26 de junio de 2020

Be a Chilean Complainant

No piensas en lo que viene después
Sólo en: decirlo
Tomas las palabras las ordenas
Una por una
Pero casi aparecen solas
Llevan un tiempo ahí
Agazapadas
Inmediatamente encuentran su lugar
Como las notas de una composición que quiere ser

Como a María Luisa Bombal:
te perseguía la imagen del mundo que viste destrozarse
el primer día en el estanque. Aquel silencio se te antojaba
el presagio de una catástrofe.
Pero luego María Luisa Bombal dijo:
Tal vez un volcán ignorado de todos acechaba,
muy cerca, el momento de estallar y aniquilar.

Tal vez, tal vez
Qué vino después
Al contrario de los relatos escabrosos que dicen dejé de creer
Aquí volviste a creer
Te escriben, te llaman
Hay tanto que compartir
Creas lazos mágicos
Te reencuentras con antiguos compañeros y compañeras
Todos quieren decir
Tal vez el volcán ignorado
Tal vez el momento de estallar
Mucha luz
Hace calor
Se derritió la última brizna de nieve
Los ríos bajan la montaña raudos cristalinos
Llevan el apoyo que te das cuenta llega a otras y otros
Abran la caja
Te dicen:
Yo también
Desconocidas se vuelven conocidas
Te sientes tan cerca del dolor ajeno
Quieres ayudar
Entiendes la razón de esto:
Detener y unir
Decir la verdad es un acto revolucionario
Mujeres y hombres dicen
Los cobardes se esconden
Su carácter salta a la luz

Sigues respondiendo mensajes
Los que estaban bajo sombra corrosiva quedan al descubierto
Tu amiga dijo los vasallos interesados y temerosos
Habló de un fin de fiesta
El carnaval verdadero se presenta
Vas, vas, hay tantos que caminan también
El carnaval exhibe el patrón tristemente típico de perversión
La psicopatía se ve de lejos
La lupa puesta y emite un brillo oscuro
El asombro se vuelve ilimitado
El narcisismo se dispara e intenta disparar
Pero esta vez yerra
¿la unión es la fuerza?
¿la voz es la fuerza?
Caes en cuenta que el terreno estaba allanado
Son muchos años de aplanar ilusiones
Un conjunto innumerable de ilusiones e individuos
Te preguntas al mismo tiempo
Por qué recalcar la hombría
Qué pasa ahí
Acaso es inexistente
Como sus redes sociales luego de la explosión
Es un fenómeno extraño: desaparecieron.
Suelen decir, quien nada oculta da la cara, o algo así
No es el caso
Dónde estabas tú
Hay una canción de los Jaivas
Cuando había que, pagar la luz, vender el cielo

Reparar los días, medir la distancia

Zurcir la cultura, ordenar los sueños, recoger ideas
También había que hacerlo, dijeron los Jaivas

No lo sabías
Ay, ¿dónde estabas tú?
Cuando había que abusar sí te vieron
Abran la caja
Antes podía uno quedarse muy quieto
Cerrar los ojos esperando que se perdiera el depredador
Hoy es el movimiento
Hoy es la unión
A mí también
Y a todos mis compañeros
Como bien dijo alguien muy sabia:
Se les acabó la fiesta.
Esa algarabía construida sobre cadáveres
A ponerse los zapatos para subir esa montaña
En la cima la amistad se siente aún más fuerte
Ninguna senda es fácil
Pero acompañados paraíso
Como el agua que brilla un día de sol
Ese reflejo luminoso y móvil
Una vez más: atrévete a decir
Aquí estamos.

20 de junio de 2020

Importante Fallo de la Corte Suprema de Chile en relación a persona con Síndrome de Down

Importante Fallo de la Corte Suprema de Chile en relación a persona con Síndrome de Down

Fallo histórico de la Corte Suprema señala que el Síndrome de Down no es una enfermedad y por lo tanto, no se puede privar de cobertura de su Isapre pre aduciendo este motivo.
“… un individuo con síndrome de Down no puede ser calificado como enfermo, toda vez que su condición es una diferenciación en su conformación genética que da lugar a una variante más dentro de la diversidad natural y propia de la naturaleza humana, pero que en caso alguno lo puede situar en la categoría de lo patológico ni menos aún en una posición de menoscabo de su dignidad, en la cual se le debe considerar en condiciones de igualdad, con mayor razón en el campo jurídico y en la plena adquisición y goce de sus derechos”. Negarle la cobertura en su atención en salud configura “… una situación de discriminación”.  
Este fallo tiene una proyección aún mayor, ya que en el triaje que se efectúa en los centros de salud no podría existir una selección negativa en relación a una persona con Síndrome de Down considerándolo “enfermo” y por lo tanto se debe cumplir su derecho a recibir todos los apoyos para la mantención de la vida, incluido el respirador mecánico.
Además, se extiende a la situación de otras personas con discapacidad cuya situación también corre el riesgo de exclusión como la diversidad del espectro autista o la parálisis cerebral.
El fallo zanja toda duda, restableciendo el imperio del derecho y la debida protección al afectado. Se convierte en un precedente para todos los tribunales de nuestro país, un ejemplo en ámbito internacional y una potente señal para la protección de los derechos de las personas con discapacidad.

María Soledad Cisternas Reyes
Enviada Especial del Secretario General de Naciones Unidas sobre Discapacidad y Accesibilidad


Important Judgement of the Supreme Court of Chile in relation to a person with Down Syndrome

Historical judgement of the Supreme Court indicates that Down Syndrome is not a disease and therefore, a person cannot be deprived of coverage of the “Isapre” [Health Private Insurers] on the grounds of this reason.
“... an individual with Down syndrome cannot be classified as sick, since their condition is a differentiation in their genetic makeup that gives rise to one more variant within the natural and characteristic diversity of human nature, but which in no case can place them in the category of pathological, and even less in a position of impairment of his dignity, in which they must be considered under conditions of equality, and even more so in the legal field and in the full acquisition and enjoyment of their rights”. Denying him coverage in his health care sets up “... a situation of discrimination.”
This judgement has an even greater projection, since in the triage carried out in health centers there could not be a negative selection in relation to a person with Down Syndrome considering him / her “sick” and therefore his / her right to receive all supports for the maintenance of life must be fulfilled, including the mechanical respirator.
In addition, it extends to the situation of other people with disabilities whose situation is also at risk of exclusion such as the diversity of the autistic spectrum or cerebral palsy.
The judgement closes all doubts, restoring the rule of law and the due protection to the affected person. It becomes a precedent for all the courts in our country, an international example and a powerful signal for the protection of the rights of persons with disabilities.

María Soledad Cisternas Reyes
Special Envoy of the United Nations Secretary-General on Disability and Accessibility


Décision important de la Cour suprême du Chili concernant une personne atteinte du syndrome de Down

Une décision historique de la Cour suprême indique que le syndrome de Down n’est pas une maladie et, par conséquent, une personne ne peut pas être privée de la couverture des «Isapres» [Sociétés privées d’assurance santé] pour ce motif.
« ... un individu atteint du syndrome de Down ne peut pas être classé comme malade, car son état est une différenciation dans sa constitution génétique qui donne lieu à une autre variante dans la diversité naturelle et caractéristique de la nature humaine, mais qui ne peut en aucun cas le placer dans la catégorie des pathologiques, et encore moins dans une situation d'atteinte à sa dignité, dans laquelle il doit être considéré dans des conditions d'égalité, et plus encore dans le domaine juridique et dans la pleine acquisition et jouissance de ses droits ». Lui refuser la couverture de ses soins de santé crée « ... une situation de discrimination ».
Ce jugement a une projection encore plus grande, car dans le triage effectué dans les centres de santé, ne pourrait pas donner lieu à une sélection négative d’une personne atteinte du syndrome de Down la considérant « malade » et donc son droit à recevoir tous les soutiens pour l’entretien de la vie doit être respecté, y compris le respirateur mécanique.
De plus, elle s’étend à la situation d’autres personnes handicapées dont la situation est également menacée d’exclusion comme la diversité du spectre autistique ou la paralysie cérébrale.
La décision met fin à tous les doutes, rétablissant l’état de droit et la protection appropriée à la personne concernée. Il devient un précédent pour tous les tribunaux de notre pays, un exemple international et un signal puissant pour la protection des droits des personnes handicapées.

María Soledad Cisternas Reyes
Envoyée spéciale du Secrétaire général des Nations Unies sur le handicap et l’accessibilité

18 de junio de 2020

La décomposition

Il fut un temps où tu considères que travailler dans le domaine des droits humains est une chose honorable. Ensuite, tu rencontres Nicolás Espejo Yaksic. Tout s’écroule. Tu viens de l'Université Diego Portales de Santiago du Chili, de travailler avec María Soledad Cisternas Reyes, actuelle Envoyée spéciale du Secrétaire général des Nations Unies sur le handicap et l’accessibilité, un exemple à tous points de vue, quelqu’un qui ne fait que travailler et d’une éthique irréprochable. Les droits humains personnifiés, de même lorsque tu travailles avec Nelson Caucoto Pereira, au Bureau des droits humains du Cabinet d’assistance juridique de l’État à Santiago du Chili, un véritable maître, tous deux distingués par des prix nationaux des droits humains. Une grande chance d’avoir pu travailler avec eux. Ensuite, tu arrives au bureau de l’UNICEF-Chili, et pour ta malchance cette fois, un mois plus tard arrive en tant que ton chef Nicolás Espejo, qui est tout le contraire, paresseux et immoral. Il ne prend pas plus de quelques jours pour commencer à t’inviter à prendre un café tous les matins, déjeuner à midi et parfois une bière le soir après le travail. Tu en assez d’entendre « tu as de belles fesses » et ce genre de commentaires, qu’il t’adresse, en plus des commentaires qu’il fait sur le corps des autres employées, de manière irrespectueuse, déplacée et grossière, de façon permanente, et les jugements misogynes et péjoratifs qu’il porte sur les capacités et l’intelligence, en plus des caractéristiques physiques, des employées et homologues, sans exception. Tu t’ennui d'avoir à écouter ses supposées conquêtes d'amour de pacotille, et les détails de sa vie sexuelle. Puis c’est pire, au moins deux voyages à Valparaíso en mai et juin 2009 avec le même modus operandi : demande un rendez-vous très tôt, comme ça il faut y rester la veille ; je ne peux pas, tu dis, j’ai un atelier littéraire mercredi après-midi, je ne peux pas le manquer ; je m’en fiche, répond-il, demande la réunion tôt jeudi et demande la réservation d’hôtel et les frais de voyage, c’est très fatigant de partir pour la journée, dit-il. Fin de la conversation. Tu es à la merci du chef. Cela implique aussi des dépenses inutiles pour l’UNICEF, car il n’y a pas plus de 120 kilomètres entre Valparaiso et Santiago. Cette attitude de ne pas prendre soin aux fonds pour les projets de l'UNICEF est constante en lui, ayant un penchant pour fréquenter les meilleurs hôtels et restaurants, dans une attitude luxueuse, comme boire du champagne sur la terrasse de l’hôtel Sheraton Miramar à Viña del Mar, ce qui n’est pas cohérent avec la nature du travail sur les droits humains, généralement d’un budget limité. Que se passe-t-il à Valparaiso. Je t’invite à dîner, dit-il ; puis de retour à l’hôtel, nommé Hôtel Latitud 33º Sur, Nicolás Espejo dans ta chambre, il se jette sur toi, de façon inattendue. Quel est le problème avec ce gars ! La peur t’envahit. La deuxième fois, la même chose, cette fois avec une sortie en discothèque. Il n’y a jamais de sexe, heureusement, car tu l’envoi dans sa chambre, mais il y a des baisers. Une limite que tu considères comme infranchissable est dépassée, tu n’auras jamais imaginé une telle situation, avec un chef, en voyage de travail. L’UNICEF est le travail de tes rêves, tu es émotionnellement engagé envers quelqu’un, le résultat : une terreur absolue. Quand tu ne peux plus supporter, ayant vraiment compris quel genre de personne il est, toujours à Valparaíso, fin juillet 2009, tu le confrontes, dans un restaurant, le Café Turri de Cerro Concepción. Tu lui dis que cela ne peut pas continuer, tu lui demandes de bien vouloir te laisser travailler en paix, les yeux larmoyants, de ne plus te harceler, avec une sincérité innocente, pauvre de toi. Lorsque vous quittez le restaurant, en marchant vers l’ascenseur Concepción, l’un de ces funiculaires à Valparaíso, tu marches un moment devant lui, et que fait-il, il te pince les fesses. Voilà le respect qu’il a pour toi. Tu te retournes, tu penses que tu n’as jamais ressenti, ni ne ressentirais jamais autant de haine. Ensuite, vous montez dans l’ascenseur, et tu veux lui demander honnêtement si c’est possible de continuer à travailler ensemble sans que ce genre de situations se reproduise, mais tu ne peux pas lui demander parce qu’il se jette sur toi une fois de plus, encore quand tu t’en souviens t’as envie de pleurer, tu ressens un immense dégoût et une rage noire. Qui vient après trois mois de harcèlement, rien de très encourageant, tu dois continuer à travailler avec lui pendant quatre ans. Comment peux-tu mettre fin, au moins au harcèlement physique, après ces trois mois ? Tu déjeunes un jour avec un ami, mi-juillet 2009, et comme tu ne supportes plus de ne pouvoir le dire à personne, tu lui dis. Il te dit : ça c’est du harcèlement, tu es une victime. Tu n’as jamais entendu ce que cela signifie ! Cela semble ridicule, mais c'est comme ça. Ton ami te dit, je vais te surveiller, tu as le droit de dire non à ses invitations, tu as le droit de refuser des situations qui ne correspondent pas, envoi-moi un email tous les jours et tu me parlerais de tes progrès, refuse tout ce qui est inapproprié. Ta gratitude est éternelle envers lui. Tu commences avec ténacité à éviter les contacts directs avec Nicolás Espejo, la situation est tendue, bien que personne ne te demande rien, mais tu as pris courage et tu es ferme pour mettre fin au harcèlement, sans perdre ton emploi, si cela est possible. Tu passes trois mois à lui parler le moins possible, juillet, août et septembre de la même année, tu essaies autant que possible de ne communiquer avec lui que par email, une situation très complexe, stressante et qu’implique beaucoup de souffrance. Même des situations inconfortables et difficiles, par exemple, une fois en voyage de travail à Viña del Mar, avec lui et d’autres employés, où vous organisez un séminaire sur la Justice pénale des adolescents à l’Hôtel Best Western Marina Del Rey. À cette occasion, tu restes dans la chambre d’hôtel sans aller dîner, pour ne pas avoir à faire avec lui, en mangeant le paquet de cacahuètes du frigo bar. Et c’est toi qui est mise en doute devant les autres, comme si tu n’as pas la volonté de participer aux activités sociales liées au travail, ce qui n’est évidemment pas vrai, car le seul but c’est de ne pas t’exposer à plus de situations de harcèlement et de lui faire voir clairement que tu n’accepterais plus son inconduite, sans perdre ton emploi, ce qui est vital pour toi. Sinon, t’auras démissionné, compte tenu du coût émotionnel élevé que ce contexte défavorable représente pour toi. Quand tu commences à l’éviter, en plus, il agit comme s’il n’y avait aucune tentative de ta part pour arrêter la situation, en faisant semblant que rien ne se passe, et en se moquant de ton sentiment d’oppression et de ta volonté de pouvoir faire ton travail sans être harcelé.
Quatre ans à écouter toutes les atrocités qu’il dit sur les autres, à suivre ses instructions avec une colère immense, à supporter sa dévalorisation malgré tes efforts, à supporter qu’il ignore tes initiatives et méprise ton travail, d’être obligée de tolérer son harcèlement au travail, d’avoir à revivre des situations qui coïncident avec ce qui s’est passé auparavant, cela en valait-il la peine ? Tu ne sais pas. Mais ce qui est fait est fait, et tu as adoré travailler à l'UNICEF. Tu veux faire la séparation entre l'organisation et Nicolás Espejo.
C’est étrange parce que tu comprennes le phénomène de la manipulation en lisant le livre sur Fernando Karadima de María Olivia Mönckeberg « Karadima, el señor de los infiernos », « Karadima, le Seigneur de l’enfer », des années plus tard, en 2011. De cette façon, tu commences à comprendre les façons de procéder dans les situations d’abus. Lorsque tu quittes l'UNICEF en 2013, des mois très difficiles arrivent, tu plonges dans un profond malaise et tristesse, et cela est lié au fait de pouvoir traiter avec de la distance toutes les situations douloureuses et injustes que tu as vécues. Ton estime de soi professionnelle et personnelle est détruite. Ensuite, tu pars faire des études de master en droits humains en Europe, entre autres raisons pour laisser tout cela derrière, et tu ne ressens plus jamais quelque chose comme ça.
En janvier 2013, Nicolás Espejo te dis directement, j’ai essayé de te virer du travail, mais la direction ne m’a pas autorisé. Tu t’en souviens de ta stupéfaction, de ta tristesse et de ton impuissance face à la nulle reconnaissance de ton travail et de la souveraineté avec laquelle il croit pouvoir se comporter, comme en déplaçant les personnes sur un échiquier. Tu l’as déjà vu le faire avec d’autres femmes et hommes dans des différents circonstances. Par exemple, à l'Université Diego Portales quand il t’a embauché toi et pas María Soledad Cisternas pour écrire le chapitre sur le handicap du Rapport sur les droits humains au Chili 2008, en discrimination manifeste envers une experte internationale. Bien sûr, tu discutes la situation avec elle avant d’accepter.
Tu quittes l’UNICEF-Chili début avril 2013 et tu pars fin mai car tu ne peux plus supporter de continuer à travailler avec Nicolás Espejo en tant que chef, surtout après sa menace de licenciement. S’il était parti, tu aurais continué à travailler à l'UNICEF avec beaucoup d’enthousiasme. Tu es très motivé, en particulier sur la thématique des enfants migrants et réfugiés, un sujet pour lequel t’as lutté pour que ce soit important au bureau, en coopérant aussi activement avec la société civile pour pouvoir avancer. Mais il est impossible de continuer à travailler avec lui en tant que chef, surtout après la réunion d’évaluation de fin d’année du dernier jour de janvier 2013, où il te dit qu’il veut que tu quittes l’organisation. La raison qu’il te donne pour vouloir te virer, c’est que selon lui tu ne suis pas les instructions, tu as trop d’initiative et tu t’attribues des pouvoirs qui lui correspondent, ce qui est un non-sens et une contradiction, puisqu’il part trois mois du deuxième semestre 2012 en Angleterre, financé par l'UNICEF et avec la promesse de rédiger un article, selon ce qui est rapporté à toi, en laissant des instructions précises de ne pas le « déranger », et lui écrire vraiment le moins possible. Ce qui signifie devoir prendre des décisions sans le consulter et travailler sur les thématiques avec initiative pour obtenir des résultats.
Tu écris ce qui suit ce jour-là, fin janvier 2013 : « Je réponds à d’innombrables emails et je finis le rapport à envoyer à New York. Nicolás Espejo me demande de le rencontrer au café. Il parle sans arrêt, comme toujours, et il me dit qu’il a proposé une réorganisation de la section légale, dans laquelle j’ai été lésée, mais que je n’ai pas à m’inquiéter car il n’a pas été approuvé et tout va continuer comme avant. Comme avant ? Comment pourrais tout continuer comme avant avec une autre raison pour le détester de tout mon cœur. Un mois de plus dans cette organisation et je pense que je deviendrai folle. Je travaille pour l'UNICEF depuis quatre ans, avec ce chef inapproprié et ambitieux, ce fut un exploit, une épopée sans égal, d’endurer un narcisse comme dans les livres pour qui la seule chose qui compte est que le monde s’adapte à sa faveur, et pourvu le plus vite possible, sans contemplation concernant les sentiments des écrasés sur la route. J’y suis depuis un temps record, et je suis fier de moi, j’ai résisté, stoïque, parce que j’aime vraiment mon travail, parce que je suis convaincu de la contribution que nous apportons, parce que je voulais travailler en ça toute ma vie, mais avec ce ruffian tout est difficile, d’abord il profite de moi, puis il me laisse tomber quand je suis au dépourvu et sans défense. J’ai beaucoup de colère contre lui. Tant de colère. Le café se termine et je ressens une douleur profonde, profonde, pénétrante qui entoure tout. Parce que j’ai fait de mon mieux ce semestre pour installer les thèmes au bureau, j’ai travaillé dur, dur, et cette proposition, bien qu’infructueuse, remet en question mes capacités, je ne veux pas faire attention à l’affront, mais il est là et ça fait mal, ça fait mal. Je vais au parc, j'achète des cigarettes, et je fume, je fume, je fume, pendant que je pleure, sans rien comprendre, ah ! je le déteste tellement. Je suis bouleversée, triste, ça m’a apporté un manque d’assurance, je me sens inopérante, je le déteste tellement, je ne peux pas remonter mon moral, et je suis tellement épuisé que je remercie que demain je parte en vacances et que je vais pouvoir me reposer de la tyrannie de Nicolás, qui a ma tête sur le point d’exploser et ne me laisse pas respirer ». Puis, en août de la même année, tu écris : « Nicolás exerce une emprise terrifiant sur moi, dont j’ai du mal à sortir. De quoi s’agit-il cet emprise ? Cela consiste à exiger son approbation, à la nécessité de son autorisation pour tout, à l’impossibilité de lui dire non par rapport à quoi que ce soit, cela a ses racines dans la multiplicité des rôles croisés qu’il a commencé à remplir lorsque nous avons commencé à travailler ensemble, chef, harceleur, une sorte de père, un mélange nuisible et confus, et j’avais désespérément besoin de sortir de là, parce que, je pense, c’était le seul moyen de mettre fin à l’emprise, et je me sens enfin libre de ce cauchemar oppressant, et je jure que je ne travaillerai plus jamais avec lui et je prie de ne plus jamais le revoir. Il m’a écrit un message me demandant comment je vais. Je suis très surpris par son message, et je suis très stressé, et je pense que je dois détourner l’attention, et j’ai évité de lui parler de moi et je ne veux pas qu’il sache quoi que ce soit de ma vie, mais l’emprise est activé et je me sens obligé de lui répondre, finalement je suppose parce qu’il me donne la terreur, la panique, d’une menace gigantesque qui ce n’est pas clair pour moi ce que c’est, et je sais que je ne vais sûrement pas l’appeler pour déjeuner comme il me le demande, et je suis rassuré par l’idée que je pars bientôt pour l'Europe et que je pourrai échapper à la proposition, et je pense qu’il n’insistera pas de nouveau de toute façon car il ne s’intéresse pas vraiment à moi , parce qu’il ne s’intéresse qu’à lui-même, et ce que je ressens, c’est que je veux me libérer de lui pour toujours et je ne veux plus jamais le revoir ». Tu ne vois jamais de nouveau à Nicolás Espejo après avoir quitté l'UNICEF, il y a sept ans, sauf une fois, en janvier 2018, car on te dit qu’il n’ira pas à cette célébration et finalement il apparaît, tu essaie de l’éviter, du premier coup avec succès et le second sans succès, mais heureusement tu ne lui parles que cinq minutes puis tu pars.
En avril 2018, Nicolás Espejo se présente comme défenseur des droits de l’enfant au Chili, poste créé la même année. Un harceleur comme défenseur ! Ça fait presque rire, s’il n’y aurait pas tous ces frissons. Si l’impunité rime avec l’injustice, si les droits humains riment avec l’éthique et le travail, harceleur et défenseur sont vraiment aussi loin que deux mots qui se repoussent eux-mêmes, il y a une conciliation impossible, une contradiction non seulement évidente mais dangereuse. Tu as l’impression de devoir dire quelque chose. N’ayant pas besoin de rendre public ce qui s’est passé, il perd l’élection, et quelque chose en toi s’accommode d’une manière que les droits humains puissent de nouveau se rapprocher de la défense et non du harcèlement.
Tu n’as aucune idée de ce qu’est devenu son existence en ce moment et tu n’es pas intéressé à le savoir, mais pour un appel intérieur et extérieur, pour une vague de quelque chose de positif qui se forme, tu ressentes le besoin de participer ces événements et de les dénoncer. Peut-être à cause du sentiment clair et vague de ne pas être la seule, peut-être parce qu’un jour il vaut mieux parler que garder le silence, peut-être parce que le monde est en train de changer vraiment et être courageuse c’est aussi défendre ceux qui viendront après. Tu n’as aucune idée de ce qui va suivre, mais au moins tu ne ferais pas partie du groupe dont Virginie Despentes ironise : « Conseils des femmes, entre elles. Le morceau de choix. Cachez vos plaies, mesdames, elles pourraient gêner le tortionnaire. Être une victime digne. C’est-à-dire qui sait se taire. La parole toujours confisquée. Dangereuse, on l’aura compris. Dérangeant le repos de qui ? ». Y a-t-il complicité dans le silence ? Cette tâche t’est également infligée, ce jugement. Il n’y a pas de sortie. Tu ne sais pas si se taire c’est être complice, mais tu sais quelque chose, chaque fois que tu lis un livre ou tu regardes un film sur le sujet, la colère prend sa place, comme si la blessure n’arrêtait pas de faire mal, même si seulement parfois, de façon très espacée, tu t’en rendes compte.
Ce n’est que cette année, en février, que tu t’encourages à écrire en détail ce qui s’est passé avec Nicolás Espejo, mue par la colère et le sentiment d’injustice et d’impunité, après avoir ravivé les sensations vécues, en lisant « Le consentement» de Vanessa Springora, «King Kong Théorie» de Virginie Despentes, la plainte d'Adèle Haenel contre Christophe Ruggia, les plaintes contre Roman Polanski et Harvey Weinstein, de voir le film «Bombshell», « Scandale », de Jay Roach sur les plaintes contre Roger Ailes, en plus de suivre de près le travail accompli par le mouvement féministe français, chilien et international. C’est un processus difficile, mais tu le mènes avec détermination. Tu n’as plus peur de Nicolás Espejo. Ensuite, tu décides de partager le texte avec des personnes proches en qui tu as la confiance. Après une intense réflexion, plusieurs mois, tu décides de rendre public le récit, en publiant sur Facebook une adaptation du texte le 27 mai, et le nom de Nicolas Espejo Yaksic dans l’un des commentaires ci-dessous, deux jours plus tard.
Si ça ne t’était pas arrivé, tu ne sais pas si tu comprendrais la sensation. C’est peut-être pourquoi il est également bon de se joindre et de dire. Et voilà : il faut démasquer Nicolás Espejo, la profession d’avocat des droits humains doit toujours être honnête et transparente, et les organisations doivent redoubler les efforts pour éviter ces abus de pouvoir. Tu es toujours reconnaissante envers ceux qui t’ont soutenu. Et tu espères être dans ce groupe si nécessaire. Il faut dire non à l’impunité. Oui à la justice. Oui aux vrais défenseurs des droits humains. Non aux imposteurs. Oui à des conditions de travail dignes. Oui au respect et à la considération. Il aurait été tellement préférable de travailler pour les droits humains sans déception. Peut-être que tu pourrais finir ta guérison et te réconcilier avec sa force. Nicolás Espejo a détruit ta valeur et ta carrière professionnelle au cours de ces années, en te rendant impossible de te développer pleinement, et en te détournant de ton nord, la défense des droits des enfants et des adolescents, bien qu’il n’ait pas réussi à te faire abandonner. Peut-être qu’un jour tu retournerais travailler comme avocate des droits humains, les conditions actuelles incitent, peut-être que la relégation dans l’obscurité se termine définitivement quand la lumière entre par plusieurs fissures et que toute la pièce s’illumine, montrant de nouvelles possibilités. Tu portes plainte dans l’espoir que Nicolás Espejo n’abusera plus de son autorité contre personne, spécialement sous l’égide d’organisations humanitaires vouées à la protection des droits humains. À l’heure actuelle, si l’action de dénoncer, en plus d’avertir, peut être utile pour générer de la réflexion, donc tu penses qu’il a eu un sens à le faire. Tu manifeste toujours que tu es reconnaissante envers l'UNICEF et aussi du soutien qui sont montrés, et qu’en aucun cas tu voudrais nuire à l’organisation ou aux Nations Unies, mais remercier et peut-être coopérer pour l’améliorer et continuer à te battre pour les droits des filles, des garçons, des femmes et des hommes, au maximum de tes possibilités, dès tes capacités et disciplines, en ce moment les droits humains dès la littérature et la traduction. Tu as un espoir intact pour un monde meilleur, et tu crois que nous devons continuer sans nous arrêter et profiter de ce moment fertile pour générer des changements. Allez Patricia Muñoz García, défenseure des droits de l’enfant au Chili et José Andrés Murillo Urrutia, directeur de la Fundación para la confianza - un mundo sin abuso, Fondation pour la confiance - un monde sans abus, dehors du faux et de l’ambitieux. Non aux abus et au harcèlement sexuel. Le chemin est encore long. Nous devons continuer. Sans justice et réparation, il n’y a pas de paix. Nous devons continuer.


Pour plus d'informations

Decay

There was that time when you consider that working on human rights is honorable. Then you meet Nicolás Espejo Yaksic. Everything falls apart. You come from Diego Portales University in Santiago, Chile, from working with María Soledad Cisternas Reyes, current Special Envoy of the United Nations Secretary-General on Disability and Accessibility, an example from every point of view, someone who does nothing but work and of a faultless ethic. Human rights personified, the same when you work with Nelson Caucoto Pereira, at the Human Rights Office of the State Legal Assistance Cabinet in Santiago, Chile, a true master, both distinguished with national human rights awards. It is a great luck to have worked with them. Then you arrive at the UNICEF-Chile office, and for your bad luck this time, a month later arrives as your boss Nicolás Espejo, who is just the opposite, lazy and immoral. He does not take more than a few days to start inviting you for coffee every morning, lunch at noon, and sometimes a beer in the afternoons after work. You get tired of hearing “you have a beautiful ass” and that sort of comments, which he addresses to you, in addition to comments he makes about the body of other women employees, in a disrespectful, misplaced, and rude way, permanently, and misogynistic and derogatory judgements he makes about the capabilities and intelligence, in addition to the physical characteristics, of employees and counterparts, without exception. You get bored of having to listen to his supposed and cheap love conquests, and the details of his sex life. Then it is worse, at least two trips to Valparaíso in May and June 2009 with the same modus operandi: ask for a meeting very early, so we have to stay there the day before; I cannot, you say, I have a literary workshop on Wednesday afternoon, I cannot miss it; I do not care, he replies, ask for the meeting early Thursday, and ask for hotel reservation and travel expenses, it is very tiring to go for the day, he says. End of conversation. You are at your boss’ will. This also means unnecessary costs for UNICEF, since there are no more than 120 kilometers between Valparaíso and Santiago. This attitude of not caring for UNICEF project funds is constant in him, having a penchant for attending the best hotels and restaurants, in a luxurious attitude, like drinking champagne on the terrace of the Sheraton Miramar Hotel in Viña del Mar, which is not consistent with the nature of human rights work, usually on a limited budget. What happens in Valparaiso. I invite you to dinner, he says; then back to the hotel, named Hotel Latitud 33º Sur, Nicolás Espejo in your room, he lunges at you, unexpectedly. What is wrong with this guy! You are scared. Next time, the same thing, this time with going to dance. There is never sex, fortunately, because you send him to his room, but there is kissing. A limit that you consider impassable is broken, you would never have imagined such a situation, with a boss, on a work trip. UNICEF is the job of your dreams, you are emotionally committed to someone, the result: absolute terror. When you cannot take it anymore, having truly realized what kind of person he is, again in Valparaíso, at the end of July 2009, you confront him, in a restaurant, the Café Turri of Cerro Concepción. You tell him that this cannot continue, you ask him to please let you work in peace, with teary eyes, to harass you no more, with an innocent sincerity, poor of you. When you leave the restaurant, walking to the Concepción elevator, one of those funiculars in Valparaíso, you walk a moment in front of him, and what does he do, he grabs your ass. That is the respect he has for you. You turn around, you think you have never felt, nor will you ever feel, so much hate. Then you get into the elevator, and you want to ask him honestly if it is possible to keep working together without these kinds of situations happening again, but you do not get to ask him because he lounges at you one more time, you still remember and you feel like crying, a giant disgust and great rage. What comes after three months of harassment, nothing very encouraging, you have to continue working with him for four years. How can you end, at least physical harassment, after those three months? You have lunch one day with a friend, mid-July 2009, and since you cannot bear anymore not telling anyone, you tell him. He tells you: that is abuse, you are a victim. You have never heard what that means! It seems ridiculous, but that is how it is. Your friend tells you, I am going to monitor you, you have the right to say no to his invitations, you have the right to refuse situations that do not correspond, send me an email every day and you will tell me about your progress, refuse to do anything improper. Your gratitude is eternal towards him. You start with tenacity to avoid face-to-face contact with Nicolás Espejo, the situation looks tense, although nobody asks you anything, but you have taken courage and you are determined to end the harassment, without losing your job, if that is possible. You spend three months talking to him as little as necessary, July, August and September of that year, you try as much as possible to communicate with him only by email, a very complex situation, stressful and with a lot of suffering. Even living uncomfortable and difficult situations, for example, once on a work trip to Viña del Mar, with him and other employees, where you hold a seminar on Youth Criminal Justice at the Best Western Marina Del Rey Hotel. On that occasion, you stay in the hotel room without going to dinner, so you do not have to deal with him, eating the peanuts pack from the fridge bar. Being you questioned in front of others, as if it is you who do not have the will to participate in social activities related to work, which is obviously not true, since the sole purpose is not to expose yourself to more situations of harassment and make him clear that you are not going to allow his misconduct anymore, without losing your job, which is vital for you. Otherwise, you would have resigned, taking into account the high emotional cost that this adverse context means to you. When you start avoiding him, moreover, he acts like there is no attempt on your part to stop the situation, pretending nothing happens, and mocking your feeling of oppression and willingness to be able to do your job in peace without his harassment.
Four years of listening to all the outrageous things he says about other people, of having to follow his instructions feeling immense rage, of enduring his disdain despite your effort, of coping with him ignoring your initiatives and despising your work, being forced to tolerate his workplace harassment, to having to live again situations that border on what you have previously experienced, was it worth it? You do not know. But what is done is done, and you loved working at UNICEF. You want to make the separation between the organization and Nicolás Espejo.
It is strange because you understand the phenomenon of manipulation reading the book on Fernando Karadima by María Olivia Mönckeberg “Karadima, el señor de los infiernos”, “Karadima, the Lord of Hell”, years later, in 2011. This way you begin to understand the ways of proceeding in abuse. When you leave UNICEF in 2013, some very difficult months come, you plunge into deep discontent and sadness, and it is related to being able to process with distance all the painful and unjust situations that you had to live. Your professional and personal self-esteem is destroyed. Then you go to study a Human Rights master’s degree in Europe, among other reasons to leave all that behind, and you have never felt something like that again.
In January 2013, Nicolás Espejo tells you in your face, I tried to fire you from the job, but chiefs did not allow me. You remember your stupefaction, sadness and impotence because of the null recognition of your work and the sovereignty with which he believes he can behave, like moving people on a chessboard. You have seen him do it before with other women and men in different circumstances. For example, at the Diego Portales University when she hired you and not María Soledad Cisternas to write the chapter on disability in the 2008 Human Rights Report in Chile, in clear discrimination against an international expert. Of course, you discuss the situation with her before accepting.
You quit UNICEF-Chile at the beginning of April 2013 and you leave at the end of May because you can no longer bear to continue working with Nicolás Espejo as boss, especially after his threat of dismissal. If he would have left you would have continued working at UNICEF, with great enthusiasm. You are highly motivated, especially with the theme of migrant and refugee children, an issue that you fought hard for to be given importance in the office, also actively cooperating with civil society to achieve results. But it is impossible to continue working with him as a boss, especially after the end-of-year evaluation meeting on the last day of January 2013, where he tells you he wants you to leave the organization. The reason given by him to you for wanting to fire you, is that according to him you do not follow instructions, you have too much initiative and you attribute to yourself powers that correspond to him, which is nonsense and a contradiction, since he goes three months of second semester of 2012 to England, financed by UNICEF and with the promise of writing an article, as reported to you, leaving specific instructions not to “disturb” him, and really writing him the least possible. Which means having to make decisions without consulting him and working in the themes with initiative in order to achieve results.
You write the following on that day in late January 2013: “I answer countless emails and finish the report to send to New York. Nicolás Espejo asks me to meet at the coffee shop. He talks non-stop, as always, and he tells me that he proposed a reorganization of the legal area, which damaged me, but that I do not have to worry because it was not approved and everything will continue as before. As before? How could everything continue as before with yet another reason to detest him with all my heart. One more month in this organization and I think I will go crazy. I have been working for UNICEF for four years, with this ambitious inappropriate as boss, it has been a feat, an epic without equal, to endure a narcissus as described in books that the only thing that matters to him is that the world settles in his favor, and quickly hopefully, without contemplation regarding the feelings of the crushed on the road. I have been there for a record time, and I feel proud of myself, I have resisted, stoic, because I really like my job, because I am convinced of the contribution we make, because I wanted to work on this all my life, but with this ruffian everything is difficult, first he takes advantage of me, then he lets me fall when I am off guard and defenseless. I have a lot of anger towards him. So much anger. The coffee ends, and I feel a deep, deep, profound pain that covers everything. Because I have been doing really my best this semester to put in the themes in the office, working hard, hard, and that proposal, although unsuccessful, questions my ability, I do not want to pay attention to the rebuff, but there it is, and it hurts, it hurts. I go to the park, I buy cigarettes, and I smoke, I smoke, I smoke, while I cry, without understanding anything, ah! I hate him so much. I am devastated, sad, he made me feel insecure, inoperative, I hate him so much, I cannot cheer up, and I am so exhausted that I thank that tomorrow I am going on vacation and that I will be able to get some rest from Nicolás’ tyranny, who has my head about to explode and does not let me breathe”. Then in August of that year you write: “Nicolás exercises a terrifying mental control over me, which I find it difficult to get out. What is this mind control about? It consists of requiring his approval, in the need for his permission for everything, in the impossibility of telling him no in relation to anything, it has its roots in the multiplicity of intersecting roles that he began to fulfill when we started working together, boss, stalker, kind of a dad, a noxious and confusing mix, and I desperately needed to get out of there, because, I think, it was the only way to end mind control, and I finally feel free from that oppressive nightmare, and I vow I will never work with him again, and I pray never to see him again. He wrote me a message asking how I am. I am very surprised by his message, and I am very stressed, and I think I have to divert attention, and I have been avoiding telling him about me and I do not want him to know anything about my life, but mind control is activated and I feel obliged to answer him, ultimately I suppose because he gives me terror, panic, of some gigantic threat that it is not clear to me what it is, and I know there is no way I am going to call him to have lunch as he asks me, and I am reassured by the idea that I am leaving soon for Europe and that I will be able to evade the proposal, and I think that he will not insist again anyway because he is not genuinely interested in how I am, because he is only interested in himself, and what I feel is that I want to free myself from him forever and I do not want to see him never again”. You never see Nicolás Espejo again after leaving UNICEF, seven years ago, except on one occasion, in January 2018, because they tell you that he will not go to that celebration and finally he appears, you try to avoid him, the first try with success and the second without success, but luckily you only talk to him for five minutes and then you leave.
In April 2018, Nicolás Espejo runs as a candidate for the children’s rights ombudsperson in Chile, a position created that same year. An abuser as defender! It almost makes you laugh, if it did not give you shivers, really. If impunity rhymes with injustice, if human rights rhyme with ethics and work, abuser and defender really are as far as two words that repel themselves, there is an impossible reconciliation, a contradiction that is not only evident but dangerous. You feel like you have to say something. With no need to go public with what happened to you, he loses the election, and something inside you accommodates in a way that human rights can again come close to defense and not abuse.
You have no idea what has become of his existence at this time and you are not interested in knowing, but for some inner and outer call, for some wave of something positive that is being formed, you feel the need to participate these events and denounce them. Perhaps because of the clear and vague feeling of not being the only one, perhaps because one day it is better to speak than to remain silent, perhaps because the world is really changing and being brave is about defending also those who will come after you. You have no idea what will come next, but at least you won’t be from the group that Virginie Despentes is ironic about: “Women’s advice, among them. The portion of choice. Hide your wounds, ladies, because they could disturb the torturer. You have to be a worthy victim. That is, that knows how to keep quiet. The word always confiscated. Dangerous, we will understand, disturbing whose rest?” Is there complicity in silence? That task is also inflicted to you, that judgment. There is no exit. You do not know if being silent is to be an accomplice, but you do know something, every time you read a book or watch a movie on the subject, anger takes place, as if the wound did not stop hurting, although only sometimes, from time to time, you realize it.
Only this year, in February, you dare to write in detail what happened to you with Nicolás Espejo, moved by rage and the feeling of injustice and impunity, after having relived the feelings experienced, when reading “Le consentement”, “Consent”, by Vanessa Springora, “King Kong Théorie”, “King Kong Theory” by Virginie Despentes, the complaint by Adèle Haenel against Christophe Ruggia, the complaints against Roman Polanski and Harvey Weinstein, seeing the movie “Bombshell” by Jay Roach on the complaints against Roger Ailes, in addition to closely following the work of the French, Chilean and international feminist movement. It is a tough process, but you carry it out with determination. You are no longer afraid of Nicolás Espejo. Then you decide to share the text with close people in which you trust. After intense thought, several months later, you decide to make public what happened, posting an adaptation of the text on Facebook on May 27, and the name of Nicolás Espejo Yaksic in one of the comments below, two days later.
If it had not happened to you, you do not know if you would understand the feeling. Maybe that is why it is also good to join and say. Here it goes: it is necessary to unmask Nicolás Espejo, the profession of human rights lawyer must always be honest and transparent, and organizations must make a greater effort to avoid these abuses of authority. You are always grateful to those who have supported you. And you hope to be in that group if necessary. Say no to impunity. Say yes to justice. Say yes to true human rights defenders. Say no to impostors. Say yes to decent working conditions. Say yes to respect and consideration. It would have been so much better to work for human rights without disappointment. Maybe you can finish healing and really reconcile with their strength. Nicolás Espejo destroyed your worth and professional career in those years, making it impossible for you to fully develop, and deviating you from your north, defending children’s rights, although he did not get you to surrender. Maybe one day you will want to return to work as a human rights lawyer, the current conditions are inciting, maybe relegating yourself to darkness ends definitively when the light enters through several cracks and the whole room lights up, showing new possibilities. You file a complaint in hope that Nicolás Espejo will not abuse of his authority against anyone again, specially not under the umbrella of humanitarian organizations dedicated to the protection of human rights. Right now, if the action of denouncing, in addition to warning, can be useful to generate thought, then you think that it made sense to carry it out. You always say that you are grateful for UNICEF and also for the support they have shown, and that in no case would you want to harm the organization, or the United Nations, but to thank and perhaps cooperate to improve it, and continue fighting for the rights of girls, boys, women and men, to the maximum of your possibilities, from your capacities and disciplines, at this moment human rights from literature and translation. You have an intact hope for a better world, and you believe that we have to continue without stopping, and take advantage of this fertile world moment to generate change. Go Patricia Muñoz García, children’s rights ombudsperson in Chile and José Andrés Murillo Urrutia, director of Fundación para la confianza – un mundo sin abuso, Foundation for trust - a world without abuse, out the false and the ambitious. Say no to abuse and sexual harassment. There is a long way to go. We must keep going. Without justice and reparation there is no peace. We must keep going.


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La descomposición

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[Pour la version française, cliquez sur ce lien] La décomposition

La descomposición

Hubo ese tiempo en que consideras que trabajar en derechos humanos es algo honorable. Luego conoces a Nicolás Espejo Yaksic. Todo se viene abajo. Tú vienes de la Universidad Diego Portales de Santiago de Chile, de trabajar con María Soledad Cisternas Reyes, actual Enviada Especial del Secretario General sobre Discapacidad y Accesibilidad de Naciones Unidas, un ejemplo desde todo punto de vista, alguien que no hace otra cosa que trabajar y de una ética intachable. Los derechos humanos personificados, lo mismo cuando trabajas con Nelson Caucoto Pereira, en la Oficina Especializada en Derechos Humanos de la Corporación de Asistencia Judicial en Santiago de Chile, un verdadero maestro, ambos distinguidos con premios nacionales de derechos humanos. Una gran suerte haber podido trabajar con ellos. Luego llegas a la oficina de UNICEF-Chile, y para tu mala suerte esta vez, un mes después llega de jefe tuyo Nicolás Espejo, que es todo lo contrario, flojo e inmoral. No tarda más de unos días en empezar a invitarte a tomar café todas las mañanas, comer a mediodía y a veces beber una cerveza por las tardes después del trabajo. Te cansas de escuchar “qué rico tu culo” y comentarios de ese tipo, que te dirige, además de comentarios que hace sobre el cuerpo de otras funcionarias, de manera poco respetuosa, desubicada y soez, permanentemente, y juicios misóginos y despectivos que hace sobre las capacidades e inteligencia, además de las características físicas, de las funcionarias y contrapartes, sin excepción. Te aburres de tener que escuchar sus supuestas conquistas amorosas de pacotilla, y los detalles de su vida sexual. Luego es peor, al menos dos viajes a Valparaíso en mayo y junio de 2009 con el mismo modus operandi: pide hora para la reunión bien temprano, así nos quedamos a alojar allá el día antes; no puedo, dices tú, tengo taller literario el miércoles en la tarde, no puedo faltar; me da lo mismo, responde él, solicita la reunión el jueves temprano, y pide reservación de hotel y viático, es muy cansador ir por el día, afirma. Fin de la conversación. Quedas a merced del jefe. Esto implica, además, gastos innecesarios para UNICEF, ya que entre Valparaíso y Santiago no hay más de 120 kilómetros. Esta actitud de no cuidar los fondos de UNICEF para proyectos es constante en él, teniendo una inclinación por asistir a los mejores hoteles y restaurantes, en una actitud lujosa, como tomar champaña en la terraza del Hotel Sheraton Miramar de Viña del Mar, que no se condice con el carácter del trabajo de derechos humanos, usualmente de presupuesto limitado. Qué pasa en Valparaíso. Te invito a comer, dice él; a la vuelta en el hotel, de nombre Hotel Latitud 33º Sur, Nicolás Espejo luego en tu habitación, se lanza sobre ti, inesperadamente. ¡Qué le pasa a este tipo! Te invade el miedo. Siguiente vez, lo mismo, esta vez con ida a bailar. Nunca hay sexo, afortunadamente, porque lo mandas a su habitación, pero sí besos. Se rompe un límite que te parece infranqueable, nunca hubieses imaginado una situación así, con un jefe, en un viaje de trabajo. UNICEF es el trabajo de tus sueños, estás comprometida afectivamente con alguien, resultado: terror absoluto. Cuando ya no puedes soportar más, habiéndote dado cuenta realmente de qué tipo de persona es, nuevamente en Valparaíso, a fines de julio de 2009, lo encaras, en un restaurante, el Café Turri de Cerro Concepción. Le dices que esto no puede seguir, le pides que por favor te deje trabajar tranquila, con ojos llorosos, que no te acose más, con una sinceridad inocente, pobre de ti. Cuando salen del restaurante, caminando al ascensor Concepción, uno de esos funiculares de Valparaíso, caminas un momento frente a él, y qué hace, te agarra el culo. Ese es el respeto que te tiene. Te das media vuelta, crees que nunca en tu vida has sentido, ni volverás a sentir, tanto odio. Luego entran al ascensor, y quieres preguntarle sinceramente si es posible seguir trabajando juntos sin que se repitan este tipo de situaciones, pero no alcanzas a preguntarle porque se abalanza sobre ti una vez más, todavía te acuerdas y te dan ganas de llorar, te da un asco gigante, y una rabia negra. Qué viene después de tres meses de acoso, nada muy alentador, tienes que seguir trabajando con él por cuatro años. ¿Cómo puedes cortar, al menos el hostigamiento físico, luego de esos tres meses? Comes un día con un amigo a mediodía, a mediados de julio de 2009, y como no puedes más de no poder contarle a nadie, le cuentas. Te dice: eso es abuso, eres víctima. ¡Tú nunca has escuchado qué significa eso! Parece ridículo, pero así es. Tu amigo te dice, te voy a monitorear, tienes derecho a decirle que no a sus invitaciones, tienes derecho a negarte a situaciones que no corresponden, mándame un correo todos los días y me vas contando tus progresos, niégate a todo lo indebido. Tu agradecimiento es eterno hacia él. Empiezas con tenacidad a evitar el contacto presencial con Nicolás Espejo, la situación se nota tensa, aunque nadie te pregunta nada, pero tú has agarrado valentía y estás firme en terminar con el acoso, sin perder tu trabajo, si eso es posible. Estás tres meses hablándole lo mínimo necesario, julio, agosto y septiembre de ese año, intentas lo más posible comunicarte con él solamente por correo electrónico, una situación muy compleja, estresante y de mucho sufrimiento. Incluso viviendo situaciones incómodas y difíciles, por ejemplo, una vez en un viaje de trabajo en Viña del Mar, con él y otros funcionarios, donde realizan un seminario sobre Responsabilidad penal adolescente en el Hotel Best Western Marina Del Rey. En esa ocasión, te quedas en la habitación del hotel sin cenar, para no tener que lidiar con él, comiendo el paquete de cacahuetes del frigo bar. Quedando tú en entredicho frente a los demás, como que tú no tienes voluntad de participar en las actividades sociales ligadas al trabajo, lo cual evidentemente no es cierto, ya que el único objetivo es no exponerte a más situaciones de acoso y dejarle claro que no vas a permitir más sus conductas indebidas, sin perder tu trabajo, lo cual es capital para ti. En caso contrario, habrías renunciado, tomando en cuenta el altísimo costo emocional que significa para ti todo el adverso contexto. Cuando empiezas a evitarlo, además, él actúa como que no hay un intento de tu parte de detener la situación, haciendo como que nada pasa, y burlándose de tu sentimiento de opresión y voluntad de poder hacer tu trabajo tranquila sin su hostigamiento.
Cuatro años de escuchar todas las barbaridades que dice de otra gente, de tener que seguir sus instrucciones sintiendo una rabia inmensa, de soportar su desvalorización a pesar de tu esfuerzo, de sobrellevar que ignore tus iniciativas y menosprecie tu trabajo, de estar obligada a tolerar su acoso laboral, de tener que volver a vivir situaciones que colindan con lo anteriormente vivido, ¿valió la pena? No lo sabes. Pero lo hecho, hecho está, y te encantó trabajar en UNICEF. Quieres hacer la separación entre la organización y Nicolás Espejo.
Es extraño porque entiendes el fenómeno de la manipulación leyendo el libro sobre Fernando Karadima de María Olivia Mönckeberg “Karadima, el señor de los infiernos”, años después, el 2011. Así empiezas a entender las formas de proceder en el abuso. Cuando partes de UNICEF el año 2013 vienen unos meses muy difíciles, te sumes en un profundo malestar y tristeza, y tiene relación con poder procesar con distancia todas las situaciones dolorosas e injustas que te tocó vivir. Tu autoestima profesional y personal está destruida. Luego partes a realizar estudios de máster en derechos humanos a Europa, entre otras cosas para dejar todo eso atrás, y nunca has vuelto a sentir nada semejante.
En enero de 2013 Nicolás Espejo te dice a la cara, intenté despedirte del trabajo, pero la jefatura no me lo permitió. Recuerdas tu estupefacción, tristeza e impotencia por el nulo reconocimiento a tu trabajo y la soberanía con que él cree poder comportarse, como moviendo a las personas en un tablero de ajedrez. Lo has visto hacerlo antes con otros y otras en diferentes circunstancias. Por ejemplo, en la Universidad Diego Portales cuando te contrató a ti y no a María Soledad Cisternas para escribir el capítulo sobre discapacidad del Informe sobre derechos humanos en Chile 2008, en clara discriminación hacia una experta internacional. Por supuesto, discutes la situación con ella antes de aceptar.
Renuncias a UNICEF-Chile a principios de abril de 2013 y te vas a fines de mayo porque ya no puedes soportar seguir trabajando con Nicolás Espejo como jefe, sobre todo luego de su amenaza de despido. Si él se hubiese ido tú habrías seguido trabajando en UNICEF, con mucho entusiasmo. Estás muy motivada, especialmente con la temática de niños migrantes y refugiados, tema por el que luchaste mucho para que se le diera importancia en la oficina, cooperando asimismo activamente con la sociedad civil para poder avanzar. Pero es imposible seguir trabajando con él como jefe, especialmente luego de la reunión de evaluación de final de año, el último día de enero de 2013, donde te dice que quiere que te vayas de la organización. El motivo esgrimido por él que te manifiesta para querer despedirte, es que según él tú no sigues instrucciones, tienes demasiada iniciativa y te arrogas atribuciones que le corresponden a él, lo que es un sinsentido y una contradicción, ya que él parte tres meses del segundo semestre de 2012 a Inglaterra, financiado por UNICEF y con la promesa de escribir un artículo, según lo que se te informa a ti, dejando expresas instrucciones de no “molestarlo”, y escribirle realmente lo mínimo posible. Lo que significa tener que tomar decisiones sin consultarle y mover las temáticas teniendo iniciativa.
Escribes lo siguiente sobre ese día de fines de enero de 2013: “respondo un sinnúmero de correos electrónicos y termino el informe para enviar a Nueva York. Nicolás Espejo me pide que nos juntemos en el café. Habla sin parar, como siempre, y me comunica que él propuso una reestructuración del área, en la que yo salía perjudicada, pero que no vaya a alarmarme porque no se aprobó y todo seguirá como antes. ¿Como antes? Cómo podría seguir todo como antes teniendo otra razón más para detestarlo con todo mi corazón. Un mes más en esta institución y creo que enloqueceré. Llevo cuatro años trabajando en UNICEF, con este descriteriado ambicioso de jefe, ha sido una hazaña, una epopeya sin igual, soportar a un narciso de libro que lo único que le importa es que el mundo se acomode a su favor, y rápidamente ojalá, sin contemplaciones respecto de los sentimientos de los aplastados en el camino. He estado ahí un tiempo récord, y me siento orgullosa de mí misma, he resistido, estoica, porque me gusta mucho mi trabajo, porque estoy convencida del aporte que realizamos, porque yo quise trabajar en esto toda mi vida, pero con este rufián todo es difícil, primero se aprovecha de mí, después me deja caer cuando estoy desprevenida e inerme. Le tengo mucha rabia. Muchísima. Termina el café, y me viene una pena honda, honda, profunda y que lo cubre todo. Porque llevo un semestre dando todo de mí por instalar los temas en la oficina, trabajando mucho, mucho, y esa propuesta, aunque fallida, pone en duda mi capacidad, no quiero poner atención al desaire, pero ahí está, y duele, duele. Me voy al parque, compro cigarros, y fumo, fumo, fumo, mientras lloro, sin entender nada ¡ah! Lo odio tanto. Estoy abrumada, triste, hizo que me sintiera insegura, inoperante, lo odio tanto, no puedo animarme, y estoy tan agotada que agradezco que mañana me voy de vacaciones y que podré descansar de la tiranía de Nicolás, que tiene mi cabeza a punto de explotar y no me deja respirar”. Luego en agosto de ese año escribes: “Nicolás ejerce sobre mí un control mental terrorífico, del que me cuesta salir. ¿De qué se trata este control mental?, consiste en requerir su aprobación, en la necesidad de su venia para todo, en la imposibilidad de decirle que no en relación a cualquier cosa, tiene su raigambre en la multiplicidad de roles entrecruzados que comenzó a cumplir cuando empezamos a trabajar juntos, jefe, acosador, una especie de papá, una mezcolanza nociva y confusa, y yo necesitaba desesperadamente salir de ahí, porque, creo, era la única manera de acabar con el control mental, y al fin me siento libre de esa pesadilla opresiva, y juro nunca más trabajar con él, y ruego por no volver a verlo. Me escribió un mensaje preguntándome cómo estoy. Me sorprende mucho su mensaje, y me estresa mucho, y pienso que tengo que desviar la atención, y he estado evitando contarle de mí y no quiero que sepa nada de mi vida, pero se activa el control mental y me siento en la obligación de responderle, en definitiva supongo que porque él me da terror, pánico, de alguna amenaza gigantesca que no me queda clara cuál es, y yo sé que no lo voy a llamar para comer bajo ningún respecto como me pide, y me tranquiliza la idea de que queda poco para irme a Europa y que podré evadir la propuesta, y pienso que no volverá a insistir de todas maneras porque no está genuinamente interesado en cómo estoy, porque sólo está interesado en él mismo, y lo que siento es que quiero liberarme de él para siempre y que no quiero volver a verlo”. No vuelves a ver a Nicolás Espejo nunca más luego de que partes de UNICEF, hace siete años, salvo en una ocasión, en enero de 2018, porque te dicen que él no irá a esa celebración y finalmente aparece, intentas evitarlo esa vez, el primer intento con éxito y el segundo sin éxito, pero afortunadamente sólo hablas con él cinco minutos y luego te vas.
En abril de 2018, Nicolás Espejo se presenta a defensor de derechos de la niñez en Chile, cargo creado ese mismo año. ¡Un abusador de defensor! Da casi risa, si no diera escalofríos en realidad. Si la impunidad rima con injusticia, si los derechos humanos riman con ética y trabajo, abusador y defensor realmente están tan lejos como dos palabras que se repelen a sí mismas, hay una conciliación imposible, una contradicción no sólo evidente sino peligrosa. Sientes que tienes que decir algo. Sin necesidad de hacer público lo ocurrido, pierde la elección, y algo en tu interior se acomoda de una manera en que los derechos humanos de nuevo pueden acercarse a la defensa y no al abuso.
No tienes idea qué será de su existencia en este momento ni te interesa, pero por algún llamado interior y exterior, por alguna ola de algo positivo que se forma, te sientes en la necesidad de participar estos hechos y denunciarlos. Quizá por la clara y vaga sensación de no ser la única, quizá porque un día es mejor hablar que callar, quizá porque realmente el mundo esté cambiando y ser valiente trata sobre defender también a las y los que vendrán. No tienes idea qué vendrá después, pero al menos no serás del grupo del que ironiza Virginie Despentes: “Consejos de mujeres, entre ellas. La porción de elección. Guarden sus heridas, señoras, porque podrían molestar al torturador. Hay que ser una víctima digna. Es decir, que se sepa callar. La palabra siempre confiscada. Peligrosa, lo entenderemos, ¿molestando el descanso de quién?”. ¿Hay complicidad en el callar? También se te infiere esa tarea, ese juicio. No hay salida. No sabes si callarse es ser cómplice, pero sí sabes algo, cada vez que lees un libro o ves una película sobre el tema, la rabia toma su puesto, como si la herida no dejara de doler, aunque sólo a veces, de manera muy espaciada, te das cuenta.
Recién este año, en febrero, te animas a escribir en detalle lo que te pasó con Nicolás Espejo, movida por la rabia y la sensación de injusticia e impunidad, luego de haber revivido las sensaciones vividas, al leer “Le consentement”, “El consentimiento”, de Vanessa Springora, “King Kong Théorie”, “Teoría King Kong” de Virginie Despentes, la denuncia de Adèle Haenel contra Christophe Ruggia, las denuncias contra Roman Polanski y Harvey Weinstein, ver la película “Bombshell”, “El escándalo”, de Jay Roach sobre las denuncias contra Roger Ailes, además de seguir de cerca el trabajo realizado por el movimiento feminista francés, chileno e internacional. Es un proceso duro, pero que llevas a cabo con determinación. Ya no sientes miedo hacia Nicolás Espejo. Decides luego compartir el texto con personas cercanas y de confianza. Luego de intensa reflexión, varios meses, decides hacer público el relato, publicando en Facebook una adaptación del texto el 27 de mayo, y el nombre de Nicolás Espejo Yaksic en uno de los comentarios abajo, dos días después.
Si no te hubiese pasado, no sabes si entenderías la sensación. Quizá por eso también es bueno unirse y decir. Aquí va: es necesario desenmascarar a Nicolás Espejo, que la profesión de abogado de derechos humanos sea honesta y transparente siempre, y que las organizaciones hagan mayor esfuerzo por evitar estos abusos de poder. Estás siempre agradecida de quienes te han apoyado. Y esperas estar en ese grupo si hace falta. No a la impunidad. Sí a la justicia. Sí a los verdaderos defensores de los derechos humanos. No a los impostores. Sí a las condiciones dignas de trabajo. Sí al respeto y a la consideración. Habría sido tanto mejor trabajar por los derechos humanos sin desilusión. Quizá puedas terminar de sanar y reconciliarte realmente con su fuerza. Nicolás Espejo destruyó tu valía y carrera profesional en esos años, haciéndote imposible desarrollarte plenamente, y desviándote de tu norte, la defensa de los derechos de niñas, niños y adolescentes, aunque no logró que te rindieras. Quizá un día quieras volver a trabajar como abogada de derechos humanos, las condiciones actuales incitan, quizá el relegarse a la oscuridad termina definitivamente cuando entra la luz por varias rendijas y toda la habitación se ilumina, mostrando nuevas posibilidades. Presentas una denuncia con la esperanza de que Nicolás Espejo no vuelva a abusar de su autoridad contra nadie, y menos bajo el paraguas de organismos humanitarios dedicados a la protección de los derechos humanos. En este momento, si la acción de denunciar, además de advertir, puede ser útil para generar reflexión, entonces piensas que tuvo un sentido llevarla a cabo. Manifiestas siempre que estás agradecida de UNICEF y también del apoyo que han mostrado, y que en ningún caso, quisieras perjudicar a la organización, ni a Naciones Unidas, sino que agradecerle y quizá cooperar a mejorarla, y continuar luchando por los derechos de las niñas, niños, mujeres y hombres, hasta el máximo de tus posibilidades, desde tus capacidades y disciplinas, en este momento los derechos humanos desde la literatura y la traducción. Tienes una esperanza intacta de un mundo mejor, y crees que hay que seguir adelante sin detenerse, y aprovechar este momento mundial fértil para generar cambios. Arriba Patricia Muñoz García, defensora de los derechos de la niñez de Chile, y José Andrés Murillo Urrutia, director de la Fundación para la confianza – un mundo sin abuso, fuera lo falso y lo ambicioso. No al abuso ni al acoso sexual. Queda mucho camino por recorrer. Hay que seguir. Sin justicia y reparación no hay paz. Hay que seguir.


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21-04-2024 El cómplice