26 de enero de 2014

Pertenecemos a la tierra II


Ayer apareció una bandada de loros por mi calle, de esos verdes con pintas rojas en la cabeza, unos pájaros preciosos. Y se posaron en el árbol que está abajo de mi balcón, con ese sonido estruendoso que emiten, y comenzaron a comer las semillas que le quedaban al árbol sin hojas. Luego por alguna razón que solo ellos pudieron percibir, volaron al mismo tiempo todos juntos, dando la vuelta en la esquina, entre los edificios, con la difícil misión de buscar algún otro árbol que pudiera albergarlos, en un desafío que no acaba.
Entonces recordé la selva de Costa Rica, impenetrable y gigantesca, monumental, y pensé: cuán diferente es la vida de estos loros, a la de esos que vuelan sobre kilómetros y kilómetros de verde...

Y me regalaron esta cita:

Cuando la sangre de tus venas retorne al mar,
y el polvo en tus huesos vuelva al suelo,
quizá recuerdes que esta tierra no te pertenece a ti,
sino que tú perteneces a esta tierra.
Nativos americanos

La tierra no nos pertenece, está claro. Pero tan seguros que estamos de poder apropiarnos de todo.

Y vuelvo a John Locke, esta vez con un poco de rabia, y vuelve a hacérseme de pronto muy absurda la idea de la conquista de un pueblo sobre otro, y absurda también la idea de un derecho de propiedad...

Y leo el siguiente pasaje:

Pues aunque yo puedo matar al ladrón que me asalta en el camino, no puedo, aunque parezca ser una acción menos grave, quitarle el dinero y dejarlo marchar; ello sería un robo por mi parte. Su agresión y el estado de guerra en que él se había puesto a sí mismo hicieron que él estuviese renunciando a su vida; pero eso no me daba derecho a posesionarme de sus bienes. Por consiguiente, el derecho de conquista se extiende solamente a las vidas de aquellos que se han unido a la guerra; no se extiende, pues, a sus posesiones, excepto para reparar los daños recibidos y los gastos de la guerra; y esto, respetando los derechos de la esposa y de los hijos inocentes.

Pareciera otorgar mayor valor al derecho de propiedad por sobre el derecho a la vida. De pronto concuerdo con los autores que afirman que el Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil es un libro escrito con intenciones directamente vinculadas a muy particulares intereses de clase, y que podría ser una apología de la moral capitalista.

Y un amigo me comenta:
       
Pues sí. La propiedad privada se basa, claro, en la privación. Es un concepto delimitativo, en una concepción del individuo aislante, hacia dentro, y que excluye totalmente responsabilidad alguna entre las personas. Locke construye un cascarón luminoso y amable basado en la propiedad, pero es todo emperifollaje para ocultar el argumento del miedo y el egoísmo que ya se encontraba en Hobbes, la verdadera columna de legitimación y subyugación del poder.

Y le expreso que concuerdo con él. La verdad que empecé a leer con inocencia, pero ahora lo que siento es asco.

3 de enero de 2014

Barcelona je t’aime

Approche-toi de moi
Monte le son plus fort
Je veux sentir une dernière fois ton corps
Contre moi
Je pars en voyage
Tu pars très longtemps
Je t'en prie, chante moi
Ce vieil air français
Cette mélodie d'Erik Satie
Je crois que c'est ça
ARTHUR H. & FEIST, La Chanson De Satie

Je suis dans un état de surprise, un peu étourdi

Comme une rêverie

Je pense à toi...