Ahí un algún lugar del mundo están todas las respuestas, aunque a
veces no podamos encontrarlas. El año va hilando, hilando, y un día decide
terminar. Quizá se sienta cansado, quizá no ve un real sentido a seguir. O
quizá sabe que tiene que dejarle espacio a otras cosas.
Así de pronto, termina. Lo mejor quizá sea detenerse un momento. Mirarlo
de frente, y agradecerle, todo eso que quiso traer. Cuanta oportunidad que se
cruzó por el frente. Cuanto momento que nos hizo sentirnos vivos. Tanta música
desfilando. Mirarlo, mirarlo. Y dejarlo partir.
Más vale no pensar en el año que se avecina, podría parecer una
avalancha, a veces vacía, a veces arrolladora. Me aferro a este último día para
dejarlo partir. Le pido que se lo lleve todo y me deje espacio. Para la dulce
avalancha. Esa fuerza impetuosa. Esas flores que intentarán abrirse. Sólo les
pido un poco de tiempo.
El año ha decidido partir. Es el momento, dice. Yo me quedo en
silencio. Y quiero con todas mis fuerzas que se lleve al amor, que se lleve al
lugar, que se lleve los escondites secretos, esos de antes. Esos de ayer. Esos donde
a veces había sol. Donde de tanto en tanto podíamos reír. Que deje la suavidad,
tan reconfortante.
Que deje las semillas. Siempre hay nuevos lugares donde plantarlas. Siempre
hay nuevos años, a menos que estemos muertos. Siempre hay nuevas respuestas. Le
pido al año que deje la certeza de poder encontrarlas. Que si va a partir deje
mi alma en su lugar. Le pido que deje un lugar para las nuevas inspiraciones. Esas
que aparecen si te das un momento a solas. Frente a frente con el año que
parte.
Tengo que agradecerle. Él no quiso hacer daño. Fue anunciándose. Se lleva
el cobijo. Se lleva algunas flores. Se lleva algunas palabras que eran música
para los oídos. Bálsamo para el alma. Me aferro a este último día, pero no por
mucho más. Le agradezco los mundos disponibles. La sinfonía que estuvo
presente. Le pido que me deje un momento a solas.
Cierro los ojos y me despido. El último día desgarra, pero yo quiero
dejarlo partir. Guardo con cuidado las semillas. Las semillas del movimiento. Las
dejo detenerse por las horas que quedan. Porque sé que en algún lugar están
todas las respuestas. Porque sé que ya están aquí, aunque ahora no pueda
verlas. Y sonrío. Porque todo valió la pena. Porque quiero morir de
agradecimiento.
Amaneció nublado, pero el sol se hace su camino por entre las nubes. Y
agradezco ya los nuevos momentos. Esos que iré agarrando al vuelo cuando este
año decida partir de una vez. Ahí en algún lugar están todos los momentos. De alguna
manera no se van. Se quedan. Para alegrar los momentos oscuros. La serenidad
esperanzada. Saberse vivo. El corazón sigue latiendo. Y los momentos se
convierten en flores. Que siempre puedes respirar para volar.
No queda más que agradecer, por tantos años de paraíso. Por el paraíso
en ciernes. No queda más que agradecer el poder sentirse como en casa. Agradecer
a todos lo que me han hecho sentirme así. Agradecer con todas mis fuerzas, por
ese amor disponible. Por todos esos chispazos de vida que son tan potentes como
una existencia completa. Dejo atrás el lugar de la lengua más bonita del mundo.
Pero la lengua sigue en mí, y yo la acojo con un gozo inconmensurable. Saboreo la
nueva lengua, todas esas palabras que me hacen volar, esa lengua que siempre me
ha acompañado y a la que debo mi felicidad.
Pongo ambos pies en la tierra. Me doy cuenta que soy de todos los
lugares. No importa donde estés. Todo lo que eres va contigo. Como una bella
nave espacial, tan aferrada a la naturaleza, tan dichosa de poder moverse. Agradezco
al movimiento, porque a veces duele, pero autoriza a volar. Agradezco a lo
delineado, porque a veces autoriza a soñar. Aunque luego sea el momento de
partir. No hay líneas en realidad, hay momentos, hay oportunidades, hay vuelos.
No importa dónde estás, ahora lo sé. Importa lo que está dentro de ti.
Importa cuánto puedas mirar alrededor tuyo. No importa el lugar. Lo que importa
es poder ver el amor disponible. Lo que importa es poder dar el tuyo a quienes
cruzan tu existencia. Creo haberlo entregado siempre. Y eso es lo que queda. Haber
hecho todo hasta las últimas consecuencias. La pasión en el desarrollo de la
vida. Darlo todo por lo que vale la pena.
Siempre quedan las palabras. Y las palabras están en todos lados. Las palabras
están dentro. Y hoy también quiero agradecerle a ellas. Porque me han llevado
por el mundo atenta. Porque han nacido una y otra vez. Porque son un puente
entre las cosas. Porque gracias a ellas todo respira, porque la comunicación es
el oasis. Porque siempre hay un punto en que las almas se encuentran, aunque a
veces tengan que distanciarse.
En este año nuevo, agradezco estos cuatro años y medio en Europa, los
mejores de mi vida, y doy la bienvenida a la nueva existencia, que se muestra
más benevolente que nunca antes. Agradezco a la vida por todo lo que me ha
dado, y sigo adelante con humildad. Siempre se puede volar. Siempre. Y siempre
seguiré volando, porque mi alma, nómade incurable, ama existir, y no ve cadenas
posibles. Para este año que comienza, espero la emancipación. Una emancipación
definitiva. Que no vea cadenas posibles. Una emancipación mágica. Una emancipación
real y apacible, incondicional. Para este año que comienza espero: Escribir
fuera de la ley.
Estar más allá de todo lugar. Personificar el alma ilimitada. Borrar los
contornos. Entregar todas mis fuerzas al vuelo. Sin cadenas posibles. En libertad.
De otra manera no veo que valga la pena vivir. Un brindis por la existencia
depurada de fronteras. Fui feliz y soy feliz. Se puede ser feliz en cualquier lado,
ahora lo sé. El movimiento es el mejor aliado. Y la emancipación es la regla. Escribir
fuera de la ley. Amar con profundidad. Saberse vivo, saberse finito. Saberse capaz.
Nunca aterrizar. Nunca dejar de agradecer.
Gracias año antiguo por crear algo mágico, por darme las claves de la
existencia, por la sabiduría ganada, gracias año antiguo por la humildad. Gracias
por la humildad. Gracias por la capacidad de agradecer. Gracias por el acceso a
tantas nuevas palabras, a tantas nuevas lenguas, a tantos nuevos lenguajes, a
tanta sorpresa, a tanta admiración. Gracias por tanto paraíso. Sólo queda
seguir. Y saber que el paraíso siempre está al alcance del alma. Saber que hay
tantos mundos al alcance de la mano. Que el universo es algo inconmensurable y
pacífico, agitado y vivo. No importa dónde estás, porque todos los lugares
pueden ser tu lugar, lo importante está adentro. Y agradecer a todos los que te
acompañan, en todos los rincones del mundo.
Gracias a cada uno por cada detalle de amor, y gracias a cada palabra
por ser un universo a descifrar. Oh mon amour la fête
continue. Oh mon amour la fête continue. Toujours.
Mais différent. Mais pareil. Bienvenido año nuevo, ya puedes llegar. Aunque todo quede, aunque todo
resuene. La fiesta continúa, y ya sale el sol. Gracias a la vida, que me ha
dado tanto. Gracias a mis padres por ser un apoyo incondicional. Gracias a
todos. Y gracias a la vida. Feliz año, no habrá final.