30 de agosto de 2019

Todos quieren expresarse


Todos quieren expresarse. Decir: esta pequeña porción del mundo me pertenece. Estos cinco minutos. Son míos. Mírame. Aquí estoy. Te quiero.

Todos quieren expresarse. Componer una canción. Dar saltos. Caminar del brazo en una película. Susurrar una melodía al oído.

Todos quieren expresarse. Una armonía que desbarranque. Una pequeña bailarina que haga soñar. Chispas que alumbren. Molinos de viento que se dobleguen.

Todos quieren expresarse. Invitar al destino a torcerse. Mostrarle, mostrarle. Mira lo que puedo decir. Escúchame bien todo lo que tengo que exponer.

Todos quieren expresarse. Abrir la caja de música y extraer las melodías. Mostrar las escenas acompasadamente. Un orden que signifique algo. Una estabilidad que no destruya.

Todos quieren expresarse. Mirar de frente al otro. Hablar al aire. A una audiencia imaginaria. Que se esfuma. Que es tan efímera como un saludo al pasar. Como una cita insignificante. Qué es lo que queda.

Todos quieren expresarse. Que dure, que dure, dicen. La compuse para ti. Si no dura, tanto peor. Que se esfume en la inmensidad para fundirse con todo lo perdido.

Todos quieren expresarse. Y quién escucha. Gritos al tornado. Que se aleja. Qué es lo que queda. ¿Una sonrisa? ¿Las partículas elementales? Los pequeños poemas en prosa esperando ser desarmados para conquistar nuevos corazones.

Todos quieren expresarse. Estamos ahogados en expresiones. Si tuviese cinco minutos para todas aquellas palabras. Qué limitados son nuestros veintitrés minutos en la tierra. Si fueran mías todas las canciones. Podría hacerlas traspasar mi piel y volverme letra que apacigua. Letra que ensancha el ánimo.

Todos quieren expresarse. Y si no hay mañana. Y si ya todo está dicho. Y si al salir tropezamos. Con la mansa incertidumbre. Con el perdón del daño que hemos hecho. Con los pensamientos claros.

Todos quieren expresarse. Y yo busco un refugio donde expandirme. Una cabaña en el lago de las pasiones por descubrir y alcanzar. De las pasiones por profundizar. En el lago de tu mirada fija. De tu sonrisa de paraíso celeste. De la música que integra tu voz.

Todos quieren expresarse. Ahí, justo ahí, está todo lo que quiero decir, esperando invadir los prados hasta diluirse para entrar en mis cinco minutos. Mis mágicos cinco minutos. Mis cinco minutos de terremoto. Un encuentro en ascuas. Una existencia para decir. Para sentir. Un canto a tus cinco minutos. A nuestro cansancio. A la esperanza, casi, casi, intacta. A entregarse al río como corriente de vida. A la pequeña bailarina que todavía tiene algo que decir.

Todos quieren expresarse. Al mañana que se diluye y esa es nuestra resignación y nuestra oportunidad. Al consuelo de haberlo intentado. A la pequeña bailarina que todavía tiene algo que decir, a pesar de sí misma. A ratos. Elegir, elegir. Hacerle frente a tantos miles de cinco minutos entrelazados. Expresarse y elegir. Y dejar que la flecha siga su trayectoria, y se clave en el blanco.

4 de agosto de 2019

Iaia ya son tres años


Tres años Iaia. Te escucho reír como que hubiese sido ayer. En algún rincón andarás, descubriendo, pero siempre conmigo. Me gustaría tanto mostrarte mi casa. Hay tantos libros. Está llena de luz. Te encantaría. Supieras adónde llegué. Hay dos grandes ríos, con cisnes, puentes. Camino todo el tiempo. Recorro cada calle. Y me pregunto dónde estarás tú. Me pregunto adónde van todos esos momentos que disfrutamos juntas. Todos esos cafés que nos tomamos. Todas esas palabras que compartiste conmigo. Cada sonrisa que me regalaste. Cada broma que nos acercaba en complicidad.

Cuando alguien parte, parte sin partir. No hay sustitutos posibles. El tiempo trae otras cosas. Que caminan al lado. Que van poblando el espacio que ya te pertenece. Que siempre te perteneció. Pero tu benevolencia los autoriza a entrar. A llegar dulcemente. Como una canción llena de reminiscencias pero que incita a vivir.

Y ya son seis años lejos de esos almuerzos en tu casa. Todo se transforma. Y los caminos hay que seguirlos. A riesgo de luego encontrarlos cerrados. De no saber por dónde empezar. Y yo que le pedí a la vida valentía. Y yo que le pedí a la vida la determinación. La luz. La palabra correcta. El ritmo benevolente. Y yo que creo saber el perfume de una mirada. El color de los atardeceres junto a los sueños. Todo me ha sido dado. Tú me lo diste. Las palabras lograron ordenarse desafiando la corriente que iba veloz en todas direcciones. Y yo sólo pedía escuchar tu voz y tuve la bienaventuranza de agrandar mi presente, llenándolo de confianza y apoyo. Y yo que sólo quería escuchar la música de tu alma y tuve un paraíso.

Recuerdo tu mano tibia y luego tu mano fría. El cuerpo se queda. Para luego partir. Me preguntaste si yo era un ángel. Que venía a buscarte. Y yo sólo quería que salieras de ese hospital para poder ir a pasear juntas. Pero el número de paseos en una vida tiene un límite. Luego pues ya no sé. No sé en qué montaña son. Ni los jardines recorridos. Los senderos escarpados. Lagos en el camino. Cuánta nieve.

Te puedo contar que la existencia siempre sigue trayendo nuevas aventuras, nuevos regalos. Nos regaló a Agustina y a Margarita. Te encantaría conocerlas. Son ángeles en un prado de flores. Son la libertad misma. Yo no pensé que la vida pudiese traer algo así. Luces que hacen verlo todo con amor. La certeza que todo muere y todo nace. Los ciclos benditos y llenos de sabiduría. La oportunidad de ver morir y renacer cuántas veces sea necesario. La posibilidad de cambiar la piel y fragmentos del alma. Todo lo que conservamos y lo que miramos con sabia distancia.

A qué estamos abocados. A ver más primaveras. A escuchar. A comprender lo que los otros quieren decirnos. A hablarnos a nosotros mismos, con cariño, con atención. A seguir caminos escondidos en el bosque. A admirar todo lo que el hombre ha creado de belleza y bondad. A perseguir unos sueños, a veces difusos, a veces tan nítidos. A caminar casi sin detenernos. Sólo para tomar aire a un costado del camino cuando el paisaje se hace muy verde, o muy gris, o simplemente porque no vamos a ningún lado en realidad y descansar es tan importante.

A mí me gustaría invitarte a la fiesta. Donde sea que estés. Quédate en esta fiesta. Porque no hace más que comenzar. Porque te aseguro que algo promete. La intuición no me engaña. Todavía hay tiempo. Todavía se abren las flores. Los glaciares no están todos derretidos aún. Los bosques resisten con fuerza. Las enredaderas crecen por todos lados. Las criaturas ven la luz. Una taza de té siempre estará disponible. O podemos seguir tomando café si quieres. Café con leche, como te gustaba. Pan con mantequilla. Música. Y una larga lista de cosas sobre las que podremos hablar. Interminable. Hasta que tengamos que dejarlo todo, nuevamente. Y el horizonte será nuestro amigo. Como si siempre hubiese estado ahí. Iaia, quédate en la fiesta, te juro que el baile no falta. El horizonte baila porque sabe que un día será alcanzado. Porque los sueños son para que te los cuente. Para que se vuelvan río y lleguen al mar. Porque en ti siempre encontré paz. Porque te extraño y me gustaría que estuvieras aquí. Porque aprendí que nunca te fuiste. Porque el horizonte baila y podemos también descansar. Porque gracias al movimiento somos hoy mucho más grandes.