No voy a cambiar. Voy a seguir siendo exactamente como soy. No me modificaré. Insistiré en mis calidades y atributos. Los tengo de sobra. Sin ti será esta aventura. Y no voy a escapar. Este es mi lugar. El que yo elegí. No habrá fuga esta vez. Escribiré un manifiesto del corazón desbocado. Del corazón amante de la aventura. Dónde estás corazón, en qué paraje te encuentro. En qué prado desmedido. En qué río desaforado. En qué paseo desenfrenado. Paso a paso seguiré sus huellas en la arena. En el mar será el cántico universal. Esa noción de los límites. Demarcaré lo que no va a modificarse. La sustancia de ese corazón de rodillas, que ya no va a amar. No de esa manera. Te extirparé del camino para no ver tu perfección que me subleva. Para recordar mi fantasía y sus posibilidades. Tiempo habrá de reflexionar y advertir mi ineluctable ausencia. Toda la vida. Me voy con mi corazón desbocado sin moverme de donde estoy. Ya no duele. Ya no hay grito. Ya no hay espera ni desconcierto. La indiferencia de reafirmar con toda calma el equilibrio de la pasión. El corazón desbocado es un barco encendido que no se detiene. El corazón de la aventura.
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