Duro
dos segundos el atardecer
Me
quemo por dentro
El
alma y el cuerpo
La
sangre está hirviendo
Sin
alma en el cuerpo
Me
quemo por dentro
Bomba Estéreo, El Alma y el Cuerpo
A veces
dudo, la lejanía, como un eco a la distancia, me llama, me dice cuánto tiempo
crees que podrás estar lejos, y si tu familia te llama, te necesita. Y si el
amor se vuela, como un pájaro en cámara lenta que no detiene el batir de sus alas.
Y si la nostalgia me carcome, y si me desoriento. Y si me quemo por dentro con
una pasión por volar alto y quiero partir. …Y me llamas, y me dices miamor, je
t’aime… y yo… ¡cómo me voy a ir! Quiero estar aquí. Dijimos creemos vida, y yo…
¡cómo me voy a ir! No sé lo que eso significa. A veces tengo miedo. Dijimos,
compartamos nuestra vida, y yo… ¡cómo me voy a ir!… ¡Cómo me voy a quedar!, a
tientas, hasta que pueda ponerme de pie, decir, sí, no conozco este lugar, pero
quizá pueda conocerlo, quizá no necesite conocerlo, quizá lo desconocido sea un
aliciente a mi pluma, quizá puedo sacrificar una cosa por otra, quizá puedo
sacrificar mi vida a la pluma, entregar mi comodidad a las hojas en blanco para
que puedan desenvolverse libremente, dar vueltas en redondo, partir y regresar,
sentarse en el puente y conocer a la vida frente a frente, sin subterfugios, la
vida sin muros, la existencia sin fronteras, y el corazón tranquilo, guardado
entre dos manos, que lo cobijan, a quienes les das tu confianza, porque no te
queda otra, porque tú ya estás en otro lado, en la desorientación creadora, en
la resignación de la vida, en la entrega de tu alma a la fértil ventisca, yo no
entiendo nada, y yo… ¡cómo me voy a ir! Si yo vine a no escapar, yo vine a ver
más colores de tus ojos, a profundizar en tu alma, si yo vine a poner una letra
al lado de la otra, un vuelo al lado del otro, un dolor al lado del otro, un
sentido que tenga sentido, que pueda leerse y tenga sentido, que pueda sentirse
y tenga sentido, un lápiz que se concentre en el pasar del río, unas letras que
signifiquen algo, que se organicen y se rindan a la belleza que acecha. Y
entonces, ¡cómo me voy a ir! Si no quiero volver, nunca he querido volver, pero
luego, si ya no puedo partir, ¡cómo me voy a quedar!, pero, ¡no puedo partir!,
pero, ¡no quiero quedarme partiendo!, quiero quedarme quedándome, pero que esa
parte que está partiendo sea todo ese amor que me espera al otro lado del
océano, y que fue lo que me dio la vida, para poder estar ahora quedándome, a
pesar de a veces pensar en estar partiendo. Me quedo quedándome, porque nunca
se sabe cuándo se está ya partiendo, y yo vine a no escapar, yo vine a vivir ,
viviendo.

