Corra rápido y salte. Mueva las manos velozmente.
No, no va a resultar.
Digamos la verdad, no podemos volar así. Busquemos
otras formas.
¿Cuáles? Algunas.
El aroma de una flor.
¿Vamos a volar así?
Depende de cuál flor.
Busquemos otra manera.
Una orquesta. Que no sea militar, claro.
Un barranco. Saltar. Pero ahí se acaba todo.
En un avión, cruzando la montaña.
O te digo que te quiero, quizá vueles. No sé adónde
eso sí. O a mis brazos. O caigas encima. No te sacaré la silla, no te
preocupes. Pero caer puede ser como volar. En una pesadilla.
Soñando. Un sueño profundo, visualizando todo desde
lo alto. Unas piruetas en el aire y despertar con un pájaro cantando, fuerte,
como para despertarse.
Un orgasmo. O el simple vaivén. Muy, muy arriba.
Un libro, de poemas, pero buenos, en un idioma que
entiendas. De otra manera, no será sincero. O incluso aunque entiendas el
idioma puede que la experiencia sea difícil. Haz el intento. Incluso la
sonoridad de las palabras puede servir, la manera como están organizadas en la
frase, musicalmente, o las meras palabras, cada una por si sola.
La fiebre. Volando en fiebre, he escuchado que las
personas dicen eso, cuando el termómetro sobrepasa el número indicado en rojo.
Una sustancia estupefaciente. Puedes estar ahí
mucho rato. Después la caída puede ser dura, pero qué importa, volaste.
Bueno, quizá no sea suficiente todo eso. Son momentos
episódicos. Pero cómo vamos a volar todo el tiempo.
Pero yo vuelo todo el tiempo.
¿Todo el tiempo?
El que me queda.
¿Caes?
Qué importa si caigo. Qué importa si vuelo. Lo
importante es la experiencia. Que haya de las dos.
Y todos los intersticios, donde está lo cotidiano.
Un día mágico, un día de mierda. Y entremedio unos
días de calma. Y entremedio unos días de nada.
Un limbo eterno. Confinado a unas horas. Unas cuantas
semanas. Donde despierta la intuición del vuelo. Ese es el verdadero vuelo, el
vuelvo por venir, donde las cosas nacen, donde lo real florece.
Unos días de limbo y sabrás lo que es el vuelo. Es la
nada hecha sentimiento, dispuesto a ser rellenado. Una consistencia exquisita,
donde todo es posible. Donde lo fundamental se asoma, porque está perdido,
porque despeja el trigo de la paja.
Volaremos, no te preocupes. Desde el limbo se
despega.
En la cuerda floja podremos encontrarnos, y todo lo
demás parecerá como un juego de niños. Dulces, en un parque con columpios y
toboganes.
En el limbo está el verdadero vuelo, donde todo es
posible, donde la partida puede llevarte a un lugar por venir, mientras
disfrutas el viaje.
¿O te parece que los pájaros se quedan todo el
tiempo en su nido?
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