22 de septiembre de 2020

Papá

Hoy es el cumpleaños de mi padre. Quien te dio la vida es algo muy fuerte. Sobre todo cuando ese cariño se siente todos los días. Cada día pienso en él un momento. Lo admiro profusamente. Me inspira un amor inconmensurable. Quisiera que estuviese más cerca, pero reconozco nuestros destinos disímiles, él vivió muchos años en Estados Unidos, donde llegó en un barco, pero luego quiso volver a Chile. Yo me fui de Chile para volver a la tierra de sus ancestros. Pero compartimos el gusto por el movimiento y la autonomía. También la cabeza dura y el esfuerzo obsesivo por lograr los sueños. El año pasado brindamos juntos por tu cumpleaños, papá, con el Fran, en Italia, gracias al viaje de trabajo, echando de menos al Lito, que no se alcanzó a subir al avión. Este año te festejaron en familia, una pequeña y linda celebración, dada las locas circunstancias. Espero que podamos compartir una bella cena de navidad en diciembre, como otros años. Y un increíble brindis con vista al mar para esperar el año nuevo, como el que tuvimos la suerte de compartir el año pasado en Isla Negra, con la mamá, la Charo y el Hugo, un momento mágico y fuera del tiempo. Otros años habíamos paseado juntos en el verano boreal. Recuerdos imborrables. Gracias por tu paciencia, papá, por querernos como somos, por apoyarnos en todos nuestros proyectos, por tu amor, tu ilusión constante, tu humor, gracias por estar siempre presente, por tu confianza ciega en nuestra valía y capacidades, por todos los años de preocupaciones y cuidados, por ser un ejemplo a seguir, por tu espíritu de tribu, por tu ánimo conciliador y bondadoso, por ser un compañero audaz para mi mamá, una presencia y estadía maravillosa para mis hermanos y mis hermosas ahijada y sobrina, por tu respeto irrestricto hacia todas las personas y todos los seres vivos. Gracias por tu energía incansable en construir junto a mis hermanos un proyecto inabarcable y original, gracias por ser un inventor arriesgado y vanguardista, un creador de paraíso y de fuerza, un pianista perseverante, con el aliento transmitido por tu profesor sobresaliente, Tomás, gracias por subir y subir los cerros compartiendo amistad. Gracias por darme la vida, y por darle un nuevo impulso cada día. Gracias por creer en mí. Gracias por incorporar siempre a mi familia. Gracias por todo. Decir te quiero no sería suficiente, eres la consistencia de mi existencia. Una estrella a seguir y atesorar. Que seas feliz y amado por quienes te rodean, y que sigas cumpliendo tus sueños. Larga vida a tu sonrisa perfecta y cálida, que hace cruzar temporales y avistar el sol, siempre saliendo entre las nubes. Eres un regalo para quienes te conocen. Un arcoíris independiente que sabe abrir camino. ¡Muy feliz cumpleaños, papá! ¡Que sean muchos más! Y espero lo más cerca posible. Larga vida a tu sonrisa perfecta y cálida. Eres inspiración.


17 de septiembre de 2020

Francisco

Hoy, 05 de agosto, es el cumpleaños de una de las personas que más quiero en este mundo, mi hermano Francisco. Compañero de risas y aventuras desde mi más tierna infancia (sí, nos vestían iguales). Rider, como le decimos, es mucho más que un caballero de Rohan. Sí, también es intrépido, pero sobre todo, es alguien que está siempre atento. Un mensaje, una llamada, cómo estás, mi hermano va conmigo a cada paso, y yo tengo una suerte inmensa de que a sus treinta y siete años, esté aquí conmigo, para seguir riéndonos de las dos mil trescientas bromas internas que tenemos con él y mi otro hermano, Felipe, Lito. Tener hermanos es algo mágico, y es algo que podemos también crear. Hermano es quien está en tu corazón de manera permanente. Ayer estuvo de cumpleaños, quien considero también como un hermano, Nicolás, Rait Phillips, largo pasar a este monumento a la vida. Francisco, además de ser épico, es padre de las dos criaturas que me alegran más la existencia, Agustina y Margarita, fuente de amor y asombro constante. Rider, agradezco cada día que sigas aquí con nosotros (la existencia sabe que es un regalo), te admiro hasta el fin del mundo, tu bondad y tu inteligencia no tienen límites. Me siento honrada de ser tu hermana, y cada momento que estamos juntos es luz. Que sea un año con todo lo que esperas y sueñas, te adoro, hermano, never surrender with glory we’ll fall, and cover me with death if I should ever fail.


16 de septiembre de 2020

Martes

El martes es un día para escribir, pero sólo por una cosa: todos los días son para escribir. A fuerza de observarlos de cerca se termina advirtiendo a simple vista el destino innato de las jornadas: nulla dies sine linea. Ni un día sin una línea. Simone de Beauvoir dijo: “una mujer escritora es alguien cuya existencia entera está controlada por la escritura”. A fuerza de liberarse es posible darle el control a las líneas. Dame más líneas y haré de ellas una existencia, escribí una vez muy grande sobre una inmensa plancha de madera que aún está colgada en la pared. Aquí viene la encrucijada con la que se encuentran las mujeres que quieren escribir un día martes: no es posible tener seres humanos a tu cargo ni tener que cocinar la comida para la familia. Seres humanos y comidas: nulla linea nulla dies. Ninguna línea, ningún día. Escribir es como una vocación religiosa, y dios, así parece, no quiere compartir. Si te fijas bien, mujer escritora y maternidad comienzan con la misma letra, pero son dos palabras totalmente separadas. Al acercarse colisionan como dos fuerzas opuestas explotando y no logrando encontrarse nunca. No hay reloj biológico que valga: mujer escritora va avanzando y maternidad va alejándose hasta desaparecer. Si te fijas bien, mujer escritora y mantel empiezan con la misma letra pero el día martes tampoco logran encontrarse. Tampoco esparcir la mantequilla o batir la mayonesa, ni siquiera asar la merluza o preparar la mermelada, el martes definitivamente no es el día de ese encuentro para la mujer escritora. Tal vez sí otro día. Sin ninguna duda puede haber otro día. El sábado es íntimo de tajar la mortadela y añadir la mostaza. Por el contrario, mujer escritora y martes a secas se entienden perfectamente. El martes se trata de que nadie te habla. El día martes se trata sobre conversar con los libros y las palabras. En eso se parece mucho al lunes, al miércoles, al jueves, al viernes. Las palabras viven y hablan, como bien lo dijo Virginia Woolf: en el cuarto propio. Las libras hay que proporcionarlas, el martes, y varios de los otros días. Por lo tanto, veamos bien, mujer escritora, martes, maternidad, mantel, monedas: no hay por dónde. Incompatible. Reflexiones finales, si mujer escritora es lo tuyo, procúrate unos martes y sus compañeros, con magnolios (y necesariamente monedas): nada más. Entregarse a la música de las palabras donde todos son personajes y cada ocasión es relato. Como piensas, escribes. En definitiva, nunca soñaste con maternidad ni manteles, ni siquiera pensabas en eso, pero sí con magnolios. La literatura es un llamado esencial, en el que el martes navega como componiendo un verso. La literatura controla al martes y no al revés. Literatura y vida comienzan con letras diferentes pero son una sola cosa. Y mujer escritora en martes universal es libertad y silencio: para escuchar la catarsis.


15 de septiembre de 2020

Lunes

El lunes es el día del olvido, de la confusión, de la nostalgia. El lunes es como el otoño, un día de hojas cayendo y caminar solitario. No importa cuántos lunes hayan pasado, la desorientación existe, como la primera vez. Confrontarse al lunes es confrontarse a lo desconocido, o tal vez dejado a un lado del camino. Poner el ojo en la semana en ciernes. No importa cuántos lunes anteriores haya habido para ensayar y prepararse, sigue siendo difícil, un día a mirar de reojo. El lunes no es un día para las grandes batallas. El lunes es un día íntimo, de conversación interior, de movimientos lentos y largos silencios. Quizá haya que darle una vuelta de tuerca, instrucciones para sobrevivir al lunes: Pensar que necesariamente estará seguido por el martes; Kite de Kate Bush se muestra propicia, sobre todo por el ritmo semi-reggae al final; Olvidar que el lunes está justo después del domingo de fondue savoyarde y Mignonnes de Maïmouna Doucouré, del desayuno de cuatro horas con diarios y revistas, y del nado bajo el sol en el agua transparente que deja traslucir el cuerpo desnudo. Es necesario olvidar. Apenas comienza el día, es necesario el bloqueo total de la reminiscencia de los días anteriores y su vibración. Hay que asir con fuerza la traducción a realizar y perderse en sus laberintos con objeto de dejar de lado cualquier otra sugerencia. Al caer la noche, la amistad con el lunes está a un paso. Guacamole, una cerveza, anotar unas líneas, el lunes cae rendido y ya no duele, porque además pronto habrá acabado. Hasta es posible burlarse de él un poco, con cariño indeciso, pero resignado: él seguirá llegando cuando el agua y el guacamole hayan desaparecido de nuestras vidas porque el ritmo se hizo demasiado lento para continuar hasta que cesa el baile. Es extraño, el lunes es el primer día y recuerda momentos finales, es un día con porvenir y recuerda la rutina y la repetición con aires de planicie; Verlo con perspectiva es otra opción, identificarlo como un día más del mes, uno cualquiera, sacarle esa carga negativa que se siente en los músculos. Si es otoño y la serotonina está afectada por el ciclo hormonal, los esfuerzos serán vanos, y el lunes será lo que es: el día de retomar y ordenar la atención que sólo quiere volar por los aires y esquivar la seriedad inherente del quehacer, el día de indagar con ahínco el verdadero sentido de la vida, y más vale encontrarlo; Que el significado de tu existencia se vea borroso el lunes no quiere decir que no esté ahí esperando, incluso con objetivos y planes de acción concretos. El martes se presentan en toda su realidad, y manos a la obra que ya va quedando un día menos de la semana, y el número de semanas al año está ya delimitado desde su inicio por ahí no va la estrategia. ¿Pero, qué es el tiempo? En el fondo, cuando es lunes sólo existe el lunes, y probablemente por eso no reviste gran interés, porque los sueños son para los otros días de la semana, días de promesas y posibilidades. El lunes en cambio está para recordarnos nuestras limitaciones, insistencias sin timón y despliegues de esfuerzos sin magia. En definitiva, el lunes fue creado para saborear con más fuerza lo que podría ser también oscuro, pero en el contraste está la comprensión y la perspectiva. Gracias al lunes hacemos nuestro el gozo desnudo y consciente. Gracias a que hay un comienzo el resto es historia.  

 

8 de septiembre de 2020

Europa: 7 años

He perdido la cuenta, pero aquí estoy. Un 15 de septiembre me dirigí a la ventanilla para anunciar que me dirigía lejos y para siempre. Cómo olvidar. Llegué tarde al embarque. Comíamos una hamburguesa riéndonos y con ilusión, para despedirnos. Me dejaron subir pero luego de aleccionarme y llevarse mi maleta de mano que pesada toneladas porque contenía sólo libros. Con un nudo en la garganta y con una intuición de paraíso volé las 14 horas. Llegué a un hogar lleno de magia. A mi casa no más llegaba. Pasé toda mi vida bailando sardana en los cumpleaños y hasta con barretina en ocasiones. El delirio del inmigrante es conservar su lugar como un embajador, como si ese pequeño pedacito de superficie fuera aún otro lado. Un lugar donde se conserva lo que el corazón quiere retener porque los recuerdos son luminosos, o a fuerza de volverse borrosos se hacen más bellos de lo que fueron. En definitiva, viví en embajadas de Catalunya y del País Vasco desde que nací. Aprendí a amar unas culturas que me causaban curiosidad, pero que al mismo tiempo ya me pertenecían, como si me hubiesen sido inyectadas cuando miraba hacia el lado, desprevenida. A los 7 años o por ahí recé con tenacidad más de un año para pedir a alguien, si había alguien allá arriba escuchándome, porque se cumpliera mi sueño: viajar en un avión. Era mi principal preocupación. Recuerdo haber rezado también porque quería tener un perro, y luego un hermano chico. Tuve suerte, Felipe llegó a mi vida, el nombre lo elegí yo. A los 11 años caminé por la pista, hasta esas escaleras que te llevan a la máquina del paraíso que te llevará al más allá. Partí, por primera vez muy lejos, sin papás, sin hermanos, a Noruega, donde viví creo que 1 mes y medio, alucinada de todo lo que el mundo podía ser. El recuerdo de esa escalera es tan fuerte como debe ser el de alguien que parte al espacio en una nave espacial: un antes y un después. Siempre que pueda moverme, lo haré, yo creo que lo prometí ahí. ¿Por qué quedarse en un solo lugar si el mundo es tan extenso? Quería aprender todos los idiomas del mundo y comprender qué era realmente vivir. Entendí temprano que mis costumbres eran totalmente arbitrarias y que la belleza era compartir, con quien fuera. Pasados los 30 pude finalmente instalarme en otro lado, me parecía lo evidente si siempre había vivido en embajadas. Hoy no idealizo ni un lado ni el otro. Me siento a una medida equidistante de todas las culturas que componen mi vida. Las miro, con cariño, pero con distancia. Mi lugar es la gente que quiero, repartida por el globo. Mi lugar son las conversaciones que entablo, presencialmente o por medios que acercan la voz y la mirada de quienes quiero escuchar. Mi lugar es mi enamorado y su risa genuina y su entusiasmo. Mi lugar son los libros y todo ese esfuerzo que me rodea en forma de líneas que tantas personas trataron de poner en papel, más o menos solitariamente, pero siempre con pasión y dando todo de sí por construir un mensaje, una apuesta radical bailando en el vacío. Me gusta donde estoy. Donde he llegado. Observo, en silencio, me emociono. Voy a cumplir 40 años y he cumplido algunos sueños. Los otros, son un motor, cada día. Me desplazo por la ciudad, porque sigo buscando, pero mis ganas de escapar ya cesaron, hace mucho tiempo: estoy donde quiero estar. Quién sabe de dónde venimos realmente. Pero hay algo seguro: cuando encontramos nuestro lugar ya no hay dudas. Aunque el asombro se renueve. Y las preguntas se amplíen. Andrea significa mi enamorado, la literatura y Lyon. Ambos ríos y su corriente. Andrea significa mis amigas con quienes comparto la vida. Mis familias. Mis hijos por elección. Andrea significa movimiento, pasión, y desde hace unos años, paz. Reconozco cada gesto que ha posibilitado este escenario y lo único que tengo es una profunda reverencia silenciosa de gratitud. El tiempo me ha dado calma y la posibilidad de identificar lo real de lo artificioso. Quienes hacían la pantomima se quedaron atrás. Me despedí sin grandes ostentaciones ni lamentos. El espacio está para darle vida con energía. Hoy soy creación porque ya no tengo que responder por qué. Hoy respondo al llamado de la vida y no al de la muerte. Antes de partir tenía psicólogo, psiquiatra y sustancias. Hace 7 años me despedí de las muletas que me ayudaron a andar por un pantano de preguntas y condenas. Sinceramente, antes de ingerir lo que sea o de barajar la desaparición como una opción latente y portadora de alivio, cambia todo lo que puedas cambiar. Incluso eso que no puedes cambiar. La vida, en lo profundo, siempre está esperando para aparecer. El arte está a la vuelta de la esquina. Para conducirse sin limitaciones. De ninguna especie. Si luego no resulta, no importa. El paso está hecho. A fuerza de intentar los cables terminan por juntarse. Quiero agradecer a Simone de Beauvoir por estar juntando los míos en este momento. A veces una autora es tu lugar. Y yo la observo, repaso sus frases, y sé que estoy en casa. Sé que hay gente allá afuera que me entiende, que un día, en sus escritorios, en sus caminatas, se plantearon preguntas y ahora comparten sus interrogantes, designios y respuestas con una mirada que escudriña, humilde, con admiración y con ganas de contarle que la vida de pronto adquiere sentido. Mientras ella flota por el universo de lo significativo, y quizá olvidado, aterrizo sus pensamientos y me doy cuenta que el mundo es finalmente menos extenso de lo que pensamos, y ella en su intimidad sabía cosas que me compartió, y ahora yo sé que no hay que tener miedo. Lo imposible es posible. Los libros nos traen sentido, porque nos muestran que pertenecemos a algo que está más allá de nosotros, pero que nos pertenece tan íntimamente. Mediante la exhibición de emociones, ideas y compromisos que nos sugieren que compartimos tantos aspectos con personas en apariencia tan lejanas. Quiero quedarme en Simone de Beauvoir para reflexionar con ella, hasta que sea ella misma que me diga que es tiempo de abandonarla, pero llevándola conmigo, como todo lo que hemos amado y nos ha dado sentido. Los libros dan sentido porque son amor. Y el amor da sentido. He tenido mucho en mi vida y es la única razón por la que me levanto. Creo que este año volví a creer. Lentamente. En algo. Algo más allá de estas calles que adoro y recorro con insistencia. El feminismo, en secreto, es el nombre de entender por qué duele y por qué el tiempo se expande cuando ríes. El feminismo es ver que hay el cuerpo, y la libertad suaviza sus movimientos. El placer me ha acompañado y no en vano los años han adquirido color a través de las décadas por las que he transitado. Vivo en un lugar donde los sabores, consistencias, cepas, y matices son sagrados. Soy más feliz por todo lo sabroso que he ingerido, sobre todo por mi belle-mère y todos sus platos deliciosos de otro mundo. Por todas las películas, desde Agnès Varda hasta Céline Sciamma, que me muestran que soñar es algo totalmente real y posible. Arthur H y Christine and the Queens. La Fête des Lumières en Lyon y el vin chaud. La iluminación de la ciudad por la noche. En realidad, Francia es mi casa más que cualquier otro lugar en el mundo. Pero está Isla Negra, mi lugar preferido del planeta, con sus olas gigantes, y la casa de mis padres en Santiago de Chile, un lugar para renacer cada vez que estoy ahí. Aquí, Saint-Malo guarda un lugar especial en mi corazón, por su belleza y los étonnants voyageurs, y Vienne, y su festival de jazz me hacen volar. Hoy, septiembre de 2020, sólo tengo agradecimiento y alegría, por un planeta que quiere ser mejor y está luchando. Todo se devela a su debido tiempo. 7 años de casi 40, quizá qué vendrá, ya no tengo miedo. La verdadera vida tiene un sabor especial. Que siga el placer, el asombro y el esfuerzo. Que nazcan los libros que están por nacer. 

7 de septiembre de 2020

Igualdad

Bájenme del cielo que quiero ser mujer

En la avenida me siento libre

Sácame la poesía adherida al cuerpo que quiero ser mujer

No soy roca ni pájaro ni caudal fugaz

Elimina lo sagrado de mi faz que me incomoda

Aquí con los demás estoy a mis anchas

 

Déjame subir a la tierra humilde

En las profundidades no está asoleado

No te confundas con lo rojo de mi vestimenta

El dragón no indica símbolo ni mito

Eliminemos a la naturaleza de mi baile

Acudiré a ella a discreción

 

Instalemos a un lado la carne, la noche, la muerte y el cosmos

Los cielos vacíos me dan escalofríos

Me angustia la línea sin sobresaltos

Me asalta la autenticidad y me interpela

Fíjate bien, las palabras tienen poco espacio en el universo de la dependencia

Ellas y yo nos entendemos en reciprocidad

 

Lo que no quiero es el vacío

Como diría Simone de Beauvoir: no soy absoluto, alteridad ni misterio

Lo que quiero es ser mujer

La contemplación inmóvil me aburre

El destino estereotipado me sume en bostezos de horror

Soy la musa que habla y tiene existencia real

 

No vine a salvarte ni a redimirte

Las flores exóticas las dejé en el museo

¿No te gustó el peinado nuevo?

Sólo te estaba relatando que me corté el pelo

Sólo te estaba comentando algo que me hizo reír

Ah, no te gusta ese color

 

Puedes ser mi inspiración

Puedes ser cuerpo en mi presencia

Puedes ser mi poesía intermitente y constante

Puedes nacer de tu mar con ángeles y flores de loto

Puedes hacer sonar los timbales hasta el hartazgo

 

Pero utiliza tus emociones y échalas a andar

Hasta que entiendas que expresarlas y desentrañarlas, no es pecado

Y que bajo ellas hay otras cosas que subyacen

Ni rocas ni pájaros ni caudales fugaces

Para ti y para mí: toda una variedad de ideas y compromisos

 

3 de septiembre de 2020

Libertad

Si te fijas bien Lyon se parece a libertad

Si te fijas bien literatura se parece a libertad

 

Si te fijas bien mi cuerpo se parece a libertad

Si te fijas bien familia se parece a libertad

 

Si te fijas bien nueva constitución se parece a libertad

 

Cierto nacimos en una dictadura. Cierto

Pero se acabó

Hace tiempo

 

Los que quieran continuarla, olvídense

Se acabó

Sí, hubo ese tiempo

 

Qué lejos está

Ahora el beat

Está

Y se llama libertad

 

Se llama construir y no destruir

Nos destruyeron

Tenemos secuelas

Cierto

Pero el beat se llama libertad

Y tiene, vaya que tiene, ritmo

Mira cómo el cuerpo se mueve

La violencia quedó en aquellos artículos

En nuestros cuerpos

Estaba

 

Pero mira nuestra libertad

¿La ves?

Nuestra familia es libertad

Nuestra amistad es libertad

Bailamos

 

Pensaste que podías detener

Pero escribir es libertad

Pero generar libros y no hijos es libertad

 

Pero nuevos horizontes son libertad

 

Se equivocaron

A veces no se puede detener

 

La revolución feminista es real

¿Y sabes qué?

Ya no lloramos sobre lo derramado

Ahora bailamos junto con lo que nace

 

Libros, canciones, bailes, cuerpos, grupos

SOMOS LIBRES

 

Mi voz es real

LIBERTAD, LIBERTAD, LIBERTAD

El beat, el beat

LIBERTAD

 

1 de septiembre de 2020

El tren

El fin de semana tomo el tren para encontrarme con mi amado. Camino a la estación, compró un billete, subo escaleras y luego el tren viene a mi encuentro. El corazón se acelera porque significa que el momento está cada vez más cerca. Pero antes de llegar frente a sus ojos viene el viaje. Un momento de expansión y de conexión de la música, el paisaje y la vida. La conexión es placer y descubrimiento de la sincronía. A veces un cierto paisaje se ajusta perfectamente a un cierto ritmo, a un cierto grito. Y luego viene la sugerencia. Ese cruce perfecto se casa con una temática, con un recuerdo, permaneciendo unos momentos, para luego dejar el espacio para otras intersecciones. La mente en un modo de apertura. Ese modo es el encuentro con el asombro, con los ojos bien abiertos que dejan entrar a la emoción y ésta se aloja en esos rincones que hacen reír y llorar. Certezas profundas y efímeras. Como sueños, como esas confluencias de los sueños, que nos sumen en profundas reflexiones todo el día. El tren es el espacio fuera del tiempo. Vivo gracias a los espacios fuera del tiempo. El tren, la caminata, la conversación sentados frente a frente. Sus ojos de múltiples colores. Sus aventuras por los Alpes, desde la Côte d'Azur hasta el lago Léman. Kate Bush al unísono con el paisaje móvil. No tengo prisa. Y tengo prisa por marcar los momentos con alguna afirmación que avance, que haga soñar. Mi tiempo me pertenece, lo modelo a mi guisa, lo relleno de lo que me da vida. De explorar mi emoción y la de otros. Mis ideas y las de otros. Mi existencia consiste en explorar y unir. Emociones e ideas. Emociones y emociones. Ideas e ideas. Músicas y paisajes. Ojos y conversaciones. Alma y pasaje. A veces no entiendo inmediatamente las señales, pero tarde o temprano se revelan. Un fin de semana con sol, agua, libros, música, películas, a tu lado, es el tiempo bordado. Tallado a mano para ajustarse al alma. Pintado con delicadeza y entusiasmo para habitar el presente. El sonido del tren me anuncia que estoy viva. Que puedo ir y volver, y estar y quedarme. Y mirar la luna llena y saber que algo intemporal me acompaña al mismo tiempo. Pero que ya no soy la misma. Y que puedo ir y volver, y estar y quedarme. Modelando el tiempo a mi guisa. Pero sabiendo que gran parte del camino ya fue recorrido. Y que no sé cuánto tiempo más me será concedido. Sólo quiero que sepas, si el recorrido se detiene, que soy feliz a tu lado, y que el tren significa el gozo de volar del tiempo y de encontrarte, de pie, firme, sonriente e indicando el hogar de quien se mueve.