Los destinos son pasiones, no personas. El destino es el amor. El destino es lo que nos quita el sueño. Preparando valijas y encomiendas para abrazar mi destino una vez más. Observo una foto de Aldo que tengo en el escritorio. No quiero olvidar que la condición humana está limitada por el nacimiento y la muerte. No quiero olvidar que el tiempo no estará siempre de mi lado. No puedo olvidar que cruzar el océano tiene sus costos. Luego de diez años lo cruzo con tranquilidad: vuelvo a mi casa. El calor lo llevo conmigo en forma de solidaridad. “Solidaridad” era una palabra que apenas se usaba en el movimiento feminista contemporáneo, escribe bell hooks, se ponía mucho más énfasis en la idea de “apoyo”. Apoyar puede significar sostener o defender una postura que una cree correcta, explica hooks, también puede significar la base o el andamio de una estructura débil. Este último sentido era muy importante en los círculos feministas, advierte bell, su valor procedía del énfasis en la victimización compartida. Identificándose como “víctimas”, las mujeres estaban reconociendo una indefensión e impotencia, así como una necesidad de apoyo, en este caso, del apoyo de sus compañeras feministas activistas, de sus “hermanas”, prosigue hooks, se relacionaba estrechamente con la idea vacía de sororidad. El sexismo, el racismo y el clasismo dividen a las mujeres entre sí, afirma, las mujeres, al igual que los hombres, deben aprender a dialogar entre sí sin competir. Al vincularse como “víctimas”, las mujeres blancas partidarias de la liberación de la mujer no se sentían obligadas a asumir la responsabilidad de enfrentarse a la complejidad de la propia existencia, expresa bell, no se desafiaban unas a las otras a analizar sus actitudes sexistas respecto de las mujeres que no eran como ellas o a explorar el impacto de los privilegios de raza y clase en sus relaciones con las mujeres ajenas a sus grupos de raza/clase. Identificándose como “víctimas” podían abdicar de su responsabilidad por su papel en la conservación y perpetuación del sexismo, del racismo y del clasismo, lo que hacían mediante la insistencia en que solamente los varones eran el enemigo, continúa hooks, no reconocían ni se enfrentaban al enemigo interior. No estaban preparadas para renunciar a los privilegios y hacer el “trabajo sucio” (la lucha y la confrontación necesaria para construir una conciencia política, así como las muy tediosas tareas que hay que hacer en el activismo cotidiano), explica bell, que se necesita para desarrollar una conciencia política radical, siendo la primera de ellas hacer una crítica y una evaluación honrada del estatus social, valores, creencias políticas, etc., de cada una de nosotras. Con el propósito de desarrollar solidaridad política entre mujeres, las activistas feministas no pueden crear lazos en los términos fijados por la ideología dominante en la cultura, advierte hooks, tenemos que definir nuestros propios términos. Cuando las mujeres luchan activamente con una actitud realmente abierta para entender nuestras diferencias, para cambiar las visiones distorsionadas y erróneas, ponemos los cimientos para una experiencia de solidaridad política, expone bell, la solidaridad no es lo mismo que el apoyo. La experiencia de la solidaridad, expresa, se debe fundar en una comunidad de intereses, de creencias compartidas y de metas en torno a las cuales unirnos a fin de construir sororidad. El apoyo puede ser ocasional, puede darse y retirarse tan fácilmente como se dio, la solidaridad requiere un compromiso sostenido, continuo, afirma hooks, en el movimiento feminista, hay una necesidad de diversidad, de desacuerdo y de diferencia, caso de que queramos crecer. Quizá nuestro destino para sobrevivir, como conjunto de especies cohabitando, es la solidaridad.