Amo la
mañana, con su promesa de eternidad, del día completo por delante repleto de
ideas, de propósitos. Amo el atardecer, con su nostálgica resignación de lo que
no pudo llegar a ser, o que fue y luego partió. Amo el anochecer, el arribo del
momento de cerrar los ojos, con esa esperanza de un nuevo día, donde todo sea
posible, y donde solo contemplar la naturaleza imponente nos llene el alma como
si fuese suficiente. El día nos limita y nuestra mortal existencia nos limita. Aunque
casi nada tenga sentido, yo quisiera hablar desde el sentido que llevo dentro,
que no es otra cosa que observar atentamente, y dejar aparecer el universo que
nos habita, nutrido por toda esa maravilla posada a nuestro alcance cuando nos
acercamos a verla, y que nos vislumbra de cuando en cuando.
19 de agosto de 2014
3 de agosto de 2014
Hannah Arendt, la condición humana y los derechos humanos
El
hecho de que el hombre sea capaz de
acción significa que cabe esperar de él lo inesperado, que es capaz de
realizar lo que es infinitamente
improbable
Hannah Arendt
Lo
que está en juego es la pérdida de la búsqueda de sentido y la necesidad de
comprensión
Hannah Arendt
Nuestro mundo común está atestado de
sucesos demenciales. También de asuntos floridos. Pero lo irracional y sombrío
es más difícil de comprender. Para Hannah Arendt, la necesidad de comprensión era
un sentido de vida[1].
Hoy vemos con espanto, como dos comunidades humanas, como son la hebrea y la
palestina, buscan destruirse mutuamente. Es como si el tiempo no pasara. Como
si no hubiésemos aprendido nada. Vemos también cómo las personas mueren
intentando traspasar fronteras, intentando nadar hacia mejores oportunidades,
hacia una vida digna[2].
La indignación ya ha llegado quizá demasiado lejos. La perplejidad está
instalada y ya no abandonará la contienda. Es el momento de esforzarse un poco
más en comprender tanto descalabro, tanta indolencia, y vislumbrar nuevas
claves, para luego actuar. En este camino pedregoso, muy pedregoso, casi como
un risco escarpado, recurrimos a Arendt, porque sus ideas están hechas de la
savia que constituye a los derechos humanos. Un pueblo libre no tendría por qué
ser infeliz y desear la muerte de sus vecinos. Una humanidad que comprende y
encuentra un sentido no tendría por qué devastar al planeta, ni denigrar a
nadie, ni destruir lo que tanto cuesta crear. La imaginación nos guía, y
mediante nuestras palabras y nuestros actos, nos sintonizamos en una cruzada
que nos incluye a todos, y consiste en amar la diferencia, y en hacernos
responsables por nuestro mundo[3].
Si lejos, lejos de nosotros, un niño llora en la selva, también nuestra piel
está teñida de indiferencia, también se rompe una parte de nuestra propia
humanidad, nos alienamos al cerrar los ojos a lo que nos rodea, al avalar la
ecuación medios-fines, al mantenernos mudos, como la misma violencia. Lo que
intentamos trata sobre comprender, sobre actuar, sobre llegar al alma de las
ideas de Arendt, confiando en que un día no nos aniquilarán definitivamente las
preguntas, sobre salir a las calles, sobre trabajar duro, premunidos de buenas
ideas, para sanar del mundo lo que pueda ser sanado. La contienda es desigual,
y las heridas son profundas, pero cuando se posee la sabiduría de quien trabajó
duro y recorrió mucho, el desafío tiene un sentido, y una esperanza. Una
pequeña esperanza, pero a veces más grande, de que todas las personas puedan
respetarse, y de que la pluralidad nos dé vida. Nuestra tarea, -y cada día la
confirmamos, en un ritual que consiste en no desfallecer observando atentamente
todo lo bello que existe en la tierra-, consiste en sanar a la humanidad a
través de la propia humanidad, contenida en todas las ideas humanas que
existen, y frenando con ellas y nuestra energía, al gobierno del odio, la
indiferencia y la ambición. Bienvenidos, el mundo ya lo conocen, y ahora pueden
ver lo que Arendt reflexionó sobre todas las calamidades que presenció. Quizá
nos sirva realmente para cambiar el mundo, que sigue igual de adolorido que
antes. Los tiempos presentes, son también atemporales, es difícil distinguir
una desventura de la otra. En nuestra existencia, aunque fugaz, podemos
comenzar algo nuevo, podemos intentarlo, buscando un sentido a esta existencia
desquiciada, pero desbordante de ganas de vivir.
[1] “De
algún modo, se me planteó la siguiente cuestión: o estudio filosofía o me tiro
a un pozo, por así decir. Pero no, desde luego, por falta de apego a la vida.
Nada de eso. […] Era [la] necesidad de comprender” (Arendt, LQC [2006] 2010b: 50),
entrevista con Günter Gaus. Véase también infra
capítulo III. “Comprensión y política [Understanding
and politics]”.
[2] “Lo que
viene sucediendo en Ceuta y Melilla, y por extensión, en la frontera sur de la
Unión Europea, es una tragedia ante la
que es preciso actuar de manera inmediata poniendo en marcha medidas ajustadas
a la legislación nacional, europea e
internacional que garanticen el respeto de los derechos humanos y el principio de no devolución. La instalación de
concertinas, el uso de material antidisturbios y las devoluciones ilegales
lejos de solucionar la situación están poniendo en peligro la vida de las personas
que intentar llegar a Europa generando graves situaciones de indefensión y
desprotección. Esta situación puede y debe resolverse, de manera rápida,
recurriendo a mecanismos ya existentes. El punto central, radica en poner el
foco en las personas que, en Marruecos, se encuentran en situación de
emergencia humanitaria y garantizar el respeto de sus derechos y el acceso a
una adecuada protección. Para ello reclamamos la implicación tanto del gobierno
español como de la Unión Europea en el desarrollo de estas medidas”, véase
Manifiesto "Por una solución europea al drama en las fronteras de Ceuta y
Melilla: 4 medidas urgentes y realizables”, de las entidades de Migreurop en el
estado español (Andalucía Acoge, APDHA, CEAR, ELIN, SOS RACISMO), http://goo.gl/0lnyif, http://www.migreurop.org/.
[3] “G. G.: ¿Guarda usted memoria de algún suceso
determinado, a partir del cual pueda datar su interés por la política? H.A.:
Podría mencionar el 27 de febrero de 1933, fecha del incendio del Reichstag, y las detenciones ilegales
que se produjeron esa misma noche. Las denominadas <<detenciones
preventivas>>. Como usted sabe, estas personas fueron conducidas a
sótanos de la Gestapo o a campos de concentración. Lo que sucedió en aquel
momento fue monstruoso, aunque hoy a menudo queda ensombrecido por todo lo que
vino después. Esto supuso para mí una conmoción inmediata, y a partir de ese
momento me sentí responsable. Esto es, dejé de pensar que uno podía limitarse a
mirar. Intenté ayudar en algunas cosas” (Arendt, LQC [2006] 2010b: 45-46),
entrevista con Günter Gaus.
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