31 de enero de 2025

La red de la resistencia

Todo se trata tal vez de que en definitiva no avanzamos nada y estamos siempre en el mismo lugar. Una apariencia de avance. O es cíclico, avanzamos a veces, sin duda, y luego retrocedemos, y luego avanzamos. Qué es crear. Cuál es el costo. Qué es resistir. Cuál es el costo. Qué es la música. ¿La alcanzamos? Quiero convertir mi tesis en novela. Quiero convertir mi vida en novela. Quiero que la ficción penetre las capas más férreas de esa realidad que no se deja desmalezar. Esas estructuras que no se desarman con hacha. Ese orden rígido que nos saca las entrañas. El sur y el norte y su caja de resonancia. Somos contradicción en acto. Anomalía al descampado. Somos invierno arrepentido. Tronco inerme que avanza río abajo. ¡Uh me quitan el sol me sacan a dios me secan el sudor y el sabor!, canta Charly García y la máquina de hacer pájaros, ¿quién se puede reír de tanto sufrir el frío y el calor y el dolor?, ¿quién escupe los ojos sin resistencia del que trajo el vino dulce para podernos ver? Dónde está la tierra de los libres. Cuál es. ¿Seguimos creándola? Quiero que el poema salga del corazón agitado y la pasión. Quiero que las cosas tengan sentido, o no. Que signifiquen algo que haga volar. Como si todo fuese fantasía. Ilusión trémula. De todas maneras, cuánto avanzamos. Qué es avanzar. ¿Toman distintas formas las nubes? ¿Ocultan el sol todas las veces? Fijarse objetivos y ya. Materializar la pasión. Estar por sobre los ciclos. Fijar el sur. Fijar el norte. Mezclarlo todo. Concentrarse. Crecer. Madurar. El arte de surfear. Crecer es manejar el arte del barco sobre las olas. Fijar el sur. 

30 de enero de 2025

Dónde se esconde el rock

Oso, siete años de tu partida hoy. ¿Cómo se resuelve re, do, si, sol, la?, canta Charly García y la máquina de hacer pájaros, para hacer esta armonía, es preciso un nuevo ser, capaz de nacer mil veces sin crecer, cuatro notas separadas y la oscuridad total, ya no queda tiempo de mirar atrás, pero veo el horizonte esta mañana y de pronto todo parece estar bien, ¿es que no hay nada que pueda hacer?, ¿es que no hay nada que pueda ver? Tal vez es el momento de esa red de resistencia. Un poco de rock para la orfandad en la que nos dejaste. Un poco de rock para la planicie que algunxs quieren imponer al mundo. Jamás. El mundo del todo relieve resiste. A crear se ha dicho. Batería, bajo, contrabajo, guitarra, órgano, piano, canto. Vamos a hacer nacer pájaros. Me reuní en Chile con esas amigas con las que conocí tu rock, Oso, hablamos de ti, como siempre, de nuestrxs amigxs, del tiempo que pasa, de la amistad, del presente, del dolor, del amor, de la música, de la poesía. Todo intacto, tú lo sabes, igual que tu rock, que sigue sonando en nuestros encuentros. Los años pasan y lo único que cambia son esas bestias que vuelven para imponer sus sacrificios. Dónde se esconde el rock. Lo necesitamos para crear la red de resistencia. Volví a mirar tus cortometrajes. Me llenan de gozo. La red de la resistencia es la creatividad. Tú la tenías a raudales. Tu cámara de video, tu máquina de fotos, tu guitarra, siempre alcanzando el cielo. Tu humor era la mayor resistencia. La euforia es algo que no se olvida y nutre la red que necesitamos. ¿Vienes? Conocí al pequeño Maximiliano y sentí alegría por alguien que va a iluminar con su curiosidad, estuve también con los hermosxs Domingo y Rafaela, en quienes veo la pasión de su madre por la belleza y me recuerdan esos años en los bosques que vivimos todxs juntxs. Fue mágico. Igual que esta red de resistencia que comienza a crearse. Todo se trata sobre agradecer. Tu rock me cambió la vida, Oso, ahora lo veo tan claramente. Tu amistad, tu imaginación. Años de paseos y música. Adoro a ese grupo de personas con quienes compartí gran parte de los mejores momentos de mi vida. La resistencia nace desde ahí. Desde la felicidad de formar parte, la felicidad de crear, la felicidad de conocer el alma del mundo. La que intentan destruir. Jamás. El rock se esconde en el amor y en la amistad. Ya está en marcha la máquina de crear pájaros. Libres. Como un pájaro libre, de libre vuelo, así te quiero, como canta Mercedes Sosa. Los pájaros se van creando. Van volando. Libres. En el rock yo conocí la libertad. En sus alas majestuosas que podían sobrevolarlo todo, y entrar bien profundo en el corazón agitado. Mi corazón se agita con las cárceles que sobrevuelan. Con quienes amé y ahora están lejos, o muertos, o perdidos porque así es mejor. Amo a esas personas que me hicieron conocer lo importante. Esas personas que me hicieron comprender los fragmentos esenciales de la vida. La tuya sigue siendo vida porque está en todxs nosotrxs. En nuestras creaciones, en nuestro humor, en nuestra alegría. La alegría es un acto de resistencia, escribe Loryn Brantz, en tiempos de desinformación, la educación es un acto de resistencia, en una época de liderazgo deficiente, la comunidad es un acto de resistencia. Somos la gran comunidad del rock en el alma. Del carrousel rítmico en el espíritu. Por nosotrxs, por lxs que se fueron, creando y luchando, por lxs que vienen: SEGUIMOS. La red de la resistencia en el rock toma la forma de la no forma: SEGUIMOS. 

29 de enero de 2025

Vela II

Del pantano a la vela. Salir a mar abierto. Navegar por un fiordo. Navegar por el estuario escondido. Es necesario ser otra persona que la que se fue antes para escribir la gran obra. Siempre vamos dejando atrás esos fragmentos de nosotrxs que nos pesaban. Pero yo avanzo y miro atrás, avanzo y miro atrás. Quiero modificar y luego desandar. Retomar lo abandonado. Nunca abandono del todo. Voy atando cabos. Admiro los barcos con luces de colores desde mi ventana. En invierno no hay hojas en los árboles y puedo ver lo que hacen las personas en las grandes salas de baile que circulan por el agua. Cenas en movimiento. Encuentros acuáticos. Pequeños trozos de la fiesta. La fiesta se lleva por dentro. A veces se ve. A veces está escondida. A veces está muy escondida. A veces no se ve para nada. Cada día es dueño de sí mismo. Cada paso de baile en el desierto. En las dunas. Me siento en las dunas y hundo los pies en la arena. Corro cerro abajo como cuando era una niña. Cuidando que la arena no me caiga en los ojos. Me subo a la tabla para deslizarme colina abajo. Que todo sea un juego, es mejor que nada. Un juego mortalmente serio y efímero. Un juego bajo el agua como buceando entre los peces de colores. Un juego en el barco a vela al atardecer. Entre los juncos repletos de garzas negras y blancas con polluelos indefensos gritando. Con islas que no han sido descubiertas. Con remolinos de viento. Es necesario ser otra persona para esa obra desafiante. Para ese cuento sin final. Para esa historia de la intemperie creativa. Para ese deslizamiento de la tierra que hace caer las rocas montaña abajo. Esa colisión del agua contra las piedras que deja espuma. En grandes explanadas identifiqué yo un verso por primera vez. En un viaje por los castillos de Julieta y Romeo. Existen. Yo los vi. Entonces hablé de la pasión. Hablé de la fuerza. Comenzó ese viaje sin retorno. Por los fragmentos de la vida. Hasta que me dije: todo tendrá su lugar en el mismo castillo. Abran las compuertas. Que entre la luz. Que entre la música. El sonido de las olas. El llamado de la energía solar. Traigan los muebles de flores y las grandes bibliotecas. La estadía de la escritora se resume a un tiempo y un espacio disponibles. Se resume a haber conocido el mar. A haber conocido el amor. A haber conocido la risa. A haber conocido los laberintos. A mantenerse en un viaje por los días, sólo rozándolos. Sólo encontrándose con las páginas. El agua es lo que a mí me va salvando. El barco a vela en el puerto zarpando al carrousel de emociones. Lo que quiero es lo que voy definiendo. Todo lo que no puedo obtener. Todo lo que amenaza con destruir la calma que debiese reinar en este mundo. Se confunde pasión con ambición. Se confunde violencia con naturaleza. Cuán lejos estamos de esa tierra prometida. Cuán cerca de esos paraísos posibles. Lo que me interesa es que no todo se vacíe de contenido. Que no todo sean imágenes. Que el río traiga versos verdaderos. Simone de Beauvoir habló de escribir esa verdad. De encontrarla. Voy en la vela con ese objetivo. La intemperie feminista es encontrar esa verdad y decirla a pesar del precio. Encontrar una verdad tiene su precio. Decirla tiene otro precio. Hay que pagarlos todos. Uno por uno. A riesgo de morir sino como copia de la muchedumbre. Como estampida de búfalos que aplastan a los más débiles. A los del margen. Yo nací en el margen del mapa. Me subí al velero. Cuál era el centro. Todo me pareció tan arbitrario una vez comprendí el orden. Todo me pareció que tenía una parte flagrante de falsedad. Desmalecé esa organización para identificar sus raíces. Proliferaba. Se hacía grande. Yo me hacía pequeña. Detuve en seco el proceso. No entraré en este juego. Resolví que el margen era perfecto. Construiría mis propias reglas. No quiero sugerir que se me malentienda, dice Arendt, al contrario, soy muy bien entendida, pero si alguien aparece con una afirmación semejante y quita a la gente sus barandillas –sus firmes líneas de guía- (se habla, entonces, del colapso de la tradición), ¡pero nunca se dan cuenta de lo que esto significa!, y significa que ¡nos hallamos afuera, en la intemperie! Tomé el sur y el norte y observé. Los organicé en el barco con luces de colores. Los dejé afuera, a la intemperie. Ninguno se sostenía. Les sugerí la pista de baile. La duna de arena. El bosque y los animales. Chimeneas con humo iban ocultando el cielo. Detengan el barco, dije. Me bajé. Todo se movía a gran velocidad. Una rapidez supersónica. No podía decantar nada. Me refugié en los bordes. En los bordes de la ficción, como dice Rancière. En la ficción encontré una casa amigable. Cuya estructura era sólida como la arena. Inmensa como la sal. Organicé un hotel en medio del salar, hecho de sal. La sal y el agua reflejaban el color del cielo como un cristal se apropia de la forma de las nubes. Aquí será, me dije. En la intemperie del salar. El hotel se deshizo. Ahora a caminar en la mira. A caminar en el caos organizado. A caminar con las autoras que conocen la intemperie feminista. A inventarla. A imaginar. A crear ese hotel para huéspedes inesperados. Todxs juntxs a la mesa. Todxs juntxs derribando las murallas. Decorando los salones. Plantando las enredaderas. Como el musgo en la piedra. Vamos cantando, cantando. Me instalé en la ficción. La forma que lxs críticxs querían imponer no dejaba espacio para convertir a la historia en historia. La literatura será este gran camino, me dije. Todo será incluido. Todo será inventado. La imaginación, ese es el camino. Voy en la vela e intento inventar la democracia de los versos para que abran camino a las líneas por venir. Todo fue por amor a la democracia. Todo fue por amor a la pluralidad. Todo fue por amor a la igualdad. Todxs sentadxs a la mesa. Voy en la vela y el viento es favorable. La música es la sugerencia. El teatro, la ópera, el cine. Todo fue por la pasión del arte. 

Vela

Save me from what I want, canta St. Vincent. Sálvame de lo que quiero, significa. Yo no estoy hecha para nada demasiado organizado. St. Vincent repite varias veces, sálvame de lo que quiero. Si no escribo no encuentro mi espacio, no le encuentro valor a mi vida. No des pasos en falso, Lisa, me digo. La vida tiene que estar llena de acción para que haya temas literarios. Sí, me hundo, pero después ya salgo. No tienes que dar todas las batallas, Lisa, me digo, tienes que elegir estratégicamente. Tengo que independizarme de todo pensamiento. ¿Se puede estar escribiendo la gran obra siendo la misma persona? ¿Es necesario cambiar? Sálvame de lo que quiero, lo repito como St. Vincent. Pero entonces escribir qué es. ¿Una rutina larga como pasillo? ¿Sin movimiento hay literatura? El segundo apellido de mi bisabuela bruja de la primavera era Vela. Se llamaba Aurora Vernal Vela. Fantástico. De ahí obtuve lo náutico, ahora lo sé. Voy rauda como vela. En una vela roja y naranja. Roja y rosada. Violeta y verde. Soy la vela que rompe las olas del océano. Llevo en mí el baile, el arte, la magia, la primavera y la vela. Soy el viento que impulsa la nave. Mi cerebro son veleros que van a la velocidad de la luz. A veces. A veces veleros en un día sin brisa. El sol es el carburante. La aventura. El agua. Escondo en los veleros lo que quiero. Lo transformo en literatura. A falta de posibilidades. A falta de una señalética interior clara. Hablo conmigo misma y descarto inmediatamente un sinfín de opciones. Me río mucho. Cuando no estoy hundida. Me subo al velero a falta de otra cosa. Elevo la vela. Como en un windsurf. No es fácil mantenerla en alto. Pronto vuelve a caer. La vuelvo a elevar. Suena entretenido. No siempre lo es. A veces tiene su gracia. Gracias a dios puedo escribir algo. ¿A cuál dios?, como diría Ángeles Mastretta. Mi diosa es la vela rauda. Mi oración se dirige siempre a la imaginación. Sálvame, le digo, sálvame. Llévame, le digo, llévame. Llévame en tu vela. No me olvides nunca. Déjame en alta mar en la intemperie feminista. Dame alguna maldita respuesta. Años que te invoco, condenada. Mientras más me alcanza el humor más disfruto el viaje. Tal vez todo ha sido reír en una vela, sin destino. Velocidad para el espíritu. Trigo para la pluma. Maíz para la desesperanza. Café para las inundaciones. Saco el agua de la barca cada día. Disfruto hundida día a día en el humor negro. Dejé de lado hace rato la respetabilidad, como habría querido Bolaño. Cuando alguien dice, por qué escribes sobre tu vida, me causa mucha gracia. Qué es la vida. Hay muy pocas cosas realmente serias en una vida. Más bien todo puede ser usado por ti misma en tu contra como historias a explotar como dinamita. Escribo ficción. Escribo verdad. Escribo. La literatura es la casa de lo que no tiene contornos precisos. Es todo lo desorganizado. Todo lo que desborda. Todo lo que no quiere ser encasillado. Creo reglas y las voy rompiendo, como las olas contra la barca. La literatura es una vela surcando el océano. Lo importante es escribir. Es decir algo. Lo que sea que esconda el corazón. Pero que sea lo que está en el corazón. Pero que sea por la paz. Pero que dinamite las estructuras del sufrimiento, como muros que separan. Estás equivocado. Los muros no te hacen más grande. Te hacen más oculto. Soy de esas personas que cree en la literatura con una creencia estoica. Como un credo que todo lo modifica. Todxs a sus puestos, hay que derribar los muros. Hay que seguir la cruzada. Sálvame de lo que quiero. Hay que derribar los muros. Alzar velas, que entre el agua por las murallas. Llévanos, imaginación, condena lo estático. Tender las velas. Escribir lo humano. Escribir lo animal. Escribir el futuro. 

27 de enero de 2025

6 meses III

Cada palabra poética es un objeto inesperado, escribe Roland Barthes, caja de Pandora de la que salen todas las categorías del lenguaje; es producido y consumido con particular curiosidad, especie de gula sagrada. Esta Hambre de la Palabra, continúa Barthes, común a toda la poesía moderna, hace de la palabra poética una palabra terrible e inhumana, instituye un discurso lleno de agujeros y de luces, lleno de ausencias y de signos superalimenticios, sin previsión y sin permanencia de intención y, por ello, tan opuesto a la función social del lenguaje, que la simple apelación a una palabra discontinua abre la vía a todas las Sobrenaturalezas. Ahora los poetas viven una vez más en la intemperie, escribe Bolaño, y pueden volver a leer poesía. Troy es la promesa de la poesía presente y por llegar. La luz que se asoma por el hombro al observar el atardecer rojo. En Troy se funden los objetos inesperados. Qué esperamos del amor. ¿Poesía? ¿Sobrenaturalezas? ¿Gula sagrada? ¿Discursos llenos de agujeros y de luces, de ausencias y de signos? Qué entregamos. ¿Versos? ¿Cajas de Pandora? ¿Ríos? ¿Rocas ¿Dudas? ¿Barcos y aeroplanos? Seguimos convenciones y esperamos obtener algo que nos insinuaron. Entregar algo que nos exigieron. Seguimos leyendo y los libros nos indican los muros y las fallas. La geografía de desastres que ensambló nuestro espíritu en busca de vida verdadera. Jamás pensamos que el amor sería el laberinto enrevesado de pasiones que estaba oculto en nuestros cuentos de hadas. Jamás pensamos que existir sería tan diferente a esa hilera de milagros que se nos prometía. En el largo camino a la intemperie optamos por hacer frente a las catástrofes. Las hadas convertidas en bestias que sangraban. No podemos dejar de lado el amor porque nuestra cruzada es en bandada, en cardúmenes al acecho, en grandes manadas que intentan vivir juntas en un territorio poblado de verde y de dunas de seda. Las emociones desconocidas hasta el momento las vamos descubriendo con asombro. No aspiramos a casi nada más que crear versos. Le pregunto a Troy el marino por su barco. En cuál puerto lo perdió. En cuál puerto lo encontró. A veces me siento agitada. A veces me siento cansada. Entonces me cobija la literatura. Imaginarla es lo que me hace subir al barco. Mi propia creación del cuento de hadas es a lo que no renuncio. Las hadas son versos. Troy es mi musa y mi azul profundo. Más que comprenderlo todo por momentos intento vivir, tal vez hay una parte del cuento de hadas que tiene sentido. Esa poesía a la intemperie que pueda tomar la forma de un barco. Podría perderme con Troy en el horizonte si siempre están las palabras. 

6 meses II

En la poesía moderna, escribe Roland Barthes, las relaciones fascinan, la Palabra alimenta y colma, como el súbito develamiento de una verdad; decir que esta verdad es de orden poético, es sólo decir que la Palabra poética nunca puede ser falsa porque es total; brilla con una infinita libertad y se apresta a irradiar hacia miles de relaciones inciertas y posibles. Abolidas las relaciones fijas, continúa Barthes, la palabra sólo tiene un proyecto vertical, es como un bloque, un pilar que se hunde en una totalidad de sentido, de reflejos y de remanencias: es signo erguido. La palabra poética, agrega Barthes, es aquí un acto sin pasado inmediato, un acto sin entornos, y que sólo propone la sombra espesa de los reflejos de toda clase que están vinculados con ella. Así, afirma, bajo cada Palabra de la poesía moderna yace una suerte de geología existencial en la que se reúne el contenido total del Sustantivo. Troy está forjado de una geología existencial poética que fascina. Como si fuese produciendo la alquimia a su paso. Como si los secretos del misterio ya no pudiesen mantenerse ocultos. Como si cargase verdades que aún no han sido reveladas. Su mirada se posa en los objetos como si pudiese advertir la sustancia enigmática que los define. Yo lo observo, intento descifrar los acertijos que va creando en mi espíritu. Intento comprender mi parte de la anomalía que son los seres humanos, como cree Rebecca Miller, su parte de la anomalía, nuestra anomalía creativa. No tengo todas las respuestas, afirma Miller, es más bien que planteo todo tipo de preguntas e incongruencias y cosas que no coinciden porque eso es lo que realmente son las personas, estas anomalías, hay todas estas cualidades que no coinciden en las personas, y eso es lo que las hace individuos y las hace muy difíciles de entender y, sin embargo, también interesantes. Amar es tal vez profundizar para vislumbrar esas discrepancias a las reglas que son quizá las que hacen nacer el arte. Nos equivocamos tanto en relación a qué es el amor. Entregamos a veces frases hechas, cualidades que coinciden. Tal vez por miedo, tal vez por falta de imaginación para modificar las reglas del juego. Amar tiene que tener la consistencia del milagro donde toda desviación sea tesoro que define la poesía, palabra que alimenta y colma, como una verdad. Entonces existir puede volverse actos sin pasado inmediato, actos sin entornos. Arruinamos a veces nuestra originalidad en caminos sin magia propia. Lo que me gusta de Troy es su autenticidad poética. Ese camino sin transas ni triquiñuelas, como lo habría querido Bolaño. Ese camino a la intemperie, donde se puede leer y escribir poesía. Donde se puede ser la poesía. Troy el marino, Troy el poema, Troy la palabra eterna.  

24 de enero de 2025

6 meses

Our love is like a ship on the ocean, canta The Hues Corporation. En la poética moderna, escribe Roland Barthes, las palabras producen una suerte de continuo formal del que emana poco a poco una densidad intelectual o sentimental imposible sin ellas; la palabra es entonces el tiempo denso de una gestación más espiritual, durante la cual el «pensamiento» es preparado, instalado poco a poco en el azar de las palabras. Esta suerte verbal, continúa Barthes, de la que caerá el fruto maduro de una significación, supone entonces un tiempo poético que ya no es el de una «fabricación», sino el de una aventura posible, el encuentro de un signo y de una intención. Seis meses con Troy y voy con la poesía en el barco, en el tiempo poético de la aventura posible. Troy el marino guía mi asombro y produce el terremoto que rompe la tierra en grietas que dejan entrar los versos. Dejan entrar el agua para navegar por los días. El aire una sustancia acuática que me lleva en su vaivén. Tantas certezas destruidas, tantas ideas inalterables disueltas. Enamorarse es olvidar quién se fue, y cuán dulce es esta música del olvido. Cuán mágica su silueta en el horizonte y en las venas. Cuán decisivo su efecto en el cuerpo. Cuán lleno de viajes por labrar en la mirada. Cae la significación como un fruto y lo único cierto es que la literatura nace del misterio de vivir en un barco en el océano abierto. Como olvidé todo lo que mi cuerpo ha confrontado me suspendo en un presente exacto. En él siento que nunca había estado tan enamorada como en estos laberintos poéticos que recorro a mis cuarenta y cuatro años. Si la sensación es verídica o no, me tiene sin cuidado. Porque profundizo en la intemperie feminista, lo que me quita el sueño hace diez años, la existencia de la escritora y sus palabras, y todo el viaje va encajando sus piezas para completar el paisaje de la epifanía y del dolor del arte. Intento transformar mis ideas en versos y el esfuerzo es suplicio y es gloria. Nací en el carnaval de las palabras poéticas, donde el sentimiento es rey y su reino la emoción que crea. Le entregué mi alma a la posibilidad de imaginar, a la rebeldía de la historia y a los versos que me transformaron. El camino de la escritora es solitario. El camino del amor es extraño pero promete cúspides para quien encuentra a un marinero en alta mar. Llamo al viaje e identifico la consistencia densa y profunda de los días. Siempre hay una primera vez para comenzar algo. Siempre hay un tiempo poético en el cual instalarse. Todo es más sutil contigo. Delicado, agudo. Esa poesía vivida como la comprensión de la existencia completa. Querías perderte en la existencia hasta nuevo llamado pero el verso en la caña de pescar te trajo hasta mí. No me equivoqué en ningún sentido respecto a lo que había soñado: la biblioteca nómade era una manera de estar en el mundo. Muy cercana a la mía. Agradezco este viaje impresionante: en él se crean las palabras de la poesía que luego componen los paisajes que deshacen mi alma en canciones y gemidos. Amar es un gesto de la revolución, su parte más íntima y verdadera. Lo que traes a mi espíritu es lo que posibilita la imaginación de esos océanos amplios. Existir es un gesto de sacrificio en las palabras. Contigo el viaje es sublime. El amor en la palabra es sobrenatural como el impulso del deseo de encontrarnos. Eres la unión de un signo y una intención que se va repitiendo hasta el infinito y crea paraísos. Lo que había en tu mirada no pude soñarlo porque el tiempo no habría sido suficiente. El tiempo poético son tus ojos y tu sonrisa. Tu capacidad de soñar en la que me resguardo porque me hace volar. El baile es eterno cuando acaece tu melodía. El sueño no era suficiente. El tiempo poético estaba en tus ojos y en mi espíritu azul como el océano. El barco me lleva. Nuestro amor es como un viaje en las olas. Troy el marino. Troy el poeta. Troy el amor de la revolución. Troy el barco infinito.  

23 de enero de 2025

Por lo que queda V

Troy se dijo, yo voy a ser feliz. Pero tampoco sabía lo que esto significaba. Existir venía siendo un retorcido misterio. Maldijo el día en que lo habían traído a este cruel pasatiempo. Por alguna razón que no entendía, no obstante, seguía teniendo entusiasmo. Se sentía bien en el barco, a pesar de las decepciones diarias. Constató que estaba hecho para la soledad, porque sentía una gran serenidad. No le duró mucho eso sí. También anhelaba compañerxs de aventuras. Los voy a buscar, se propuso. Observó el azul todo alrededor como una muralla invisible. No había nadie. La radio le anunciaba la llegada de un presidente loco en el gran país del norte. Quizá todxs se escaparon, pensó. Dónde van a ir, se interrogó. Él quería reflexionar sobre existir pero las contrariedades diarias se lo impedían. La desaparición de las personas. Los presidentes dementes. Qué estupidez, pensó, por qué estoy separando todo si existir es ser la obra. A veces se sentía mortalmente confundido. El gran cielo azul había dado paso a una ancha nube gris que anunciaba una lluvia torrencial como pocas. Si estoy perdido tal vez nada me alcance. Si soy feliz. Hizo caso omiso a que todavía no tenía el significado para ninguna de estas cosas. Tal vez nunca podría dejar de lado su personaje. Pero Troy el marino no se rinde, afirmó. Sentía vergüenza a veces de esa tozudez ingenua que cargaba. Ni siquiera sabía bien en qué consistía rendirse. Comenzó la lluvia y nuevamente estaba llorando. Existir a veces no tenía ninguna gracia. Pero mirando el mar todo se hacía más liviano. Mi optimismo secreto es la aventura, se dijo. Mi cruzada incansable por la poesía. Tomó con alborozo su bitácora, había momentos así, en la cima, donde le volvía la esperanza a pesar de los reveses de su fortuna, pese a las dudas y los antagonismos vanos. Redactaré el nacimiento de las dudas y tal vez así pueda exorcizarlas. Tal vez mi condición de hombre me ha jugado en contra. Nunca se había puesto a pensar en esto. Pero ante todo él era un marino, no quería problemas extra. Pero esa pregunta se instaló en un lugar de su cerebro donde no pudo sacarla. Era un lugar donde almacenaba todo lo embrujado. Todas las pócimas para realizar la alquimia. Qué era ser hombre, se interrogó, sin perjuicio de su negativa a entrar en este ambiente lleno de laberintos y juncos. Lleno de almizcle y líquenes. De hortensias y perros salvajes. Casas de madera y arrecifes de coral. Buses atiborrados y pequeños almacenes sin café de grano. Ropa cosida en India y gaviotas que gritan. También estaba eso, sus orígenes eran difusos como las medusas que observaba al bucear. No quería más guerra. Y su cerebro una sopa picante. Ser marino es un trastorno, se dijo. Una pérdida de tiempo. Un arte inútil como mi intento de alcanzar a los patos que nadan como un perro jugando a atrapar el futuro. A veces sus frases eran feroces como león, despiadadas como magnate delirante con poder. Cómo concentrarse en su bitácora y no ser víctima del destino. No era una víctima. Era un marino. Anotó con decisión: Troy el marino. Troy el caballo. Troy el prestidigitador. Troy el poeta. 

22 de enero de 2025

Por lo que queda IV

Troy se dijo, debiese comenzar a escribir las historias de Troy el marino, pero luego decidió que mejor iba a esperar un poco, porque todavía no había navegado nada, o casi nada. Igual se puso a escribir, por algún lado había que empezar. Anotó: hoy es el primer día en mi barco. Ya sé, se dijo, voy a escribir una bitácora del viaje. Anotó: row, row, row your boat. Era una canción que había aprendido de niño. Gently down the stream. Life is but a dream. Rema tu barca, suavemente por la corriente, la vida no es más que un sueño. Troy era un soñador empedernido. Cada diez minutos un sueño. No tenía tiempo para la bitácora del viaje con tanto sueño. A veces lo aprisionaban entre ellos de tantos que eran. Iban suspendiéndose por el aire como burbujas y ocupaban toda la habitación, la pequeñísima habitación de su barco, llena de globos y sueños. Los desinfló todos para poder respirar. Basta ya, les dijo, déjenme espacio para vivir. Lo que yo quiero es vivir. Vivir y navegar. Los sueños se encabritaron, lo atacaron sin más. Sueños o nada, no nos dejaremos vencer, parecían decir. Troy estaba harto, salió de la pequeña recámara y se lanzó al mar, se hundió para no verlos más. Salió luego a la superficie, pero ahí lo esperaban, ansiosos. Qué absurdo, se dijo, esto tiene que ser agradable y mis propios sueños me atacan. Misericordia, les pidió, me pueden dejar un momento a solas con los peces, les preguntó. Los sueños, nada. Ahí. Ahí. Ahí. Se alejó del barco para tener un poco de tranquilidad. Tenía miedo de volver a su bitácora y que todo volviera a comenzar. Perderse parecía finalmente imposible. Por qué había elegido algo que ni siquiera sabía lo que significaba. Por lo menos habían vuelto los peces.  

21 de enero de 2025

Por lo que queda III

La primera vez que Troy se subió a un barco había una bruma que no dejaba ver más allá de un par de metros. Tuvo miedo de perderse. Una paradoja, claramente, porque perderse era lo que él quería, o lo que él creía que quería. Se internó en la bruma para ver si era eso realmente lo que quería. No logró sacar nada en claro. Pero aprendió de inmediato que la bruma no es más que agua suspendida como lo estaba su alma y que no saldría de ahí invicto. Se dijo a sí mismo, se repitió, esto es lo que querías, ahora sigue adelante. Siguió. No veía nada, por supuesto. Hacía dónde habrá que ir, se preguntó. Su espíritu era un prado de dudas que florecían. Llegaré a tierra firme, se dijo. Siguió. Pero cómo saber si adonde iba a llegar sería tierra firme. Sólo quedaba verificarlo. Cuán firme sería esa tierra. Sería una tierra, o qué. ¿Habría especias? ¿Cofres? ¿Metales? Con poder llevar a cabo la alquimia le bastaba. Pero todavía no sabía bien lo que era. Lo que sí estaba firme era la bruma. La condensación parecía aumentar y no había tregua alguna. Agua por todos lados. Pájaros ni hablar. Resolvió pescar. Ni peces había. Adónde se han ido. Adónde se han ido todxs. La bruma implacable. Tal vez pueda encontrar una compañera, se dijo. Desde mi costilla. De dónde saqué ese disparate, se dijo. Uno tiene almacenada en la cabeza una cantidad de información extrañísima, se comentó a sí mismo. Pero no había tiempo para tanta exploración interior porque el hambre comenzaba a arreciar. Si tan sólo hubiese traído mi emparedado, se lamentó. Pero la tierra firme tal vez cuándo, y peces nada. Se sintió de pronto abatido. Perderse no tenía la magia que él había imaginado. Las dudas se volvieron encarnizadas. Lo atacaban con crueldad. Se puso a llover. Resolvió llorar. Ya habría tiempo para pescar. Y luego, nada. Así pasa a veces. Agua. Agua. En el aire, en sus ojos, en su ropa, todo alrededor. Agua. La primera vez en el barco fue una linda experiencia. Sintió que había aprendido una enormidad de cosas. Creyó ya saberlo todo. Se puso a imaginar cómo iba a aplicar todo lo aprendido la segunda oportunidad de subirse a su barco. El hambre arreciaba todavía, y su ambición no hizo más que crecer, Troy no iba a rendirse fácil. ¿Tal vez un mapa? Concluyó que le quedaban cosas por aprender. Pero él quería vivir el presente y perderse. Quería perderse de verdad. La expedición debía continuar.


20 de enero de 2025

Por lo que queda II

No sé cuánto queda pero hace seis meses apareció Troy en mi vida, luego de nueve años sin noticia alguna sobre su paradero. Hoy es su cumpleaños. Apareció a la vida hace cincuenta y dos años en un lugar de Francia con la secreta aspiración de ser un marinero y perderse en el mar para siempre. O de ser un escalador y perderse en la montaña para siempre. O de ser un aviador y perderse en la inmensidad para siempre. O un astronauta, en el espacio. Lo importante era perderse. Para siempre. Parece cosa fácil, pero no lo es. Cuando las cosas van mal puede ocurrirnos aunque no lo queramos. En este caso él quería perderse. Se había perdido. Pero luego pescando, yo tiré el anzuelo al agua, con un verso, o una lombriz, son sinónimos, y él supo que ya no quería perderse más. Creo. Ojalá. Yo lo encontré. Tal vez él estaba perdido, o se sentía perdido. Tal vez no estaba perdido, y yo sentí que lo había encontrado. El asunto es que apareció, y entonces yo tuve noticias de su paradero desconocido hasta el momento. Existía, en un lugar de Francia. Un lugar incierto. Estaba por ahí, dando vueltas, como quien no sabe bien si quiere perderse o no. Seguía teniendo la misma inquietud que tuvo desde su nacimiento: quiero perderme o no. Era una pregunta constante. Él día de su aparición el asunto quedó finalmente resuelto. Entonces luego sucedió lo inevitable: nos perdimos juntxs. Partimos al otro lado del mundo para seguir perdiéndonos porque así es mucho más estimulante vivir. Para qué decir escribir. Si nos encontramos demasiado tiempo no hay carnaval. Perdidos entonces prometimos seguir en el barco para siempre. De todas formas ese había sido su deseo al nacer: perderse. Y el barco era la primera opción, la que estaba más cerca de sus anhelos más íntimos. En cuarenta y cuatro años yo no me había perdido en un barco pero zanjé rápidamente que eso era lo que quería. A veces tomamos prestados los sueños de otrxs por un tiempo porque así es mucho más estimulante vivir. De todas formas cuáles son nuestros sueños. Yo fui la que lo encontró. No me sentía perdida, pero él tal vez sí. Lo más interesante de las historias es cuando aún no se ha alcanzado el conflicto narrativo. La progresión dramática es la que me apasiona. Había desechado la forma y ahora quiero que todo tenga forma. Secretamente yo también siempre quise perderme.  

Por lo que queda

Cuántos viajes puede llevar a cabo un cuerpo. Cuántos viajes puede llevar a cabo con asombro un cuerpo. Cuántos con ingenuidad. Cuántos con deseo. Cuántos con ambición. Cuántos con anhelos. Nosotrxs partimos en un viaje. Con mi enamorado, que hoy está de cumpleaños. Yo me había dicho: ya no más viajes. Libros y listo. Por qué. Por qué dije eso. Tenía buenas razones. Me equivoqué. No voy a volver a decirlo. Reformulemos: viajes y libros. Por lo que queda: viajes y libros. Viajes y libros. Viajes y libros. Amar es encontrar los rayos de sol en el cielo nublado. Te amo, mi marinero preferido. 

19 de enero de 2025

Navegando en el carnaval

Escribir, igual que vivir, es la interrogación constante. Los obstáculos en el camino. ¿Y el ánimo de seguir adelante? Hablemos en serio. Cuántas dudas se resuelven en una vida. Cuántos amores dejamos atrás porque alguien nos cautivó. Cuántos libros toman forma. Mi enamorado y su cumpleaños mañana. Le agradezco por existir. No tengo dudas de que tu boca es navegar por el infinito, le digo. Navegar en ese carnaval al que nos trajeron sin preguntarnos nada. Hace cincuenta y dos años te trajeron y luego esa poesía que hizo su alquimia en el vórtice de tu espíritu. En la isla de tu espíritu. En las palmeras de tu espíritu. Un día llegaste para hacer la historia. Para escribir esa isla. Para poblarla de apariciones y sobresaltos. Tu existencia es carnaval. Es barca avanzando con velocidad en el viento. La delicadeza de tu encuentro es éxtasis. En un barco, yo pensé, pero sin saber la dirección del viento. Nos lanzamos al agua en medio del lago, donde el suelo era profundo y los pies jamás podrían alcanzarlo. Tus sugerencias bastaron para emprender el viaje. Tu existencia es sensual como tu mirada. Tu cuerpo me genera una atracción que remece los cimientos de la barca. Sólo sé construir sobre barcos, para elevar anclas cuando debe comenzar el viaje. Cuando estoy bajo el agua confío en que voy a poder volver a salir. A veces no sé cómo. Pero confío. No me queda otra opción tal vez. No me gusta sentir miedo. Me rebelo. Firmé para la intemperie feminista y no he atracado en ningún puerto seguro. Me inspiras serenidad y atardeceres. Crepúsculos confusos y cientos de estrofas que se van delineando. ¿Vine para algo más? Sí, para navegar. Explorar el agua. Perderle el miedo. Perdonarla. Redimir a esas olas por haberse llevado a Noah y su avalancha. Y su arca que siempre supo navegar a pesar de la tormenta. ¿Vine para algo más? Sí, para el carnaval. El goce de saber que el tiempo es sagrado y que no se detiene. Lo voy fijando en libros porque su velocidad me aturde. Lo voy fijando en tu voz que me recuerda que camino sobre una barca. Que es el viaje el que impulsa mi pluma. Existir contigo es navegar en el carnaval de las sugerencias. Tal vez también vine para esto. Barco de mi tiempo. Aparición repentina y secreta. Misterio perfecto. Sabiduría que va en la dirección del viento. Gracias por venir. Feliz cumpleaños.  

Navegando

Sé que me extrañaron pero tenía que recorrer Chile, y la pluma iba delineando líneas en mi cerebro y no en el papel. En ocasiones hay que subirse al barco y zarpar. Soltar las amarras y elevar las anclas. Esta fue una de esas ocasiones. Porque escribir también es ir recolectando cosas para abrirlas y descubrir algo. Lo que sea. Algo. Sin tu cuerpo no podría. Erosionarme no quiero. La extensa geografía. Le tomé el gusto al viaje, y es difícil volver atrás. El viaje por tus pestañas agrupadas según la voluntad del agua que queda en ellas luego de salir del lago. El reflejo del sol en tus ojos de río cristalino. Soñar es posible. No cuesta nada. Escribir cuesta un poco. Viajar cuesta. Porque el alma queda a la deriva. Qué es lo que vendrá, decimos. Qué hay aquí. Cuál es el mensaje cifrado en este paisaje de paraíso. Observar, observar, caminar, navegar. Cuántos días, cuántas noches, cuántas olas, cuántos vaivenes. Viajar es como vivir, nos hace conscientes de nuestra vulnerabilidad, de nuestra belleza, de lo que sobra y de lo que rellena el anhelo. La gran alegría es disfrutar el viaje. Dejar que se filtre a la sangre para volverse una nómade incurable con una pluma como tesoro. ¿Pero y vivir? ¿Es navegando? ¿Es en la orilla? ¿Es en tus ojos? ¿Es bajando los rápidos del río en la balsa? ¿Escalando las rocas donde van colisionando las olas con violencia? Luego queda encontrar el camino de vuelta a casa, porque un viaje nos transforma. Si no nos transforma, ¿para qué llevarlo a cabo? Navegar es ir lanzando al agua esos fragmentos inconclusos que nos persiguen los talones. Vivir es ir rematando la codicia de querer entenderlo todo. Tuve esa gran ambición y la dejé de lado. Me limito a viajar con un asombro infantil de habitar un planeta de tesoros por descubrir. Escribir es la intuición de los diamantes en la ruta. Un día descubrí tu sonrisa. Mi alma en jaque prometió que un día sería el viaje. Pero sabemos tan poco. Hay viajes y viajes. Yo no sé casi nada de esas islas pero sé que encierran cofres. Me basta con el deseo. Me basta con tu cuerpo. Me basta con las islas y los cofres. El agua es mi alimento diario. Es mi gran carrousel de la esperanza agazapada. Me gusta confiar porque hay esas islas. Me guían cuando hay la lluvia. Debo tal vez entregarme al viaje como exploradora experimentada. Desconozco casi todo de aquellos barcos que me alcanzan. Pero sigo. La intemperie feminista es una vocación.  

I’m mad about you

You’re beautiful, como canta Snoop Dogg y Pharrell Williams, I just want you to know you’re my favorite boy, there’s something about you. I’m crazy for you, como canta Madonna, touch me once and you’ll know it’s true, every breath I’m deeper into you. Seis meses con Troy y su poesía. Mañana es su cumpleaños, y su hermoso cuerpo y cerebro alcanzarán las cincuenta y dos vueltas completas al sol, para seguir luego girando y ojalá a mi lado. Giramos por el sur de Chile, desde Santiago hasta el lago Llanquihue, un road trip cara a cara con la tierra, algo que no llevaba a cabo hace años en ese rincón del mundo que me vio nacer. Isla Negra, Valparaíso, Concón, Matanzas, Pichilemu, Temuco, Pucón, Frutillar, Puerto Varas, Ensenada, Lago Todos los Santos, Valdivia, Quinta Michay, Laguna Avendaño, Lago Rapel, Santiago. Troy estaba fascinado y sorprendido. Yo también. Partes y luego ya no sabes bien quién eres. Todo queda atrás. Doce años en otras latitudes. Pero luego haces frente a esa tierra. Qué tienes para decirme, le dije. Qué vas a entregarme. Te he entregado yo algo, le pregunté. Fui considerada contigo, fui condescendiente, fui cruel, fui idealista, fui ingrata, fui agradecida, le pregunté. Dímelo. No quise herir tus sentimientos una y otra vez. Fui reparando en el camino todo aquello que debía ser reparado. Todas esas veces que ella me dañó. Qué esperas de mí, le dije. Hablemos en serio, le propuse. Aquí estoy, vine, le declaré, no te he olvidado. Simone de Beauvoir no ocupa todo mi corazón, también está tu recuerdo. Era borroso, pero ahora estoy aquí y es cada vez más nítido. Quise dejarlo todo atrás. Pero guardé lo que era cálido en mi alma. Por qué habías ocultado esta belleza, la interpelé, o acaso yo no había sido capaz de verla, o acaso la había borrado también junto con los tiempos amargos. Sabías que habría la injusticia, le pregunté, luchaste contra ella, quise saber. Con cuánto ahínco luchaste, le pregunté. Cuánto se retorció bajo tu mirada atónita. Dime cuánto han destruido tus bosques y ríos, quise saber, dime cuánto saben tus habitantes sobre la justicia, cuán tranquila está tu alma. No recordaba la belleza de tus paisajes, la belleza de tu gente. Tal vez tuve suerte de haber nacido en ti. Nunca sé bien. Mi cuerpo es un carroussel regado de fragmentos que a veces no se encuentran. Pero yo vi tus paisajes y sólo pude agradecer. Porque la belleza es tan nítida a veces. Podemos tocarla con las manos. En ese barco por el lago al sol miré el horizonte y creí reconocer la sustancia de la felicidad. Es escurridiza, pero tú me diste una parte de ella. Las personas que quiero me esperan para admirarte porque eres una tierra que puede hablar por ella misma. Una identidad múltiple y fuerte como el hierro. Todo será devuelto y protegido, todo será reparado y cuidado. Nuestra historia nos persigue, como todas las historias. Como todas las pesadillas y los sueños. Troy me dijo, quiero recorrer este país, quiero hacer mío también una pequeña sombra de sus secretos. De acuerdo, le dije. No habría hecho ese viaje por la tierra sin su iniciativa. Suelo pasar mis días en Isla Negra y Santiago y escribir libros cuando estoy ahí. Escribamos nuevas líneas en el aire, le dije, en la tierra, en el agua. En ese barco en el lago yo supe que quería seguir viviendo para poder escribirlo todo. Para poder volver a encontrarme con esa tierra que brilla, con ese sol que calienta el corazón y entrega esas claves que nos van faltando para ir comprendiendo un poco de esa misteriosa ocasión de existir con un cuerpo. Esa misteriosa ocasión de amar lo que se nos puso al frente. El azar absoluto me lleva bajo sus alas y me muestra caminos que no conocía. Se puede estar en paz con nuestros orígenes y caídas. Se requiere algo más que tiempo. Algo más. Lo que tú me entregas, amado mío. Esa poesía que está en ti y que yo conocí por primera vez en esa tierra de poetas. En ese océano eterno que me dejó en suspenso para siempre. Que sigue manteniéndome en suspenso. Nunca podré observarte y abarcarte completamente. Nunca acabará el asombro y el goce de admirarte como algo sobrenatural. Instalaron esa agua frente a mis ojos como instalaron tu silueta un buen día: sólo puedo llamarlos milagros. La consistencia de la magia son versos. Los que surgen del cuerpo frente al llamado de la inmensidad del amor. Ese azul eterno es donde está mi nombre. Donde sea que este se encuentre. Ya sé cuál es mi lugar, ese océano infinito, tal vez nuestra identidad está labrada con sensaciones y las que están más cerca de la felicidad son las que cuentan, las que nos indican quiénes somos, quiénes fuimos, quiénes vamos a ser. Todo es movimiento y camino. Carretera y asombro. Las grandes olas como sustancia de nuestra vida. Mi lugar es el océano y nuestra poesía. Mi lugar es la literatura, y la literatura está en todas partes.