15 de febrero de 2018

Instrucciones para afrontar el verano

¿Qué es esto? ¿Una bomba de tiempo? ¿Una flor? La flor. Quizá las dos cosas.
¿Qué es esto? ¿Un pequeño verano? ¿Una intensidad solar que enceguece para después dejarte vacía?
Cuándo se pueden mirar las cosas con distancia. La distancia del lince observando la presa. ¿Será eso?
Yo quise a una flor, que me enseñó el amor, y que me enseñó las lágrimas.
Quizá también el desconcierto.
¿Qué es esto? ¿Una bomba de tiempo? Unas flores que se abren.
Vaya, el tiempo se ha detenido y veo que sigue transcurriendo, asimismo.
¿Qué es esto? ¿Volteretas del destino?
Detenerse ante la aparición del risco y mirar hacia el horizonte. O hacia abajo.
¿Es lo mismo?
¿Qué es una bomba?
Quizá estalle al saltar del risco, hacia el horizonte, o hacia abajo. No es lo mismo.
Supongo.
¿Y arriba?
Mirar hacia arriba.
Mejor saltar que retroceder, ¿no?
Cerrar la puerta y mirar por la ventana.
Que se pueda perseguir el sol cambiando de hemisferio es una bendición.
Bueno, hay otras cosas.
¿Cuáles?
Distanciarse como el lince y verlas.
¿Cuáles?
Mirar el mar y esperar.
La distancia suficiente.
Las armas secretas.
Las ideas expansivas y que reconfortan.
Tengo algo para decirte: piérdete.
Olvídame.
No quiero saber.
Debe haber buenas ideas.
Debe ser posible tomar la energía y canalizarla.
Ver lo corpóreo. En vez de la niebla.
¿Dónde está ese lugar?
Un día lo supe.
Nadie me lo dijo, yo lo vi.
Iba cerrando el libro.
Lo cerré.
Creo.
¿Y ahora qué?
Unas instrucciones para afrontar el verano.
Un risco florido.
Creo.
Confío. No sé.
Una abeja en una hortensia rosada enorme.
El sol en las hojas verde claro.
Un poco más allá la bomba de tiempo.
Y el libro de instrucciones en blanco.
Una nueva novela por escribirse. Una antigua y una nueva.
Una biblioteca gigantesca.
Un limbo que no termina de tomar forma.
Una existencia breve. Que se despliega. Unos días a rellenar.
Arriba, abajo y en el horizonte. Y todo un camino con un desierto florido a los lados.
Y un desierto florido dentro. Arena y flores por los poros.
Y un destino mutante que nunca estuvo escrito.
Y tantas novelas por escribirse.
Y tan poco tiempo.
Y quedarse.
Y el risco.
Y la bomba.
Y el verano.
Y las instrucciones.
Y querer estar afuera de la forma.
Pero un hilo que se escapa de las manos.
Y se va flotando.
Y el atardecer.
Sentarse en la roca.
No por mucho tiempo.
Respirar hondo.
Acordarse del lugar.
Cerrar el libro.
Mirar fijamente al horizonte.
Y pedirle una tregua.
Sacarse la piel, como una serpiente.
Y seguir adelante.
No sé adónde.
Colisionar con la bomba de tiempo y volver a empezar.


5 de febrero de 2018

Matías Collarte Orlandi

A veces hay que partir. A veces puede ser apresurado. Pero qué sabemos. Casi nada. Nada quizá. “El día se ha apagado todo tan lejano mi ropa mojada mi alma cansada mis labios se han quedado con vos”. Veinte será suficiente para la música. Veinte será suficiente para el ritmo. Veinte es definitivamente suficiente para la existencia sin arrepentimiento. Para un corazón inflamado. “Siempre miré a los ojos y así me recordarán Atravesaré el umbral Dejo mi corazón Reproduciendo estos tiempos que fueron los mejores Al menos traté de hacerlo Gira la idea de tiempo Para conseguir tus sueños, de ellos eres dueño Respeta a las mujeres sé buen padre o buen solitario sé diferente logra con tus manos el cambio La humildad siempre.” Y el día se ha apagado. La voz nunca se apaga. “Nunca dejes que dominen tu mente Alerta Aprendiendo a desenredar nudos y las cuerdas que me ahorcaban ahora son para saltar muros Ya se lo di todo y me he quedado pobre.” A veces hay que partir. A veces puede ser apresurado. Pero qué sabemos. Casi nada. Nada quizá. “Valorar el cariño y a quien estuvo ahí conmigo. Un adiós un hasta pronto viví de buena forma no es triste pues no quiero que estés triste la vida tiene su curso es natural esto de irse y si quieres llorar llora purifica tu alma siento lo que me merezco por eso voy cantando sin mirar al resto voy a gritar al viento”. Por eso sigues cantando. Por eso se escucha el grito en el viento. Inunda la cordillera. Se desenredan los nudos. Y el que hay en el espejo eres tú. Que reflejas. Con tus acordes. Que elevan. A esa cordillera. Veinte renacimientos. Cien. Mil. Y eres tú en el espejo. Y es tu voz. Y tu autoestima. Y la energía. Y el alma cansada brilla y deja la voz. Y el alma expansiva recorre la cordillera. Y la voz. Y la mente libre. Y las ganas que brillan. Y esa sonrisa preciosa. La misma de niño. Mirando hacia arriba. Siempre hacia arriba. Y eres tú en el espejo. Siempre tú. Y la voz. Tu voz. Que vuelve a encender el día. Y tu agradecimiento. Que sale por tu voz. Y las cuerdas para saltar muros. Sin nudos. Todo desenredado. Una cordillera nevada, reluciendo al sol. Y tu agradecimiento. Que sale por tu voz. Es como si fueras tú en el espejo. Y la misma linda cara de niño y el alma ilimitada. Y tu voz que vuelve a encender el día. Matías, te llevas algo, sin llevártelo. Y tu voz vuelve a encender el día. Parte. Sigue saltando muros. Deja tu voz. Y vuelve a encender el día.

3 de febrero de 2018

Oso Castillo

Amigo, todavía tenemos veinte y somos almas perdidas en una pecera, rockeando, riendo. Amigo, el tiempo ha pasado y estamos viejos, parece que finalizando la existencia. Amigo, te busqué para el asado que conversamos entre todos, pero no sé adónde te fuiste. Y lloro, pero no por ti, sino por mí, por nosotros, porque no va a ser lo mismo sin ti en el asado, porque no vamos a poder reírnos del paso que hacías como manejando un camión que siempre me hacía reír tanto, aunque fuese repetido, era muy divertido, sería buena onda verte hacerlo de nuevo. Esos videos que hacíamos, de puras tonteras, pequeños sketches que eran lo más importante del mundo. Y me fui tanto tiempo. Y vuelvo y de pronto eres tú el que te vas. Y me temo que hay un vacío que queda entre nosotros, los que aún estamos aquí. Un sabor amargo, de la falta de tu risa. Amigo, yo pensé que las personas jóvenes no morían. Que las almas perdidas en una pecera seguían por años y años. Que no había final. Yo pensé que la existencia era algo inconmensurable. Yo pensé que los asados podían seguir siendo exactamente iguales a pesar del paso del tiempo. El año pasado, estaban todos, todo era igual, todos fueron. Yo pensé que podía volver una y otra vez y sentir ese gozo de reencontrarme con las personas a las que tanto quiero. Pero no tenía puta idea. Porque a veces no es posible. Porque el tiempo ha pasado y de pronto ya nada es como antes. Porque ahora sé que esos asados eran un privilegio, y que tú estarás haciendo el tuyo en otro lado, sin previo aviso. Ya no hay más asados. No de la misma manera. Ahora nos damos cuenta que era un privilegio. Que estábamos agradecidos sin darnos cuenta. Ahora nos damos cuenta que de lo triste aparecen cosas bonitas. Que pudimos abrazarnos mientras te despedíamos, y que esos abrazos siguen llenos de eso que siempre amamos, y que queda, a pesar del paso del tiempo. Te veo riendo de la ceremonia, molesto por no poder corregir algunos detalles de las anécdotas. Te veo tranquilo, porque un día hay que partir. Supongo que lo sabías, sin decirlo, por cómo afrontabas lo que iba apareciendo, por cómo disfrutabas los pequeños encuentros, los pequeños placeres, lo que importa, en definitiva. Sabías más de lo que dijiste, es evidente que sabías que había que partir un día. Te lo guardaste para ti. Y nosotros pensamos que los asados eran eternos. Y ahora cómo hacer. Ahora quién nos va a hacer reír. Volvemos a ser almas perdidas en una pecera. Pero ya no año tras año. Ahora sabemos que hay un final. Seremos almas perdidas en la pecera por un rato. Ahora sé que probablemente nunca dejamos de serlo. Fue una tregua. No entendíamos nada probablemente. Pero ahora sabemos algo. Ahora que ya no estás aquí estamos cerca unos de otros. Y ha sido tan bonito. Ha sido algo nuevo. Encontrarnos en la pecera, pero ya no perdidos, sino que agradecidos, de haberte conocido, de tanta alegría, de seguir aquí, de que la amistad sea algo maravilloso, y de que cada momento que queda es una posibilidad de reír y de saber que la amistad es un tesoro que puede curar cualquier herida. Amigo, amigos, amigas, hay algo que queda en el aire y no sólo está compuesto de almas perdidas. También hay valentía. La que veo en cada uno de nosotros. También hay algo mágico. Y fue eso que nos regalaste en tu despedida. Una comunión en lo que no muere. En la amistad, y en todo lo bonito que hemos vivido. No dijiste lo que sabías, pero da lo mismo, porque lo vimos, porque lo vivimos. Porque ahora sabemos que a veces los amigos parten, pero también sabemos que a veces se quedan, que existen, que están ahí si se requiere, que podemos seguir haciendo asados, y agradecer cada segundo de ellos. Ahora sabemos que la distancia y las diferencias no tienen nada que ver con la amistad, la que perdura, a pesar de los obstáculos, la que se fue forjando con años de ríos y de fuego. Con años de música y de baile. Oso, la cagaste con irte. Pero gracias, gracias, gracias. Por todo lo que vivimos juntos y por todo lo que nos enseñaste en un segundo. Por toda la fuerza que no sabíamos que teníamos. Por toda la fuerza que queda, para seguir, para dar la cara y disfrutar esta existencia efímera. Por todos los días que quedan hacia adelante. Por la magia del pasado y el poder del presente que ahora vemos. Deja tu risa, deja tu risa, te lo pido. Nos hará falta en los asados.