30 de abril de 2024

Descripción para un sitio de citas

Me llamo Andrea. No sé exactamente lo que busco (parezco hombre). Un día lo supe. A ratos me digo, busco una pareja. Pero qué significa eso. Ahí está la clave. Porque puede querer decir un sinfín de cosas. Debo confesar que la proyección me tiene sin cuidado. He entrado ya en ese juego. Como de todas formas todo se acaba un día o el otro, quisiera suavidad en el intertanto. Quisiera que la vida sea alucinante. Pero sin drogas. Así no más, alucinar en conversaciones, en paseos, en el arte, en la belleza. Tomar el tiempo de encontrarse, de conocerse. Porque sí. Porque hay un presente que quiere ser poesía. Que quiere ser literatura como si vivir fuera una historia alucinante. Un poema de alucinaciones. Que tengan un pie en la realidad. Quisiera crear un tipo de amor de una igualdad radical donde el nombre sea suficiente. Donde no sea necesario decirlo todo. Donde sepa que le importo a alguien. Donde alguien sepa que me importa. Quisiera un cuerpo que me despierte al presente, una inteligencia que me eleve y un alma que me dé cobijo. Un cobijo sin dependencia. Quisiera ser única en el prado. Quisiera que alguien se sienta único. Quisiera descansar a ratos y dejar de luchar. Quisiera que amar a un hombre no sea un desafío mayor, absoluto y constante. ¿Puedes hacerlo? ¿Tienes emociones? ¿Sabes cómo expresarlas? ¿Conoces los sentimientos y su abanico de repercusiones? ¿Sabes que es difícil? ¿Que no se trata sólo de meterla y sacarla? Hay más. Hay mucho más. De acuerdo, ¿por qué no? Tal vez. La vida es estresante, yo sé. Yo también la vivo. Hay más. Hay las palabras y las caricias. Hay la posibilidad de decir. De decir de acuerdo, ¿por qué no? También tengo dudas. También tengo inseguridades. Miedos a ratos. En otros momentos no. En otros momentos estoy en el arte y me olvido de todo. Sólo soy un nombre y amo vivir. Quisiera ser arte. En casi todos los momentos. Compartir en el arte. Crear poesía. Olvidarlo todo. Vivir. En casi todos los momentos. Vivir.  

28 de abril de 2024

Rock

Fui a la cita. Lo afronté bien, no tuve miedo. Tal vez inicialmente. Pero luego todo fluyó. Rock es la capacidad de la vida de regenerarse. De adquirir la facultad de la despreocupación frente a los contratiempos. La indiferencia frente al estrés post-traumático. A esas secuelas que se van sedimentando en uno como residuos que filtran nuestra mirada. El rock es una especie de resiliencia todopoderosa. De seguir bailando, no importa cuán grande sea la tormenta. Rock son esas ganas de vivir, a pesar de lo que sea que haya podido acontecer. Es una especie de olvido en la música. Es la suavidad de las composiciones que recuperan los fragmentos para crear nuevas combinaciones. Nunca es igual. Tal vez por eso existe esa capacidad. Tal vez el rock es la sorpresa de caer en cuenta que ese prejuicio está construido con elementos obsoletos. Porque el paso del tiempo es la ruina de todas las cosas, y el ingrediente que nos levanta y le da profundidad a la experiencia. Nunca es igual, pero el amor es el mismo, las formas del amor, las sensaciones y las necesidades. La esperanza de la dulzura. Las ansias de combinaciones que exploten los sesos. Que nos dejen en el punto cero sin pasado y sin futuro. Donde sólo sea nuestro nombre el que sostenga todo. El que nos haga seguir adelante. La mirada del otro que nos entrega cosas que no habíamos visto. Ese puente entre una vibración y la otra. Quisiera amar lentamente. Mi amor es como una semilla, canta Janis Joplin, sólo necesita tiempo para crecer, cada día se hace más fuerte. Si pudiera encontrar la manera, canta Supertramp, de sentir tu dulzura a lo largo del día, el amor que brilla a mi alrededor podría ser mío, así es que danos una respuesta, sabemos lo que tenemos que hacer, debe haber mil voces, intentando llegar. Cuando sólo eras un extraño, canta George Michael, no sentía el peligro, ahora siento el calor. En el tiempo de la velocidad, yo quisiera amar muy lentamente. Como una balada de rock que te haga olvidarlo todo. Una canción lenta para unirse al cuerpo de alguien que libera en ti algo desconocido. Quiero amar, ahora lo sé. Sí quiero amar. Quiero olvidarlo todo y partir de nuevo. Sin expectativas. Sin prisas. Sintiendo el viaje con una sorpresa de las nuevas palabras. De las nuevas caricias. Esas del alma. Viendo en el otro la posibilidad constante del milagro de lo inexplorado. No voy a rendirme, ahora lo sé. Es el tiempo. Es la música que no cesa de manifestarse. Quiero perdonar. Quiero perdonarme. Quiero que las rutas no estén trazadas y me lleven por nuevos senderos. Rock es la sensación del risco compuesto de estrellas. Saltar para quedarse una vez más. 

No me sale el scotch

Existe una escena fantástica, que mi madre grabó en video. El primer encuentro directo de la pequeña Agustina, mi ahijada, con la cinta adhesiva y un libro. Se rompió el libro, dijo Agustina. Necesito pegarlo con scotch, afirmó. Había observado a mi madre hacerlo. Sí, en Chile le dicen scotch a la cinta adhesiva, igual como el whisky escocés. Pero en este caso es una tela transparente con pegamento que se adhiere: cinta adhesiva. Bien. Agustina solicitó a mi madre el elemento necesario para arreglar el libro y su página desgarrada, convertida en fragmentos, en vez de una sola cosa homogénea, por lo que el dibujo se encontraba dividido. Como un corazón dubitativo, o una doble personalidad, o un territorio heterogéneo. Varios fragmentos, como un estado nación, aunque esto a algunas personas les frustre, y prefieran lo único a lo múltiple. En este caso era una ardilla partida por la mitad. Mi madre fue en busca del material reparador de páginas rotas y se lo entregó. Agustina se sentó en el sillón del salón y comenzó la operación. Consistía en lo siguiente, iba sacando la cinta, la ponía entre los dientes, con el gesto de cortarla, pero luego continuaba, sin cortarla, y la pegaba al libro como mejor podía. Imitaba la mueca que hacen los adultos al cortar la cinta con los dientes. Estaba segura que eso era todo lo necesario. Pero luego, la cinta no tenía final, porque sólo era un ademán de cortar. Continuaba pegándola al libro. Toda la operación la llevaba a cabo muy seria. La seriedad seguía, pero el libro era de a poco un gran balón de cinta adhesiva como si hubiese sido una instalación de arte. Agustina, una artista. Pero ella empezó a formar parte de la obra, y se iba enredando, enredando, en la cinta, porque no tenía final, incluyendo su pelo, su ropa, sus brazos, todas las páginas del libro, que no necesitaban reparación, la tapa, la contratapa, el sillón, el salón. Agustina seguía, muy seria, porque ella se había propuesto un desafío concreto, reparar el libro, pero sin saber que estaba creando una obra de arte, o una especie de performance inmersiva. Hay que pegarlo todo, parecía decir. Nada puede quedar sin ser pegado. Hay que unirlo todo en una gran masa pegote y transparente. Un emplasto lleno de parches donde todo sería incluido. Agustina empezó a perder la paciencia. No se puede reparar todo, parecía decir, y era difícil seguir maniobrando enredada en pegamento. Que se las arregle sola la ardilla. Lo he intentado todo, seguía cortando imaginariamente la cinta, como un show de mimos, pero con cinta real, y no se arregla este libro. Nada se arregla. Todo está unido ahora. Agustina quería crear un gran estado nación pero no se esperaba esto. Agustina quería explorar y conquistar, pero no se esperaba esto. Empezó a perder definitivamente la paciencia. La operación no era como ella la había visto. Por qué la habían engañado. Ella estaba haciendo todo al pie de la letra. Qué era eso. Un libro rebelde. Una cinta que cree mandarse sola. Un poco de disciplina, un poco, parecía decir, tengo que terminar esta operación. Cuando el ruedo completo de cinta se había acabado y ya no podía moverse ni salir del sillón se desesperó de manera definitiva, exclamó: no me sale el scotch. Seriamente. La palabra scotch pronunciada como si hubiese estado en japonés. Pero la obra de arte estaba lista. El libro ya no podía abrirse ni pasar ninguna página. La intención había sido lo importante, sin embargo, como pasa tantas veces. Con buena voluntad, ella lo había entregado todo por unir esas partes de la ardilla que habían decidido dispersarse. La obra de arte y el libro tuvieron que terminar en la basura. Retirar la cinta no es algo posible cuando la cinta ya está bien adherida, como era este caso, y al arrancarla, partía con la mitad del libro a cuestas, como ocurre por ejemplo cuando se acaba un vínculo afectuoso. Las ardillas de colores de la historia se iban con la cinta, por partes, como en un festival psicodélico. El cuento quedó convertido en un mensaje en clave. Secretos por descifrar. Aquí tal vez decía esto, esta ilustración tal vez era así. Se podía luego jugar a otra cosa. Adivinemos qué pasaba acá. Cómo era el sombrero de la ardilla. En realidad el libro no servía para nada. Había que estar motivado para ese otro juego. La obra de arte ni hablar, Agustina no iba a quedarse ahí como estatua, por mucho que la idea evocaba un sinfín de mensajes que podrían haber inspirado cualquier poema. Agustina no estaba para quedarse quieta como inspiración de nada. Quería seguir leyendo, aunque fuese otro cuento, de cocodrilos, o dinosaurios, o ir a jugar, al jardín, o con su restaurante ficticio. Bien, Agustina, le dije, tú eres la que haces las obras. No importa si no queda exactamente como querías, la idea ya la tienes. No serás la inspiración pasiva de nadie, está muy bien. Yo soy una artista, dijo Agustina. Pero ahora quiero ir a jugar, sin pegamento. Si un dibujo se divide en dos, tal vez es porque quería. La mitad de la cara de la ardilla y su sombrero en una página liberada. Tampoco sirve todo unido como una gran bola de pegamento. Andrea, como le dice a mi madre, no quiero jugar más al scotch. Tal vez en otro momento, cuando esa cinta se digne a cortarse. Ahora tengo otras operaciones más importantes que llevar a cabo. Nuevas obras de arte. 

Grupo de escritoras en Lyon

Hace años que yo me decía, tienen que haber escritoras en esta ciudad. Tienen que haber personas que se desvelen por las palabras, como yo. Personas que hagan del castellano una danza. Que agrupen las palabritas para que remezan. Dónde están esas personas. Quién lleva la literatura en su cuerpo como carga vital. Las encontré. Un buen día, las encontré. Sí estaban aquí. Ayer nos reunimos, en nuestro primer encuentro de escritoras en Lyon. En mi biblioteca como cobijo, nos dimos cita. Para compartir esos proyectos que nos quitan el sueño, esa necesidad de conversar sobre la literatura que nos desarma. Esa fuerza, de proyectos de otras latitudes, que se encuentran en la ciudad de la literatura, esas bibliotecas lejanas que nutren a niñxs sedientxs de personajes que los elevan por sobre todo, que los conectan con la imaginación que abre las puertas del paraíso. Esas bibliotecas de las poetas del éxtasis. De las escritoras del presente. Libros, lejanos, y tan cercanos, esperando ser leídos, ser comentados, esperando cobrar vida para existir en cada lectorx. Yo buscaba a las escritoras y me encontré con un espacio de inmenso gozo en las palabras que modifican. La literatura y la política son una sola cosa. Esas ansias de modificar la corriente del viento. Para que sople cada vez más fuerte. Desde Colombia, Perú, Venezuela, México, Chile, hasta Lyon. Para nunca dejar que la vida nos pase por encima. Para nunca dejar de decir. Nunca dejar de escribir. Nunca dejar de gozar en las palabras y sus significados. Encontré a las escritoras en Lyon, hoy y para siempre. 

23 de abril de 2024

El cómplice

Me gustaría más estar escribiendo sobre otras cosas, pero la descomposición tiene una insistencia majadera en abrirse camino en la ruta trazada hacia un mundo mejor. Las agresiones sexuales no son sólo la agresión sexual misma, que ya es bastante, sino todo eso que se arrastra y continúa como una pequeña espina en el zapato, porque las instituciones no hacen su parte. El patriarcado es claramente más que los agresores, también están los cómplices, y las instituciones que no resuelven para nada, sino que agravan. 

Denuncié a Nicolás Espejo Yaksic en UNICEF Nueva York por acoso sexual y abuso de autoridad, hace casi cuatro años, el día 11 de junio del año 2020. Quien fuera mi jefe en la oficina de UNICEF en Santiago de Chile entre 2009 y 2013. Lo primero que hay que aclarar inmediatamente, es que Naciones Unidas no ha investigado nada todavía. Sigo esperando, confiando en el mensaje de António Guterres, Secretario General de Naciones Unidas, todo será investigado. No. No es verdad, nada, o casi nada, será investigado. Es asunto de presentar una denuncia para saberlo. Como dijo Purna Sen, antigua miembro de la junta ejecutiva de Naciones Unidas, existe una verdadera tensión dentro de esta organización, que, por una parte, aboga por los derechos humanos, y por otra, niega a las personas que trabajan para ella los mismos derechos.

Aquí viene lo interesante. O lo terrible. Como las instituciones no hacen su parte, los agresores siguen circulando en total impunidad, y en ocasiones, cuentan con cómplices, que se prestan para seguir dándoles espacio. En ese caso estamos aquí. Tenemos unas agresiones que no se han investigado, tenemos a un agresor, y tenemos a un cómplice. Ese cómplice es nada más ni nada menos que el defensor de la niñez de Chile. Así es. El defensor que una nación soñó, para terminar en esto. Cuando se realizó la elección, hubo gente que me contactó alarmada para comentarme que se estaba presentando Anuar Quesille Vera, a quien conozco bien. No sólo es el secuaz principal de Nicolás Espejo Yaksic, persona a la que denuncié, y bajo las órdenes de quien tuve que vivir el peor calvario que he vivido en mi vida, trabajar más de cuatro años al mando de un acosador narcisista. Además, Anuar Quesille Vera, era, en el pasado, o yo lo consideraba, un gran amigo. O sea, él hacía la pantomima como que lo fuera. Conversábamos casi todos los días, por años, trabajábamos juntos, también estuvo en mi casa y en la casa que tienen mis padres frente al mar junto con otrxs amigxs con los que compartimos un fin de semana, y así. A mí me parecía extraño que Nicolás Espejo Yaksic supiese cosas de nuestros fines de semana, de nuestra vida privada, cosas que hablábamos entre amigos, se supone. Un buen día caímos en cuenta, que era Anuar Quesille Vera quien hacía llegar esta información a Nicolás Espejo Yaksic. Cuando me fui de UNICEF, no volví a hablarle, por supuesto. Él me envió un correo, imagino que para seguir la pantomima, pero ya era tarde, porque su total ausencia de calidades éticas habían quedado al descubierto con una claridad diáfana. Tal vez debiese haberlo sospechado, veía yo cómo hablaba de otras personas y las infidencias que contaba, incluso de amigxs de él. Digámoslo así, para que sea más claro, Anuar Quesille Vera es una extensión de Nicolás Espejo Yaksic, como si fueran casi sólo una cosa. En aquel día de enero de 2013, cuando Nicolás Espejo Yaksic me comunicó que había propuesto que me despidieran, pero la oficina había dicho que no, porque valoraban mi trabajo, conversé con Anuar Quesille Vera, y para mi total estupefacción, me respondió, yo sabía. Cómo olvidar. Ambos tenían, me parece a mí, no sólo una total ausencia de calidades éticas, si no que un componente sádico importante, que es lo que más destruye. 

Escribí entonces un texto al que titulé El secuaz, sin mencionar su nombre. Él era el protagonista. Sentía la necesidad de advertir que Anuar Quesille Vera no contaba con las calidades éticas para ser defensor de la niñez, siendo además el secuaz principal de Nicolás Espejo Yaksic, cuya ausencia de calidades éticas es de público conocimiento. Basta preguntarle a casi cualquier persona que haya trabajado con él, o que se haya relacionado con él íntimamente (se acercaron a mí varias personas luego de que denuncié para hablarme al respecto, a quienes agradecí en su momento, por la confianza). Estamos hablando de traumas graves, no de simples desencuentros. El texto El secuaz terminaba así: El absurdo soberano estará tal vez esperando que el secuaz reine para cortar su tajada, tal como él lo supo hacer cuando el soberano reinaba.

El señor Anuar Quesille Vera, a quien yo estimé un día, antes de conocerlo lo suficiente, salió elegido defensor de la niñez. Acto seguido, no es difícil adivinar. Contrató de manera irregular, por medio de un convenio con una universidad, en vez de realizar una licitación pública, al señor Nicolás Espejo Yaksic. Tema que se mencionó en la campaña, el peligro de su cercanía con un acosador de esa calaña. Los invito a solicitar por ley de transparencia el convenio realizado para lograr que trabajara en la institución. Sí, lo contrató, aunque parezca increíble, aspirando luego a que Nicolás Espejo Yaksic pudiese volver a hacer clases a la Universidad Diego Portales, en este contexto. A todas las personas relacionadas a estos trabajos, les dijo que el señor Nicolás Espejo Yaksic había sido declarado inocente, por Naciones Unidas. Esto es, mintió simplemente. Porque si no cómo contratar a un acosador denunciado, cuando además no se ha llevado a cabo investigación alguna por el momento. Él sabe muy bien lo que Naciones Unidas dijo, no dijo en ningún caso que Nicolás Espejo Yaksic es inocente, lo único que ha dicho hasta ahora Naciones Unidas, es lo siguiente, “Tras una evaluación preliminar de su informe, y teniendo en cuenta que ni usted ni el Sr. Espejo Yaksic están actualmente contratados por UNICEF, la OIAI, Oficina de auditoría e investigaciones, no llevará a cabo una investigación completa en este momento. Este asunto puede ser considerado e investigado más a fondo, según corresponda, si usted o el Sr. Espejo Yaksic buscan empleo o son contratados por UNICEF en el futuro.” Si Naciones Unidas hace su trabajo e investiga, no me cabe ninguna duda que será declarado culpable, lo que espero hagan pronto. Es asunto de ver las definiciones que ha realizado Naciones Unidas en relación a estas conductas, y todo lo realizado por esta persona en mi contra. En contra de mi cuerpo, mi mente y mi alma. Nicolás Espejo Yaksic me destruyó la vida y la autoestima, de manera consistente, de lo que ya me recuperé, aunque las secuelas quedan en el cuerpo, cada vez que me contactan porque vuelve a aparecer me da un pequeño temblor y una leve taquicardia. El miedo es algo que toma tiempo eliminar. Yo no me convertí en una abogada de derechos humanos para esto. Él no tenía derecho a hacer lo que hizo. Nadie tiene ese derecho.

Nicolás Espejo Yaksic es el abusador total. Su especialidad es destruir a todas las personas que tiene cerca. Siempre con el objetivo de conseguir lo que quiere. Sin consideración alguna. Como yo denuncié públicamente, las personas se acercan a mí a contarme sus experiencias traumáticas con este sujeto. No tengo ningún problema en conversar sobre esto. Muchas personas, la mayoría tal vez, siguen el calvario más o menos en silencio. Cada unx podrá relatar su experiencia cuando lo estime, y denunciar si corresponde. 

Anuar Quesille Vera es el cómplice absoluto. Y ahora quiere defender a las personas, a los niñxs y adolescentes más encima. Que necesitan muchísima protección en cuanto al abuso que pueden sufrir. Es un abusador, igual que su maestro. Lo eligieron, tal vez por favores políticos, porque prometió puestos por aquí y por allá. Pero no tiene la calidad ética suficiente. Asunto que yo ya había advertido. Sin el suficiente énfasis, tal vez, pero la situación lo amerita, porque contra todo pronóstico, o quizá no, contrató a la persona denunciada. Incluso aunque esto pueda costarle el puesto. Lo que a mí me parece bastante impresionante, por al menos dos aspectos. La sujeción al verdugo, en primer lugar. La imposibilidad de Anuar Quesille Vera de hacerle frente. Tal vez porque son lo mismo. Por otra parte, y esto no es tan llamativo, a Nicolás Espejo Yaksic no le importa en absoluto que Anuar Quesille Vera pueda perder su puesto por su culpa, porque no le importa nadie más que él mismo. Tal vez a alguien le impresiona este hecho. Si se mira de cerca, igual es fuerte de observar. Ambos casos son de una gran violencia, no poder sacarse de encima al narcisista que te utiliza, y la utilización misma de alguien. 

Escribo entonces estas líneas, porque tal vez es necesario reevaluar si el señor Anuar Quesille Vera es la persona más apta para ese puesto, junto con retirar de una defensoría de la niñez a una persona denunciada por agresiones sexuales (cabe mencionar que además de mi denuncia hay otra en la Fundación para la Confianza, hasta el momento), y por ningún motivo, me parece a mí, Nicolás Espejo Yaksic puede volver a hacer clases a la Universidad Diego Portales, donde están en conocimiento de la información que menciono. Estudié y trabajé en esa universidad, igual que el señor Nicolás Espejo Yaksic, y el señor Anuar Quesille Vera. Sabemos que, en esta línea de probidad, Naciones Unidas bajó la participación de Nicolás Espejo Yaksic como panelista de un evento de ONU Mujeres dado sus antecedentes, y el Oxford Human Rights Hub eliminó un podcast en el que participaba como entrevistado, por las mismas razones, entre muchas otras acciones que se han llevado a cabo en este sentido.  

Creo que viene al caso decir que hasta el día de hoy existen personas que me comentan del maltrato del que fueron testigos por parte de Nicolás Espejo Yaksic hacia otras personas en esa universidad. Como él se relaciona de manera cercana al matonaje, tiene una animosidad, incluso de público conocimiento, con muchas personas. Funciona de esta manera. O me sirves y puedo utilizarte, u olvídate que voy a dejarte seguir adelante. Es asunto de hablar con cualquiera de las personas que ha despedido o propuesto despedir. Incluso cuando no le correspondía para nada. Pero como en su delirio cree que el mundo es su jardín donde puede plantar y desplantar a su guisa cree que le corresponde. Se equivoca todo el tiempo. Lo único que logra es hacer que el mundo sea peor, con personas como él en las instituciones. 

Las instituciones y las universidades que trabajan en derechos humanos, van a por fin, hacer honor de su rol de defensa y protección de los derechos humanos, o no. Es la pregunta que queda. Cuánto más hay que hacer para que existan los derechos humanos. Para que la dictadura sea sólo un mal recuerdo. Si estamos contratando abusadores, no vamos a lograr el objetivo, al menos el que se ha fijado. El señor Nicolás Espejo Yaksic y el señor Anuar Quesille Vera podrán mentir todo lo que quieran, pero eso no significa que la verdad se modifica. Fui víctima de acoso sexual mientras trabajada en UNICEF y Naciones Unidas no ha investigado nada todavía, lo que debería haber hecho, si observamos con detención lo que la institución sostiene como principios ineludibles y las directrices que ha fijado. 

Alguien me comentó que Nicolás Espejo Yaksic, para zafar de su culpabilidad, entre otras mentiras, había dicho que fue mi pareja, creo que esto es lo más asqueroso que he escuchado, de hecho si lo pienso me dan ganas de vomitar. Nunca jamás fui su pareja ni nada parecido, afortunadamente, sólo su subordinada en más de un trabajo lamentablemente. Nunca jamás he tenido sexo con esa persona, gracias a dios. Cuando esta persona me acosó, además, yo estaba comprometida para casarme con alguien, lo que añadió terror y estrés al asunto. Si hubiese tenido las palabras y conceptos (y esa oficina, Naciones Unidas y el mundo hubiesen sido otrxs, como ahora) y no sólo un miedo sideral, de perder a mi enamorado y a mi trabajo de una sola vez, podría haber nombrado el asunto para saber que era una víctima. Ahora lo sé bien. El camino de la comprensión y reparación es largo. Remé con las herramientas que tenía en ese momento, que eran muchas menos de las que tengo ahora, claramente. El sufrimiento fue muy, pero muy intenso. Ahora lo veo lejano, soy una persona feliz, libre, y no estoy sometida a nadie. Vivo sin embargo, a millones de kilómetros de todo eso, lo que ayuda. Si tuviese que encontrarme con esa persona cara a cara, creo que la situación no sería la misma. Como lo que le ocurre a la gente que se ha encontrado con su torturador. O las personas que tienen que ver a su violador. 

Tal vez venga al caso comentar aquí, que algunas personas, no muchas, por motivos de partido político y afines, no han condenado suficientemente, o no han condenado en absoluto, el comportamiento de Nicolás Espejo Yaksic y sus acciones, que relato en mi denuncia. El hecho de que las personas condenen sólo lo que les conviene creo que dice bastante. Siendo que las consecuencias en las víctimas son las mismas, de cualquier lado que venga el agresor. Cómo avanzaremos en un tema, si políticxs y personas que se dicen feministas incluso en ocasiones públicamente, no son capaces de condenar cuando corresponde. No se pueden hacer estas diferencias. La condena a los delitos debe ser irrestricta siempre. Si tienen la versión de los abusadores, hay que preguntar también a la otra parte, es necesario siempre tener las dos versiones, me lo dijo un fiscal que conozco, que sabe de lo que habla. Aquí estoy, puedo dar mi versión siempre que se requiera, y creo, y no tengo problema en decirlo, que mis acciones son éticas, y que no he llevado a cabo nada intentando lograr algo utilizando personas de manera instrumental. Los derechos humanos para mí significan cosas muy concretas, existen y hay que respetarlos. Esto es un móvil de vida. Mis acciones no han tenido otra intención que hacer justicia y luchar por un mundo sin abuso. Los costos los asumo. Cuando decidí ser una abogada de derechos humanos mis convicciones eran demasiado profundas como para mezquindades o reparos. Sí quisiera no ser víctima de tortura, violación o asesinato, sería lo ideal. Las mentiras que pueda decir el acosador y su cómplice no me quitan el sueño porque tengo la consciencia tranquila de que he hecho lo correcto. Ser una abogada de derechos humanos conlleva un peso, de eso no hay duda, y una gran responsabilidad, la que estoy dispuesta a asumir y he asumido siempre. Creo en las instituciones y en los valores de probidad y democracia. Creo, además, que este puede ser un mundo sin abuso. Hay que seguir trabajando de manera incansable, es lo que he aprendido de María Soledad Cisternas Reyes, Nelson Caucoto Pereira y Xavier Armendariz Salamero, mis maestrxs. Junto con todxs esas feministas que sigo de cerca y a quienes admiro con mucha pasión y reverencia lúcida. Sé que el camino ha estado trazado por otrxs antes que uno. Aquí en Lyon, libramos actualmente y desde hace un tiempo, una gran batalla contra los agresores en el medio cultural. Hay que dar la pelea en todos los rubros porque ninguno se salva, es asunto de leer los periódicos para saberlo. Que sigan las denuncias para que quede cada vez más al descubierto la dimensión del fenómeno, violencia que toca, no hay duda casi a la totalidad de las mujeres del mundo, de alguna u otra manera. Después de cuatro años de activismo feminista oficial trabajando y participando en colectivos y grupos y dirigiendo una revista feminista activista y literaria trilingüe, puedo vislumbrar con mucha más claridad la urgencia de la lucha. Salir del silencio y actuar es lo que modifica. 

HASTA CUÁNDO VAMOS A ESTAR RODEADXS DE AGRESORES IMPUNES. Tal vez así sea más enfático, y haya más atención. Que suelen, además, volver a agredir. Hasta cuándo los cómplices y las instituciones que no cumplen su rol. Ni un paso atrás. No importan cuáles sean las maniobras que utilicen los agresores para seguir acosando y violando, el mundo va a cambiar, es un hecho. No más agresores y no más cómplices. Todxs unidxs contra el abuso, todxs unidxs por un mundo, mucho, mucho, mejor. FUERA LOS ABUSADORES DE NUESTRAS INSTITUCIONES. 


16 de abril de 2024

La cita

Creo que voy a necesitar ayuda psicológica para un segundo aspecto. Cuántas separaciones puede soportar un cuerpo. Cuántos comienzos. Luego de casi tres años de separada, me dije, Andrea, accede a esa cita. Es la primavera. ¿Qué tipo de excusa es esa? No. Hasta cuándo. No. De acuerdo, me dije, mañana. Tal vez sea el momento. Quedó fijado día, hora y lugar. Estaba hecho. Luego en la mitad de la noche, despierta, una leve taquicardia. Entre dormida y despierta me decía, tengo que anular esa cita. Qué era eso. ¿Un brote de estrés post-traumático? El amor (o su final), no hay ninguna duda, deja secuelas gravísimas. Suena tentador que los nuevos vínculos te ayuden a superar lo que se aloja en tu cuerpo. Pero encierra también la consistencia del desastre. He hecho frente sin cobardía al abandono que sufrí, propiciado probablemente por aspectos que también me pertenecen, y de los que también soy responsable. O las cosas a veces simplemente se acaban, por distintas razones, todas de peso. Esto de la cita, es mi deseo, o es una imposición, me dije. Me asalta siempre las raíces de las motivaciones para hacer cosas. Me asalta también las raíces de la negación a hacer cosas. Es una conversación conmigo misma, no necesito justificarme frente a nadie. Pero no me gusta ser veleta del viento sin arraigo. Me gusta saber exactamente por qué estoy llevando a cabo algo. Saber precisamente cuáles son las razones que me pertenecen. Tengo miedo, no hay duda, del amor, del compromiso, de la reducción de mi preciado tiempo literario, que es todo lo que me importa. Tal vez ahí está el problema. No encuentro una motivación real de ceder mi tiempo. O tal vez es porque no he conocido a nadie que me haga olvidar por un momento mi obsesión creativa. Tal vez me enfrento a una cita como quien se dirige a un campo de batalla, no cederé mi tiempo, atrás al enemigo. No sé si sea la disposición correcta. Quizá es mejor no llevar a cabo la empresa cargando ese ánimo. El desvelo tiene la consistencia del desastre. Pero quedarse al borde del camino es siempre peor. Tal vez la justa medida sea hacerlo, sin engañarse, sin engañar a nadie. Tengo miedo, pero aquí estoy. Sin expectativas. Abierta a lo que podría llegar (para nuevos libros, por supuesto). Dije, sin engañar a nadie. Quizá hay que crear las condiciones para que no sea incompatible. Tengo miedo, pero aquí estoy. Vine a vivirlo todo. Con cariño, siempre con cariño. Cuando alguien quiere verte las cosas suelen tener la consistencia de la suavidad. Por momentos es una energía en la que el miedo se calma. Tal vez eso es el amor.

14 de abril de 2024

La horizontalidad radical

Malograr la poca paz que tenemos es comprometer todo el porvenir del mundo, escribió Gabriela Mistral, porque la guerra, además de ser una quiebra de la humanidad y una señal de que ha fracasado nuestra cultura, es también la quema de las empresas nuestras que están a medio madurar. Pero, sobre todo, escribe Mistral, la guerra representa la liquidación del pequeño bienestar, del sorbo de dulzura, del ahorro duramente acumulado en bien de los hijos, por esto, la causa de la paz viene a ser la causa de los niños y tenemos que defenderla con una porfía terca y con todo el fuego del corazón. Amar la paz, escribe Gabriela, es sencillamente amar la Vida y amar al mundo como a un racimo de otras patrias que no hemos visto todavía y a las que hemos de ir. Pedir la Paz es lo mismo que pedir el alimento primordial: leche o pan, escribe Mistral, ella es el estado natural del ser humano, mientras que la guerra significa la torcedura de nuestra índole. La boca llena de sangre nunca pronuncia palabras de paz, escribe Elaz Ndongo Thioye. Nuestra mirada no es negra, escribe Thoiye, pero tiene sabor negro, al diablo vuestros léxicos peyorativos que nombran mi identidad, llámame negro, sólo negro al pie de la letra, porque llevo la memoria viva de mi difunto padre, que tenía en sus ojos de luz los recuerdos de los antepasados. Somos los descendientes de las mujeres de Ndeer, escribe Elaz Ndongo, estas reinas en un martes de fuego que libera, y consume las oscuras pasiones de los cuerpos de imbéciles, que nunca han alojado en la clasificación de Hombres. Caen en lo más profundo de la tierra, escribe Thoiye, la mirada de los hombres débiles y despiadados. Nuestro cuerpo es el lugar para alojar la horizontalidad radical, porque con él vamos cada día. En nuestra mirada perdida. En nuestra mirada que encuentra. En nuestra firmeza en exigir el fin de la violencia. Una firmeza amorosa que no puede cargar con más jerarquías. Nuestro territorio, nuestro sexo, nuestra especie. Es todos los territorios, todos los sexos, todas las especies. La resistencia es horizontal porque no cree en las categorías que sangran. En esas clasificaciones cuando oprimen. En esa organización impuesta que nunca nos ha representado. Que nos aniquila, desde el miedo y hacia la ciencia. Desde hoy renuncio a todo territorio, sexo o especie. No vine a esto. Vine a la dulzura del atardecer en silencio. Vine a encontrar el amor que he visto en cada mirada. Desde hoy adhiero a la horizontalidad radical porque no vine a esto. Vine a otra cosa. Vine a conocer todo el fuego del corazón. Llámame nada. Vine a amar a todo ser vivo.


Cuándo

Vi la película Oppenheimer, y me desperté de un ánimo sombrío. Mientras la veía Iran tiraba misiles e Israel bombas. Alguien apuñalaba gente en Australia. Jodorovsky diciéndome, que la mala situación del mundo no te impida crear: si es necesario, los pájaros ponen sus huevos entre las ortigas. Entonces en la película unas personas desarrollaban una bomba para hacerlo antes de otras personas, en ambos casos para tirarlas sobre personas y aniquilarlas. Después unas personas celebraban que había resultado y que había caído sobre personas. Ganó los premios entregados por personas la película de la bomba que cae sobre personas. El día anterior había visto Poor Things. Bajo cubierta de arte nos llega todo el tiempo la violencia. Un cuerpo puede soportar una sola película de opresión en un fin de semana. Por qué voy a emocionarme de ser de un territorio o de un cierto sexo. De una cierta especie. Si en nombre de eso lo que ocurren son barbaridades. Creemos que la violencia que nos llega en forma de arte no nos hace mella. Pero el cuerpo tiene límites. Nos vamos erosionando. Continúa el delirio. Creo que si nos lideran dementes tenemos que salir a la calle y decir, no seguiremos un día más. Pero todxs. Todxs a la calle, detenerlo todo. No seguiremos un día más. Nuestros cuerpos no pueden alojar más violencia. Personas y más personas, aniquilando personas y más personas. Personas y más personas, violando personas y más personas. Seres vivos y seres vivos aniquilando seres vivos y más seres vivos. Las jerarquías nos arman y tenemos que desarmarnos. Esta semana todxs a la calle. Pero todxs. Todas las personas y los animales. Hay que detener este delirio, que ha durado ya demasiado. La opresión se desarma.

12 de abril de 2024

El plectro

A Night at the Opera es un álbum fantástico. Lo escucho en bucle. Cuando yo tenía dieciocho años tenía por novio a una persona que tenía en su poder un plectro de Brian May, de Queen. Donde yo vivía le decían uñeta, a ese pequeño pedazo de materia con forma de lágrima al revés que se utiliza para tocar instrumentos de cuerda, en este caso, una guitarra. Este pequeño elemento era un bien muy preciado para él, por supuesto. Su vida era el rock y las guitarras. Aprendí mucho de música con él. Mucha música rock que escucho hasta el día de hoy con mucha pasión. El asunto es que un día el guitarrista cayó en cama, con mucha fiebre. Pero mucha fiebre. Tanta que empezó a tomar formas extrañas y a recitar cosas. Fue una situación alarmante. Se decidió finalmente por Shakespeare. Then live, Macduff, decía, what need I fear of thee?, but yet I’ll make assurance double sure, and take a bond of fate, thou shalt not live, that I may tell pale-hearted fear it lies, and sleep in spite of thunder. Y se levantaba de la cama, seguía, Shall live the lease of nature, pay his breath, to time and mortal custom, yet my heart, throbs to know one thing, tell me, if your art, can tell so much: shall Banquo’s issue ever, reign in this kingdom? Después dejó a Macbeth de lado y se fue por Romeo and Juliet. With love’s light wings did I o’erperch these walls, decía, for stony limits cannot hold love out, and what love can do, that dares love attempt, therefore thy kinsmen are no stop to me. Seguía, I have night’s cloak to hide me from their eyes, and, but thou love me, let them find me here, my life were better ended by their hate, than death proroguèd, wanting of thy love. Yo no sabía si me estaba hablando en serio o la fiebre había tomado posesión de sus facultades mentales. La obra completa se desplegaba frente a mis ojos. Yo sentada al lado de la cama mirando desconcertada. Por un lado era fantástico, pero por otro no sabía si estaba a punto de morir o qué. Y aquí viene lo interesante de la historia. El plectro de Brian May. Me parece que habían conversado una vez y él se lo había regalado. No recuerdo exactamente por qué él tenía ese objeto tan genial. Lo importante es que estaba ahí en su habitación, iluminándola. Entregando energías musicales del rock más intenso. Cuando iba en, I doubt it not; and all these woes shall serve, for sweet discourses in our times to come, and trust me, love, in my eye so do you, dry sorrow drinks our blood, Adieu, adieu, decidió que había llegado el momento. Se dirigió al altar del plectro. La fiebre en 40 grados. Yo observaba, no sabía si decirle que se acostara inmediatamente o continuar esta escena de rock. Lo tomó en sus manos, y poniéndose de rodillas, me dijo: esto me lo dio Brian May, y ahora quiero que lo tengas tú. Quiero que tú tengas al maestro en tus manos y en tu corazón, donde ya estoy perdido yo. ¿Me estaba hablando en serio? Yo me dije, pasada esta fiebre ese pequeño tesoro va a faltarle. ¿Cómo podía aceptarlo? Podía aceptar el corazón de alguien, pero no el plectro de Brian May. Me superaba. En mi poder el plectro. My Precious. Quizá tuve un momento como Gollum. What’s it saying, my precious, my love? Is Sméagol losing his nerve? Por un momento tuve al anillo en mi mano. Fue mío. Lo vislumbré. It’s ours! Ours! We must get the Precious! Pero no. No podía aceptar algo así. Finalmente, era el plectro de Brian May. El que él había tenido en sus manos y el que había tocado sus cuerdas. Probablemente lo había puesto entre sus dientes, como se hace al tocar guitarra, su lengua lo había tocado, su saliva. Ahí frente a mí estaba el anillo. Pero no. Mi amor, le dije, tu regalo me honra, sé lo que significa para ti, pero no puedo aceptarlo. Tienes fiebre. No tiene que ver con la fiebre, me dijo. ¿Ah no? ¿Con qué? ¿Con el amor? Sí, dijo. No es lo mismo. ¿Cuál es la diferencia?, pregunté. No sé cómo demostrarte que estoy enamorado de ti. Créeme, lo sé, pero Brian May tiene que quedarse en esta habitación. Yo lo vendré a visitar aquí. Como hemos estado haciéndolo hasta ahora. Como quizá sigamos haciéndolo. Eres el amor de mi vida, me decía. Acuéstate, le dije. Esperemos que pase la fiebre. Que pase, que pase. La fiebre. Brian May y la fiebre eterna. Sonaba, Love of my life, you've taken my love, can't you see? Cantaba, Because you don’t know, what it means to me. El plectro de Brian May y la fiebre. Queen en la ciudad y la primavera. La primavera y su fiebre. 

11 de abril de 2024

Origen

Una amiga me comentaba que cuando llegó a Francia comenzó a preguntarse mucho por su origen porque aquí no te dicen de dónde vienes, como en castellano, te preguntan, de qué origen eres. No sé hasta qué punto es una diferencia semántica solamente o hay alguna otra sutileza en las palabras escogidas. El asunto es que ella se quedaba un poco perpleja porque me decía que no tiene claro su origen, porque su familia borró una parte, como suele suceder, en pos de jerarquías raciales instaladas e innobles. A mí esta pregunta no me quita especialmente el sueño, pero como he tenido que contestarla unas dos millones de veces (cada vez que hablo con alguien por primera vez), he optado por responder cada vez lo que más me acomode en ese momento, dependiendo de mi ánimo, digo una cosa o la otra, doy más o menos detalles, enfatizo un aspecto u otro. Se llama desarrollar la habilidad de la improvisación. Muy necesaria para vivir en sociedad, sobre todo cuando tu cara o tu acento no coincide con una noción homogénea de los ejemplares de la especie que se encuentran en un territorio. Con el asunto de la nacionalidad española me hice la pregunta por el origen. Vivo en el lugar que quiero, nací en América latina, y mis antepasados nacieron en Cataluña y en el País Vasco, de los que tengo noción al menos. Pero aquí viene lo interesante. No todos. Caí en cuenta de algo, todos mis bisabuelxs nacieron en el Reino de España, se supone, menos la madre de mi abuelo paterno, y llegamos aquí al personaje importante de esta historia. Aurora Vernal nació en Iquique, cuando ese territorio no se llamaba Chile, sino Perú, porque a veces sucede eso con los territorios, millones de personas muertas mediante, cambian de nombre. No sé de dónde venían los padres de Aurora, pero según miré, su apellido es de origen francés y tiene un significado relacionado con la primavera. El término “vernal” proviene del latín “vernālis” que hace referencia a todo lo relacionado con la estación de la primavera. Lo que me pareció absolutamente fantástico, tener un fragmento de la primavera en mí, y además haber llegado a mi propia tierra, la República francesa, pero hay algo mucho, pero mucho más interesante. Aurora Vernal era lo que antes habríamos calificado como una bruja, o quizá ahora también. Podía predecir el futuro, ¿o tal vez modificarlo, o crearlo? Aurora Vernal es un personaje fascinante. Formaba parte de un grupo de tres hermanas, Aurora, Elena y Ema. Cada una tenía un apellido distinto, porque cada una tenía un padre distinto, porque era una familia totalmente poco convencional para la época. Pero centrémonos en Aurora. La hija de la primavera, mi bisabuela, la bruja que se encuentra en el origen de mi carne y mis cimientos feministas, dejémoslo así. Aurora indicó a sus hijxs, una instrucción precisa, todxs deben nombrar Aurora a su primera hija. Punto. Pero había una persona insubordinada, que dijo, no. Entonces Aurora le dijo, de acuerdo, entonces no tendrás ninguna hija mujer. Dicho y hecho, la persona en cuestión y su marido tuvieron cuatro hijos hombres. Porque llevarle la contra a la hija de la primavera y a la bruja todopoderosa no era así no más. Cuando Aurora murió, según me contaron a mí, antes de ese momento reunió a toda la familia, repartió copas y las llenó de champaña. Voy a morir, dijo, así es que vamos a brindar. De acuerdo. Supongo que todxs se miraron sin entender mucho, brindaron, deben haber hablado cosas interesantes en el intertanto, y luego Aurora se recostó en su cama, cerró los ojos, y su corazón dejó de latir. Aurora era una especie de Cassandra, pero en este caso todxs le creían las cosas que decía, siempre sucedían. Daba grandes fiestas y su casa estaba siempre llena de gente. Mi origen es, entonces, una bruja y la primavera. Me dirigiré entonces ahora al consulado del Reino de España en Lyon, para indicarles esto, y para que me den la nacionalidad que me corresponde. Mi tercera nacionalidad, porque así son los orígenes, insubordinados, no se ajustan a números ni ha estereotipos. Tal vez no necesite tanta ayuda, porque pensé que tenía que tramitarlo en Santiago de Chile junto a mis hermanos, pero quizá aquí quieran acoger mi petición, y el estrés post traumático no me paralice y pueda enfrentar este proceso con prestancia. Frente en alto llegaré y diré en voz alta: que se me dé lo que me corresponde. Nací de bruja y de primavera. 

La nacionalidad española

Tengo dos nacionalidades, la de Chile y la de Francia. El Reino de España decidió modificar su legislación, y ahora me permite comenzar un procedimiento para obtener la nacionalidad de ese territorio, la cual tienen mis padres. Pero no han considerado lo siguiente: los cuerpos humanos pueden sobrevivir a un solo proceso de nacionalidad. El mío ya tiene la cuota. Es difícil entender el terror que significa tener una nacionalidad diferente a la del estado nación en el que resides si no te ha sucedido. Es una amenaza de deportación constante que se cierne sobre ti como un cuchillo que te acompaña bien cerca de tu espalda todo el tiempo. Nunca puedes descansar ni realmente asentarte, porque otras personas tienen el poder de decidir por ti en relación a tus proyectos. Ese no, te pueden decir. Así no, también te pueden decir. Porque ellos lo estimaron así, porque está escrito que pueden decidirlo así, sin dar razón alguna. Porque el rearme demográfico no es imperativo todavía, o porque no se requiere mano de obra en ese momento. Ahora no, pueden decir. Así me sucedió a mí con la nacionalidad del Reino de España. Ahora no, me dijeron. Ahora sí, me dijeron. Más o menos el timing, porque ya llevaba casi diez años de terror encima. Dentro de eso, casi tres de tortura en el procedimiento de nacionalidad de la República Francesa. Porque no tiene otro nombre. Es una tortura. Con gendarmes en tu casa e interrogatorios, además de plazos de años para una cita. Pero me dije, de acuerdo, voy a mirar en qué consiste este procedimiento de la nacionalidad del Reino de España, ya que me invitan a realizarlo. Tal vez se volvió imperioso el rearme demográfico o la necesidad de mano de obra. Bien, observé el correo que me hicieron llegar con el procedimiento. Ahí vino el brote de estrés post traumático. Las letras se pusieron a bailar en la pantalla y mi cerebro se bloqueó. No vamos a registrar lo que leíste, de ninguna manera. No dejaremos que entiendas lo que decía. No podrás procesar ninguna letra al lado de la otra. La espalda tensa y una nube en el cerebelo. Le dije a mis hermanos que iba a necesitar ayuda psicológica para enfrentarlo, y tal vez jurídica. No puedo leer esos correos. Les causó gracia. Pero era en serio. Es lo que sucede cuando tu nacionalidad coincide con el estado nación en el que resides, te parece ridículo una reacción de esas características. Es cosa de ver a lo que está dispuesta la gente con tal de modificar esa coincidencia para tener un atisbo de comprensión de lo que significa someterse a procedimientos migratorios. Sólo lo voy a hacer porque nunca se sabe cuándo la extrema derecha puede tomar el poder y decidir que mis papeles ya no sirven, y tal vez tener unos adicionales me salve la vida, un día. Pero voy a requerir ayuda, porque un cuerpo puede sobrevivir a un solo proceso de naturalización en el plazo de una vida.

10 de abril de 2024

Mi madre

Un 11 de abril de 1957 nació Andrea Armendariz, mi madre. Lo que significa que el día de mañana es su cumpleaños. 67 vueltas al sol instalada en esta tierra. Qué espectáculo. Mi madre es como la primavera, enciende el corazón de quien se cruza. Creo que el humor y la bondad es lo que mejor la define. Mi madre es mi mejor amiga, una compañera de aventuras. En este día asoleado le escribo unas palabras observando el río, porque sé que eso la hará feliz. Es mi lectora principal y mi oficio la hace feliz, siempre he contado con su apoyo incondicional, igual que el de toda mi familia. En unas semanas viene a Lyon con mi padre (pronto cincuenta años juntos), y vamos a visitar Barcelona, Biarritz y sus alrededores, porque a mi madre le gustan los paseos, igual que a mí. Es algo que heredé. Qué puede uno decirle a su madre en su día. No es fácil, por dónde empezar, por dónde seguir. Creo que mis cimientos feministas los heredé de mi madre. Ella no tenía una especial vocación por la maternidad, igual que yo. La ejerció, claro está, nací yo. Lo cual la alegró, pero no era el sentido de su vida, al menos inicialmente. Mi madre soñaba con estudiar medicina en Austria, trabajar en salud, ayudar a la gente, cambiar el mundo. Cosa que ha hecho. Aportarle a muchas, muchas personas. No conozco a alguien que esté más atenta en ejercer la solidaridad y la empatía. Mi madre ha estado por los demás de una manera que es imposible ver a simple vista, porque además lo ha hecho siempre en silencio, con humildad. Desde acompañar a una visita al médico, hasta las tareas y entregas más impresionantes. Es un hecho, mi madre ha cambiado la vida de muchas personas, partiendo por la mía, además de todas las personas que han pasado por su consulta de fisioenergética y salud natural. Ha logrado lo que se propuso, modificar modestamente esta tierra sin ostentaciones. Mi mamá es alguien que disfruta la vida, que ha aprendido a salir adelante contra viento y marea, que sabe poner los límites y hacer honor al momento presente, para que no se le escapen los segundos de compartir y alegrarse. Mi madre tiene un temperamento alegre, que convive con una profundidad que no conoce la superficialidad. Es de ideas claras y cualquier consejo será importante y definitivo. Ha desarrollado una gran sabiduría, que se ha acrecentado con los años. No se pierde en cosas irrelevantes o mezquinas. Sabe lo que vale el tiempo y la vida. Tal vez lo más importante es que está siempre disponible y siempre tiene la sugerencia correcta. Siempre tiene la palabra de aliento y el humor que repara. Impulsa todos mis quehaceres y ve la belleza en todo lo que hago. Es mucho más benevolente y tolerante que yo, es una lección constante. Un cable a tierra para mi firmeza y mis dudas. Mi madre es equilibrio y perdón. Es alguien que sabe perdonar y comprender. Sin dejarse jamás someter. Mi madre es trascendencia y superación. Una luz constante en las tinieblas. Mi madre puede hablar por ella misma. Siempre ha sido independiente, y ha logrado lo que se propone, incluso con altos costos en ocasiones. Quizá esa es la lección feminista más importante que me ha entregado. Haz lo que tengas ganas, pero hazlo hasta el final. Hazlo bien. Olvídate de los obstáculos. De todos los obstáculos. Porque los habrá. Sigue hasta las últimas consecuencias. Su pasión obsesiva, como la mía, no conoce frenos. Mi madre me enseñó la belleza de la pasión, heredé de ella la pasión por la ópera y los pájaros. El amor por la vida y los sueños. Heredé de ella la esperanza y la resiliencia. Mi madre es todo, la adoro y agradezco cada día el que me haya tocado y me acompañe a sortear la existencia de esta manera tan jovial que me hace sonreír. Gracias, mamá, que sea un cumpleaños feliz como te gusta a ti y pronto celebramos en persona. Esta primavera, como las demás, lleva tu nombre, te adoramos. ¡Muy feliz cumpleaños!

9 de abril de 2024

La ópera infinita

Fuimos a la ópera con La familia de Maïa. La dame de pique, de Piotr Ilitch Tchaïkovski. Pikovaïa dama, en ruso. El libreto es de Modeste Ilitch Tchaïkovski, hermano de Piotr. La historia transcurre en San Petersburgo. Esta puesta en escena era en la opéra de Lyon. La protagonista se llama Lisa, igual que yo. El tres, el siete y el as, son las tres cartas. Troïka, semyorka, touz. Quién tiene el tres, preguntó Emma, yo, respondió Tori. Yo el siete, dijo Maïa. Yo el as, dijo Cléo. Pero no sabemos para qué sirven las tres cartas. Comenzó la ópera. Un acto, dos, tres, cuatro, cinco, y así. Seis, siete, ocho. Cuánto dura esta ópera, preguntó Emma. No sé, le dije. Lisa y Hermann tienen que llegar a algo, espérate un poco, o a nada. ¿Y la Comtesse?, preguntó Cléo, ¿y el fantasma? Continuaban. Se sucedían los actos. La ópera no terminaba. Nunca. Es la ópera infinita. Lisa, llevamos tres días, me dijo Emma. Teníamos hambre, sueño. Seguía. Seguía. ¿Qué es la vida?, preguntaba Hermann, ¡un juego!, el bien y el mal no son más que ilusiones, el trabajo y la honestidad, la lujuria y la ambición, ¿quién tiene razón?, ¿quién es más feliz, amigos?, ¡hoy tú, mañana yo!, ¡dejad de luchar, aprovechad el momento de suerte!, ¡que el desafortunado llore maldiciendo su destino!, ¿dónde está la verdad?, ¡sólo en la muerte!, como la orilla de un mar tormentoso, ella es un remanso para todos nosotros, ¿a quién de nosotros escogerá ella, amigos míos?, ¡hoy tú, y mañana yo!, ¿seguimos jugando? La vida es un frenesí, dijo Cléo, que opinaba igual que Calderón de la Barca, una ilusión, una sombra, una ficción. Cuándo acaba, preguntó Tori. ¿La ópera?, dijo Maïa, ¿o el frenesí de la vida? Nunca, respondí yo. La ópera. El frenesí de la vida tampoco, afirmó Tori. ¡Esto no es un juego, es una locura!, decía el coro, ¡déjalo! ¡Esta ópera no es un juego, es una locura!, exclamó Cléo. Fantasmas y fantasmas. Damas de picas. ¿Alguien tiene un sándwich?, preguntó Emma. Tengo huevos duros con sal, dijo Maïa, como todo buen picnic. ¡El diablo en persona juega a tu favor!, cantaba Tchekalinski. ¡Debemos ajustar cuentas!, cantaba Eletski. Juguemos cartas, propuso Tori. Cada una en su asiento, cartas en la mano. Todo seguía, el frenesí, la vida, la ópera, el sueño. La ilusión y la ficción. Te toca, Lisa. Poníamos el mazo en el sombrero de la persona sentada adelante. No se daba cuenta. ¿Trajiste la botella de champagne?, le preguntó Cléo a Maïa. Sí, tomen sus copas, respondió. Seguía la ópera. Juguemos de nuevo, propuso Tori. ¿Cuántos días han pasado?, perdí la cuenta, confesó Emma. ¡Eres tú la que me ha vuelto loco!, vociferaba Hermann. ¡Maldita!, ¿qué quieres de mí?, ¿mi vida?, ¡tómala, tómala! Entreguémonos a la ópera, propuse. Aquí estamos. Qué es la vida. Un juego. Muy largo. Infinito. Quedémonos en la ópera infinita. 

La familia de Maïa

Le dijimos a Maïa, olvídate de él, de ahora en adelante nosotros vamos a ser tu familia. Listo, ya tienes familia. Una familia, disfuncional tal vez, sí, pero familia al fin y al cabo. En el país de destino se pueden crear cosas. Yo voy a ser la tía que manda flores y stickers de Mafalda, dijo Tori. Yo soy la abuela, por supuesto, dijo Cléo. Emma dijo, yo quiero ser el gato. Me ganó, pero bueno, opté por ser la prima adolescente vestida de barbie core. Quedó constituida “La familia de Maïa.” Para bien o para mal. Porque en el país de destino uno necesita una familia. Aunque sea inventada, aunque sean personajes, aunque sean marcianos. Aunque sean personas con sombreros como pájaros con plumas que parecen muy exagerados vestidos para el entierro del marido con dinero. Se llaman los twicely divorced bird, dijo Emma. Porque nunca se sabe cuándo los rayos de sol que llegaban se convierten en granizos que te atacan como balines del cielo perforándote el cráneo. Pero teniendo una familia de sombreros de pluma, se hace frente a todo. Teniendo una familia que tararea la introducción de Alf con teclado de los años ochenta. Todo resuelto. Cualquier contratiempo se convierte en viento. Firmamos la constitución de la sociedad: “La familia de Maïa”, sociedad limitada. Lisa, tú puedes ser la tesorera, me dijeron. ¿La tesorera? No tenemos ningún fondo. De acuerdo, guardo otra cosa. Ahí voy a pensar qué. Algo habrá. Yo puedo anotar las aventuras de la sociedad si quieren. De acuerdo, pero no inventes, me dijeron. Cuándo he inventado. La literatura es la verdad. Sigámosla a ella, dijo Emma: Mi nueva afición es encontrar pájaros que parecen dos veces divorciados. Este, dijo Tori. Bueno, ¿hay rayos de sol o granizo?, preguntó Maïa. Este tiempo nunca se decide. Nunca se serena. Parece un pájaro dos veces divorciado, dijo Cléo. Creo que tenemos que usar esos sombreros para la inauguración del departamento de Cléo, propuse. Creo que tenemos que ir al departamento de Maïa, e instalarnos nosotras, dijo Tori, hace tiempo que busco casa nueva. Me haces vivir, cantaba Freddie Mercury. Oh, eres la primera, cuando las cosas van mal, cantaba, sabes que nunca me sentiré solo, eres la única. La familia de pájaros. Después se ponía más sensible y rebuscado, siempre que este mundo es cruel conmigo, cantaba, te tengo a ti para ayudarme a perdonar. Así es la familia de marcianos y personajes. Una familia que ayuda a perdonar, cuando los pelotudos se ponen extraños. Cuando se olvidan que tratan con personas. Oh, me haces vivir. Eres mi mejor amigxs. La familia de Maïa. I really love the things that you do. You make me live. Lisa, por qué lloras, me dijeron. I’m happy at home, les dije. You make me live.


7 de abril de 2024

El antisocial

A mí, que voy recolectando consejos, sin haberlo pedido, me llegó uno por un mensaje interno, de alguien que no conozco. Observé el remitente, se indicaba Tristan Sade, y en el cuerpo del mensaje, el señor Sade me señalaba que no le gusta la calidad de mi literatura, lamentablemente, y me invita a cambiar de trabajo. No creo conocer a ningún señor Sade, me dije. Anoté en el buscador de google su nombre para ver de quién se trataba. Sólo conozco a Donatien Alphonse François de Sade, más conocido por su título de marqués de Sade. Pero este era otro Sade. No el marqués, que por lo demás falleció en 1814. Anoté entonces su nombre y apellido en el rectángulo destinado para tal efecto, y me apareció algo fascinante. El señor Tristan Sade no sólo no era un bot ni un seudónimo de alguien empecinado en hacerme cambiar de trabajo haciéndose pasar por alguien más. Además, es alguien de grandes habilidades sociales, que le gusta decirle a las personas lo bien que hacen las cosas y lo capaces que son para trabajar. En definitiva, alguien que uno quisiera tener cerca, en su lugar de trabajo, o un vecino, por ejemplo, ideal. Lo que me apareció al anotar el nombre y apellido de mi consejero desconocido es la carta que envió para renunciar a su trabajo, en el lejano lugar de Coyhaique, Chile. Esto es, desde muy lejos, perdido el señor Sade, porque eso es lo que permite la internet, el señor Sade leyó mi literatura, y estimó que era mejor que cambiara de trabajo. La carta que aparecía en un artículo de prensa que envió el señor Sade a su jefa, en la lejana ciudad de Coyhaique, en la región de Aysén en Chile, decía lo siguiente: Señora María Isabel Parada Mirando, Lamentable Directora Subrogante de la Junta Nacional de Jardines Infantiles. Región de Aysén: Junto con la necesidad incómoda de tener que dirigirme a Ud., le pido a Su Alteza y Directora Regional Subrogante de la Junta del Jardín Infantil de Su Dirección Regional (S), hacer efectiva mi renuncia a mi cargo de nana y abogado de este servicio, motivada por su intromisión inadecuada en mis decisiones como fiscal de un sumario que Su Alteza misma se molestó nombrar, la cual pido se haga efectiva a partir del 18 de octubre de este buen año. No le doy las gracias porque Su Alteza no me pagaba el sueldo sino los ciudadanos y niños de Chile, que Ud. está dispuesta a pasarse por la raja. Aprovecho la ocasión para que su lealtad con David Veliz Verga, alias “El Sombra” (otro excremento) fructifique y den a luz Hijos de Lucifer. Espero la invitación a la boda. Saludos. Tristan Sade Sandoval. Abogado. Firma. Coyhaique, a la buena luz de un 13 de octubre. Fin de la carta.


El club de lectura

Un club de lectura es mucho más que comentar un cierto libro, una cierta autora. Es un espacio-tiempo que se abre en la dimensión presente para interrumpir los efectos de la dominación. Un espacio libre donde personas que vienen de lugares disímiles del globo se reúnen para darse cuenta de todo lo que tienen en común. Lugares lejanos unos de otros, pero tan cercanos. Para compartir lo que el lugar de destino les ha entregado sobre la piel, sobre la esperanza, sobre los sueños, sobre la ausencia, sobre el dolor y la resistencia. Un encuentro feminista sin fronteras, desde las fronteras, desde el color de piel, desde la clase, desde la historia, desde la edad, desde nuestras arbitrarias costumbres y nuestro deseo de entender qué nos pertenece y qué nos ha sido impuesto. Desde Alger, Siberia, Cochabamba, Lima, Caracas, Santiago de Chile, hasta Lyon. Un club de lectura es hablar sobre derechos, patriarcado, amor, migración, activismo. Fatima Ouassak, bell hooks, Eva Illouz. Las autoras que van interpelándonos y ayudándonos a vivir. Un club de lectura es ayudarse a vivir, aprender, compartir, entender, liberarse. Siempre comprender. Siempre el respeto y el deseo de modificar. Un club de lectura es un espacio sagrado y profundo en la velocidad del tiempo de las imágenes. Un encuentro con las frases escritas y lo que producen en el espíritu, en la mente, en el cuerpo. Esa calma que nos conecta con lo que somos, lo que queremos ser, lo que podríamos ser. Cruzamos nuestra experiencia con el pensamiento de autoras que nos iluminan y compañeras a las que admiramos y se dan el tiempo de expresar sus propias teorías y vivencias. La creación de teorías conjuntas es lo más poderoso. Como dijo Simone de Beauvoir, no hay mejor futuro que el que se construye colectivamente. Simone Revue Book Club.

Andrea Balart
Lyon, abril de 2024. 

2 de abril de 2024

Poesía (Libro)

Nuevo libro!!!

Poesía

De la serie Creatividad

https://www.academia.edu/116989484/Poes%C3%ADa



La mejor vida posible II

Se interponen cosas, quedó claro. Pero te tengo una solución. Puedes casarte con una pizza, es lo que hizo Nicole Larson, de Canada. La pizza nunca te defrauda, dijo Larson, sonriente junto a su pizza. Parece que todo el mundo está atrapado intentando encontrar pareja, dijo, pero yo sólo animaría a los demás a encontrar o a hacer cualquier cosa que pueda alegrarles el día, si eso es un novio, ¡genial!, si es comerte una caja llena de pizza para ti sola, ¡también es genial! El periódico que comparte las fotos del compromiso de Larson comenta, pareciera que se trata de una relación que sin duda va a durar. Otra opción es casarte contigo misma, está de moda. Eso leí, al menos. Mi mamá fue a uno de esos matrimonios, en India, una persona que se casaba consigo misma. Fue una linda celebración. La torta estaba deliciosa, hubo baile, algarabía. Si ninguna de esas dos opciones te convence, no te preocupes, siempre hay más. Hay infinitas opciones. Una gran incertidumbre de opciones confusas como nubes densas y oscuras. Puedes erotizar la publicidad y la venta de mercancías. Puedes intercambiar tu sexualidad contra el poder de los hombres, como en las sociedades en que las mujeres están privadas de poder social y económico. Puedes apelar a libros de autogestión psicológica para que te entreguen certezas, como la relación con tu pizza o contigo misma, salidas originales a un problema que es como un nudo ciego: tu mejor vida posible que se te escapa. Porque es un hecho, se te escapa. Se interponen cosas. Hasta de la pizza un día te aburres. De ti misma no puedes separarte, a menos que hagas como el hombre y el artista. Yo no me he casado conmigo misma, pero he querido separarme de mí misma, a pesar de no haber consolidado este vínculo formalmente. No de mi arte, sin embargo. Tal vez de una parte de mí misma, por momentos. Momentos difíciles, sobre todo, en que no había nadie más de quien separarme. Qué tanto, me dije, me voy a separar de mí misma. Hacha en mano, desprenderse de esa amalgama de experiencias que quieres dejar atrás. Ahora quisiera usarla contra quienes las causaron. No. Nunca he tenido instintos asesinos. Ni de venganza innecesaria. Sólo de venganza estrictamente ineludible. La que me gusta a mí es la venganza literaria. Poesía también es hacer justicia, devolver las cosas a su sitio. Alcanzar tu mejor vida posible, a la que tienes derecho. Por mi parte, si encuentro mi amor poético, de todas maneras me vuelvo a casar. Hay que ponerle motivación a la vida, me dijo mi madre, no dejarse abatir. La última vez que me atendió en su consulta, por alguna razón que nos causó gracia, ella terminó en la camilla y yo de pie dándole soluciones. Yo he encontrado soluciones, de la señora Gallan, de Nicole Larson, así voy recaudando soluciones, y luego las entrego por módicas sumas. A mí mamá no le cobré, porque ella tampoco me cobra cuando voy a su consulta. Es un trato que tenemos. Nos ayudamos, sin cobrar, para tener nuestra mejor vida posible. No nos dejamos abatir. Siempre con ilusión, confiadas y alegres, como decía mi abuela. La poesía es la conquista del espacio. La mejor vida posible.  

La mejor vida posible

Vi un pequeño video en el que aparecía el fondo del mar, y se indicaba con letras blancas escritas encima del azul claro, lo único que se interpone entre tú y vivir tu mejor vida posible es… avanzaba la imagen, y uno seguía la cámara, como si fuese un pez en el agua, y luego aparecían las letras que prometían indicar que nada estaría entre nosotros y nuestros sueños, y decía entonces, lo único que se interpone es: el dinero, la ansiedad, un trabajo que no odies, las perspectivas románticas de candidatos potenciales a pareja, conseguir dormir ocho horas diarias seguidas de forma constante, el estatus, la terapia, las amistades íntimas, los problemas de apego, ser significativamente más atractivo, el dolor de espalda, y formas significativas de pasar tu tiempo libre aparte de estar sentado todo el día con el teléfono. No hay que dejarse empantanar. Por lo mismo yo voy a agregar otras. Porque nunca es suficiente. Tus ganas de salir a trotar que se quedan en eso, ganas, el dolor de rodilla que comienza enseguida, tus instrumentos musicales que esperan atentos que les toque más seguido el destino del tiempo libre, la primavera que no termina de llegar, las aplicaciones de citas que te muestran problemas en vez de personas, las máquinas de lavar platos que dejan de funcionar, los impuestos que no pagaste, los proyectos que organizaste cuando el sol estaba en la cima del día, las personas que conociste que parecieron haber perdido la cabeza, los periódicos que todavía no has podido leer, la colina de libros que te interesa abarcar, la cuenta del supermercado que se dobló en las últimas semanas, los candidatos románticos que creíste que sabían lo que era la poesía y al final nada, tu cerebro poético que tiene sus baches a pesar de su funcionamiento impecable en lo que a creatividad se refiere, tu convicción de que el amor poético es lo único que vas a aceptar, las dudas suaves y las más difíciles, el sentido de todo lo que comienzas, la dirección de tu vida, las alergias alimentarias, la gripe, el aburrimiento, la miseria humana, la falta de sentido del humor cuando se requiere, los pelotudos que te hicieron perder el tiempo, el café y la miel cuando se acaban, los días que pasan unos tras otros sin miramientos, todo lo errático que te rodea, las redes sociales que te imponen cosas, el tener que vestirse todos los días al salir con ropa que medianamente combine, la tormenta intempestiva, los relámpagos amenazando con alcanzar tu cráneo, tomar cientos de decisiones, algunas muy fáciles y otras dificilísimas, existir, querer crear arte que sirva para algo, tu terco afán de entender la poesía.  

Las historias III

Ojalá no muera pronto porque lo estoy pasando muy bien. Quiero escribir puras historias delirantes. Me liberé del yugo de esas relaciones que eran más problemas que otra cosa. Gracias señora Gallan. De historias sabía la buena mujer. De historias delirantes no sabemos, tal vez sí. Si observo alguna de esas aplicaciones para conocer gente, veo problemas, en vez de personas. Muchos problemas y poca poesía. ¿Estaré predispuesta negativamente? Es muy probable. No me culpo. Leo las descripciones y es como si supiera de antemano cuáles serán los problemas. Termino optando por no emprender ninguno de esos viajes. Me liberé del yugo. Mi cerebro poético adictivo vuelve a replantearse a veces volver sobre esos problemas que van con el tiempo transformándose en poesía. Qué mecanismo siniestro de la mente. Ahora estoy preparada, lo intercepto en seco. Recuerda, Andrea, quieres poesía, no problemas. A esos no. Esos de la debacle no. Cobardes no. Manipuladores no. Adictos no. Aspiro a esa poesía a la que tengo derecho. A esa poesía que es un fin en sí mismo. Quiero escribir historias delirantes que tengan sentido. Quiero que la palabra poesía tenga significados concretos. El amor poético es otra cosa. Son esas historias delirantes que me dan vida. Compartir algo que sea interesante. Que haya humor y valentía. Ese amor poético al que tengo derecho tocará mi puerta, o no. Tal vez vaya a su encuentro, si identifico su veracidad. Llueve fuera con un sol resplandeciente que desata un arcoíris. El amor poético es esa mezcla fantástica, de intensidad y verdad. Lo obtuve, sé que lo obtuve, y que podré volver a obtenerlo. Pero será distinto. Las cuarenta primaveras no han sido en vano. La poesía es esa capacidad de vencer las adicciones y de entregarse a nuevos prados floridos. De alcanzar el éxtasis de menos problemas y más poesía. 

Las historias II

Ojalá no muera pronto porque lo estoy pasando muy bien. Quiero escribir puras historias delirantes. Nunca he consumido drogas. Mi cerebro poético no las necesita. Al contrario, es la debacle. Mi cerebro tiene una existencia drogada independiente de las sustancias. No le hacen falta para volar por los aires. Lo sabe hacer solo, como un adulto responsable y autónomo. Tout seul comme un grand, como se dice aquí. Las historias delirantes se van creando a medida que existo, eso es todo. Tengo entrenamiento. Es lo que he hecho toda mi vida, inventar tonterías para subvertir la planicie. Imaginar estupideces y reírme con mis hermanos y amigxs. Desvariar con disparates. Tengo una flamante colección de hermanos y amigxs especialistas en estas lides. Disfrutan tanto como yo. Admiro mucho esta capacidad. Tal vez conservo sobre todo las amistades que vibran especialmente en esta frecuencia. Es difícil tomarse realmente en serio la vida. Sobre todo cuando tu cerebro poético transforma todo en grandes bailes y epopeyas fantásticas. Aparte del café, escribo con un cerebro totalmente despejado de sustancias. Siempre la música y ojalá el sol. La medida perfecta. La poesía es esa mente sobria lista para el carnaval de la hoja vacía. La fiesta es otra cosa. Puedo agregarle un poco de cerveza a mi cerebro poético, sin exagerar, y el arcoíris está asegurado. He explorado el efecto de los estimulantes para escribir, dejé de lado la cerveza y me quedé con el café. Movimiento sin difuminar. El cerebro es una máquina de escribir, y el cuerpo es una máquina de lavar platos. No solamente. De caminar grandes distancias. Amar grandes bosques y extensiones. Claros de luna y lobos aullando. Nací rebelde. La autoridad a veces era legítima y a veces dudosa. Al menos en cuanto a literatura se refiere, para mí un cerebro despejado tiene mucho mayor alcance que ahogado en sustancias. Entiendo que en ocasiones, sobre todo no literarias y para nada poéticas, sean necesarias, sin embargo. También he recurrido a ellas, de alguna u otra manera, en muchas oportunidades. También me han esclavizado. También me he liberado de ellas. El cerebro poético tiene una tendencia natural a las adicciones porque su intensidad a veces mata. Puede matar. Porque la vida es difícil. Porque vamos guardando a veces sin procesar. Cargando historias delirantes que terminan mal. Que han terminado de manera catastrófica, que fueron catastróficas, dolores, traumas, inseguridades, temores. El cerebro poético es ese cerebro que toma todo eso, colgado del amor disponible, y lo convierte en poesía. Las historias delirantes pueden convertirse en poesía. Pero se requiere, mirar la vida de frente, al menos alguna vez, sin sustancias. Las historias delirantes se basan en la realidad. Creo que ser rebelde es también negarse a que ingrese todo lo que circula. La alimentación es todo lo que ingieren nuestros sentidos, lo que comemos, escuchamos, vemos, las palabras que llegan a nuestro corazón y todo lo que nos alcanza, de manera voluntaria o impuesta. Si las historias son violentamente delirantes nos aniquilan. La poesía es saber filtrar el delirio de la violencia, hacer frente a la voluntad de asfixiarnos de sustancias y maromas ridículas. Jamás he tenido televisión. Las publicidades de la calle me invaden. Amo mi espacio depurado de invasiones obligadas. Irrupciones alienígenas. Ocupaciones y saqueos. Poesía es la libertad de elegir. Es la posibilidad de poder hacerlo. Historias delirantes que constituyen un fin en sí mismas. Creo que cada persona debe poder llevar adelante su vida como lo estima, si no está dañando a nadie. Creo que poesía es poder identificar cuando entregamos poesía y cuando no. Poesía es poder ofrecer, sin obligar, historias delirantes. 

1 de abril de 2024

Las historias

Ojalá no muera pronto porque lo estoy pasando muy bien. Quiero escribir puras historias delirantes. Historias sin suelo ni tejado. Que sepan captar lo irrisorio de desplazarse por la existencia. A los siete años escribí mi primera novela. No era delirante. Creía en la literatura de una forma existencialmente distinta que ahora. Hice un largo viaje en tren al sur, y redacté la historia en un pequeño cuaderno rosado que tenía, con lápiz grafito. Con caligrafía lo más ordenada que podía, nunca me pareció que mi letra era bonita. Eran las aventuras de una niña que viajaba en un tren al sur. Tenía el concepto que había algo interesante en redactar lo que iba ocurriendo, había leído otras historias. Me perseguían. Yo iba a escribir las mías, ¿por qué no? Si las personas escribían las de ellas. Yo tenía mis propias historias. Había aprendido a descifrar los signos en una hoja de papel con ayuda de una maestra de escuela, y ahora podía anotar mis propios signos, que significaban algo, por separado y todos juntos. Todavía existe ese cuaderno rosado, está guardado en el ático de la casa de mis padres, a muchos kilómetros de aquí. Muchos kilómetros he recorrido también, desde esa primera novela. Me separan de ella muchos años. Muchas líneas. Muchas historias. Tal vez el mismo terco afán de hacer que la vida sea literatura. Mi encuentro con la literatura fue definitivo: poesía o nada. Lo que eso significa se ha ido transformando. De relatos con tramas muy ordenadas a historias delirantes. La edad es sagrada. La edad es libertad. Tengo cuarenta años y un grupo de historias delirantes. Escritas y por escribirse. Haber sido un personaje en la vida de alguien no es algo despectivo, hay que tomarlo en su justa dimensión. Esa dimensión épica, qué mejor que alguien haya escrito tus grandes hazañas, o no. Eso hacía Homero. Qué mejor que tu vida sea como una Ilíada o una odisea. Grandes epopeyas para grandes historias, o no. Historias delirantes que no se parecen en nada a una Ilíada o una odisea. Lo mejor es lo pequeño que parece epopeya. Esas grandes historias plasmadas en viajes psicodélicos. Esas pequeñas historias elevadas al rango de travesías lunares. La literatura es la poesía de crear las propias historias. Delirantes, o no. Historias o no. Todo sirve. La poesía es la idea de que todo sirve y se parece a una epopeya. Un viaje en tren, una máquina de lavar platos. Ojalá no me muera pronto porque lo estoy pasando tan bien. Las historias las invento.     

La máquina de lavar platos IV

Cómo encontrar ese punto medio entre la exigencia y la complacencia fácil con uno mismo. Cómo no tratarse como una máquina de lavar platos, y al mismo tiempo poner la cantidad de abrillantador adecuada. Tal vez no ahogarse en las dudas. Lanzarlas dentro para que se laven. Para llegar al núcleo de ellas. Afuera la lluvia y los brotes en los árboles. El viento huracanado que cesó. No comí hoy huevo de chocolate alguno. Sí tenía en el refrigerador una bolsa con golosinas, como unas gomitas de colores, que quise regarle a un niño pero me lo prohibieron por la cantidad de azúcar. Pero lo que yo quiero es un poco de azúcar en mi bol, como Nina Simone. Pensé, bueno, tal vez harán una excepción: no. Así es que ahí estaba la bolsa de golosinas. No hay excepciones en la existencia. Cuál es el punto medio. Sin quedarse ni pasarse, medio a medio de la raya, como cantaba Violeta Parra. Yo no sé por qué mi dios, le regala con largueza, sombrero con tanta cinta, a quien no tiene cabeza, se pregunta Violeta. Me diste el secreto, dice, de chapa sin cerradura, como quien dice la llave del tarro de la basura. Hay secretos que no nos sirven, así como también hay exigencias y complacencias que tampoco ayudan. Las golosinas no terminaron en el tarro de la basura, por supuesto, sino que en mi estómago. Pero racioné, porque tanta azúcar, tal vez tenían razón. Todas las golosinas o ninguna. Medio a medio de la raya, y llegamos aquí al meollo del asunto. El cerebro poético es el extremo. Como una avalancha. El cerebro poético es el exceso. Funciona así, qué pasa si me como todas las golosinas, qué pasa si no me como ninguna golosina. Se abre el campo de batalla, la lucha contra las ideas que quieren abrirse paso, que se enredan en grandes nubes de polvo que viene del Sahara y da una luz naranja a todo lo que se cruce, se trenzan en grandes contiendas en que una idea se contrapone a la otra, todas las golosinas o ninguna. Le pregunto la opinión a la máquina de lavar platos. Como suele lavar mis dudas a veces da consejos adecuados. Me siento como el náufrago con su pelota. Hablándole a la máquina de lavar platos. La imaginación es una buena aliada para las contiendas de ideas. Para la nube de polvo que oculta el sol y le da a todo un brillo amarillo como un crepúsculo incierto y sugerente en su apocalipsis. El cerebro poético tiene además un corazón dividido, entre la literatura y el activismo. Observa de reojo los grandes combates que se libran en el salón. Mientras la máquina lava las dudas para que al menos brillen. Para que medio a medio de la raya signifique algo. Mi existencia es una batalla entre todo o nada, entre las palabras y la acción. El azúcar ayuda, a veces, no siempre, cuando está en el bol, como el de Nina. Hay que medir el silencio, hay que medir las palabras, dice Violeta. Hay que medir el azúcar y las dudas. Hay que medir la lluvia y el viento que se lleva las nubes. Mirar a las golosinas de reojo y no acabar con el paquete completo de una vez, y llegamos aquí al meollo del asunto. El amor poético es como una cascada inconmensurable. Toda el agua cae por el precipicio. Un gran lago majestuoso. Donde hundirse, para bañarse, o ahogarse a ratos. En qué estaba pensando Violeta. Medio a medio de la raya. Ella que no conocía las medidas de las cosas. Uno tiene que hacer una profesión de fe ciega en sus intuiciones y capacidades. Porque cuál es la medida de las cosas. Sin quedarse ni pasarse. No sé a qué se refiere. Yo lo que conozco es quedarme y pasarme. El amor poético es quedarse y pasarse. El cerebro poético es quedarse y pasarse. Sólo conozco las residencias artísticas que se llevan a cabo en mi casa y en la que soy la sola participante. A la deriva con dudas y máquinas de lavar platos a veces indiferentes. Poesía es esa extraña cualidad de comerse todas las golosinas, para luego no probar ninguna. Ese quedarse al lado del camino para observar cómo los demás toman la mitad de las pequeñas gomitas de colores y dejan el resto dentro de la bolsa. Observar con curiosidad, con intriga. Observar cómo los demás se sienten desbordados como cascadas con tanta agua. Sin exceso las gomitas no tienen azúcar. La exageración y la desmesura es el azúcar secreta de las cascadas que terminan en grandes lagos. Luego sentarse a observar. A la orilla del lago. Meter las patitas con cuidado, vigilando de no tropezar con alguna roca resbaladiza. La desproporción es la fiesta. Esa explosión de fuegos artificiales que se ven hasta el final de la colina. Esa poesía impresa en cada paso. Amo porque es lo que me hace estallar. Porque es lo que me ahoga en dudas que me salvan la vida. No he querido otra cosa que ser desmesura para la planicie. No he querido otra cosa que encontrar la desmesura en los demás. Los chalecos salvavidas están dentro de la máquina de lavar platos. Los han encontrado, por desgracia. Pero el paseo era tan entretenido. He exprimido la existencia, de eso no tengo dudas, al menos de eso no. He disfrutado los paseos como nadie. De eso está constituida mi poesía.