13 de abril de 2021

Tres notas

En esta mañana dulce y soleada en que pensé haberlo perdido todo y sólo perdí el vértigo, todo sea quizá posible, como la sensación al escuchar la canción Tres notas para decir te quiero, de Pedro Aznar y Vicente amigo, con esa guitarra que eleva. 

El devenir tiene la extraña capacidad de zamarrearte botándote a la sombra, para luego perdonarte la vida, cuando la avalancha estaba asumida y todo estaba dispuesto. Esa capacidad de mantenerse en pie cuando el viento sopla huracanado debe ser algo deseable. Y las tres notas insistiendo, esas tres notas para decir te quiero, en todas sus formas, buscando entrar, entrar, y dar ese mensaje, el mensaje esperado que sabe abrir camino entre los matorrales para alcanzar el río y su corriente caudalosa, pero abierta a recibirte, una fuerza serena que vibra. Cuando la fuerza parecía disuelta, reaparecer entre lo que siempre queda de ese fuego de vida, de esas ganas de seguir y hacer algo que valga la pena de todo esto. Tomando las tres notas y perseverando y perseverando, apremiando, hacerlas aparecer, subrayar una y otra vez la sonoridad que tienen y todo lo que se crea cuando se encuentran. Porque tres notas es un gran universo, que todo puede abarcarlo, y los grandes universos se conservan, para hacerlos florecer, hasta la explosión de la última estrella. 

Como una apacible mañana de abril, que vestida de emoción y entusiasmo, una y otra vez, te perdona la vida. Esas tres notas que son todo lo que tienes, lo que te queda, y lo que te hace vivir. Una invitación al viaje y a la trascendencia. Tres notas para decir que el universo no cesa de expandirse. 
 


11 de abril de 2021

Mamá

[He incluido al relato inicial de mi madre, en sus cumpleaños, otros datos históricos relevantes y biográficos que había omitido, por lo que vuelvo a publicarlo aquí. Lo que me da la oportunidad de subir otra foto, que muestra claramente cómo es mi madre en los paseos, en vez de estar mirando donde se indica (el paisaje señalado por el cartel donde está dibujada una cámara), está con sus binoculares viendo los pájaros que vuelan por el cielo, encantada con los nuevos ejemplares de cada especie que aparecen (¡o quizá una nueva especie!). Bien sabe ella que para encontrarlas, no hay que siempre mirar hacia donde te sugieren. Porque como bien dijo Nicanor Parra: mejor es tal vez que vuelva a ese valle, a esa roca que me sirvió de hogar, y empiece a grabar de nuevo, de atrás para adelante grabar, el mundo al revés, pero no: la vida no tiene sentido.]

Mi mamá nació un 11 de abril de 1957 en Santiago de Chile, en medio de una pandemia mundial de gripe, iniciada en China, la cual llegó en barco adonde ella vivía cuando cumplía sus tres meses. La citada epidemia acabó con la vida de muchos recién nacidos, pero no con la de ella, afortunadamente. Chile fue uno de los países con mayor tasa de mortalidad dentro de Latinoamérica y el mundo, con 9,8 fallecidos por cada 10.000 habitantes. 

Hoy, 11 de abril de 2021, cumple sesentaicuatro años, en medio de una pandemia mundial de coronavirus, iniciada en China, la cual llegó en avión adonde ella vivía trece meses antes de su celebración de cumpleaños sesentaicuatro. La citada pandemia no da tregua, por lo que la celebración de sus sesentaicuatro años será remota, pero no por eso menos importante, y estará llena de amor, como ella se lo merece. 

El día que nació había estado de sitio, por las protestas sociales que se habían llevado a cabo la semana anterior, crisis detonada por el alza de la tarifa del transporte público. Mi abuela tuvo que ir al hospital a parir con un permiso por el régimen de excepción que habían instalado, luego de inmensas manifestaciones. Hoy celebra sus sesentaicuatro años, diecisiete meses después de que comenzaran las protestas sociales, crisis detonada por el alza de la tarifa del transporte público. A continuación, inmensas manifestaciones y estado de excepción. Pero dejemos por un momento de lado el carácter confinado y excepcional de esta celebración (hubo otras de sus fiestas de cumpleaños en toque de queda, por supuesto), y volvamos a mi madre, la protagonista y personaje esencial del día de hoy. 

Una mujer extremadamente inteligente, sabia y bondadosa, un apoyo incondicional para mí y sus cercanos, sobre todo para su Pancho (mi papá), compañero hace cuarentaicinco años, y sus dos adoradas nietas, Agustina y Margarita. Además, es terapeuta en salud natural integrativa, diplomada de la Escuela de FisioEnergética de Viena, Austria, kinesióloga y MBA en recursos humanos por la Universidad de Chile, instructora de meditación y mindfulness, profesora de fitoterapia y ornitóloga. 

Tiene una consulta donde atiende pacientes como terapeuta en medicinas complementarias e integrativas, usando la naturopatía, curación con símbolos, evaluación y balance energético integral, fitoterapia, ejercicios y meditación para reducir el stress, y terapia floral. Todos sus pacientes se mejoran, hasta el momento. Dirige talleres teórico-prácticos de manejo del estrés, meditación, fitoterapia, conciencia corporal y chakras, y efectúa clases de introducción a las medicinas complementarias e integrativas, de plantas medicinales, y de integración mente-cuerpo, manejo del stress y de “los pilares de la salud”. Por supuesto, yo la admiro muchísimo, y es mi terapeuta preferida, le pregunto literalmente todo. Nadie tiene más respuestas que ella para una variedad de asuntos, relaciones humanas, salud, y otros. Y además tiene una paciencia infinita para escucharme siempre por horas todos los análisis del presente, pasado, y futuro, en eternas conversaciones maravillosas que compartimos y me hacen muy feliz.

En la foto, realizando su actividad preferida, observar aves, como ella la llama, e ir anotando en su lista interminable de pájaros por ver, un check cuando un ejemplar de cada especie es avistado. Junto con su otra actividad predilecta, trabajar en su impresionante colección de plantas suculentas, la más bonita de Isla Negra. Sus libros preferidos son los de Sándor Márai, sus películas las de Ingmar Bergman, y música, la de Cat Stevens. Cuando era pequeña me regaló, entre muchos otros, un libro sobre las aventuras de Pippi Långstrump de Astrid Lindgren, literatura que conoció en Suecia, donde se fue a vivir un año cuando tenía diecisiete. Luego se iba a ir a estudiar medicina a Austria, en 1976, a los diecinueve, pero se enamoró de mi papá y modificaron el proyecto. En 1980, llegué yo. En 1983 mi hermano Francisco, y en 1989, Felipe, el favorito de todos. 

Te lo debo todo, mamá, FELIZ CUMPLEAÑOS.