31 de diciembre de 2022
El corazón en la intemperie VIII
El corazón en la intemperie VII
30 de diciembre de 2022
El corazón en la intemperie VI
28 de diciembre de 2022
El corazón en la intemperie V
Aprendí que perdemos siempre, escribió Sartre, sólo los bribones creen ganar. Para comenzar a amar a alguien, escribió, es una empresa, hay que tener energía, generosidad, ceguera… hay incluso un momento, al principio, donde hay que saltar por un precipicio: si reflexionamos, no lo hacemos. El duelo terminó, pero mi intenso amor por la libertad sigue vigente: no busco pareja. Quiero que se me deje tranquila. Quiero escribir, como dijo Sartre, otra especie de libro. No sé bien cuál, escribió, pero será necesario que uno adivine, tras las palabras impresas, tras las páginas, algo que no existirá, que estará más allá de la existencia, una historia, por ejemplo, que no pueda suceder, una aventura. Existir es intentar comenzar cada año con una esperanza intacta. Una renovación o profundización de los sueños. Una invención perpetua. Organizamos el tiempo de una cierta manera. Habrá buenas razones, supongo. Siendo fines de diciembre, en el hemisferio sur es el fin de todo. En el hemisferio norte es el fin del número, pero las actividades continúan. Otra manera de ordenar el tiempo. Se acaba el año pero el asunto sigue. ¿Qué es lo que acaba en definitiva? Lo cierto es que las cosas acaban un día. Existir es la lucha constante contra el fin de las cosas. ¿Pero, y si lo mejor es que acaben? Piensan en Mañana, escribe Sartre, es decir, simplemente, en un nuevo hoy; las ciudades solamente disponen de un solo día que se repite, exactamente igual, todas las mañanas. Legislan, escribe Jean-Paul, escriben novelas populistas, se casan, cometen la extrema tontería de tener hijos. Entre tanto, escribe, la gran naturaleza vaga se ha deslizado en la ciudad, se ha infiltrado en todas partes, en sus casas, en sus oficinas, en ellos mismos. Sé que la sumisión de la naturaleza es pereza, escribe Sartre, sé que no tiene leyes: lo que ellos toman por su constancia… sólo tiene hábitos y puede cambiarlos mañana. Yo amo mi hábito de escribir. Pero la historia está más allá de la existencia. Existo, sin existir. Soy sólo palabras en una hoja de papel. Me impulsa el amor. El año continúa y habrá que rellenarlo con nuevas palabras. Inventar razones. Otras especies de libros. Aventuras.
24 de diciembre de 2022
El corazón en la intemperie IV
El corazón en la intemperie III
Complicidad
22 de diciembre de 2022
El corazón en la intemperie II
16 de diciembre de 2022
El corazón en la intemperie
12 de diciembre de 2022
42 (VI)
4 de diciembre de 2022
La cita
Las hormonas
Las estaciones
3 de diciembre de 2022
El vampiro
El taxi
El humor
2 de diciembre de 2022
42 (V)
42 (IV)
29 de noviembre de 2022
42 (III)
Somos los errantes, escribió Rilke, pero el andar del tiempo, tomadlo como nimiedad, en lo que siempre permanece, todo lo que corre habrá pasado ya; pues sólo lo que queda nos consagra. Oh, no echéis el valor a la velocidad ni al intento de vuelo, escribió Rainer Maria, todo ha descansado: tiniebla y claridad, flor y libro. Crucé el océano, otras veces lo había hecho, más arriba de las nubes, tan arriba desde donde no puede distinguirse nada. En un rincón del planeta celebré una fiesta del amor continuo. Poblé mi ánimo de esperanza. El presente ha pasado tan fuerte a través mío que ha corroído todo lo que quedaba de pasado. Floto como entre nubes. A las 08h55 de la mañana, un día como hoy, 29 de noviembre de 1980, me apersoné en esta dimensión. Reconocí el amor al instante. Reconocí que esto se trataba de nacer, y volver a nacer. El asombro que cargo es el mismo desde ese momento. Es lo que siempre permanece. Mi disposición a la vida de fuego. La noción de ser música que perfora. La certeza de que la melodía resuena al observar. No en vano he interrogado a cada instante que ha transcurrido. No me canso de soñar con canciones y utopías. Con amores que me dejen situada en la luna. Donde las estrellas se materialicen en verdades ocultas. Este sábado, entre la vía láctea, el canto, la amistad y el fuego creía que me fundía con el todo. Brotaba la magia de saberse viva y pulsando. La nueva era comienza, y tiene el ritmo de la revolución interior. Una sin fronteras y con acordes disonantes. Esos que nos dejan flotando donde nuestros pies ya no tocan el suelo, desde donde emerge todo lo emocionante, como dice Bowie. El agradecimiento me tiene instalada en la soltura imbatible. Ve cómo estalla mi alma, como cantamos el fin de semana, usa el amor como un puente. El amor ha creado todos los puentes que me constituyen. Llegué hace cuarenta y dos años y ya comenzó a materializarse el milagro. Cada día será un regalo a explorar. Todo será compuesto, dicho y escrito. Por siempre, absolutamente por siempre, joven.
Nuevo libro: Cassandre de B. et l’amour, la mort, le cataclysme
21 de noviembre de 2022
Prefacio
Cassandre de B. et l’amour, la mort, le cataclysme
Cassandre de B. et l’amour, la mort, le cataclysme
20 de noviembre de 2022
42 (II)
19 de noviembre de 2022
(Andrea) Collell
18 de noviembre de 2022
42
15 de noviembre de 2022
Puedo ser tu rey
14 de noviembre de 2022
Qué es el amor
Matrimonio
13 de noviembre de 2022
Encontrarse
Si un día viene a buscarme la parca empujad al mar mi barca y a mí enterradme sin duelo entre la playa y el cielo
12 de noviembre de 2022
Perderse
11 de noviembre de 2022
Heathcliff, it's me, I'm Cathy, I’ve come home, I'm so cold II
8 de noviembre de 2022
Heathcliff, it's me, I'm Cathy, I’ve come home, I'm so cold
La verdadera libertad
6 de noviembre de 2022
Chéri, je suis en train d'écrire
4 de noviembre de 2022
El conejo
El otro día caminaba yo por el borde del río, el quai donde están las péniches, esos barcos geniales donde puede uno tomarse una cerveza mirando el agua pasar, y sucedió algo totalmente improbable: se me cruzó un conejo. Era de noche. El conejo tenía orejas blancas, pero era gris, no como el de Alicia en el país de las maravillas. Pero tenía un reloj, igual que el conejo blanco. Luego de mi estupor, decidí seguirlo, por supuesto. Sabía que me llevaría a algún lugar fantástico. Parecía que iba con prisa, no fue fácil seguirlo. Me llevó por un sinfín de lugares, a veces oscuros, pero por su pelaje y su reloj que brillaba no era tan complicado alcanzarlo. Luego me di cuenta que era imposible liberarse de él. Cumplir años es una calamidad. Traté de explicarle. Hacerlo razonar. Llama al siglo XXI, dile que nos dé un respiro, como dice St. Vincent. El conejo nada. Oídos sordos. El puto conejo empecinado en seguir saltando, sin detenerse. Siempre atrasado. Yo no quiero ya cumplir más años. Estoy bien así. Debería ser optativo. ¿Quieres usted seguir cumpliendo años? ¿Sí? ¿No? Marque con una cruz. Yo estoy perfectamente. Conejo de mierda, dame una tregua. Deja de perseguirme. El año se termina y todavía quiero hacer tantas cosas, los días tan cortos, la noche que llega en la mitad de la jornada. Ya basta. El invierno también es una calamidad. Te distraes dos segundos y ya es de noche. Y los rayos de sol cómo, y los cielos azules, cómo. Costará vivir, decía un tío mío vasco. Debería haber dejado pasar ese conejo. Debería haber firmado para vivir sólo en primavera y verano. Cuando me dieron el formulario no estaba pensando claramente. Tampoco cuando te escribí. El tiempo es una calamidad. Los ex son una calamidad. Está todo mal diseñado. Y estamos llenos de conejos grises que nos persiguen con relojes. Que puedas permanecer siempre joven, canta Bob Dylan. Un himno de mi infancia, en la voz de Joan Baez, la ídola de mi madre. Ahora me dices que no eres nostálgico, canta Joan Baez, entonces dame otra palabra para eso, tú que eres tan bueno con las palabras, y en mantener las cosas vagas, porque ahora necesito algo de esa vaguedad, todo ha vuelto con demasiada claridad, sí, te quise mucho, y si me ofreces diamantes y óxido, ya he pagado. El pasado se adhiere a uno de una manera satánica y absurda. Lo positivo, es que si uno tiene el suficiente tiempo puede ver el pastel darse vuelta. Y mostrar otra cara. Se dio vuelta la tortilla, como se dice. Como dice mi madre, la venganza es un plato que se come frío. Qué fantástico. El conejo además va rápido sólo cuando quiere. Las verdaderas aventuras a veces demoran, y el olvido también. Y por mientras el conejo salta que salta, igual no se puede descansar. No hay caso. Yo estoy contenta de habérmelo encontrado cara a cara. Reconozco ahora sus facciones como si estuviesen tatuadas en mi piel. Pude verle la cara y evaporarme de fuego. Seguirlo hasta encontrar su escondite. No pareciera, pero tiene una guarida. Donde produce otros miles de conejos grises. Nos persiguen a distintos niveles. Productividad, salario, alojamiento. La revolución será atrapar ese conejo escurridizo. El tiempo es nuestro. Haremos estrategias junto con ese conejo, no se va a salir con la suya. Basta de explotación. Basta de ahogar balsas en el mar. Basta de comentarios racistas. La creatividad le pertenece a todos y cada uno. El conejo adquiere una nueva cara. El feminismo es en gran parte responsable de los saltos suaves que da el conejo ahora. El país de las maravillas se comparte. Tenemos que cuidar nuestro espacio de la explotación y el racismo. De la destrucción. Somos dueños de nuestro tiempo. Cómo y cuándo será nuestra decisión.