Me gustaría contar cuentos. Puros cuentos. Son puros cuentos.
Historias. Que recuerdo, o que invento, o las dos. Historias que recuerdo a
medias e invento a medias. O historias que invento del todo. A veces es el Día.
Hay ideas. Ideas. No, sin mayúscula. Ideas simples, ciegas a sí mismas. El
ruido del fuego en la chimenea. El ruido de la lavadora. Y todos los
intersticios. Y todos los posibles escenarios. Esto es. Es Cuentos. ¡Puros
Cuentos! Sí, con mayúscula. Una realidad que se muestra. Una realidad que
quiere serlo, pero el sol se esconde tras las nubes. Una intemperie imprecisa. A
veces vienen esas ideas. Si el día es largo, si no hay distracciones de por
medio, si no tengo demasiado sueño, entonces vienen. En la propia vida está la
base de toda historia. Tantos personajes reencontrados. Encontrados, y
desaparecidos. Dan ganas de reír. Dan ganas de que la ropa se seque de una vez.
Sin dilaciones. Para poder decir. Para poder portarla sobre el cuerpo. Ese aroma
a ropa limpia. Sin trazos de agua. Historias disecadas. Momias que poder
desenvolver para reemplear. Para revivirlas. Pero todo sigue su curso. Y las
historias mutan. Lamentablemente, o afortunadamente. Sólo queda fijarlas en el
papel. Mintiendo. Diciendo que fue así o asá, pero quizá no fue así, o tan asá.
Fue, simplemente, y es posible rellenar todos esos espacios por rellenarse. Esos
Espacios. Llenos de ropa esperando entrar en la lavadora. Para salir renovados.
Espacios que ni parecían espacios. Cestas disponibles. Contenidos a ser
mezclados. A veces no hay cuentos. Y a veces los veo hasta bajo las piedras. Levanto
una y salen disparados. Como si me atacaran. Me pidieran ser renovados. Me interpelaran
por un poco de atención. Son puros cuentos. Y busco nuevos cuentos. No esos. Quizá
un día, de buen humor, les dé un espacio. Por mientras, sigo leyendo a Bolaño y
a Rancière como si me llamaran. Ellos. Como si en esos libros estuviera la
sugerencia maestra. La Sugerencia implacable. Que pudiera dar con los acertijos
que va lanzando el presente. Un presente continuo que se muestra sinuoso. Como si
no tuviera nada mejor que hacer. Que leerlos. Brindando por no sé qué encuentro
imposible, o misterioso. Más misterioso que otra cosa. La Sugerencia
Implacable, que arrase con lo cierto. Que se lleve tantos días de incertidumbre
a medias. Una Sugerencia que pueda hablar por ella misma. Ponerse de pie y
caminar hacia el abismo de las cosas ciertas. Un abismo entre líneas, que vaya
dibujándose a medida que ésta se revela. Una noción de batallas perdidas. Un abatimiento
porque el fuego en la chimenea ya se apaga. Pero quedan los cuentos. Los Cuentos.
Cuya certidumbre es absoluta. Aunque no signifiquen nada demasiado especial, o
casi nada. Una pequeña, pequeñísima lucha ganada, con total indiferencia. Un pensamiento
del presente. Libre al viento. Abierto a pasear por el jardín inmenso. Quizá de
la mano. Como las cosas íntimas. Esas que no publicaremos porque probablemente
no interesan a nadie. Pero carcomen. Y dan vida. Unas palabritas que se
reverencien a la Sugerencia Implacable. Unas palabritas que no se crean los
cuentos, pero estén dispuestas a las nuevas formas. A los nuevos cuentos. Tan ancestrales
como este presente cargado de significado. Unas palabritas que se independicen.
Algo que, al fin, signifique algo. Una literatura del hastío. Un humor de los
bajos fondos. Nada especial. Nada admirable. Pero único. Pero capaz de corroer
los Contornos. ¿No me canso? Claro que sí. Pero el encuentro con las palabritas
tiene su precio. La búsqueda de la Sugerencia y de los Cuentos. Como si casi
fueran lo mismo, aunque no tengan nada que ver. Si logro hacer que se
encuentren me doy por pagada, aunque no vea un puto peso en todos los años que
amenazan con pasar y extinguirse. Lamentablemente, de manera irremediable. Porque
la posteridad es una broma de mal gusto. Aburrida. Yo persigo la broma real. La
que, de verdad, pero de verdad, haga reír, trayendo junto a ella un huracán. Emociones
que puedan completar el mundo, que a veces, sólo a veces, intimida, con su amenaza
de vaciarse.