29 de enero de 2017

Bye-bye Chile

De pronto se cierra el telón. Tras bambalinas siguen pasando otras cosas.
Parto como hace casi cuatro lejanos años, a mi querida Barcelona.
De la misma manera y de otra forma totalmente distinta.
También agradecida como aquella vez, de todos y de todo.
Con el alma quemada de tanto incendio.
Pero aún con vida, dentro del caos aparente.
No como en La La Land, pero bailando.
Con un poco de nostalgia, pero tranquila, al fin y al cabo.
Invocando a la fuerza, dondequiera que ella esté.
Siempre hace falta.
Recurriendo a la confusión, para mirarla de frente.
Intentando decantar el vendaval.
Persiguiendo un sueño, que aúlla entre las manos.
Mirándolo a los ojos, con un ímpetu en el pecho.
Con unas expectativas humildes, pero vivas.
Con una indiferencia, y un existencialismo.
Con un humanismo a prueba de balas.
Pero temeroso y deseoso de encontrarse.
Con una canción en los labios y unos acordes de paraíso.
Perdidos y encontrados, y vueltos a perderse y dispuestos a renacer.
Con una confianza basada en no sé qué insensatez.
Con la locura como aliada, y una de las mejores.
Con la certeza de que lo importante no está en el mundo virtual.
Con una fe ciega en la humanidad y su porvenir.
Con la noción de esa finitud que nos pisa los talones.
Con la sabiduría de ser un pequeño granito de arena en la inmensidad.
Desbordante de ganas de olvidarlo todo, y recordar:
Que el amor permanece hasta el fin del tiempo y del universo,
único e invencible.
Y que no hay nada más.
Esa energía poderosa que puede cambiarnos.
Que duele y expande.
Esa es la que yo quiero para mis días, y para todos los corazones.
De los humanos y los animales.
De los kilómetros de árboles que nos ayudan a respirar.
De la razón por la que estamos aquí y llamamos sentido.
Que no es otra cosa que entregarnos.
Al vendaval y la tormenta.
A la risa y la bienaventuranza.
A tu alma que está tan cerca.
A esa promesa de un futuro luminoso.
A ese presente radiante y siempre oscuro, pero tan vivo.
A esa intemperie donde están todas las respuestas.
A esa libertad que a veces nos es arrebatada, pero siempre persiste.
A ese cansancio que sobreviene, pero nunca nos mata, o sólo a veces.
A ese gozo de estar con vida, y esa posibilidad infinita de oasis.
A esa música que escucho y anuncia la llegada de sueños cumplidos.
Y otros por cumplir, siempre.
Pero como un gesto de seguir adelante.
De no detenerse y permanecer quietos al borde del océano.
Mirándolo fijamente como a los sueños.
Que no son otra cosa que amar nuestro quehacer y todos sus laberintos.
Que se me acabe la vida, porque siempre podemos pasar a otra cosa.
Que no tenga otro contenido que tus ojos sinceros.
Donde me reflejo cuando quiero saber que amar es lo único que nos va quedando.
Gracias, por tanta honestidad desparramada, desordenada, múltiple.
Gracias, a todos quienes le dan sentido a este orbe.
Gracias, porque esta existencia fugaz tenga tanto de permanente.
Gracias, porque esta existencia profunda está llena de valentía.
Porque cuando acabe, e incluso ahora mismo, sabré que valió la pena.
Gracias, por este edén infernal, pero tan humano.
Gracias, por toda la gloria vacía postrada a nuestros pies.
Gracias, por un mundo lleno de detalles celestiales.
Voy a tu encuentro existencia, aunque ya somos una sola cosa.
Gracias, libertad, por esta posibilidad de paraíso en ciernes.
Gracias, por una vida vivida hasta las últimas consecuencias.
Gracias, por este sentido ineludible, aunque escurridizo.
Gracias por todas las dimensiones que nos posibilitan salir de nosotros mismos.
Y amar sin medida.
El porvenir se muestra benevolente, aunque no siempre podamos verle la cara.
Adiós, llegue por la puerta y me voy por la ventana, donde pueda volar.
Y encontrarte.
Destino mío, ineludible.
Iré hacia ti aunque sea lo último que haga.
Porque la muerte me esté esperando agazapada, y siempre dispuesta a renacer.
La muerte es vida, y la vida es morir, amando.
Amar es como morir, y si no estamos perdidos.
Adiós, voy a tu encuentro destino inexorable.


24 de enero de 2017

Instrucciones para partir

Para todos mis amigos viajeros
Mirar la vida de frente.
¿Qué es lo que puede ofrecerme?
¿Qué es lo que yo quiero dar?
Tantas preguntas.
Describe quién eres: nadie.
Es más fácil partir así.
¿Voy a lograrlo?
Sí. No. No puedo responder esa pregunta ahora. No puedo saberlo. Cómo saber.
¿Hice el check in? Eso también hay que preguntarlo. Si no después quedas sentado entre quizá quienes, y para ir al baño, o a buscar agua, hay que saltar por encima de alguien para no despertarlo, con el riesgo de apoyarte en la cabeza de quien sabe, o cosas de ese tipo, no demasiado cómodas.
¿Por qué partir? Esa pregunta ya está hecha, mejor no volver a ella.
¿Qué me espera? Tienes muchas horas de avión para eso, y no importa cuántas vueltas le des, no hay manera de saber, los datos serán evidentes y no podrán clarificar nada, por su superficialidad respecto a lo que realmente quieres saber.
¿Dónde dejé el pasaporte? Esa sí es importante, o el regreso será antes de lo previsto.
¿Irá a llamarme? No pierdas tiempo. Seguro habrá una respuesta en el momento adecuado, que puede ser todos los días de un mes, cualquier mes, y cualquier día. No hablaremos de años para no alargar tanto el asunto. Si no te ha llamado en un año déjalo ya, debe tener cosas mejores que hacer.
¿Cuánto pesa la maleta? Importante, el momento de ordenar en el counter siempre viene mal.
¿De quién debo despedirme? Es extraño, a veces es muy evidente y a veces hay dudas, despídete de todos los que recordaste a la primera, de los que recordaste a la segunda espera un poco, y los que llegaron inmediatamente a tu cabeza, pero con un sentimiento de vértigo, esos no, o de manera rápida, escueta, digamos, para qué alargar. Si la lista en total es larga, cuenta los días que te quedan, y fija citas, pero no que parezcas pulpo de circo al tener luego que ejecutarla. Si no viste a alguien, deséale suerte y habrá nuevas ocasiones, eso es lo que siempre queremos creer, lo que a veces es cierto y a veces no.
¿Dónde voy a vivir? Hay un poco de tiempo, la cautela y tranquilidad mental indica no precipitarse a sacar conclusiones. De pronto, por no sé qué fuerza desconocida las cosas se ordenan. Luego todo se ve un tanto más claro y hasta casi fácil.
¿Quisiera yo volver a su lado? ¡Alto, alto! Detente. Para que entrar en esos terrenos pantanosos, si siempre se puede ver una película en el avión, o varias, aplazando ese tipo de embrollos, que no sé cómo a veces escalan, escalan, y de pronto parece que una madeja de lana que fue tomada por un gato que recorrió en zigzag por los pasillos del avión pasando bajo los asientos y entre las piernas, y luego por donde estabas sentado, y de pronto parecen cien madejas, sí, cien, que te envuelven como cuerdas, en ese momento es tiempo de parar. Concentrarse en la película, contar cuántas palabras por segundo dicen los actores, la manera cómo gesticulan con la boca, si el pelo se les vuela realmente con el viento, o comerse todo de la bandeja que te pusieron al frente, pero pensando en las propiedades de los alimentos, no en otra cosa, o bueno, el sabor, puede ser, pero no en cualquier aerolínea porque no será divertido, en definitiva, todo sirve, pero cuando la madeja te aprisiona, dile al gato que se vaya a otro lado, y termine con este caos. Por último, háblale al compañero del lado, considéralo compañero, intempestivamente, un interés genuino, y casi desesperado (pero que no se note). No lleguen a ese momento de las preguntas difíciles, en que la madeja volverá a tomar lugar. Háblale de que quieres conocer la Antártica, Ushuaia, o las Isla Caimán, pero que sea lejos de esos temas álgidos que traerán de vuelta a ese gato desbocado. ¿Para qué espantar al vecino de asiento? Sólo interésate por su viaje a Papúa Nueva Guinea, seguro tuvo experiencias espectaculares, que serán asombrosas de escuchar, aunque nunca en tu puta vida te interesó una isla que no sabes bien ni siquiera si es una isla, y por supuesto no sabes dónde está, eso es irrelevante, ese amistoso aventurero puede que te salve la vida, aunque Oceanía te traiga al fresco y prefieras dormir, porque no será demasiado posible con ese gato truhan dando vueltas.
¿Quisiera yo volver a su lado? ¡Pero cómo! Si ese tema ya lo tocamos. Sí, es verdad, la cabeza tiene una especie de pájaro carpintero dentro que se rebela en los momentos más inesperados, o tan seguido, que parece que todos los momentos fueran inesperados, o simplemente el puto pájaro hace lo que quiere y no tienes ningún control de sus movimientos, y de las bellas ideas que te trae, para el repaso. Como antes de un examen, repetir, repetir, decir un par de ideas en voz alta. Qué tontera. En el examen nos va mal, y esas dos ideas que queremos olvidar no se van. Parece el mundo al revés. ¿Por qué cresta el pájaro no viene cuando tengo que dar el examen, y aparece cuando el objetivo es el inverso? Sí, es desconcertante, yo tampoco lo entiendo. Vaya cerebro que tenemos. Bueno, no hay que desesperar, el amigo aventurero -ya casi lo llamas por ese nombre-, se durmió, pero como no hiciste el check in a tiempo tienes a otro flamante compañero al otro lado, y mira, que todavía no se duerme, ni ve una película, y entonces miras para el lado, haces como que quieres observar por la ventana y ¡zaz!, le lanzas esa pregunta que tienes entre manos, que no indague demasiado, te muestras simpático, y esperas buena acogida. ¡Bien, una media hora sin pájaros! Perfecto, para ese rato sin dormir, escuchas atentamente todo lo que tu futuro amigo -tiene ese expresión entrañable que te asegura que lo será en un futuro cercano-, tiene que decirte, la descripción de esas comidas que eran típicas donde pasó su infancia, los problemas que tuvo al embarcar, los detalles del clima de su país natal, y todos esos temas que te interesan sobremanera, y siempre quisiste saber. Nada es superfluo cuando se trata de pájaros entrometidos.
¿Quisiera yo volver a su lado? Por favor, no se va a poder, ya no te quedan compañeros, arréglatelas solo, parece broma, aunque no lo sea.
Hagamos algo, desviemos la atención sin que esta se dé cuenta. ¿Te acuerdas ese par de correos que te mandaron?, no pusiste mucha atención, no recuerdas bien ni cómo se llamaba, pero algo había, algo interesante, bien. Dedícate a recordar esos correos, e incluso, arma una historia a tu gusto, inventa, no importa, deja la imaginación fluir, esas fantasías que siempre soñaste, volar, volar, algo sólido, que resulta, lo pasan bien, se quieren, viven juntos para siempre, comen perdices, una historia larga y maravillosa, con detalles sexuales, encuentros maravillosos, sintonía, horas de placer, sonrisas, todo. Eso, inventas una linda historia que dure el vuelo entero, no importa que no la anotes, se cumplirá, piensa eso, porque es lo que siempre quisiste. Bien, ya habrá terminado el viaje, y la imaginación tiene una cosa lindísima, puede cambiar la realidad, y llenarla de buenos momentos, aunque nunca lleguen a materializarse, pero, ¿qué importa? Si lo soñado y lo bailado no te lo quita nadie, y nunca, por un tema espacio-temporal, puedes decir con certeza que no sucederá. Perfecto, es tan lindo soñar, y la atención termina desviándose, milagrosamente, que bella oportunidad.
Ok. Partiste, volaste, ahora aterriza que hay que bajarse del avión y llevar a cabo todos esos planes aterrizados que no fueron quizá tan, tan lindos de soñar, pero es la razón por la que partiste, y si no lo haces, el viaje no habrá tenido sentido, o se te va acabar la plata y ahí te quiero ver escopeta. Los sueños se volverán pesadillas.