28 de junio de 2022

La vida después del amor

Comienza la canción y sé que estoy en casa. A salvo. Sé que estoy sobre la ola en la tabla efímera. Sé que habito un presente en movimiento. Mi nombre tiene dudas. 40 años y la selva. Veo el desierto alejarse. Veo alejarse lo que había. Dejo ir lo que me pertenecía. En ese gesto vocalizo las notas que identifico. Miro mis manos y reconozco sus formas, sé que son mías y que pueden acariciar la piel del presente. El tiempo es un aliado fantástico. Toma la forma de una tormenta que se aleja. El azar es otro aliado espléndido. Tan pronto respiras hondo y los fuegos artificiales comienzan. Los latidos. Se ponen en funcionamiento. Activados. El tiempo es todo. Los latidos son todo. Advertir de pronto que el espíritu de la bruja, libre, está en cada uno de nosotros. Que ese rincón indomable no se hace mella ante el intento de la quietud que nos acecha. Nuestros cuerpos son nuestros. Son libres. Amaremos a quien estimemos, a quien merezca nuestro amor. A quien queramos. Y nuestros cuerpos serán nuestros siempre. Quien crea que puede decidir por los demás está equivocado. Los contratiempos no nos detienen. Seguimos amando. Todo se transforma. Nuestros úteros, vacíos, poblados o en el limbo, son nuestros. Amamos, amamos, y no vamos a parar.  

25 de junio de 2022

El dolor que brilla

Que cada momento sea esencial. Que la superficialidad no tenga cabida. Un día tenemos cuarenta y la vida se despliega a tientas. Los cambios duelen. El deseo instalado en lo nuevo también. El sonido del viento entrando por las rendijas. Las nubes avanzando a paso rápido. Hay cosas que dejan volando en el aire. El encuentro con la muerte. El encuentro con la vida. Se van turnando en ciclos infinitos. Observo por la ventana los árboles en movimiento. Pronto estaré frente al río y su cauce atolondrado. Los planetas se van acomodando a su órbita y regalándome colisiones de estrellas. Hay un dolor que brilla. Que perfora la primera capa de piel e invade el torrente sanguíneo. Luego te eleva. Desde el puente miras con perspectiva el agua avanzando en línea recta. Reconoces el barco que te lleva y lo que te pertenece. Observas todo lo que ha tenido que ocurrir para que tú puedas estar en ese puente. En ese barco. El agua no se detiene. El fin del amor trae lo siguiente: modificaciones que duelen y dolor que brilla. Deseo. Vitalidad. Muerte que da paso a transformaciones que excavan. Volar en el aire es difícil y mágico. Los cuarenta llegaron para acompañarte a atravesar la selva, y llegar al otro lado liberada de antiguas maneras de caminar y acarreando nuevos descubrimientos. Para lo que queda sólo pides esto: Amor. Amistad. Arte. Belleza. Dolor que brilla. Deseo que perfora. Que la superficialidad no tenga cabida. Que cada momento sea esencial.

El barco

Conversamos por primera vez en la proa de un barco. El viento levantaba pequeñas olas en el agua. Las facciones de su rostro me fascinaban. Su hermosa piel color de arcilla. Sus ojos negros. Su manera de pronunciar algunas letras. Su talante impasible. La profundidad de su mirada. Su historia y sus desiertos visibles. Me dijo, lo que a mí me interesa son los libros y las películas sobre el amor. La seguridad e indiferencia de su voz eran cautivadoras. Mezcladas con una cierta curiosidad de quienes vivimos en el todo presente. Caminamos luego por la ciudad bajo la lluvia y su humedad tropical. Días después el azar nos devolvió otra vez a la proa del barco. La ciudad sumida en música. Navegamos durante el solsticio de verano. Soñamos con dunas de apariencia de seda y explanadas en la sabana. Con altos pastizales y viento cálido al atardecer. Con viajes y paisajes africanos. En mal momento el barco hizo un movimiento y él cayó al agua. Veía su mirada hundirse. No pude sacarlo del agua. Las olas crecían y él se alejaba. Partió con las olas llevándose las novelas de amor. Luego de su partida el agua trajo otras cosas. El cielo se partió en dos y aterrizó la desnudez de la disposición hacia los acontecimientos del azar. La posibilidad ilimitada de las nuevas novelas, su misteriosa atracción, la creatividad que duele y el baile que libera. Son sus ojos negros los que me guían. En la proa del barco, en la proa del barco. Ahí empezó el movimiento. El deseo de explorar lo desconocido. Las ganas únicas de lo diferente. De lo construido con esfuerzo. Lo difícil y su magia. Los confines eternos de este planeta. Las novelas de amor. Lo que fluye, como el agua. Sus ojos negros y el viaje real. Las olas y todo lo que se llevan. La música en el cuerpo y todo lo que llega. Sus ojos negros, sus ojos negros, la llamada de auxilio y el movimiento. Mi cuerpo, mi cuerpo, la recepción de lo que estremece y lo que vibra. El nacimiento de la nueva vida. Las novelas de amor para siempre. El presente y la exploración constante y hermosa. Vuelve, otra velada en la proa del barco y todo habrá decantado, para volver a nacer, una y otra vez. Una y otra vez. Esto: sus ojos negros y la proa del barco. Todos los tesoros ocultos. La oportunidad de un mundo mejor. Agua y amor. 

23 de junio de 2022

16 de junio de 2022

Jorge Drexler

Tan a tiempo y tan inoportuno, como dijiste. Cuándo es el momento de decir ahora. Es posible que Aldito te haya mandado, para animar este presente intenso, maravilloso y caótico. Muy en su línea. Debe estar divirtiéndose observando, enviando una energía mágica que siento por estos días. Te contaré de mi amigo, era alguien único. Como tú. Como tus letras. Como el movimiento de tu cuerpo y tu abrazo. Tus carcajadas con los desvaríos que conversamos. Como el momento esencial que compartimos. Las horas junto a ti. Como tu boca. Tu lengua. Me fascina la existencia corpórea ahora. Con la noción de la partida tatuada en la piel todo adquiere otra dimensión. Se abrió un agujero en el tiempo y llegó tu sonrisa. Tu música directo a las entrañas, a cada célula de mi alma. A mi pasión por la vida. Tu energía es fantástica. Enciende el momento y lo reproduce en el tiempo. Sigo en la ola de tu exaltación vital. Escuchando tus letras y tu voz por la ciudad. Como un ritual sagrado, explosivo, como volando por las aceras, por el borde del río, sonriendo, sonriendo, riendo, a carcajadas, por la oportunidad de tu mirada penetrante. Bajo un hechizo me desplazo. El sortilegio del agradecimiento. Vas con tu música por el mundo y yo tengo tu abrazo para siempre. La euforia de saberse vivo. De todas esas posibilidades esperando a la vuelta de la esquina. De todas las personas maravillosas que he conocido en el último tiempo. De todas las personas maravillosas con quienes comparto la vida. Tus letras son sobre eso. Sobre la vida y su belleza. Sobre el amor que transforma. Sobre amar hasta transfigurarse. Sobre agradecer. Sobre aprender a estar abierto a la existencia. A lo que quiera traer. Incluso la muerte puede tener un destino. Existir es un gran baile en el vacío rodeado de colores de todo el abanico de posibles. Tu voz me acompaña a cada paso ahora. Vislumbrar el lugar desde donde nace fue una sugerencia de paraísos por instalarse. No hay vuelta atrás. Llegué a la existencia y aquí voy a quedarme. En el presente, mágico. Fue una velada como si nos hubiésemos conocido desde siempre, como antiguos amigos, como amantes que se dan cita en el infinito lineal para encontrarse cada vez que hace falta. En el camino hay momentos y lugares inolvidables. Ese teatro romano, esa pista de baile sublime. Donde nadie nos conocía. El espacio entre tus ojos y nuestros codos apoyados en el borde de la barra del bar. La superficie entre tu brazo y mi cintura. La ausencia radical dio paso a la existencia completa. El cuerpo es el vehículo de las emociones, un templo donde despertar. Como bien dijiste, puestos a elegir, elijo morir de amor. Exijo morir de amor. Amémonos porque sí, como te dije al oído. Estoy preparada para las multitudes, el rugido feroz de lo que devasta y renace, y toda la música que existe. Tiempo, tinta, presente, tu voz y el paraíso. Que llegue lo que quiera llegar. Gracias, Jorge, tu mirada abre los senderos. El movimiento explota el dolor que va a tientas. Me entrego por siempre a la pasión y sus laberintos. A la literatura que transforma los mundos. Nunca habría pedido tantas palabras y tanta música. La humildad reconforta y da sentido. Como dijiste, el amor es el plan maestro. El amor es nuestro plan maestro. Que llegue lo que tenga que llegar. Sé lo que es el amor, la amistad, las palabras y la música. Oasis y presente.  

7 de junio de 2022

Aldo (X)

Tengo las palabras, pero creo que eso es todo. Ni tu cuerpo, ni tu risa, que es lo importante. Esos decidieron hundirse en el mar para no volver. Hace una semana recibí la noticia infame: el océano te hizo suyo. Los kilómetros de inmensidad se fusionaron a tu fuerza. Qué desgracia del destino maldito. Escribirte ha sido como tener tu cuerpo por un rato. El aroma de tu piel. Acompañarte en tu ascenso a lo universal. En tu desintegración hacia el firmamento. Compartir con tu familia un poco de la felicidad inolvidable que me causaste. Quienes nos quedamos acá necesitamos palabras y recuerdos. Escribirte me ha permitido sobrevivir al hecho de que ya no vas a contestar. De que al otro lado está el vacío. El sinfín de preguntas sin respuesta. Una larga hilera de frases extraviadas entre las algas y los peces de colores brillantes y tornasolados. El eco de tu risa atrapada en las cavidades marinas. La lista de comentarios imposibles que no van a llegar a mi puerto porque no encuentran la salida de las profundidades. En lo más oscuro del océano se quedó el secreto de tu vida. Cuarenta años sublimes. Si cabe la posibilidad que tu grandiosidad haya sido a veces imperceptible, yo la vi, todo el tiempo. El mar también la vio. Quizá pueda hablar contigo en sueños. En llamadas de auxilio. En momentos de éxtasis en que te cueles entre las fibras resplandecientes de lo que estalla. Quizá quedes adherido a canciones y pueda conversar contigo en lenguaje musical inefable. Tal vez por el borde del agua tu energía me guíe hacia los vaivenes de lo fluido y flexible. Es muy probable que el recuerdo de tu risa me permita seguir viviendo. La reminiscencia de tu amor infinito. La evocación de tu majestuosidad y valentía. Me dijiste, la gente que se amolda sólo se está postergando, después viene la crisis de los cuarenta y recién se preguntan qué diablos hacen acá, yo no tengo la respuesta pero al menos sé que a los cuarenta ya voy a estar cansado de preguntarme. Yo te contesté, Aldo, ¿tú crees que vamos a cumplir cuarenta?, a este ritmo, no se ve fácil. Cumplimos cuarenta finalmente. Y te fuiste, ya te habías preguntado demasiado. Todo lo habías alcanzado. Me dijiste, ojo que el tiempo se me acaba, son ventanas que se abren y después desaparezco, tú te vas y yo también, así es que trata de hacerte un espacio, uno toma perspectiva. Te contesté, tranquilo, no creo que sea la última vez. Respondiste, yo creo que sí, ya estoy más maduro, este viaje es el último, y planeo sentar cabeza por un tiempo. Aquí estoy, Aldo, la sigo peleando, sigo batallando firme, acarreando tu recuerdo. No dijiste qué pasaba después de cumplir cuarenta y haberse hecho las preguntas. Y ahora cómo te digo lo que es. Una planicie insípida que tendré que volver a rellenar con nuevas ideas, con nuevas experiencias, nuevos desafíos. De acuerdo, seguiré por mí y por ti. Habrá nuevas preguntas, te lo juro. Tu muerte nunca será en vano. Seguiré amándote hasta que el mar me trague a mí. Está bien, descansa en una paz marina y celeste, adiós, Aldito, como yo te decía, las olas tendrán por siempre tu nombre. 

6 de junio de 2022

Aldo (IX)

Lo que me queda es que fuiste intensamente mío. No tenemos nada que probar, Aldo, como dijiste en la canción. Ya no estás, no hay más. ¿Te acuerdas que una vez yo te compuse unas canciones? Sobre delirios e historias que se repiten. El coro de una decía, lo que quiero es no necesitarte, pero no puede ser de otra forma, si me hipnotizas cada vez que te veo, si recorres mi cuerpo como nadie lo hace, si me derrito al abrazarte, lo que quiero es escuchar tu voz en mi oído por el mayor tiempo posible. La música fluía de tu encuentro. Otra canción hablaba sobre dos personas que vuelven a encontrarse, una historia acerca de lo inexplicable, sobre el anhelo de entender el mundo, el hecho de dejarse llevar, el amar despojado de otras consideraciones, una fuerza que persiste en el tiempo; una historia que se repite, pero no de esas que duran tanto que el amor se muere, sobre amar la incertidumbre del porvenir, descubrir de a poco lo que es el amor; una historia que se repite, sobre el amor sin nombre, cuando es mágico, sobre el deseo envuelto en amor, el amor envuelto en deseo. Todo lo que tengo ahora por ti. Ahora cantas Fast Car, que también es una canción sobre el tiempo circular, sobre la fatalidad, sobre la atracción, sobre las desilusiones, sobre escapar. Te diré algo: la muerte es el fin de las historias circulares. Ya no estás, no hay más. Me quedan tus palabras diseminadas por la estratósfera de mi mente. La sensación de tu piel y el perfume de tu cuerpo tibio. Me dijiste, a veces pienso que desaproveché la oportunidad, ese estado básico, desenfrenado, era un estado constante de máximo éxtasis, todas las neuronas activadas. Aldo, querías adaptar el mundo a ti, no al revés, vivir en la euforia. Me dijiste, lo que me gusta de ti es que estas súper consciente de lo que está pasando, analizando todo, pero a la vez tienes este ímpetu irrefrenable que te mueve, el resultado es que es muy entretenido verte ser tú, es contradictorio a veces. Me dijiste, más ganas dan de abusarte un poco, saber que piensas todo, lo hace más entretenido, que todo tiene múltiples dimensiones para ti, y me miras y piensas y te cuestionas a ti misma, nunca tranquila, siempre saltando de una idea a otra, y yo te dejo ahí, hasta que de repente esa cabeza se subyuga a algo más fuerte. Me dijiste, un día te vas a acostar, vas a abrir los ojos, y ya no vas a estar en control, ¿te ves a ti misma caminando?, ¿te ves a ti misma llegando a una esquina y quedándote quieta como una presa?, ¿te ves a ti misma mientras te doy un beso, de esos de la parte animal?, me acuerdo de tu boca, tus labios son finos, me acuerdo de tu lengua. Aldo, tu partida es irreparable. También me acuerdo de tu boca y de tus besos. De la catarsis sostenida. Del refugio de tus brazos. No tengo un auto tan rápido como para pasar a la dimensión paralela pero quizá podamos llegar a algún lado. Me acuerdo de la epifanía de tus besos de torbellino en el océano de tormenta. Cualquier lugar es mejor que el presente y tu ausencia. 

Aldo (VIII)

Soy lo que queda luego del fin de tu cuerpo. No es gran cosa. Ayer te veía, en el andén del metro, en el concierto entre la gente. Observaba el cielo de tanto en tanto en busca de alguna señal desconocida. Me habría entregado a los brazos de cualquier con tal de evocar tu piel. Con tal de conjurar el perfume de tu estampa. Tu abrazo era como estar a salvo de cualquier cosa. Tus halagos siempre me hacían sonreír. Una mirada que daba seguridad. Que devolvía la confianza. Eras la protección total. Te gustaba eso. Poseer. Eres implacable como quien se relaciona desde la sinceridad, pero tu mirada cariñosa era una caricia. Un gesto como una mariposa volando con un destino conocido: vivir sin saltarse ningún intersticio. Esa vez en el clima seco al lado del río, donde sólo se podía hablar al atardecer, ¿te acuerdas? Fuimos tan felices, sólo necesitábamos estar cerca, aunque fuera en el silencio. Me mostraste mundos desconocidos. Pasábamos de la meditación a la euforia. Todo era posible. ¿Te acuerdas de ese lugar en penumbras? Donde dejamos fluir el deseo en la mitad de la pista de baile en el suelo, y te pedí matrimonio. Nos reímos mucho rato, mientras el público dark observaba la escena alentándonos y con la indiferencia de quien no se sorprende realmente con las vidas ajenas. Sentía contigo el deseo de vivir y de morir. Una sensación completa que abarca todo el registro de sensaciones posibles. Iba explorando todo el abanico de lo potencial. Una vez me dijiste, agradezco mucho todo tu cariño, hace mucho que no me sentía tan querido por alguien, se me había olvidado lo hermoso que puede ser. Me dijiste, ese día que te saqué los zapatos y te tapé fue lejos el momento más lindo que he tenido en mucho tiempo, no te lo dije entonces, pero espero que lo hayas sentido. Me dijiste una vez que yo era una de las mujeres que más habías querido. Y ahora te busco entre la gente y no he podido encontrarte. Ayer recorrí un sinfín de lugares con música en vivo y ni un atisbo de ti. Bailaba con la certeza de tu ausencia. Le pregunté a varias personas por tu paradero pero nadie parecía entender. Al final de la noche pude quedarme sola con mis recuerdos y fue duro. Muy duro. A ratos siento que no puedo respirar, como tú bajo el agua. Sólo pido que el mar te haya abrazado como tú me abrazabas. Con todo el amor que existe.
 

5 de junio de 2022

Aldo (VII)

Nuestra relación sucedió siempre en los márgenes de las cosas. En el terreno de los desvaríos. En los márgenes siempre suceden cosas interesantes. En los bordes hay más libertad. Se pueden observar cosas originales. Sentir los fenómenos con mayor intensidad. En la orilla del camino puede desfigurarse la realidad para entrar en ella más profundamente. Ver lo que quizá otros no pueden ver. Un mundo secreto lleno de laberintos para recorrer donde la algarabía de la fiesta se va encontrando una y otra vez en la búsqueda de la salida. Pero yo no quería salir. El mundo sin laberintos festivos es plano. No puedo imaginármelo. También tengo el componente explosivo. La pasión por lo imposible. Por los desafíos inalcanzables que nos arrastran al máximo de nuestras capacidades. Que destreza tenías para encontrar el lado divertido de todas las cosas. Expresabas las ideas de maneras que me hacían reír mucho. ¿Por qué lo entendías todo? ¿De dónde venía esa pertinencia en la observación del presente, de lo esencial? Te gustaba contarme cuando sentías que tu vida se enredaba para tener mi punto de vista. Me entretenía simplificar los nudos que creabas. Sentir tu agradecimiento. Nuestra conexión. El gusto por los laberintos se llama optimismo. No es un optimismo simple e ingenuo. Es un optimismo complejo que rompe la inercia. Tu vida era como una canción de metal psicodélico. Estar cerca tuyo era sentir ganas de ponerse a saltar y correr por todos lados. Identificar que ahí está todo lo importante. En el carnaval constante que no descuida lo realmente crucial. Si tuviese que definirte diría que eres movimiento. Que eres agradecimiento. De la existencia que se te concedió. La vida no descansó contigo. Me enseñaste todo lo importante que hay que aprender: qué es el amor, qué es la libertad. Me pregunto dónde estarás ahora. En un mar de peces dorados. En parajes infinitos semejantes a ti mismo. No descanses en paz, sigue saltando y corriendo para todos lados, vuelve para remecernos y despertarnos. Tu amor lo podía todo. Sé que vas a encontrar alguna manera. Tu amor lo podía todo. 

4 de junio de 2022

Aldo (VI)

Aldo, hablemos de los moldes que nos imponen, de los que tú te reías, de los condicionamientos. Y ahora que la muerte me queda grande no estás acá para darme la idea imprescindible, el consejo perfecto. Tenías la generosidad de escuchar, de explicar tu punto de vista cuando hacía falta, de contestar exactamente lo que se te estaba preguntando. No evadías nada. Y podía expresarte cualquier cosa. Era el terreno de lo ilimitado, el lugar sin fronteras. La confianza es algo insustituible. No se adquiere de un día para el otro, ni con cualquier espíritu. Sólo las almas libres pueden acoger la autenticidad del vuelo. Era tan interesante conversar contigo. Tan real. Tan real. La conversación es una comunión. Para ti era sagrado el momento de escuchar y descubrir el mundo juntos. Todo lo que decías escapaba de los patrones establecidos. Era tan esencial que todo el resto del mundo desaparecía. Sólo quedaban tus palabras y tu amor impreso en cada intercambio. Es mágico. Construimos una confianza a través de los años. Pero la semilla germinando siempre estuvo ahí, desde el primer momento. No me conformo, Aldo, te juro. Lo tenías todo. El amor, la inteligencia, la juventud, la belleza, el sentido del humor. Creo haberte dicho alguna vez todas estas cosas. Por suerte. Pero me habría gustado repetírtelas. Me gustaría tener tu cuerpo una última vez. Tu sonrisa. Tu mirada profunda. No sé si esas cosas se pueden volver a conseguir. Tenemos cuarenta, y me dejaste flotando a la deriva. Nos quedaba tanto tiempo. Y ahora qué. Veinte, cuarenta, sin ti. Tu libertad me acribilla ahora. Por qué forzaste las circunstancias. Por qué sumergirse en la muerte. Algún día me voy a ir a una isla, me dijiste una vez. Lo que no me dijiste es que ibas a abandonarme en la mitad del trayecto. Arréglatelas sola. Busca respuestas en un escenario imposible. ¿Eso querías que lograra? Bueno, aquí estoy, y me he quedado sin respuestas, sin tu amor sublime. La muerte es una putada. Quien diga lo contrario miente. Eso sí lo puedo responder. Aldo, no voy a despedirme, no esta vez. Te quiero. Quizá había tiempo de desaparecer juntos, como alguna vez quise proponértelo. El tiempo es otra putada. Implacable. Sólo las palabras pueden rellenar mi tiempo que ha quedado vacío. Más vale que haya otra vida porque lo único interesante que había era nuestro viaje a otro planeta fuera del tiempo. El amor era entre nosotros, y ahí se va a quedar. Me faltará tiempo para esperarte. Te obligaste a dejarme partir, con tu corazón roto. No puedo volver a componer el mío ahora. Te quiero, por siempre.  

Aldo (V)

Aldo, lo estoy intentando, en serio. Pero no me está resultando. Tu cuerpo se me viene encima. Tu risa. Es todo muy misterioso. Esto de que ya no estás. Cuando vaya al mar tendré una conversación seria con él. Lo interpelaré cara a cara. Por qué te arrebató. ¿Querías ir al fondo de las cosas? Sé que buscabas los extremos, muchos extremos distintos, para dejar de pensar, tu cabeza funciona a una velocidad impresionante. Un proyecto tenía que ser el más difícil, crear algo no podía ser menos que tratar de cambiar el mundo, una presentación era entregarse al momento como si fuera la última. Con el tiempo dejaste de evitar ser tú mismo y te entregaste al vendaval creativo. Tu versión libre es sublime. Un oasis con peces nadando en espiral y el sol penetrando en el agua. Considerabas que uno puede escapar de versiones de uno mismo que quedan adheridas a los lugares. Te pasaba al moverte, y dejabas de arrastrar cosas. Reinventabas tu propio trabajo y mundo constantemente. En ese ritmo bailamos, mientras nos tiraban agua desde una ventana, el sol abrasando las entrañas. En esa pista oscura dejamos atrás las certezas por una vida real. Descubrimos que compartíamos la pasión por el presente. No hubo vuelta atrás. Y el presente ahora qué es. Tu fuerza que se me va de las manos. Lo ilimitado es aún más ilimitado. Rompiste el espacio-tiempo y ahora planeas por la dimensión paralela. Manda energía. Mandamos un poco de tu energía ilimitada. De tu explosión constante. De tu deseo de cambiar el mundo. No dejes de cantar canciones que nos llenen de ímpetu de libertad. De esa sensación inmortal que sabías entregar. Sigue mandando amor por la vida. Sigue. Sigue. Que no tenga final.

3 de junio de 2022

Aldo (IV)

Probablemente lo peor es que no hay otra persona como tú. Tu inteligencia y tu sentido del humor es lo más alto que he conocido. Tu valentía. Perseguiste tus sueños uno por uno hasta que caían rendidos en tus brazos. Nos parecemos en eso: la perseverancia. Y tu lucidez no tiene parangón. Vas y haces lo que crees que hay que hacer. Te da lo mismo que nadie entienda de lo que estás hablando. Necesitabas expandirte, te moviste. Te admiro tanto porque sé que no es fácil, hemos seguido caminos parecidos. Juguemos a que sigues en el camino. No puedo de otra manera. Tu partida me pulverizó. Ya no sé ni quien soy ni adónde iba. Me interesa mucho menos continuar sin tu estadía aquí. Siempre fuiste tan cariñoso. Poca gente me entendía como tú. A veces sentimos que alguien es como una extensión de uno mismo. La conexión es total. Compartimos la pasión explosiva por el mundo. La necesidad de la creatividad ilimitada. Aldo, qué onda, por qué te hundiste en el mar. Hablemos. Explícame. Quiero escucharlo de ti. Sólo estabas contento cuando estabas totalmente estimulado y desafiado. Dime si querías proponerle al océano un desafío. ¿Era eso? Imaginabas que cada día era una oportunidad para expresarte. Aprendiste a usar tu fuerza para mejorar el mundo, sin detenerte en los obstáculos, jamás. Te observo cantando y sé que todo esto es una mala broma. O quiero saber cómo se sigue adelante cuando se acaba el recorrido de manera definitiva de alguien que admiras. Hacías locuras que movían a las personas. Imposible quedarse indiferente. Locura es una manera a veces tonta de decir que tu coraje era visionario. Y no voy a hablar de tu piel porque me podría quedar empantanada. Como tú me dijiste una vez: “me cuesta no pensar en algunas cosas tuyas de las que me llegué a enamorar, las voy a echar de menos. En verdad yo hubiera hecho mucho por no perderte si me hubiera dado cuenta a tiempo. Después de todo, en algún lugar para mí sigues existiendo. Ya me acostumbraré. Y el otro Aldo, bueno ese quizá no vuelva pero quiero que sepas que lo quiero mucho y lo voy a extrañar.”

2 de junio de 2022

Aldo (III)

Tenemos cuarenta. Llegaste a mi vida a los veinte. Desembarcaste con camas y petacas, el circo entero, fueron bajando uno a uno los funambulistas y las fieras. Mi asombro fue sideral. Pude conocer la intimidad del carromato. El fuego que corroía tu vida y acababa con todo. Todavía no me recupero y ahora decides hundirte en el mar. Quería seguir descubriendo los rincones de tu alma. Por qué te precipitaste. Aldo, por qué ya no me escribes. Por qué no contestas. ¿Todo terminó? ¿Dónde estás? Me hacías reír tanto. Contéstame si el mundo se te hacía pequeño. Cuéntame qué encontraste en el fondo del océano. Qué hay ahí que no había aquí. Qué corriente submarina te atrajo. Cuáles eran las bondades del reino sumergido. El mar se quedó contigo y tu fuerza, y todavía había tiempo para explorar, para analizar la capa subterránea de la existencia. Nadie tenía unas respuestas como las tuyas. Eras inspiración en cada confluencia. Pero quién retiene a los espíritus consumidos por la pasión. El mundo trató de seguir desplegándose pero todo se hacía pequeño y quedaba devastado. Todo nuevo intento será un sucedáneo. Aldo, nos quedamos aquí, pero ya nada será como antes. Gracias por haber desembarcado en mi vida. Y maldigo al mar por haberse quedado con tu cuerpo y tu mente maravillosa. No habrá días en que tu recuerdo no me perfore. Te quiero. No te vayas. Quédate. Qué aburrido existir sabiendo que ya no estás aquí. Quédate.   

Aldo (II)

Volví a preguntar y es cierto. No me consuelo. No hay más conversaciones. Tu energía crea diseños en la estratósfera. ¿Y aquí qué? No veo que existir pueda tener el mismo perfume. Vivir cansa. Y si van partiendo quienes te entregaron su mundo secreto. Tuve el tuyo entre mis manos. Quemaba. Siempre el punto de vista que me dejaba volando en el aire. Aldo, tu mirada es excepcional. Y ya no la tengo. Eras energía vital y nada más. Universos por explorar. Por qué partir. Hay el dolor borroso y el dolor nítido: el del amor que se va. El del amor que no puede reemplazarse. El de las relaciones que se van transformando y quedan suspendidas como una flor arrancada en su momento más brillante. Así te arrebataron de la vida, como el sol arriba al mediodía. Clavado en su punto más alto. Para qué seguir. Cerrar las cortinas cuando la función sigue. Qué injusto. Tu risa tenía todavía cosas que decir. Tenemos todavía puesto los trajes. La coreografía iba exhibiendo la fuerza de quien no tiene miedo. Yo quería escucharte. Aldo, no hay remedio para tu inmersión en la oscuridad. Todo se ha detenido y ya no habrá vuelta a casa. Y ahora dónde dirigirse cuando el camino ha cerrado sus senderos y sólo queda el acantilado. Estar cerca tuyo era recorrer el borde del precipicio. La activación total de los sentidos y las certezas que tambalean. Eras simplemente algo sobrenatural. Las genialidades puestas en fila. La sensualidad en hilera como abanicos que se abren y descubren el viento. Aldo, es irreal tu partida. Si todavía dudas, si el universo se curva, vuelve. Estamos fuera del agua, pero respiramos, algo podremos todavía mostrarte. Nos hemos movido pero las ganas de cambiar el mundo están intactas. Aldo, la presencia de tus pies en la tierra era fascinante. No puedo tener tu universo pero para lo que queda atesoraré todo lo que vislumbré de él, y te prometo que no voy a rendirme. Sólo queda renunciar a ti pero tal vez el amor se transforma. Olvidarte es una utopía.  

1 de junio de 2022

Aldo

Está la perplejidad cotidiana y la perplejidad inesperada que tiene otros contornos, que se enrosca acurrucándose a un costado, acercándose para que la observemos, pero sólo hay silencio, respiración en sordina, por qué perderse en el fondo del mar. Qué había ahí. Y ahora dónde. No era suficiente. El océano tan amplio. Cuál es el problema de tener cuarenta. Tu intensidad necesitaba un respiro. No podré recuperarme de tu partida. Te quiero, Aldo, tu originalidad no tiene semejanzas con lo que el universo dispone como posible, el asombro que causas es mágico. Gracias por tanta felicidad. Por dialogar conmigo una y otra vez, en todas sus formas, instalados en la montaña rusa en llamas, hasta dónde se podía llegar en esta existencia. Lejos. Ahí partiste. Y las conversaciones por llevar a cabo, dónde quedan. En qué dimensión se materializan. No me interesa. No puedo inventarlas sola. Gracias por la mirada amorosa que entregas a las cosas. Por la fuerza que siempre me inspiraste. Voy a tener que preguntar nuevamente si realmente te tragó el mar porque no me la creo. Quizá sólo sea una pesadilla. Una parte de mí se perderá también en el fondo del océano si es cierto. Te quiero, Aldo. Tu sentido del humor me cambió la vida. Dime que no se va a acabar.