22 de diciembre de 2024

Solsticio vernal II

El solsticio vernal es un estado de la mente. Cuántas eras nos sorprendimos abatidxs. Cuántos intentos fallidos sin dar con las piezas extraviadas del rompecabezas. Cuántos acertijos sin solución aparente. Cuántos tropiezos en la corriente adversa. Vivir es con dificultades. Avanzar es con obstáculos. Escribir es con citas a la intemperie. Soy Lisa y habito la intemperie feminista. Es el lugar de la escritora. Los planetas orbitan sin trayectos fijos. Los temblores de la tierra sacuden el presente. El pasado una hilera de catástrofes. El presente una línea circular. La pluma, la hoja. La pluma, la hoja. La pluma rauda, la hoja vacía. La pluma cansada, la hoja abatida. La pluma vibrante, la hoja tardía. En el solsticio vernal busco el final del día. Pero en algún sentido todo es eterno, y siempre está la caída. En el mañana voy saltando de día en día. Converso con la alegría y a veces con la cobardía. Cerré la carnicería. Abrí la librería. Atravesé el desierto y su oasis en la lejanía. Tuve sin cesar la osadía. Ahora trabajo como en una ferretería. Las herramientas las voy ordenando como describiendo la geografía. Las palabras van rimando y rimando y me pierdo en laberintos. Sigo la música para encontrar salidas. Voy a la cafetería. Observo por la ventana la joyería, como Audrey Hepburn. Troy me dice, mi perla. Mi tesoro, mi ardilla. Tomo formas extrañas. Escribo. Busco la algarabía con sabiduría. Voy a la galería y a la coreografía. La pluma, la hoja, la sinfonía. Dejo de lado la policía. La pluma, la hoja, la pluma, la hoja, el delirio, la epifanía. El solsticio vernal y la geología. La frutería, la radiografía, la pluma, la hoja, tu cuerpo, la florería. La pluma, la hoja, la cacería, la pluma, la hoja, la teoría. El solsticio vernal es la prolongación de la intemperie como el nacimiento del día. 

21 de diciembre de 2024

Solsticio vernal

El amor es el plan maestro, canta Jorge Drexler. El día más largo, la vida más expandida. El calor del verano me guió hasta ti. Hoy el solsticio. Tu cuerpo tenía la temperatura correcta. ¿Hacia dónde ibas? ¿Modifiqué tu recorrido? ¿Modificaste el mío? Qué es un recorrido trazado. Tu poesía me encontró en el día fuera del tiempo. Cuánto transformamos la trayectoria de los demás. Cuánto se nos adhiere a la piel la literatura que transita. Este año fue el antes y el después. Porque la literatura se nos adhiere. Cuánto te esperé. ¿Te esperé? De cuál planeta surgiste. En tu frente decía: solsticio vernal. El día más largo. La vida más expandida. Cautelosa iba y vi tu cartel. Decía: el día más largo. La existencia más ancha. Crucé la calle. Estabas sentado en la hierba. Me observabas, sonreías. Olvidé todo lo que había sucedido antes en mi tiempo. En tu pancarta: solsticio vernal. Te pusiste de pie. Nos abrazamos. Nos besamos, con timidez, luego con pasión. La existencia más ancha. Flores por la mirada y calle abajo. El afiche: la existencia más amplia y el día interminable. Caminamos por la avenida de la colina de la mano. El calor era sofocante. Las risas desde el parque, los automóviles raudos. ¿Te esperé?, pregunté. El día es más largo, dijiste. Cómo se espera, pregunté. ¿Escribiendo? ¿Caminando? ¿Nadando? ¿Viajando? ¿Bailando? Eres mi actor y tu poesía me devasta. Eres mi musa y tu luz me encandila. Eres mi precipicio y tus versos me agitan. Eres mi sugerencia y tu voz me encabrita. Entonces el presente y el día más largo. En tu cuerpo escribiría ese texto eterno. Todas las ambivalencias para escoger la fiesta. Las palabras de la explosión y el cielo azul. Cuarenta y cuatro años y el brillo de ese diamante escondido en subterráneos. El mensaje que se desliza, todo es cruzar la pista: el solsticio vernal es un estado de la mente.

20 de diciembre de 2024

Otro año III

Se viene encima el año nuevo. Hoy en el solsticio. El sol en el trópico. Habito el solsticio vernal en este momento. Un largo día secundado por una noche de luna menguante. Días de sol y calor. Cuál es el tiempo de la literatura. En qué ángulo de los astros está. Cómo se relaciona el cuerpo y la literatura. Cuándo se inventó el amor. En otro año. Tuve que volver a inventarlo. Quise conocerlo. Tal vez se pareciese a la literatura. Lo que me interesa en el otro año es lo siguiente: poder tocarte. Me interesa escribir tu cuerpo. Describir tu cuerpo. Tocar tu cuerpo. No entiendo por qué amo como tormenta. Como destrucción y avalancha. Como estampida, como delirio. Como calor, como explosión. Amar es extremo como ciclón. Ponerlo todo en jaque. Suspensión absoluta. Sólo amo lo que devasta. Lo que me seduce es la maldición del encuentro. El punto final a la cordura. Tocarte y la euforia de ese otro año. 

Otro año

Un nuevo año del calendario gregoriano se apersona. Cuántos se han ido ya. Cuántos más vendrán. Qué trae este año. Ni idea. Más paz ojalá. Hermandad, solidaridad. Cuidado del planeta, de los seres vivos. Democracia, respeto, consideración. Literatura, música, teatro, cine. Arte. Justicia. Serenidad. Alegría. Reparación. Este es el año, hay que confiar. Hay que desear con fuerza un mundo mejor. Trabajar para eso. Sin descanso. Soñar y soñar. Somos más. Somos más. No nos rendimos ni nos doblegamos. Este es el año. Cuál será su atmósfera. A veces nos olvidamos de soñar. Nos contentamos con migajas. Con tormentas. Con piedras agrietadas. Cielos nublados. Crueldad, dolor. Asilo, miseria, ambición. Tempestades en mar abierto. Por qué. Ya no tenemos vergüenza. Eso quedó claro. Tampoco migajas. Yo aspiro a tu piel completa. Un día fuera del tiempo del calendario maya nuestros destinos se cruzaron en el espacio exterior. Entonces el año nuevo. Entonces la piel completa. La noche entera bajo las estrellas. Los años son nuevos y cargan el éxtasis. La exaltación en potencia. En el centro de este año yo tuve tus palabras que me llevaron a la cima que luego descubrí en tus brazos. Los calendarios nos dan señales que nos aten a la tierra. Los astros nos van guiando para aferrarnos a algo que nos vaya indicando que no todo ha sido velocidad y abatimiento. Nos sugieren aliento para construir la euforia en etapas. Dame una noche de asilo, como canta Jorge Drexler. Esos días fuera del tiempo nos resguardan para recomenzar. Tomar impulso para seguir anhelando lo imposible. Para tener la sensación que no todo es pantano. Que vivir es imaginar cada año nuevo lo imposible. El optimismo no es ingenuo, es realidad envuelta en imaginación. Porque un día lo posible no pudo pensarse, y se olvidó entre escombros. Este amor que sigue a espaldas del tiempo, como canta Jorge Drexler. Lo imposible es amar la tierra como para llevarla en la espalda. Compartir con ella como grandes amigas. Si el sueño pierde pie, resbala, queda colgando de un hilo, canta Jorge Drexler. Otro año es insistir en lo impensado. Abrir esas brechas en el tiempo incesante. Dar noches de asilo y comprender ese amor que no se explica. Otro año es la imaginación como ejercicio eterno. El optimismo como impulso constante. Este año es lo impensado. La paz y el amor como cadencia persistente. La justicia como cadencia definitiva. Sin violencia, otro año. Con imaginación. 

19 de diciembre de 2024

El sentido absoluto IV

Te espero al sol, tesoro mío. Estrella de mi estrella. Sueño de mi sueño. Una semana y tu cuerpo al sol. ¿Lleva esta travesía el sello de lo eterno? ¿Es esta la edad intermedia entre la nostalgia y el futuro? Cuánto nos define el tiempo. La excursión por tierra por el delgado país. Imaginar la aventura contigo. Cuarenta y cuatro años y anhelo el sentido absoluto. Imaginar sin cesar la aventura y redactarla en la tierra, en la hoja de papel abierta. Nueve días de la excursión fuera del tiempo. El destino quedó cifrado en el día fuera del tiempo. Afuera es más profundo. Mi alma te esperó y hoy te observa con admiración. Con gran curiosidad por la poesía de la vida. A veces dejamos de lado las aventuras. Somos tal vez aventura en esencia. El recorrido me expande. Es el comienzo de la nueva era y la justicia. Aventura para llegar lejos. 

Montserrat

Era más entretenido cuando estabas aquí. Cinco años de tu partida. La Piedi habita ahora las calles que tanto amaste. Esos rincones que disfrutaste con devoción. Llevabas por las calles con alegría tu nombre de monte aserrado y tu apellido de campos de nuez. Por una hermosa casualidad, el mismo de mi enamorado. Tal vez son familia. Como lo que constituimos con la Piedi, el Frano, la Maca, la Chabuca. Una familia. Nos encontramos, en Barcelona, en Lyon, en Santiago, para brindar en cada ocasión por ti Montserrat, pero la Piedi sabe que siempre vas con ella. En uno de los viajes estuvimos en la puerta de la casa de tu padre, Montserrat, mientras escuchábamos la singular historia que los unió con tu madre. Existir está colmado de mágicas casualidades, y de concretas acciones que van cambiando la historia. Tu pasada por este mundo fue de esas acciones concretas que lo modificaron todo. Trajiste al mundo a dos de los seres humanos más sublimes que conozco. Cambiaste el destino de tanta gente con tu bondad en la enseñanza, en el oficio y en la vida. Con tu sentido del humor y tu alegría constante. Es más aburrido ahora, no hay dudas. Pero la Piedad es sabia y sabe que la vida hay que disfrutarla, como tú lo hacías intensamente. Qué energía maravillosa. Gracias por todo, Montserrat, por regalarme una familia tan excepcional. Por hacerlo todo mejor. Sé cómo te extrañan tus hijas, y es mágico que siempre estés presente. Cada calle y plaza de Barcelona te lleva en ella. Lo que hemos amado sigue siempre vibrando con nuestro recuerdo. Tu pasión por existir es absolutamente inolvidable. Un sentido absoluto. Lo cambiaste todo, como un matiz eterno de belleza. Gracias por todo, Montserrat. Canción eterna. 

18 de diciembre de 2024

El sentido absoluto III

Cuál es la dosis que se va revelando cada vez de sentido absoluto. ¿Una flor rosada en medio del verde? ¿Un cielo azul entre las ramas? ¿El reflejo de un mundo de sueños en un vidrio? ¿Unas hojas meciéndose al viento ligero del atardecer estival en medio del calor? ¿Una frase que se repite dentro de una canción interminable? ¿Un suspiro atrapado en un año que se acaba? ¿La redención de nuestros fracasos? ¿El impulso de nuestros acordes alegres? ¿El sol que nos alcanza? ¿El agua que nos ahoga? ¿Los pequeños insectos que se desplazan sin ton ni son en el rayo de luz que los delata? ¿El libro cerrado que nos mantuvo en vilo y que nos modificó por su belleza y su verdad? Vivir es con sentido. Porque para qué. Para encontrar la música. La búsqueda no cesa y el sentido. 

El sentido absoluto II

Me encuentro inerme ante la intensidad de la vida. Ante su arrebato incesante. Ante sus sugerencias y sus declinaciones. Ante su caminar deprisa. Escribo para proponerle cosas. Porque en su intento devasta. En su olvidar detenerse a ratos. Escribo para decantar sus mensajes. Para que ir recorriendo sus insinuaciones tenga algún sentido. Para que sus engranajes sinuosos no me expriman. Para que cada una de sus fibras pueda hablar por ella misma. Cuando veo que la emoción se acerca me reverencio y le concedo razón. Qué traes hoy entre tus manos, le pregunto. ¿Nostalgia? ¿Alegría? ¿Vacío? ¿Serenidad? La espero puntual. Preparo mi espíritu a la avalancha. Preparo mi espíritu a la caricia. Siempre he observado con asombro las flores y los pájaros volando en el viento. Siempre he observado con ingenuidad la luna. Con agudeza el volcán en llamas. En cada oportunidad procuro despejar el sentido absoluto. No vaya a ser que perdida entre escombros no encuentre ese sentimiento que iba acompasado de ideas. El sendero de pequeñas piedras me lleva hasta el agua. Hasta un gran lago que me deslumbra. La garza me hace señas antes de emprender vuelo. La veo perderse en la inmensidad junto a la cordillera. Combato a veces la corriente hasta que descubro que sentada a un lado del río veo pasar los juncos y uno de ellos puede pertenecerme. Entonces construyo. Cada pequeño diamante lo atesoro para que brille. Mis sentimientos se componen de imágenes y música. De cada travesía compongo acordes. No ves que la noche, la paso en vela, canta Violeta Parra. Anda muchacho a la casa, y me traes la carabina, hijo, para matar este gavilán, que no me deja gallina, canta Simón Díaz. Lo que está muerto intento dejarlo a un lado, para que el presente se muestre ancho. Me guían los acordes absolutos. El lamento de una intensidad en llamas. 

El sentido absoluto

Este tema del año nuevo, cansa. Rápido llega el año nuevo. Que exista algo que ligue todos esos años dispersos. Un sentido absoluto que los agrupe para que se encuentren. Es necesario desear modificaciones en el año que se avecina. Encontrar el sentido. Por qué afanamos. Para qué. Corazón contesta, ¿por qué palpitas?, canta Violeta Parra. La luna me está mirando, yo no sé lo que me ve, canta Simón Díaz. Partí lejos, pero el tiempo no se detiene, vuelvo y el río sigue su curso. Hugo no estará este año en Isla Negra. Los árboles de un verde exacto, ¿o no? ¿El océano el mismo azul profundo? ¿La música una misma capacidad de llevarse tu alma? ¿La guitarra el mismo poder de seducción interminable? ¿La voz, idéntica fuerza para arrastrarte al risco de la inmensidad? Vivir es de una intensidad difícil de palpar. La belleza algo sobrenatural y resbaladizo. Se desliza por las manos como si tuviesen jabón. Cubre la piel y la emoción electriza. El año antiguo está ya lejos aunque el otro no ha llegado aún. Por qué afanamos. ¿Por qué palpitas?, como en mar violento la carabela, canta Violeta Parra. Yo tengo la ropa limpia, ayer tarde la lavé, canta Simón Díaz. Para qué. Viajo para encontrar el sentido absoluto. Porque está en todas partes. Porque en la intimidad de los encuentros sinceros descubrí algo que no encontré en viajes, algo que era eterno, como el azul profundo del océano y el verde de los árboles. Algo que era eterno como la música. Algo eterno como la pasión creadora. Los años se unen con la sombra de la pasión. 

Para Charo Cofré y Fabien Nogué. 

17 de diciembre de 2024

Otro año II

El domingo escuchamos a un organillero, pasaba por nuestra casa y lo invitamos a entrar. Me emocioné mucho. Con sus remolinos de colores y su melodía atemporal. Me recordó esa vez con Aldo en Concón escuchando un organillero y las fotografías que tomamos con su loro que nos hizo reír. Aldo le decía, mira a la cámara, sonríe, al loro que lo observaba con intriga. La música se queda adherida a nuestros recuerdos. Esa pequeña caja de tubos y mecanismos de reloj tiene un poder sobrenatural. Otro año pero el amor es intemporal. A quienes hemos amado los llevamos como melodía de organillero que va sonando en nuestro interior. Una melodía que se repite pero siempre con variaciones. Con infinitas variaciones que nos van sorprendiendo. El amor nos atrae porque cambia. Porque nos cambia. Porque nunca es exactamente igual. Nos pilla de improviso, como la melodía del organillo que va modificándose. Los remolinos en el viento van dando vuelta, porque existir tiene algo de repetición hermosa. Recordar es repetir. Vivir tiene una parte de repetición que eleva. Volver a enamorarse. Volver a descifrar la melodía del organillo y saber que nunca es la misma. Que no somos los mismxs, pero siempre estamos intentando aclarar quiénes somos, por qué estamos aquí junto a los colores de la música. ¿Por qué buscar lo absoluto fuera del tiempo y no en esos instantes fugaces pero poderosos en que, al escuchar algunas notas musicales o al oír la voz de un semejante, sentimos que la vida tiene un sentido absoluto?, se pregunta Ernesto Sábato. Vivimos el momento en que es necesaria una nueva síntesis, escribe Sábato. En este año yo me volví a enamorar. Exploro y busco la nueva síntesis. El organillero va con su poesía ambulante y rompe el tiempo de los temores. Porque detenerse es morir. El año se despliega para lanzarse a la aventura. La poesía espera constituirse y trascender los límites del miedo. Los remolinos van dando vueltas para que olvidemos lo que nos dolió. Ese tiempo que es a veces oscuro. Lo oscuro y confuso convive en nosotrxs con la música del organillo que nos indica quiénes somos. Es importante que no olvidemos lo que nos hizo feliz. Que no olvidemos que podemos ser felices. Sin destruir podemos ser felices. Lo oscuro y confuso sin forma de pantanos que nos detengan. La música del organillo es el presente porque el amor es una melodía. En este nuevo año yo quiero amarte. Quiero escribir esos versos que hablen de ti y de tu cruzada, porque la literatura crece al calor del fuego. Tu cuerpo me despierta a la vida. Tu voz. Tu melodía secreta que a ratos me pertenece. En este año yo quiero amarte. Quiero que la melodía sea intrincada e infinita. Otro año y la melodía para saberse vivx. Queda la vida y que suene como organillo de oasis. Al sol y nuestro esfuerzo y resistencia. En este año yo voy a amarte, porque las sugerencias de la melodía me las susurraste tú al oído. Yo te encontré y llegó el nuevo año y que sea tuyo mi cuerpo. Otro año y el organillero tiene las respuestas: la música nunca es la misma. En este año yo voy a amarte.    

16 de diciembre de 2024

Cinco meses

El día fuera del tiempo, en julio, hace cinco meses, contacté con el espacio exterior. Comenzó una relación fuera del tiempo. Dentro del tiempo. Una paradoja. Mido mi tiempo en sus sonrisas y en su poesía. En su creatividad y aventura vital. El ser humano se siente a la intemperie, sin hogar, escribe Ernesto Sábato, entonces se pregunta nuevamente sobre sí mismo. A veces parece que la mayoría de las palabras que salen de nuestras bocas forman parte de esta nueva manera de hablar, escribe Doris Lessing. ¿Es que te sientes excluido de algún tipo de felicidad común?, se pregunta. Llevamos la sensación del tiempo cósmico en los huesos. Compartimos en la inmensidad del espacio exterior y en la intimidad de la poesía. Yo quiero compartir. Esa parte de mi existencia que se pliega a los sueños. A veces no sé cuáles son sus límites. A veces siento que no hay límites. Creo que eso es el amor. Los días fuera del tiempo. Dentro del tiempo. La Gran Paradoja. El amor es la gran paradoja. La fuerza dentro de la vulnerabilidad. Lo invencible dentro de la derrota constante. Yo quiero compartir. Tal vez lo que más quiero compartir es la sensación del cosmos. Ese orden poético dentro del caos. No es fácil amar, pero en la edad de las novelas hay una estrella que guía. Tal vez alcancé la certeza de que es mejor compartir. El nuevo lenguaje poético me desestabiliza y no he pedido otra cosa. La edad de las novelas es elegir subirse al barco con luces de colores porque ahí está la vida. Yo elegí la literatura y el amor. Hay que elegir. Yo quiero compartir. El descubrimiento del lenguaje poético que funde los cuerpos es con repercusiones. Yo quiero compartir los días fuera del tiempo. Se acaba el año y yo te encontré. Tal vez nunca te fuiste pero existías de otra manera, en forma de biblioteca nómade que me recordaba las dudas de los orígenes de las cosas. Cuándo comienza algo: claramente en el día fuera del tiempo. En el espacio indeterminado y en el espíritu nómade. Yo quiero compartir en esa montaña con nombre de oso, en ese sueño con nombre de pez. Porque un día se encuentra el amor y cualquier otra decisión ya no tiene sentido. La literatura y tu existencia es lo que está más cerca de mi alma. En el nombre de la poesía yo quiero compartir. Que sigan abriéndose los universos, joie de ma vie. La literatura nació para dar cuenta del amor. Quiero compartir en la montaña del agua, en el océano rebelde. Que sigan desplegándose los versos, joie de ma vie. En la tierra de los mapuches, en la ciudad de los leones, en el pueblo del mar, el junco y la retama, que siga desplegándose la música, joie de ma vie. 

5 de diciembre de 2024

Intempéries

No fue fácil llegar a Armendariz. El avión a Biarritz estaba sujeto a las intemperies, como se dice aquí. La palabra me hace soñar. Se indicaba en la meteorología: intempéries. Lluvia intensa, viento violento. Se podía verificar rápidamente este estado de cosas. Salí de mi casa y todo voló por los aires, tuve que correr calle abajo para recogerlo todo. Tantas veces hay que hacer esto. En este caso era ese viento de intemperie que se lo llevaba todo. Reuní todo y me dirigí al aeropuerto. Tal vez perdí cosas en el camino. Pero me presenté donde se me indicó. El problema es que el avión no hizo lo mismo. Atrapado en el aeropuerto de Paris por la nieve, se negaba a llegar a Lyon. La funcionaria de Air France decía nos atacan las intemperies y el avión no tenemos idea, está en algún lado atrapado, perdón comensales, esperen un poco más, un poco más, un poco más. Cada media hora indicaba el estado de cosas, que era el mismo, el avión cubierto de nieve, desaparecido en algún lugar. Dónde estaba ese avión. En Lyon no. No había aviones en el aeropuerto. Estamos rodeados de paradojas, y sin embargo debemos continuar, sin leones, sin Armendariz, sin aviones. No había avión, esa es la respuesta definitiva, al menos no en Lyon, bajo la nieve sí, en algún otro lado. Entonces la funcionaria transpiraba mucho, y volvía a encender su micrófono, puntual cada media hora, para confirmar la desaparición absoluta de todos los aviones, incluyendo el nuestro. Tal vez se voló con el viento, dijo, lloraba, yo no sé dónde está, sollozaba. Tuvimos que calmarla. Tranquila, señora, no importa, podemos esperar, estamos muy contentos de pasar este día espléndido de intemperies en el aeropuerto, es una gran aventura, una experiencia fantástica, nos hicimos amigxs, hemos caminado catorce kilómetros para allá y para acá por los eternos pasillos, hemos podido conocer en detalle los pasadizos interminables de este aeropuerto, tomar café y reflexionar un poco sobre aviones desaparecidos y paradojas. De acuerdo, decía, muchas gracias, pero me encantaría saber dónde está ese avión. El viento afuera arreciaba como yo no lo había visto nunca, las personas volaban por el aire, y las maletas demás está decir, se perdían en la inmensidad. La funcionaria nos mandó a comer financiados por su aerolínea, se supone, partimos confiadxs y alegres, pero nada ocurría como previsto, así son las intemperies, y luego en la pantalla nuestro vuelo misteriosamente había sido borrado. Me acerqué a una funcionaria del aeropuerto, y me entregó el veredicto definitivo, el avión desapareció para siempre, me dijo. ¿Cómo?, pregunté. Pero yo debo dirigirme a Biarritz, le confesé, y para eso debo subirme a un avión. No necesariamente, me dijo, puede arrendar un coche y listo. ¿Un coche? Sí, eso van a hacer los pasajeros. ¿Vamos juntxs? No sé, me dice. ¿Alguien lo maneja?, pregunto. Usted, me responde. ¿Yo? ¿Voy a manejar a Biarritz? Claro, es una idea espléndida, le dije, cómo no se me ocurrió antes, muchas gracias. Entonces conseguimos un picnic (un pique-nique para ser exactxs), y partimos todos reunimos a Biarritz por las carreteras para desplegar nuestro banquete en la tormenta. Por supuesto que no, no partimos en ningún auto a ningún lado. Seguimos recorriendo los grandes pasadizos como marcianos buscando señal del espacio exterior. Las maletas, quién sabe, en las intemperies todo se confunde y se mezcla. Caminamos las grandes explanadas buscando nuestras maletas, las funcionarias habían desaparecido, igual que los aviones, y las maletas que volaban por el aire por supuesto también. No estaban las maletas. Dónde estaban las maletas. La confusión era total. Por una gran casualidad del destino divisé la mía desde lejos, mientras volaban por el aire, y la vi caer, corrí hacia ella. No había avión por la nieve, pero el viento me había traído mi maleta, fue un buen momento. Biarritz se veía muy lejos. Todos los vuelos están completos me dice la funcionaria. Pero yo tengo que llegar a Biarritz, señora. Seguía tecleando con gran agitación su teclado del ordenador. Me quedé observándola. Su idea del auto no había sido buena, se lo dije. Transpiraba enormemente. Me quedé de pie esperando nuevas ideas tan buenas como la del auto, y de pronto dijo, sí, hay una plaza para mañana, a la misma hora. De acuerdo, le dije, mejor que el auto y el picnic, ¿no? A mí me encantan los picnics, me dijo, sobre todo si son bajo la lluvia y el viento huracanado. De acuerdo, le dije. Yo prefiero subirme a ese avión mañana, si aparece desde bajo la nieve. Este viene desde Marseille, me dijo. Fantástico, le dije, hay algo reconfortante de poder llegar al destino previsto. Así son las intemperies, me dijo. Las conozco, le dije. Vivo ahí, le comenté. ¿En el viento huracanado?, me preguntó. Ese mismo, respondí. Pero no hago picnic como usted. Me limito a redactar líneas sin detenerme. En este largo día de aeropuerto no pude redactar ninguna, pero caminé por los largos pasillos como si fueran líneas, también está esa opción. Trazar las líneas. Hagamos un picnic y me cuenta sobre eso, me dijo, me interesa. Tengo que volver a mi casa, le dije, pero queda para otra vez, mañana por ejemplo, que tengo que volver al aeropuerto, pero tal vez ya no haya el viento huracanado, sería lo ideal. Volví a mi casa bajo la intemperie, y la gran ventana del salón que da al río estaba abierta de par en par por el viento huracanado. Todo volaba por los aires, como las maletas en el aeropuerto, aquí eran libros. Todo era una gran confusión, libros por todos lados, haciendo piruetas, saltos y extrañas acrobacias. Las intemperies duelen pero vibran. La calefacción estaba apagada, el refrigerador desenchufado, nada para comer, salvo un huevo. Preparé un huevo, cerré la gran ventana, recogí los libros que se estacionaron por todo el suelo, y me senté con una cerveza que había comprado en el aeropuerto a escuchar música mientras el viento afuera seguía elevándolo todo y la lluvia arreciaba. Escuché completos varios discos de Ani DiFranco hasta las cuatro de la mañana y reflexioné sobre las intemperies. A intervalos lloraba, de emoción, de cansancio, de sorpresa, porque las desapariciones traen nostalgia y al mismo tiempo nos permiten hacernos conscientes de que queda la vida, de que a veces lo desaparecido aparece, no siempre, como la maleta, que volvió del aire a mis brazos, como los libros que volvieron a su lugar, o no. Tal vez mañana sería el día de llegar a Biarritz y de poder conocer Armendariz sin Armendariz, de abandonar la ciudad de los leones sin leones que se me adhería a la piel y no me dejaba partir de sus calles empapadas por el agua que vuela. Ani DiFranco canta sobre el amor revolucionario. No tengo dudas que nace desde la intemperie, igual que la literatura. Me dije, fue un largo día, pero tal vez mañana pueda encontrarme con mi amor revolucionario y llegar a Biarritz y a Armendariz. Tal vez, porque la intemperie es incertidumbre. La respuesta definitiva es que llegué. Me encontré con mi amor revolucionario, y recorrimos las calles de Biarritz, de Bayonne y de Armendariz. Fuimos hasta un restaurante perdido en la montaña de Artzamendi con Hegoa, que pasaba unos días por esta región. Caminos sinuosos de una belleza inusitada llenos de pequeños ríos que bajaban montaña abajo. Esta región es de una belleza como pocas, como una epifanía constante. El océano y el bosque. Me siento en casa. Lo entrañable de la intemperie es que nos hace descubrir con más ahínco la belleza. Nos hace comprender el sentido de lo que hacemos y vivimos. Luego de las intemperies, en doce días descubrí la felicidad y la belleza. Cumplí 44 años en Armendariz junto a mi amor revolucionario. La incertidumbre es aprender a desear. Tal vez cada día afino mi deseo y lo expando. Desear es también agradecimiento, sorpresa, reverencia ante lo sublime. Soñar es una palabra que a veces se queda pequeña ante la epifanía de la poesía. Fui en busca de la poesía y encontré el deseo. El intenso deseo de amar y de vivir. Volvió a nacer la literatura, porque la intemperie es la constante nueva oportunidad de observar más de cerca y de guardar las cosas dentro del corazón. Entregarles una nueva sustancia a las cosas, a los riscos y las grandes olas. A los bosques y los riachuelos cristalinos. La intemperie me dejó vacía para poder componerme completamente de amor. Nace la música. En esa región yo pude soñar porque lo importante es nunca detenerse mientras quede la vida. Biarritz, Itxassou, Armendariz, y el milagro. Que quede la vida. Que quede el amor.


4 de diciembre de 2024

Ni leones ni Armendariz

Vamos sacando cosas en claro, en Lyon no hay leones, y en Armendariz no hay Armendariz. Tuve que darle la noticia a Agustina y Margarita, la confusión es total. Tengo que decirles algo, les comuniqué. No sólo en Lyon no hay leones, además en Armendariz no hay Armendariz. ¿En serio?, preguntaron con sorpresa. Así es, respondí, miramos placa por placa. No están. Dónde están, preguntaron. No tengo ni idea. Pero ahí no. Vaya, dijeron. Tal vez están con los leones en otro lado. Es posible, comenté. Vamos a tener que ir a buscarlos. Pero adónde, preguntaron. No tengo ni idea, afirmé. Unx quiere fiarse de las cosas, y nada, dijo Agustina. Vas confiadx y alegre, y nada. Tal vez se escondieron, sugirió Margarita. ¿Buscaron en los establos?, preguntó. ¿Leones?, dije. No. Ni Armendariz. Es posible que hayan estado ahí, asintió Agustina, esperando el oro, el incienso y la mirra de los reyes magos. Cierto, afirmé. Esperando para hacer la alquimia, prosiguió Agustina. Deberías haberlo pensando antes, Cuqui, dijo Agustina. Qué exigente, Agustina, dijo Margarita. Para la próxima los buscamos en el establo con los minerales. Y los reyes magos, agregó Agustina. Tal vez estaban esperando la epifanía, dijo. Pero cuando lleguemos, si los leones tienen hambre, tal vez ya no haya Armendariz, dijo Margarita. Cierto, asentí. Ojalá que no tengan hambre, dije. Cuqui, tal vez pierdan la vida y sea tu culpa, dijo Agustina. Pero Agustina, qué exigente, dijo Margarita. De acuerdo, tenemos que ir enseguida, concluí. ¿A buscarlos?, preguntaron. Claro, afirmé. A los establos. Dividámonos las tareas, propuse. Pero es más entretenido ir juntas, dijo Agustina. Pero más lento, dijo Margarita. De acuerdo, qué prefieren, pregunté, más entretenido o más rápido. Lo queremos todo, dijeron. Todo, todo, todo. Ahora. De acuerdo, respondí. Intentémoslo. Vamos, dijo Agustina. Nos podemos guiar por la estrella, dijo Margarita. Ay, Margarita, no te pongas cursi, dijo Agustina. Pero si así se llega, se defendió Margarita. No, yo así no lo voy a hacer, manifestó Agustina. No sé si vamos a llegar, dije. Son muchos establos. Intentémoslo. ¿Y si los reyes magos se niegan?, preguntó Margarita. ¿A qué?, preguntó Agustina. A entregar los minerales, dijo Margarita. Pero si vamos a buscar a los leones y a Armendariz, dije. Pero así matamos dos pájaros de un tiro, como se dice, la filosofía de la permacultura, vamos a buscar los leones y Armendariz y también traemos los minerales. Y los reyes magos, dijo Agustina. Sí, también, dijo Margarita. De acuerdo, dije. Intentémoslo. Vamos, dijo Agustina. Ahí está la estrella, dijo Margarita. De nuevo con la estrella, expresó Agustina, abatida. Te haces un lío por nada, dijo Margarita. Propongo que avancemos, dije. Cuqui, es la primera vez que tienes prisa, dijo Agustina. Cierto, dije. No quiero sentirme culpable. Viste, Agustina, dijo Margarita, creaste tensión. Calma, compañeras, todo va a salir bien. Cuqui, ese es un consuelo en el aire, dijo Agustina, no nos va a servir. Ni consuelo ni estrella, Agustina, te pido que seas más benevolente con esta cruzada, dijo Margarita. Estoy harta, dijo Agustina, igual que los Armendariz que se fueron de Armendariz, y ahora tenemos que ir a buscarlos. No vayamos a ningún lado mejor, propuso. ¿Y los minerales?, preguntó Margarita. Qué vamos a hacer. No tengo ni idea, dije. Cuqui, espero que pronto tengas más respuestas, dijo Agustina. Hasta cuándo la exigencia, dijo Margarita. Cierto, afirmé. Propongo que nos tomemos esto con calma, dije. Ya van a aparecer los leones y los Armendariz, dije. Bueno, si vamos a fracasar, dijo Agustina, que al menos sea una aventura. Eso siempre, Agustina, manifesté, siempre. Lo importante es vivir. Cuqui, pero el otro día dijiste que primero es escribir y después vivir, dijo Agustina. Cierto, afirmé. Propongo que escribamos la aventura, tal vez lo otro llegue solo. O guiados por la estrella, expresó Margarita, guiados por la epifanía. Trabajar con ustedes es un caos, dijo Agustina. Un poco de paciencia, dije. Al menos la aventura. 

En Armendariz no hay Armendariz

Fuimos con Troy a Armendariz: por supuesto, había que conocer el pueblo. Es de una gran belleza, como tantos otros pueblos del País Vasco. Es pequeño, caminamos por sus calles repletas de árboles y grandes casas blancas con rojo. Llegamos a la iglesia del pueblo, estaba cerrada, entramos al cementerio. Leímos las placas, una por una, una por una: ningún Armendariz. No hay Armendariz en Armendariz. Se fueron. Igual que yo. Dónde están. ¡Ningún Armendariz en Armendariz! En cambio muchos otros apellidos vascos. Con cariño fuimos contemplando todo lo que compone Armendariz sin Armendariz. No importa, dijimos, estarán en otro lado. Dejaron el lugar a otrxs. Los del roble en el monte lleno de piedras (Armendariz) se fueron. Mis tíos decían, Armendariz significa beduino en su camello en el desierto. A mí me causaba gracia. No significaba eso, era una broma. Entonces todo se mezclaba, el beduino, el roble, el desierto, el monte, el camello, las piedras. Tal como las identidades, una mezcla total. A veces en Armendariz no hay Armendariz, hay alguna otra cosa. Porque el origen, ¿es tan importante? Tal vez Armendariz estaban hartos de Armendariz y dijeron, nos vamos. A explorar. ¿Por qué no? Qué es el origen. Qué es el camino. Qué es un pueblo. De qué está compuesto. Armendariz está compuesto de otra cosa que Armendariz. Sigue siendo Armendariz, o no. Armendariz es su nombre. Su contenido no sabemos. Tal vez Armendariz volvieron y están en sus casas en Armendariz, y todavía no en el cementerio, por eso no encontramos las placas. Dónde están Armendariz. Mi cédula de identidad tiene anotado: Armendariz. Un día mi placa va a decir: Armendariz. Pero no va a estar en Armendariz. Porque Armendariz es la estirpe de viajerxs que no están en su pueblo. Están en algún otro lado. Pero yo fui a Armendariz. Me dijeron hay un pueblo que se llama así: fui. Me sentí como en casa. Aunque ya no quedaba nadie. Había otras personas. Recorrí las calles entre los árboles con ovejas que balaban. No pude conversar con los habitantes de Armendariz para saber dónde se fueron los Armendariz. Tomamos una fotografía con Troy en la señalética que indicaba en la entrada: Armendariz. Estaba al revés. Es un signo de protesta por las políticas agrícolas, me dijo Troy. Armendariz al revés y sin Armendariz. Volver al origen es desconocer lo que va a encontrarse. Qué es el origen. Me sentí muy a gusto en Armendariz, es un pueblo hermoso, fue una aventura. El origen es lo que conservamos como un tesoro porque es importante pertenecer a algún lado. Es un derecho humano. A veces nos avergonzamos de nuestros orígenes o nos sentimos superiores a otrxs. No tiene mucho sentido. El origen es solamente donde algunxs a quienes amábamos se sintieron alguna vez felices, y otras veces no. Los Armendariz partieron de Armendariz, eso ya lo constatamos. Luego volvieron a partir, también lo constatamos. Luego volvieron, o no. Lo único cierto del origen es el movimiento.