30 de junio de 2026

Pasión XV

Sé que habrá escépticos que no van a creerme. Pero lo sucedido es lo sucedido, y hay que relatarlo. Aquí en Montgat Nord mirando el mar puedo redactar los acontecimientos. Barcelona se compone de una serie de epifanías que me extraen del presente para instalarme en la ficción. Ayer fue una de esas. Fui a un concierto y me encontré con Roberto Bolaño en persona. Juro que era él. En el tiempo circular estaba ahí. Fiel a sí mismo, despreocupado, crítico. Antes del entrar al local me encontré con Ignacio Echevarría, el editor de Roberto Bolaño, lo que ya era bastante epifanía. A continuación, al traspasar las puertas que no podían estar abiertas al mismo momento para evitar la fuga del ruido y había que abrir de a una, lo vi. Era Roberto Bolaño. Nos dirigimos a conseguir una cerveza al bar y nos siguió. Mi sorpresa era demasiado grande para preguntarle sobre su reencarnación, así es que sólo constaté su aparición, sin habla, cuando se encontraba a mi lado en el bar. Nos ubicamos entre el público a continuación, y sucedió la tercera epifanía. El concierto era de Colombina Parra, que subió al escenario, y yo me encontraba atrapada en un momento de una épica difícil de describir. A un intervalo equidistante de Colombina Parra, Roberto Bolaño e Ignacio Echevarría. El tema de fondo es que yo estaba ahí para presenciar ese momento. Para cantar “Sacar la basura”, un tema de avantgarde de mi adolescencia, “La corbata de mi tío”, “Todos contra el muro”, y otros. Todo se conjuró para que se presentara en mi cuerpo y mi presente la mística absoluta. Necesitaba saber si aquel Roberto Bolaño sabía que era la reencarnación del escritor, y si escribía también literatura. Es mi nueva misión. La que espero resolver pronto. No fue posible en ese momento. Pero confío en Barcelona y en la literatura que me sigue los pies. Que se reencarna en mis entrañas para liberar la pasión verdadera. Espero encontrar a Roberto Bolaño a la brevedad. Cualquier información se agradece. 

24 de junio de 2026

Pasión XIII

Munich me cambió, no tengo dudas. Mi nueva pareja es el idioma alemán, que intento descifrar y aprender con devoción. Por pequeños momentos siento que he perdido mi capacidad de fascinación y suele estar ahí, esperando, observándome a los ojos, para desafiarme, para embelesarme por su grandeza. Ópera, ballet, lagos, ríos, ritmo. Sol incandescente, jardines, partidos de fútbol, cerveza, libros, museos. Naves espaciales, ciudades medievales, cascadas. Yo quiero vivir, y a veces lo consigo. Quiero explorar esa ciudad hasta que me pertenezca un poco. Hasta que esas palabras, esa filosofía, esa música, ese cine, ese arte estén a mí lado como compañeras y amigas. Quiero pensar que nunca he tenido una existencia antes y esta es la que va a guiarme, porque somos más grandes cuando comprendemos lo que otros quisieron decir. Lo que otros crearon y soñaron. A mí me gusta tomar prestado los mundos de otrxs para estar en ese espacio un momento. Así siento que el asombro no se detiene. No comprender nada es mi pasión. Lo único que me mueve es comprender lo que se me hace incomprensible. Con los pies en el río Isar en un día de treinta grados de calor, prometí comprender. Ese tipo de promesas son las cruciales porque nos dan movimiento e impulso. Mi pasión es la música que yo advertí en esa ciudad. 

16 de junio de 2026

Pasión XII

Una se dice liberada de la ópera y la ingenuidad no tiene límites. No hay un solo movimiento que no esté determinado por esa pasión oculta. El amor es fuego y se enciende súbitamente, canta Othon en la ópera “La coronación de Popea” de Claudio Monteverdi. Es como si hubiese distintos estratos de la existencia. Una corriente interior que sin excepción electriza los pliegues de los órganos cada vez que comienza la ópera. Existir es una especie de tragedia de regocijo. Cuando duele es cuando despierta. Por ti miro, por ti gozo, te abrazo, te estrecho, ya no peno, ya no muero, ¡oh, mi vida! ¡oh, mi tesoro!, cantan Popea y Nerón. Me creo liberada y siempre me alcanza el impulso de esa pasión secreta que moldea los versos. Mi vida no es vida, es ópera. Cualquier intento de dejar ese escenario del desgarro es infructuoso. Me define su lamento de placer vital. Esa brisa que siento en un día de temperatura canicular. Me abrasa el atrevimiento de existir cantando, declamando la energía que circula por mis venas hijas de la furia de la poesía que devasta. El sentimiento es lo que me pone de rodillas. Lo que me entrega cada frase de esas voces profundas que parece que se unieran a mi cuerpo. Sin pasión no hay existencia que pueda llegar hasta el final del duro camino. El amor muda el mundo a su antojo, como dice la ópera. Para qué vivir en el estrato adosado al suelo si elevar lo que contiene el pecho embriaga para olvidar lo banal. Para olvidar lo miserable. A mí me gusta olvidar, y entrar en la música. Pasión y música dictan mi camino. Cada momento está teñido de magia que me exalta. Vuelvo a encontrarme una y otra vez con el sentimiento que creí perdido para siempre. La ópera gatilla las ganas de vivir y de seguir al corazón palpitando. Unos latidos nuevos que me sorprenden y me embelesan. No diré que la ópera ha finalizado porque me compone. Pasión es tal vez mi nombre absoluto. 

10 de junio de 2026

Pasión XI

Ô Ma beauté, sígueme, esto no hace más que comenzar, canta Arthur H. Yo soy el carnaval, tú eres la caníbal, canta. Ô Mon amour, continúa la fiesta, canta H. El jardín del pabellón lo convierto en un bosque primitivo, para que los vecinos de la urbanización nunca más vuelvan a encontrar sus casas, canta. Tengo la misma aspiración. Convertirlo todo en bosque primitivo, para que volver a casa tenga un sabor diferente, no sea ya lo mismo. No estoy segura de poder lograrlo. Escalo montañas, descanso en las cumbres, observo. Ser la caníbal del libreto me cambió un poco. ¿Tú eres el carnaval? Sé en este momento que la fiesta continúa. Me voy, a perderme por un mes en el mundo. Regresaré, le dije a Grégory, y esté tal vez lista para nuevas aventuras. Para las fiestas que continúan y los libretos de caníbales. Lo nuevo es lo siguiente: amo el presente desprovisto de expectativas. El presente desnudo, perdido y abierto. El presente corrosivo, poético y disparatado. El presente de vampiros y música cáustica. El presente del sol que desarma. El presente que me pertenece y modelo a mi guisa, sin tener idea de qué se trata. Es un presente, lo que es ya bastante. Un presente de viajes, literatura, abogadas feministas, fiestas iraquíes, películas en terrazas nocturnas, barrios medievales, temperatura canicular. Siempre quise un presente. Uno como este. Comprender la pasión. 

7 de junio de 2026

Pasión X

Hace seis años recuperé lo que me había sido robado, diez años antes. Recuperé mi calidad de abogada, la que he ejercido mediante el activismo desde entonces. Estoy encantada. Esto se ajusta perfectamente a mi personalidad. Incendiaria, pero desde el margen. Armamos colectivos y revistas, y hemos dado lo mejor de nosotrxs. No ha sido todo triunfos, pero siempre se avanza de alguna manera. Antes de recobrar lo que me había sido saqueado, pasé seis años guardada en bibliotecas y entre los árboles, a cientos de kilómetros de aquellos fatídicos hechos, intentando comprender qué era exactamente lo que había ocurrido. Lo comprendí: mi problema era de una recurrencia sorprendente. Lo que ocurría era lo siguiente: mi problema no era mi problema, yo era un grano de arena refugiado en una playa interminable. Venir a enterarme de eso con certeza a los cuarenta años no es cualquier cosa. Siento una gran responsabilidad, hacia mi profesión y hacia mi experiencia. Ahora lo que viene es esto: la responsabilidad de las instituciones. Reparar, proteger, investigar, condenar. Qué es la justicia, si no el acto de organizar una sociedad de manera ética. Las víctimas están denunciando, ahora falta que sean escuchadas como se lo merecen, y los gobiernos, los Congresos, la policía y los tribunales tomen el relevo. Aquí en Francia acaba de ser asesinada una niña por un hombre que, desde el 2017, había sido objeto de varias denuncias y de tres querellas por violación de niñxs presentadas el 2022, el 2025 y, más recientemente la semana pasada, sin que se le hubiera imputado ningún cargo hasta la desaparición de la pequeña niña. Aquí en Francia más de cuarenta mujeres testimoniaron en la justicia contra un antiguo presentador de televisión, más de treinta mujeres contra un cantante. Hicimos nuestra parte: ahora hagan la suya. No es una amenaza, es más que eso. ¿A ti también? Queremos saber tu historia. Sin miedo: denuncia. 

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5 de junio de 2026

Pasión VIII

Una le toma el gusto a esto de ir a una cita. Le puse una mordaza a la literatura. Dame un respiro, la increpé. Dio resultado. Liberada por un momento. Le hablé de mujer a mujer, mira, le dije, las dos estamos perdidas, las dos tenemos dudas, las dos habitamos este siglo extraño, este presente torcido, por qué no abrir nuestro corazón a lo desconocido. No parecía convencida, pero es amante de las aventuras igual que yo. De acuerdo, respondió, pero sólo si hay desgarro. Nunca puede salir de su personaje. Fiel a ella misma. Todo tiene que ser ampuloso, exagerado. Pero es otra cosa en realidad: comprende a cabalidad el tinte de estos tiempos de la incertidumbre. Comprende límpidamente el cariz de los asuntos de las emociones: un pantano. Para qué vamos a decir una cosa por otra. La preparación real de una para estos afanes: nula. La experiencia, polvareda en el viento. Kansas habló ya de este tema: all they are is dust in the wind. Zanjado esto, improvisar es la consigna, y sobre esto sabe bien la literatura, no se puede anticipar un solo día luego del otro. Neblina, muros, confusión, zambullida. Clavado al lago azulino entre los árboles. De qué demonios se trata amar. La literatura me observaba como si de hablar obviedades se trata. Como si su mensaje fuera: por qué comprender lo incomprensible. Me declaré perdida. Porque no sé cómo se hace esto, pero quería aceptar su invitación. Terminó mi reunión, le escribí, estoy caminando hacia el río. Voy, me respondió. Había parado de llover, era de noche. Nos encontramos en el puente, como le gusta a la literatura, entre charcos de agua. Tengo que hacer algo, me dijo Grégory, tienes que ayudarme. De acuerdo, respondí, qué. Tengo que grabar un video para mañana, es para el casting de una película de vampiros, contestó. Caminamos al casco antiguo de la ciudad, cruzando dos puentes. Llegamos a un bar extraído directamente desde Venecia en 1720, vitrales y sofás de castillo. Nos sentamos en la terraza de esa lluviosa noche a leer el libreto. De acuerdo, me dijo, yo soy este vampiro y tú este otro. La idea hacía soñar. Siempre quise ser un vampiro. Vivir en la noche y morder cuellos (un guiño para la literatura). Aprendamos la mitad y actuamos, me dijo. Me parece que es mejor que leamos, y hacemos el libreto completo que te enviaron, propuse. De acuerdo, contestó. Nos pusimos mano a la obra, y luego de ensayar un momento, grabamos. Lo divertido, entre otras cosas, es que en medio del diálogo de vampiros apareció una persona pidiendo un cigarrillo, la segunda vez una persona vendiendo rosas, y la tercera vez un grupo de extras que entraban al bar. El primero se sintió ofendido porque pensó que nos reíamos de él, pero tuve que explicarle que estábamos grabando y él estaba en todo su derecho de pedir un cigarrillo, pero que eso indicaba volver a comenzar, y que no era nada personal contra él. Miro ofendido, pero siguió su camino. Al segundo le hice señas sin que se notara para que volviera después con las rosas, pero con resultados poco claros. Los terceros quedaron registrados en nuestra película, con sus risas y comentarios en voz alta. Ser vampiro está lleno de obstáculos, igual que grabar una película en una terraza oscura bajo la lluvia. Grégory, manifesté, espero que te seleccionen. Se veía confiado. Luego del trabajo, terminamos la jornada en los sofás de castillo bajo los vitrales. Su boca cerca de mi cuello. La literatura encantada. Del mismo modo que mi sed de aventuras. Me gustan sus historias. Su acercamiento al presente convulso. La pasión es saber que la experiencia no sirve para nada. Siempre es como la primera vez.   

Pasión VII

Hay actividades de tipo accesorio y actividades de tipo esencial. Reunirnos con las feministas es de tipo esencial. Es como que saliera el sol. Siempre es viernes en mi corazón, canta Alex Anwandter. La iglesia me mandó al infierno, y el congreso piensa que estoy enfermo, canta. Pasan años, pasa el tiempo, martillando el mismo clavo, cansado y el trabajo se hace eterno, canta. Nuestra convicción es firme. No hemos dejado de reunirnos en seis años. Truenos, relámpagos. Papeles, trabajo, casa, abandono, problemas. Canicule, lluvia, nieve. La iglesia nos manda al infierno, el congreso nos deporta. Las denuncias archivadas. Ex parejas nos siguen acuchillando, disparando. El presupuesto para el arte recortado. Precariedad nuestro hogar. Avalanchas, incendios. Siempre es viernes en nuestro corazón. La pasión es sin duda resistir. Nuestra pasión es como una música incandescente. Nos guía el humor y la solidaridad. Nuestros derechos sobre todo. La voz y la acción de todas quienes nos preceden y nos acompañan. Tal vez el feminismo parece un movimiento disperso: muchas voces en una sola voz.  Contratiempos: vamos ganando con el viernes en nuestro corazón. La pasión de vencer al silencio. Ganamos, y sin dudar: seguimos. 

1 de junio de 2026

Pasión VI

Annie Ernaux es la hostia. Tiene tan merecido el premio nobel. Cada día lo confirmo más. Leí hace unos días “Mémoire de fille”: un libro perfecto. De esos que sé que van a acompañarme hasta el final de mis días, porque al igual que ella, yo también soy “un ser literario”: “alguien que vive las cosas como si ellas debiesen ser escritas un día”. La incorporé a mi lista de autoras de la novela-tesis de nuestras vidas, Doris Lessing, Simone de Beauvoir, Gabriela Mistral, Hannah Arendt, Virginia Woolf, Annie Ernaux. Tengo el libro en mis manos y recorro los pasajes donde subrayé y anoté un asterisco (es mi manera de volver luego a los libros para transitar lo que era crucial), y sé que cada párrafo van a ser varios meses, o años, para realmente integrarlo y comprenderlo en profundidad. Es como que me encontré con una amiga, alguien que se hizo las preguntas que yo también me hago, antes de mí, y entonces ya tiene una pequeñas luciérnagas en la oscuridad, esa torre del faro para llevarte a algún lado. Su manejo de la forma es superior. Estoy tal vez diciendo boludeces porque eso ya quedó zanjado. No importa, igual está bien insistir sobre esto, porque no todos los días se acerca una a lo más alto. El punto es este, su literatura tiene la distancia precisa entre emoción y forma. Está el libro, y a una medida equidistante de él está la emoción del relato sincero, y la separación de la forma. Esto es, cercanía y lejanía se conjugan de manera ideal. Si pudiésemos leer cada día libros así estaríamos al otro lado. Pero el arte es reacio a plegarse a las medidas justas. No se obtienen así no más. Además es más que el arte, porque es la entrega de una parte de uno mismo. Y eso requiere riesgo, parresía, como diría Aristóteles, la franqueza que oculta el miedo, lo transmuta, lo hace indisociable de la verdad. Cuando leo libros, ahora puedo advertir esta relación con la verdad, si se escribió con una amenaza real o no, si hubo un gesto de coraje, si el libro nació solamente de la forma o si él acarrea el temor cierto de expresar lo que nos quita el sueño cuando no hay nadie más en la habitación. Tampoco aspiramos a libros de pura emoción porque se nos desvanecen entre los dedos, y la literatura es forma. Creo que ambas cosas se entrenan, aunque de distinta manera. La emoción se obtiene del vivir, y la forma, del trabajar. De los libros que he leído este último tiempo, también me sorprendió mucho el último libro de Judith Godrèche: impecable. Contiene la medida justa. Siempre es un placer descubrir esto. Es escaso. Un espejismo que pocas veces existe en la realidad, pero a veces se materializa, como oasis en el desierto de la literatura, tan exigente que todxs se van quedando fuera del vagón en el camino, pero algunos libros llegan. La literatura es un desierto fascinante, del cual estoy dichosa de formar parte, aunque probablemente me haya caído del vagón todas las veces, pero mi obstinación es de película de terror: soy capaz de lo que sea necesario. Un ser literario. Encontré al fin mi definición, en un libro por supuesto, todo lo que vivo tiene una sola función, destinarse a ser escrito, como si cada paso estuviese adosado a una forma en tiempo real. Lo que dije no es contrario a la atención plena, no implica estar en dos lugares al mismo tiempo, sino que el ser literario habita el presente de esta manera. Simplemente no hay una separación. Cada paso es un párrafo, cada aventura una historia. Cada momento, además, no es solamente existencia y literatura de manera integrada, sino que existencia está a su vez dividido integradamente en dos personas, la que vive y la que observa. Vivo sola pero es como si viviera con alguien, hablo en voz alta, y voy comentando mis pensamientos y acciones, para elogiarlos o recriminarlos. Una especie de Fernando Pessoa en potencia. Pero aquí solo hay dos, y no setenta. No perdí la cabeza, habitamos el mundo en una conversación constante con uno mismo. Para llegar a nuestra verdad. Para dar con la forma. Para alcanzar la emoción. Ese modo que tenemos de existir y observar en un solo instante es una facultad sorprendente. Sentir y reflexionar de manera integrada. Somos una suerte de máquina asombrosa. El ser literario es al mismo tiempo de eso estilo. Como una especie de paisajes que se suceden. Arte integrado. El ser literario tiene algunas dificultades, las preguntas dentro de las preguntas. Lo resuelto puede convertirse en interrogación al momento siguiente, o incluso nacer con una pregunta dentro. Un mecanismo es ir zanjando interiormente, aunque esté la pregunta en la pregunta. Pero luego esta decisión puede revelarse apócrifa, porque debe pasar el cedazo de la parresía, de dónde viene esta decisión, se apresura a llegar la pregunta. Las cosas que sentimos tienen una parte de verdad y una parte de condicionamiento, de trauma, de trazado anterior, de imposición, de experiencia pasada, y eso genera una oscilación que hace difícil hasta el vivir con una misma y nadie más. Porque siempre somos dos. Si integro un tercero ya es una gran multitud. Me preguntan en ocasiones si las cosas que escribo suceden en la realidad. La literatura es por definición ficción porque consiste es una serie de elecciones y decisiones que se interponen entre la experiencia y el papel. Es un tema de estilo sobre todo, porque se trata de dar con la palabra que se acerca lo más posible a la emoción y la forma que organiza de la mejor manera la experiencia en su conjunto. A pesar de formar un todo integrado, hay una distancia insalvable entre la experiencia y el texto. Hay una especie de querer convencer, persuadir, inventar una estructura que se pliegue a la experiencia, a lo real de ella, para que exprese su abismo verdadero, no su coraza, y esto es una decisión y una constatación al mismo tiempo. Constatamos qué es lo esencial de la experiencia, y al mismo tiempo decidimos qué es lo esencial de ella para nosotros. En un mismo movimiento están las dos cosas, lo que ella nos dejó inesperadamente, y lo que creemos que debería habernos dejado, creamos esta parte recurriendo al plano completo de nuestra existencia. Conviven ambas cosas, la sorpresa y la convicción de su ubicación en el hábitat de nuestro devenir. Es como que avanzamos con una constelación que nos rodea, y depositamos la experiencia en la línea de planetas para que el conjunto tenga algún sentido. El ser literario es la necesidad de que el sentido le dé armonía al plano completo. Que existir tenga alguna razón de ser. Creo que la principal motivación, en mi caso, es que estar aquí sea entretenido, sobrevivir. Un gran juego mortalmente serio: no hay tantas oportunidades. Yo intento asir el humor y lo irrisorio de todo lo que se nos viene encima, que es bastante. Algo así como que no dejan de llegar cosas. Escribo para contrariar a lo rígido y la velocidad. Escribo porque me siento libre. Para, en un mismo gesto, dejar de lado las imposiciones y simplemente escribir por hacerlo. Cuando se dice pasión creo que se quiere decir que es fuego que habita y se traduce es una necesidad de organizar la realidad en frases, que estructuren este existir sin sentido aparente. Creo que el sentido hay que inventarlo, y que la imaginación es consustancial a este acto. La propia verdad y derechamente inventar un universo propio que nos extraiga de lo más ácido, y que le dé liviandad a la certeza de que cualquier modificación a lo que vivimos toma tiempo. La velocidad nos engaña en eso, nos desconcierta pensando que se precipitarán los resultados, y en realidad estamos inermes ante los ciclos y lo requerido para cada etapa. La rigidez tampoco nos ayuda, y como existir es con baches constantes, la imaginación nos da el significado que precisamos para que no todo parezca columnas de piedra y en cambio puentes y callejuelas. Lugares donde perdernos un poco y olvidar la calidad de absurdo de nuestro conjunto de días. El sentido hay que inventarlo, y de eso se trata, en definitiva, la literatura.