28 de febrero de 2018

Instrucciones para mantenerse a la intemperie


Mira, la nave espacial se abrió y yo me bajé.
¿Qué había?
No sé bien, pero estaba afuera.
Bien, caminé…
Estoy viva, pensé.
Aún no he muerto.

Le pedí a Arthur H que siguiera cantando.
Tout est bon, decía, Ici ça va, Je suis vivant, Ici c'est chaud
Lo miré a los ojos.
Creí advertir que me guiñaba el ojo.
Je suis sauvé, decía.
Pero qué es eso, le pregunté.

Arthur H no tenía puta idea.
No te preocupes, le dije.
Lo miré seriamente.
Luego nos largamos a reír.
Se veía tan relajado…
Pensé que se había vuelto loco.

¿Te gusta el día?, le pregunté.
¿Te gusta la noche?
Quería saberlo, quería saberlo.
Lo miré interrogante.
Me miró de reojo.
Sólo reía, por dios, Arthur, perdiste la cabeza.

Ya no sé nada, me decía, sin dejar de reír.
No tengas miedo, decía, yo podré defenderte.
¿Te gusta el sol?
¿Te gusta la nieve?
¿Te gusta el mar?
Por dios, me dijo, iremos a vivir de manera libre.

La conversación se tornaba interesante.
Un lugar salvaje, me dijo.
Ahí quiero estar yo, le aseguré.
¿Es a la intemperie?
¿Qué es eso?, cerró un poco los ojos.
Atrás tuyo, ¡cuidado!, allá, ahí.

Estamos rodeados.
Pero iremos a vivir, libres.
Sí, yo ya no vuelvo. Sí, libres.
Nuestras armas serán el amor y la valentía, dijo.
Ya no reía, pero sonreía sutilmente.
Qué sonrisa, habría querido alargar ese momento.

Se acercó y nos besamos.
La intemperie tenía un sabor exquisito.
Algo que florece.
Las olas iban y venían, recorriendo mis pies.
Me estremecí.
Todo parecía recomenzar como una bella nave espacial.

Sólo pude maravillarme.
Tenía curiosidad.
Sí, me gusta, me dijo.
Todo brilla.
El mar era extrañamente transparente.
Las rocas se asomaban y se sumergían.

Qué placer, me dijo.
¿Te gusta el sol?
¿Te gusta el mar?, me preguntó.
Me senté en la arena tibia.
¿Quieres saber?
Nunca ha dejado de gustarme, debo haber nacido mirándolo.

Me compone.
Quizá por eso me expando.
Me muevo.
Vuelo.
Nado.
Me sumerjo.

Quizá por eso nací a la intemperie
Y aquí me voy a quedar.
Entre las letras y el mar.
Entre la belleza y el placer.
Entre el amor y la valentía.
Con mucha pasión y hasta las últimas consecuencias.

15 de febrero de 2018

Instrucciones para afrontar el verano

¿Qué es esto? ¿Una bomba de tiempo? ¿Una flor? La flor. Quizá las dos cosas.
¿Qué es esto? ¿Un pequeño verano? ¿Una intensidad solar que enceguece para después dejarte vacía?
Cuándo se pueden mirar las cosas con distancia. La distancia del lince observando la presa. ¿Será eso?
Yo quise a una flor, que me enseñó el amor, y que me enseñó las lágrimas.
Quizá también el desconcierto.
¿Qué es esto? ¿Una bomba de tiempo? Unas flores que se abren.
Vaya, el tiempo se ha detenido y veo que sigue transcurriendo, asimismo.
¿Qué es esto? ¿Volteretas del destino?
Detenerse ante la aparición del risco y mirar hacia el horizonte. O hacia abajo.
¿Es lo mismo?
¿Qué es una bomba?
Quizá estalle al saltar del risco, hacia el horizonte, o hacia abajo. No es lo mismo.
Supongo.
¿Y arriba?
Mirar hacia arriba.
Mejor saltar que retroceder, ¿no?
Cerrar la puerta y mirar por la ventana.
Que se pueda perseguir el sol cambiando de hemisferio es una bendición.
Bueno, hay otras cosas.
¿Cuáles?
Distanciarse como el lince y verlas.
¿Cuáles?
Mirar el mar y esperar.
La distancia suficiente.
Las armas secretas.
Las ideas expansivas y que reconfortan.
Tengo algo para decirte: piérdete.
Olvídame.
No quiero saber.
Debe haber buenas ideas.
Debe ser posible tomar la energía y canalizarla.
Ver lo corpóreo. En vez de la niebla.
¿Dónde está ese lugar?
Un día lo supe.
Nadie me lo dijo, yo lo vi.
Iba cerrando el libro.
Lo cerré.
Creo.
¿Y ahora qué?
Unas instrucciones para afrontar el verano.
Un risco florido.
Creo.
Confío. No sé.
Una abeja en una hortensia rosada enorme.
El sol en las hojas verde claro.
Un poco más allá la bomba de tiempo.
Y el libro de instrucciones en blanco.
Una nueva novela por escribirse. Una antigua y una nueva.
Una biblioteca gigantesca.
Un limbo que no termina de tomar forma.
Una existencia breve. Que se despliega. Unos días a rellenar.
Arriba, abajo y en el horizonte. Y todo un camino con un desierto florido a los lados.
Y un desierto florido dentro. Arena y flores por los poros.
Y un destino mutante que nunca estuvo escrito.
Y tantas novelas por escribirse.
Y tan poco tiempo.
Y quedarse.
Y el risco.
Y la bomba.
Y el verano.
Y las instrucciones.
Y querer estar afuera de la forma.
Pero un hilo que se escapa de las manos.
Y se va flotando.
Y el atardecer.
Sentarse en la roca.
No por mucho tiempo.
Respirar hondo.
Acordarse del lugar.
Cerrar el libro.
Mirar fijamente al horizonte.
Y pedirle una tregua.
Sacarse la piel, como una serpiente.
Y seguir adelante.
No sé adónde.
Colisionar con la bomba de tiempo y volver a empezar.