Ayer
apareció una bandada de loros por mi calle, de esos verdes con pintas rojas en
la cabeza, unos pájaros preciosos. Y se posaron en el árbol que está abajo de
mi balcón, con ese sonido estruendoso que emiten, y comenzaron a comer las
semillas que le quedaban al árbol sin hojas. Luego por alguna razón que solo
ellos pudieron percibir, volaron al mismo tiempo todos juntos, dando la vuelta
en la esquina, entre los edificios, con la difícil misión de buscar algún
otro árbol que pudiera albergarlos, en un desafío que no acaba.
Entonces
recordé la selva de Costa Rica, impenetrable y gigantesca, monumental, y pensé:
cuán diferente es la vida de estos loros, a la de esos que vuelan sobre
kilómetros y kilómetros de verde...
Y me
regalaron esta cita:
Cuando
la sangre de tus venas retorne al mar,
y
el polvo en tus huesos vuelva al suelo,
quizá
recuerdes que esta tierra no te pertenece a ti,
sino
que tú perteneces a esta tierra.
Nativos
americanos
La tierra
no nos pertenece, está claro. Pero tan seguros que estamos de poder apropiarnos
de todo.
Y vuelvo
a John Locke, esta vez con un poco de rabia, y vuelve a hacérseme de pronto muy absurda la idea de la conquista de un pueblo sobre
otro, y absurda también la idea de un derecho de propiedad...
Y leo el siguiente
pasaje:
Pues aunque yo puedo matar al ladrón
que me asalta en el camino, no puedo, aunque parezca ser una acción menos
grave, quitarle el dinero y dejarlo marchar; ello sería un robo por mi parte. Su
agresión y el estado de guerra en que él se había puesto a sí mismo hicieron
que él estuviese renunciando a su vida; pero eso no me daba derecho a
posesionarme de sus bienes. Por consiguiente, el derecho de conquista se
extiende solamente a las vidas de aquellos que se han unido a la guerra; no se
extiende, pues, a sus posesiones, excepto para reparar los daños recibidos y
los gastos de la guerra; y esto, respetando los derechos de la esposa y de los hijos
inocentes.
Pareciera otorgar mayor valor al
derecho de propiedad por sobre el derecho a la vida. De pronto concuerdo con los
autores que afirman que el Segundo
Tratado sobre el Gobierno Civil es un libro escrito con intenciones directamente vinculadas a
muy particulares intereses de clase, y que podría ser una apología de la moral
capitalista.
Y un amigo me
comenta:
Pues sí. La
propiedad privada se basa, claro, en la privación. Es un concepto delimitativo,
en una concepción del individuo aislante, hacia dentro, y que excluye
totalmente responsabilidad alguna entre las personas. Locke construye un
cascarón luminoso y amable basado en la propiedad, pero es todo emperifollaje
para ocultar el argumento del miedo y el egoísmo que ya se encontraba en
Hobbes, la verdadera columna de legitimación y subyugación del poder.
Y le expreso que
concuerdo con él. La verdad que empecé a leer con inocencia, pero ahora lo que
siento es asco.