13 de mayo de 2015

Sobre amar con perplejidad

A veces una flecha se clava, y luego no estás y duele tanto, y en mi existencia hay una idea fija, tu sonrisa en mis días, y la flecha duele, y mis días y tu sonrisa quieren encontrarse, y solo está lleno de sangre que hay que limpiar con cuidado, y el sol afuera da un poco de fuerza, y te lo digo, con la ilusión de mil flechas juntas, con el dolor y la duda, con esa alma que tengo, desnuda y frágil hacia ti, y te digo que pienso que eres el amor de mi vida, que ese balcón soleado donde te encuentro siempre me da como un ladrillo en la cabeza cada día donde ese despertar es estar alerta, a la nada que es la vida, a la inmensidad que es la vida, y planeo y planeo, y me destruyo y me destruyo, y te digo, quiero estar contigo, y espero, y te digo que la vida vivida con esa risa tuya es lo más bello que he vivido, que te conocí y empezó el milagro, y observas en silencio, y me dices deja de lado esas maletas y yo sé que es una buena idea porque estar sin ti es como morir muchas veces en fila una tras de otra con pequeños intervalos de esperanza, y yo sólo quiero sentir latir mi corazón, y vivir juntos el silencio, ese silencio del mundo detenido, ese silencio de la incertidumbre, de la tristeza, y ese silencio de la conexión, de la comunicación, de lo sagrado, y sólo confirmo que apareciste en mis horas y semanas para ver que el tiempo no pasa, que va lentamente si el calor de tu existencia acogedora y cariñosa alcanza mi alma inocente y a veces ya endurecida, y dejo de lado todo y me dejo llevar por tu comprensión y tu respeto constante, y me dices siento estar viendo todo a través de tus ojos, y donde miro estás tú, y yo sé que nada es fácil, pero que los oasis son dignos de quedarse en ellos un momento más, sentarse en la arena, con los pies en el agua, y me quito las flechas y te invito a fluir por el río, aunque sea con miedo, porque bajo el agua no vamos a llegar a ningún lado, y porque quiero abrirme el pecho para no ahogarme con tanto amor que me inspira tu figura, por esa sensación que puede llevarte a construir civilizaciones con casi nada, por ese amor que llega a doler, por todo lo que no conocía y ahora conozco, por esa oportunidad de ser humano, de amar con dudas, de amar con perplejidad, de amar la incertidumbre, y de dejarte llevar por los manantiales, con la promesa quizá de prados floridos al viento, y la certeza de que voy a amarte aunque sea lo último que haga.