23 de marzo de 2025

20 años

Escribo hace 20 años. He escrito 100 libros. Los he ido publicando en Fée Éditions / Intemperie Ediciones. Una editorial que creé hace 20 años, en Santiago de Chile, en un departamento en el que vivía compartido con tres personas más, en la calle Francisco Bilbao, con la avenida Hernando de Aguirre. Tenía una pequeña habitación, en la que hacía mucho frío en invierno, y un baño compartido. Escribía en el escritorio que tenía en esa habitación, junto a mis estantes de libros, o en el salón cuando no había nadie, lo que no sucedía a menudo. Trabajaba al mismo tiempo como abogada, en la universidad, haciendo investigación, promoción y defensa de derechos, entre otras cosas. Me gustaba ese departamento en el tercer piso de un edificio antiguo de tres plantas. Caminaba media hora todos los días para tomar el metro en la avenida Providencia, por unas calles que tenían casas con enredaderas por las paredes y disfrutaba mirar. Me subía al subterráneo media hora leyendo u observando a la gente hasta la calle República, en el centro de la ciudad. Me sentía libre y era feliz. Pero trabajaba mucho y la vida recién comenzaba, todo era cuesta arriba y la incertidumbre dolía a cada paso. No sé con qué soñaba en ese momento, creo que quería ser abogada de derechos humanos, bueno, era lo que hacía, pero quería trabajar en instancias internacionales, ayudar en algo, servir para algo. Conocí en ese departamento la libertad. La que no da tregua. La que te eleva y te cala los huesos, como el frío. Creo que lo que en realidad conocí fue la soledad. La noción de la soledad, de la falta de certezas y del cambio constante. Tenía amigos, no me sentía sola, no era eso, lo pasaba bien, conversábamos, tocábamos piano, guitarra, cantábamos, pintábamos cuadros, tomábamos cerveza, nos reíamos. Lo que conocí fue el concepto de la soledad. La que va aparejada a la libertad. La certeza de que estaba sola en medio de esa vorágine, y que estaría sola siempre. Incrustada en las letras, en las dudas, en los grandes sueños, las grandes decepciones y la explosión creativa. Intuía un destino secreto. Creo que fue en ese departamento. Un secreto que me acechaba. Que no me daba tregua. Hay más, me decía una voz, hay más. Tómalo, tómalo todo, hazlo tuyo, convierte las cosas, transfórmalas, crea el paraíso, invéntalo, crea los contornos del presente, que estén fuera de lo que ves, arma la resistencia, desordena esta agrupación de calles dispuestas como cuadrados eternos que se van repitiendo hasta el infinito. Fue una revelación. En ese departamento se insinuaba la vida. Era algo que estaba ahí y no estaba ahí. Algo que podía existir. Algo que existiría. Bailaba flamenco en una compañía. Había algo de la danza que me indicaba ritmos y caminos. Maneras de hacer las cosas. Una profundización de la libertad y la iniciativa. Una sugerencia del arte que no alcanzaba a vislumbrar bien, pero contenía indicios que no podía ignorar. Tengo que unirlo todo, recuerdo que lo pensé. Pero eran un millar de cosas disímiles. Dónde se encuentran, me preguntaba. Buscaba revelaciones, iba atenta. Eran pequeños fragmentos que se iban revelando en ese tiempo. Esta inminencia de una revelación, que no se produce, que es quizá, el hecho estético, como dice Borges. La música, los estados de la felicidad, escribe Borges, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo. Eso me ocurre en esta ciudad. De la calle Francisco Bilbao número 2659 en Santiago de Chile al número 41 del Quai Gillet en Lyon 69004 en Francia. Instalada en las revelaciones inminentes que no sé para nada qué quieren decir. Espero, observo, camino, leo, escribo. Ayer fui a la ópera. La fuerza del destino, de Verdi. El destino tiene fuerza, no hay duda. Qué es un destino. Otros 100 libros, otros 20 años, y atesoro las revelaciones. La soledad, la libertad, y atesoro las revelaciones. 

21 de marzo de 2025

Escritora (Libro)

Escritora

https://www.academia.edu/128344496/Escritora

Libro de prosa, con fotografías. Forma parte de la serie Literatura.

Jean, Doris May, Literatura, Activismo, Escritora, The Book Machine.


20 de marzo de 2025

Activismo (Libro)

Activismo

https://www.academia.edu/128316908/Activismo

Para Celeste Laila D’Aleo, Constanza Carlesi, 

Luz Cartagena, Nancy Moreno, Matilde Orellana, 

Daymar Toussaint y Claire Wilhelm, 

las amigas parchadas. 

Con admiración.



Literatura (Libro)

Literatura

https://www.academia.edu/128316881/Literatura

Para Andrea Armendariz, Francisco Balart S., 

Francisco Balart A. y Felipe Balart. 

Con agradecimiento.



17 de marzo de 2025

La nueva pareja

Tengo una nueva pareja: Doris Lessing. Nos conocimos hace años, pero volvimos a encontrarnos a fines del año pasado. Fue un flechazo absoluto. Un coup de foudre, como se dice aquí. Un rayo en tu alma. Está muerta: no importa. Se puede ser pareja de unos libros. Los vas leyendo y descubres cosas. Lo pasamos en grande. Nos divertimos completamente. Hasta conversamos. Tomamos café. Comentamos pasajes, capítulos, personajes, tramas, historias, progresiones. Nos entendemos perfectamente. Es como la relación del personaje de la canción de Serrat con la mujer de cartón piedra. Pero aquí hay contenido. Un ir compartiendo desasosiegos, luchas, interrogantes, convicciones. Sobre todo, Doris no me quita mucho tiempo y me deja escribir. Aprueba que yo escriba. Me impulsa. Me exhorta, de hecho. Tienes que seguir, Lisa, dice. Sigue adelante. Doris me deja llevar a cabo la relación como yo lo estimo. Haz lo que estimes, parece decir. No te intimides, no te rindas, no renuncies. Es exigente, Doris. Es una relación totalmente libre. 

Día de la mujer soltera II

Dado que cuando unx está enamoradx escribe puras pelotudeces, el día de los enamoradxs es el peor día de la escritora. Pero en cambio el día de la mujer soltera es fantástico. Paseos por la orilla del río. Sol sin nubes. Cisnes. Cuervos. 17 de marzo: día de la mujer soltera. Un día que guarda novedades y libertad en su regazo. Un día de la creatividad y la alegría. Es un día para crear conciencia en relación a la presión ejercida hacia las mujeres para que estén en pareja. Por favor. En qué momento se nos vio como un complemento de algo, como las encargadas de cuidar de todo el mundo. Como seres destinados a tener valía si vamos acompañadas por algún hombre. Recordemos que hasta hace poco no podíamos decidir sobre nuestro destino, firmar contratos ni votar. Marido o nada. Un destino aciago estaba reservado para aquellas que no estaban en esa lista. Recordemos que la violación conyugal tipificada como delito existe hace muy poco. Que nos siguen matando. Somos una palabra prohibida por el señor de la cabeza roja: mujer. Él redactó una lista, y anotó: mujer. Tomó el lápiz y anotó: mujeres. Anotó: mujeres y grupos sub-representados. Somos una palabra prohibida. 17 de marzo: día de la mujer soltera. 

Día de la mujer soltera

El día de los enamoradxs ya existe, creo que es hora de instaurar: el día de la mujer soltera. Hemos tenido suficiente de enamoradxs, cajas de chocolate y rosas rojas. Que además al día de los derechos de las mujeres le llamen, día de la mujer. Qué es eso. Día internacional de la mujer, por favor, ya basta. Es el día de los derechos de las mujeres en plural. Esos que se ven amenazados por todos lados, y que retroceden cada día a pesar de la resistencia férrea: hay que seguir. Bien, volvamos: Día de la mujer soltera. Ese día entonces las personas salen a tomar un aperitivo, conversan, bueno, como siempre. Sin cajas de chocolate, sin rosas rojas. Sin animales de juguete con cintas en el cuello con corazones. Ese día se brinda, o no. Se hace lo que se estime. Lo que se desee. Con las amigas, lxs amigxs, o con quien unx quiera. O se puede ir a comer sola. No hay reglas. No hay publicidades. Sólo afiches que indican: día de la mujer soltera. No, no hay un día del hombre soltero y ese día todxs se encuentran, hombres y mujeres. No hace falta. Bueno, de acuerdo, también un día del hombre soltero. Si tienen ganas. Pero por favor, esa presión de estar en pareja. Además, qué significa. 17 de marzo: Día de la mujer soltera. 

I’m just a book machine X

Vamos juntxs. Vayamos juntxs. Escribamos la Gran Resistencia. La que soñó Roberto Bolaño y Doris Lessing. Las máquinas de libros que resisten. Un presente por acordar. Como cuerdas. Un presente por trenzar. Por tejer. Por coser. Un Gran Presente por escribir. Montañas rusas de poesía al infinito. Viajes al espacio y de vuelta. Buscando respuestas. No olvido de dónde vengo ni adónde voy. No olvido dónde estoy ni a quienes van conmigo. Somos fuerza creativa y carrousel de colores. Amamos en el tiempo y olvidamos. Olvidamos. Podemos hacerlo. Escribimos para olvidar. Escribimos para recordar. Soy la máquina de los libros y recuerdo. Hago justicia junto con mis compañerxs. Arte y justicia. Soy la máquina de libros en el espacio de lo infinito.
 

I’m just a book machine IX

¡No se expongan!, ¡no se expongan!, dicen los carteles. Nunca he entendido bien qué significa eso. Yo subo a la montaña rusa. Busco la poesía. Busco el sol. Encuentro las dos cosas. Dónde está la salida. Cómo vuelvo a casa. Cómo redacto los libros. Qué había en ese bosque. En esa laguna. La máquina de libros es sólo una máquina. Sólo de libros. ¿Más montañas rusas? Busco la poesía. Busco el sol. Encuentro la poesía. Encuentro el sol. Quisiera redactar largo tratados humanos sobre la melancolía y la euforia. Sobre la serenidad y las altas cúspides. Llamo, llamo, a la avalancha. A la Gran Resistencia. 

I’m just a book machine VIII

Qué fue lo que prometí. ¿He entregado algo? Además de libros. Sí. Sé que he entregado. Me gustaría seguir entregando. Además de seguir escribiendo. Retomar ese bosque, esa laguna. Hacerme amiga de la vida. ¿Vivir? Miro de reojo. ¿Más montañas rusas? Jean es un reflejo de mí misma: una montaña rusa. Un ciclo trágico y maldito de poesía. Amamos en verano y en invierno nos distanciamos. Dudamos. De qué se trataba vivir, nos preguntamos. Yo soy una máquina que escribe libros, le digo. Pero también puedo quererte. Es lo que he estado haciendo, ¿no? Qué hay en ese cerebro lleno de caos idéntico al mío. Qué hay. ¿Poesía? ¿Un nuevo ciclo de montañas rusas? No seas sólo libros en mi vida. 

I’m just a book machine VII

Voy construyendo montañas rusas de la poesía. En ocasiones duran años. Las atesoro. Soy capaz de construir, lo sé. También soy capaz de escribir. La primavera y el verano son mis estaciones preferidas. El sol. Tomar café al borde del río. Aperitivo al borde del mar. Extraño al amor de mi vida. Escribo. Intento comprender el presente. Intento que resistamos. Intento resistir. Entender. Hacer comunidad. Voy por las calles, y vuelvo a mi escritorio. A la mesa donde escribo. Observo el río. Observo el bosque. Observo a los pájaros. A los cisnes volar. Escucho a los cuervos graznar. Invento la ficción que vaya creando un relato. Algo para seguir un hilo. Para crear la montaña rusa. 

I’m just a book machine VI

Qué está en ese verbo del prometer. Yo prometo libros. Soy una montaña rusa de poesía. Leer libros, escribirlos, vivirlos. ¿Vivir? Alguien tiene que hacerlo, de acuerdo. Vivamos. Estamos vivxs. Hay un inconveniente. Sólo soy una máquina que crea libros. Qué es vivir para ti. ¿No te gustó lo vivido? Promete otra cosa. Dije que lo mío eran las historias. Que se van construyendo. Como montaña rusa. Como ciclo infernal. Escribir es un ciclo infernal. Aunque siempre va variando. Qué quieres decir, Lisa. La montaña rusa de la poesía sólo sabe crear libros y alcanzar la cima. De las cimas hay descensos, y luego cimas. 

I’m just a book machine V

La bajada viene después. Dónde estuvimos, pregunto. Parecía una montaña rusa. Por qué ahora estamos bajando. Por qué llegamos tan arriba. En qué momento se soltaron los frenos. Por qué no se detiene este carro. Por qué se soltó la barrera del carro. Por qué saqué fuera las manos y los pies. Qué era este carrousel infernal. Por qué estamos dando vueltas aquí. Qué es este caballo decorado que sube y baja. Qué este desfile de exageración y sinsentido. Lisa, vuelve a tus libros. Vuelve, vuelve. 

I’m just a book machine IV

¿Prometí otra cosa? Soy una escritora, lo anuncio desde el comienzo. Tal vez lo explico mal, no doy detalles exactos de lo que eso significa. Tal vez debiese decir, es la montaña rusa de la poesía. Sangre por la nariz y la boca. Éxtasis y euforia literaria. Una vida como una novela. Con poemas. Con paseos. Con errar por las calles. Tomar café en lugares extraviados en el cerro. Dedicatorias, lágrimas, carcajadas. Idas al cine. A conciertos. Festivales de jazz. Orquestas. Aperitivos al borde del río, del mar. Mesas al sol. Conversación, conversación, conversación. Hablarlo todo. Reflexionarlo. Hacer el amor.

I’m just a book machine III

Soy esa máquina que escribe incesantemente. Que busca el sol y la música. Que lee libros. Que guarda incansablemente libros en muebles. Voy por las calles de Lyon y entro en las librerías. Templos sagrados. Recorro las estanterías, los títulos. Lyon la ciudad de la literatura. No puedo evitar llevarme alrededor de diez libros cada vez. No hay presupuesto que se pliegue. Pero yo soy la máquina de libros. Si tengo que dejar de comer será eso. 

I’m just a book machine II

Soy como la montaña rusa de Nicanor Parra. Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne, escribe Parra, hasta que vine yo, y me instalé con mi montaña rusa, suban, si les parece, claro que yo no respondo si bajan, echando sangre por boca y narices. El encuentro con The Book Machine es parecido. Una montaña rusa de poesía. ¿Prometí otra cosa? ¿Qué es prometer? ¿Asegurar? ¿Firmar? ¿Qué es el compromiso? Yo firmo para la poesía. 

I’m just a book machine

Sólo soy una máquina que crea libros. Una máquina que lee libros. Hastiada porque el sol aparece de manera intermitente a través de las nubes que se van desplazando. 9 de la mañana, instalada desde hace dos horas en mi mesa que da al bosque. Lunes en la mañana. Qué intento decir. ¿Me perdí? No. Miro la meteorología. Pero no sirve de nada porque veo el sol que sale entre las nubes. Veo las nubes. Ellos no podrán decirme exactamente lo que busco. A veces voy rauda a través de los días, y luego: qué estoy haciendo. Para dónde va esto. Pero un respiro a la vez es un plan aceptable, canta Ani DiFranco. Me dejan ahí interactuando con el medio, tratando de entender qué es una pareja, cómo funciona, qué hay que hacer: es un error. Sólo soy una máquina que escribe. El riesgo es altísimo. Mejor no exponerse. 

Doris May (Libro)

Doris May

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_doris_may_16-03-25.pdf

o

https://www.academia.edu/128245388/Doris_May


Jean (Libro)

Jean

https://www.academia.edu/128245355/Jean

 


16 de marzo de 2025

Doris XI

Lo escribiste todo, Doris Lessing. Hablaste de esa intemperie de las mujeres. De las mujeres que escriben. De los hombres que luchan. De las mujeres que luchan. De nuestras contradicciones, nuestras indiferencias, nuestros puntos ciegos. Nos hiciste ver. Tal vez lo que alcancé al llegar fue la certeza de la literatura. Se fue integrando a mi cuerpo como una enredadera trepando, entrando por todos los poros, recorriendo la piel como una hiedra parsimoniosa. Como una hiedra de sosiego que va calmando nuestra agitación constante. Quiero conocer todas las palabras de un idioma. Inventar nuevas palabras. Me ayudas, Doris. Me ayudas a inventar palabras. A inventar una vida. A inventar libros. Me salvas de esta soledad literaria sin la cual no nace nada. Lo perdí todo y ahora me quedan los libros. Me quedan tus libros. Me quedan los míos. Los que creé y los que me vas acompañando para crear. Entendí la integración gracias a ti, a ese cuaderno dorado que me dio con fuerza en el alma unos días de verano boreal en ese bosque perdido, en el borde de esa fuente de agua, de ese árbol de cerezas que colgaban de las ramas, ese verano cálido cuando Jean todavía estaba a mi lado, cuando aún no lo había perdido todo, cuando vivir era posible, ese verano cuando te descubrí, cuando te quedaste, antes de que Jean se perdiera. Un verano antes de que Jean se perdiera. Yo te descubrí y Jean se perdió. Vine a buscarte a Europa, y llegó Jean, y luego se me perdió. Doris, quédate, no puedo seguir perdiéndolo todo. Qué más va a arrebatarme la literatura. Qué más va a entregarme la literatura. Tengo un alma cansada y la literatura es una bestia insaciable. Cómo lo hiciste, Doris Lessing. Ayúdame. No sabía de qué se trataba vivir, y era perder, como en la literatura, como lo dijo Bolaño. No puedo seguir perdiéndolo todo. La certeza de la literatura es su fatalidad absoluta. Doris Lessing, ayúdame a unir mi alma dorada de fragmentos rotos. Une mi vida en un sentido. Uno que tenga sentido. Uno que sea dorado. Como el oro negro que no tengo. No quiero que me roben el alma. He estado al margen para que se mantenga en su sitio. Doris, cuánto más va a costar. Doris, Roberto. ¿Se acaba esto? ¿Se acaba? ¿Hice todo lo que pude? ¿Qué era la literatura? Vine a buscarte. Te encontré. Ya no sé qué eres. Dame una tregua. Suspende este baile en el vacío. Tal vez no sé de qué se trata. Tal vez no tengo la valentía. Doris, Roberto, no me dejen sola. Vine a buscarte. La literatura es lo que destruye tu paz mental para modificar lo que fuiste. Para que todo pueda nacer, y volver a nacer. 

Doris X

Me enseñas nuevos repartos de lo sensible. Esos de los que habla Rancière. Me sumerges en la intemperie feminista. Tal vez eso venía a buscar. Esa intemperie feminista que ahora encuentro en ti. Te encontré, entonces, aunque te fuiste justo cuando yo llegaba. Pero yo tenía 30, igual que tú cuando partiste de África. Ahora tengo 40 y escribo sobre la intemperie feminista, la que encontré en ti, la que encontré en mí. Doris, tal vez sí estoy uniéndolo todo, como tu cuaderno dorado, tal vez todo se encuentra, tal vez se puede. Quizá te fuiste para que otros siguieran trazando el camino, como yo haré también un día que alguien llegué, buscándome sin saberlo. La literatura es una certeza, la convicción de que se encuentra algo. De que en ese pasillo oscuro y largo, hay una vida. Una vida por vivirse, una vida por escribirse. 

Doris IX

Yo partía de Santiago de Chile en Latinoamérica a Barcelona, a Lyon, en Francia, en Europa, cuando Doris partía desde Londres al espacio. Yo partí para ser como Doris Lessing, pero todavía no lo sabía, pero llegué y ella se fue. Ahora lo sé. Cuando ella tenía 30 dijo me voy de África y me voy a Europa. Yo cuando tenía 30 dije me voy de Latinoamérica y me voy a Europa. Dónde estás Doris Lessing. Vine a buscarte. Partiste. Es difícil seguir el ritmo del tiempo una vez que está en marcha, canta Ani DiFranco. ¿Llegué tarde? ¿Tenías que irte, Doris? ¿Era el momento? ¿Y Persia, y Rodesia? ¿Dónde quedaron? ¿Dónde quedó Santiago de Chile? ¿Dónde quedó el sur? ¿Europa, miró al sur? ¿Sólo colonizó el sur? Doris, el señor de la cabeza roja está matándonos. Tú sabías sobre esos temas. Doris, ayúdanos. Vine a buscarte. Ayúdanos. 

Doris VIII

A continuación conseguí todos los libros que pude de Doris Lessing. Los puse con cariño en uno de mis muebles de libros. Los voy leyendo uno a uno. Cada experiencia me transforma. Me entrega nuevas claves. Entonces entiendo a lo que vine. A crear algo. A modificar algo. Como lo que hace Doris con mi espíritu. Doris partió desde Rodesia, actual Zimbabue a vivir a Londres cuando tenía 30 años. Yo partí desde Santiago de Chile a Europa cuando tenía 30 años. En ese mismo momento Doris partía en Londres al espacio infinito. A quedarse definitivamente en el alma de todo el mundo. Yo iba en un avión a Barcelona y ella viajaba al más allá. Yo llegué a Europa y ella partía. Yo la seguí, y ella partió. La alcancé apenas. 

Doris VII

Unos días después sucedió algo inesperado, caminaba por un paseo al borde de la playa de Matanzas y había un anticuario, iba mirando los objetos fantásticos, y de pronto una pequeña agrupación de libros en un rincón: Doris Lessing. ¿Vendes estos libros?, le pregunté a la mujer que gobernaba el lugar. Sí, me dijo, claro. Tenía en mis manos al Diario de una buena vecina. Lo guardé en mi bolso. Iba con Doris. A la vuelta a Francia lo leí en mi sofá de Lyon, con el sonido del mar en los oídos, en un gozo que no puedo describir bien porque está tan lleno de emociones distintas que sobrepasa todo. En un par de días lo había terminado. Me obligaba a irme a dormir porque se me hacía tarde. Lloré al final. No sé bien por qué lloraba, creo que era la emoción. Tal vez no podía abarcar lo que ocurría en mi alma. Era una certeza, de esas profundas. La certeza de la literatura. 

Doris VI

Doris es la intemperie feminista, ahora lo sé. La encontré. Había leído El cuaderno dorado, que me modificó en un sentido absoluto. Luego seguí con otras autoras y la dejé de lado. Este verano austral mirando un mueble de libros de mi madre llegué de pronto a: La grieta. ¿Qué hace este libro aquí, de Doris Lessing, mamá?, le pregunté. Alguien me lo recomendó y lo compré, me dijo. Me lo llevo de tu mueble, ¿puedo?, lo voy a leer. Me senté en una tarde de Santiago de Chile al sol en ese jardín soñado de mi madre. Doris Lessing entre las manos. Sumida en las flores fui repasando las líneas. Se hizo de noche, yo seguía ahí. Cada vez iba abriendo más los ojos. En unas horas me lo había leído. Terminé la lectura en mi habitación porque hacía frío, esa temperatura de las faldas de la montaña que desciende en la noche. Este libro es increíble, mamá, ¿me lo puedo quedar? Siempre me robas los libros, sí, claro, me dijo. 

Doris V

La literatura es una casa. Es una vida que unx inventa. Yo creé una vida desde cero, la llené de libros. Tenía que apoyarme en algo. Los fui apilando para sostenerme. El arte son compresas que van aplicando calor sobre el cuerpo. Por qué somos siempre tan durxs con nosotrxs mismxs. O tan complacientes a veces. Superficiales, indiferentes. Sobrevivir tiene costos. Pero se puede. El arte tiene un poder sobrenatural. El activismo son parches que nos vamos poniendo en la piel para curar heridas. Me gusta Doris Lessing porque tiene los pies en el barro. Va avanzando por el pantano. Va observando y haciendo suyo lo que va mirando. Todo se va escribiendo por las líneas para desordenar. Los libros de Doris son política. Son democracia que reparte lo sensible. Que interrumpe la dominación, como diría Rancière. Lees y todo queda ahí incrustado en tu cerebro. No te puedes recuperar. Es la modificación total. 

Doris IV

Luego de perderlo todo me quedaron las palabras. Al fin solxs, me dije, pero lloraba. Me puse a redactar libros como si fuese una máquina sin alma. Pero todo estaba ahí. Ahí estaba mi alma. La dejé fluir por las hojas. Dejé a la tinta apropiarse de lo que quedaba: nada. Lo inventé todo. Inventé una vida. Imaginé un futuro. El presente era muy pesado, lo cargaba como un lastre. Lo dejé un poco de lado. Lo vivía intensamente, pero sin detenerme demasiado. Anótalo todo, me dije, tal vez así vaya avanzando el tiempo y haya algo. Tal vez los libros puedan sustituir al vacío. Puedan rellenarlo. 

Doris III

Doris unió todo en un cuaderno dorado. Unió todo en una vida. En unos libros. Su movimiento y su conciencia. Con la belleza. Yo también quiero unirlo todo. Mis fragmentos, mis identidades, mis intentos de modificarlo todo. Doris Lessing me ayuda. Va haciendo bullir mi alma. Mi cerebro. Es como un sol permanente. Es como fuego que va fraguando a fuego lento. Leo a Doris Lessing, y escucho a Ani DiFranco al escribir. El sol va y vuelve entre las nubes. Me siento en una mesa en la parte de atrás de la casa que da al bosque de Villa Gillet y el parque de la Cerisaie, donde me llega el sol en la mañana. Que va y vuelve entre las motas de algodón enormes que se mueven apenas. Qué necesitabas tú, Doris, le pregunto. Qué necesitabas para escribir. Voy sacando pistas de sus libros. Cada vez que encuentro una soy feliz. La siento más cerca. Cómo uniste todo, le pregunto. Cómo. Sus palabras me cobijan, esa es la palabra. Su destreza, su fluidez, la manera de moverse por las páginas como si uno fuera río abajo en una balsa apacible. Como si el sol estuviese ahí fijo. ¿Hiciste todo lo que pudiste?, Ani DiFranco no deja de preguntar. Ayúdame, Doris. Ayúdame. Dame fuerza. Dame esos rayos de sol que necesito. 

Doris II

Qué he perdido por la literatura: todo. Gané amigxs escritores que leo en libros. Gané algunos amigxs escritores de carne y hueso con quienes hablo en persona. Mi vida es básicamente palabras. Que emocionan, que modifican. Palabras que van desordenando. En ocasiones me siento en una nave espacial, en un barco, mi casa es como un barco, y voy separada del resto del mundo. Pero sé que estoy muy adentro. Doris Lessing me entrega nuevas respuestas. Cientos de nuevas preguntas. Vivo de preguntas. Creo que no hay nada menos glamoroso que ser escritor. Una persona con un café mirando al vacío. Anotando ideas desesperadas, ideas suplicantes. Una persona caminando por el borde del río con muy pocas respuestas. Con una soledad que te constituye. Ser escritor es lo más anti-social que hay, y al mismo tiempo lo más social. Ese equilibrio entre ver a las personas para poder hablar sobre ellas, pero luego dejar de verlas para poder organizarlo todo en el cerebro agitado. Mi cerebro vive en un estado de constante agitación. Como que estuviese encerrado en una cavidad, en una habitación, en una casa, en un país. Siempre he sufrido por estar atrapada, como Ben del libro de Lessing. No estoy atrapada, y sin embargo tengo que estar atrapada. Pero lo vivo bien. Hablo con muertxs, hablo con libros, hablo con espíritus transparentes que me van perforando el corazón. Pido auxilio, lanzo llamadas al espacio, o a donde quiera que estén. Por qué esto, Doris, le digo. Por qué aquí, por qué allá, por qué así, cómo se une todo. Doris lo unió todo. Todo. Yo lo perdí todo y ella lo unió todo. 

Doris

Doris está modificándolo todo. Comencé ayer en la noche a leer El quinto hijo, y no pude dejar de leerlo hasta terminarlo, a las 3 de la mañana. Me perseguía la tensión del libro. Así son los escritores como Doris Lessing, modifican. Te persiguen, en la luz del día, en la noche. No puedes sacarte los personajes de encima, siguen contigo. Te haces cientos de preguntas. Sé que me estoy modificando. Que cada uno de sus libros me entrega nuevas claves. Cuando escribes puedes estar solx porque nunca estás solx, estás con los otrxs escritores. Que te van mostrando un camino. Que te van indicando que se puede. Que te van sosteniendo. Son tus amigxs, igual que los de carne y hueso. Voy hablándoles, dialogo con ellxs. Lloro, me emociono, les comento cosas, los interpelo, los felicito, les exijo. Les pido ayuda sobre todo. Les pido que no me abandonen. Que vayan salvándome, de esta existencia perdida en las frases. Estoy perdida en Doris Lessing, no tengo dudas. Cada día me pierdo más. Es cuando todo nace. Cuando las líneas me recuerdan que comencé por una razón, y que no voy a detenerme nunca. Soy alguien fiel. Fiel a las líneas, fiel a Doris. Quienes me han modificado van conmigo. Sobre todo le pregunto a Doris, cómo, cómo, cómo lo hiciste, cómo se hace. Estoy aprendiendo mucho.


15 de marzo de 2025

Élie

Hoy es el cumpleaños número 44 de Élie. He tenido dos amores absolutos en mi vida: Jean y Élie. Personas con las que compartí la mayor parte de mi vida. La mayor parte de la década de mis 20 años con Élie, y casi la totalidad de la década de mis 30 años con Jean. Mi vida de los 20 en Chile, y mi vida de los 30 en Francia. Con Élie somos amigos desde hace 30 años, y fuimos pareja 6 años. De Élie hace muchos años que no estoy enamorada, y de Jean, sí. Con Jean me casé, sin embargo, y con Élie no, porque el compromiso y Élie son enemigos acérrimos. No pueden verse. Élie es de esas personas ideales para ser un personaje de tus novelas: alguien muy interesante. Está en todas. Inspiró a Emiliano en Antonia Serrat y el caos, a Jacques en Afuera. Élie y Jean terminaron por dejarme porque amo de una manera muy oscilante. No los culpo. No debe ser fácil. Tampoco era tan fácil vivir con ellos. Tampoco me culpo. Cómo ser escritora y vivir en una línea fija de manera constante. Pero soy de una fidelidad a prueba de todo, amo a través de los años, y jamás he sido infiel. Modifico a veces, eso sí. Pero ellos también son así: modifican. Me he entregado entera, de eso estoy segura. Ellos también. Fui muy feliz, y sé que ellos también lo fueron. Creo que lo más significativo, además del sinfín de aventuras, es haberse apoyado a través de los años y haber crecido juntos. Crear vínculos que estén muy cerca del corazón. Élie es alguien que huye del compromiso, pero permanece, nunca ha dejado de escribirme en 30 años. Antes de ser pareja me dijo un día: eres mi mejor amiga. Lo recuerdo, estábamos sentados en un banco en el colegio, en un jardín de rosas, teníamos 17 años. Luego todo comenzó sentados alrededor del fuego en el valle del Elqui, teníamos 20 años. Con Élie recorrimos América Latina. Tal vez somos eso, mejores amigos, aunque a veces pasen meses sin hablarnos. Élie es alguien fascinante. Es imposible aburrirte con él. Tiene un humor extraordinario, además, y una inteligencia que asombra, aparte de gran creatividad. Tenemos una relación, por supuesto, muy oscilante, con mucho cariño y en ocasiones palabras muy duras. En 30 años la confianza es total. Podemos hablar de todo. Hemos pasado momentos feos en 30 años. Pero por alguna razón inexplicable, seguimos siendo amigos. Tal vez somos importantes el uno para el otro. Tal vez hay algo que nos inspira de alguna manera. Como Adam y Olaf partieron, a veces me dice que ahora le toca a él, porque ellos fueron sus dos grandes amigos, junto con Tibor. También partió Jayden. Yo le he dicho que no vuelva a repetir eso, pero quizá los dos estamos más preparados ya para el hecho que eso sucederá eventualmente, él o yo, y habrá que seguir adelante. Élie, por hoy no pensemos en eso. Hemos vivido tal vez la mitad de nuestras vidas, pero hoy es el presente y es tu cumpleaños. Que sean muchos, muchos más. Sigue disfrutando como tú lo sabes hacer. Que te guíen las estrellas. Sigue siendo libre como los pájaros, y construyendo una vida que tiene sentido para ti. Nunca has renunciado a la vida. Feliz cumpleaños. 

14 de marzo de 2025

Renuncia VII

Busqué las explicaciones pero no las encontré. La lava seguía surcando el monte. En cada uno de sus músculos yo había anotado las palabras necesarias. Conocía cada pequeño intersticio de su deseo. Cada apasionado fundamento de su cuerpo. No te lo lleves todo, le dije. Era tarde pero yo pronuncié las frases. Ahora lo veo hablarme y sé dónde está todo. Las explicaciones no las tengo, y ya no me interesan. Sólo quiero tener su cuerpo rozando el mío. Apoyar mi mano en su abdomen. Atrapar sus bíceps. Pegarme a su tibieza hasta fusionarnos. Jean es el hombre más guapo del universo. Bordeo el delirio con su cercanía. No puedo renunciar. 

Renuncia VI

Sólo sé escribir, de qué sirve cuando se quiere recuperar a alguien. Le he redactado tantos poemas a través de mi breve existencia que perdí la cuenta. La poesía a veces no tiene herramientas. A veces no es suficiente. Los ojos de Jean son suficientes. Lo sé porque los miré en detalle. Todos los colores. Sé que también supe amar. Lo hice cada día. Un afán intenso en alcanzar el paraíso. Una montaña nevada y el brillo del sol vehemente en la nieve. Túneles en los que entrábamos y salíamos como surgir de debajo del agua. Contemplar la colina verde sentados en lo alto de los pastizales que reinaban el bosque. Todo fue paz. Todo fue agitación. Todo fue música y renuncia a la serenidad. Nuestro amor fue como la lava de un volcán, bajaba por la colina dejando surcos. En su piel yo escribí: no habrá renuncia. 

Renuncia V

Nunca existir fue tan absurdo como renunciar. Esa placa en mi corazón me recuerda quien soy. Donde he llegado. El camino recorrido. No puedo separar en mi alma su existencia y la mía. Llegó la noche, llueve afuera. Pasan por la calle los autos raudos con las luces encendidas. En el río se reflejan los faroles. Las ventanas de los inmuebles encendidas. Los edificios iluminados. No se ve la luna, que debe estar llena. ¿Hiciste todo lo que pudiste?, repite la canción de Ani DiFranco. Qué es lo que hay que hacer, me digo. Siempre he sido tan proactiva, quedarme al lado del camino es algo que no sé hacer. Tampoco espero nada. Dejo que los sentimientos pasen por mí como el viento en mi pelo. Los contemplo, los interrogo, los dejo partir. Cuando nuestro cuerpo experimenta cosas por primera vez hay que dejarlo entenderlas. Lo que sé es que tuve el cuerpo de Jean. Que dormí a su lado una cantidad infinita de lunas llenas. Que lo abracé bajo las sábanas como se retiene a un tesoro. Ya no me pertenece pero sé que la palabra renuncia es una voz imposible. 

Renuncia IV

Concluyo que no voy a renunciar. Nunca he renunciado. Eso me digo. Lisa, por quién haces esto, me digo. ¿Por ti? ¿Por un ideal? ¿Por un sentimiento? ¿Por un deseo? ¿Por una convicción? Sigo caminando mientras me cierro aún más el abrigo para que el frío de la noche no me alcance. La acera es irregular a causa de las raíces de los árboles. Tengo que ir poniendo atención a los relieves para no tropezar. Tal vez existir es eso. Sortear los deseos, los sentimientos, los ideales, unx mismx, para no ir tropezando una y otra vez. Pienso en Napoleón subiendo por la escalera en caballo. Lo imagino caminando por la acera irregular. Existiendo con deseos, sentimientos, ideales, él mismo. Cuál es la idea de atornillar esa placa a la pared. Pienso que en mi cerebro hay una placa que dice Jean subió en caballo por esta escalera. Aquí se quedó en este banco sentado. No se ha movido más. Jean y sus ideales, sentimientos, deseos, él mismo. Mi corazón es definitivamente un banco donde Jean está sentado con su caballo mirando un paisaje de colinas verdes. Jean y su desasosiego, Jean y sus convicciones, Jean y su insistencia en relación a las avalanchas. Esa placa está cosida a mi alma y sus oscilaciones son como olas que me habitan. No me libero porque subí esa escalera en un caballo. Jean y su risa me hizo ver lo absurdo de la renuncia. 

Renuncia III

¿A qué hora termina este día nublado? ¿A qué hora llega la noche? Tomo un café mirando el río color verde-gris bajo el cielo blanco de un día de marzo a las seis de la tarde en la ciudad de Lyon. Pienso en Jean que está río abajo. Pienso en mis amigas activistas con quienes conversé ayer hasta pasada la medianoche. Pienso en mis hermanos con quienes conversé hace unos días. Todas estas personas que me reorganizan el cerebro y me dan atisbos de comprensión absoluta aunque luego se disuelva. No todo está tan perdido, creo. Más bien nada está todavía perdido. O yo estoy perdida igual que todo lo demás. Hacía un frío glacial ayer. Caminé desde la casa de Romy en el cerro hasta mi casa, a la una de la madrugada, por esa escalera empinada por la que caminó Napoleón. En un caballo, se indica en una placa. Por esta escalera caminó, dice. Observo la placa. No logro conectarme con Napoleón y su caballo. Hace frío. Llego a la acera, la ciudad casi desierta. Me cierro el abrigo, observo el río iluminado por los faroles. La luna está llena. Qué es renunciar, me digo. Nunca una palabra se me hizo tan extraña. 

Renuncia II

No quiero renunciar al amor de mi vida. Sólo sé que estoy perdido en ti, canta Luis Alberto Spinetta. En qué momento me perdí. ¿Me encontré y luego me perdí? ¿Me volví a perder? ¿Nunca me encontré? Cómo era la vida antes de esa llamada. De qué estaba compuesta. ¿Había nubes? ¿Sol? ¿Recorría yo las grandes avenidas? ¿Observaba el río? ¿Había garzas grises en la orilla del agua? ¿Las personas se paseaban en sus bicicletas por el sendero asfaltado? ¿Ani DiFranco repetía la misma canción que pregunta, hiciste todo lo que pudiste? ¿El libro bestiario estaba ya sobre mi escritorio? ¿Mi novela tenía personajes? ¿Era un miércoles de marzo? Renunciar, renunciar. No sé de qué se tratan estas palabras. Nunca renuncio. ¿Había ya renunciado? Jean me dijo una vez, nunca renuncias: me conoce bien. ¿Es una virtud, un defecto, las dos cosas? Él me llamó y yo escuché su voz por horas perdida en su mirada.  

Renuncia

A veces me digo: no voy a renunciar al amor de mi vida. Lo que es totalmente ridículo porque no es una decisión que dependa sólo de mí. Me quedo entonces con la pregunta. Me pregunto qué significa renunciar, qué significa el amor de una vida. Qué esperas, Lisa, de esta relación. Qué le estás pidiendo a la vida. Qué necesitas y sigues buscando. Soy toda preguntas en definitiva. Pero me guía su sonrisa, sin su risa en mis pulmones no hay interrogantes. ¿Hiciste todo lo que pudiste?, canta Ani DiFranco. Lo que también es ridículo de preguntarse porque no quiero hacer nada. Quiero que la vida venga a mí, y yo concentrarme en mis libros. A veces deseamos cosas sin entender bien por qué o sin evaluar exactamente qué significan. Lo que lleva aparejado a ese deseo que queda en la sombra. Dejamos de verlo. El cerebro está lleno de puntos ciegos. Juega con nuestro corazón como se le da la gana. Sin darse cuenta de la fragilidad de una llamada, de una sonrisa. De reírse al unísono. De esa mirada que te perteneció y que te acribilla. Hay una música que se acomoda perfectamente al alma, pequeñas modificaciones cada día que van esculpiendo las emociones. No quiero renunciar al amor de mi vida. 

13 de marzo de 2025

El nombre

Ya no sé ni cómo me llamo. Es el estado de vacío literario para que todo nazca. Si nos aferramos a identidades nos cerramos a otros aspectos de nosotrxs mismxs. Como el cielo en un día nublado, no entran los rayos de sol. No entra nada, básicamente. Qué es la identidad de todas maneras. ¿Algo que nos inventamos? ¿Algo que nos diferencia? ¿Algo que nos une? Observo una lista de tipos de identidades, la capacidad, la edad, la clase económica, la etnia, el género, la nacionalidad, el idioma, la raza, la religión, la orientación sexual. Termino un poco agotada. Tal vez porque está nublado. Pero veo un rayo de sol que intenta asomarse. Andrea, no puedes dejar que el clima te gobierne, ni que gobierne a tu literatura, me digo. Sí, en este momento me gobierna el clima y la risa de Jean, que no puedo extirpar de mi cabeza. Ser persona es algo muy cansador. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas, y mi pelo y mi sombra, como escribió Neruda. Me canso de ser persona. Me gusta tener un nombre, pero a veces no sé cuál es. Sé que es un derecho, está en las legislaciones. Pero qué es un nombre. ¿Algo que nos da respetabilidad, de lo que huye Bolaño y Lessing en tanto novelistas? ¿El enemigo de la autenticidad? Las nubes me hunden o me hastían. ¿No pueden moverse del sol?, ¿es tan difícil?, pienso. Ya no sé ni a quién le estoy hablando. ¿A alguien que puede gobernar las nubes? No aspiro a comunicarme con nadie que tenga esta capacidad. Tal vez lo que me gusta del nombre es ir cambiándolo. Difuminar la organización de las cosas. Tantas veces muy rígida. Yo creo que unx tiene que tener el nombre que tenga ganas, y cambiarlo si hace falta. Porque cada momento es diferente. Porque no somos lxs mismxs a los 20, a los 30, a los 40. Yo quiero firmar ahora mis libros como Andréa Balart-Perrier, es mi identidad francesa. Me gusta esa identidad, porque ante todo me siento francesa. Vivo aquí, pienso en francés. Bueno, a veces en castellano, a veces en inglés. Inmediatamente entran por todas partes los rayos de sol: no hay una sola identidad. Cuando unx escribe con un alter-ego como hacía Bolaño y Lessing luego se vuelven intercambiables y unx cae en cuenta que todo es ficción. Lisa es mi alter-ego. Me divierte mucho Lisa, porque es una versión totalmente libre y a ratos muy diferente de mí misma. A ratos idéntica. Eso permite la ficción, modificar la ficción que vivimos. Es muy liberador tener un alter-ego porque caemos en cuenta que nada es tan serio. Que efectivamente la respetabilidad es un lastre, muy pesado. Cuentos que nos contamos a nosotrxs mismxs para sostenernos, como sustancias que nos permitan evadir lo más profundo que empuja para salir. Siempre hay cosas presionando para salir, por eso es fundamental el vacío literario y la soledad. Cómo crear poesía con frenos y obstáculos. Cómo escribir sin aceptar lo que nos habita. Cómo redactar novelas pensando en el afuera de unx mismx. La literatura no es posible en el exterior de las cosas. Cómo sugerir convicciones manteniéndose en la periferia de unx mismx. En el extrarradio del alma. Yo iba a llamarme Paloma, y por circunstancias del azar me nombraron Andrea, como mi madre y el personaje de Dumas. Me gusta el nombre Andrea. Es un nombre mixto, en Francia ahora a los niños hombres los llaman Andréa, es un nombre que está de moda. Antes principalmente las mujeres se llamaban Andréa en Francia. Me parece mejor no ser nada, y así poder ser todo: Andréa. Siempre que escriben mi nombre aquí le ponen tilde, y al decirlo lo acentúan en la última a. Andréa es uno de los nombres aceptados como francés para el proceso de naturalización. Puedes convertir tu nombre al francés, te entregan una lista. Yo conservé mi nombre: Andrea. Pero cada vez que lo escriben le ponen tilde. Voy a plegarme tal vez a esta modificación extraoficialmente, porque naturalizarse también es cambiar un poco, y además siempre está la posibilidad de volver, o de cambiar a otra cosa. Tal vez el nombre tiene que ser algo que unx elija. A mí me gusta Andréa, aunque ahora no sepa bien cuál es mi nombre. La literatura conlleva esa despersonalización constante. El nombre es lo que elegimos, lo que somos, quiénes somos.

12 de marzo de 2025

12 años

Soy una abogada de derechos humanos, reconvertida, como se dice aquí, en escritora feminista. Lo de escritora era una vocación, lo de feminista fue una necesidad. Mis objetivos siguen siendo los mismos: modificar. Vivo en Europa hace 12 años. Luego de un año en Barcelona, todos los años que siguieron hasta ahora los he vivido en Francia. Dejé la abogacía propiamente tal y la academia para luchar por los derechos humanos desde la literatura y el activismo. Qué he hecho en estos 12 años. Eso. Ese tránsito. Qué puedo decir de este impulso. Qué puedo decir de vivir aquí hace 12 años. No me arrepiento de nada, eso es lo primero. Ya no me siento culpable de nada, eso es lo segundo. Qué significa integrarse a un lugar, es algo relativo, eso es lo tercero. Voy uniendo en un solo cuerpo varias identidades. A todo esto, vi que identidad es una de las palabras prohibidas por el hombre de la cabeza roja. Leí con detención esa lista de palabras, y concluí que son mis palabras preferidas. Justo esas. Las que a mí me encantaría decir. Bueno, yo uní mis identidades en un solo cuerpo en 12 años. Uní mis oficios en un solo cuerpo en 12 años. Uní mis trabajos en un solo cuerpo en 12 años. Me he divertido en grande haciéndolo, 12 años. De ahora en adelante me voy a dedicar a citar lo más posible todas las palabras que se declaren como prohibidas: 12 años, o más. El tiempo que se me entregue. No sé si me integré a un lugar, pero sí sé que me integré a mí misma. Soy el producto de la integración en 12 años. Una inteligencia disponible para la avalancha, y para citar palabras prohibidas. Por las calles fui 12 años. Cada día camino por el borde del río y reflexiono sobre el presente y sus prohibiciones. Sobre la integración de la literatura y el activismo. Sobre la literatura a secas. A todo esto, activismo está prohibida. Literatura, no. Pero sí prohibieron 10.046 libros. Lo que hace a la literatura también una palabra prohibida. Vamos todxs juntxs, eso no hay que olvidarlo. Prohíben a unxs, nos prohíben a todxs. Como los tres Mosqueteros. Qué adquirí en 12 años: la noción de que no soy más de un lugar que de otro, la noción de que amo ciertos lugares de este planeta. Amo este país. Amo los análisis que hacen de las cosas, y toda la belleza. Me siento más francesa que chilena o española, pero un poco extranjera en todos lados. El tema de las nacionalidades ha pasado a ser exclusivamente una manera de discriminar y excluir. El acceso es absolutamente disímil, por supuesto. Qué es una identidad. Siempre está el tema ley y contrato por un lado, y luego la realidad y la sustancia por el otro, lo que a veces coincide y a veces para nada, o sólo en parte, como nacionalidad e identidad, o como puede ser el matrimonio y el amor, como era históricamente, que corrían por cuerdas totalmente separadas. En mi caso siempre han corrido por cuerdas muy juntas, como una sola cosa, en ambas ocasiones que he emprendido esta aventura. De hecho, estoy separada de mi segundo marido, pero seguimos casados, y yo sigo enamorada de él. A veces siento que soy como esas personas como mi madre que creen en un vínculo para toda la vida. Lo que me causa gracia porque siempre he luchado contra todo ese tipo de organizaciones perentorias. Pero tal vez la racionalidad y la emocionalidad corren por cuerdas separadas en estos temas. Aprendí algo: lo íntimo es político. Eso lo aprendí muy bien en 12 años. Lo personal, lo privado. Lo que me alegra es que de 12 años atrás a esta parte se persigue a los abusadores. Es tal vez lo que más me alegra. Los daños que esto causa es lo que he aprendido tal vez con mayor profundidad en 12 años. El mundo es otro en 12 años. Otro. Nada es igual. Por eso el contraataque masculinista es violento, y todas las prohibiciones que implican miedo de quien las dicta. No hay resistencia imposible. Toda puede llevarse a cabo. Es el turno de los violadores de tener miedo. En 12 años que han pasado podemos decirlo. Una de las personas que me acosó a mí en Santiago de Chile en un ambiente laboral fue despedido hace poco gracias a una huelga de una institución autónoma del estado. 12 años. Las víctimas son personas fuertes leí en una de las pancartas del 8 M este sábado pasado. Creo que era una mujer fuerte, y en 12 años me convertí en una mujer más fuerte. Es porque voy acompañada, y porque estoy muy agradecida. De todas las personas que se han cruzado en mi camino y han entablado diálogos conmigo desde la sinceridad y la autenticidad. Las personas de aquí, de allá, de más allá, tengo fragmentos de mi alma en distintos continentes, países, ciudades y pueblos: todxs van conmigo porque eso es vivir, y no sobrevivir. He pasado por momentos de sobrevivencia, y ahora vivo. Vivo cada día, me levanto y vivo. Disfruto, vibro, gozo: han pasado 12 años desde que estoy aquí y soy feliz. Eso es, soy feliz. Si más adelante dejo de serlo por alguna razón, no importa, lo fui. Lo soy cada día. Mi existencia es idéntica a lo que soñaba en esos cafés de Santiago de Chile en pausas del trabajo hace 12 años. Lo que siempre me ha salvado es el agradecimiento. Esa capacidad optimista que aprendí de mi familia, esa habilidad de ver lo bueno que se va presentando, no importa las circunstancias. Creo que para eso escribo, para no olvidarlo nunca. Para que cada persona sepa que modificó algo, que aportó al planeta, con amistad, con amor, con belleza. Vine a modificar y me siento tranquila: sigue la cruzada. A todo este paraíso humano, artístico y natural esparcido por el planeta que me guía y que me sostiene cada día, para elevarme: muchas gracias. Son 12 años y que siga la creación y la fiesta. 

La exigencia literaria

Le puse fin a una relación. Ya se dijo: esta es una vida al servicio de la literatura. No quiero estar en pareja. Llega ese momento en que la literatura reclama su espacio exclusivo: no hay nada que hacer al respecto. La literatura es exigente, y me gobierna. Hay un segundo aspecto, cuando gobierna el amor-pasión unx escribe puras pelotudeces: no sirve. Hay un tercer aspecto, mi vida ya no me interesa, sólo me interesa la vida de Doris Lessing y de todos sus personajes: no puedo dejar de leerla. Encontré a Doris y encontré un barco: todo quedó atrás. Repasemos, hay un día de 24 horas, de esas 24, 8 hay que dormir, las que quedan: redactar las líneas y Doris Lessing. ¿Se dan cuenta de la aritmética? Esto no es cualquier libro. Esto es una tesis convertida en novela. La intemperie feminista: Roberto Bolaño y Doris Lessing. Amor-pasión: ¿a qué hora? Pero cuenten las horas, y caminar, comer, ir a conseguir alimentos, manifestarse con lxs amigxs por los derechos que van retrocediendo. Llorar un poco por las bombas. La ex de tu ex marido que te manda mensajes raros. Las entradas a los espectáculos que disfrutas. Vamos sumando, vamos sumando. Doris Lessing esperando. Las líneas ahí en una hilera de frases que indican todo lo que hay que abarcar. No puedo hacerte esperar más, Doris. Soy toda tuya. No temas. La literatura es mi amor definitivo: no quiero estar en pareja. 

No bombardeen Lyon

Si muero, o pierdo mi casa, mi biblioteca, cómo escribiré las grandes obras. No se va a poder. Por favor no bombardeen. Todavía quedan cosas por hacer. Libros por escribir. Vidas por vivir. Calles que recorrer. Cantos, bailes. Ceremonias, rituales. Fiestas, banquetes. Poesía, novelas. Albas, atardeceres. Ríos, lagos. Barcos, paisajes. Bosques, animales. Flores, viento. Excursiones, aventuras. Teatro, risas. Ópera, agua. Música, filosofía. Amigxs, amantes por conocer. Vidas por vivir. No bombardeen. 

11 de marzo de 2025

Carta al espacio VI

Le voy a anotar las palabras que está mencionando y ya no puede decir. Marciano, atención, cambio climático, no. Género, no. Inclusión, no. Identidad, no. Equidad, no. Discriminación, no. Tribal, no. Traumático, no. Justicia social, no. Político, no. Expresión, no. Salud mental, no. Energía limpia, no. ¿Cómo?, preguntó el marciano. No he terminado. No sigas, por favor. Es lo mismo que yo me digo, le confesé al marciano. ¿Perro, se puede decir?, preguntó el marciano. ¿Gato? ¿Motocicleta? ¿Jabón? ¿Arroz? ¿Canela? ¿Almohada? No sé, respondí. Yo creo que jabón, no. De acuerdo, me dijo el marciano, voy a tener cuidado. 

Carta al espacio V

No entiendo nada, dijo el marciano. Yo tampoco, le confesé. Pensé que venías a salvarnos. ¿Qué es salvar?, dijo el marciano. No importa, le dije. Algo que unx espera, de manera inconducente. Me encantaría salvarlos, dijo el marciano. Ah, bien, al fin una propuesta interesante. Necesitamos herramientas. ¿Qué tipo de herramientas?, preguntó el marciano. No sé, contesté. Pero yo creo que las herramientas nos pueden servir. De acuerdo, dijo el marciano. Me dijo: tengo que ir a escribir una novela, y después veo el tema de las herramientas. 

Carta al espacio IV

Cuando ya esté más tranquilo le voy a decir la verdad: no mejora, marciano. Es siempre así. ¿Cómo? Me va a decir. ¿Siempre es así? Te lo prometo. Pero yo no vine a esto, dirá el marciano. Da lo mismo eso, le voy a decir. ¿A qué viniste, en todo caso?, le voy a preguntar. Intentaré entablar un diálogo, con serenidad. ¿A qué viniste, crees tú? El marciano va a creer que es una pregunta sarcástica, pero es una pregunta genuina.  

10 de marzo de 2025

Carta al espacio III

Cuando lo vea desanimado al marciano le voy a dar unas palabras de aliento. Cuando me diga, todo lo que aprendí no me sirvió de nada, le voy a preparar una torta para que pase un buen momento. Voy a traer serpentinas y confeti y le voy a celebrar el cumpleaños. Cuándo es tu cumpleaños, le voy preguntar, si no sabe no importa. Igual celebramos. No te aflijas, marciano, no todo está perdido. Algo de lo que sabes tal vez sirva. A ver, qué sabes, le voy a preguntar. No te derrumbes, marciano. No todo está perdido. 

Carta al espacio II

A ese marciano yo lo voy a tener muy bien aleccionado. Ese equipo no te va a servir, le voy a decir. Esas expectativas, tampoco. Esa programación detallada, para nada. Ese orden rígido, mejor lo dejas de lado inmediatamente. Esa seriedad ridícula que te veo, anda olvidándola. Le voy a advertir con paciencia. Le voy a escribir un libro de auto-ayuda. Información para marcianos. Ayuda inmediata. 

Lo complicado

Mientras más se pone complicado todo, más ganas dan de reír. ¿Es una risa nerviosa? ¿Cínica? ¿Nihilista? ¿Absurda? ¿Rebelde? Yo puedo ser el payaso de mis lectores, pero nunca de los poderosos, decía Bolaño. Yo lo anoté, y me pareció que voilà, tenía toda la razón. Yo no quiero ser un payaso, aunque me gusta tener lectorxs, pero de los poderosos, nunca, nunca un payaso, eso está claro. Las mujeres suelen ser rápidamente un payaso. Como si las cosas que escriben dieran risa aunque ese no sea el efecto buscado. Como que no fuera serio. Como que porque es divertido es idiota. Bolaño no tomó en cuenta esto. Dijo, yo puedo ser el payaso de mis lectores, si me da la real gana, pero nunca de los poderosos. A las escritoras a veces no les da la real gana, pero las tratan como payasos. No hay tanto margen de acción. Hay que ir exhibiendo los títulos, los cv, el comportamiento recto y bien alineado. La destreza en la cocina y el aseo. La crianza impecable. Parece algo del siglo pasado: no. Aún hoy: payasos. Y los poderosos festinando, ahora a esta la pasamos a la cacerola, ahora a esta que justifique todo lo que hizo, desde que nació hasta ahora, y a la mínima actitud desviada, colgando en el tendedero con la ropa limpia. Miren, miren, pasó por la lavadora y está sucia. Y que parezca que las demás también la señalan. No es verdad. La unión hace la fuerza, eso los payasos lo identificaron al primer momento. A eso se aferran. Van señalando las dificultades, pero sobre todo, creando arte, porque en definitiva lo otro es un telón de fondo, que vamos destruyendo. Igual resistimos. Vamos participando en la caravana de fieras. Hacer arte es partir como payaso sin poner mucha atención a esto y luego terminar en la cuerda floja y vamos hacia delante no más. Ahí está la plataforma al final de la cuerda, se ve, se ve, lo importante es disfrutar en el camino, riendo como payaso, de lxs lectorxs. De los poderosos nunca. Lo complicado: un deporte para la artista. 

Carta al espacio

La vida es compleja, eso hay que aclararlo inmediatamente. Si viene un marciano lo primero que le voy a decir va a ser eso. Que ni se haga ilusiones. Que se prepare bien porque viene la ola. Va y viene la ola. En cuanto pueda hablar con él voy a informarle esto. Es una ola que va y viene, le voy a decir. Que se prepare muy bien, muy bien. Qué ola, me va a decir. Ah, exclamaré, no porque no la veas no viene. Va a llegar, le diré, y luego se va a ir, y así. Pobre marciano estará totalmente desorientado. Pero no puedo engañarlo. No hay reposo, le voy a confesar. Empezaré en este mismo minuto a redactar esa carta al espacio. 

Qué esperamos

Qué esperamos de la vida. No sé. ¿Arte? ¿Amistad? ¿Amor? ¿Primaveras? Nada es definitivo, eso lo voy identificando. La muerte, sí. Se nos viene encima. Yo soñé con patrias libres. Con derechos humanos y democracia. ¿Soñé en grande? ¿Obtuve algo? Voy por las calles, con tanta gente, con lienzos y pancartas. Buscamos esa sonda al espacio. Algo que nos indique que aún vivimos. La posibilidad de enviar un mensaje al universo exterior. ¡Aquí estamos!, decimos. ¡Aquí estamos! No nos olviden. Queremos existir. En esta geografía irregular. En estas coordenadas complicadas. Enviamos números, letras, símbolos, ¡aquí! ¡es aquí! No queremos morir más. Queremos vivir. Vamos cantando, existimos, decimos. No nos preguntan qué esperamos de la vida, pero igual lo manifestamos. Porque es mejor decirlo. Para no olvidarlo. A veces nos perdemos. Nos olvidamos de la hermandad, de la fraternidad, de la lealtad. Creemos que todo da lo mismo. Intentamos de nuevo con la sonda espacial. Identificamos nuestra latitud y longitud. Anotamos en aparatos electrónicos nuestro punto de referencia. ¡Aquí estamos!, decimos. No nos olviden, no nos olviden. 

Serpaize (Libro)

Serpaize
Feliz 20 años, Matt.

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8 de marzo

Salir a manifestar es un acto de amor. El activismo es permanecer. Recorrimos ayer las calles con esperanza, con alegría, con fuerza, con amistad. El camino militante tiene momentos difíciles, pero no conocemos la renuncia porque en la perseverancia es donde las cosas se van modificando. Ni una menos, cantamos ayer. Nuestra convicción es total: ni una menos. Ni una menos, ni una menos. “¡Hasta cuándo patria ciega!, ¡hasta cuándo mutiladas!, ¡ni una menos!” cantaba Parchadxs en su performance realizada para el 8M liderada por Constanza Carlesi. Luego caminamos por las avenidas de Lyon con nuestros cantos y pancartas junto a millones de personas, mujeres y hombres, que sueñan con patrias libres y derechos para todxs. El activismo es la creencia en los derechos. En el avance de los derechos, y no en su retroceso. Es el turno de que los agresores tengan miedo, leíamos en una pancarta ayer. Tengan miedo, porque esta es la patria de la gente libre, es la patria de la voz y no del silencio. La patria de la justicia, de la autonomía. La patria donde la vergüenza cambia de lado, como lo afirmó Gisèle Pelicot. La patria donde se repara. Lo que nos repara es cambiar el mundo, afirmó Adèle Haenel. Lo que esperamos es una patria, “donde los demás niños puedan tener derecho a la infancia”, como afirmó Haenel. Donde las mujeres y las personas inmigrantes puedan tener derecho a una vida. Tengan miedo: el violador eres tú, como cantamos con Las Tesis. Este es el mundo de las personas libres: el activismo sigue. NI UNA MENOS. 

9 de marzo de 2025

Felipe

Cada vez entiendo menos de la vida. Pero la existencia del amor la conozco. Mi gran escuela fue mi hermano Felipe, que hoy cumple 36 años en el mundo transformándolo todo. Yo tenía un pequeño diario de vida cuando era pequeña, y anoté en ese feliz día 9 de marzo de 1989 (yo tenía ocho años): “hoy tuvimos una guagua, le pusimos Felipe.” Guagua es la palabra en Chile para designar a un bebé. Viene de la lengua quechua, de los pueblos indígenas de los Andes, y es una onomatopeya del sonido que hacen los bebés al llorar, gua-gua. Lo que enternece de mi anotación en el diario es el gesto colectivo que yo vi en ese nacimiento. Consigné que nos había llegado un niño, a todxs. El nombre lo propuse yo, sin embargo, y a mis padres les pareció bonito. Fue también una decisión colectiva. Redacté: nos llegó un bebé, como si viniera en una cesta por el río. Así era, nos llegó una especie de mesías salvador. Eso fue lo que ocurrió. Porque Felipe es una suerte de ser iluminado que llegó a salvarnos de nosotrxs mismxs. Llegó a enseñarnos lo que era el amor. Como un símil de Jesús en el pesebre. Todxs lo fuimos a visitar, siguiendo la estrella. No creo haber vuelto a ser tan feliz como cuando conocí a esa pequeña criatura traída por el agua durmiendo en ese pesebre: era sobrenatural. Era perfecto. Para mí lo sigue siendo. Felipe, El Gran Capitán. Este verano austral en un lago trajo su gran barco y paseamos por las aguas con brío, pelo al viento. Mientras recorríamos los parajes al sol con velocidad reinando el lago con gran serenidad sentí lo siguiente: soy feliz. No tuve dudas. El Gran Capitán hace eso: sabe cómo ser feliz. Mucho más que los demás. Todxs llenos de dudas, de problemas, de mezquindades a veces, pero El Gran Capitán trae su barco y todo es día asoleado y alegría. Antes del lago lo había traído para la piscina en navidad. El gran barco dentro de la piscina. Todos arriba, gobernando el día. La música del Gran Capitán es lo que me guía a mí, es lo que me hace vivir. No me equivoqué ese día 9 de marzo de 1989, nos llegó un mesías. Vino a salvarnos del aburrimiento y del hastío. Vino a mostrarnos con actos y gestos lo que es el amor. La consistencia de la felicidad. El Gran Capitán es mi vida completa y yo voy junto a la estela luminosa y musical que va dejando por el mundo cada día. Felipe, nuestro brillante salvador que además tiene un sentido del humor que va más allá que el que un ser humano pueda tener. Nada es aburrido con Felipe. Nada es plano ni superficial. El Gran Capitán de las cien mil aventuras es quien nos mantiene despiertxs y atentxs. Un tesoro de la humanidad. Una maravilla habitando el planeta. Felipe de mi corazón, MUCHAS GRACIAS, Y MUY FELIZ CUMPLEAÑOS. 

7 de marzo de 2025

Save me V

La madre de Jean fue mi gran amiga. Un pilar en mi vida. En mi existencia inmigrante. Alguien que siempre estuvo ahí con una sonrisa, con una palabra de aliento. Lo sigue estando. Creo que unir los fragmentos se trata sobre ser feliz en un lugar. Sobre la belleza de un lugar y de las personas que habitan en él. Sobre la entrega gratuita y la voluntad activa de hacer feliz a los demás, de dedicarse a unir a los miembros de una familia y a disfrutar de buenos momentos al sol, de cultivar un jardín con ahínco, con pasión, de pasarse horas en la cocina preparando el paraíso. El paraíso no llega solo. Yo estuve acompañada de mucha belleza. De mucho amor. En el encuentro con esta nueva vida que llevo lo transporto siempre conmigo porque el agradecimiento es lo que nos hace grandes. 

Save me IV

Lo que quisiera es que sus hijos sepan que yo los amé y que fui muy feliz. Que la distancia no significa nada, porque el amor está ahí intacto. Es difícil a veces explicar por las cosas que unx pasa. Las distancias involuntarias, el dolor. No fue fácil para mí aprender a ser una madre adoptiva. Pero lo aprendí bien. Lo disfruté en el camino. Creo que hay que agradecer todas las oportunidades del amor. Yo los amé, no tengo dudas. 

Save me III

Compartí casi nueve años de mi vida con Jean. Alrededor de la mitad de mi vida adulta. Lo veo lejos, ahora. Sé que fui muy feliz. Sé que uní mis fragmentos en ese lugar que se llama Serpaize. En ese bosque. Sé que voy a estar agradecida para siempre. Comienza la primavera y veo con claridad que las experiencias que nos acompañan son las que permiten el paraíso.


Save me II

Intentamos seguir, volver a encontrar el amor. Pero es mucho más difícil de lo que parece. Porque cuando la dicha fue grande existen menos posibilidades de reemplazarla. Jean me dijo una vez, cuando no estoy contigo todo es insípido, sigo con mi vida pero nada tiene sabor. A veces me pasa eso. Soy feliz pero en ocasiones extraño el sol en ese jardín luminoso. Los ciervos y la mirada de Jean. Salen las flores y recuerdo esa hierba alta y la sombra del tilo. Los gatos vigilándolo todo mientras caminábamos por el bosque. Esos momentos en familia que me hacían muy feliz. Es extraño el fenómeno de que las cosas se embellecen aún más con el tiempo. Todo parece un sueño. Algo irreal. Algo lejano e irremediablemente perdido. La vida sigue, sin embargo. La nostalgia no impide nada. Las cosas toman forma de todas maneras.


Save me

Sálvenme de Jean, porque vuelvo a perderme en su risa. Tal vez ese es el verdadero amor, el que nunca acaba. El que llevamos en los pulmones para acordarnos de que fuimos felices y que eso queda. Toda nostalgia es inútil, pero sirve para saber que un día fuimos capaces de amar. Que un día pertenecimos a algún lado. Yo vivía en tu risa y las palabras. Viví absorta del caos cuando comencé a comprenderlo profundamente. Comprendí a cabalidad lo que era el amor cuando dejé de tener el tuyo. Había sido algo hermoso, y luego fue algo muy difícil. Algo incomprensible y absurdo. Fuiste el gran amor de mi vida, y no sé si eso pueda repetirse. 

6 de marzo de 2025

Cómo ser feliz III

Troy me manda unas fotos de unas flores. Qué bonitas, gracias, le digo. Hoy habría sido nuestro aniversario, me dijo. Miré el mensaje y luego la fecha. Es cierto, pensé. Luego vino la pregunta, cómo ser feliz. Lisa, cómo ser feliz, dijo Troy. Yo no tengo ni idea, pensé. No sé, le escribí. Dame una respuesta, dijo. Ya la di: tengo que escribir una novela. No puedo estar en pareja, Troy. Tengo que escribir una novela, y encontrar la respuesta: cómo ser feliz. En cuanto la tenga te la comunico. Te la mando por correo. Lisa, eres tú la que quería más compromiso. Puede ser, le dije. Esos eran otros tiempos. Ahora está el tema de la novela. Tan poco importante soy, dijo Troy. ¿Qué?, le dije. No te estoy poniendo a la altura de cualquier cosa. Te estoy hablando de una novela. Lisa, parece como que me estuvieras diciendo que soy como una nota al pie de página. Qué exagerado, Troy. Eres casi tan importante como una novela, pero no. No dije nota al pie de página en ningún momento. Qué esperas de mí, Lisa. ¿Qué? Nada, Troy. Que seas feliz. Pero no sé cómo, Lisa. En cuanto tenga la respuesta te la envío, ya te dije. Me gustaría saberla pronto. A mí también, respondí. Pero al parecer, son cosas que toman tiempo. Como escribir una novela. Estás tarde me parece, dijo Troy. ¿Para saber cómo ser feliz? Tal vez, respondí. Pero no tengo prisa, en ese aspecto. Lo que sí, tengo que avanzar con esto. Es bastante cuesta arriba, te voy a decir, y no hay notas al pie de página. Ni siquiera eso, dijo Troy. No hay nada. Sí hay, conteste. Hay flores, Troy, tú me acabas de mandar varias. Te lo agradezco. Te dejo ahora que tengo que volver a la novela.  

Cómo ser feliz II

Ayer me llamó Jean. Qué gusto, le dije, tanto tiempo, qué te trae por aquí. Veo que estás de vuelta en tu casa. Sí, me dijo, hace un momento ya. Me alegro, le dije. Cómo está Nadya tu canario trans. Aquí al lado, cantando, me dijo. Por qué le dices canario trans. Porque es un canario macho y se llama Nadya. Cierto, me dijo. Por qué le pusiste así. Me lo regalaron y se llamaba así. Quién te lo regaló. Cruella. De acuerdo, le dije. Qué nombre más raro el de ella. Por qué se llama así, pregunté. No sé, me dijo, tal vez a sus papás les gustó la película los 101 dálmatas. Puede ser, le dije. En qué anda. No sé, me dijo, hace un tiempo que no la veo. Te abandonó, le dije. Se fue con los dálmatas. No, yo la abandoné, dijo Jean. ¿Tú la abandonaste? Pero Jean, abandonas a todo el mundo. Estás muy aislado, por dios, un verdadero ermitaño. Lisa, no empieces. A qué te refieres, pregunté. Te conozco, me dijo. Ahora me vas a decir que nos veamos para tomar un café, y luego quizá qué. Pero Jean, si fuiste tú el que me llamó, y es Cruella la que me manda mensajes extraños, por qué me mezclan en esto. Cierto, me dijo Jean. ¿Cruella tiene trastorno de la personalidad múltiple, como la de la película? Lisa, por dios, dijo Jean. Bueno, explícame un poco, sobre esos mensajes, para eso me llamas, supongo. No, dijo Jean. Para qué me llamas entonces. Para que tomemos un café, Lisa. Por dios, Jean, no te hagas falsas ilusiones. Lisa, ¿me estás tomando el pelo? No, para nada. Sólo estoy repitiendo las cosas que tú me dijiste hace un par de años. Bueno, eran otros tiempos. Yo los veo iguales estos tiempos, le dije. Cuando haga más calor, le dije. No le respondas más a Cruella, me dijo. Jean, sólo le mandé el artículo de la ley que dice que todo lo relativo a mezclarse con correspondencia ajena es un delito. Lisa, no hacía falta, eres incorregible. Bueno, a veces hay que defenderse, ¿no?, respondí. Por qué leyó nuestras cartas. No tengo nada que esconder, Lisa. Pero Jean, no se trata de esconderse o no, la correspondencia es privada. No le respondas nada más, Lisa. Jean, tal vez me escribe a mí para ponerse en contacto contigo de alguna manera, pero qué mala estrategia, les recomiendo que cada unx resuelva los temas con quien corresponda. Lisa, ¿vamos a tomar un café? Estoy escribiendo una novela, Jean, no puedo ahora, cuando llegue el verano, como te dije. Pero si todavía no llega ni la primavera. Queda poco, le dije. Hoy se abrieron cuatro de las flores de mi orquídea blanca. Lisa, haces como que te estuviese proponiendo matrimonio, sólo te estoy diciendo que nos tomemos un café. Jean, ya estamos casados, así es que sé que no me estás proponiendo eso. No sé qué estás tratando de proponerme. Pero no te está resultando. Te dejo ahora que tengo que volver a la novela.  

Cómo ser feliz

No tengo ni idea. Todos los días me hago la pregunta, sin embargo. No vaya a ser que la respuesta esté al alcance de la mano y yo la dejé pasar. Los libros de auto-ayuda aún no los consulto en profundidad. Tal vez contengan, no obstante, alguna pista. Tal vez todo esté en los pilares de la salud que me enseñó mi madre. Loup insiste en escribirme. Yo le dije claramente: ya no sirves ni para novela. Tengo que inventarlo todo y ya no se sostiene. Por dios, Loup, le dije, para qué me escribes si soy una cita al pie de página de tu vida. Lisa, ojo, me dice Loup, es complicado lo de las notas al pie, a veces son aún más importantes que el texto, y sostienen el mismo texto principal, no es cualquier cosa, el texto a veces no tiene sentido sin la nota al pie. Qué linda metáfora, Loup, pero vas a tener que ser más claro. Lisa, lo que pasa es que es muy claro para mí, porque precisamente leo sólo cosas con notas al pie, y muy poca literatura de ficción, quizá lo que no está dentro del texto -Blanes, Lyon, los múltiples imponderables- pueden llamarse notas al pie, pero son los que sostienen otras cosas que son también importantes. Loup, cada vez entiendo menos, y hoy tengo que resolver cosas: cómo ser feliz. Si no vas a ayudar deja de interrumpirme. Lisa, eres cruel, como siempre. Loup, podría hacerlo, por una señora anciana, o un joven suicida, pero no puedo hacerlo por ti, no eres un desvalido como crees. Si sabes cómo ser feliz tal vez me sirvas para algo. Te dejo ahora que tengo que volver a la novela. 

2 de marzo de 2025

Bouquinistes

Estuve al mediodía en la acera de los bouquinistes de Lyon, junto al río. Esos vendedores de libros, vinilos, postales, grabados, afiches. Fui muy feliz, como siempre que estoy entre libros. Conseguí un pesado libro antiguo que se llama: Le Bestiaire. El bestiario. Contiene reproducciones de ilustraciones del siglo quince, dieciséis, y cuentos de cabras, burros, cuervos, tortugas, lobos, gallos, perdices, y otros. Luego me senté al sol y leí una entrevista a Manon Garcia en Libération. Trata sobre otro tipo de bestiario, el libro que publicó sobre el proceso de violaciones de Mazan. Albañiles, periodistas, enfermeros, militares, ingenieros, jubilados, bomberos, concejales, y otros. 51 hombres que violaron a Gisèle Pelicot. Eran 80, pero sólo pudieron reconocer en los videos a 51. Le preguntan a Manon Garcia: ¿Por qué los hombres y las mujeres no vivieron el juicio de Pelicot de la misma manera? En general, decían “not all men” (no todos los hombres), se preguntaban si uno de sus familiares o, peor aún, su pareja podría haberlo hecho. Manon Garcia responde: Las mujeres se identificaron fuertemente con Gisèle Pelicot. Para ellas, este juicio fue un momento de claridad sobre la amenaza constante de la violencia sexual. En general, los hombres no se sintieron afectados. Por supuesto, es más fácil identificarse con las víctimas que con los perpetradores. Pero muchas mujeres esperaban, en vano, que los hombres se preguntaran qué tenían en común con estos crímenes, con estos acusados. Sin embargo, aquellos con los que hablé reflexionaron, en el mejor de los casos, sobre por qué nunca podrían haber terminado en la misma situación. Los hombres no hicieron el trabajo que requiere enfrentarse a aspectos muy oscuros de sí mismos. Estaban muy a la defensiva. Deberían preguntarse por qué se sienten tan fácilmente atacados y, sin embargo, tan poco preocupados. Este juicio también puso de manifiesto las dificultades de los hombres para la introspección. Básicamente, lo que estos 51 hombres tienen en común es una incapacidad para reflexionar sobre quiénes son, un punto que los expertos han destacado repetidamente. Una pequeña minoría de ellos ha aceptado su responsabilidad. Sin embargo, muchos de estos hombres no ven realmente el problema de forzar actos sexuales a una mujer dormida. La forma en que algunas mujeres acudieron en ayuda de los hombres también ilustra las contradicciones de la masculinidad: los hombres son muy fuertes, pero siempre necesitan que los salven; son muy inteligentes, pero incapaces de introspección; se supone que están a cargo de todo el mundo, pero necesitan el derecho a cometer errores porque no entienden que no se viola a una mujer sedada. Le preguntan a Manon Garcia: ¿No es lo que describe una resistencia al cambio por parte de los hombres, que también se está expresando con virulencia en términos políticos con T.? Manon Garcia responde: Es obviamente tentador establecer un vínculo entre el juicio y el auge del masculinismo reaccionario. En mi opinión, estamos experimentando menos una reacción violenta que una clarificación. Los hombres no se han vuelto más masculinistas con Donald T., pero lo aceptan mejor, ya no tienen que fingir estar abiertos a la igualdad cuando no lo están en absoluto. Esta afirmación del masculinismo está vinculada al progreso del feminismo. Es porque las mujeres presionan cada vez más por la igualdad que los hombres expresan su reticencia. Le preguntan a Manon Garcia: Entonces, ¿cómo podemos vivir con los hombres? Manon Garcia contesta: Si no somos demasiado mentirosas con nosotras mismas, vivir con hombres significa enfrentarnos a una forma de violencia sexual normal. Escribí el libro muy rápido porque la lucidez que tuve durante el juicio no es compatible con la vida cotidiana. Para vivir con hombres, tenemos que levantar el velo de la negación. Si pusiéramos una piedra delante de cada lugar donde una mujer ha sido violada, como hacen en Alemania con las víctimas del Holocausto (¡obviamente no estoy diciendo que estos crímenes sean comparables!), las calles estarían completamente pavimentadas con estas piedras. Entonces veríamos que la violencia sexual está absolutamente en todas partes, todo el tiempo, y que es un medio para controlar a las mujeres. Ser mujer significa saber que puedes ser violada. Esa es la realidad. Y es insoportable ver a los hombres ignorarlo. Le preguntan a Manon Garcia: ¿Por qué seguir amando a los hombres? Manon Garcia responde: ¡Por optimismo, sin duda, pero también porque constituyen la mitad de la población! Tenemos hermanos, padres, hijos y maridos a los que queremos. Pero es una pregunta real: ¿cómo podemos quererlos si no nos ven como iguales, como personas a las que queremos en su singularidad, en su humanidad? En mi trabajo, trato de ser bastante optimista sobre la relación entre mujeres y hombres, pero este juicio fue una verdadera bofetada. En este tribunal, tuvimos la impresión de que #MeToo no había sucedido para algunos. Las relaciones con hombres que no se sienten afectados por el caso Pelicot son más difíciles. Entre las mujeres jóvenes, hay una especie de hartazgo, muchas se cuestionan la heterosexualidad. Y lo entiendo. Al mismo tiempo, estas preguntas son todavía muy nuevas. Cambiar las normas de la pareja y la sexualidad va a llevar tiempo. Gisèle y Dominique Pelicot tenían 32 años cuando se prohibió la violación conyugal.

La solidaridad

La solidaridad es algo que se aprende. Cuando eres inmigrante lo aprendes muy rápido: es lo que los demás hacen por ti. Para que sobrevivas. Luego tú haces lo mismo con los demás. Es una cadena. Un círculo virtuoso que nos hace más humanxs. He conocido en esta ciudad personas que nacieron en un sinfín de lugares distintos del mundo. Historias disímiles y similares entre ellas. El sueño o la necesidad de construir una vida distinta o las dos. Qué importa. Cada persona tiene que poder vivir donde quiera, donde se sienta segurx, realizadx, feliz. Cada persona tiene que respetar a quienes viven en un territorio. No cometer delitos ni crímenes, porque entonces la comunidad cómo. Ser extranjerx no es delito ni puede serlo. Mi padre estuvo detenido hace muchos años atrás en uno de esos centros para extranjeros en Estados Unidos que le gustan a T. Venía de España porque averiguaba dónde podía estudiar lo que quería y volvía a Estados Unidos, ya vivía ahí. Me contó sobre esto hace unos años solamente, mientras no podía dejar de llorar. No supe muchos detalles, sólo que un primo de él consiguió el dinero para pagar la fianza y que lo dejaran salir. Mientras relataba esto seguía llorando. Este señor de cabeza roja no se da cuenta lo que está haciendo. No puede darse cuenta, en caso contrario no lo haría, creo. Quiero pensar que no se da cuenta. No importa, estamos aprendiendo muy rápido lo que significa la solidaridad. A pasos agigantados. Más rápidamente que el funcionamiento de su cerebro de hormiga. Tenemos que aprender, no podemos dejar de aprender. Nuestra humanidad está en juego y se va restando. No es un juego, aunque a él se lo parezca. Tal vez no puede identificar claramente la fragilidad de los asuntos humanos. La necesidad que tenemos todxs de vivir en paz. Si miramos bien, como no elegimos dónde nacer ni en qué condiciones: la solidaridad es una obligación. Como en ocasiones creamos las condiciones para las catástrofes: la solidaridad es una obligación.