Hemos
viajado por muchos lugares. Hemos tenido muchos proyectos. Se lo debemos todo a
dos personas. Una de esas es mi papá. Poder leerle esto hoy es una alegría y
una emoción inconmensurable. Porque mi papá no pasa de largo. Se queda. Se
queda en los momentos. Se queda en los corazones. Se queda en la gratitud. Mi
papá se interesa. Escucha. Mi papá conecta. Mi papá lo da todo. Más de lo que
tiene. Se toma el tiempo. Mi papá apoya cualquier empresa, por muy descabellada
que parezca. Mi papá tiene una confianza en nosotros a prueba de todo. Tiene un
amor disponible como yo no conozco otro igual. Mi papá tiene un respeto único
por todas las personas. Mi papá, aunque no ha sido un camino fácil, no juzga.
Mi papá apoya. Mi papá ama. Mi papá es de una generosidad como yo no he visto
una igual. Mi papá es de una sensibilidad ilimitada, una película para niños
puede hacerlo llorar. Se emociona con cada gesto, con cada detalle. Es muy
agradecido. Repite como un mantra que es feliz gracias a nosotros, gracias a su
Andreíta, mi mamá, que ha estado junto a él tantos años, 40 exactamente, en lo
bonito, y en lo más difícil. Supongo que lo importante no es ser rimbombante,
lo importante es estar ahí. Mi papá es una persona extremadamente sencilla.
Extremadamente cercana. De una belleza como yo no he visto una igual. Mi papá
tiene un corazón infinito, un corazón que se nutre de todo lo que quiera venir,
mi papá es una persona abierta a la vida, una persona llena de proyectos, que
nunca se detiene, que ama vivir, una persona que sabe agradecer, ver y gozar de
todo lo que se pone a su disposición. Es sabio, ¡es un genio!, un Giro
Sintornillos, que sin alardear, siempre bajo perfil, ha creado y descubierto
cosas impresionantes, baños, pinturas, lo que sea necesario, lo que le nace del
alma, y de esa brillantez que tiene que siempre he admirado mucho, mucho, y que
nunca me canso de preguntar de dónde viene, ¿de Marte? Es demasiado genial. Y
venir a posarse a la altura de nuestra existencia, la de mi madre, la de mis
hermanos, la mía. Qué suerte. No conozco suerte igual. Y lo queremos tanto. Y
él es tan amable, tan benevolente, tan acogedor. Seríamos tan poco sin él.
Siempre dice que lo único que puede entregarnos es la educación, pero es
también la experiencia, y sobre todo el amor incondicional, y la generosidad
sin límites. Creo que también la humildad, y el trabajo incansable. Mi papá ha
trabajado mucho, pero con algo bellísimo, que es la pasión. Una pasión extraordinaria,
que puede asombrar a cualquiera. Una pasión por la creación, por la belleza,
por la comprensión, por llegar más allá, por aprender, por conocer.
Perseverante, rebelde, enérgico, nada lo ha tumbado, y vaya que han pasado
cosas. Como la vida misma. Pero él es la vida misma, la pasión sin límites,
nada lo amilana. En silencio, él sigue adelante, lentamente, o velozmente, pero
siempre atento, y siempre con esperanza. A mi papá no le importa lo que otros
van a decir. Es auténtico. Es él mismo. No quiere impresionar, ni parecer. Las
medallas ya las tiene puestas, como él dice, queriendo decir, no tengo nada que
demostrar, soy lo que soy, y amo dentro de mis posibilidades, pero dándolo
todo. Mi papá se acerca a las personas sin ponerles carteles, y lo primero que
le pregunta a alguien es ¿cómo te llevas con tu mamá? Porque entendió lo
esencial, porque se relaciona sin fronteras, se relaciona desde el corazón,
porque reflexiona sin barreras, sin dogmas, sin fanatismos vacíos. Mi papá no
quiere coacciones, es un personaje totalmente atípico, inclasificable, y tiene
un finísimo sentido del humor, que siempre nos hace reír. Mi papá es humano. Mi
papá es libre. No en el sentido del libre albedrío, una distorsión del término
libertad que nos confunde desde la edad media. Sino en el sentido de esa
facultad de comenzar algo nuevo, algo que antes no existía, como un milagro que
se presenta, pero respecto del cuál sabemos su autor, un milagro, pero en el
campo de los asuntos humanos. La capacidad cabal de empezar, eso que anima e
inspira las actividades humanas, esa fuente oculta de todas las cosas grandes y
bellas, como diría Hannah Arendt. Mi papá ejerce el don de la libertad, ejerce
el don de actuar en conjunto, incita a participar, incita a comunicarse, incita
a no olvidar lo esencial, incita a construir el mundo juntos, nuestro mundo
común, plural, él sabe qué es lo propiamente humano, y no se pierde en
tonteras. Mi papá invita a todos, sin excepción, todos tienen cabida, todos son
importantes. No quiere enemistades, no quiere venganzas, es pacífico, es
conciliador, pero hablando las cosas por su nombre, sin evadir. Con él se puede
hablar de todo. Es sincero, mira a los ojos, mi papá es valiente. Quiere que
las personas florezcan, es empático, se pone en el lugar del otro, vibra con la
felicidad ajena, porque la hace propia. Piensa más en los demás que en él
mismo. Y esa ha sido una constante a lo largo de su vida. Mi papá disfruta de
la existencia, de la buena compañía, de la buena comida, de la música, de la
naturaleza, es alegre. En este precioso día, lo que quisiera es que sepas papá
que somos felices gracias a ti, que nuestra existencia es dicha gracias a tu
amor, y que estamos tan agradecidos que tendríamos que hacer 700 fiestas como
estás para que se note realmente. Gracias por todo y eres el mejor del mundo.