Nuevo libro
30 de agosto de 2023
I want some sugar in my bowl
Quiero azúcar en mi tazón, canta Nina Simone. Quiero un poco de dulzura en lo profundo de mi alma, dice. Come on, save my soul, I want some sugar in my bowl, I want a little steam on my clothes, canta. Lo que yo te pido es que dejes de pedirme, exigirme actitudes y moderaciones. Frenos y renuncias. Inhibiciones y abstinencias. Prohibiciones y sobriedades. Limitaciones y demarcaciones. Obstáculos y barreras. Te pido azúcar en mi tazón. Dulzura. Caricias y arrecifes de coral. Relámpagos. Siestas bajo el sol de primavera. Pies en la arena y la extensión del mar. Te pido la vida. Toda la vida. Todo lo que contiene la vida. Las cascadas y los riachuelos que corren montaña abajo. Los pájaros que vuelan en libertad junto con la brisa cálida y las grandes migraciones completas que cambian de continente cuando es el momento. Soy un ave migratoria que quiere instalarse a un costado de tu espíritu para crear ahí su nido de buenos deseos. Para aplacar juntos el vacío que llena el arte. La fugacidad de existir y su fragilidad que nos devuelve al punto de inicio. Las ganas de seguir que a veces se ponen borrosas pero siempre vuelven a aparecer, con fuerza cuando tengo la promesa de un presente eterno. Un presente ilimitadamente eterno y creativo. Un presente con imaginación y sin respuestas. Un presente que arrastra los pies pero flota. Un presente incierto y oscuro. Un presente otoñal que no sabe su nombre pero lo intuye. Lo desea. Un presente que me devuelva la existencia. Que me mantenga flotando. Hasta que pueda tener el azúcar de tus besos. La dulzura de tu abrazo. La caída en comunión y el éxtasis perpetuo. Quiero tu vida. Nada más.
29 de agosto de 2023
Like a virgin
Quiero que seas mío. Todo para mí. Quiero tener tu cuerpo y tu abrazo. Tus palabras y tu mirada. Quiero saberlo todo. Qué piensas de cada ítem relevante de existir. Qué cosas te quitan el sueño. Qué cosas te hacen volar. Cuántos horizontes quieres alcanzar. Cuántos puertos dejaste de lado y ya no vas a volver. Quiero ver de cerca tu valentía. La disolución de tus miedos. Pero me cortas en flor. Me mantienes en vilo. Me subes a tu montaña rusa, a tu carrousel de las tinieblas y las vueltas no se detienen. Subir y bajar y ya no sabemos dónde comenzó ni hacía dónde íbamos. Tal vez no íbamos para ningún lado. Tal vez nunca iremos para ningún lado. Pero mantienes cautiva mi esperanza. Mi secreto deseo de que me pertenezcas. De sentirme como comenzando. Como me haces sentir. Como me hiciste sentir. Soy tuya en la dimensión de los barcos con luces de colores. Soy tuya en la dimensión del deseo que quema. Soy tuya en mis ganas de compartirte mi vida. Y de que, algún día, una mañana de otoño, o de primavera, una mañana asoleada, me entregues la tuya.
Manual de activismo feminista
Amar. Esto es en serio. Todo es en serio. Sin embargo, luego dejar de lado la taza para el café de la mañana que dice, sonríe, sueña, ama. Leerse unos libritos. Qué cuesta. Y aquí viene lo clave: despertar. Un día, un buen día, llegar y despertar. Decir: no, por qué el mundo es así. De la nada, sin razón alguna, sin motivo aparente, pegarse en la cabeza y decir, sin ninguna conexión con la realidad: desperté. Creerse superior y decir, yo no voy a ser como esos de allá ni esos de acá. Decir, yo desperté y ahora me van a empezar a molestar cosas que nada que ver, sólo para pasar el rato, para importunar un poco, qué entretenido, gastar mi tiempo en eso, decir cosas que se me ocurrieron así de un día para el otro sin causa, origen, antecedente y fundamento. Nada que ver. Sólo desperté y me entraron unos deseos desorbitados de decir cosas sin sentido, porque sí, ¿por qué no?
Ayúdate
Lo primero es conseguir la taza para el café de la mañana que dice: sonríe, sueña, ama. Ya hay bastante terreno avanzado con eso. Lo difícil es lo que viene después. Observar, comenzar a interactuar, y sin embargo sonreír, sin embargo soñar, sin embargo amar. Todo se pone más cuesta arriba. La alegre taza no resiste los embistes. Luego la canícula, incrustarse al ventilador, ir varias veces a la ducha fría para compensar, tomar muchos litros de agua con hielo, quitarse la ropa, no moverse de la casa para no desmayarse. Agarrando firme la taza. Luego el día otoñal lluvioso al día siguiente que te pilla desprevenida y aterriza la gripe, dormir todo el día y no saber dónde se está, si en el espacio o en una ciudad real o en un planeta con oxígeno o con oscilaciones supersónicas. Pero sin embargo atesoramos esa taza, vamos a las redes y todo se ve facilísimo. Todo es realmente posible. Ahora ya, y con una habilidad extrema y maravillosa, un despliegue de recursos nunca visto, un vendaval de éxito puro y duro llegando lejos bien lejos extra, extra lejos, el infinito y más allá es nada al lado de ver esas opciones que se nos abren y nos llenan de esperanza y de júbilo ante el espectáculo de posibilidades radiantes que se pliegan a nuestros deseos, añoranzas y recuerdos. En definitiva todo es posible. Lo mejor es que es todo gracias a la taza. A esas frasecitas mágicas que nos abren las puertas. Las ventanas. Los corazones. La disposición. Las anchas avenidas cargadas de promesas. La destrucción del planeta entero, pero qué tanto. Qué tanto extinguirse. Si somos una plaga misteriosa que no sé en qué momento tomó posesión del espacio disponible y creó miles de tazas y frasecitas mágicas. Mucho mejor seguir leyéndolas, y tomándose ese café con esa alegría entrañable de no saber cuál será tu próxima crisis existencial que no se va a parecer al fin y al cabo nada a la taza y tal vez aterrice para definitivamente destruirte y tal vez acabe finalmente con esa esperanza ridícula e infame bien instalada en lo más importante, que nunca se puede olvidar: sonríe, sueña, ama.
Oscilación
El clima nos somete a sus oscilaciones tal como existir es una seguidilla de imprevistos. Un día fundidos en el pavimento y al día siguiente un otoño inesperado. Tal vez decimos no espero nada por lo tanto lo que llegue lo recibiré como venga. Pero no es verdad. Esperamos cosas todo el tiempo. Pareciera que tenemos miedo de decir que esperamos cosas. Tememos esperar para no desilusionarnos. Pero todo va formándose en torno a las expectativas que nos hacemos en relación a lo que va sucediendo. La taza de café en la mañana que dice, sonríe, sueña, ama, nos juega una mala pasada. Porque luego los matices supersónicos de las cosas nos dan en plena cara. Se nos cae el café encima y nos quemamos la mano. El café por el suelo. Se nos quema el corazón con las temperaturas elevadas. Luego la brisa otoñal lo enfría y se siente con una percepción térmica más baja de la real. La canícula nos incendia y luego la lluvia nos devuelve a la puta taza que dice sonríe, sueña, ama, y que en el fondo está vacía, porque el café se derramó todo con la complejidad radioactiva de todo lo que roza nuestra existencia sin café pero con taza y consejos fantásticos que nos entregan en forma de cuadrículas con frases cortas que podemos interpretar a nuestro gusto porque no hay claridad finalmente si dicen algo o sólo quieren anestesiar lo que sentimos con el café caliente que cayó en la mano y la dejó sin piel, el interior al descubierto y duele. Pero como todo es oscilante al otro día nos da lo mismo y vamos por más, porque hay que rellenar el día con algo y tal vez sonreír, soñar y amar sea una buena idea, aunque el significado de esas tres palabritas se nos escape completamente y el café esté todavía desparramado por el suelo. Volvemos a intentarlo, nos subimos al carrousel y sonreímos, porque soñar y amar no hay para qué entenderlo, sólo hay que vivirlo, se supone, es una opción, hacerlo sin más. Y seguir dando vueltas. Subiendo y bajando. Igual que el clima. Igual que nuestra línea de tiempo que no resiste más embistes pero no queda otra. La complejidad supersónica nos rebana. Entonces decimos, bueno, tal vez estos libritos, tal vez estas amigas, puedan ayudarme, porque la maldita taza alegre: nada. El maldito clima asesino: nada. La maldita oscilación radioactiva: todo.
28 de agosto de 2023
Propulsión
Somos como un caballo de fantasía que de tiempo en tiempo sale disparado del carrousel. Las circunstancias nos desencajan de nuestro eje. Vagamos por el vacío y a veces volvemos al carrousel. Vueltas y vueltas, para dar vueltas y vueltas. Somos un caballo rosado con decorados celestes que sube y baja mientras da vueltas y vueltas. Por mientras nos dicen sonríe, sueña, ama. Y ahí quedamos. Preguntándonos qué es sonreír, qué es soñar y qué es amar, mientras subimos y bajamos dando vueltas y vueltas. Cada vez más confundidos. Cada vez más, y más. Y el carrousel vuelve a eyectarnos. Vuelta a vagar por el vacío. Flanear en los alrededores del carrousel observando los caballos que suben y bajan mientras dan vueltas y vueltas. Intentando desentrañar qué era sonreír, soñar y amar, eso que nos dijeron que había que hacer. Volvemos a estar cada vez más confundidos porque el carrousel no se detiene y no alcanzamos a identificar bien qué había dentro que nos eyectó ni los detalles de los decorados y la mueca de cada caballo y lo que esconde. Llega el otoño y además nos caen las hojas encima y quedamos sepultados. Resolvemos quedarnos en el borde del carrousel, un pie dentro y otro fuera. Pero va dando vueltas. De eso ya nos percatamos. Por lo que nos subimos y nos caemos de manera intermitente. Arriba, abajo, adentro, afuera. Y los caballos que sonríen, sueñan, aman y suben. Por un pequeño intervalo. Luego sonríen, sueñan, aman y bajan. Y bajan. Y otro los recibe para cantarles canciones de cuna y hacerlos olvidar que todo volverá a bajar, aferrados a las vueltas y vueltas. Ese carrousel de expectativas incumplidas. De decorados que nos hacen soñar. Mientras sonreímos a la mueca estática de cada caballo. Entretanto proyectamos la próxima eyección y su desenfreno, mientras subimos y bajamos, dando vueltas y vueltas.
Un pedazo de tierra fértil donde cualquier semilla crece pero muy rápido
Sentir tu deseo me enciende. Lisa, quemas todos mis males como una flor de fuego, me dijo Loup. Eres ese recipiente que me recibe de forma amable. Ese trozo de tierra fértil donde cualquier semilla crece. Rápido. Como una planta de habichuelas interminable. Esa voz al otro lado de la línea que conecta el cielo con la tierra. Lisa, mi imaginación fluye contigo. Te propongo un macetero. Una garza blanca. Una confianza de no caer al vacío todas las veces. Una existencia tranquila junto al río. Los barcos con luces de colores. Los estantes de libros. Las sillas. El sofá. La cama. Escuchar la lluvia a través de la ventana abierta. Atardeceres del color de las dunas de terciopelo y las flores violetas. Te propongo la sensación de varios arcoíris y burbujas de jabón suspendidas en el aire. De rodar colina abajo para olvidarlo todo. Otra cosa es ese fuego. El éxtasis de la estampida. De la vehemencia creativa. Relámpagos que alcanzan el alma para electrizarla y ubicarla en la tensión correcta que mueve los fragmentos hasta que nace la flor desprevenida. Te propongo improvisación y profundidad del acorde que perfora y remece para situarse en el oasis. Te propongo recipientes para crear las mezclas perfectas que estallen el espíritu detenido entre las nubes. Combinaciones acuáticas que liberen las ondas para perderse en el horizonte. Te propongo viajes y significados. Versos tímidos y caricias aéreas. Te propongo que la imaginación tenga un sentido. Te propongo selvas y selvas interminables. Encuentros salvajes con el núcleo de la vida. Caimanes, iguanas y camaleones. Lianas y monos. Pájaros naranjas y verdes. Azules y amarillos. Lluvia inacabable que se parezca a la poesía. Que irrigue todo lo seco o por secarse. Brisa para el calor que ahoga. Fantasía y romanticismo. Cine y ficciones imposibles. Fluir y ser arte. Lisa, cásate conmigo. ¿Cuándo?, le pregunté. Cuando tú quieras, me contestó Loup. ¿En el reino donde el amor es rey y el amor es ley?, le pregunté. Loup, lo tengo que pensar. Oscilas mucho, y en períodos muy cortos de tiempo, eres el más caótico de todos, más que Noah y Élie y Jean y Rose y yo. Soy para ti una quimera en el horizonte, un diamante que brilla a lo lejos pero que promete al mismo tiempo la muerte. Me dijiste que crees que voy a dejarte a los seis meses o que me voy a aburrir de la rutina y voy a buscarme a otra musa que encienda mi literatura, le dije. Lisa, puedo vencer mis miedos, dijo Loup. Cásate conmigo.
Eres como un recipiente que puede recibir todo de una manera muy amable
Me volvió a llamar por teléfono Loup. Y ahora qué. Hola Lisa, dónde estás. Donde mismo estaba antes, le contesté. Casi no me he movido. El que se ha desplazado es el movimiento sin forma Clarisse hasta las últimas consecuencias. Sumamos a Rose. ¿De nuevo Rose?, me dijo Loup. Sumamos a Rose y su perro. Que se perdió pero lo encontramos. Partió como si nada hasta el fin de mundo y volvió. Quería conocer la vida. Quería saber qué hay más allá de las fronteras. De los confines del reino. Quería conocer el amor. Aprender cómo existir correctamente. Conocer la configuración del presente. Cuando nos contó acerca de su búsqueda yo recordé la mía. Dije: Gracias, vida mía, por la oportunidad de vivirte. Hasta las últimas consecuencias. Qué es el amor. Qué es vivir, me pregunté. Tal vez el amor es la aparición de lo mejor de alguien. Tiene que ser eso el amor. Ese fuego y el nacimiento de la creatividad. Ese impulso absurdo de modificarse. Vida mía, la inspiración es la posibilidad de vivirte. Hasta las últimas consecuencias. Lisa, te refieres a mí o a la vida cuando dices vida mía, preguntó Loup. Las dos, le dije. ¿Soy tu vida?, me preguntó Loup. No, le dije. ¿Por qué piensas eso?, le pregunté. Por supuesto que no. Es lo que acabas de decir, me contestó. Loup, realmente, te dan la mano y te agarras del codo. Subes cascada arriba. Caminando por el río hasta el nacimiento de la fuente. Cuando no se te ha invitado. ¿Cuándo vuelves, Lisa?, preguntó Loup. Quiero invitarte. ¿A qué?, le pregunté. Tus propuestas son siempre muy extrañas, Loup. A veces crees que son algo y no son nada. O a veces crees que no son nada y luego son algo. A veces son miles de cosas distintas. Jeroglíficos indicando un camino al precipicio y toda la creatividad del mundo. Me fascinan y me intrigan. Pero a ratos no entiendo nada. Y lo que no comprendes es que tú eres mi musa, Loup, punto, mi inspiración. Nada más. Las musas no hacen propuestas. No invitan. Soy yo la que te invita. La que puede hacerte propuestas. Tú sólo eres un cuerpo sobre el que escribo. Una voz en off que sigue la corriente río abajo. Que me habla desde la lejanía para encontrarse con mi cerebro. Con las vibraciones de mi alma en pena. De mi alma en máxima alegría y agitación. Desencadenas una imaginación desbordante y materializas tu función. Cuando me hastíe de ti voy a buscarme otra. Lisa, pero a mí me gusta ser tu inspiración, dijo Loup. Me genera deseo. Consumes mis males como en una marmita sobrenatural que contiene una ceremonia en nombre de la flor de fuego que todo lo abrasa. No me dejes, Lisa. Nos relacionamos en una igualdad perfecta, un equilibrio completo. Ne me quitte pas. Oublier le temps. Des malentendus. Et le temps perdu. Je ferai un domaine, como dice Brel. Où l’amour sera roi. Où l’amour sera loi. Où tu seras reine. No me dejes, Lisa. Serás la reina de mi comarca y yo seré tu inspiración.
Se abre el recipiente con una flor de fuego que me quema todos los males
En septiembre, el próximo mes, se cumplen diez años desde que llegué a vivir a Europa, le dije a Tori. Qué he aprendido en diez años. Para qué son las experiencias, Lisa, sino para aprender algo sobre nosotros mismos, sobre existir y sobre el funcionamiento de las cosas, me dijo Tori. He aprendido bastante, le dije. Nunca dejo pasar esa oportunidad. Soy como esas niñas aplicadas de la clase, que ponen atención a todo y a veces generan el odio de los más distraídos. He aprendido tal vez demasiado. Cuánto es demasiado. Cuál es el límite. Aprendí lo siguiente: la noción de los límites. Esto: cuando se dice todo depende de ti, no hay límites. Aquí lo importante: no es verdad. Hay miles de límites. Cientos y cientos de límites. Ahora lo sé muy bien. Límites vitales, físicos, administrativos, económicos, habitacionales, legales, límites dependiendo del color de la piel, del género, límites de los sentimientos, límites dados por la existencia de otras personas, de los sentimientos o emociones de otras personas, y así. Cuando se dice: todo está en ti. No. Para nada. Hay mucho que no tiene nada que ver contigo. Realmente nada que ver. Da lo mismo lo que hagas, no hay caso. Las fronteras son lapidarias, y a veces intransitables o infranqueables. Llevo diez años aprendiendo la naturaleza de cada límite: inexorable, arbitrario, irrelevante, falaz, impuesto, creado, justo, injusto, justificado, deseable, propio, ajeno, incierto, determinante, definitivo, y así. De qué sirve conocer la naturaleza de cada límite. Ahí está toda la diferencia. Las estrategias se construyen teniendo esta información. De qué me ha servido tenerla o aprenderla. Para esto: vine a escribir, llevo diez años haciéndolo, y eso es todo. He escrito casi cuarenta libros en quince años. Estoy tranquila y soy feliz así. Me lean o no me lean: cosa de ustedes. Yo vine a decir lo que tenía que decir.
Una purificación como una ceremonia de la flor del fuego
De pronto el perro de Rose que estaba sentado al lado de nosotros se soltó de su correa y partió. Rose lo llamaba, y nada. El perro caso omiso. Siguió su camino. Nosotras, el movimiento sin forma Clarisse hasta las últimas consecuencias, partimos a buscarlo. Pero el perro iba rápido. Trotaba alegre. Como si fuera su día. Su jornada de paseo independiente. Iba contento moviendo la cola. Miraba hacia los lados cuando creía advertir algo interesante, y seguía su camino. Como si había llegado su momento. Sus cinco minutos de gloria. Como si nosotras no le importáramos nada. Porque este era su día. Y él iba a recorrer a sus anchas. Su día de fama y atención. Nosotras detrás. Qué ridículo. Al principio lo dejamos pasear un poco. Después, qué se creía ese perro. Llegó al final de la ciudad, nadó en el mar, continuó trotando a las colinas, se perdió en la inmensidad. Dónde diantres estaba ese perro. Cuándo volvería. Cree que no hay límites, les dije a Tori y a Rose. Cree que la vida es jolgorio. Que es llegar y hacer lo que uno quiere. Que esto es jauja. Una fiesta interminable con música estridente que te hace bailar al ritmo porque no puedes contenerte. Cree que no hay reglas. Quiere decirle a la gente sonrían y listo. Por qué esa cara. Si todo está en ti. El asunto es proponérselo. Cree que es llegar y olvidar los obstáculos. Que todo está en tu mente. Que diciendo sonríe, sueña, ama, la vida misteriosamente se vuelve liviana y etérea. Que anotando en tu taza de café en la mañana todas las herramientas que necesitas están en tu corazón y en tu alma entonces se abrirán todas las puertas. Del infierno. El pobre perro se olvidó de toda norma existente. Dejó de lado toda la señalética. No observó ni un maldito cartel. Los pasó de largo como si fuesen símbolos invisibles. Advertencias indescifrables que mejor hacer como que no tienen materialidad para no deprimirse. Porque todo está en ti. Ahí está. Sonríe, sueña, ama. Listo. El perro iba claro con esas ideas en la cabeza. Así es que se le abrían todas las puertas. Del cielo. Tenía las llaves correctas. Que abrían las pesadas puertas. Del gran castillo. El perro lo sabía: sonríe, sueña, ama. Para qué más. Por eso siguió. Por eso llegó tan lejos. Sonriendo, soñando, amando. No quería nada más. Abrir los castillos. Tirar su larga trenza hacia abajo de la torre. Hasta el suelo. Para que todos suban por ella como una estampida de fantasía. Una trenza enorme donde todo cabe. Una torre donde se hace la fiesta de todos los que llegaron. Y el perro ahí sonriendo, soñando y amando. Porque la vida en definitiva, es algo facilísimo. Él lo sabía. Él lo aprendió. Cuando lo entendió bien lo comunicó: amigos todos, dijo, en caso de cualquier duda, pregunta o dificultad, ya saben lo que hay que hacer. Nunca, pero nunca, dejar de sonreír, con muchísimo ahínco, soñar, y hasta que te acribille el cansancio, amar.
Esa explosión creativa
Nos reunimos con Rose. Rose, tienes que unirte al movimiento sin forma Clarisse hasta las últimas consecuencias, le dije. Lisa, pero lo de las últimas consecuencias lo acabas de agregar, dijo Tori. Bueno, Tori, es un título sin forma. Sin expectativas, sin garantías, sin nombres, sin compromisos. Lisa, me parece una mierda, dijo Tori. Cierto, le dije. ¿Qué es en realidad? Todo tiene que ser algo. ¿O no? ¿Qué te parece a ti, Rose?, le pregunté. La sin forma es una mancha voraz que te atrapa, dijo Rose. Como la espuma amenazante. Como el cetáceo infernal. Como el lobo al acecho. No se puede escapar. Creamos el movimiento sin forma pero queremos escapar de él porque nos traga, dije. ¿Eso es? Queremos ser algo, dijo Tori. Existir. Hasta las últimas consecuencias. ¿Tenemos miedo?, preguntó Tori. Yo tengo miedo del vendaval, dijo Rose. Y de las ballenas gigantescas. Yo tengo miedo de no llegar hasta las últimas consecuencias, les dije. Desvanecerte en la sin forma, dijo Tori. Quieres la sin forma, pero te da temor, agregó. Te da terror. Pavor. Lo desconocido te atrapa. Quieres ser algo y nada, dijo Tori. No puedes decidirte. Nos adherimos a principios y nos llevan a delirios neuróticos. A enajenaciones paranoicas y explosivas. A impulsividad gatillada por la frustración. A arquetipos de la televisión. A esa seguidilla de series que observamos boquiabiertos y ofuscados. Información, información. Tramas, intrigas. Personajes y personajes. ¿Esa es la sin forma?, preguntó Tori. Yo no quiero estar ahí, declaró. Yo quiero mantenerme al abrigo de la llegada de las ballenas, dijo Rose. Esos cantos submarinos que atraen la locura. Que la invocan. Que vibran en frecuencias desconocidas y nos hacen perder el juicio. Yo quiero conocer la realidad, dijo Rose. Quiero instalarme en el juicio de la realidad. El movimiento sin forma es imaginación pura. No puede llegar hasta las últimas consecuencias. Porque no existe. Lisa, Tori, están en una contradicción, la paradoja imposible, dijo Rose. El nudo tenso e imposible de deshacer en apariencia. Creo que hay que partir aclarando cuáles son las intenciones reales de Clarisse y en qué consisten las últimas consecuencias. Tori, le dije, Rose entendió todo en cinco minutos y nosotros desvariando hace meses. Adónde va esto. Adónde quiere llevarnos Clarisse. ¿Asesinarnos hasta las últimas consecuencias? Además el movimiento sin forma sí tiene forma. Eso es lo que me amarga, les dije. ¿Se puede la sin forma? ¿Hay que desaparecer? ¿Vivir en el mundo paralelo? Yo quiero existir. Quiero que esto sea algo.
Pero otra cosa es ese fuego
Un cuervo se puso a cantar en la colina, Tori. En el bosque de la colina. En lo alto de un árbol. Un graznido intenso. Luego otro, luego otro. Llegaron volando tres más. Cinco. Siete. Cantaban y cantaban. Con una fuerza que no sé a qué se debía. Qué querían decir. De pronto más, llegaban volando de todos lados. Se posaban en las ramas, muy cerca unos de otros. Se unían al canto. En lo más alto de la colina. En las copas más altas de los árboles. Yo observaba boquiabierta. Qué están diciendo. Qué anuncian. Qué pasa. Era un espectáculo deslumbrante. De distintas direcciones llegaban más y más. Del sur, del norte, del este, del oeste. De todos los puntos cardinales intermedios y sus intersticios. Gritaban y gritaban. De distintos continentes iban acercándose, posándose en nuevas ramas de los árboles. Todos cantando al unísono. Una algarabía furiosa. A veces dejaban de cantar, todos al mismo tiempo, y retomaban. Seguían y seguían llegando. Es el apocalipsis final, pensé. Se viene algo desconocido. Algo maravilloso y retorcido. Los gritos se oían y se oían. Graznidos ensordecedores que encendían el ánimo. Quiero unirme a ellos, pensé. Quiero ser parte de este canto poderoso. Quiero anunciar también la epifanía. El fin del mundo. La era de las desgracias y los renacimientos. La muerte de lo perceptible y el surgimiento de lo sutil. ¿Todo acabará? Quería preguntarles. Cuánto tiempo nos queda. Por qué hemos llegado hasta aquí. Perdónennos. Somos una desgracia a veces. Pero cantamos fuerte. Pero nos unimos y el canto es tan dulce como un graznido que perfora el tímpano. ¿Están anunciando la buena nueva? ¿Nos extinguimos finalmente? ¿Tendremos perdón posible? ¿Todos serán denunciados? Llegaban más y más. No podía ser. No cabían más cuervos en las ramas. El canto subía de volumen y atraía a más cuervos. Bien negros y brillantes. Tornasolados. Planeando en el aire lívido. En el aire espeso. El día anunciando lluvia. ¿Querían decir que ahí había muerto uno de los suyos? ¿Que eran ellos los que lo crearon todo? El mundo y sus confines. Los que cargaron a la humanidad en sus ojos para librarlos de la gran contrición imposible. Quizá anunciaban que el placer es viable. Quizá con sus cuerpos y sus cuerdas vocales querían extraer el gozo de estar vivos. De estar en la copa de los árboles. En equilibrio. De poder expresarse y vislumbrar otro futuro posible.
You don’t want to lose her
Van a ser dos años desde que me separé de mi ex, dijo Tori. Exactamente desde que dejé de ir a la casa que también era la mía, porque vivíamos cada uno en su casa por elección. Decisión que él me impuso en ese momento, de manera un tanto cruel, a mi parecer. Suele decirse que dos años es el plazo del duelo, en que uno debiera estar sin pareja para decantar y dejar atrás todo lo vivido, le dije a Tori. Exacto, Lisa, qué he aprendido en estos dos años, yo te voy a decir, declaró Tori. Yo te lo voy a decir claramente. En primer lugar, no es necesario estar en pareja. En segundo lugar, estar en pareja está sobrevalorado, sobre todo en el caso de las mujeres. En tercer lugar, estoy encantada de estar sin pareja. En cuarto lugar, la cantidad de tiempo y espacio disponible estando sin pareja es algo que atesoro en mi corazón. Ya no tengo paciencia yo tampoco, me dijo Tori. Igual que Rose y tú. ¿Será una epidemia?, me dijo. Ayer había quedado de salir con un tipo que conocí aquí hace un tiempo pero le dije que no. ¿Por?, le pregunté. Lisa, hablábamos todos los días hace semanas. Llego aquí y no me responde nada hasta dos días después. Me comentó que salía con otra, que la quería dejar, pero no la había dejado, mil problemas. Pero qué tiene que ver, le dije a Tori, puede perfectamente contestar el mensaje. Eso es, me dice Tori. Le pregunté si iba a la celebración de un amigo, y ahí recién aparece y me dice que no, porque no quiere que yo me encuentre con la tipa. Qué me importa a mí. Después me insiste hasta el fin para que me junte con él. Le dije que no, evidentemente, después de eso. Entonces sale con un chamullo muy extenso que no pudo ir a la celebración, que no entiendo su situación, no sé qué más, un mensaje larguísimo, no sé cuántos párrafos de una cantinela aburrida e interminable. No, me dije, no estoy para esto. Te encuentro razón, le dije a Tori. Lisa, le dije esto: Te equivocas, entiendo perfecto tu situación, el problema no es eso, es que no me interesa estar en esa posición. Ya me había dicho como veintidós veces estas semanas que no lo entiendo. Hasta cuándo. Y ahí me sale con que efectivamente es complicada esa posición, que no puedo tener instantáneamente lo que quiero, ni él tampoco. Y más chamullo. Y ahí sí que yo me dije, no, no puede estar diciéndome esto en serio. Le dije, mira, no tiene para nada que ver con tener cosas instantáneamente, no funciono así. Tuve que bancarme toda tu pantomima extraña. Tal vez si lo hubieses abordado de otra manera. Por qué podría interesarme verte después de todo esto. Sé lo que valgo, eso le dije. Lisa, no te rías. Le dije, hasta ahora me ha gustado nuestra interacción, pero estando acá es distinto, sería necesario más, más motivación, más transparencia. Le dije: no he sido, ni voy a serlo, afortunadamente, nunca, la segunda opción de nadie. Lisa, por qué te estás riendo. Perdona Tori, es que lo cuentas muy divertido. Me parece bien lo que le dijiste. ¿Quién es ese tipo en realidad? ¿Por qué hablas con él? Suena muy tedioso, y bueno para el chamullo. Parecía razonable, me dijo Tori. Pero mucho fuego artificial finalmente por el teléfono, y ahora que estoy aquí sale con toda esta maraña de dificultades, y al mismo tiempo me llama cien veces para que nos veamos, pero exclusivamente los dos solos y el día que él puede. Qué es eso. ¿Tu entiendes cómo funciona la gente? ¿Soy yo que soy limitada? Ayúdame, por favor. Qué es lo que pasa. ¿Tan difícil es? ¿Qué es? Por favor dime algo. Lisa, te sigues riendo. Me estás haciendo reír a mí. Lisa, colapsaste, o qué. Te estoy hablando en serio. Necesito ayuda para entender. Dame algunas claves. Algunas señales. Que indiquen un camino. Alguna vela que ilumine esta penumbra en la que se relacionan los seres humanos. No puedo estar tan mal. ¿Qué pasa? ¿Son todas oligofrénicas las personas? ¿No entienden los significados de las palabras? ¿No comprenden el concepto de los hechos instalados en el contexto y en una materialidad inexorable? ¿Creen que la realidad maquillada, cambia?
Say goodbye to the glitter girl
Me llamó por teléfono Loup. Cómo está la casa, le pregunté. Cómo te has portado. ¿Te comiste toda la comida? ¿Te portaste bien en el colegio? ¿Tareas al día? ¿Lisa, cuándo vuelves?, me preguntó Loup. No puedo más con Noah y Élie. Discuten todo el día. Parecen pareja mal avenida. Estoy desesperado. Te necesitamos para nuestro equilibrio, me dijo Loup. Pero si también discuten cuando yo estoy allá, le dije. Lisa, no es lo mismo, dijo Loup. Vuelve pronto. ¿Qué estás haciendo allá? Te fuiste hace un millón de años. Estoy trabajando, le dije. Hasta cuándo estas llamadas para supervisar. Dame un poco de espacio, Loup. Estoy descansando de ustedes. Me lo merezco. Lisa, te voy a ir a buscar. ¿Qué?, le dije. Por supuesto que no. Conversa con tus amigos. Salgan a pasear. No son mis amigos, Lisa, son mis compañeros de casa. Bueno, sale a pasear con tus compañeros de casa. Aprovecha de conocerlos y crear lazos. Noah ya no me pone la suficiente atención, dijo Loup. Le interesa más pelear con Élie. ¿Qué has hecho tú?, me preguntó. Quiero saberlo todo. Loup, me encontré con Rose, le dije. Te llevó al cementerio de amores inservibles. Sí, me dijo Loup, y yo la necesito para componer las canciones inconducentes. Para llevarlas al cementerio de las canciones inservibles. Eso es, le dije, siente que la utilizas. Por eso te dio muerte. Dice que la hundiste. Que la dejaste en el desierto. Pero si estoy vivo, me dijo Loup. Bueno, tal vez era una metáfora, le dije. A mí me dijo claramente: fui y lo maté. Acabé con él. Tu llamada me confirma que era una hipérbole. ¿Sigue en los trastornos?, me preguntó. Tal vez debiese medicarse. Loup, yo creo que tienes que dejarla que ella tome esas decisiones. Por qué estás siempre encima. Te dijo en todos los tonos que no quiere saber más de ti. Que siente que la dejaste en un pantano. Dice que se rehabilitó. Escribió unos diarios. Lisa, todo lo que hago sale mal. Quiero amar y en vez de eso dejo el descalabro una y otra vez. Loup, no empieces con el papel de víctima. Hazlo mejor, y punto. Te dicen las cosas y te haces el desentendido. Sabe que le mentiste. Sabía que estabas en mi casa. Por qué no le dijiste cuando te preguntó. No tengo los cojones, Lisa, me exiges demasiado, dijo Loup. No puedo más. Ya empezamos, le dije. Cómo no la vas a hundir si compartiste las fotos que sacó. Ni le preguntaste. No eran para compartir. No te había dado ella su consentimiento. Dijo, además, que cuando estaban juntos le insistías mucho siempre para tener sexo y ella no siempre quería, que estaba cansada de decirte que no. Bueno, Lisa, no estabas ahí, la mitad de las veces me decía que no, qué quieres que haga, dijo Loup. Ese es el problema, insistes en lo mismo, no eres capaz de reconocer cuando estás equivocado. Ni siquiera sé si eres capaz de pedir perdón cuando corresponde. Ni siquiera sé si eres capaz de amar. Ni siquiera sé si eres capaz de relacionarte sin mentir. Lisa, qué te pasa, dijo Loup. Por qué me estás hablando así. Qué te he hecho yo. Por qué te encontraste con Rose. Qué pesadilla. No quiero que hables más con ella. No vayas cuando ella esté. Pero si me encontré con ella por casualidad, le contesté. Siempre quieres tener el control de todo. Mejor deja de mentir y de hacerte la víctima. Lisa, no me dejes, dijo Loup. Tengo que cortar ahora, Loup, Tori me está esperando. Mañana vamos a ver de nuevo a Rose. ¿Viste que te pones de acuerdo con ella?, dijo Loup. Vamos a hablar de unas fotos, le dije. Tengo que colgar ahora, hablamos después. Mándale saludos a Noah y a Élie. Pórtate bien y deja de llorar. Eres cruel, Lisa, dijo Loup. A veces siento que no te conozco nada. Tal vez no me conoces tanto, le dije. Lisa, nos tenemos que ir, me dijo Tori. ¿Problemas con los gatitos? Tienes demasiada paciencia, dijo Tori. Ya no, le dije. Me rehabilité, como Rose.
26 de agosto de 2023
Mi imaginación fluye contigo
Te propongo un macetero. Una garza blanca. Una confianza de no caer al vacío todas las veces. Una existencia tranquila junto al río. Los barcos con luces de colores. Los estantes de libros. Las sillas. El sofá. La cama. Escuchar la lluvia a través de la ventana abierta. Atardeceres del color de las dunas de terciopelo y las flores violetas. Te propongo la sensación de varios arcoíris y burbujas de jabón suspendidas en el aire. De rodar colina abajo para olvidarlo todo. Otra cosa es ese fuego. El éxtasis de la estampida. De la vehemencia creativa. Relámpagos que alcanzan el alma para electrizarla y ubicarla en la tensión correcta que mueve los fragmentos hasta que nace la flor desprevenida. Te propongo improvisación y profundidad del acorde que perfora y remece para situarse en el oasis. Te propongo recipientes para crear las mezclas perfectas que estallen el espíritu detenido entre las nubes. Combinaciones acuáticas que liberen las ondas para perderse en el horizonte. Te propongo viajes y significados. Versos tímidos y caricias aéreas. Te propongo que la imaginación tenga un sentido. Te propongo selvas y selvas interminables. Encuentros salvajes con el núcleo de la vida. Caimanes, iguanas y camaleones. Lianas y monos. Pájaros naranjas y verdes. Azules y amarillos. Lluvia inacabable que se parezca a la poesía. Que irrigue todo lo seco o por secarse. Brisa para el calor que ahoga. Fantasía y romanticismo. Cine y ficciones imposibles. Fluir y ser arte.
Hasta las últimas consecuencias
Gracias, vida mía, por la oportunidad de vivirte. Hasta las últimas consecuencias. Qué es el amor. Qué es vivir. Tal vez el amor es la aparición de lo mejor de alguien. Tiene que ser eso el amor. Ese fuego y el nacimiento de la creatividad. Ese impulso absurdo de modificarse. Vida mía, la inspiración es la posibilidad de vivirte. Hasta las últimas consecuencias.
24 de agosto de 2023
Didn’t know our love was so small
Me hundió, así es que fui: y lo maté, dijo Rose. Fui donde estaba Loup: y acabé con él. ¿No era acaso mi derecho? Él me llevó al desierto. Me dejó lejos de la frontera sin agua. Con ese calor de cincuenta grados. Me dejó por otra. Me usó para canciones inservibles. Fui y lo maté. Por supuesto. ¿Qué más iba a hacer? Había terminado de escribir mis Carnets de una rehabilitación. No sabía qué más hacer. Tal vez estaba aburrida. O loca. Tal vez el trastorno me había engullido en sus fauces. Era una buena oportunidad. Alguna razón para seguir. Para aplacar ese desierto que sentía. Que Loup había desarrollado en mí. De a poco. Día a día. Mientras yo escribía mis diarios. Página a página. Escribía y se iba haciendo más grande el desierto. Me alejaba de la frontera y me acercaba al mismo tiempo. Lo encontraré, me decía. Cuando salga de aquí no podrá escapar. Pondré los puntos sobre las íes. Secaré este pantano de arenas movedizas que te absorben. Le diré: tu lugar es el cementerio de amores inservibles. Anda donde perteneces. Te llevaré a ese lugar. Es el tuyo. Quizá no lo conoces. Yo voy a mostrártelo. Se parece al desierto sin agua. Ahí ves tú qué haces después en ese lugar. Si quieres seguir componiendo canciones inservibles cosa tuya. Pero yo me voy. No puedo acompañarte más. Tengo que luchar por mi vida sin trastornos. No puedo lidiar con todo. Si yo no puedo lidiar contigo entonces te acabas. Para todos. Si no estás conmigo entonces no estás. Para nadie. Desapareces. Voy a desaparecer tu libertad para componer canciones inservibles. Porque no quiero estar en ellas. Tampoco quiero que nadie esté en ellas. ¿Rose, se fueron los trastornos?, preguntó Tori. Parecía un poco alarmada. Están ahí a la vuelta de la esquina, respondí. Extiendes la mano y los alcanzas. Lisa, dijo Tori, tal vez sea la hora de la medicación. Ya no tomo medicación, dijo Rose. No entiendo, dijo Rose, uno expresa lo que siente y sale el tema de la medicación. O las hormonas. O la sanidad mental. Estoy perfectamente en mis cabales. En mis casillas. En los rieles del porvenir. Rose perdió la cabeza, y toda esa palabrería, siempre lo mismo, dijo Rose. Estoy harta. Ya me rehabilité. Loup merecía morir. Voy a expresarme y no voy a volver a tomar medicación. Que quede claro. No iré con los duendes al bosque. Si quiero publicar videos ridículos los voy a publicar. No me importa haber perdido toda dignidad. Seguiré mi cruzada absurda que no interesa a nadie. Tal vez tengo demasiado tiempo libre. Debiese ocuparme en algo más relevante. Estoy perdiendo miserablemente mi tiempo. Lo pierdo y lo pierdo. Si lo hubiese empleado en alguna otra cosa quizá no me hundiría cada día más. Pero son los demás los que me hunden. No tengo consciencia alguna de mí misma y prefiero mirar a los demás. Es más entretenido. Debo estar existencialmente aburrida. Es que a quien se le ocurre dedicar tiempo a las canciones inconducentes de Loup. Lisa, hice lo correcto. Tranquila, Rose, ya nadie te persigue.
Nothing is gonna stop me from floating
Llevé a Loup al cementerio de amores inservibles, dijo Rose. ¿Lo mataste?, le pregunté. Sí, dijo Rose. Es de las nuestras, le dije a Tori. Dónde queda ese cementerio, dijo Tori. Ahí en la colina, le dije. Mirando el mar. Te puedes sentar y observar el paisaje. En la ladera de un monte, más alto que el horizonte, como la canción de Serrat. Enterradme sin duelo, entre la playa y el cielo. Por qué lo mataste, le preguntó Tori a Rose. Primero, dijo Rose, redacté unos Carnets de una rehabilitación, como los Carnets de la drôle de guerre de Sartre. ¿Escribiste un diario?, preguntó Tori. ¿Unos diarios íntimos? Conté cómo me había liberado de esa alimaña, dijo Rose. ¿De ese trastorno?, pregunté. ¿O de Loup? Pensé que lo querías, le dije a Rose. Siempre parecía tan solícito, con ganas de ayudarte, de acompañarte. Me hundió, dijo Rose. Me utilizó para componer sus canciones inservibles. Yo quería vivir. No quería ser el material de una canción inservible. De una canción que nadie quiere escuchar. De una canción que te saca las entrañas y te deja vacía. Me dejó en el desierto con cincuenta grados y sin agua. ¡Casi acaba contigo!, exclamé. Lejos de la frontera me dejó. Pero caminé hacia la siguiente frontera, resistí. Cada día redactaba una página de mis Carnets de una rehabilitación. Anotaba: no seré parte de canciones inservibles. No voy a formar parte de discos vacíos. De discos que das vuelta la carátula y no hay nada. Ninguna canción anotada. Un gran borrón. La ameba sideral. Tomas el disco, quieres ver los temas con los que vas a encontrarte, y nada. El Gran Borrón de las canciones inservibles. De hecho, ni siquiera quiero ser parte de canciones. Quiero componer sola. Grandes fotografías que retraten el espacio disponible. Anoté en mi diario: cuando llegue a la frontera voy a neutralizar con mis Grandes Fotografías esas Canciones Inconducentes. Saldré de este lugar y todo será neutralizado. Anoté: estoy desarrollando todos los antídotos a las composiciones inconducentes. Este desierto acabará. Este pantano sin nombre llegará a su fin. No va a tragarme la arena movediza. Llegaré sana y salva a la línea de término. Al final del recorrido donde comienzan las Grandes Fotografías. Anoté: donde sea que esté Loup, lo encontraré y acabaré con él, dijo Rose. Está en mi casa, le dije a Rose. Sé que estaba en tu casa, Lisa, me dijo Rose. Ahí lo encontré.
23 de agosto de 2023
Separada: 2 años
Van a ser dos años desde que me separé. Exactamente desde que dejé de ir a la casa que también era la mía, porque vivíamos cada uno en su casa por elección. Decisión que se me impuso en ese momento, de manera un tanto cruel, a mi parecer. Suele decirse que dos años es el plazo del duelo, en que uno debiera estar sin pareja para decantar y dejar atrás todo lo vivido. Qué he aprendido en estos dos años. En primer lugar, no es necesario estar en pareja. En segundo lugar, estar en pareja está sobrevalorado, sobre todo en el caso de las mujeres. En tercer lugar, estoy encantada de estar sin pareja. En cuarto lugar, la cantidad de tiempo y espacio disponible estando sin pareja es algo que atesoro en mi corazón.
Amigos II
Qué tengo: nada. Qué importa. Tengo amigos. Tengo buenos amigos. Cuido a mis amigos y ellos me cuidan. La existencia sin amigos: nada. No estoy sola porque tengo amigos. Muy buenos amigos. Quiero mucho a mis amigos. Pertenezco a ellos. Pertenezco a la risa y al bienestar de mis amigos. Soy muy agradecida de cada gesto y buen momento. No necesito casi nada más. Compartir la vida con honestidad. Sin mezquindades. Lo que más valoro es poder desenvolverme en espacios donde puedo ser yo misma. Sin pantomimas. Espacios donde no hay juicios. Espacios donde ellos se muestran sin juicios. Donde vivir es presente y apoyo. Admiro a mis amigos. Me estimulan existencial, intelectual y artísticamente. Estar con mis amigos es lo más cercano que conozco a la felicidad. Es tal vez lo mismo. Vivo para reír con mis amigos.
10 años en Europa
En septiembre, el próximo mes, se cumplen diez años desde que llegué a vivir a Europa. Qué he aprendido en diez años. Para qué son las experiencias sino para aprender algo sobre nosotros mismos, sobre existir y sobre el funcionamiento de las cosas. He aprendido bastante. Nunca dejo pasar esa oportunidad. Soy como esas niñas aplicadas de la clase, que ponen atención a todo y a veces generan el odio de los más distraídos. He aprendido tal vez demasiado. Cuánto es demasiado. Cuál es el límite. Aprendí lo siguiente: la noción de los límites. Esto: cuando se dice todo depende de ti, no hay límites. Aquí lo importante: no es verdad. Hay miles de límites. Cientos y cientos de límites. Ahora lo sé muy bien. Límites vitales, físicos, administrativos, económicos, habitacionales, legales, límites dependiendo del color de la piel, del género, límites de los sentimientos, límites dados por la existencia de otras personas, de los sentimientos o emociones de otras personas, y así. Cuando se dice: todo está en ti. No. Para nada. Hay mucho que no tiene nada que ver contigo. Realmente nada que ver. Da lo mismo lo que hagas, no hay caso. Las fronteras son lapidarias, y a veces intransitables o infranqueables. Llevo diez años aprendiendo la naturaleza de cada límite: inexorable, arbitrario, irrelevante, falaz, impuesto, creado, justo, injusto, justificado, deseable, propio, ajeno, incierto, determinante, definitivo, y así. De qué sirve conocer la naturaleza de cada límite. Ahí está toda la diferencia. Las estrategias se construyen teniendo esta información. De qué me ha servido tenerla o aprenderla. Para esto: vine a escribir, llevo diez años haciéndolo, y eso es todo. He escrito casi cuarenta libros en quince años. Estoy tranquila y soy feliz así. Me lean o no me lean: cosa de ustedes. Yo vine a decir lo que tenía que decir.
22 de agosto de 2023
We’ll see how fast you’ll be running
Quiero vivir adentro de una ballena, le dije a Tori. Como Geppetto. Lisa, qué calor hace, me dijo Tori. Salgamos de aquí. ¿De dónde?, le pregunté. De donde sea que estamos, me contestó Tori. Salir, en definitiva, le dije. No sé si podamos zafar del calor. Vamos a unirnos a tus ballenas. Tal vez adentro de la ballena hace frío. ¿Siempre hace tanto calor?, le pregunté. Bueno, es agosto, me dijo Tori, y tú sabes más que yo, si viviste aquí. Continuábamos en esa conversación y sucedió algo improbable. No era posible hilar de manera coherente los temas con el calor. Desvariábamos en torno a la temperatura elevada y las ballenas. A la posibilidad de salir. De pronto en la acera, escucho: Lisa. Era Rose, no sé cómo me reconoció. Además no vive en Barcelona. Qué hacía ahí. Cuál era el oscuro destino de Rose que se encontraba en la acera hirviendo de Barcelona y su trayectoria se cruzaba con la mía en un punto indeterminado. Un punto en el espacio geográfico que es independiente, y de repente ya no es independiente y se funde con otro espacio geográfico como si fuese el mismo, sin serlo. Por un momento, o una eternidad, se superponen los dos espacios geográficos del ancho mundo y se fusionan hasta parecer uno solo conservando su individualidad pero de manera indistinguible. La mirada de Rose y la mía se encontraron en un claro de luz con el sol explotando para derretirnos. El cemento ardiente. Y el frío interior de la ballena. Ese estómago gigantesco que te traga y el cual puedes recorrer a tu guisa. Qué hay dentro de una ballena. Qué hay realmente dentro de una ballena. De qué está hecha esa ballena. Por qué Rose y yo nos encontrábamos en el interior de una ballena. Sin saber qué hay dentro de la ballena. Perdidas totalmente. Sin saber que estamos realmente adentro de una ballena. Sin saber que estamos las dos en Barcelona en esa acera candente a punto de encontrarnos. La acera abrasando a quien se posa sobre ella y nosotros tragadas por un cetáceo infernal. Un monstruo de un apetito voraz. Una bestia gigantesca queriendo apropiarse de todo a su paso. Guardar un sinfín de destinos en su vientre. Conservarlos en formalina. Romper los frascos y mezclarlo todo. Enredar todos los destinos para que el caos total se materialice. Para que saque sus garras y ataque a quien se cruce. Como un lobo que no ha encontrado alimento hace semanas. Lanzarse en picada y desnudar al tornado completo y todos sus tentáculos asesinos. Invocar a toda la existencia posible e inyectársela para volver a vivir. Para saber que el calor no te va a matar. Sólo va a acelerar tu pulso y tal vez llevarte al desmayo. Al desvanecimiento por no querer reconocer la fuerza de las circunstancias. Por evadir un destino que se tropieza con el tuyo en la acera ígnea que te carcome hasta sacarte las entrañas de fuego por la boca y la nariz. Una puta acera sofocante aliada misteriosa y secretamente con un animal desconocido y descomunal que crea terremotos ineludibles y sanguinarios. Una fiera milenaria dispuesta a todo con tal de crear deseo y consumirse. Auxilio. Rose, hay que salir de esta ballena y tenderse sobre el borde tórrido de la vida. Cortar en seco los zarpazos de esa criatura submarina que no sabe respirar sin tragárselos a todos. Hay que llegar a la orilla. Buscar refugio en el margen del camino canicular. Hay que huir. Abrir las fauces del animal y nadar hasta el muelle. Esconderse en el bosque. En la playa. En la arena tibia. En el volcán al rojo vivo. No volver. Nunca más. Crear las condiciones para vida.
We’ll see how brave you are
Fui a Barcelona. Necesitaba observar la ciudad de cerca para poder escribir sobre ella. Dejé a los gatitos en la casa. Noah, Loup y Élie. No quería distracciones. Sino concentración. Fui con Tori que está componiendo unas canciones y ansiaba inspiración marina. Acuática. De las profundidades. Tori hace buceo en apnea. A mí me parece algo muy extraño. Peligroso. Ese es el impulso que se llevó a Adam. El encuentro con las criaturas marinas como si uno fuera criatura marina. He intentado hacer razonar a Tori pero hace caso omiso, desoye mis ruegos. Su mundo más preciado son las ballenas y el mundo de las ballenas y la casa de las ballenas y los amigos de las ballenas y el alimento de las ballenas y el agua que tocan las ballenas y la oscuridad de las ballenas. Falta poco para el cumpleaños de Adam. Estaría aquí si no fuera por las ballenas, le dije a Tori. Ella considera que hay que llegar al fondo de la existencia y que si en ese intento las olas te llevan son gajes del oficio. Pero no son las olas que te llevan, le dije. Es la oscuridad. Lisa, son las ballenas, me dijo Tori. ¿Las ballenas te llevan? Tal vez no haya que ir a buscar a las ballenas, le sugerí. Me están esperando, me dijo Tori. No hay caso. Tori es muy cabeza dura. Como yo quizá. Pero en otros dominios. Me recuerda a Adam a veces. Soy amiga de un caos distinto al de ellos. El peligro vital me saca de mis casillas. No quiero morir. Ni que me lleven las ballenas. O no todavía. O sí algún día morir. Pero que nunca me lleven las ballenas. Me gusta la tierra firme. O los terremotos. Pero no en el mar. La tierra firme o con terremotos. Pero no quiero hundirme en el agua hasta desaparecer. No quiero que Tori desaparezca igual que Adam. ¿Cuántas personas que uno quiere se pueden ver partir? Tori solía competir. Cuán lejos podía llegar. Pero no estabas buscando ballenas, le dije. Sólo querías llegar más lejos. Siempre más lejos. Es una locura, le dije. Tori no teme a nada. No puede ser. Lisa, siempre me estás hablando de la misma cantinela, me dijo Tori. Ya no compito. Sólo necesito sentir el mar. La fuerza del océano. De acuerdo, Tori. Siempre terminábamos discutiendo. No quería comenzar otra vez. Adam tenía cuarenta, le dije. ¿Te parece normal? Qué es lo normal, me preguntó Tori. Un día se acaba y ya, me dijo. Tal vez las ballenas prefieren que te conectes con ellas por telepatía, le dije. Tori me miró y luego siguió mirando el mar. Es muy distraída. O parece más distraída de lo que es. Quizá no es distraída, sino que está pensando en las ballenas, muy concentrada. A veces no sé si está realmente poniendo atención a lo que le digo. Me siento como un profesor al que ignoran por obsoleto. O por aburrido. O por incomprensible. O por hablar un lenguaje distinto. O por sintonizar fuera de las ondas marinas supersónicas. Fuera de la frecuencia de las ballenas. El canto inaudible. A simple oído. El canto que sólo se escucha bajo el agua. Que viaja veloz para llegar al oído y cautivarlo. No entiendo que no te afecte lo que le pasó a Adam, le dije. Sí me afecta, Lisa, no entiendo por qué dices eso, contestó Tori. Tal vez él estuvo más cerca de las ballenas que lo que yo nunca estaré. Quizá él estuvo más cerca de los sueños que lo que nosotras nunca estaremos. Lo recuerdo todos los días.
12 de agosto de 2023
11 de agosto de 2023
Camino hasta el límite de mi gran sueño
Nos encontramos todos en el bar que está en el barco. Emma, Maïa, Tori, Loup, Noah, Élie, y yo. Estamos delineándonos, les dije. Qué bueno que trajiste a tus gatitos, dijo Emma. ¿Terminaron de leer?, les preguntó. Élie no entendía mucho. No sé si siempre está en la luna o quiere deliberadamente quedarse ahí para escapar de toda responsabilidad. Puedo recitarlo, dijo Loup. A mí me excita, dijo Noah. ¿El libro o Loup?, preguntó Tori. Bailemos después, dijo Maïa. Hasta abajo. Cuántas heladeras tenemos, pregunté. Cincuenta y dos testimonios, dijo Tori. Cuántas condenas, preguntó Maïa. Ninguna, dijo Emma. Cuántos espectáculos abortados, preguntó Tori. Cinco, contesté. Yo también, dijo Emma. Yo también, dijo Tori. Yo también, dijo Élie. Yo no, dijo Noah. Yo también, dijo Loup. Yo también, dijo Maïa. Yo también, dije yo. Comencemos con eliminar la forma de Clarisse, la revista, les propuse. Escribamos desde la clandestinidad de los bajos fondos. Luego hacemos la pantomima. La coreografía perfecta. Que desafíe al sol en su punto más alto. Lleguemos al corazón de las tinieblas, para exhibirnos al sol en la escena siguiente. Antes de que se cierren las cortinas para volver a abrirse y desplegar el ejército de victorias encajonadas que desbordan. Qué calor hace, dijo Élie. Voy a ir a comprar cerveza, dijo Loup. Quién quiere. Cambiaron el whisky, dije. Yo voy contigo, dijo Noah. Élie partió detrás y los alcanzó. ¿Están viviendo todos en tu casa?, preguntó Emma. Qué guapo Loup, dijo Tori. Noah además de guapo tiene un magnetismo rarísimo, dijo Maïa. Se ve que Élie no lo resiste, dijo Emma. ¿Por qué?, preguntó Tori ¿Se odian? Se aman, respondí yo, pero siempre están compitiendo, es cansador a veces. Llegan al límite para superarse y llegar más allá del otro. Tienen una batalla encarnizada y secreta en relación a quién escribe el mejor guion. Quién va a poder llegar más allá de la forma. Al límite del sueño vivo. Quién va a poder personificar al caos más exactamente. Quién va a invadir más partes de su cuerpo con su esencia. En definitiva, tal vez los cuatro estamos compitiendo por quién va a llegar más cerca del sustrato íntimo del caos. Quién va a caminar lo más cerca del borde de los grandes sueños. Aunque podamos quemarnos o ahogarnos en el intento. Volvernos cenizas que se vuelen con el viento. Y alcancen la inmensidad. Para abarcarlo todo. Escribir es martirio y dicha. Escribir es estar fuera de las circunstancias.
Soy el corazón de las tinieblas
Nací para los barcos con luces de colores, les dije. Para la montaña rusa sofocante y el éxtasis pasajero. Vamos al muelle y nos subimos a esos barcos, les propuse. Nací para que la intensidad me rebane. Y nada más. Vamos los cuatro. Vamos a un viaje por la existencia teñida de paraíso. Vamos. Con mi pasado, mi presente y mi futuro. Lisa, pero tengo miedo, dijo Élie. Lisa, pero tiene que ser hasta las últimas consecuencias, dijo Noah. Lisa, pero yo quiero declararte mi amor eterno, dijo Loup. Élie, deja de llorar, le dije. Noah, dejemos de ser, le dije. Loup, tatuémonos la montaña rusa, le dije. El amor es una mentira exquisita, les dije. Pero nosotros te queremos de verdad, Lisa, dijeron. No podían estar hablando los tres al mismo tiempo. No podían haberse puesto de acuerdo. Siempre los estereotipos. Bien cansada estoy de los estereotipos. Quiero amor y quiero tinieblas. Quiero ser el corazón de las tinieblas. Quiero no tener expectativas ciertas. De que vamos a poder vivir los cuatro juntos. De que van a comportarse correctamente. Una vez me dijo alguien, follas como debe ser. ¿Qué significa eso? Tu baises assez correctement. Por qué no. De la manera adecuada. Conforme el parámetro indicado. ¿O él quería decir bien, simplemente? Una buena experiencia. Quizá quería decir fue un buen momento. A mí también me lo pareció. Y ahora eran tres. ¿Esto cómo se hace? No hay que caer en los estereotipos. Por eso la pregunta. Por eso las preguntas. Las respuestas. Únicas. El sol en su punto más alto creando destellos en el río. Haciendo brillar el agua móvil. Existir es éxtasis perpetuo. Es perder y seguir. Es entregarse a los barcos con luces de colores y salir más herida que antes. Arañada toda entera, como si unos gatos te saltaron encima. Amar es armarse de cinismo para sobrevivir a la avalancha. Es convertirse en el presente absoluto. En el sol que te llega a la retina y te confunde en cuanto al matiz de las circunstancias. Es volverse idiota y no poder distinguir el día de la noche. Amar es elegir. Yo los elijo a los tres. Porque ellos me han hecho vivir. Me han hecho morir. Han muerto y resucitado. Igual que yo. Igual que todas las oportunidades que las palabras me han dado. La posibilidad de ser el movimiento sin forma. La magia de fundirme en Clarisse y dejar todo atrás. Todo atrás. Subirme para siempre a los barcos son luces de colores y convertirme en libro. El movimiento del amor y la no-forma. La redención a todo nuestro éxtasis sin retorno.
Camino sujetando un paraguas abierto sobre una cuerda tensa
Tal vez el movimiento sin forma es olvidar. Tal vez. Tal vez. Tal vez es ir. Salí de la habitación. Élie, le dije. Qué grata sorpresa. Creo. ¿Para ti también? Más o menos, dijo Élie. De acuerdo. Pero a ti te gustan las sorpresas, le dije. Las sorpresas del infierno. De los bajos fondos. Las sorpresas de Transilvania. La vida es tal vez una gran sorpresa, le dije. Lisa, estás igual, me dijo Élie. ¿Eso es bueno o malo?, le pregunté. No quería sembrar la confusión. Pero a veces hay que preguntar. A veces haces una pregunta y queda el descalabro. Porque no hay respuesta visible. Sólo respuestas aparentes. A veces una pregunta puede ser un infortunio. O una sorpresa. Estupor. Extrañeza. Conmoción. Un lento y pausado sobresalto que nos devuelve al punto de inicio. Al punto de partida. Donde comienza la carrera cuando suena el ruido ensordecedor que te despierta. Una pausa de preguntas, propongo. Lisa, eso es imposible, me dijo Élie. Es bueno. Es malo. Es igual. Loup llegó y me abrazó por la cintura desde atrás. Quiero saberlo todo, dijo. ¿Todo? Noah seguía en su libro. Tenía una capacidad de concentración extraña. Totalmente opuesta a la mía. Una pequeña brisa y ya estoy en otra cosa que no es el libro. Noah en esa situación rara y nada. En su libro. Ojos fijos en las letras. Tal vez Élie estaba feliz que así fuera. Ya iba a acostumbrarse. Se requería un tiempo de acompañamiento y todo saldría bien. Un tiempo de aclimatación. Podríamos vivir todos juntos, propuse. Pero me dejan escribir. ¿Mudarnos todos acá?, preguntó Loup. Me encantaría, dijo Élie. ¿En serio?, le pregunté. Pero si acabas de llegar. Pero tú lo acabas de proponer, dijo Élie. Noah se levantó y se acercó a nosotros. Dejó el libro en la mesa del salón. Estaba escuchando, me dije. Puede hacer varias cosas al mismo tiempo. No como yo que soy monofocal. Pasó de largo y siguió hasta la cocina. Volvió con un vaso de whisky con hielo. ¿Siempre toman whisky?, les pregunté. Qué hacen parados aquí en la entrada, dijo Noah. La existencia hay que vivirla. No se pueden quedar en la entrada. Hay que llegar hasta el fondo del salón. Hasta lo más profundo de las cavidades del salón y sus rincones. Élie siempre a medias, dijo Noah. Cuándo me dejas tranquilo, dijo Élie. Cómo vamos a vivir juntos así. Te haces el duro y en realidad estás muerto de miedo, le dijo Élie. Tiemblas ante la posibilidad de no ser el número uno. De no poder seducirlos a todos. De no lograr lo más alto. De no llegar a la cumbre. No te la bancas, le dijo Élie a Noah, desafiante. Vaya, dijo Noah, la mustélida salió de su guarida. Te ves guapo así, le dijo a Élie, defendiéndote. Te ves rico. Exquisito. Noah, para un poco, le dije. Es igual a ti, dijo Loup, te aprovechas del pánico de los otros. ¿Yo?, le dije a Loup. Te aprovechas de la propensión al llanto. De la sensibilidad de los demás. Crees que la vida es humor negro y ahí te quedas. Desvariando para hundirlos. Tú nos hundes y nosotros te matamos.
Lo imprevisto y fatal me fascina
Descubrí lo que hay que hacer. Introducirme en la sin forma. Clarisse es más que un movimiento sin forma. Es un modo de vivir. Lisa, canoa en mano, me dije. Por distintos paisajes. Para surfearlos todos. Para alcanzar uno por uno. Y surfearlos. Mirarlo de frente. Canoa bajo el brazo. Entrar al océano. Y llevar la canoa a las olas. Perderse. Aparecer en el continente del lado. En el universo paralelo. Convertirse en animales extintos y revivirlos. Olvidar que se es algo vivo. Creerse muerto y revivir. Ir con la canoa por el tiempo que pulsa. Que va marcando el ritmo. Para escribir tengo que volverme música, me dije. Ser el movimiento sin forma. Destripar a mis gatitos para conocer sus deseos más escondidos. Escuchar todo lo que quieran decirme. Ser los demás. Disolverme en ellos. Ser un mito antiguo y unas ansias de leyenda. No existir realmente. Sólo ser libros. No salir de esta habitación. Ni buscando el show. Ni divinizando el espectáculo. Pero lo dijeron en la película: es la hora del show. ¿Me echaron de menos? Me había convertido en pelícano. En garza mítica. Halcón milenario. Me había convertido en taza de café. Con leche de espelta. De escanda. ¿Saben lo que es la espelta? Queda bien con el café. A veces el café solo perfora el estómago. Lo desintegra. Lo hace humo. ¿Por qué hablar de esto ahora cuando hay que salir de la habitación? Hacer tiempo no va a servir. Algún día hay que salir. Iniciar el show. Tomar el avión. O el barco. O el tren. Y comenzar. Yo descubrí que hay que vivir sin forma. Hay que ser el movimiento sin forma. Transformarse en Clarisse. Unirlos a todos. ¿Y las vacaciones de la vida? ¿Y la costa lejana y ardua? ¿Y el horizonte de promesas? ¿Y el presente absoluto? Quiero ser todos los cuervos. Los cisnes y sus crías. Quiero ser todas las hojas de los árboles. Y mecerme al viento. Llegar a tus brazos. Escribir hasta tus brazos. Escribir en ellos. Tenderme al sol y cerrar los ojos. Salir de la habitación todas las veces que sea necesario.
Siento esa tensión como la de un arco a punto de disparar la flecha
Mientras me empolvaba la nariz, pensé: Lisa, y ahora salir de aquí al mundo. La hora del show. De la coreografía. Cuando se es tímida como yo la hora de salir de la habitación es la hora de la montaña rusa. La hora de subir y bajar. De hacer la pantomima. La cara blanca como mimo. Así me la estaba dejando en el baño. Para salir y hacer el mimo. Simular como si tocara una ventana. Como si pasara por ella. Como si bajara de un tren en movimiento. Como si saltara del balcón. Como si nadara río abajo. En una canoa desvencijada. Ahogándose. Una canoa que le entra agua. Que sabes que no va a llegar al muelle que prevé. Porque el agua dentro impedirá la carrera de obstáculos. Traerá los obstáculos dentro de la canoa. Convivir con los obstáculos como tus amigos entrañables. Como agua que está en tu canoa móvil. Tu canoa voladora. O que se desliza por el agua como que volara. Como Jim Carey con máscara, decir: es la hora del show. ¿Me extrañaron? Aquí estoy. Soy como una pesadilla. Salgo por debajo de las piedras. Con la cara empolvada. La falda corta. Los zapatos con taco, pero no muy alto. Cómodos para caminar. Porque nunca se puede dejar de caminar. ¿Me estaban esperando? Espero que sí. Me hundí en el agua y ahora salí. Aquí. En la canoa con agujeros. Pero rauda. Pero determinada. A llegar al muelle. ¿No querían más? ¿Querían que todo terminara? ¿Pensaron que había muerto bajo el agua? No. Aquí estoy. Tomando el sol en traje de baño. O sin. Brillando. Al sol. Caminando sola en la noche. Abriendo las calles. Paso firme. Debajo de la canoa, pero con ganas de salir de ahí. Para sentir el sol. Me vieron débil. Me vieron bailar hasta abajo. De la canoa. Me vieron frágil. Me vieron derramando una lágrima. Esquivando el verano. Dejándolo todo por un sueño. Por un dolor agudo. Por una felicidad sin límites. Aquí estoy. Lista para el show. Preparada para el espectáculo cómico. Para la comedia tan propia y tan entrañable. La comedia afectuosa que sabe surfear como en las olas. Arriba y abajo. Como la montaña rusa. Mi amor por la existencia no tiene límites. Ni canoas agonizantes que desaparezcan. Voy con mi canoa calles abajo. La llevo a todos lados. Para surfear cuando hace falta. Cuando es la hora del show. La tomo y me subo para sortear las circunstancias. Con mi canoa improviso como en una pieza de música. La canoa nunca me abandona. Tampoco los deseos de espectáculo. Aunque me lo niegue a mí misma. Aunque sea tímida. Aunque la cara empolvada a veces no sirva para nada. Siempre hay que estar preparada. Tomaré mi canoa y saldré de esta habitación. Me lanzaré al río para sortearlo. Para ir con mis gatitos hasta nuevo aviso.
En mi profunda noche sopla un loco viento que me trae briznas de gritos
Por qué están todos en mi casa. Lisa, por qué, me dije. Mientras me ponía perfume, mirando mi rostro en el espejo con cara de reprimenda. No dos, tres. Y la novela a qué hora. Soy una inconsciente. Una inconsciente. Que no piensa en sus deberes de escritora. Soy una nulidad mayúscula. Que no es capaz de llevar a cabo hasta el final el proyecto. Tres. Como si dos no fuera ya suficiente. Es mi responsabilidad, me dije. Es mi culpa, esta situación. Los invoqué. Los traje. Los seduje. Los arrastré. Tal vez el largo de mi falda. Lo apretado de mi camiseta. El baile hasta abajo. Andar sola en la noche. No salir acompañada. Hablarle a extraños. Caminar lento cuando había que correr. La temperatura. La noche sin luna. Las estrellas desapareciendo. El transporte público en huelga. La caída de las hojas. La lluvia torrencial. La velocidad del sonido. Las bocinas de los automovilistas. El café frío. El pastel comido. Las palomas invadiendo el campanario. Los escalones que faltan para llegar al faro. Todo es mi culpa. El universo entero. Los universos al lado del universo. Los otros universos. Todo fue mi culpa. Por qué. Por qué soy así. Debiera parar. Reflexionar. Cambiar. Dejar de hacerlo todo así. ¿Así cómo? Así como para que todo sea siempre mi culpa. Hasta cuándo. Voy a cambiar de zapatos. De falda. De universos. De estrellas. De bocinas. De campanarios. De pasteles. De ciudad. De país. De planeta. Voy a extinguirme. Como los dinosaurios. Voy a terminar con esta farsa. Voy a confesar: todo fue mi culpa. Es porque vivo en la estratósfera. No puse atención. Y siempre había querido ser un globo aerostático. Perderme en la inmensidad para orbitar. ¿Y esta novela? ¿La inventé? ¿Nació? Cuán lejos va a llegar. Cuán lejos voy a llegar en esta hipocresía. En esta comedia. En esta bufonada artificiosa. Esta patraña dramática. Seguro los invoqué. Seguro no soy capaz de hacer nada. Seguro los traje para que me interrumpieran y no tener que continuar con esta pantomima. Seguro. Seguro. Seguro.
La libertad que sopla en verano tiene la fatalidad en sí misma
No esperaba encontrarte acá, le dijo Élie. Dónde esperabas encontrarme. Yo estoy en todos lados. Como el personaje de matrix. Definitivamente querían volverlo loco, pensó Élie. Creyó que lo había pensado, pero lo dijo en voz alta. Ya estás loco, le dijo Noah. Por lo que no puedes volverte. No tan loco como tú, le dijo Élie. Qué te trae por acá, le preguntó Noah. Tampoco esperaba encontrarte por aquí. No ahora, al menos. Tal vez más adelante. ¿Más adelante?, dijo Élie. El futuro es una entelequia, dijo. No quiero batirme a duelo con nadie, dijo Élie. ¿Batirte a duelo?, preguntó Noah. Ahora traigo las espadas. Élie, le dijo Noah, Lisa no pertenece a nadie. Batirse a duelo es una estupidez. Qué te crees. ¿Dueño de algo? Nada te pertenece. Me perteneció, dijo. ¿Vienes a buscarla porque te perteneció? Llegas tarde, Élie, como siempre. Siempre creando lo que ya fue creado. Noah fue duro de entrada, no le daba tiempo ni de recuperarse del color cianótico. Por qué le tengo tanto miedo a este hombre, se preguntó Élie. Qué me ha hecho. Soy un animal perdido en el viento del desierto helado bajo un cactus dudoso y a punto de secarse. Quiero que se me acoja y se me haga cariño. No quiero enfrentarme a Noah, pero no voy a bajar los brazos. Resistiré hasta el final. Ganaré esta contienda. La ganaré. En eso llega Loup que estaba en la cocina y le pregunta a Noah si quería beber algo. Luego de la pregunta le acaricia el pelo al pasar, antes de volver a la cocina. Élie observaba. Qué fue eso, pensó. De nuevo lo mismo, creyó que lo había pensado pero lo dijo en voz alta. No te intimides, Élie, le dijo Noah. ¿No te intimides? Qué estaba tratando de decirle. Que iban a acogerlo y hacerle cariño. No es eso lo que estaba pensando cuando fijo la imagen en su mente. Se imaginó a Lisa acariciándolo. Diciéndole que lo había echado de menos. Que estaba feliz de verlo. Lisa acogiéndolo en sus brazos luego de un largo día de trabajo con el plato de comida preparado en la mesa. No. Lo del plato de comida, no. Quería el amor de Lisa. El calor de sus brazos. Qué diablos hacían estos dos zoquetes aquí incrustados en su fin de semana. Y dónde estaba Lisa. Cómo podía tardar tanto en vestirse. Quizá no había pasado tanto tiempo. Pero parecían horas. Por qué no me dijo que estaban aquí. Recordó que había llegado de sorpresa. A veces las sorpresas no salen como se esperaba.
Voy a hacer un adagio
Loup abrió la puerta. Tú debes ser Élie, dijo. ¿Y tú quién eres?, preguntó Élie. Loup, encantado. ¿Dónde está Lisa?, preguntó Élie. Ya viene, respondió Loup. Se está vistiendo, luego de su ducha de media hora. Como si la ecología no le importara. ¿Cronometraste el tiempo?, dijo Élie. Puedes esperarla en el salón, dijo Loup. Parecía película del siglo pasado. Esperarla en el salón. De acuerdo, dijo Élie. Puedes dejar tu abrigo aquí, le dijo Loup. Era verano, no tenía abrigo. Tu sombrero de copa. Tus guantes de raso. ¿O de terciopelo? Adelante, hizo una suerte de reverencia. Élie respondió con un leve movimiento de cabeza. Caminó al salón y se detuvo, en seco. Vio desde lejos a Noah en el sillón leyendo. En el sillón azul. La situación le pareció negra. Vio a Noah en el sillón azul con vista al río. Azul, o verde, o gris, o negro, dependiendo de la hora del día y del cielo. Si está azul el río es azul. Si sube el agua y está revuelta está verde. Si hay nubes es más bien gris. En la noche es negro. O derechamente no se ve, sólo se ven las luces que tintinean al movimiento de las pequeñas, diminutas olas móviles. Aquí estaba azul el río. Pero el corazón de Élie no quedó azul como el río, sino azul como si no pudiera respirar, azul cianótico, cuando te falta el oxígeno. Qué mierda hacía Noah aquí. Lo perseguía. Pero si él había llegado primero. Es cierto. Pero eso sintió. Este sinvergüenza me persigue. Por qué no me deja tranquilo. Cruzo el océano y me lo encuentro aquí. No puede ser. Tomo un velero por semanas y semanas para llegar a las costas y aquí está. Me desplazo desde mi lugar a otros parajes, y no logro zafar de su presencia ubicua. Está en todos lados este hombre. Me tiene acorralado. No puedo escapar. Cuándo se acaba esto. ¿Sucede algo?, dijo Loup. No, todo en orden, dice Élie. Sin novedad en el frente. Sin viento en la costa. Sin vendavales a la vista. Sin torbellinos al acecho. Quisiera usted beber algo, dice Loup. Whisky a la vena, dice Élie, ¿tienes? Sí, no sé eso si cómo hacer que llegue a la vena. Pero por la boca yo creo que está bien. ¿Con hielo? No. Bastante whisky. Sin hielo. Élie es como de estos machos que ya no quedan, dijo Loup. ¿Cómo?, dijo Élie. Te lo traigo. ¿Comiste? Se estaba cansando ya Élie. Qué se creía este. Parecía como el tutor a cargo. Ahora faltaba que le preguntara si tenía sueño, si se quería lavar los dientes, si le dolía la espalda, si tenía calor o si tenía ropa adecuada para el clima templado lluvioso que haría esa tarde. No, no he comido, respondió. Ya que le preguntaban. Mejor decir la firme. No he comido nada. Ni quiero comer. Con whisky estoy, gracias. ¿Cómo era tu nombre? ¿Ya se te olvidó?, dijo Loup. Así de irrelevante, soy, le dijo. No te puedo creer. Cinco minutos y ya no sabes cómo me llamo. Élie no supo si había llegado al manicomio, a un show de humor o a la casa de Lisa. Pero independiente de esto, tenía que ir a enfrentar a Noah, así es que esa duda quedaba para más adelante. Esa interrogante fatal podía esperar. Se adentró en las profundidades del salón whisky en mano dispuesto a hacer frente a lo que sea que viniera. Esa es la actitud que uno siempre debiese tener. Él caminaba frente en alto. No siempre. Era escurridizo a veces. Enmarañado. Espinoso. Revuelto. Incomprensible. Pero estaba aquí y ya no había vuelta atrás.
Tengo pesadillas obscenas bajo vientos enfermos
De acuerdo, un manifiesto, les dije. Somos la sin forma que viene a llevarse tu sangre. Que viene a guardarlos en la heladera. Sí, a ti, en la heladera. A ti que te gusta frotarte contra las coristas. Que te gusta chupar la sangre. Que te complacen las armas letales pero cobardes. Que empiece así, dijo Tori: No. Pero estamos abiertas a la vida, como en un baile. Que empiece así, dijo Maïa: Sí. Yo anotaría tal vez, dijo Emma. Anotemos: a veces, dije. Cuando lo estimemos necesario. Cuando demos nuestro consentimiento con la sin forma. Pero si nosotras lo estamos creando, dijo Tori. Yo quiero consentir, dijo Maïa. Yo quiero que todos se vayan al diablo, dijo Emma. Emma, pero así no vamos a lograr nada, dijo Maïa. Maïa, pero así vamos a retrasarnos, dijo Tori. De nuestra conquista del mundo. Tori, siempre quieres conquistar el mundo, dijo Maïa. ¿Qué mierda significa eso?, preguntó. Yo la entiendo, dijo Emma. El mundo se creó para ser conquistado. Con la sin forma, dije. Lo amorfo será lo que llegue más lejos. Lo que no tenga hechos sino palabras. Que signifiquen algo desconocido. Algo ilimitado como el caos. Tus gatitos vienen o no, preguntó Tori. Tienen que leer primero, respondí. Podrías compartir. Repartir con dulzura. El amor alcanzará para todos, siempre, dije. Lo que no va a alcanzar es el presupuesto. Cuánto hay para esta película, dijo Emma. Mañana me lo mandan, dijo Maïa. Yo me voy de gira el próximo mes, dijo Tori. Podemos hacer una gira sin forma todas juntas. Una gira en el aire. Volteretas en el aire. Que aumenten el presupuesto, dijo Tori. Pero si las cosas clandestinas son sin presupuesto, dije. Este es un movimiento invisible. Sólo hay que eliminar la forma. Tengo que comer, dijo Tori. Estoy cansada de ir a la fábrica en los ratos sin grabación, dijo Emma. No quiero bailar más gratis, dijo Maïa. Cobremos por el manifiesto, dijo Tori. Tori, siempre estás comercializando todo, dijo Maïa. Tenemos que pasar a la clandestinidad, les dije. Terminar con la forma. Olvidar los hechos. Agrupar las palabras para que resistan. Clarisse, la película sin forma, les dije. Ficción pura. Subterráneo y cavidades marinas. Nadar en apnea hasta hacer un récord. Cuántos capítulos puedes escribir en un día, dijo Tori. En apnea, cuatro, respondí. Respirando, ocho. Saltando, diez. Llorando, doce. No es necesario llorar, dijo Maïa. Yo no lloro casi nunca, dijo Emma. ¿Qué es llorar?, dijo Tori. El movimiento sin forma son las emociones visibles. Las emociones como protagonistas. Lo que cruza el cerebro como una manada en estampida. Aplastándolo todo. Clarisse es la manada que corre de un lado a otro exhibiendo su velocidad. Es el rebaño que tiene fuerza. El pueblo que conoce su destino de ira codificada. El sello del amor en cada paso abriendo la Gran Grieta. Clarisse es el nombre de la pasión según G.H. y S.B. Nuestra propia definición de la pasión. Nuestra pasión. Nuestra planta carnívora.
En mi viaje a los misterios oigo la planta carnívora
A la salida nos juntamos con Maïa. Seguimos resistiendo. La espuma había quedado atrás, pero nunca se sabe cuándo puede volver. Fuimos a comer comida libanesa. Un placer excelso. Fuimos probando todo como si en cada plato se regenerara la vida. Llegaran los nutrientes a la sangre y dieran energía para seguir resistiendo. La posible llegada de la espuma. Siempre atentas. Como los boy scouts. Girl scouts. Listas. En sus marcas, listas, ya. Después llegó Tori. Para el momento de los dulces árabes. Clarisse. ¿Están listas? ¿Qué les pareció? Clarisse es un plan maestro. El movimiento sin forma. ¿Trajeron la heladera? ¿Cuántas? Vamos a necesitar varias. Muchas. Millones. Partamos con una. Enchufémosla. ¿Cabe? Pero lo sin forma no necesita un lugar físico. Creemos una revista, propuse. Clarisse, la revista. La revista del movimiento sin forma. Cantemos, dijo Tori. Bailemos, dijo Maïa. Hagamos una película, dijo Emma. Una película dentro de la heladera, donde se retuerzan los machos, como se retuercen las ostras cuando les llega limón. Eso de las ostras está en un libro de Lispector, dijo Maïa. Sí, en Agua viva, le dije. ¿Tenemos influencias? Quiénes nos influyen. Kiss, dijo Tori. A mí me gusta Pina Bausch, dijo Maïa. El documental de Win Wenders sobre Pina me pareció fascinante, dijo Emma. A mí me dejó volando en el aire Manifesto de Julian Rosefeldt con Cate Blanchett. Hagamos un manifiesto, les propuse. Uno largo e intrincado. O corto y efectivo. Uno que llegue directamente a la vena. Una dosis de sin forma que cree forma por crearse. Pero eso no tiene sentido, Lisa, dijo Tori. Renuncié a tener sentido. Siempre tenemos sentido, dijo Maïa. Es para el otro lado, dijo Emma. Un manifiesto que aniquile a la indiferencia. Lisa, se requiere más para aniquilar la indiferencia, dijo Emma. Tal vez un manifiesto que entre por los poros, dijo Tori. Un manifiesto invisible. Un baile en el vacío, dijo Maïa. Como nuestras vidas. Estoy cansada de ser una inmigrante, dijo Maïa. Sin casa, sin papeles, dijo Tori. Sin trabajo estable, dijo Emma. Si no fuera por la música sin forma todo sería más cuesta arriba, dijo Tori. Voy a abandonarlo todo, dijo Maïa. Quiero ser lo sin forma. ¿Convertirte en el movimiento sin forma?, le pregunté. Ahí vivo yo, dijo Emma. Al acecho de la espuma, que siempre está amenazándome. Hagamos llegar la falta de forma a la forma, dije. Constituyamos el caos en institución lucrativa, dijo Tori. Es lo que se usa, ¿no? Para qué quedarnos atrás. Pero el caos es invisible, le dije. Vive en las entrañas, escapando de la espuma. Sumergiéndose lo más adentro posible en el sustrato íntimo del silencio para abrirlo. Agrandar la Gran Grieta. Inventemos Clarisse en el aire, dijo Tori. Una revista que controle las mentes. Que les dé forma. Creemos unas coreografías que hipnoticen, dijo Maïa. Que todos nos sigan, dijo Emma. Hagamos una revista hecha de caos, dije. Lisa, ¿y tus gatitos?, me preguntó Emma. ¿Los dejaste solos a su suerte? Se quedaron leyendo el segundo sexo.
Pero repartido con dulzura
Sonó el timbre. Élie. Loup, puedes abrir la puerta, por favor, le dije. Yo estaba saliendo de la ducha. Una ducha larga y llena de escenas en tirabuzones que se cruzaban por mi cerebro cuando intentaba poner jabón en mi cuerpo. El jabón se escapaba y las escenas también. Escurridizas e invasivas. Querían tomarlo todo. Rellenar cada intersticio del baño. Del aire del baño. Cada centímetro de la espuma. Me acordé de la última vez en la piscina con Emma. A la salida nos duchamos para sacarnos el cloro de la pileta, como le dice Emma. Tenía un frasco de shampoo. Me dio un poco, y ella se distrajo, y puso una cantidad absurda en su mano. Sin querer. Podría haber sido a propósito, pero no. Puede uno querer lo absurdo. Buscarlo. Encontrarlo. O te llega por casualidad. Estamos en ese caso. El shampoo saliendo por voluntad propia del envase para llegar a la mano de Emma y desbordarla por todos lados. Por entre cada dedo de su mano, y caer al suelo, de tanta inmensidad de shampoo. El asunto es que sin buscarlo, el pelo de Emma tenía una cantidad ridícula de shampoo. Qué pasó entonces. Al encontrarse con el agua, empezó a convertirse en ola de espuma que te atacaba si estabas desprevenido. La espuma empezó a subir y subir, y todo el camarín empezó a inundarse de una avalancha de espuma, y Emma ya no sabía qué hacer ni cómo sacarse tanta espuma del pelo y del cuerpo, y ni hablar del recinto completo que quedó bajo una montaña de efervescencia y burbujas. Y empezó a salir hacia afuera, y todos sumergidos, como en una fiesta de burbujeo supersónico en que crees que estás en éxtasis pero en realidad te estás ahogando y no hay salida. Bailar era la única opción. No hicimos una coreografía. Eso queda para el cine, para una próxima oportunidad. Aquí intentamos salvar nuestras vidas antes del aluvión que se venía. Nos quedamos despiertas. Atentas al aluvión. Resistiendo. Luchando contra las burbujas supersónicas. Hasta que logramos tenerlas bajo control. Por supuesto que no. ¿Cuándo se tiene el control? Mi ingenuidad no tiene límites. Como mi caos. La existencia es una larga enumeración de déjà vu implacables que nos dejan inermes. No tenemos armas. El país sí. Muchas. Las produce. Nosotras no. O no tantas. Unas armas humildes. Unas ideas. Unas pobres ideas a la deriva. Flotando en la espuma. En las burbujas incesantes que se van desvaneciendo para caer en cuenta que el control es una broma absurda. Como la cantidad de shampoo en el pelo de Emma. Un peinado en redondo, gigante y sublime, como el de Emma, incluso sin shampoo. Nos entregamos a la espuma. Nos convertimos en espuma. El príncipe convertido para siempre en sapo. Se fue con las olas de aquella sustancia blanca y etérea. Era blanco y etéreo y parecía sapo. Tal vez no se convirtió, sino que lo era. Huimos despavoridas. A veces resistir duele. Nos quedamos en la piscina. No por mucho tiempo.
Fórmulas sobre cómo alimentarse de la fuerza de las tinieblas
Luego de la semana de idilio volví a mi casa en Lyon. Tenía que avanzar con la novela y otros asuntos subversivos pendientes. Me olvidé de decir algo. Volví con Loup y con Noah. Como una continuación de las vacaciones de la vida. Pero les hice prometer que no iban a distraerme. O no tanto. Un poco. Decidí que podía distraerme un poco. Un poquito. Un poquitito. Soy muy obsesiva. No puedo parar de trabajar. Soy como idea fija, el perro de Astérix, y odio las interrupciones cuando intento hilar una idea. Me vuelven loca. A falta de uno, dos. ¿Era tal vez un experimento? ¿Quería ver hasta dónde era capaz de llegar? ¿Qué quería exactamente? Siempre está esa pregunta. ¿Quería que la vida se pareciera a las vacaciones? Mi ingenuidad a veces no tiene límites. Igual que mi caos. Una bola de fuego agitándose en dirección a algo desconocido. Mi ingenuidad, realmente. Cómo pude creer. Cómo. Las vacaciones de la vida son excepcionales. Cuál era la idea. Alargarlo todo hasta que se deforme y se vuelva una masa informe que te ataca para reducirte. Una masa pegajosa que se te viene encima y te muerde el cuello como un vampiro. Que te quiere convertir en vampiro con su sangre que no es sangre. Que es otra cosa. Unos dientes que se te clavan para extraer tu sangre y vaciarte hasta que llegar a la puerta es difícil. Para que en ese éxtasis te ahogues como nunca antes te habías ahogado. Como delirar en un clímax incierto pero tan duro. Pero tan cierto y tan etéreo. Ya no tenían cara de gatitos con sueño. Estaban despiertos. Muy despiertos. Totalmente despiertos. Total y absolutamente. Despiertos. Woke, como se dice ahora. Estaban despiertos y atentos. Listos para crear estrategias. Siempre es el momento de las estrategias. Siempre es el momento de comprar heladeras. Para los machitos satisfechos de sí mismos. Ellos también estaban cansados de los machitos orgullosos de su hombría mal entendida. ¿Qué les pareció Clarisse?, les pregunté. Tenemos que empezar pronto, dijo Noah. ¿Cómo vamos a organizarnos?, dijo Loup. Fijemos la reunión con Emma, Maïa y Tori, les dije. Y en eso, cuando el movimiento sin forma tomaba forma, algo inesperado. Mensaje de Élie: Lisa, estoy en Lyon, espero que te guste la sorpresa. Amigos, les digo. Eso dije: amigos. Para comenzar la frase, dije amigos. Les tengo noticias. Tenemos un invitado nuevo. Les gustan las sorpresas, ¿cierto? ¿A quién no?
9 de agosto de 2023
La certeza de que la vida es otra y tiene un estilo oculto
Lisa, nunca quisimos hacerte daño. Nuestras intenciones eran buenas. No siempre tal vez. Pero nos esforzamos. Lisa, somos las voces de tu consciencia que vienen a estrangularte. Siempre quisimos lo mejor para ti. Sólo estábamos pensando en ti. Lo dimos todo. Tal vez no todo. Bastante. Nos olvidamos de nosotros mismos. Tal vez no siempre. Nos costaba olvidarnos de nosotros mismos. El difícil olvidarse. Pensar en el otro como si fuese uno mismo. Dar ese paso a ver el vendaval que habita el espacio entre los seres. Los de carne y huesos. Y arterias que bombean. Corazones grandes y rojos desbordantes. Queríamos tu cuerpo, es cierto. Pero también tu cerebro. Queríamos poseerte. Queríamos ser dueños de tu alma completa. Darle una forma. Una mirada. Queríamos mirarla. Desde fuera. Mirarla. Contemplarla como se contempla a una musa. En un prado florido. Queríamos escribir sobre ti pero que tú no escribieras sobre nosotros. Queríamos ser los protagonistas y escribir sobre nosotros mismos. Mirarte. Por la ventana. Allá afuera. Más allá. Allá lejos. Desde la distancia. Dejarte fuera. Olvidarnos de ti. A ratos. Traerte cuando te necesitábamos. Usar tus capacidades. Negarlas. Ridiculizarlas. Reírnos de ellas. Hacer como que no existen. Sólo observar el matiz de tu cuerpo. Tu capacidad o no para conseguir marido. Para llevar de manera orgullosa ese vestido que te concedimos por tus méritos. Los que elegimos para ti. Esos méritos oscuros que convertimos en luminosos. Que decidimos exhibir. Esos méritos ásperos que mostramos a la luz del día para que se amansaran. Para que dijeran lo que creíamos que tenían que decir. Todo ese reguero de pócimas extrañas que dejamos entre las sombras a la espera de saber qué hacer con todo eso. Asfixiar el atisbo de reino joven y sin fronteras. Darle forma a los cuentos de hadas para que reemplacen a la palabra dura. A la palabra que no sabe dónde va. Llevar a pulgarcita para que llegue a algún lado. Para que pueda llevar a sus gatitos y acariciarlos. Darles un poco de leche. Hacer nacer todo eso que tiene que nacer porque sí. Porque sino nos extinguimos. Como los dinosaurios. Porque o sino los seres humanos dónde. Hacia dónde. A las cavidades marinas. Con las pinturas rupestres esperando una redención imposible. Un pagar las indemnizaciones que no llega. Un no-reparar que vuelve a romper. Pero cuánto se puede esperar. Pero cuántas condenas vendrán. Cuántas transgresiones. Cuánta violencia. Cuánta muerte. Cuántos cuentos de hadas cortados en su florecimiento porque para qué seguir. Para qué perder el tiempo. En qué diablos hemos empleado nuestro tiempo. Nuestro espacio. ¿Nos queda tiempo? ¿Cuánto? Cuántas especies por ahogarse. Cuántas palabras no usadas todavía para dar belleza. Cuánta belleza nos falta por crear. Cuántos cuentos de hadas más aguanta nuestro cuerpo. Nos rendimos o esperamos. Esperamos. Siempre estamos, finalmente, esperando. Algo. Que la historia nos dé más oportunidades. Que nunca acaben las historias. Las que voy a contarte mientras espero. Algo. ¿Tal vez la muerte? La sensación vital de muerte que siento cuando estás cerca. Cuando la historia va a abrirse y dar paso a la Gran Grieta donde todavía será posible la vida. La que los cuentos de hadas me van a permitir imaginar. Porque nací bruja e invento el pensamiento.
Renuncio a tener un significado
Estoy cansada de estos cuentos de hadas. Quiero una historia particular. Que tenga la consistencia de una vida vivida con pasión y constancia. Quiero ser sin más. Quiero que cada instante contenga una promesa y hechos. Hechos concretos que puedan hablar entre ellos. Contarse de qué están compuestos. De qué se tratan. Cuál es la intriga correcta. ¿Hay un camino correcto? Dónde están las ansias feroces de crear algo sin significado visible. Un significado que se sienta. Que sea irreconocible para el cerebro humano. Para la vista humana. Que se perciba con las entrañas. Con identidades sueltas y móviles. Con quienes somos a veces y a veces no. Somos todo. Somos tantas cosas. Como un desayuno con café, tostadas, huevos, zumo. Panqueques, con sirope. Con nata, con chocolate. Platos vacíos y llenos. A veces no tengo nada que dar. A veces todo se me perdió. Y luego soy inmensamente rica. Como cascadas interminables y majestuosas. Olas que revientan con tanta fuerza que todo lo asolan. Lisa, baja de los veleros, me dijo Noah. Quédate un poco aquí con nosotros, dijo Loup. Sé nuestra por hoy. Entrégate. Danos tu vida por este día. Por estas horas. Esta colección de segundos mágicos. Olvídate de parecer. Quédate en el ser-en-ti-misma. Detente en el ser-con-nosotros. Seamos. Queremos poseerte. Renuncia por una vez a los significados. Toma las palabras como vienen. Desnudas. Arrepentidas. Humildes. Con deseos de ser. Escribe una historia para el alma. Para el alma herida. Para todos los días que puedan venir teñidos de terremoto. De Gran Apertura en la corriente desbocada. De torbellino sin fin ni comienzo. Queremos que seas nuestra. Que estés aquí. Que dejes de lado todas esas intrigas y te des una vuelta por la vida apacible. Por al borde del río sin remolinos. Por la mar sin olas avasalladoras sino comprensivas. Danos la bienvenida a tu cerebro. A las grietas que se abren entre los densos matorrales que lo ocultaban todo. Dinos qué esperas. Por hoy. Qué esperas de nosotros. Con cuántas mañanas como estas sueñas. ¿Se acaba tu sueño o continúa límpido y luminoso? ¿Somos como el sol de este amanecer indulgente? Esta clemencia que demuestras hacia ti misma. ¿Vas a perdonarnos? ¿Vas a acogernos como gatitos con sueño? Como gatitos misericordiosos que sólo queremos lo mejor para ti. Lisa, no queremos matarte, queremos que vivas.
Love is the drug I’m thinking of
Volvamos a los cuentos de hadas. A pulgarcita. A los gatitos. A Roxy Music, que suena en los parlantes en este desayuno mágico que todo lo puede. Tal vez este desayuno es una metáfora de la vida: todo lo puede. Tal vez esos cuentos de hadas tenían una parte de razón. Tal vez esos finales felices querían decirnos algo. O intentaban decirnos algo. Que luego olvidaron. Hicieron el esfuerzo de decir, pero luego ya no podían recordar qué es lo que tenía que ser dicho. Lo tenían todo preparado para la presentación y a continuación un vacío. Qué era. Qué era eso. Dónde. Cuándo. Para qué. Hasta qué punto. En qué sentido. Lisa, ¿no te cansas?, me pregunta Noah. ¿De qué?, pregunto. De los cuentos de hadas, dice Loup. A qué se refieren. ¿A qué se refieren?, pregunto alarmada. Necesito de ellos. Crecí con ellos. Son parte de mí. No me dejen sola al descampado. Sigan esta línea conmigo por esta vez. Van a ver que los argumentos son los correctos. Que la intriga está bien construida. Que los personajes tienen la consistencia de los sueños. Las pesadillas más llevaderas. Las salidas más espectaculares. Como en una película de acción. De naufragios evitados y descensos en caída libre abortados por un paracaídas escondido. Sigan el itinerario de los hechos y encontraremos a esas criaturas míticas. Plantas carnívoras al acecho y animales legendarios agrupados. Ruinas en medio de la selva de una civilización que quiso ser y no fue. Que fue y ya no es. Que perdió toda capacidad de reconstruirse y surgir de las cenizas. Como ave fénix. Risa de las cavidades marinas que todo lo alcanza. Relámpago de fuego que todo lo quema. Fíjense bien. Se puede llegar a un clímax. Se puede. No se distraigan. Sigan. Sigan. Escriban esa historia hasta la muerte. Hasta las últimas consecuencias. Hasta que seamos algo. Algo. Que el espacio exterior nos trague de tanta dicha. De tan desprevenidos y sumergidos en la nada liviana y fértil. Escribamos cuentos de hadas accidentadas. Salvadas de la debacle. Euforia en forma de intercambio. Como dosis de una sustancia que nos eleva. Como serotonina para percibir lo que vuela. Como hadas rosadas y libres. Olvidémoslo todo de una vez. ¿Qué crees?
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