28 de febrero de 2025
Étrangers, s’il vous plaît, ne nous laissez pas seuls entre français
Community means power
27 de febrero de 2025
This is big-time serious, folks
Hoteles
26 de febrero de 2025
Un corazón acelerado II
Un corazón acelerado
25 de febrero de 2025
La literatura
23 de febrero de 2025
El abandono imposible
21 de febrero de 2025
Una vida al servicio de la literatura
19 de febrero de 2025
El sol II
El sol
Sol y música
Cristina
16 de febrero de 2025
El incendio
15 de febrero de 2025
Lo que puede escribirse X (la sinceridad)
Lo que puede escribirse IX (la música)
Lo que puede escribirse VIII (la patineta)
Lo que puede escribirse VII (el meteorito)
Lo que puede escribirse VI (el cuaderno con flores)
Lo que puede escribirse V (el balancín)
Lo que puede escribirse IV (la balsa)
Lo que puede escribirse III (la claraboya)
Lo que puede escribirse II
Decimos: el día de los enamoradxs. Pero actuamos como que es el día de las parejas. Tal vez todxs estamos enamoradxs. Tal vez estamos en pareja o no. Tal vez estamos en pareja y no estamos enamoradxs. Tal vez estamos enamoradxs y no estamos en pareja. Estar enamoradx puede tomar distintas formas, que a veces quedan aprisionadas en el concepto de pareja. Puede tomar la forma de una claraboya. Una ventana en el techo que nos deja ver las estrellas. Puede tomar la forma de una balsa, que nos lleva por las olas. Puede tomar la forma de un balancín que nos hace subir y bajar por las horas de cada día. Puede tomar la forma de una pelota que va dando tumbos hasta que se detiene. Puede tomar la forma de un pastel azucarado que luego nos hastía. Puede tomar la forma de un cuaderno con flores donde podemos ir anotando preguntas y nunca obtener ninguna respuesta. Puede tomar la forma de un meteorito que luego se estrella contra la atmósfera. Puede tomar la forma de un semáforo intermitente que va dando señales claras pero que varían. Puede tomar la forma de una rama que cae cuando hay mucho viento. Puede tomar la forma de una patineta que nos lleva a algún lugar desconocido. Puede tomar la forma de un tambor, vamos intentando que el sonido sea armonioso pero a veces el ritmo nos falla. A veces falla todo. A veces tenemos la sensación que no. A veces no tiene la forma de nada y puede ser música, hasta que duele, o no. A veces toma la forma de una partitura complicada pero que nos intriga. A veces es sólo forma y se evapora. A veces es como un libro que vamos releyendo y nos hace felices. El problema es tal vez reducirlo a corazones rojos y chocolates. Todo lo que se reduce, excluye. Para empezar, están las dificultades técnicas, escribe Virginia Woolf, (tan simples, aparentemente, en realidad, tan complicadas) de que la misma forma de la oración no calza con una mujer. Es una oración hecha por hombres, sentencia Woolf, es demasiado suelta, demasiado pesada, demasiado pomposa para ser usada por una mujer. Y sin embargo, advierte Woolf, en una novela, que cubre tanto terreno, un tipo común y corriente de oración tiene que ser encontrado para llevar al lector fácil y naturalmente de un lado del libro al otro. Y esto una mujer debe hacerlo por sí misma, anuncia Woolf, alterando y adaptando la oración actual hasta escribir una que tome la forma natural de su pensamiento sin aplastarlo o distorsionarlo. Lo que puede escribirse es esa oración de las formas nuevas.