26 de marzo de 2026

Impulso perpetuo V

Inmigrante parece ser una categoría eterna en ocasiones. Lo que revela, me parece, una especie de malentendido en relación a qué significa pertenecer. Eso en un nivel inicial. De buenas a primeras, digámoslo así. En mi caso, y en el de muchas personas, se nos pregunta de dónde eres, en cualquier lugar del mundo, sin excepción. En Chile (desde siempre), me preguntan de dónde soy, aquí en Francia me preguntan cuál es mi origen, y en España me preguntan de dónde vengo, dado que hay un sinfín de criterios, sin embargo estrictos, aunque antojadizos al mismo tiempo. Puedo echar mano a los papeles para demostrar que no soy apátrida, lo que resuelve el problema de pertenecer a algún lado, al menos formalmente. Tal vez esa pregunta, sencilla e inofensiva a simple vista, esconde un pequeño ímpetu fascista en cada uno de nosotros. Por descontado todas las personas quieren pertenecer a algún lado. La sociedad ha descubierto en la discriminación un instrumento letal con que matar sin derramar sangre, escribe Hannah Arendt, los pasaportes, las partidas de nacimiento, y a veces incluso la declaración de la renta, ya no son documentos formales sino que se han convertido en asunto de diferenciación social. Cierto que la mayoría de nosotros depende por completo de los valores de la sociedad; perdemos la confianza en nosotros mismos cuando ésta no nos protege, cierto que estamos dispuestos (y siempre lo hemos estado) a pagar cualquier precio para que la sociedad nos acepte, continúa Arendt, pero igual de cierto es que los poquísimos de nosotros que han seguido su propio camino sin todas estas dudosas artimañas de la adaptación y la asimilación han pagado un precio demasiado alto: se han jugado las pocas oportunidades que hasta un proscrito tiene todavía en este mundo al revés. En resumen, la pregunta de dónde eres, cuál es tu origen, o de dónde vienes, muchas veces contempla una encrucijada, y encierra una respuesta imposible. Sólo se te concede la siguiente categoría: inmigrante. Existencialmente inmigrante. Entonces una, como perro apaleado, sabe que es un derecho pertenecer a algún lado. Pero el interlocutor quiere una respuesta clara, en una sola frase, breve, sin rodeos. Luego hay un segundo nivel. Después de trece años en un lugar, las preguntas ya se las hace una misma, y son mucho más difíciles, porque estas permanecen más allá de una conversación. Primero es sobrevivir, y en un momento son esas otras preguntas, esas de la libertad absoluta cuando no se es nada, y de la soledad. Quién soy, por qué estoy aquí, de dónde soy, qué soy, qué es ser, qué espero, qué busco, qué tengo, ¿existo? ¿Sirvo para algo? Al perder nuestro hogar perdimos nuestra familiaridad con la vida cotidiana, escribe Arendt, al perder nuestra profesión perdimos nuestra confianza en ser de alguna manera útiles en este mundo, al perder nuestra lengua perdimos la naturalidad de nuestras reacciones, la sencillez de nuestros gestos y la expresión espontánea de nuestros sentimientos. En relación a por qué estoy aquí, puedo mencionar aspectos grandilocuentes, sin embargo la respuesta es mucho más simple: estoy mejor aquí que en ningún otro lado. Lo que no significa que todo sea chutear y abrazarse, para emplear una expresión de mi abuela, que siempre tenía expresiones divertidas. Lo que quiere decir que a veces la soledad me atrapa, y el esfuerzo constante de construir algo que se parezca a una vida me desencaja por momentos. La inmigración existencial tiene en sí un germen de margen permanente. Yo me siento una especie de refugiada, desde que me vine, y ahora sin duda, con un gobierno fascista elegido democráticamente. Aunque el impulso fascista se esconde también en otro tipo de gobiernos, aunque no lo sean abiertamente. Es cosa de ver a quién apunta el rearme demográfico. Hay que ser muy optimista o muy fuerte para construir una existencia nueva, así es que manifestamos gran optimismo, escribe Arendt. El ser humano es un animal sociable y su vida le resulta difícil si se le aísla de sus relaciones sociales, escribe Arendt, es mucho más fácil mantener los valores morales en un contexto social y muy pocos individuos tienen fuerzas para conservar su integridad si su posición social, política y jurídica es confusa. Los primeros ocho años estuve en un limbo migratorio cuya sensación es difícil de describir, dado el vértigo que eso implica, y la imposibilidad de trazar líneas hacia adelante, que colinda con cada decisión que hay que tomar. Los últimos cinco despejé ese tema, y llegaron otros desafíos, igual o más difíciles. Qué es ser. Al final, esa pregunta tiene una sola dimensión real, que tiene relación con la vida cotidiana. Lo que cuenta es lo que uno es todos los días, cada batalla, cada pequeño triunfo, cada gesto, cada conversación, cada lectura. Pertenecer es tener la valentía de entrar en la vida, cueste lo que cueste. El movimiento es la cara visible, pero lo que cuenta es quien uno cree ser, hacia dónde van nuestros esfuerzos. Somos ya lo que empezamos a ser. No existe en verdad la condición de inmigrante eterno, es una falacia. Por eso a los de ideas fascistas les decimos: ya lo somos, y eso no se modifica nunca. De dónde soy. Soy de aquí, dondequiera que esté. 

24 de marzo de 2026

Impulso perpetuo IV

Amar es una ocupación para la cual no sirvo en absoluto. La literatura me atrapa y todo se enreda. Comienzo a crear novelas que se desvían para todos lados. Nunca son dos personas, si no todo un contexto de la ficción más sobrenatural. Tengo una confianza en el amor que no tiene asidero ninguno en la realidad: invento derechamente. Quiero creer, gozo, disfruto. Luego es el desastre completo. Cuando la novela no puede alagarse más. Ahí quedo al descampado con los libros y todo lo que imaginé. La primavera tiene una capacidad extraordinaria para este tipo de tramas ficticias. Es como que casi olvidara mi naturaleza vertiginosa y literaria: todo se ve tan fluido. Amar es una ocupación de la amnesia más absoluta: está mal. Más no sea para crear libros. Para eso, infalible. Pero la procesión va por dentro. Yo es como que los fuera eligiendo para esas progresiones dramáticas. Como si fuera lo único que cuenta. No logro despejar esta incógnita. Ni hacerlo mejor: pero siempre la fe, muy firme. Más no sea para habitar la Región Poética. Para entrar al menos. Quedarme un momento. Observar el lugar y sentir lo que se vive ahí. A tientas me acerco. Construir: nunca sé si estoy preparada. Como lo perdí todo: pongo atención. Los libros no me abandonan. Yo tampoco los abandono. Un amor ininterrumpido. De una estabilidad: nunca vista. Tal vez deba casarme con la literatura y olvidarme del resto o llevarlo adelante con mayor liviandad: imposible. Todo es serio y grandioso, hasta que no lo es. Amar es fascinante, a pesar de todo. 

23 de marzo de 2026

Impulso perpetuo III

Hace exactamente diez años resolví que dedicaría mi vida a la literatura, y comencé a escribir una novela de ficción que titulé: “Afuera”. Creé en ese momento quien sería el personaje principal de mis libros, y que terminó siendo una especie de alter ego de mí misma. No era la idea en ese momento, la casi totalidad de las tres partes que integran esa novela corresponden a ficción pura. Inventé una extensa serie de personajes e historias, basándome libremente en experiencias propias o ajenas. Fue un trabajo fascinante pero complicadísimo. Creo que lo que más tenía en ese momento, además de pasión, era ingenuidad. Pero esa siempre hace falta para los proyectos importantes cuando se empieza. Le tengo cariño a esos personajes, que fui imaginando en extenuantes jornadas prolongadas de trabajo. Determinación tenía, además de grandes cavilaciones. Me demoré en terminarla, ya que redactaba al mismo tiempo una tesis doctoral, que transformé en literatura con los años. Dejé descansar a Hannah Arendt en ese momento y me centré en Roberto Bolaño, añadiendo al año siguiente a Jacques Rancière. Lo que luego se transformaría en Simone de Beauvoir y Doris Lessing. Hoy caí en cuenta de esta década dedicada en cuerpo y alma a las palabras. Cuando llevaba cuatro años de esta novela y de la tesis, entré de lleno en el feminismo. La novela terminó en los últimos capítulos siendo otra cosa que lo que había previsto inicialmente. Demasiadas interrupciones, y esas historias y personajes se me escapaban. Tenía previsto escribir la cuarta parte y final, pero terminé publicándola tal como estaba años después, sin el cierre de esas historias. Ayer, día de elecciones, llovía, leía a Goethe, y a propósito de una cita, di con unos textos que escribía en aquel entonces que redactaba los últimos capítulos de aquellos personajes de “Afuera”. Vaya, me dije, fue como volver al punto cero. Al punto donde se había detenido ese impulso, para abordar otras temáticas necesarias. No retomé estas historias, me dije, y como buena escritora obsesiva, esos personajes aún están esperándome. Todo me lo vivo como un destino. Tengo un componente místico importante, que ni yo a veces me reconozco. Tomé “Afuera” del estante y comencé a hojearla, mientras leía algunas de las anotaciones de la época. No puedo abandonar a estos personajes, me dije, llevo años pensando en ellos. Tal vez deba hacer como el cuaderno dorado de Doris Lessing y unirlo todo, me dije. Está “Afuera”, o sin barandilla, “Un poco más afuera”, o en la intemperie, “Definitivamente afuera”, o en la mira, y podría estar “El caos verdadero”, o en el impulso perpetuo. Sentí una especie de responsabilidad de trazar el camino de esos personajes que quedaron a la deriva en un mar desconocido. Una convive tanto con ellos que finalmente existen en la realidad, y si no redacto yo esos destinos inciertos, entonces cómo. Criaturas esbozadas y olvidadas. A mí me gusta recordar. Sin pasarse de la raya, por supuesto. ¡Ay Dios, el arte es largo y breve es nuestra vida!, escribe Goethe en Fausto. En mis trabajos críticos, a menudo la cabeza y el ánimo me pesan, escribe. Ayer vi la película “Rosenstrasse”, la calle de las rosas, de Margarethe von Trotta, sobre esas mujeres que le plantaron cara al régimen asesino para que les devolvieran a sus parejas. Creo que ese es el espíritu. Ser escritora es como estar en esa calle de rosas esperando que aparezca el amor a pesar del frío y del miedo. Las balas casi te llegan, crees que mueres, y luego no: sigues viva. Y por alguna razón inexplicable, ante tanta convicción, aparece lo que se esperaba, aunque en este caso a veces es alguna otra cosa. Seguridad: ninguna. Tranquilidad: ninguna. Pasión: de todas maneras. Esta es tal vez la mejor decisión que tomé en mi vida, a pesar del costo. Feliz diez años protagonista querida. Ser escritora es sentir el sol. Redactar el esfuerzo de estar vivo, de no pasar de largo. Todo lo que estaba inédito ya vio la luz. Ahora, como sea, son las nuevas historias. Las nuevas tesis. Seguir reflexionando e imaginando. Siempre al sol. Con el río fluir. Fundirse en las historias y en los demás, como aspira Annie Ernaux. En diez años dejé de lado la respetabilidad, como me proponía Bolaño. Fue tal vez la lección más grande que aprendí. De Bolaño aprendí la intemperie, de Rancière la democracia, de Beauvoir la verdad, de Woolf el cuarto propio, de Arendt la acción, de Lessing el cuaderno dorado, de Mistral el asombro. Pensar es el regalo más inmenso que he obtenido. Comprender, un impulso perpetuo. La belleza: mi brújula. El arte y la justicia los llevo adentro para saber quién soy. Todo está: afuera. Sólo me acerco. Sólo grito en la oscuridad. Me siento a veces cansada, pero la decisión ya está tomada: me quedo y nacen las grandes obras. Diez años de impulso perpetuo, y como que todo comenzara. Incluso mi nombre toma forma. La única certeza que tengo es esta: escribí. Lo perdí todo, pero escribí. 

20 de marzo de 2026

Impulso perpetuo II

Qué es la soledad, si no la noción de vernos desafiados constantemente por la existencia. Atravesé ayer la ciudad completa a pie al sol, entre las flores y el gentío, para llegar primero a la entrevista para mi nacionalidad española, y luego para reunirme con mi colectivo feminista y antirracista. Tenía la necesidad de reflexionar en movimiento. Renovar las ideas que se van instalando e insisten en ocasiones. Ha sido un periodo de grandes dudas, pero también de sorpresas. Pequeños asombros que van abriendo el camino. El encuentro con los demás siempre me maravilla. Creo que me saca de mí misma y me sitúa en las posibilidades del presente. He conocido nuevos lingüistas y activistas, y siempre es el éxtasis de lo que está afuera. A mí el tedio me abruma. Cuando la repetición es constante. Sin movimiento no hay asombro ninguno. Vi la película “El ministro de propaganda” de Joachim Lang, título traducido al francés como “La fábrica de la mentira”, me asombró gratamente, y me dejó helada ante su impresionante actualidad. Quieren fijarlo todo, hacerlo abstracto, aniquilar. Como si existir fuera ser una caricatura de uno mismo. Como ese intento fallido de un adolescente masculinista que quería asesinar a cuatro mujeres con un cuchillo aquí en Francia porque las personas de esa categoría (mujeres) eran las culpables a sus ojos de su malestar profundo. Pasaba el día viendo videos de personas que se lo señalaban con claridad: hay que eliminarlas, cualquiera, para subsanar este desequilibrio que han traído con esas ideas rebeldes, tales como, ojalá no nos maten ni nos violen. Como recién estoy aprendiendo alemán llego antes de que comience la clase para ir a la biblioteca y leer los libros de niñxs: son los únicos que entiendo. Hay un gran sofá de respaldo alto, cómodo, en medio de cientos de libros para niñxs. Tomo uno al azar, descifro lo que dice cada página observando los dibujos y la línea narrativa de cada historia, y luego de un gran trabajo de adivinanza, doy, o no, con lo que la frase quería expresar. Me divierto en grande, como un niñx. El gran juego de desentrañar el significado, exacto a vivir. Si logro ir comprendiendo palabras me digo que también en la existencia es posible despejar aspectos para que haya una línea narrativa interesante y no un continuo de agitaciones sin sentido. Por el momento comprendo poco, pero disfruto, a menudo. Algunos libros no me llaman la atención, los abandono en la mitad y escojo otros. Lo que sé es que necesito cambiar. Ahora vivo en una especie de Alemania en mi casa, escucho música en alemán y veo películas en alemán: así descanso un poco de este país. Siempre es bueno descansar para tomar un poco de distancia. En mi curso de alemán hay personas de distintos países, en mi colectivo feminista hay personas de distintos países, me viene perfecto para mi descanso. Yo soy de la onda voy y vuelvo. Voy a las expediciones en la lejanía y luego regreso. Poseo el impulso perpetuo de la pasión por lo desconocido. La monotonía me hace dudar del interés en las cosas y luego no comprendo palabra ninguna de la historia: no hay ánimo que se pliegue. Nuevas claves o nada. Creo que mi motivación avanza a paso supersónico como la bicicleta eléctrica que tomé el otro día por equivocación de la estación de bicicletas. No lo podía creer, pedaleaba apenas y adquiría una velocidad de cohete, llegué en pocos minutos a mi casa. Llevaba conmigo comida libanesa que compré al pasar luego de las clases, recetas que me fascinan, fue una verdadera fiesta. Ni hablar de la comida que preparan en la panadería justo abajo de mi casa: incomible, la que probé hoy. Como los libros, unos los disfrutas, y otros desearías nunca haberlos abierto. Como que esos intensificaran la monotonía: luego dan ganas de terminar con la propia vida antes que recomenzar a leerlos. Pero cómo saber sin antes haber comenzado a recorrerlos e interpretarlos, o sin haber probado el sabor de la comida. Yo practico la inmersión total. Países lejanos, entrar en la profundidad de la selva y evaluar: cómo se está aquí. Cuando las criaturas se percatan yo ya estoy en el pueblo siguiente. Hago esfuerzos sobrehumanos porque la vida sea interesante: no es así no más. Me apersono en las estaciones espaciales. Entro en la nave. Despego. El impulso es perpetuo. 

Impulso perpetuo

Lo que mantiene en pie es la comunidad. Ese impulso perpetuo por no rendirse. No importa el tamaño de la amenaza. Una pequeña comunidad es suficiente. O grande. Pertenecer. A veces se olvida lo importante que es pertenecer. A veces quiere eliminarse esa posibilidad. A veces quiere entorpecerse hasta que desaparezca. A veces se nos mantiene voluntariamente aislados, o la inercia, el miedo o la desesperanza nos impiden encontrarnos. Existe una atracción inexplicable hacia lo desconocido, lo que los alemanes llaman “Fernweh”, una añoranza de lugares lejanos, de la que habla Andrea Wulf en su libro “La invención de la naturaleza”. Ahí estamos cuando formamos parte de ese impulso perpetuo. Ese anhelo de pertenecer a algo que nos excede, sin perder de vista nuestra individualidad. En la conversación es donde todo es posible. Intentan frenarnos: conversamos. Intentan dejarnos sin papeles para residir: conversamos. Nos maltratan cuando venimos a Europa a un intercambio lingüístico que esconde una explotación laboral: conversamos. Nos acosan, nos violan: conversamos. A continuación es la acción. Porque la conversación es el núcleo de toda acción posible. Honduras, Venezuela, Chile, México, Colombia, Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia, Paraguay, desde lejos vinimos a pertenecer. Lo que nos define es ese impulso perpetuo. Un esfuerzo cotidiano por comprender los mecanismos que nos aíslan y nos frenan. Por vencer el miedo y la desesperanza. Pocas veces fue tan importante como hoy insistir en este esfuerzo. En estos tiempos que planea sobre nosotrxs la aniquilación. Vinimos de lejos, como para pensar que iba a ser fácil. Eso da lo mismo. El impulso perpetuo siempre encuentra su camino. En su seno reside el entusiasmo de quien se sabe invencible. Es un estado de la mente. Y todo ha sido por la conversación. 

14 de marzo de 2026

El caos verdadero XXX

Ayer di un gran paso en mi cruzada anti-ambigüedad. Lisa: una historia de superación. Un buen título. Lo que amo de este año es que ya no soy un eterno retorno monstruoso. Ahora zanjo y avanzo. Ayer no sólo cerré definitivamente el intercambio con Judas, si no que conseguí que reconociera su entorpecimiento en mi vida por sus propuestas fallidas y que se comprometiera a no volver a escribirme. No pensé que fuera posible asumir responsabilidad ninguna para alguien de sus características, pero sí. Fue una labor de estrategia aguda. Fui paso por paso. Esto, entonces esto, entonces esto. Una labor de silogismos lógicos de una refinación acentuada. Fue la única manera. Lo arrinconé. No había sido posible antes porque siempre tenía una excusa: ahora no. Todo quedó al descubierto. Me sentí bien conmigo misma. Hoy me desperté con alegría. Hablé un momento con Jean y me comentó algo que me pareció bonito, me dijo: los contratiempos me hacen apreciar más la vida. Siempre es sabio, Jean, y tiene una serenidad que me hace sentirme como en casa. Además él me ayuda en mi cruzada anti-ambigüedad. Su dulce personalidad no tiene dobleces. Ayer mientras comía camembert con una baguette, y una copa de vino tinto me acordé de él por supuesto: le escribí. Lisa, no tomemos café, me dijo, mejor avanzamos. Lo que me gusta de Jean es que me salva de mis propias propuestas. Ahora lleva una vida saludable, y eso me alegra mucho. Yo sé que estamos mejor así, coincidimos en un largo momento que fue extremadamente importante para los dos y eso nos cambió para siempre. La belleza queda. A mí eso me salvó la vida. El amor siempre salva la vida, cuando es verdadero. Ayer sucedió otro evento llamativo. Entré a una de esas aplicaciones, pero había pensado hace unos días, el problema es que aquí nunca habrá alguien como Léon. Miré un momento las fotos y nombres que desfilaban, y de pronto, no cupé en mí de la impresión: Léon en la aplicación. Hasta hizo verso. Ahí estaba con su foto y nombre real, muy guapo como siempre. Qué hace aquí. Leí un poco sus descripciones, y anoté un corazón. Léon es un personaje fantástico, me divierte mucho. Nuestros encuentros siempre son exactos a una novela. ¿Sabrá que le dediqué un libro? Lo que me interesa a mí, ya no tengo dudas, es el caos verdadero. Me pregunto si escogí una vida difícil. No importa, lo veo como un destino. Tengo ese tipo de creencias. Hoy le dije a Jean, no se puede escapar del destino, y nosotros estamos destinados a estar juntos, será para la otra vida entonces. Siempre lo hago reír. A Jean le parece que él y yo vivimos en planetas distintos. No sé si lo convenció la idea de la otra vida. En todo caso da lo mismo. En esta cada uno seguirá en su planeta, y aunque lo extraño, estoy de acuerdo con él de que está bien así. Pero lo extraño, eso sí, siempre. Extraño su risa y su humor impresionante, su cuerpo, y su mirada profunda. Pero me doy cuenta de que este año es distinto, este año estoy ya en alguna otra cosa, como si hubiese comenzado ya algo, y por eso soy capaz de llevar adelante esta cruzada anti-ambigüedad que llevo encima y me ha traído grandes alegrías. Ahora llega el caos verdadero.  

13 de marzo de 2026

El caos verdadero XXIX

Creo que este trabajo funciona de la siguiente manera, una sabe lo que está haciendo, sin saber exactamente qué está haciendo. Yo lo disfruto mucho, aunque me mantenga permanentemente hundida. Una gran cuota de incertidumbre e improvisación. Tal vez es lo que me mantiene viva. Alerta y atenta. Soy un pez en el agua, en cualquier caso. Una sirena en la roca. Un orco en el bosque. Una nereida en el mar. Un pájaro en el cielo. Un robot de lata en la descarga de metales abandonados. En definitiva, cualquier cosa. No tengo norte ninguno, más bien sur. Lo que hago por el momento es abrir la válvula de la caldera cada cierto tiempo porque hay una gotera y baja la presión y deja de funcionar. Esa no es mi ocupación principal. Una de mis ocupaciones. Por esa no se me paga nada. Sin cobrar, abro y cierro la válvula. Para que haya agua caliente y calefacción. También aspiro y hago la comida. Lavo la ropa y paso el trapero cuando se requiere. Limpio los vidrios y boto la basura. Bien. Me voy de orcos, en nereidas, en sirenas, en robots, en peces. Sin jamás sacar algo en claro. Y cada día es dueño de sí mismo. No sé hasta qué punto soy dueña de mí misma. En ocasiones siento que para nada. A veces todo lo que soy se roba. A veces creo que nada me pertenece. Ni mi cuerpo, ni mi literatura, ni mi tierra, ni mi identidad. Abro y cierro la válvula. Sin cobrar. Esperando una retribución imposible en un mundo de la incertidumbre y la improvisación. Del cálculo y la expropiación. De la belleza y su cruzada vacilante. 

El caos verdadero XXVIII

Estoy irreconocible, en mi cruzada anti-ambigüedad. Tal vez el tema del caos verdadero es que es contrario a la ambigüedad, a diferencia del caos así no más. Ayer le dije a Judas: Mira, Judas, o algo, o nada, ve tú. Qué fuerte, nunca pensé que llegaría a tanto. Estamos en presencia de: La nueva Lisa. Tal vez Judas está pagando los costos de mis traumas con Jacques. Pero no lo veamos así. Yo creo que era el momento solamente. No mezclemos todo, justamente, porque la anti-ambigüedad va por esa línea. Vamos ítem por ítem. Para saber bien de qué estamos hablando. Lo que he constatado estos días es que la ambivalencia de Judas es de las más altas conocidas, lo que es bastante. Está casi por ahí con Jacques. La noche anterior me desperté en medio del sueño, y me levanté un momento. Al observar mi teléfono, un mensaje de Jeff. Voy a Lyon, nos podríamos ver. Tal vez no fue suficiente su intento fallido en Santiago de Chile. Volví a la cama. Me levanté de nuevo: respondí. Hola Jeff, no quiero que nos veamos, y te pediría que no vuelvas a proponérmelo, gracias. Volví a la cama. No tenía sueño, me quedé observando la oscuridad atenuada por los faroles de la acera a través de las cortinas. Mi claridad es una proeza, estoy consciente de esto. Mi nueva versión asentada en la segunda mitad de mi vida va a tener costos: todo tiene costos, eso ya lo sé. Estoy en rodaje, observo la corriente, lo que trae y lo que se lleva. Este domingo son las elecciones municipales, vamos a ver qué traen, quiero creer. Yo quiero ser una persona de fe, ya no va quedando otra hacia adelante, porque las circunstancias aprietan. Por mientras reunirnos y hacer lo que se puede. Quiero creer. 

12 de marzo de 2026

El caos verdadero XXVII

Tal vez lo bueno es que esa voluntad de comprensión resultó en cientos de libros. Todo comenzó con el caos, y ahora es el caos verdadero. Quizá lo más nocivo de este sistema contradictorio en que nos hallamos inmersas es que dinamita la seguridad en una misma. Creo que lo que arregla todo es identificar mirando el plano completo la coherencia, a pesar de los aspectos miserables a veces de las jornadas. Tal vez debiera escribir un libro: Mi vida sin la ambigüedad. Será toda una aventura. El caos verdadero es arriesgado, y la ambigüedad es muy pusilánime. No quiero pertenecer a ella. Ya lo estoy disfrutando. Pero sé que no será un camino fluido, modificar conductas es una ruta ardua. Tal vez el caos verdadero es una disposición a la existencia que tiene que ver con la pasión, y jamás con la cobardía. Lo que yo quiero es el caos verdadero. Uno que signifique algo. Un sentido a este oficio misterioso. Quizá se avanza definiendo cosas para mí misma, aunque sea difícil. Hoy le mandé un mensaje a Judas, a propósito de su tentativa de venir. Así no, le dije. Ya no. En vez de escapar estoy enfrentando las cosas, lo cual me hace sentir bien conmigo misma. Me contó mi madre que mi abuela, siendo joven y estando ya comprometida, dejó de asistir a unas clases de inglés en las que se había inscrito. Esto porque había un hombre que la acosaba. Decidió restarse ella, imagino que en esos tiempos no era fácil hacer ver algo así. Viste, me dijo mi madre, la existencia te pone en el camino una situación similar para que superes la herencia, hazlo, me dijo, por tu abuela, por mí. Puedes hacerlo, no escapes. Fui esta semana a mi curso de alemán, y me senté en otro puesto, lejos de quien se cambió de puesto para estar a mi lado. No me costó nada, me sorprendió. Después de haber marchado el 8M con tantas compañeras llenas de fuerza, creo que me quedó un poco de esa energía. Entré y me fui directamente a otro asiento. La profesora me lo hizo ver. Sí, le dije, quiero estar más cerca de la pizarra. Tampoco se trata de tener que estar dando explicaciones. Parecen situaciones anodinas, pero estamos rodeadas de ellas. A veces incluso desde el seno mismo de las comunidades surgen los contratiempos. La diversidad es algo deseable, pero a veces está la mentira y la injusticia. Lo que sé ahora, es que yo tengo la conciencia tranquila, de que he hecho las cosas con reflexión, justicia y dignidad. Lo que está afuera siempre se viene encima, pero lo más potente del caos verdadero es alcanzar la tranquilidad de no haber huido y de no tener que estar demostrando permanentemente nuestro valor. Como la ecuación es imposible en esta organización, siempre estamos en falta, el tema es comprender que lo que viene de afuera no nos pertenece. Los contratiempos sabemos que no cesan de venir, no se trata de eso. Se trata, creo, de no ponerlo todo afuera. Compartir para saber que no estamos solas, que los contratiempos nos llegan a todas. No tener miedo, y no escapar. Nunca más escapar. Esto nos pasa a todas. Hay que confiar y resistir. En conjunto crear. Para saber, para comprender. Para hacer frente. Tal vez lo más interesante que me ha enseñado la literatura es a dejar de lado la respetabilidad, de la que hablaba Roberto Bolaño, y la humildad y confianza en mí misma, las que aprendí de Doris Lessing. Su sustancia se acerca mucho a la mía, la tranquilidad de hilvanar las palabras con calma, y el frenesí de la pasión hirviendo. El caos verdadero obtiene sus mecanismos de esa manera de estar en el mundo, que es la mía. Quizá lo más interesante que se adquiere con el tiempo es la tranquilidad. La serenidad de la verdad propia. El hecho de constatar que una va a poder decir lo que quiere decir. Estoy siempre en la encrucijada: existir es el cruce de exigencias contradictorias que nos persiguen. Intento dejar de lado todo eso de la mejor manera posible. Sólo me ha resultado siendo perseverante y coherente con quien soy. La tempestad suele ser asoleada porque de todo acarrea el río. No puedo mentir: ha sido difícil. Cada día es complejo. Pero nunca me he rendido.   

El caos verdadero XXVI

El estado de escribir al sol temprano en la mañana con música y un café es superior. El éxtasis supremo. En primavera llega el sol a mi ventana luego de aparecer por la colina, lo que no sucede en invierno, porque se escabulle tras unos departamentos que hay hacia la derecha de mi ventana. Hay otra cosa respecto de la primavera, me entrega gran claridad y lo ambiguo me altera, lo que es fantástico por supuesto, porque suelo convivir tranquilamente con la ambigüedad, a un costo alto en ocasiones, ya vimos el tema del cuaderno y las anotaciones de hace veinte años relativas a Jacques. No las olvido ahora. Las tengo bien presentes para no estirar lo inconducente. Vamos a lo que nos convoca entonces: Judas siendo fiel a sí mismo. Tuvo el descaro de insinuar que yo lo presionaba en relación a un viaje que él mismo propuso. Sí, no tiene sentido. Pensé lo mismo. Pero Judas es de una sola línea, su propuesta vital es: no tener sentido. Por lo que hizo gala de sus mayores atributos y mostró una vez más su gran despliegue de inconsistencia. ¿Quién pensará que es? ¿El rey de España? Tiene algo de eso. Porque como además es conservador y amante de las tradiciones antiguas. El resultado fue que yo tuve que hacerle ver que no es el rey de España, y que mi mayor deseo era seguir haciendo mi vida sin él intentando ponerse en medio pero sin mayores pretensiones que aplacar su posible aburrimiento. No es mi caso: tengo cosas que hacer. Pasé a relatar mis sentimientos y mi voluntad, para luego pasar a otra cosa. El encuentro con ese cuaderno perdido del desván ha sido determinante. Hace dos meses gracias a esa señal divina todo fue cambio. Hay otras cosas, Jean partió de mi vida hace cuatro años, por lo que esa ambigüedad que me servía para comprender las múltiples aristas de eso a lo que me estaba enfrentando ya no la necesito. Ahora me aburre enormemente. ¿Será que comprendí algo? ¿Algo de mí misma y de las relaciones con los demás? También es éxtasis esto, igual que ese sol matutino. Y a Joseph no le contesté finalmente para reunirnos: he hecho grandes progresos. Tal vez una se cansa un buen día, eso es todo. Una quiere otras cosas. Algo que no sea los hombres siendo hombres. Que tenga ligeras diferencias, para tampoco ser tan ambiciosa, porque sabemos que no es fácil. Ayer observé un momento las aplicaciones que bajé, y me pregunté, no habrá alguien normal aquí, lo que me causó mucha gracia, porque los hombres no son normales, por definición, entonces decir quiero uno normal no sirve. Qué significa normal. Que tenga una noción mínima de reciprocidad y una voluntad de decir las cosas de frente. Sé que eso existe porque Jean es así. Pero Jacques, Joseph y Judas tienen serias dificultades. Paciencia que a mí ya se me acabó, lo que me alegra mucho. Esta primavera escribiendo al sol con música y un café es mágica. ¿Habrá algo así como haber dado una nueva vuelta a la espiral? No sé, pero me siento así. Me siento libre. 

11 de marzo de 2026

El caos verdadero XXV

Lo que me interesa es el lenguaje. Las palabras. Los significados. Los signos. Las entonaciones de una comunicación, como la música. Me interesan los distintos lenguajes. Lo que me excede, lo que no entiendo, lo que está a una cierta distancia, que puedo acercar a través de la audición, la observación y la lectura. Creo en la comprensión de lo que está afuera. Porque lo que está afuera también puede estar adentro. Empecé a interesarme por la lengua alemana hace doce años cuando investigaba sobre el pensamiento de Hannah Arendt en la universidad. Luego vinieron Kafka, Rilke, Goethe, Novalis. Volar, como siempre estas cosas. Me prometí que aprendería esa lengua, y que viviría un tiempo en esas localidades donde había nacido aquel paraíso. La literatura se aborda siempre desde el colapso infinito. No hay medias tintas. Todo sucede como una explosión en el alma sedienta. Yo quería esas palabras para mí. Todo escritor es obsesivo como la mula más terca. Hay pocos límites. Si de alcanzar algo se trata. Si no cómo malgastar el tiempo en frases que van a perderse en la inmensidad por siempre jamás. Porque la gratuidad va casi junto a este oficio, amar a la humanidad lo suficiente para entregarle lo que nunca jamás va a entregarte de vuelta. Básicamente te va a entregar: nada. Muchas gracias, siguiente. No podemos capitalizar tu inversión. ¿Literatura? ¿Para qué? Mejor ingeniería del comercio. ¿Pagarte? Por dios, tú crees que vamos a malgastar nuestro dinero en caprichos antojadizos de un ser perdido en lo que es el mundo real. No hay tiempo para ti. Dinero, ni hablar. Hay cosas más interesantes que hacer, por ejemplo aniquilar a la humanidad completa. Eso es importantísimo. Nos genera dinero no te explico. Infinito, como nuestra crueldad. Bueno, yo leí a Hannah Arendt y a esos escritores y luego ya no había vuelta atrás. Entonces como buena escritora obsesiva, me dije, esa será también mi lengua. La de la pluralidad, justicia y belleza. No conozco otra. Manos a la obra. Me tomó tiempo empezar, pero comencé a aprender. Ahora canto Blumentopf entendiendo muy poco, pero cada vez más palabras se me aparecen y me van perteneciendo. Conseguí películas de Margarethe von Trotta, Maren Ade, Werner Herzog, Win Wenders, Christian Petzold, Rainer Werner Fassbinder, Josef von Sternberg, Volker Schlöndorff, Tom Tykwer, Hans Steinhoff, Veit Harlan, para comprender ese lenguaje del milagro, para comprenderlo completo. Porque el lenguaje va siempre unido a lo inefable. Creo que lo único que me hace vivir realmente es el desafío constante. La belleza por llegar, la promesa del paraíso a cada momento. Descubrir se me da. Explorar. Sentir que mi tiempo está lleno de lenguaje, y que podré atesorar cada una de las palabras. Juntas es lo determinante. 

10 de marzo de 2026

El caos verdadero XXIV

Le está costando llegar a esta primavera. Qué se trae entre manos. Tengo la sensación que el año pasado fue el año de la desorientación y este año el de la acción. Quién sabe. Es necesario en todo caso. Me siento como la canción “Paseando por Roma” de Soda Stereo. “Ahora es hora de volver, todo el tiempo me encontré dando vueltas, es extraña esta ciudad, o yo estoy fuera de escala, ahora es hora y no fue ayer, he cambiado, pero aún mi corazón permanece intacto”. A veces no sé de qué material están hechas algunas personas. Pasé unas horas ayer en la noche a escuchar el disco “Sueño Stereo” con las luces bajas y una cerveza. Creo que sigo en esta conexión con la banda sonora de mi existencia para volver a aterrizar en algún lado. Para saber qué me traigo entre manos yo misma porque no tengo idea. Me sorprende la cantidad de horas que empleo en comprender el material del que están hechas algunas personas. Veo a las personas como urdidas con ciertos materiales específicos. Cuando logramos dar con ellos podemos saber qué se traen entre manos. Para que no todo sea dar vueltas fuera de escala. El movimiento es tan lento a veces. Como si fuera más cargar con cosas que crear. Yo tengo poca paciencia. A mí me gusta crear de inmediato. Pero como la velocidad supersónica es la mía, luego es como esa extraña ciudad donde es hora de volver. En cualquier caso, creo en el ahora, el pasado me parece siempre algo que se me escapa, y que dejo ir aunque no lo parezca. Escribir es un oficio de la inmediatez, el presente absoluto. No se pueden cargar demasiadas valijas, porque entonces la pluma se traba y no entiende bien cuál es la precisión de sus líneas. “Ahora es hora de colgar, estoy perdido en la línea”, dice Soda Stereo. Es una buena descripción sobre escribir: suele ser la hora de colgar. La tenacidad del que escribe es principalmente esto: estar perdido en la línea. Una genera vínculos que son como estar en la línea del teléfono, y luego es la hora de colgar porque siempre es el perderse. “Es mejor decir adiós, e intentar mañana”, cantan. Cada día eso, como Sísifo. Pero nunca un día es igual al otro. Por ejemplo hoy están saliendo los brotes verdes en los árboles frente a la ventana. Luego cubrirán todo y el río quedara escondido en parte tras las ramas y el follaje. Luego las nubes que van y vienen. No concluí nada ayer. Estos encuentros conmigo misma y la música son la incertidumbre absoluta. Pero disfruto. Principalmente porque en el vacío ya no se puede bajar más. Por lo que siempre es subir, como la primavera. Creo que ni siquiera puedo decir de qué material estoy hecha yo realmente. Tal vez de mineral y cuero, carbón, mármol y agua, pero no podría decir exactamente por qué. Tal vez me transformo, y cada día soy un material diferente. Fuera de escala. Tal vez el caos verdadero es la imposibilidad de comprender la sustancia exacta. “Son las doce y te llamé, desespero”, cantan. Yo también canto, y desespero. No te llamo porque doy vueltas. Pero te espero. 

9 de marzo de 2026

El caos verdadero XXII

Hay ocasiones en que la historia no perdona. Esta es una de esas. Nuestros derechos en tanto mujeres e inmigrantes retroceden. Hemos visto eso antes, sabemos hasta dónde puede llegar. Pero no nos dejamos intimidar. Ayer salimos a las calles para marchar con fuerza y entonar al unísono los cantos de la esperanza intacta. Es como que hubiésemos nacido con ella, siempre está ahí. Surge sobre todo cuando caminamos en comunidad, como este 8 de marzo. Ahí es la comprensión. De que nada aplaca esta rebeldía hacia las condiciones adversas. Llegamos hasta aquí, seguimos caminando unidxs, por qué habríamos de tener miedo, si en el grupo nos sabemos invencibles. Pero todo partió en la soledad, llegamos desorientadxs, pero con convicciones. Llegamos y no había nada, pero construimos, semana a semana, años. Tal vez porque llevamos encima generaciones de lucha. De personas, agrupaciones y pueblos que no se han rendido. Nos guía una estrella incandescente. Recurrimos a ella cuando todo es oscuro. La historia, en lo profundo, está de nuestro lado, porque quien resiste es quien tiene la última palabra. Ayer fue la fiesta de la alegría, porque así lo vivimos, con el carnaval que significa tener todavía la vida y poder perfilarla hacia ese sueño común compuesto de la historia de cada unx. El presente de nuestros anhelos nos pertenece. Como comunidad inmigrante somos un ente en movimiento. Ahí es donde estamos a nuestras anchas. Eso hicimos ayer, caminar, cantar, bailar, tocar música. Celebrar que el amor no tiene parangón junto al odio: este siempre sale adelante. Creemos en el amor, que va mezclado a la acción, porque entonces todo es más alto. No nos perdemos en que el costo de la sobrevivencia es elevado, lo que indica la persistencia de nuestros deseos. La tenacidad con que recorrimos esas calles, donde hemos construido nuestra existencia. Sabemos algo: quienes nos marginan y esclavizan no tienen derecho a hacerlo. No van a decidir sobre nuestras vidas, nuestra inteligencia y nuestros cuerpos. Bastante hemos atravesado para conocer la autonomía de nuestras aspiraciones. Mujeres e inmigrantes de América latina, comunidad inmortal. 

6 de marzo de 2026

El caos verdadero XXI

En un par de semanas tengo mi entrevista para la nacionalidad española, la de mi familia. La tierra de Cervantes. Hay cosas menos poéticas de este tipo de asuntos. Imprimir un sinfín de formularios, y la impresora no quería imprimir nada. Algo usual. Con una calma inusual en mí para estos menesteres, la traté con paciencia y cariño, y en par de días, había logrado imprimir la lista de papeles a rellenar. Me sorprendió de hecho mi paciencia y me sentí contenta de no haber tenido que ir a imprimir a otro lado. Ahora pronto ya me pongo a escribir novelas de caballería. Ya me aboco a perder la cabeza y lanzarme contra los molinos. Una ingeniosa hidalga. Hay algo de eso, sobre todo por mi imaginación desbordante. Me lanzo contra las impresoras para que me envíen los papeles que necesito. Para hacer justicia a un largo linaje de personas perdidas en el globo pero que no olvidan esa tierra que vio nacer a sus antepasados. Vamos al prólogo: “Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de la naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación?” Desde las primeras líneas es la gloria absoluta. Nacer tiene algo de eso. El problema viene después. Molinos, impresoras, en definitiva, un largo número de batallas. Para engendrar algo semejante a la propia naturaleza. El asiento de la incomodidad y la habitación del triste ruido: lo emocionante es lo entrañable de este encuentro. La misma tierra y el amor por las historias. La gran música del placer de lo más alto. Leer me transforma y ya no sé ni de dónde vengo. Perder la cabeza es mi verdadero origen. Cabalgar por las grandes explanadas. Encontrando nada: todo se trata sobre inventar. Los versos sublimes son mi pasión. Lo que impulsa el gran nacimiento de la creatividad. Cárcel y todo, pero siempre está la imaginación. La sustancia más pura del caos verdadero son quienes supieron organizar la existencia en relatos. Escoger aquello que lo modificaría todo. Yo me modifiqué. Recorrí tres países y los llevo todos dentro. Lo único necesario para las grandes batallas es la falta de uniformidad. La autonomía de lo semejante a la propia naturaleza múltiple. En los versos cabalgo hacia el infinito. Donde todo se vuelve uno. La clave es detener las batallas equivocadas. Para el amor se requiere imaginación. Escuchar las historias. Escribirlas. Ensalzarlas. Las fronteras no tienen sentido. Una misma alma dividida. Como el gran corpus literario. El nacimiento de la belleza y su capacidad de salvarnos. 

El caos verdadero XX

Vi una estrella fugaz hace unos días. Quizá hace cuánto tiempo no veía una. La luna estaba llena, y en dirección a ella una estrella se aventuró rauda a cruzar el firmamento extinguiéndose al acercarse hasta desvanecerse por completo en la inmensidad celeste. Me quedé estupefacta, sobre todo porque había olvidado las estrellas fugaces. Vi tantas en mi adolescencia y veinte años en los campamentos que hacíamos en el sur de Chile en los veranos. Horas enteras a observar el cielo recostados en la hierba y contar las que aparecían. Eran millones. No era una excepción. Me pareció un regalo. Una especie de señal de algo. Lisa, es realmente el caos verdadero, pero aférrate a las estrellas fugaces, era la propuesta. Mis padres vendrán de visita en junio, supe ayer, vamos a ir a la ópera, y probablemente a München, donde anhelo ir hace años, la ciudad de Blumentopf. Atesoro las buenas noticias en este presente convulso. Pasado mañana es el 08 de marzo y dejaremos salir el carnaval necesario. Uno que nos libere de esas cadenas que cargamos. Me intrigan las estrellas fugaces. El hecho de lo que no tiene consistencia palpable pero llega tan profundo. Los versos son tal vez como estrellas fugaces. Aparecen para reconfortarnos y luego se desvanecen. Para mí escribir es un gesto de amor. Un gesto de resistir como estrella fugaz a la desaparición cierta. Vi hace unos días la película de Alejandro Amenábar sobre Cervantes antes del Quijote. La encontré sublime. El poder de las historias. Los relatos que contrarrestan la violencia. Las historias para sobrevivir en un presente de cadenas. Para abrirlas, para transformarlas. Y luego los molinos y los gigantes. Podría vivir de estrellas fugaces, molinos y gigantes, leyendo hasta perder la cabeza, amando hasta perder la cabeza. Modificándolo todo con la mirada amable, con el corazón en ascuas, con el espíritu perdido pero decidido. He optado por las estrellas fugaces porque sé lo que me entregan cuando las obtengo: algo intenso como la luna llena. Escribo versos para convertirme yo misma en una estrella fugaz. Para ser una luna llena que ilumine mi propia oscuridad. O la de alguien más, si tengo esa suerte. Escribir para mí es el mayor gesto de amor. Las historias son la estrella fugaz de la revelación de los secretos de lo que está por venir. 

El caos verdadero XIX

La próxima semana, el día quince, es el cumpleaños número 45 de Jacques. Nació unos meses después que yo, en la misma ciudad, cubierta por el autoritarismo más crudo. El único defecto real de Jacques es que nunca se casó conmigo. Pretensión que dejé de lado hace muchos años, por supuesto, pero quedó para siempre como un defecto. Debe tener otros, pero este es sin duda el principal. No sé qué opina él. Pero aquí no importa porque esto lo estoy escribiendo yo. Pasamos unos amenos momentos este verano en Santiago de Chile. Es difícil pasarlo mal con Jacques, sabe muy bien cómo disfrutar la vida. Yo le tengo mucho cariño, y fue un día la luz de mis ojos. Ya no. Pero lo recuerdo con gran estima y amistad. De esos 45 años hemos tenido una estrecha relación por lo menos 30, con intervalos. Jacques forma sin duda parte de mi vida. Tenemos grandes batallas por nuestras diferencias, pero en otros momentos alcanzamos la paz, creo. Por qué le escribo para sus 45 años. Porque estoy agradecida, y contenta de que siga aquí. Porque ha sido una fuente de alegría en muchos momentos, aunque en otros haya sido una gran fuente de desasosiego. El amor y la amistad tienen de las dos cosas. Qué esperamos de los vínculos: que nos dejen algo. Yo tuve mucha felicidad con Jacques, y conocí con él el amor real. Comprendí la gran extensión del caos verdadero. Quisiera que sepa que he amado pocas veces como lo amé a él. Entendí la amplitud de un afecto que se prolongaba más allá de mí misma. La capacidad completa que tenía de amar a alguien. Atesoro ese talento. No es fácil. Él me amó locamente también, aunque en otros hubiera querido olvidarse de mi existencia. No nos hemos olvidado. Pero llevamos nuestras existencias separadas, por océanos, cordilleras, y formas de vida. El caos verdadero lo compartimos. Los dos extrañamos a Adam y a Olaf, y los recordamos siempre que nos reunimos. Recordamos también a Jayden. Hemos recorrido una vida juntos. Porque existir es siempre mejor en compañía. Sé que los dos admiramos nuestra libertad y nuestra valentía. Cada uno a su manera, hemos construido existencias acorde a nuestra propia música. Compartimos el amor intenso por el piano. También el amor por los viajes. Y el amor sinfín por el baile. Siempre vibramos en esa frecuencia. Jacques ha hilvanado su existencia apoyado en su íntima noción de coherencia con la fugacidad de la vida. Aprendimos esta a la fuerza. Quién sabe qué traerán estos años que nos quedan. Amor y amistad para cada uno, espero. Profundizar en esa fugacidad de la vida que tan bien aprendimos. Crear, bailar, y ser felices. A veces las expectativas más sencillas son las más interesantes. A mí me gustaría que siga aquí. Que siga siendo libre, y que sea feliz. Que no olvidemos todo lo que hemos aprendido, y que siempre contemos con la bondad. Que en cada día asoleado quede un poco de su sonrisa en mi alma. Todo ese humor que compartimos y siempre nos hizo más grandes. Queda camino por recorrer, Jacques, pidámosle benevolencia a la vida para que pasar los días sea como una caricia. Como un viaje de todos esos que hicimos por la profundidad de ese continente impresionante. No olvido nada. Que seas feliz y alcances tus sueños. Muy feliz cumpleaños. 

5 de marzo de 2026

El caos verdadero XVIII

Este lunes 09 de marzo es el cumpleaños de mi hermano Felipe: una de mis personas preferidas de la extensa humanidad. Nació un día otoñal en Santiago de Chile hace 37 años. Yo lo esperaba como se espera a una estrella que va a hacer irrupción en el planeta tierra para quedarse. Fue mucho más que una estrella. Felipe es casi la razón completa de mi alegría de vivir. Nos parecemos como dos gotas de agua. Nos gusta la música, tenemos un humor corrosivo, y odiamos el invierno. Amamos los viajes y las aventuras. Gozamos con el compartir momentos simples, igual que Sofía, su pareja, una mujer extraordinaria con la que han construido un compás de flores que ilumina nuestra familia, con sus dos gatas incluidas. A Felipe y a mí nos fascina la primavera y nunca estar estáticos. Nos gusta el calor de hogar y conversar de cualquier cosa. Acompañarse, reírse, tocar música, pasear. Felipe está en todas, es un pilar para todos, y nunca se distancia de la sustancia de los afectos. Felipe es el amor mismo, la comprensión completa de sus mecanismos y secretos. Siempre un gesto, siempre una palabra, siempre un regalo, siempre una sonrisa. Creo que existo para seguir compartiendo los millones de momentos inolvidables que hemos pasado juntos. De una inteligencia sin límites, y una sensibilidad eterna, Felipe entiende cómo se construye el oficio de vivir. He aprendido demasiado de él. Todo comenzó cuando llegó y entendí que el amor podía no tener barrera ninguna: su llegada fue una verdadera epifanía. Cuando voy a Santiago de Chile sé que siempre va a ser la revolución porque él está modificándolo todo con su cariño a cada momento. Conciliador, paciente, tranquilo, es un oasis en un mundo en movimiento constante que no es tan fácil comprender a veces. Felipe sabe muy bien lo que vale la pena, no se pierde. Nos gusta la vida y siempre hemos indagado en hacerla más grande y más brillante. Como una estrella. Felipe el Gran Capitán de las embarcaciones que traen la felicidad, guía la existencia para que el timón sepa hacia dónde ir. Si me pierdo sé que tengo que recordarlo porque él sabe cómo vivir: con amor. Mis dos hermanos iluminan mis días para saber que siempre estoy acompañada. Y sé que Felipe y la Sofía pasan tiempo con mis padres todos los fines de semana así es que tengo certeza que disfrutan y van trazando un presente juntxs. Con Felipe siempre compartimos actividades, estamos muy cerca en nuestro espíritu sediento de experiencias, scout, piano, espectáculos, viajes. Lo grandioso y lo sencillo, Felipe sabe hacerlo todo. Su alma magnánima me reconforta. Es mi propia estrella. La que sigo cuando la creatividad quiere hacerse grande. Existir requiere valentía, y Felipe no conoce atajos. Ojalá pudiera yo vibrar con esa sabiduría que él exuda. Mi mayor regalo llegó hace 37 años, y lo agradezco cada día. Feliz cumpleaños, amado hermano, tus proyectos toman forma porque sabes existir con alegría. Gracias por toda la que nos has regalado. El carnaval es constante. Te quiero mucho. 

4 de marzo de 2026

El caos verdadero XVII

Tuve que recurrir a Depeche Mode. Me recuerda quien soy cuando el movimiento es intenso. Quizá porque comencé escuchándolo en una época determinante de mi vida, cuando recién era adolescente. “Personal Jesus” contiene todo lo necesario. Tu dios personal, alguien que escuche tus rezos, alguien a quien le importa, alguien que esté ahí. Me llegó al mismo tiempo “La tregua” de Mario Benedetti, y anoté en mi cuaderno de los quince años: “Yo necesito un dios con quien dialogar, un dios en quien pueda buscar amparo, un dios que me responda cuando lo interrogo, cuando lo ametrallo con mis dudas”. Siempre fue para mí un refugio la literatura, igual que la música. Recurro a veces a esos acompañantes, los mismos de mis quince años, treinta años después. Probablemente porque a veces realmente no comprendo nada, como si una tuviera quince de nuevo. ¿Pero cuánto cambiamos en treinta años? ¿Cambiamos? A mí todavía me gustaría tener un dios personal, y uno con quien dialogar y que me responda cuando lo interrogo. La imagen de los disparos de dudas es exacta, a veces es una ráfaga de dudas y todo se vuelve realidad móvil y neblinosa. O tan transparente que ya no hay artificios que oculten la radicalidad de sus propuestas, lo salvaje de sus caminos, la señal de sus descalabros a veces sin sentido. Detrás de los actos tiene que encontrarse el amor, porque el resto siempre va perdiendo sustancia. Lo único que tiene significado es lo que va habitado por el amor. Pero ni eso entiendo yo a veces. Una procesión de errores, como se da cuenta Gabriela Mistral a sus cuarenta y cinco años, “esta verdadera espuela violenta, aplicada a mi costado, y el estupor con que he mirado mi alma desmigajada y malgastada en tanto diletantismo o vana curiosidad religiosa”. Sé que tengo pocas posibilidades de sobrevivir con dignidad a los embistes de la vida. Escogí un camino extraño y a veces incomprensible. Sé lo que es perderlo todo y aun así sigo. Tal vez eso explica la extensión de mis creencias. Esos dioses que invoco para que se ocupen cuando todo se vuelve nudo. Los dioses que habitan la música y la literatura. A esos les rezo yo, porque si no va a quedarme nada, que al menos estén los versos y los acordes para poblar esas tardes desiertas. Esas mañanas de temblor e incertidumbre. Todo se trata sobre llamar a lo que está afuera de los asuntos humanos, fuera de las interacciones, las dudas, el deseo, la pasión, las colinas, los laberintos y los relámpagos. No sé bien qué hay más allá. Pero a veces me digo que debe haber algo. Un dios personal, y uno que responda cuando lo interrogo. Que sea un diálogo. Una gran conversación con la nada. Directamente con el alma desmigajada. Ese centro de una malgastado en búsquedas sin salida. La totalidad de las cosas son un precipicio de cara a la coherencia de dar un paso luego de otro sin perder constantemente el equilibrio. En el barro prefiero quedarme para cuando mejoren los tiempos. Para ese presente que se alarga, y ese futuro que nunca existió en realidad. Presentarse en la existencia era un error desde el principio. La exigencia de asir los fenómenos de frente haciendo un esfuerzo sobrehumano para que signifiquen algo. Para que esos laberintos voluntarios e involuntarios nos dejen salir. Acercarse y tocar la fe: no me ha ocurrido. Hago lo que puedo con un puñado de palabras solitarias. Al paraíso no voy a llegar, porque no está afuera, está en cada uno de mis rezos en las mañanas de tormenta. En la calma abandonada por momentos, de un presente en tus brazos. Dios personal, abrázame esta noche, dame una tregua. Lo no explorado es lo único que me queda.

El caos verdadero XVI

Hay un tema del que no se habla suficientemente y me parece grave. La cantidad de malabares y estrategias que una tiene que crear para existir sin verse continuamente expuesta a imposiciones en la obligación de desenvolverse en un mundo con hombres. Manon Garcia lo explica muy bien en “Vivre avec les hommes. Réflexions sur le procès Pelicot”, “Vivir con los hombres. Reflexiones sobre el proceso Pelicot”. Observemos. Fui ayer a mi clase de alemán. Me senté en mi puesto de la vez anterior. Todxs se sentaron en el mismo puesto (un curso de quince personas). Salvo, una persona (hombre), que se cambió de puesto, y se sentó al lado mío. Yo no me percaté cuando llegué que se había cambiado de puesto, si no me habría sentado en otro lado, porque ya le había encontrado perfil de acosador cuando lo vi en la biblioteca antes de la clase (una tiene ya entrenamiento para este tipo de identificaciones). El resultado fue que tuve que hacer los ejercicios con él, siendo que no quería. Lo que era evidente, porque no intercambié con él más que una sola palabra cuando me lo encontré en la biblioteca: bonjour. Pero no, tenía que sentarse al lado. Hice los ejercicios casi sin mirarlo porque no quería tener que interactuar con él. La profesora le dijo de hecho a mi anterior compañera de asiento, te cambiaste de puesto, y ella replicó: no me cambié de puesto, me robaron el mío. Me surgen una serie de interrogantes. Por qué cada vez que participo en cursos, grupos o talleres, si hay hombres, hay que estar escapando de alguien. ¿Debiera ser normal esto? Es lo más incómodo que hay. ¿Qué parte de quiero aprender alemán y no tener que estar preocupada de otras cosas, no se entiende? No es complicado. Compadre, no te hablé porque no te quiero hablar. No es difícil de entender. Cuál es esta voluntad eterna de someter a la gente. Hay algo muy podrido y aceptado de la manera de funcionar del sexo masculino que en incontables ocasiones impone. Hay dos problemas en verdad, o varios, pero aquí voy a mencionar dos. El primero es que hay que instalar la idea de que no porque una participe en actividades mixtas está necesariamente buscando alguien con quien interactuar más allá del tema propuesto. Pero el segundo, y más importante, es que una puede querer, o no, pero lo que tiene que modificarse es lo siguiente: si está claro que alguien no quiere interactuar contigo, o hacer algo, no se puede imponer. Eso tiene distintos nombres, abuso, acoso, violación, y otros. No debiera ni ser necesario tener que estar diciendo que no, si no hay un sí, un indicio, algo, entonces es: no. Compadre, no quiero hablar contigo, no te conozco, me incomodas, y vine aquí a aprender alemán. La cantidad de herramientas que una tiene que desarrollar en un mundo de hombres es inacabable, siempre surgen nuevas cosas, cambiarte de puesto, vigilar tu vaso en un bar, evitar lugares, horas, personas, ropas, bloquear en redes sociales a desconocidos, pedirle ayuda a amigxs, inventar estrategias para no quedar como exagerada en los acosos insidiosos pero brumosos, decir cosas de frente que no quieres, considerar la posibilidad de andar con gas pimienta en el bolso, pensar si aprender defensa personal es buena idea, escuchar todo tipo de frases incómodas u obscenas, cambiarte de acera, practicar gritar fuerte por si te pasa algo, tener miedo constantemente, llevar encima un nivel de alerta absurdo, y saber que en cada situación habrá un esfuerzo adicional que no tiene que ver con lo que viniste a hacer. La tranquilidad en los objetivos es algo desconocido para las mujeres. Vivir en un mundo con hombres es la promesa del acoso constante. 8 de marzo: queremos vivir en paz, sin que nos acosen, nos violen y nos maten. 

3 de marzo de 2026

El caos verdadero XV

Fui a deslizarme por el cemento con las zapatillas color azul como el firmamento para sentir cada músculo de mi cuerpo adormecido por el invierno que termina. El paseo junto al río estaba recién aparecido luego de una inmersión en el caudal del río por lo que la ruta era principalmente barro. La primavera es como salir de bajo el agua, igual que el paseo. El barro queda, luego se va. En cuanto a la historia en mayúsculas, cubierta de agua: nunca sale a flote. Barro, y agua, y ahogo, todo junto. Una inmersión completa. Así están las cosas. Luego subí una escalera muy larga hacia el cerro (la que subió Napoleón en caballo para llegar a la Croix Rousse un día, no recuerdo cuál). Partí corriendo, pero era tan larga que después tuve que caminar. Si hubiese tenido el caballo como Napoleón, tal vez otro gallo habría cantado, pero no fue el caso. Sólo mis dos pies, y firmes piernas, que ya es muchísimo, para subir esa empinada escalera de pequeños escalones en los que uno pierde el equilibrio a veces. Lo perdí. Siempre lo pierdo. Soy una especie de goofy en ocasiones, ese perro de Disney, que choca con las cosas, y le suceden pequeñas anécdotas absurdas. Quisiera ser Minnie Mouse, pero no. Goofy. Una va adelante con lo que toque, si no para qué. Volví luego al paseo del río, más barro. Las zapatillas en el barro. Pero no solamente. Nunca es sólo barro. Siempre hay algo más. Por momentos cemento solo, flores por tramos. Blancas en este caso, y amarillas. Unas en los árboles y otras a ras de suelo. Y el barro. En ese segmento del recorrido no perdí el equilibrio. No caí al barro. Pero mis pensamientos sí caían. Eso no cambia. Mis pensamientos son una constante pérdida del equilibrio. En la primavera es una combinación entre literatura-feminismo-amor-música. Por separado y todo reunido. Grandes carnavales, como el que vamos a armar el domingo. A la vuelta me dediqué a leer una porción de distintos libros, como un gran carnaval también. Un poco de Goethe, de Proust, de Eva Illouz, de Judith Chemla. Asir el destino humano desde distintos lugares, como si una hubiese estado ahí. ¿Un desorden? La primavera tiene, además del barro, un componente caótico (sí, sabía que esperaban que apareciera). Siempre llega. Hace unos días bajé unas aplicaciones de esas para conocer gente, para mi propia sorpresa, porque no pensé que me aventuraría a esas lides, pero sí. La verdad que no he vuelto a mirarlas, pero lo importante a decir aquí es que una de ellas me solicitaba obligatoriamente elegir una pregunta y contestarla, para orientar a los exploradores de personas en cuanto a mi naturaleza. Sin gran motivación observé todas las preguntas. Ninguna me gustó, pero había que elegir una. Qué personaje de ficción te representa, elegí, para poder continuar adelante con la inscripción gratuita en la que me hallaba sumergida. Anoté: Frances Ha. Me pareció acorde con mi esencia caótica, y mi humor negro persistente. Anotar Goofy como que no le venía, a pesar de mi gran parecido con aquel perro en relación a su manera de existir en el mundo animado. En mi caso es en el mundo real. Yo me comporto en verdad como Frances Ha. Esto consiste en hacer un sinfín de cosas que no tienen un sentido aparente (o tal vez realmente ninguno, pero esa información se adquiere con posterioridad). Escribir Frances Ha es sin duda disuasivo para alguien que navega por la aplicación esa. Pero a mí eso no me importa mucho. Lo que indica mi nivel de motivación en relación a los posibles pretendientes que pueden aparecer. Soy muy fiel para esas aventuras. Fiel a la nada, ojo. ¿Fiel a la literatura? ¿A la primavera? ¿A quien ocupa mi corazón estos días? Nunca he podido hacer muchas cosas a la vez. Voy de a una. En estos instantes está extrañamente habitado por Judas. A quién se le ocurre. Traer a Judas al corazón. Ya sabemos cómo terminó la historia de aquel personaje, como la historia en general: mal. Pero para mí el deseo no es una ciencia exacta: le entra agua por todos lados, hasta que termino en el fondo del río. Aniquilada por el deseo. ¿En el barro? ¿Como un pequeño cerdito? Existir es una serie de equivocaciones sin remedio, pero con puntos culmines. La primavera los concede porque guarda misteriosos secretos que desafían a la ciencia exacta. Si el amor es racional, dónde está la música. Mejor el barro con los cerditos. 

2 de marzo de 2026

El caos verdadero XIV

¿No para esta gente de causar problemas? No hay tregua, se ve. Una quiere hacer su vida y no estar con el alma en un hilo de manera permanente, pero no tendremos esa suerte al parecer. Con tanto simio al mando. La primavera, una entelequia. Y los otros prometiendo aberraciones preventivas. Cómo encontrarle un sentido a tanto sobresalto siniestro. Duele, es como una especie de burnout. No me olvido de la música, pero cómo hacerlo. Me escribió Judas que quiere venir. Me parece bien. Pero nunca lo entiendo. Me excede. No digo que yo me entienda más a mí misma, pero en ocasiones renuncio a la comprensión. A veces no sé qué espero de mí misma o los demás. Por qué le es tan difícil a Judas asumir las cosas de frente. Dar la cara y dejarse llevar. De eso se trata el amor también, ¿no? Él está aferrado a la ambigüedad y su manera de funcionar me desespera. Además da distintas versiones de las cosas dependiendo de con quién hable. No me parece normal. Quién eres. Qué quieres. Por qué es tan difícil aceptar un deseo. El deseo no muerde. Creo. ¿Muerde? Tal vez ahí está el tema. La mordida del deseo. Que no deja respirar. Pero luego hay que asumirlo, en caso de seguirlo. Decir: sí, hay un deseo. ¿Cuál es el problema? ¿Duele mucho esa mordida? ¿Luego queda todo devastado? ¿Para qué más vivimos? Si no es para seguir a ese deseo que estremece. Que eleva y tritura. Si es profundo la promesa es más alta. La sombra más errática. Yo lo deseo. Hace años. Él lo sabe muy bien. Sé que no estoy sola en esto. Pero a veces se requiere valentía. Abrir la compuerta a la vida. A la primavera. A las flores intensas y sus estropicios. Puedo escribir porque estoy abierta a la vida. Porque me habita el caos verdadero. Tal vez todo se explica porque el caos verdadero soy yo misma. Ahora caigo en cuenta. No había tal separación. Tengo la pasión de una existencia llevada a cabo hasta las últimas consecuencias. Esa es la música. El ritmo indeleble que entrega la posibilidad del movimiento. Tal vez se me ubique en la oscilación, pero mis sentimientos no cambian en lo más profundo cuando son verdaderos. Y el deseo me estrangula cuando se presenta. Me hace añicos, me describe, me transforma completa y se aparece el milagro. La epifanía del arte. Eso que nos salva, cuando no hay tregua. El deseo me hace consciente de que aún poseo la vida.

1 de marzo de 2026

El caos verdadero XIII

Primero de marzo, la ciudad asoleada, la situación mundial: lloviendo. No está fácil. Tengo encima del piano una foto de Simone de Beauvoir, que da justo frente a mi escritorio (écritoire, el lugar de escribir). Me mira fijamente y me pregunta, ¿estás haciendo lo correcto?, ¿cómo va el trabajo? Sonríe, mientras me observa el día entero. Quizá ríe un poco sin conmiseración de mi desorientación por instantes. Pero parece querer decir al mismo tiempo, sigue adelante, todo llegará, tal vez. Cada día converso con ella un manual que desarrollo internamente: cómo resistir. Este manual trata sobre: cómo es esto del caos verdadero. Por momentos quisiera yo caricias suaves al atardecer, pero la mayor parte del tiempo trazo las estrategias. Como una especie de doble personalidad. Una romántica intranquila. Un ser humano hecho de las dudas más descarnadas. De la sensibilidad más apremiante. Un cerebro instalado en una nave espacial sin remisiones. Amo a la vida, y le temo. Porque el sentido hay que buscarlo sin detenerse. Siempre las grandes preguntas tocando la puerta. La abro. Para cuando intento comprender bien lo que buscan se acaba el día. Luego viene otro. Otras preguntas, o las mismas. No me queda tiempo para las suaves caricias al atardecer. Me escribió Joseph, me pregunta si quiero verlo. Observo el río con el sol que me llega entre las ramas de los árboles sin hojas. No tengo respuesta. A veces creo que la tengo, y luego no. Luego nuevas preguntas que tocan la puerta. La pequeña motivación da paso a un mar de obstáculos. Me pongo a estudiar alemán, escucho Blumentopf intentando comprender algo. Anoto una serie de palabras y las dejo sostenidas con adhesivo en la pared para aprendérmelas. Pienso en el 8 de marzo, en el largo recorrido de estos seis años de feminismo militante. Vuelve a observarme Simone de Beauvoir. Sonríe, yo sé. La estoy viendo. Justo al frente. Dame una tregua, Simone, no me queda tiempo para las caricias al atardecer. No quiere entrar en ese asunto. Tiene otras preguntas para mí. ¿Estás haciendo lo correcto? Y yo no tengo ni idea qué es eso. Leo, escribo, converso, camino. Le pido que me dé más fuerza para comprender. Que me dé más fuerza para seguir firme. Le propongo que escribamos juntas el manual interno para resistir. Porque quién soy yo para estar diciéndole a la gente lo que tiene que hacer. A duras penas lo resuelvo para mi propia vida. Simone, esto del caos verdadero, ¿tú entiendes algo?, le pregunto. Sigue sonriendo. Al lado de ella, Tori Amos, una sonrisa ambigua, en un gran sofá donde tiene las manos apoyadas doblados los codos hacia arriba. También me observa. Acuérdate de la música, me dice. Acuérdate. ¿Estás haciendo lo correcto? No me dejan descansar. El sol se va a ir tras la colina, y no he ido a correr con las zapatillas nuevas que conseguí para deslizar mis pies por el cemento junto al río. Tal vez corriendo tome forma ese manual interno de cómo resistir. El movimiento es siempre deseable. Llena de sangre mis venas, y me recuerda el caos verdadero, de donde yo vengo, adonde yo voy. Una pequeña embarcación pasa por el río a toda velocidad dejando una estela, eso quisiera yo: que cada día me deje algo. Si no es amor, que sea paz. Acuérdate de la música. 

El caos verdadero XII

Primero de marzo, de este mes feminista donde nos duele todo, pero igual hacemos la fiesta porque los contratiempos ya los conocemos. Se enfrentan bailando, cantando, tocando música, marchando por las calles, porque así es como se resiste a la violencia. Parchadxs, nuestro colectivo feminista y antirracista latino de Lyon cumple seis años. Qué hemos hecho en seis años, principalmente: resistir. Estar aquí, en esta ciudad de la resistencia, y jamás del fascismo. Nos hemos dedicado a existir con fuerza, a reunirnos, a conversar, a comprender, a apoyarnos, a frenar a los acosadores, a hacer comunidad, y a cantar y bailar por las calles. Hemos resistido: lo que es ya bastante. Aquí estamos, y este 8 de marzo vamos a marchar con decisión como siempre, por los derechos, por la libertad de existir y vivir, por la solidaridad, por la paz, y por la alegría. El gozo de estar aquí, vivas, haciendo comunidad, haciéndole frente al poder, y soñando, siempre, con un mundo mejor, diferente, un planeta donde gane el amor y la vida de todos los seres vivos. No nos dejamos amedrentar, a pesar de que tenemos miedo a veces. Pero el miedo se conjura en la conversación, en el debate, en la creatividad, en el arte, en el activismo, en la lectura conjunta. No olvidamos a nuestras hermanas, porque en el recuerdo nos hacemos más fuertes. Aunque nos roben todo, tenemos más. Tenemos una calma de quien se las ha visto con los contratiempos. Somos felices, reímos, y conocemos el sol cuando aparece. Celebramos cada pequeño triunfo. Hacemos la fiesta, igual que este 8 de marzo. Con instrumentos musicales por los caminos, cada unx eligiendo el suyo porque así es más auténtico, así brota lo más alto. La vida es un carnaval, como dijo Celia Cruz. Por qué no. Este año es el carnaval. Lo hacemos entre todxs. Y como dice Vivir Quintana: ¡Justicia, justicia, justicia!