Hace exactamente cinco años partí desde Santiago de Chile en un avión
a Barcelona, con la secreta aspiración de convertirme en una escritora de tomo
y lomo, y no volver nunca jamás. El destino me llevó luego a Francia. Sigo
aquí, y je ne regrette rien, como diría Edith Piaf: no me arrepiento de nada. Soy feliz, como un
pez en el agua, o como un cóndor con las alas extendidas a cielo travieso, sigo
escribiendo, agradezco cada día, y humildad, humildad, humildad.
En el diario de hoy, leo lo siguiente: « Le courage, c’est l’inverse de ce que nous
suggère le monde très calculateur et très consommateur dans lequel nous sommes
plongés, où l’on ne fait quelque chose que quand on est sûr du résultat. Le
courage, c’est faire quelque chose parce qu’il faut le faire. Que cela nous
mène ou pas dans une situation compliquée. Le courage est validé par le chemin,
et non par le résultat ». Traduzco aquí: “Coraje
es lo opuesto a lo que nos sugiere el mundo altamente calculador y consumista
en el que estamos inmersos, donde sólo hacemos algo cuando estamos seguros del
resultado. Coraje es hacer algo porque tienes que hacerlo. Nos lleve o no a una
situación complicada. El coraje se valida por el camino, no por el resultado”.
Y como dijo Guy Debord, la sagesse ne viendra
jamais: la hora de sentar cabeza no llegará
jamás. Como oasis, como interrupción, y tanto, tanto peor para los que estén
cansados, como bien lo sabe Jacques Rancière. Ya lo dijo Roberto Bolaño: “El
tesoro que nos dejaron nuestros padres o aquellos que creímos nuestros padres
putativos es lamentable. En realidad, somos como niños atrapados en la mansión
de un pedófilo. Alguno de ustedes dirá que es mejor estar a merced de un
pedófilo que a merced de un asesino. Sí, es mejor. Pero nuestros pedófilos son
también asesinos”.
Pero no nos confundamos, Bolaño está hablando de literatura y casas
editoriales. Volvamos al punto: hace cinco años partí. Lo que yo me pregunto es
cuántos obreros son arrojados cada día a su calidad de inmigrantes para
denegarles lo que les corresponde en tanto personas. Moverse, trabajar, vivir,
por dios, en ese Congreso de gente de bien, ¿no hay valientes? ¿Están ocupados
discutiendo si el Estado y todos sus amigos van a seguir violándote para luego
no dejarte abortar? Bien, aquí me hago la misma pregunta, cómo crear
interrupciones a la dominación que cierra las fronteras a los más pobres
abandonándolos a su suerte en el fondo del mar. El panorama es parecido, aunque
no estén discutiendo sobre el aborto y otras pelotudeces. Cinco años. ¡Que sean
cien mil! ¡Salud! Y la lucha y la belleza continúan. Que viva la intemperie. Que
viva la interrupción.