Tengo un corazón desbocado. Uno lleno de ternura, y rencor en ocasiones. Saturado de música y poesía. Un corazón como dios manda, atiborrado de amor desorientado. De amor incompleto y por completarse. Dónde está el límite. Cuál es la verdadera aventura. Pagué. Juro que pagué. No me sigan cobrando. No me abandonen en la mitad del camino. No me lancen proyectiles. No cierren la avenida a casa. No me susurren acantilados al oído. Así es este juego, te dejo ir y me esperas, te propongo y te escondes, te olvido y me buscas. Qué pasa si ya no quiero jugar. Si ya entendí las reglas y no me interesa. Quiero otra cosa. Una con tintes de aventura. Una real e imaginaria. Un juego distinto. Uno que no implique perseguir a la presa como un león en la sabana. Que no sea todo temblor y alarma. Agitación y demora. Tengo un corazón desbocado pero disciplinado. Que sabe dónde están sus cuerdas. Sus instrumentos y orquestas. Dónde. Ese es otro juego. Escribo poemas de amor y luego la debacle. Luego la fuga y el acecho. Encuentro tormentas y tornados. Olas y tablas. I need a break from my troubling ways, canta Melody Gardot. El corazón desbocado es la única aventura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario