2026

Formas de imaginación III

Sin concesiones, es lo que puedo pensar en este momento. Yo soy el caso de una criatura que, en el curso de un año, y después de cuarenta y cinco de vida, ha entrado en no sé qué rito o modo de prisa, escribe Gabriela Mistral, como si de vida me quedase poco o como si mi alma, por un golpe de vista, se hubiese dado cuenta brutalmente de la extensión espantosa de vida desorientada o regalada en errores. Vagabunda, eso he sido yo, llámenme hasta gitana, viciosa de rumbos locos, o bobos o de puro azar, escribe Mistral, vagancia y azar no los quiero yo para ti, vida querida. Ay, me duele, me duele el amor que vive comiendo error y el aprecio que sombrea bajo una especie de ceiba de exageración, escribe Mistral. ¿He regalado mi vida a la corriente del río? Dónde quedó la voluntad de conducirme con sabiduría. Dónde quedó el sentido de los actos. La literatura a veces va muy lejos, cree que el baile al unísono en una sala en penumbras es amor. Todo es confuso en las noches de luna llena. Ahí está el error, adaptarse a los claros de luna como quien persigue al presente para que sea un futuro. Pero todos sabemos que él es una calle sin salida, no se sale indemne. Qué es lo que me falta. Qué extraña novela estoy buscando en pistas de baile vacías de atardeceres. Si lo que debo delinear son las formas de imaginación. Maneras de salir de las pistas en llamas, pero vacías de contenido. Puro pasado. Un presente sin rostro. Un presente de vagabunda y azar, como el de Mistral. Igual que ella, a nuestros cuarenta y cinco años, veo la extensión brutal de mi desorientación. ¿Será que la literatura no permite la cadencia justa, regalada a errores? Que todo consiste en una inspiración incierta y torcida. Los errores son contradicciones bailando. Seguir el ritmo para reflexionar sobre él más tarde. Cuando puede soportarse, como dijo Scarlett O’Hara. Gabriela tenía el humor, que es el núcleo de todo. Esa sutil exageración en la realidad como un rubato en la música. Algo que se desencaja para producir un efecto. La literatura nace de cada momento fuera de quicio en el presente. Pero yo nunca puedo perdonarme. Es una vida sin concesiones la mía. Como Gabriela, vago encontrando razones, vago leyéndola para que la falta de azar de sus letras le entregue un sentido al azar constante de mi vida. A diferencia de ella, soy torpe en mis metáforas, llegan, no me abandonan, y a veces me muestran mundos fragmentados e inconsistentes que no comprendo bien, como la máquina de moler carne. Soy implacable, pero sin embargo no quiero herir a nadie. Pero de este oficio no se escapa. Gitana, viciosa de rumbos locos, o bobos, como Mistral. Leerla me acompaña en mi azar desorientado. En mis contradicciones irresolubles. Quiero una vida, y sin embargo sigo a las letras, que son la oscuridad total, vallas en el camino para ir saltando. Es la intensidad absoluta. Sentirlo todo. Me canso, pero no tanto. No conozco otro camino. Me honro bastante a mí misma llamando una “ruta” a un recorrido antojadizo y caprichoso, a una simple vagancia, escribe Mistral. Me basta saber que la vida pudo ser escrita. Que ella escribió y que este oficio debe tener aún algún sentido, aunque a veces no pueda verse a simple vista, o los bobos lo renieguen, o la dureza de su trazado en ocasiones invite a preguntas por la razón de insistir en esta desesperada cruzada por describir lo indescriptible por momentos. Tengo las formas de la imaginación para quedarme en alguna isla, aunque sea desierta. La forma no es ajena al pensamiento, escribe Judith Butler, el pensamiento exige una forma que a veces logra alcanzar y a veces no. Mi vagancia ha sido a tientas y sin comprender exactamente el sentido del pensamiento ordenado en frases, que he delineado en la mayoría de los casos en forma de intuiciones. Intento integrarlo todo para despegar de la isla desierta. Para contener un presente siempre desbordado. El camino de piedras hacia el agua ha sido la motivación. Aunque el sentido se desdibuje queda la terca esperanza de las formas de imaginación que puedan servir de embarcación para zarpar de las calles sin salida. Los relatos nos ayudan a ver cómo se vinculan acto y consecuencia, escribe Judith Butler, de qué manera los poemas desmontan los conceptos habituales que llevamos a nuestro mundo cotidiano, de qué manera las imágenes registran una realidad desde el nivel de los sentidos. Vivo en la isla desierta para reflexionar sobre los relatos. Por momentos me relaciono con cuerpos en pistas de baile, para que la reflexión sea también latidos y cimas, pero nunca sé exactamente qué saco en claro. Tal vez ese es el secreto de todo: por los sentidos captamos el sentido. La cercanía real nos acerca a la vida, por eso no podemos abandonarla. La vegetación me alcanza, y lo que vislumbro lejos, lo siento cerca. La búsqueda de relatos me acerca a la vida. La isla desierta es una entelequia. Las formas de imaginación las desarrollamos sintiendo las contradicciones de los demás, y las nuestras propias. La mejor manera de abordar esto siempre fue el humor. Reír, sobre todo de quienes hunden la isla desierta para sacarla a flote. Zarpar en mar abierto con nuevas formas de imaginación. Sentir a quienes sienten. Reír con quienes ríen.  

10 de enero de 2026

Después del apocalipsis VII

Quiero ser libre. Día diez del año. Tal vez todxs estamos al descampado finalmente. Intentamos darle un sentido a cada día, pero todo se va de las manos. Yo no estoy entendiendo nada de este presente sinuoso que nos tiene en alerta. 
Realmente el amor es algo sin leyes. Una nación autónoma que se conduce a su guisa. Se independiza de mí y avanza sin mi consentimiento. El amor es una nación independiente que parte hacia el horizonte dejándonos inermes. Jacques me dice que por ningún motivo va a volver a enamorarse de mí, se lo tiene prohibido a sí mismo, el riesgo es muy alto. Lisa, no voy a volver a pasar por lo mismo, ¿me entiendes? No lo voy a hacer. Y yo perdida en el mar porque vuelvo a amarlo con una fuerza que había olvidado. Una fuerza que me mantiene alerta. Si eso existe, entonces tenemos que darle la vuelta a este presente sinuoso donde asesinan a quemarropa a una mujer poeta intentando girar en una calle invernal de Minneapolis. 
Qué pasa si lo que uno quiso fue la paz y la serenidad. Qué pasa ahí. ¿No hay oportunidades? ¿No se puede sobrevivir? Si uno buscó la belleza y pudo hallarla, hasta que todo terminó. El país liderado por el hombre de la cabeza roja llega demasiado lejos. ¿Y nosotros? ¿Dónde llegamos? ¿Seguimos buscando el amor perdidos en una calle de Minneapolis? ¿Seguimos con una amenaza encima? La amenaza es el odio, y jamás el amor. Debiese decírselo a Jacques. Que lo reconsidere. Que no quiero ser un riesgo. Que tal vez no lo soy. Pero tal vez sí. Yo misma soy una nación independiente que navega en alta mar. Nunca sé hacia dónde se dirige realmente el barco. Sólo sé que lo más alto es la vida y sentir el amor. Bailamos muchas horas ayer. Disfrutamos como sabemos hacerlo. Tenemos años de práctica. El baile me eleva y su movimiento me aniquila. Prados, prados, vuelvo a ese lugar lleno de margaritas e insectos volando. Un cielo azul y nubes de tormenta a lo lejos. Thunderclouds, como la canción de Sia. El amor son nubes de tormenta porque te electrizan. Porque todas las brújulas se bifurcan. Pierden su eje y parten para cualquier lado impensado. Todo lo que siempre quise eras tú, canta Laura Pergolizzi, LP. Hay algo incorrecto del amor, es la autonomía absoluta. Voy a decirle a Jacques. Que no intente dirigirlo todo. Que se entregue al misterio. Pero no puedo jurar por el barco a la deriva. Brindemos por todo lo que he perdido en ti, canta LP. Hemos perdido, eso está claro. Nos hemos perdido en los prados. No sé si nos encontramos. Somos como mariposas que se acercan a la muerte. Como poetas de Minneapolis. Creemos en la paz y sin embargo tenemos miedo. Pero sólo se teme del odio, jamás del amor. Debiese decirle a Jacques. Pero soy una poeta perdida en Minneapolis conduciendo a la muerte. Exprimo el presente porque sé que los brazos de Jacques partirán. Porque yo siempre parto. Conduzco hacia la muerte. Hacia el fuego de la poesía que me da vida. Me dirijo a la literatura. No me importa nada, le dije a Jacques. Daría mi vida por estar contigo, le dije. Sentir el amor, hacia alguien, es lo más importante. Pero el barco a la deriva, dice Jacques. Pero y la distancia, dice. Da lo mismo, digo yo, pero a veces no sé bien qué quiero decir. Me pierdo en la poesía de la nación autónoma. Me pierdo en el prado de margaritas e insectos de la nación independiente. El amor y la poesía es la búsqueda constante. Quizá siempre elegir es lo más difícil. O aceptar a lo que se renuncia. El barco a la deriva nunca va hacia el odio, y siempre hacia el amor. Por las calles de Minneapolis, hacia la poesía y el amor. 

6 de enero de 2026

Después del apocalipsis V

Este año trae perplejidad. Pero ¿cuándo nos hemos librado de ella? Estoy aquí batallando con mis fantasmas. Con un pasado con el que casi ya no me encuentro. Comencé ayer a ordenar unas cajas que estaban en el desván, con cuadernos, escritos, cartas, fotografías, agendas. Encontré un cuaderno que empleaba como diario de vida, que escribí desde los 15 años hasta los 18. Relata una serie de eventos relevantes y la emocionalidad asociada, desde mi primer amor a los 15 hasta el segundo año en la universidad a los 18. Líneas que escribí en esta misma habitación en la casa de mis padres en Santiago de Chile, hace treinta años. El cuaderno es una especie de larga plegaria porque los sucesos se vayan desenvolviendo como esperaba y una montaña rusa de emociones, desde el dolor profundo hasta el amor absoluto. Se me hizo tan lejano, y tan íntimo al mismo tiempo, como si cada una de esas palabras estuviesen todavía en mí, como todo ese pasado que inevitablemente va con nosotros siempre, para bien o para mal. Es nuestra vida, después de todo, sólo hemos tenido una, cada momento fue único e irrepetible. Leer estas frases permite separar algo que el tiempo va haciendo compacto. La sensación de que el pasado se viene encima como un solo bloque. Sé que fui feliz y hubo momentos duros, puedo advertirlo por estas frases que fui trazando con el cariño de quien intuye que relatar el presente posibilita el nacimiento de un destino. Se ve cómo era una vida en devenir, pero un presente total al mismo tiempo. Tenía altas expectativas para la vida. Estaba consciente que no habría otra. Que cada hito era significativo. Son líneas de gran intensidad, dudas, alegría. Tal vez vivir es ir constantemente después del apocalipsis, porque cada evento nos alcanza hasta transformarnos. Quizá todo es la ambivalencia de saber que tuvimos un pasado que nos da una estructura, pero lograr que no nos hunda en la nostalgia de cosas que ya no existen. A los 17 creo que mi destino ya estaba trazado, escribí en el cuaderno en junio de 1998: “Quizá sea escritora. Me gustaría. Quién sabe. El destino”. Tal vez lo que va a venir ya lo sabemos, y el resto es caminar hacia allá con tranquilidad. Con la confianza de que las cosas llegan, tarde o temprano, tal vez. Quizá se trata de encontrar esas cosas. Todo eso que se encuentra con el amor y puede trazar un futuro mejor para nuestros pueblos. Uno sin invasiones extranjeras. Siempre es después del apocalipsis, pero jamás renunciar a la autonomía y la esperanza. No tenemos que dejarnos herir, porque uno es siempre más grande que su pasado. El potencial radical es lo más importante. Un futuro cuya forma no conocemos, escribe Judith Butler, un potencial que se comparte y se activa por otras vidas, un potencial que implica la vida de uno en la vida del otro. No podemos imponer la forma que van a adoptar las vidas. A los 17 años yo identifiqué ese potencial radical: seré una escritora. Estoy contenta que ninguna bomba o fusil me lo ha impedido hasta ahora. Después del apocalipsis es detener los nuevos apocalipsis. La perplejidad no puede impedir nuestra acción. Seremos unos escritores. Seremos unos activistas. El futuro es el de nuestros pueblos, con nuestro pasado a cuestas, libres. 

3 de enero de 2026

Después del apocalipsis II

Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos, cantaban Los Prisioneros en los años ochenta en un Chile en dictadura. Los contratiempos toman la forma también de invasiones a otros países por sus recursos o para imponer cosas. El año comienza y rápidamente nos llenamos de contratiempos. La canción de Jorge González y Los Prisioneros dice así: 
“Para turistas, gente curiosa, es un sitio exótico para visitar. Es sólo un lugar económico, pero inadecuado para habitar. Les ofrecen Latinoamérica el carnaval de Río y las ruinas aztecas. Gente sucia vagando en las calles, dispuesta a venderse por algunos U.S.A. dollars. Nadie en el resto del planeta toma en serio. A este inmenso pueblo lleno de tristeza. Se sonríen cuando ven que tiene veintitantas banderitas. Cada cual más orgullosa de su soberanía. Qué tontería, dividir es debilitar. 
Las potencias son los protectores que prueban sus armas en nuestras guerrillas. Ya sean rojos o rayados. A la hora del final no hay diferencia. Invitan a nuestros líderes a vender su alma al diablo verde. Inventan bonitas siglas para que se sientan un poco más importantes.
Y el inocente pueblo de Latinoamérica. Llorará si muere Ronald Reagan o la Reina. Y le sigue paso a paso la vida a Carolina. Como si esa gente sufriera del subdesarrollo.
Estamos en un hoyo, parece que en realidad,
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Para que se sientan en familia. Copiamos sus barrios y su estilo de vida. We try to talk in the jet set language para que no nos crean incivilizados. Cuando visitamos sus ciudades. Nos fichan y tratan como a delincuentes. Rusos, ingleses, gringos, franceses. Se ríen de nuestros novelescos directores.
Somos un pueblito tan simpático. Que todos nos ayudan, si se trata de un conflicto, armar. Pero esa misma cantidad de oro la podrían dar. Para encontrar la solución definitiva al hambre. Latinoamérica es grande, debe aprender a decidir.
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos
Latinoamérica es un pueblo al sur de Estados Unidos”.

Después del apocalipsis

Los contratiempos a veces toman la forma de tragedias. El año nuevo, incapaz de dejar atrás su apocalipsis, se abalanza sobre una multitud de jóvenes que quieren celebrar la llegada de lo nuevo. Un incendio los silencia. A veces es el fuego el que nos silencia. Tal vez los incendios son símbolos de un presente que arde. De niños que arden, en Gaza o en Suiza, por la voluntad deliberada de un gobernante o por negligencia. La muerte llega igual, de una u otra manera. Ocurre cuando hay cómplices, activos o pasivos. A veces contratiempos se parece a apocalipsis. Sucede cuando no se protege la vida, por ejemplo cuando se elige la derecha extrema, o esta se impone, o se respalda a un gobierno autoritario, o la paz más bien se parece a anhelar dar golpes. La política lo cruza todo. Determina nuestra vida completa. Porque va modelando nuestros comportamientos en masa. Estigmatiza o libera. Entonces criminalizamos conductas para alejar a ciertas personas del poder. El nuevo año nos silencia mediante el fuego. Para mimar el año anterior como un reflejo. Cada niño quemado es una herida que llevamos, por una bomba o un bar en llamas. Todxs nos pertenecen y fluyen por nuestras venas. Todxs son nuestros hijos y nietos dado que no hay separaciones. El dolor se comparte porque las tragedias son universales. Del fuego no se escapa. Creemos escapar pero nos llega. Creemos salvarnos pero nos alcanza. Lloramos nuestros muertos con igual devoción porque la muerte no libera, esclaviza. Nos miramos la cara y tenemos que dar alguna respuesta. Siempre tenemos que obligarnos a dar alguna respuesta. Con el tiempo hemos hilvanado con paciencia la palabra responsabilidad, y es un hallazgo del que no podemos desprendernos. Puesto que desprenderse es perderse. Nosotros nos encontramos. Creímos encontrarnos en el nuevo año y el fuego vuelve a alcanzarnos. Es el año del amor, eso está zanjado, y el amor es con responsabilidad, siempre. El amor es algo concreto. No son palabras en el aire, poesía etérea. El amor son las acciones que nos definen. Puesto que en nuestras definiciones está nuestra fuerza. Lo que hemos acordado, lo que hemos trazado colectivamente. Bengalas y espuma vuelven a traicionarnos. De los contratiempos no nos vamos a librar, ese no es el problema. El hito está en seguir unidos en nuestras definiciones, o transformarlas entre todxs. Pero entre todxs. Porque uno solo o unos pocos es muy solitario. Los cimientos se conversan, se acuerdan, y nunca pueden traspasar ciertos límites. Porque entonces es el apocalipsis. Escaleras pequeñas, puertas escasas. Heridas abiertas que vuelven a abrirse y el nuevo año no es para nada nuevo. El nuevo año trae contratiempos, debido a que son inherentes a la vida pero no todos. Algunos la destruyen derechamente. Como las llamas en un bar. Por eso a las llamas se las detiene, porque acaban con las vidas de todxs, finalmente. El año del amor tiene vocación de apocalipsis, dado que los contratiempos tienen a veces la fuerza de las tragedias, que no distinguen caras ni edades, títulos ni situaciones. El año del amor es intenso porque nos hace caer en cuenta de que algunas diferencias no son tales. En esa humanidad compartida oramos por un presente cercano al amor que nos asombra y lejano al apocalipsis que nos incendia. Que esa humanidad compartida nos lleve a esas nuevas formas de creatividad colectiva. A todxs nuestros muertos los lloramos. 

2 de enero de 2026

2026

El año terminó de una manera extrañísima. De una manera apocalíptica. Parecía el final real de todo. En estado de zombie en la cama dos días con un virus estomacal que pensé que me llevaba al final, un incendio de más de mil hectáreas en los cerros a unas cuadras de mi casa, un humo denso entrando por las ventanas, con un sinnúmero de helicópteros y aviones sobre la cabeza sonando fuerte intentando apagarlo los últimos dos días completos, acompañándome en mi agonía. Sobreviví. El incendio todavía lo están apagando, mientras ha consumido la mitad de las colinas aledañas. Es importante recordar en el fin de año que una está acostumbrada a los contratiempos, para partir de buen pie el año nuevo. Tiene que ser en el apocalipsis, sino cómo. De qué manera apreciar con esta intensidad esta mañana asoleada, en que el fuego casi se ha sido extinguido, y la enfermedad no me arrebató la energía, que está de vuelta, aquí estoy admirando el jardín florido, escuchando música, escribiendo, como siempre. Mis reflexiones de fin de año sucedieron en la cama estos días, y con mi familia un pequeño momento en que pude salir de ella para desearles un feliz año nuevo. Sin incendio y sin enfermedad, con gran sol y bella compañía comienza este año que promete. Es lo que espero. Lo miro de reojo para que se pliegue a la paz y el amor, que deben ser nuestras guías. No importa que el agotamiento sea total: seguimos. También estamos acostumbrados. Bomberos, agua, apagar el incendio. Sobrevivir. Nos vamos adaptando. Tenemos una capacidad extraordinaria. Somos unas máquinas excepcionales, como dice Fiona Apple. En la música yo voy avanzando. Con Jacques poniéndole quinientos puntos sobre las ies con cariño para que no todo sea apocalipsis. Existir es una máquina excepcional. Hoy a las 9h en punto despertaba a los quince canarios de su sueño extrayendo la manta que los cubría para dormir. Es el día, les dije, bienvenidos al nuevo año. Seguimos juntos, les dije. Es el 2026, y seguimos juntos, todxs. Sorteando el apocalipsis, seguimos. Qué trae en su seno este año no tengo idea, espero que paz, serenidad y muchos libros. Amistad y bosques. Amor y agua en cualquiera de sus formas. Otro año más: mejor. Significa que queda la vida. Queda la energía y el compromiso con lo que se ha una planteado. Mi promesa es con la verdad y los derechos de todos los seres vivos. Mi pacto es con llegar al final de la literatura. Comprenderla. Sus mecanismos propios y cómo puede modificar lo que la rodea. En medio del apocalipsis dijimos un recuerdo, una reflexión y una resolución. Con mis padres en el puerto de Marseille, emplear la energía en la creación y no dejarla ir en aspectos secundarios, llegar más lejos en la literatura, dar lo mejor de mí misma. Lo bueno de cerrar un año y comenzar otro es poder partir de nuevo. Dejar atrás, partir con energía, perdonar, perdonarse, olvidar, elegir, renunciar, retomar. Las grandes cosas comienzan siempre con circunstancias adecuadas y determinación. El apocalipsis queda atrás, y ahora es la tierra anhelada, un planeta donde todxs tienen un lugar, con menos pobreza y más educación, más derechos humanos y menos fascismo, menos dictaduras. Más flores y cielos azules. Menos inteligencia artificial y más inteligencia emocional. Que el 2026 sea el año del amor. Por la razón o la razón. Menos fanatismos y más humor. Propuestas radicales y nuevas, como dice Paul B. Preciado, una experimentación social exuberante y colectiva, utopías que son totalmente posibles. Una utopía de los cuerpos vivos podrá sacarnos de donde estamos, dice Preciado. Bailemos, bailemos, sino estamos perdidos, dice Pina Bausch. Cantar, cantar. Arte. Naturaleza. Silencio, espacio. Respeto. Libertad. Lo hemos visto todo, pero todavía reímos, canta Arthur H con Lhasa de Sela. Lejos del apocalipsis. El 2026 es nuestro año del amor.