25 de noviembre de 2025

120 y el espacio

Hoy es martes 25 de noviembre, día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, y este sábado 29 de noviembre cumplo 45 años. 
Un fragmento del discurso de Doris Lessing al ganar el premio nobel de literatura describe con exactitud mi vida completa, que ha consistido en una búsqueda, y en una renuncia. 
Escribe Lessing, “A menudo se pregunta a los escritores: ¿cómo escribes? ¿Con un procesador de textos, una máquina eléctrica, una pluma, a mano? Pero la pregunta esencial es: ¿has encontrado un espacio, ese espacio vacío, que debe rodearte mientras escribes? Llegarán hasta ese espacio, que es como una forma de escucha, de atención, las palabras que dirán tus personajes, las ideas, la inspiración.
Si un escritor no consigue encontrar ese espacio, es posible que los poemas y las historias no lleguen a nacer.
Cuando los escritores hablan entre sí, lo que discuten siempre tiene relación con ese espacio imaginativo, ese tiempo diferente. ¿Lo has encontrado? ¿Lo tienes bien sujeto?
Saltemos ahora a un escenario de aspecto muy distinto. Estamos en Londres, una de las mayores ciudades del mundo. Hay un nuevo escritor. Preguntamos cínicamente: ¿es guapa? Y, si es un hombre. ¿es carismático, es apuesto? Bromeamos, pero no es una broma.
El nuevo hallazgo es aclamado, quizá reciba mucho dinero. El rumor de los paparazzi empieza a resonar en sus oídos. Es agasajado, alabado, paseado por el mundo. Nosotros, los más viejos, que ya hemos visto todo eso, sentimos lástima por el neófito, que no tiene ni la más remota idea de lo que está ocurriendo. 
Se siente halagado, complacido.
Sin embargo, preguntemos un año más tarde acerca de sus pensamientos. Les he oído decir: ‘Es lo peor que me podía haber pasado’. 
Muchos de estos nuevos escritores tan promocionados no han vuelto a escribir, o no han escrito lo que deseaban, lo que querían decir. 
Y nosotros, los más viejos, deseamos susurrar en esos oídos inocentes. ‘¿Aún tienes tu espacio? Tu alma, tu espacio propio y necesario donde pueden hablarte tus propias voces, donde puedes soñar. Ah, sujétalo, no lo dejes escapar’.”
Yo encontré mi espacio. Lejos de la violencia, el ruido y los paparazzis. 
Junto a Doris Lessing y todas ellas. 
45 años, 120 libros. 
No lo dejo escapar. 
Yo encontré mi espacio.
(la violencia contra las mujeres nunca)
Nace, nace, la poesía, las historias, la música.
120 y el espacio. 
 

24 de noviembre de 2025

Nunca la extrema derecha (Libro)

Nunca la extrema derecha

https://andreabalart.s3.eu-north-1.amazonaws.com/literatura/19_nunca_extrema_derecha_23-11-25.pdf

o

https://www.academia.edu/145123958/Nunca_la_extrema_derecha



Nunca la extrema derecha XI

Sé una Chilean Lady. No bailes. No cantes. Cállate. Compra. Trae el café. Sé flaca. Sé una monja. Cásate. Reza. Aprende a cocinar. Ten hijos. Ten un perro, pero también hijos. Cásate. No seas de izquierda. No tengas opinión. No seas creativa. No pienses. Cállate. Compra. Ten una casa. Compra un auto. No abortes. Sé una puta. No te saques fotos. No publiques eso. No exhibas tu vida privada. Ten hijos. Cállate. No escribas poesía. No bailes sola. No tengas sexo la primera noche. No tengas sexo. No tengas amigos hombres. Sonríe. Acepta que abusen de ti. Acepta que te acosen. Cállate si te violan. Cállate si te pegan. No tengas ideas. No levantes la voz. No seas lesbiana. No abortes. No tengas placer. Compra. Trae el café. Sé feliz. Por qué sonríes. Soporta que te controlen. Sale sólo con mujeres. No salgas sola con mujeres. Soporta que te llamen los ex. Soporta que te llamen rara. Soporta que te llamen loca. No pienses. No seas creativa. No abortes. No vivas sola. Siente culpa. No seas sensible. No trabajes. Trabaja mucho. Ten hijos. Sé flaca. Sonríe. No hables de derechos. Cocina. Soporta que te maten. Soporta que te paguen menos. Soporta que te roben. Compra. Ten una pareja siempre. ¿Otra pareja más? No seas original. No tengas sexo con varios hombres. Sé flaca. Cállate. Soporta que te violen. No te quejes por tu bajo sueldo. No hables de política. Sé aburrida. Sé como todas las demás. No seas bisexual. No seas trans. Trae el café. Cállate. Quédate en la casa. No te saques fotos. No leas esos libros. Anda a rezar mejor. No te divorcies. No seas bonita. Pero compra. Compite con todas. No seas tan fea. Cierra la boca. No mires. No participes. Sé una mujer. No tengas la regla qué asco. Qué asco tu celulitis. Sé mina. No seas puta. Asume. Obedece. Cállate si te violan. Cállate si abusan de ti. Compra, compra. No leas. Nada. Sólo revistas sobre moda y cuerpo. No pienses. No tengas humor. No te rías. No escribas nada. Ni loca participes. Ni pensar en abortar. Loca. Rebelde. Rara. Tonta. Inferior. Fea. No tengas sexo con tu amigo. No tengas sexo. Odia tu cuerpo. No tengas amigas. Por qué bailas sola en tu casa. Por qué sacas esas fotos. Por qué estudias eso. Por qué escribes eso. Por qué tratas a los animales como tus iguales. Por qué te importa tanto el medio ambiente. Por qué tienes esa cara. Por qué hablas con ese acento raro. Por qué estás enojada. Por qué. Por qué. Por qué. Por qué. Por qué.
NUNCA LA EXTREMA DERECHA.

Nunca la extrema derecha X

Recordemos a las condenadas, del álbum de Camila Vaccaro. La endemoniada, la loca, la del patio, la desviada, la desaparecida, la bruja. Recordémoslas, porque eso busca la extrema derecha: condenarnos. Sentenciarnos a todas. A ti, a ti, también a ti. A todas. Crees que no te alcanzan, pero siempre te alcanza. Somos las condenadas, vamos cruzando fronteras, cruzando montañas, cruzando los mares, cruzando la vida, mirando el destino para no llorar, canta Camila Vaccaro con Paola Miño Romero. Soy la tiniebla del tiempo, siglos de espanto y terror, soy la vergüenza del mundo, me duele la vida, vergüenza de Dios, Dios que no vive en la altura, Dios que es el castigador, Dios que es justicia de hombres, sus garras filudas desgarran mi voz, Dios que es justicia para el hombre, sus lenguas podridas apagan mi voz, canta Camila Vaccaro. Siempre supe que no hay tierra de Dios, esta tierra es de las dos, de indígenas y de marginales, esta tierra es de mi hijo, el paganismo, el erotismo salvaje, canta Camila Moreno. Porque somos de una generación que ha sido condenada. Porque antes de nosotras también fueron condenadas. Porque también quieren seguir condenando a las nuevas generaciones, no les basta. Porque la extrema derecha son penas y censuras, críticas y asesinatos, patadas y golpes de corriente en los genitales. ¿No te das cuenta? ¿Acaso no te das cuenta? En nuestro cuerpo se inscriben cada una de esas palabras que nos despedazan. Temblamos. Pero sólo sabemos de resistencia. Porque sobrevivir lo hemos hecho. A pesar de las condenas. Las sanciones y ejecuciones. A pesar de la exhortación al silencio. De todos los apelativos que nos han puesto encima. De todas las obligaciones y tareas. De toda la culpa que nos han lanzado. La endemoniada, la loca, la del patio, la desviada, la desaparecida, la bruja. De todas las intimaciones contradictorias. De toda esa Gran Inmensa Mierda que se termina hoy.
NUNCA LA EXTREMA DERECHA

23 de noviembre de 2025

Nunca la extrema derecha IX

No nos dejamos someter. Venimos de una estirpe que resiste. De una estirpe que crea. Cuál es mi pecado, para maltratarme, como el prisionero por los gendarmes, quieres matarme, canta Violeta Parra. El humano está formado, de un espíritu y un cuerpo, de un corazón que palpita, al son de los sentimientos, canta. ¿Conoces los sentimientos? ¿Los corazones? ¿Los cuerpos? ¿Los espíritus? ¿O sólo tienes ideas aberrantes? Tuvimos esa duda. Porque de dudas está hecha la existencia. Pero a veces hay certezas. Tú no, por ejemplo. Es una certeza. Tú, nunca. Una convicción inalienable. Como los derechos humanos. Tercera vez que intentas. No intentes más. Date por vencido. No te queremos dirigiendo nada. Tu partido tal vez. Mientras les mientes. Mientras le roban al país. ¿Crees que no tuvimos suficiente? Veinte. Doscientos. Quinientos años. Suficiente. Nuestra absoluta convicción se fraguó al calor de nuestros cuerpos trémulos. Nuestros cuerpos que van a encontrarse con quienes quieran. Porque esa es la gracia. Con quien uno quiera. Suficiente de violaciones. Tu iglesia y tu estado ya nos violó en exceso. Ahora es cuando nosotros queremos. Se llama consentimiento. Se llama derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Sobre nuestras existencias expansivas. Leímos tu programa. No era muy original. Hemos visto ya eso. Pero de violaciones ya basta. Pero de violencia ya basta. ¿Seguimos en paz? ¿Seguimos en libertad? Ni la economía resiste a tu programa. Todo se viene abajo. Qué es ese partido. Mejor prepararse para proponer. Tu paseo por el barrio Franklin no esconde tus ideas fascistas y racistas. Tu clasismo denso como sangre agolpada. ¿Nos tiras al mar? ¿De helicópteros al mar? ¿Nos entierras en el desierto? ¿Nos desfiguras en propiedades robadas? ¿Eso viene ahora? ¿Nuestros hermanos presos? ¿Las familias separadas? Los consideramos familia. Porque también esa palabra la modelaste. Ninguna de las ideas que flotan en tu averiado cerebro nos representa. Ninguna. Y cuánto sudor ha costado. Reconstruir un país herido en su núcleo para siempre. De insultos, cansados, de acosos, cansados, de humillaciones y desprecios, cansados. Agotados. Quién crees que eres. No hay jerarquías en nuestro universo. Ubícate un poco. ¿Algo de paz ya? ¿Es ese momento? Este carnaval no para, y así y todo tenemos humor. Alegría para decirte, cantando, recitando, bailando, que tú: no. Tú en ningún caso. Sólo el amor con su ciencia, nos vuelve tan inocentes, canta Violeta Parra. Bailamos, cantamos. Porque tú jamás. Tenemos el amor y la ciencia. Tenemos la poesía y la música. Tenemos los paisajes sublimes del paraíso. La tierra que nos pertenece. 
NUNCA LA EXTREMA DERECHA.    

Nunca la extrema derecha VII

Estoy aquí, disgregándome bien apegada a la tierra, escribió María Luisa Bombal, y me pregunto si veré algún día la cara de tu Dios. Ahora que la saben muerta, allí están rodeándola todos, escribió. ¡Ah, Dios mío, Dios mío, ¿es preciso morir para saber?, escribió María Luisa Bombal en La amortajada. Así nos quiere la extrema derecha, amortajados, presos de dioses que no son dioses porque ellos han tergiversado la palabra de cualquier dios posible. Tenemos nuestros propios dioses, o los inventamos. No necesitamos directrices para existir. Tal vez nunca las hemos necesitado. Pero insisten, en adueñarse de nuestros sueños y creaciones. De cientos de cosas que no les pertenecen para nada. Porque aquí no les creemos a esos dioses a los que tú les rezas. Porque esos en verdad no existen. Son una invención como todo lo que te atañe. Porque ya lo destruiste todo, tuviste que construir sobre muertos. Pero los vivos aunque amortajados no te quieren gobernándolos. Nos reímos de tus ideas. Porque son siniestras, pero sobre todo ridículas. No sólo no te importan las amortajadas, sino tampoco la tierra donde van a ser enterradas. Sólo la quieres para procesarla en dinero que luego pueda ser robado. Ya nos robaron mucho. Tus ídolos nos dejaron secos y desiertos. No quedó nada. ¿Quieres ahora llevarte lo que recuperamos? No hemos dejado de sangrar. Hasta los ojos perdimos. Pero seguimos viendo. Seguimos viéndote, ¿y te atreves a presentarte para proponer tu infierno? Ya nos quemaron, ya nos empalaron, ya nos dieron en las manos y en nuestros pies cansados. Toma tus cosas y vuelve por donde viniste, si no sabes que había otros antes que tú. Esos mismos que jamás te van a dar triunfo alguno, porque la ambición sádica no nos acomoda. Porque te equivocaste de siglo. No tienes idea de nada más que lo que ocurre en tu habitación y las celdas de tortura que descansan en tu cabeza. No con nosotros. El vacío te lo inyectas si quieres. No con nosotros.
NUNCA LA EXTREMA DERECHA.

Nunca la extrema derecha VIII

Lo robaron todo. ¿Seguir robando? ¿Esa es la propuesta? No, gracias. Vuelve a tu sillón y a tu televisor. Estamos perfectamente bien sin ti. No podemos estar mejor. ¿Cerrar el Instituto Nacional de Derechos Humanos? No, gracias. ¿Eliminar el Ministerio de la mujer y la equidad de género? No, gracias. ¿Ampliación del Estado de Emergencia? No, gracias. ¿Interceptación de comunicaciones sin control? No, gracias. ¿Detenciones en lugares no habilitados como recintos penitenciarios? No, gracias. ¿Expulsiones masivas y fronteras con militares? No, gracias. ¿No respetar ningún tratado internacional en ningún tema? No, gracias. ¿Una concepción retrógrada y superada de la familia? No, gracias. ¿Menos financiamiento público de la cultura y más dependencia privada? No, gracias. ¿La migración como un delito? No, gracias. ¿Desmantelar los derechos sociales? No, gracias. Parece que no nos interesa nada de lo que propones. Dejémoslo hasta ahí, escuchar todo eso ya nos bastó. Se te olvidó parece que vive más gente que tú en el país. Ah, solo, pensaste, de acuerdo. No. No viste bien. Además, ya lo robaron todo, partimos por eso. La gran matanza y el gran robo. Así comenzó todo. Ahora vienen otras cosas. ¿Nos dejas vivir tranquilos? Tenemos cosas que hacer. Trae otras ideas, porque esas que diste no sirven para nada, más bien nos llevan hacia el comienzo, de vuelta a la matanza y el gran robo. De vuelta a la Gran Violación. Al Gran Abuso. Piensa un poco más y conversamos. Cómprate un alma y dialogamos. Suerte, gracias.
NUNCA LA EXTREMA DERECHA. 

Nunca la extrema derecha V

Escribe Gabriela Mistral sobre la democracia, “yo me la quiero todavía. Me la quise desde la juventud, cuando la vi apareada con la libertad. Unida a ésta, ella vivía, y casi comprendiéndola. Las mellizas divinas caminaban bien acordadas y me pareció –y me parece todavía- que su secreto es el de que sueltas valen poco pero gallardean si marchan con la mano en la mano. La Libertad sin Democracia se carea pronto; pero la Democracia sin Libertad se vuelve la trampa dolorosa de los filo-fascistas, que conocimos en Italia y Alemania, y ella no vuelve a engañarnos más”. Como escribió Gabriela Mistral, conforme al programa que presentan, el candidato de la extrema derecha y su partido, serían personas “de mentalidad elemental que van derechamente a soluciones drásticas, es decir totalitarias, inmediatas, repentinistas y ayunas de la sal y la fineza que son las libertades individuales verdaderas, sazones y deleites de la vida”. Escribe Gabriela Mistral, “en el corazón de la Humanidad, los grandes verdugos están a punto de ser suplantados por los grandes maestros. La escuela está llamada a sustituir al campamento. Únicos combates civilizados serán los del libro y de la inteligencia”.
Una oportunidad única, el libro y la inteligencia. Una oportunidad única, la poesía y la música. Una oportunidad única, los derechos humanos. Caminar por las calles sin balas de goma en los ojos. No vuelven a engañarnos más. ¡Atención, país! Menos cóndor y más huemul, como escribe Gabriela Mistral, “el huemul quiere decir la sensibilidad de una raza: sentidos finos, inteligencia vigilante, gracia. Y todo eso es defensa, espolones invisibles, pero eficaces, del Espíritu. Mejor es el ojo emocionado que observa detrás de unas cañas, que el ojo sanguinoso que domina sólo desde arriba”. Jamás la dominación y las soluciones totalitarias de mentalidades elementales. A esas personas se las mantiene lo más lejos posible del poder, porque lo destruyen todo. Lo sabemos bien, la extrema derecha no es más que hambre, pobreza, guerra y represión, no es seguridad, sino más bien todo lo contrario, lo vimos con el hombre de la cabeza roja, el hombre de la motosierra, el hombre que arrasó con el Amazonas. Chile no será arrasado. El pueblo de Chile no será arrasado. Ni cortado con motosierras. Jamás la dominación fascista. Chile se conserva intacto. La belleza de Chile se conserva intacta. La unión es lo que funciona, jamás la división. El respeto. El odio ha sido nuestra peor guía. ¡Libertades individuales verdaderas, sazones y deleites de la vida!
NUNCA LA EXTREMA DERECHA. 


22 de noviembre de 2025

Nunca la extrema derecha IV

El candidato de la extrema derecha afirma que la ecología es una ideología, y que grandes proyectos están detenidos por “la ideología ambientalista”, “la ideología indigenista”, “la ideología animalista”. Él debe pensar que uno puede ponerle el nombre que guste a nuestras grandes encrucijadas, que no tienen existencia real, y que inventando una apelación cualquiera entonces seguimos adelante tranquilos con nuestros grandes proyectos. Gracias a dios tenemos tanta gente que está en estos asuntos para lograr contrarrestar a sujetos delirantes como este. Ni para presidente de curso yo lo pondría. Tanto le debemos a esas ideas que combaten la debacle. Contra seres vivos reales. Aunque él crea que existe solo en el universo completo. Solo en su casa. En su salón, con un control remoto y una televisión. Porque libros, no sé qué había en los que abrió, pero le faltaron algunos temas por tocar. Tal vez estaban prohibidos donde creció. Entonces se saltó esos cursos. Porque como el aboga que cada “familia” elija la educación, en la suya el bien común y la protección de la vida seguro no aparecían por ningún lado. Claro, creció viendo la muerte. Lo fácil que era crearla. Entonces pensó que en realidad era fácil, y quiso ser presidente para imaginarla bien, para ponerla en práctica, para implementar lo que aparecía en los libros que sí leyó, los que estaban permitidos en su existencia. No deben haber sido muchos, o demasiado interesantes. Qué desolación, dios mío, instalar la Colonia Dignidad en la Plaza Dignidad, como vi en una de esas bromas que logran reír de lo aterrador. Yo también reí cuando la vi, pero ahora no estoy riendo para nada. Sólo me resulta llorar, y hasta que ese candidato no se quede en su salón con su televisión no podré reír. Estamos en ascuas. Viva “la ideología ambientalista”, “la ideología indigenista”, “la ideología animalista”, ojalá pronto creemos leyes suficientes para proteger a todos los seres vivos. Es evidente que en unos años más dirán de nosotros, te imaginas antes, los animales eran esclavos, y sometían a la gente de la tierra. Señor candidato, este es el año 2025. Aunque sus libros hayan señalado maquinarias para aniquilar personas (y toda clase de seres vivos) escritos el siglo pasado, o quizá el antepasado, o en el medioevo, o una caverna lo escribieron, petroglifos. Esta elección es de vida o muerte. De eso estamos hablando.
NUNCA LA EXTREMA DERECHA.  


Nunca la extrema derecha III

El candidato de la extrema derecha es la muerte. ¿Queremos morir?
Estamos ad portas de una oportunidad histórica, detener al fascismo. ¿Te unes o eres cómplice? Si votas por un fascista, eso te convierte en un cómplice de un fascista. Porque cuando una propuesta habla de represión, también es tu responsabilidad detenerla. 
Porque la historia la conocemos muy bien. Lo que ocurre cuando estas personas tienen el poder. Ni siquiera estamos hablando de varios años atrás. Ocurre hoy, cada día, en esos estados poderosos que aniquilan y hacen redadas hoy. ¿Qué más necesitas saber? ¿Necesitas que te pase a ti? 
Aquí estamos, siempre estamos, no nos fuimos, no nos vamos, canta Residente.
This is not America, canta. 
Aquí estamos, para que te recuerdes, canta. 
Recordar. Vivir. Observar. Está ahí, está todo ahí. ¿Por eso vas a votar? 
Por dios, si el golpe de porra también te va a llegar a ti. Las prohibiciones también. Las obligaciones injustificadas y la debacle cultural: también. Todo te va a llegar. No se trata de votar y me olvidé. Vuelve, todo vuelve, pero de manera más cruda y tenebrosa. El programa lo dice, pero no dice la extensión del suplicio. Eso lo calla. Porque es lo que hacen: callan. Al mismo tiempo que mienten. Actividades favoritas: callar y mentir. Conocemos sobre eso. Está en nuestro cuerpo. 
El mundo que proponen, ¿nos interesa? Para nada. Es el mundo que menos nos interesa. Ojalá el mundo nunca sea así, si no todo lo contrario. Vida, libertad, derechos, cultura. 
Aquí estamos, para que te recuerdes.
NUNCA LA EXTREMA DERECHA. 


Nunca la extrema derecha II

Lo que propone el candidato de la extrema derecha es una masacre, de los derechos humanos, del estado de derecho, de la democracia, de la libertad, de los derechos sociales, de la cultura, de la economía, del medio ambiente, de la tranquilidad de un país que no he dejado de sangrar en casi ningún momento de su historia. ¿Quién te crees, infame, para proponerle eso a un país que sangra engañando? No he podido dejar de sentir en mi propio cuerpo el terror escondido de un país herido en su núcleo. Lloro, lloro, porque siento el miedo. A este candidato le parece violento el programa infantil para niños “31 minutos”, pero en cambio no le parece violento lo que hicieron los criminales de lesa humanidad que quiere extraer de la prisión. Ese es el candidato. Ahora es el momento de verle la cara, no cuando sea demasiado tarde. Al fascismo no se lo elige, se lo combate. 
Por dios, país de la poesía, ese candidato es un dictador maquillado en político. No le interesa la política. Le interesa la represión. ¿Leyeron su propuesta? En el apartado sobre reforzar los servicios de inteligencia, sólo le faltó anotar: DINA. Dirección de inteligencia nacional, donde participó su gente, sin arrepentirse, con impunidad y monstruosidad. Ese es el candidato. 
Por dios, país de la música, ya la hicieron callar tanto tiempo para ahora decir que pueden regresar. Hace tan poco los sacamos de ahí, hace tan poco. Yo misma viví diez años en ese infierno. Sólo voy a cumplir cuarenta y cinco años. Si no estabas aún vivo cuando eso ocurría, confía que no lo quieres de vuelta. Si lo estabas, también. Al fascismo se lo combate siempre. Porque el fascismo es la destrucción del núcleo de la vida. De todo lo que vale la pena. Es la destrucción de un pueblo y su cultura. Ya estuvimos muertos una vez. Por qué volver a hacerlo. 
Por dios, pueblo mío, no vamos a ser como las personas latinas votando por el hombre de la cabeza roja que quiere destruirlos. Que los tiene presos, deportados y muertos. Aunque lo diga, nunca va a gobernar para ti: la represión es lo único que interesa en su universo. Imponer su visión oscura, autoritaria, opresiva y asesina. No olvidemos que creció en ese planeta, su padre peleó por el partido nazi en Alemania, y huyó cuando estos cayeron. Para tener un hijo que quiere ahora imponernos esa visión coercitiva absoluta y gris del planeta tierra y sus habitantes. Terror es poco decir. Así se siente. Un terror sideral, a la tortura y la restricción de nuestras libertades. Quiere destruir a nuestras hermanas y hermanos latinoamericanos que sufren porque sus gobiernos también son represivos. Estamos atrapados por todos lados. Pero no vamos a votar voluntariamente por la dominación de nuestros cuerpos y nuestros derechos más básicos. Un candidato racista, clasista, misógino, sexista, prepotente, intolerante, pedante, intransigente, y sobre todo, autoritario y cuyo mayor referente es el dictador más sanguinario de la historia del país, la persona que murió sin pagar su lista interminable de crímenes de lesa humanidad.
Para qué nos hicieron cantar que seríamos “el asilo contra la opresión”, si vamos a elegir a eso. ¡No hay divisiones en este continente! ¡No hay divisiones en este mundo! Esas son invenciones de los racistas, somos todos hermanos. Algunos gobernantes impulsan divisiones, son la manipulación de las diferencias para hacerse del poder. No hay divisiones, aquí estamos todos unidos contra el fascismo. Porque lo que nos destruye es eso, y no otra cosa. Vivo aquí con una gran comunidad de latinos hermanos. Con solidaridad salimos adelante. Con amistad.
Por dios, no somos un país racista. Qué es esto, esta inclinación autoritaria. 
Es importante saber que este candidato miente y disimula. Pero ni tanto, es asunto de leer su programa. ¿Lo leíste?
Mujeres, atención, ni un solo derecho, ni un solo apoyo o reconocimiento. Todo lo ganado, borrado inmediatamente, todo lo avanzado, con la inmolación de tantas compañeras antes que nosotras, eliminado de cuajo. 
Niño, niña, adolescente, atención, ni una política para la violencia contra ti, para tu educación de calidad, para que aprendes que el mundo es amor y no odio a la alteridad y a la pluralidad. No hay espacio para ti en el planeta uniforme. ¿Eso queremos? ¿Más suicidios? ¡Libros prohibidos! ¡Personas prohibidas! ¡Quién te crees, infame! Aléjate de nuestra gente, no vinimos para seguir lineamientos que no nos representan en ningún sentido.
Has votado en contra de todas las iniciativas legales de hacer un país más empático, libre y solidario. Tus colaboradores en temas de corrupción por todos lados. Robos. 
Animal no humano, ni una política para ti. Sólo tu exterminio.
Bosque, tu destrucción. Ríos, lagos, glaciar, tu desaparición.
Cultura, tu anulación absoluta.
Vida, tu aniquilación definitiva.
NUNCA, PERO NUNCA, NUNCA, LA EXTREMA DERECHA.




21 de noviembre de 2025

Nunca la extrema derecha

¡Vamos, Chile! Que los muertos no sean en vano. El fascismo no gana en un país con memoria. 


20 de noviembre de 2025

Les Allumeuses

Tener pareja, como están las cosas, suele ser una pérdida de tiempo. Intentar entender qué traman, de qué manera van a pretender someterte, sin siquiera darse cuenta. Es todo muy ingrato. Hay un rasgo muy masculino, me parece a mí, que una ya se va haciendo experta en identificar: la manipulación. Otro rasgo es la mentira, y otro la incapacidad de comprender las emociones o de manejarlas de manera razonable. La voluntad de reinar es la más nociva, creo. Como si todo fuera un campo de batalla. Es muy cansador. 
Llevo todo este año sin pareja, por opción. En primer lugar, ha sido un año demasiado sanguinario para motivarse a esos intercambios. En segundo lugar, las tentativas en las que me aventuré, me dejaron perpleja. Pascal, cuya expansión me dejó knock-out, y Judas, cuya mezquindad me desconcertó.  
Creo que soy una apariencia de romántica, con alma de feminista. O una apariencia de feminista, con alma de romántica. Soy las dos cosas, en definitiva. No son incompatibles. 
Creo que la exigencia de tener pareja que ha pesado históricamente sobre las mujeres sigue otorgando obstáculos a la creación y a la tranquilidad. 
Qué saco en claro de este año alejado de esas pistas confusas. Volvería a hacerlo, eso es lo primero. Hay una suerte de maniobrar a la defensiva por parte de los hombres, eso es lo segundo. Lo que es tal vez comprensible, por un lado. Cuando se acercan, no puedo evitar pensar internamente: a tu propio riesgo. Lo cual me causa mucha gracia, por supuesto. Por otro lado, no es tan comprensible, porque deberíamos ya tener una nueva sociedad, como dice Doris Lessing. No estamos de humor para hombres, escribe Doris Lessing, traen más complicaciones de lo que valen, esa es la verdad. 
Para lo que tampoco estamos de humor en ningún sentido es para que nuestros derechos retrocedan. Lo que propone uno de los candidatos a presidente de la República de Chile, por ejemplo, entre otros. La historia es un eterno retorno monstruoso. Que se cierne sobre espíritus cansados. Dan ganas de llorar. Pero sería ideal poder hacer algo más. Como por ejemplo decir que el fascismo nunca resolvió nada. Más bien todo lo contrario. Estos son el tipo de encrucijadas que van definiendo crudamente el devenir de tantas personas. Cómo existir en una organización que nos hace callar. Que manipula para hacerse del poder y gobernar aplastando. Ser mujer es difícil siempre. Es como que no hubiese tregua. Los últimos años que viví en ese país, interceptada por el gaslighting de parejas, jefes, autoridades, especialistas en salud. Eres esto, eres lo otro, no hables, recibe. Ahora más atrás del punto cero. Eso es lo que ofrecen. Piedad, dios mío. Acaba con este calvario. Debiéramos impedir que una propuesta que restringe la democracia, nos devuelve a la época de las cavernas, pone un fin definitivo a los derechos de las mujeres y a nuestra posibilidad de existir libremente, pueda gobernar una república. Hemos tenido malas experiencias. Estamos heridos. Por qué ahora esto. Es la gran, inmensa mentira. No van a lograr nada, van a someternos, y Chile va a explotar de resistencia. Qué camino infame, dios mío. Ser mujer es difícil siempre. Ser ciudadano es difícil siempre. Viva la política. NUNCA LA EXTREMA DERECHA. 

13 de noviembre de 2025

Lisa en el Planeta fantástico, Vitalidad animal, Extravagante emoción (Libros)

Lisa en el Planeta fantástico, Vitalidad animal, Extravagante emoción.

Prefacio

“Lisa en el Planeta fantástico” es una novela. Está compuesta de tres libros: “Lisa en el Planeta fantástico”, “Vitalidad animal”, “Extravagante emoción”. Este es el primer libro. Es una novela de 400 páginas en total. Es un intenso recorrido por el Planeta fantástico, compuesto de creatividad, caos y abismo. El primer libro contempla un relato en desorden temporal, y los otros dos en orden cronológico, desde el apartado “Caos”, en el segundo, y desde el apartado “Abismo”, en el tercero. Escribí la mayor parte de estos textos los años 2012 y 2013, a mis treinta y uno, y treinta y dos años. En tres semanas más voy a cumplir cuarenta y cinco años. A los treinta y dos años me fui de Chile, donde había nacido, para vivir en Europa, por lo que este libro recorre los últimos años que viví en Santiago de Chile. Fue un período bastante potente y vehemente de mi existencia, pero también difícil y definitorio, separada de mi primer marido, trabajando de abogada en derechos humanos, creando literatura, música y arte, leyendo filosofía, haciendo activismo anti-racista, intentando comprender por qué todo se sentía tan opresivo, hasta un punto de un no retorno que me estuvo pisando los talones, pero que finalmente rehuí. Algo así como la expansión más absoluta y el infierno más completo. Fue interesante leerlo en este momento, porque no me habría podido imaginar que los treinta años fueron tan turbulentos, y la distancia espacio temporal da a las cosas otro cariz. Me parecieron unos libros muy atractivos en el sentido que describen la existencia desde el núcleo de la creatividad. Desde el fondo más lleno de fuego y de precipicios. En esa época decidí que tenía finalmente que largarme de Chile, de ese trabajo con un jefe que me hacía la existencia imposible y me había acosado, de un profesor que además era mi jefe y que también me había acosado, de un círculo de gente maravillosa, pero otros espantosos, un ambiente que me hacía zancadillas todo el tiempo en el camino para poder abocarme a desarrollar la creación -por supuesto sin incluir a mi familia que siempre me han apoyado en todo, y algunos amigos y amigas-, y unas dudas gigantes marchando codo a codo con la certeza total de que había aspectos que no comprendía para nada, pero que ese momento llegaría. El conjunto de experiencias difíciles me llevó a una nave espacial de fuerza, el primer año, y a una depresión casi suicida en el segundo, llegando a diagnósticos psiquiátricos y remedios. Pero yo seguía adelante, escribiendo, siempre. Eso no cambiaba jamás. Una vez fuera de Chile, y sintiéndome libre, dejé toda angustia, remedio, psiquiatra y psicólogo, y nunca he vuelto a todo eso en doce años. Pero en ese momento todo era real, profundo, apasionado y duro. Fue una época de volver a la música y de conocer a mucha gente. Personas que significaron mucho para mí en ese momento. Y las amigas, los amigos, una magia difícil de describir. Estoy tan agradecida. Así como ahora mi existencia son casi exclusivamente los libros y el silencio, en ese momento era el carnaval constante. No se detenía nunca. Recuerdo con cariño esa época porque obtuve gestos de amor y amistad que nunca olvido. Creo que ese es el verdadero Planeta fantástico. La felicidad de lo sublime y la música. Opté por conservar la mayoría de los textos tal cual, porque a pesar de que no me identifican ahora en muchas cosas, y en ocasiones me sorprenden, creo que tienen la gracia de reflejar un momento y estados particulares, que siempre puede ser algo que tenga sentido para alguien más, y eso es el fin último de la literatura. No escribimos para nosotros, en lo más profundo, escribimos para los demás, para ayudarlos a vivir, así como los demás nos han ayudado a vivir a nosotros. Todo es un gran baile de significado. También creo que este libro describe bien el tránsito hacia la comprensión de lo que había que modificar en cuanto al amor y los vínculos, y sobre todo, la noción de la libertad, y de la necesidad de ella para la creación. Una necesidad perentoria. La que yo tuve. Así como mi novela “Afuera” creo que fue una novela pre-feminista, anterior a la serie “Lisa”, esta es una novela pre-pre-feminista. Donde está el germen de todo, lo que luego ayudaría a organizar mis certezas y convicciones. Es una novela en lo más sustancial sobre el arte y la creatividad. Sobre la experiencia vital y cómo esta interactúa con la creación. También con el activismo. Desde dónde surgen los impulsos de los actos. La motivación final que subyace, el salto inicial. Quién queremos ser, quién somos. El hecho de estar insertos en algo más grande. Ahora veo eso con mucha más claridad, pero antes lo vislumbraba como algo personal, y eso se nota claramente en estos libros. Ahora sé que nada es azaroso, y que todo lo que vivimos tiene consecuencias, no todo nace de nosotros, sino de nuestras circunstancias. En ese momento lo ponía todo en mí. Era un error, pero no tenía cómo saberlo en ese momento. La lectura de esas 700 páginas que tienen los tres libros originales –dos de los cuales no han visto la luz y espero puedan verla en una próxima fase, debido a que aquí me incliné por una selección que diera mayor fluidez al relato-, me sitúa en una comprensión que antes no tenía. Me muestra muy claramente la brecha entre una situación y otra. Entre los treinta años y los cuarenta y cinco, y todo lo que ha ocurrido en el mundo que nos ha ayudado para tomar esa distancia y actuar, y creo que tal vez debiese decir: todo eso que nos ha salvado la vida. Porque es muy radical. No es sólo ayudar para comprender, es modificarlo todo. El tiempo y todas sus modificaciones nos han salvado la vida. De eso ya no tengo dudas. Lo sugestivo de estos libros es que esas reflexiones están insertas en cientos de aventuras fantásticas y delirantes que me ocurrieron esos años. Me di el tiempo de redactar algunas en ese momento, en que tenía la convicción de que la existencia había que escribirla, y que era una escritora, por lo que todo lo que sucedía era sobre todo literatura, más que otra cosa. Esas ideas ya las tenía. Esas las conservo. Todo es literatura. 120 libros a cuestas y la cima del amor y la gloria. Me siento serena y feliz como no me había sentido tal vez nunca. Con la edición de estos libros cierro una etapa, larga, accidentada y fantástica. Vivo en un Planeta fantástico. Otro Planeta fantástico. El nuevo Planeta fantástico. Soy una escritora y estoy preparada para las grandes obras. En Lyon, en este otoño luminoso, a punto de viajar a Santiago de Chile, me encuentro con la vida. Creo que comprendo ahora algunas cosas de la vida. Más que antes al menos. Pero siempre es la sorpresa de creer que comprendíamos. Yo estoy tranquila y preparada para comprender. Sobre todo, preparada para disfrutar. Y sobre todo, preparada para escribir. Sigue el amor, la amistad, la literatura y la acción. Sigue la música del nuevo Planeta fantástico. 
Gracias. 

Andréa Balart-Perrier
Lyon, 09 de noviembre de 2025.




6 de noviembre de 2025

Extravagante emoción III

El día antes de casarme con Henri el tenista, apareció de sorpresa Ariel el dibujante en mi trabajo para hacerme, según dijo, una propuesta indecente: invitarme a almorzar. Tal vez a él le pareció divertido. A mí para nada. Más bien me pareció de un humor negro aberrante, como que incluso excedía el humor negro, lo desbordaba, y terminaba anulándolo, por lo que finalmente era un humor que te aniquila, en vez de hacerte reír. Eso fue lo que sucedió. Me aniquiló. Accedí a su sugerencia indecorosa y fuimos a almorzar: ¿Lisa, en serio? Te lo juro. Eso me decía a mí misma. Porque Ariel el dibujante es de un humor refinadísimo y muy torcido, en ocasiones. Ahora que lo pienso, que fuera a buscarme a la oficina sin previo aviso para sonreírme y decirme encantado que quería ir a almorzar conmigo en este importante momento, fue una putada. Porque además lo hacía a propósito, justo el día antes. Quería resolver cosas consigo mismo, como el hecho de que él no era el novio en ese preciso instante, pero y qué pasaba conmigo, con la serenidad interior que yo necesitaba. Qué se las arregle, parecía decir. Estaba todo alegre, y me preguntaba cosas de la ceremonia del día siguiente, detalles. Lisa, qué fuerte que te cases, tú, es difícil, comentarios de ese tenor. Qué intentas decir, Ariel del demonio, diabólico y maligno. Qué haces aquí hablándome de estos tópicos. Es mañana, ¿estás entendiendo la situación? Claramente no. Así cualquiera, apareces de imprevisto el día antes, cuando todas las cartas están echadas. Qué maldita ocurrencia. Creo que fue cruel, sin haberlo querido. Él un torbellino de emociones, pero qué diantres importaba eso, si la que se iba a casar era yo. Ariel, no entiendo qué estás haciendo aquí, ni el sentido de esta propuesta insensata. Tal vez podrías pensar un poco en mí. En la noche tenía una taquicardia rarísima. Acostada en la cama no podía dormirme. Qué necio, por dios. 
Un año después nos encontramos en un asado de bienvenida. Nuevamente la debacle. En ocasiones siento que lo detesto en realidad, y me detesto a mí misma de pasada por esos sentimientos del infierno. Al amor no lo detesto, porque no creo que esto sea amor. No tengo idea qué es, algo sinuoso y retorcido. Algo que pertenece al lado oscuro de la luna. 
Me llamaba de números desconocidos entre un encuentro y el otro, desde el otro lado del planeta, entonces yo contestaba. Henri el tenista al lado. Luego las explicaciones. Por qué te llama, etc. Desde dónde. Qué le pasa. Hasta cuándo. Es la peor historia en realidad, ahora caigo en cuenta. Y nunca se acaba. Es una pesadilla eterna. 
Qué eres, por dios, ¿una piedra en el zapato?, ¿la expiación interminable de mis pecados?, ¿el precio a pagar por los zigzagueos?, ¿el costo de la vida que sube otra vez? ¿el peso que baja que ya ni se ve? Juan Luis Guerra es de gran ayuda. Yo me vuelco a ese tipo de cosas cuando todo es confusión. Los ritmos alegres. El humor, por supuesto. Es lo único que resuelve. Pero no el humor oblicuo de Ariel el dibujante. A nadie le importa qué piensa usted. Será porque aquí no hablamos inglés. Eso dice la canción. La democracia no puede crecer. Si la corrupción juega ajedrez. A nadie le importa qué piensa usted. Repite. Pero luego dice: Será porque aquí no hablamos francés. Non, monsieur. ¿Pero quién descubrió a quién?, se pregunta Juan Luis Guerra.
Tal vez Jean el saxofonista y Ariel el dibujante es lo que me queda por resolver en la vida, para entender bien cómo funcionan las cosas. Una peregrinación al infierno.
Todas esas condenadas decisiones perentorias no sirven para nada. Hay que considerar que yo soy idéntica a ellos, o algo por ahí, entonces una paga con su propia medicina. ¿Incapaz de concentrarme en una cosa a medida que el tiempo transcurre? ¿Oscilante?
Lo más cándido es que yo quiera resolver en cinco minutos lo que no he resuelto en veinticinco años. Hay algo muy primitivo del ser humano, la situación de darse y darse contra la pared cincuenta veces, volver a llevar a cabo cosas para entenderlas cientos de veces. Hay como una falla ahí. O es lo que nos hace humanos tal vez. En este caso, me excede, no comprendo bien. Si la existencia intenta decirme algo, no le ha ido bien, porque me he saltado todas las revelaciones posibles. No vi ni una e hice caso omiso a cada advertencia que quiso entregarme. El amor es una putada incomprensible. 
Cuál es el costo de una relación para que resulte. A veces siento que tengo una personalidad que no ayuda, después siento que son opciones, después siento que quería otras cosas, etc. voy cambiando. Pero normal cuestionárselo, ¿no? ¿Para hacerlo mejor? ¿Para no sufrir?
En la balanza, a pesar de que todo es éxtasis, prefieren no estar conmigo que sentir esa oscilación en acción y sufrir. Luego yo logro cerrarlo todo cuando me enamoro de otro, lo que me da una tregua, pero después es uno más para el eterno retorno, si es que es de esos que llegan al corazón. Que embisten al corazón hasta someterlo. Es excepcional. 
Bueno, ahora sabemos que el promedio de tiempo para olvidar a alguien ronda en torno a los veinte años, que es lo que me ha tomado con Ariel el dibujante, y con Jean el saxofonista ya han pasado aproximadamente cuatro, por lo que quedan alrededor de dieciséis no más, voy bien.
Lo mejor que me ha ocurrido es Fiona Apple: I don’t believe your reasoning. Now I understand you’re a human. And you’ve got to lie, you’re a man. And you’ve got to get what you want. How you want it, but so do I. And I wanted to try.
But so do I.
Y las habichuelas no se pueden comer, canta Juan Luis Guerra. Ni una libra de arroz, ni una cuarta de café. Somos un agujero. Afirma. En medio del mar y el cielo. Quinientos años después. Una raza encendida. Negra, blanca y taína. Canta. Do you understand?

5 de noviembre de 2025

Vitalidad animal V

Todo es literatura. Todo puede ser literatura. Pero la vida: difícil. Otra cosa. Qué. Ese es el tema. Qué. Qué es. Tenemos esa preguntita, mientras las acrobacias no cesan. La pregunta implacable. Me la hacía yo en esa biblioteca. Mientras la noche llegaba a las cinco de la tarde en Lyon. Releía a Cortázar en la oscuridad de una novela imaginada, y de pronto: desolación gigantesca. Murió David Bowie. De un momento a otro. Ya no estaba. “I bless you madly, sadly as I tie my shoes, I love you badly, Just in time, at times, I guess. Because of you I need to rest, Because it’s you, that sets the test”. Por qué ahora. “And I Want to Believe, In the madness that calls 'Now', And I want to Believe, That a light’s shining through, Somehow. And I Want to Believe, And You Want to Believe, And We Want to Believe, And We Want to Live, Oh, We Want to Live. We Want to Live. I Want to Live. Live”. Exacto. Queremos vivir. Vivir. Es lo que yo me decía. Aunque él había abandonado la contienda inesperadamente. Poco después nos abandonaba Prince. Como si fuera poco intentar vivir. Escribir para qué decir. Pero vivir: más difícil. No. Pero todo puede ser literatura. Un gran consuelo. Para evadir la gran pregunta. Describirla mientras llega alguna respuesta razonable. Alguna respuesta que sirva. Prince compuso una canción que se llama Caos y desorden. “I’m just a no-name reporter. I wish I had nothing to say. Looking through my new camcorder. Trying to find a crime that pays. I get hit by mortars, everywhere I go I’m loitering. Chaos and disorder ruining my world today.” Una buena descripción del Planeta fantástico. Bowie y Prince lo entendían a la perfección. Juntos partieron para dejarnos en el abandono. Luego la gran pregunta, cómo. Cómo hacerla. Qué. Hacia dónde. Hasta cuándo. De qué manera. Chaos and Disorder. La luz que brilla a través, de alguna manera. El Planeta fantástico para darle sentido a la luz que brilla de alguna manera. Confiar en la manera. Creer. La devoción a la religión literaria. Porque todo es literatura.
A mí me gustan los hombres que me hacen reír. Le digo a Jean el saxofonista, diez años desde esa decisión y todavía quiero casarme contigo. Me responde, Lisa, estoy muy viejo. Me hace reír mucho, Jean el saxofonista. En ese momento decías lo mismo, le digo, pero eres cabeza dura, igual que yo. Lo importante es creer en la vitalidad animal con el cuerpo completo. Saber que todo es el Planeta fantástico, a pesar de las acrobacias.
Leo una pequeña broma, se indica: “Pensé que la adultez era una crisis tras otra. Me equivocaba. Varias crisis, al mismo tiempo, todas juntas, todo el tiempo, para siempre”. Una descripción excelente del Planeta fantástico. Caos y desorden. Pero todo es literatura.
A mí me gustan los hombres que me hacen reír, como Jean el saxofonista, como Ariel el dibujante. Porque de Planeta fantástico ya tenemos suficiente. De música desvaneciéndose en el aire. De abandonos imprevistos y prematuros. Lo que me interesa son los hombres que me dan ideas originales respecto a lo que es el sentido de la vida. Me interesa el cielo azul. Que no haya drama, pero que sea fascinante. Fascinación o nada. El Planeta fantástico es una vocación.
Me relaciono con hombres, para poder observarlos. No hay que descartar esa opción. Porque el Planeta fantástico es una vocación. Porque qué es, y sabemos, existir: acrobacias. Pero yo quiero creer, como Bowie. Soy una reportera sin nombre, como Prince. Creando grandes universos y grandiosas mitologías. A veces. En la oscuridad de la ciudad invernal con el sol que se va a las cinco de la tarde. Pero cuando soñamos es otra cosa. Ahí está el problema: soñar es un puñetazo en la cara. Una patada en el estómago. Zancadillas cada cinco minutos. Baldes de agua fría sobre la cabeza dormida. Un café frío porque nos pusimos a pensar en otra cosa y pasaron los minutos. Una sopa en un tarro porque la despensa está vacía. Una acera donde vamos tropezando por las raíces. Un canto en la ducha que nadie oye y se pierde en el sonido del agua hirviendo. Pero a mí me gustan los hombres que me hacen reír, y todo es literatura.
Como las instrucciones de Cortázar, escribí a fines de ese año un texto que se llamaba: Instrucciones para volver a empezar. Decía lo siguiente: Lo primero, apele a todo el humor que le sea posible. Lo segundo, no tenga miedo (sólo un poco, quizá). Ahora bien: (dos puntos) tomar la maleta con firmeza, abrirla y desempacar. Sin pensar, la historia de cada prenda, los recuerdos evocados, todo eso da lo mismo. Hay que seguir. Ponerlo todo en el armario como si lo hubiese encontrado todo en la calle antes de llegar, caminando por ahí. Ni cuestionarse el porqué de la maleta ni el determinado lugar elegido para desembarcar. Luego cada libro en la estantería como si el automatismo lo hubiese a usted invadido. Ya habrá tiempo para comprender. Los primeros momentos son críticos. Una mala noticia: los posteriores son aún peor. Pero no hay mal que por bien no venga. Quédese con eso. Aférrese a esas razones que dieron tantas vueltas en su cabeza y que lo impulsaron a tomar la maleta. Eso es lo importante. Volver atrás no tiene caso. Tomará más tiempo un posible cambio que su paciencia. Cuando la maleta y el par de cajas estén vacíos, diríjase al salón y ponga un poco de música. Quizá un buen libro, hasta una cerveza. Prohibido pensar (o pensar mucho, sólo un poquito, pero sin dar rienda suelta a lo que vaya apareciendo). Si los pensamientos lo atacan y quiere correr muy lejos, tome rápidamente el teléfono y disque el número de esa persona que podrá hacerlo sentir como en casa. Una cosa es importante, no cualquier número ni cualquier persona, sobre todo no esa, esa no. Esa que complicará aún más las cosas, ese tercero que lo enredará todo y no le quedará más que definitivamente correr sin rumbo fijo. Pensarán que se volvió loco cuando sea visto por las calles. No se amilane. Es cierto, todos podemos equivocarnos, llamar al número equivocado. No importa, en último caso, es mejor llamar a ese tercero que a quien se quiere olvidar. Cuando esté cansado de correr, deténganse un momento en el parque. Compre un croissant. Un café, también es buena idea. Reciba ese tímido rayo de sol que llega entre las nubes. Dese cuenta que todavía queda café, croissant y sol en el mundo. ¿Qué más se puede pedir? Lo otro llegará a su debido tiempo, sólo recuerde que la cantidad de tiempo que le queda caminando por el mundo es limitada, ¿y para qué insistir? Piense en esto: un día habrá alguien que pueda leerle un poema, por mientras, siempre se puede tomar el libro y leerlo usted mismo. Eso es lo más importante. Y después hay varias otras cosas que soportar a cambio de la lectura del poema. Aproveche mientras pueda. Porque nunca se sabe qué va a depararle la vida. ¿Llueve afuera? Hasta en las tormentas se pueden admirar los rayos. Confíe, aunque todo parezca decir lo contrario. Recuerde algo: todo tiene remedio menos la muerte. No se muera, recomenzar no es exactamente lo mismo, aunque a veces se le parezca. Ni piense en eso. Sólo piense en todo lo que le gusta hacer, y hágalo. Una y otra vez. Quiérase. Diga: él se lo pierde. Si fuese necesario, repita: él se lo pierde. Probablemente tenga razón: él se lo pierde. Quédese con eso, y vea la luminosidad del rayo. Cuando haya salido el sol ni recordará la tormenta. Qué maravilloso es el tiempo. Tómelo. Déjelo pasar sin intentar detenerlo. De una u otra forma todos vamos hacia la muerte, el asunto es no morir antes, estando todavía con vida. Y volver sería como morir. ¡Y volver a tomar la maleta! Ni loco. Vea lo avanzado, ¡qué maravilloso! Y ese sueño que tenía, ¡sí es posible! ¡ahora es posible! Qué magia. Tómela. Tome ese sueño. Recuerde ese, no al pelotudo o la pelotuda que le impidió realizarlo. Ahora depende de usted. Siga, tranquilo, nadie se interpondrá entre usted y sus sueños, no si usted no lo autoriza. Qué agradable. Y qué bonita es la vida (no lo olvide).
Y ahora escucho un discurso que dice: “New York seguirá siendo una ciudad de inmigrantes, construida por inmigrantes e impulsada por inmigrantes. Y, a partir de esta noche, liderada por un inmigrante.” Mamdani. “Para llegar a cualquiera de nosotros tendrá que pasar por encima de todos nosotros”.
Los de la cabeza roja nos les gusta la literatura. Temen de la literatura, la persiguen.
Estamos todos nosotros. Todo es política. Todo es literatura. Todo puede ser literatura.
Turn up the volume. Subamos el volumen de la música. Vitalidad animal. Literatura.

4 de noviembre de 2025

Vitalidad animal IV

Lo importante es sentir el amor. El resto es secundario. El resto puede desvanecerse, no llegar nunca, deformarse, volverse infierno o acrobacia. Sentir el amor: eso es lo crucial. Poder apropiarse del sentimiento y llamarlo por su nombre. Llamarlo al orden, intentar atraparlo en el aire y dejarlo sentado a nuestro lado en el sillón turquesa. Sentimiento desafiante, por qué te me vienes encima. Preguntarle. Por qué me das este tiempo de miseria. Por qué me persigues cuando intento ir a la cocina tranquila a prepararme un café, para sortear el día en su totalidad sin doscientos obstáculos. Al amor hay que agarrarlo por el cuello e inmovilizarlo. ¿Me dejas tranquila hoy? Te usaré, decirle. Haré salir de tu sustancia la montaña rusa más monstruosa, será espantoso. Amenazarlo. Si no me das un poco de paz todo será aterrador y dantesco para ti. Porque tendrás que presenciar el espeluznante nacimiento de los versos que turban. Los que aparecen en tu lado más desmesurado, tu lado más horroroso. El que moviliza lo que no creíamos poder presenciar. Lo que no creíamos poder decir. Sí. Yo tengo un desafío adicional. Pronunciarlo no me es tan difícil. Si está el sentimiento está la palabra. Pero luego. Qué. Ahora qué. Continuar con los días que pasan, y esas palabras siguen reverberando. ¿Pero y si todo se modifica? Si luego esas palabras ya no significan exactamente lo mismo. A mí en lo primero me va fantástico. En lo segundo, a duras penas sigo adelante. Avanza el tiempo y todo es confusión. ¿Yo dije eso? ¿Cuándo? Debacles. Ahora sé que me ocurre con los libros que leo, la música, los hombres. El zénit absoluto, y luego: pocos me siguen el ritmo, pocos quedan guardados en mi corazón. El amor estremecedor no siempre cruza la línea final. Malas noticias: muy pocas veces. Peores: es excepcional. Lo más alto sobrepasa la barrera de la luz, y esa es una conducta que requiere bastante. Digámoslo así, la literatura excelente, la música excelsa, el amor verdadero: reliquias. Algo digno de fervor. Algo digno de recogimiento y fogosidad. Algo inusual y casi inexistente. Entonces encontrarlo: desmayo. Desfallecimiento, síncope. Es como encender la vela que ilumina el universo, encontrarse con algo de esa clase. Cada una de esas ocasiones son revelaciones definitivas. Lo sentí con Jean el saxofonista, lo sentí con Rayuela de Cortázar, lo sentí con el disco From the Choirgirl Hotel de Tori Amos. 
Luego de mi unión con Jean el saxofonista volvimos a Lyon. Era un crudo invierno, pero no nos hacía mella. Me iba a dejar en las mañanas a la estación de trenes, y me iba a buscar en las noches, todo era corazones y flechas, y yo iba a encerrarme a la biblioteca de la universidad todo el día a leer como poseída y a escribir. Me puse a releer a Cortázar. Creía poder llegar a una nueva revelación definitiva, la de la vida verdadera (no tenía idea qué era eso todavía). En esa biblioteca, con la noche que llegaba muy temprano a Lyon, el frío afuera para desestabilizarte, rodeada de montañas de libros en estantes, con los corazones y las flechas en el corazón, y unas semanas antes de decidir que me dedicaría exclusivamente a la literatura (y al amor), escribí un texto que titulé Cortázar y la verdadera vida. Decía así: ¿Dónde estaba ahora mi cabeza? Siempre perdida en las divagaciones, me hacía consciente de las líneas que estaba leyendo, del placer que me producía la buena literatura, de mi constatación de un futuro con ambiciones difíciles, en definitiva, de un universo tan amado, pero casi inalcanzable. Me veía en mi justa dimensión y humildad, una pequeña hormiga perdida en las páginas de Rayuela. ¿Cómo podía proponerme escribir habiendo reencontrado ese paraíso elevado de mil figuras en una, de gozo, de arte, cuasi perfección…? todo parecía en vano, y la realidad y la posibilidad de expresarse por unas palabras parecía de pronto un interés tan utópico como estúpido, o al menos ingenuo, por decir algún apelativo amoroso y condescendiente. Me embarqué en un delirio de esos sin final, dejaría a Cortázar poseerme, leería un millar de libros, le rogaría un ápice de piedad, de comprensión, la posibilidad de poder redactar un par de escritos que llevaran su nombre, le tiraría la oreja para despertarlo, decirle que aún vive, que quizá esos huesos son aún algo, me arrodillaría ante su mirada, suplicándole unas imágenes que me iluminen como dándome una gracia divina, un don que me lleve por las calles volando, pero lentamente para apreciar todos los detalles del paseo, con una breve parada en el Rhône, de esas que dan energías fulminantes y al mismo tiempo pacíficas, lo miraría fijamente, con lágrimas en los ojos, para decirle que no hay nada más importante en esta existencia, le mentiría diciéndole que no me importa tanto, le vomitaría todas esas ganas de tirarme a ese río aunque eso signifique la locura desatada, le vendería mi alma, porque no veo que haya nada más útil e importante. Le susurraría al oído una melodía que quizá exista en mí, que quizá lo vuelva loco a él también, le diría que podríamos habernos conocido, que siempre soñé con ese encuentro, en las calles de una Francia que veía tan lejana, que ahora veo más de cerca aunque todavía no entienda nada. Definitivamente perdida, pero con una intuición de un destino cierto, las llaves de la dicha, y un destino incierto, pero cubierto de flores, aunque a veces cerradas. Le preguntaría si es posible otra oportunidad, le preguntaría cuántas tuvo él, le diría que puede decírmelo todo, que me sentaré a escucharlo aunque sea por décadas, pero me interesa todo, que su corazón tiene tanto valor como la que él creyó tenía su mente, le diría que cada una de sus palabras me hacen llorar de emoción, le diría que la vida es una montaña rusa que a veces llega tan, pero tan alto, le diría que se fue sin conocernos, que no me dio esa oportunidad, le diría que estoy segura que nos habríamos entendido bien, le diría que aquí en Lyon también recuerdo tantas de sus líneas, que justo ahora veo que sale el sol en este invierno menos frío que otros vividos en esta ciudad, que el sol siempre termina por salir aunque luego parezca como que nunca, realmente nunca ha salido, y todo parezca como un sueño que acaba al despertar, y le diría que debe reencarnarse, que tiene el deber de reencarnarse, y que nos daremos cita al lado del gran río, y que un par de cervezas cambiaran el curso de la historia, la pequeña historia de dos vidas, dos pequeños peces que pasan por el río, pero pasan al fin, pero pasan, pero se encuentran, pero no es necesario mucho más, sólo que sepa que nos encontraremos, que estamos siempre encontrándonos, que nos súper encontramos una y otra vez, que no nos detenemos jamás de encontrarnos, que va conmigo, que yo casi ni existo, porque he dejado espacio para que me posea, para que baile conmigo en ese baile eterno que despliego por las calles, con esa sonrisa de saberme pez perdido nadando en el río, pero con un pez dentro que se llama Julio, pero me guía de esquina a esquina, aunque luego llegue al campo, al bosque y al silencio, y la calma parezca el despertar de un otrora sueño de grandeza, pero que permanece, pequeño, pero universal y lleno de verdad. Un puente a la otra vida, a la vida de verdad, la que vivo cuando estoy entre tus líneas, la que vivo cuando me tomas en tus brazos, la que vivo cuando puedo ser esas líneas y olvidar que hay un mañana, la que me inyecta aún más vida, y evita que ruede colina abajo. Dame más líneas, porque haré de ellas una existencia, porque me darán tantos atardeceres mágicos, porque una sola vida no es suficiente, porque nunca hay mundo suficiente, porque si tengo que vivir, quiero que sea contigo, aunque lo invadas todo, aunque los colores cambien, aunque tu nombre se llame existencia entera, aunque luego tenga que dejarte descansar, y partir por mí misma, liberándome como siempre con ese gozo de volar que da miedo a veces porque luego caes o puedes caer, o puedes volar, o caer y volar, y partir, y quedarse, como siempre, con tu libros, Cortázar, con tu magia, con tu belleza, que está tan lejos, pero me ayudará a seguir, siempre que haga falta, aunque luego me haga llorar, y sabré, una vez más, que escribir tiene una parte de tristeza, una parte de realidad, una porción de desaliento, por tanto sentimiento profundo y desesperado, por la apropiación del dolor del otro, por la constatación de la complejidad existencial del mundo subterráneo, oculto, ese que no se dice, ese mundo mudo, que todos cargamos, en silencio, pero que determina nuestra verdadera vida. Ven ahora, Cortázar, ven a estas calles soleadas, ven a estas grandes avenidas invernales, ven a estas pequeñas callejuelas llenas de nada, a dármelo todo, a conversar un momento conmigo, toda una vida, todo lo que pueda durar, hasta que me digas que es necesario pasar a otra cosa.

Vitalidad animal III

Hace exactamente diez años decidimos casarnos con Jean el saxofonista. Yo me había ido a Barcelona, no lográbamos ponernos de acuerdo. Hablamos por teléfono, muchas horas. Casémonos, Lisa, me dijo Jean el saxofonista. Mi dicha no tenía final. Escribí ese día, 03 de noviembre del año 2015: “A veces los planetas vuelven a alinearse, encontrando una órbita aún más cómoda. Esos momentos pueden entregarnos un sentido, incluso a veces para toda la vida. Hoy ha sido una de esas ocasiones para mí, donde el plano mayor de la existencia se devela, permitiéndonos la benevolencia hacia todos los terremotos que acechan y oscurecen el alma a ratos. Sólo puedo pensar en tu abrazo.”   
Cuatro días antes Jean el saxofonista me escribía un correo desde Lyon, el cual leí con mucha atención en Barcelona. “Lisa, dudé si enviarte o no estas líneas, pero creo que es lo mejor para ti y para mí. En relación a tu pregunta –‘yo creo que no me amas tanto como yo te amo’-, te equivocas, y lo sabes muy bien. Mis reacciones, a veces coléricas y distantes, que he provocado entre nosotros últimamente, surgían desde lo más profundo de mí mismo porque no veía ninguna solución a nuestra relación, ninguna salida posible. Te veía y te sentía como un pájaro enjaulado. Te amo, Lisa, pero nuestras vidas y nuestras expectativas no son compatibles. Te deseo lo tengas todo, y más que eso. El tiempo que hemos pasado juntos ha sido para mí cercano a la perfección. Tienes que vivir tu vida, y sé que ya emprendiste el vuelo. Eres y serás siempre para mí una persona hermosa. Je t’aime mi amor.”
Al mes siguiente, un día 17 de diciembre, nos casábamos en El Quisco, en Chile, y celebramos con un almuerzo al sol en Isla Negra con gente tan amada. Existir es tan sublime, y tan duro en ocasiones. Je t’aime, pour toujours, mi amor. Nunca se olvida el amor que se ha recibido. Mi vitalidad animal se nutre del amor. Mi desasosiego, mi caída. La extravagante emoción y todo su baile en el aire. Hoy es un asoleado día de otoño en esta ciudad de las hojas rojas furiosas. Los árboles ondulando con el viento. Leo y leo estas 700 páginas escritas los tres años anteriores a Jean el saxofonista, aquella época cuando comenzó el Planeta fantástico. En un sentido no puedo creer todo eso que estaba en mí en ese momento. Todas esas reflexiones y encuentros. Realmente era la vitalidad animal, y la extravagante emoción. Caos y abismo. Una especie de serenidad muy particular, que flotaba en la electricidad del ambiente. Me siento dichosa ahora, de leerlo y saber que pude ordenar el caos en dirección a la creación. Me llega el reflejo del sol que se mece en el río serpenteando. Las hojas en movimiento lo hacen aparecer y desaparecer. Escucho Imogen Heap y Shekhar, que cantan: Minds without fear. “Search and rescue. Treasured fractals of our lives. If we move like lightning charging through the angry sky. And intercept on the arrow of time. Well we just might make this out with our heads held high.” La flecha del tiempo y la cabeza en alto. Sé que confiaba en mí misma en ese momento. Pero es una confianza diferente a la que tengo ahora. Tenía muchas cosas que resolver, conmigo misma, con los demás, y con el mundo. La vitalidad animal la conservo intacta. La creatividad también. 120 libros a cuestas. El amor es la razón absoluta para escribir. Sus devaneos nos aturden y desorientan. En ese desconcierto se escribe la vida.   

3 de noviembre de 2025

Vitalidad animal II

Las dos mejores decisiones que he tomado en mi vida han sido separarme de Henri el tenista y alquilar el piso en Lyon. La literatura está muy agradecida de ellas. Yo también, de haberlas tomado. Dos decisiones difíciles. Que tomé, a pesar de todo. Me casé muy enamorada, y tenía una confianza, que no sé exactamente de dónde venía, pero de que sería un vínculo eterno. Sin comentarios a esta afirmación. En cuanto al piso en Lyon, estaba casada con Jean el saxofonista, muy enamorada, y le propuse que viviéramos en dos casas, yo en la ciudad, para escribir, y él en la casa del campo. Yo iba los fines de semana. Bueno, tal vez en la lista de las mejores decisiones deba agregar el haberme casado con Jean el saxofonista, a quien amo perdidamente, aunque ahora estemos separados. Él me decía en ocasiones, vas a dejar de quererme. No. No sé bien por qué decía esto. Nunca entendí. Bueno, se equivocó. A veces sucede. Pero la vida tiene constantemente eso de hacer apuestas en el vacío. Yo aposté por la literatura. Es escurridiza, pero a veces se acurruca a mi lado. Jamás dócil, jamás dejándose someter. Siempre alerta y escondiéndome enigmas que va lanzándome cada cinco minutos. Tal vez sea el vínculo más intenso que tengo, lo que no es poco decir. Vivo con ella. Todo mi día transcurre en sus brazos. Somos grandes amantes. Nos perdonamos todo, nos concedemos todo, pero sin descanso. Pero sin tregua y con una exigencia que devasta. A veces la siento como un amante inflexible. Me desmoraliza. No hay atajos ni momentos de calma. A veces la siento como una maestra que está observando atenta. Que va dándome ánimos, pero al mismo tiempo indicándome todo lo que no está resultando para nada. Tenemos una relación muy tensa en ocasiones. No es relajado. Es la valía misma de la vida lo que está en juego. El valor de mí misma, de lo que el mundo es capaz de dar. De lo que está mostrando y yo no estoy viendo. Me esfuerzo por entenderla. Por comprender al mundo. Las contradicciones y paradojas me confunden, pero ella es perfecta. Cuando está ahí, es nítida, éxtasis. Igual que la música. Trance absoluto. El arte y la belleza son túnel de euforia. Salto al precipicio. Caída libre. Expansión estelar. Día asoleado. Río caudaloso. Epifanía constante. La libertad total. Sólo estoy bien cuando puedo sentirla. Siento el arte, en mi emoción, en mi cuerpo. Vivo para crear esa anomalía en la planicie. Cuando nací leyendo Gabriela Mistral ya todo estaba escrito. Luego conocí cada paraíso. Intuiciones, todo eran intuiciones. Clímax que me permitían crecer cada vez. Hacerme inmensa para comprender. No iba entendiendo tanto, pero seguía. Llegué un día al Planeta fantástico. Había obtenido pequeños fragmentos antes. Escribí en ese momento: “Yo nací para escribir. Yo nací para cambiar el mundo. La curiosidad infinita me ha llevado por la tierra atenta. Hay que correr riesgos para llevar a cabo el propósito en la vida.” Tenía un poco más de treinta años. Lo leo ahora. Ese libro del caos vital. Me da vida, porque todo eso está muy lejos ya. Estoy alegre. Porque lo llevo dentro, pero de otra manera. La vitalidad animal y la extravagante emoción me constituyen sólo como llama para encender. Mi serenidad es distinta de aquella. Esta es una serenidad absoluta. La noción de que estamos solas, la literatura y yo: para siempre. 

2 de noviembre de 2025

Extravagante emoción II

Hay experiencias que siguen reverberando en el tiempo. Que se van revelando de a poco. Como fue Brasil para mí, y ese carnaval y esa isla. Las experiencias donde hay una dosis de desorientación son siempre más interesantes. Por ejemplo si tienes que elegir entre un club med o una mochila al hombro, no hay donde perderse. El control total aniquila toda experiencia posible. O bueno, es la experiencia del control: algo extraño en ocasiones. ¿Algo irreal? Pero lo más irreal es lo nuevo, que nos desconfigura suavemente. Cada experiencia de la alteración de nuestra estructura queda en nosotros como melodías por cantar. Ariel el dibujante me manda una canción de K-efe. No la conocía. Me hace reír. La letra dice, se siente intenso pero es love, me gusta cuando lo hacemos de a dos, intenso pero es love. Cada encuentro con él es una experiencia. Como un viaje. No te preocupes si no te aprueban, cuando te critiquen tú solo di: soy yo, canta Bomba Estéreo, a nadie le importa lo que estoy haciendo, lo único que importa es lo que está por dentro, soy yo, cuando más te pegas fuerte, más profundo es el beat, soy así, y tú ni me conoces a mí, bien relajada, you know what I mean. Fuego, mantenlo prendido, cantan, y no lo dejes apagar. Watch out!, you might get what you’re after, canta Talking Heads, strange but not a stranger, burning down the house. Tal vez Europa fue para estar lejos de todo. Para reorganizar la vitalidad animal y la extravagante emoción. Para conocer a Jean el saxofonista. Escuchar sus acordes. Respirar. Entender el carnaval. Sentir la manera de describir esa isla. Necesitaba sentirla. En el silencio. Así es como se siente el amor. Se siente lo importante. En el silencio. En las pulsaciones interiores. En los beats en sordina que nos van guiando. Yo pensé que me costaba tomar decisiones definitivas. Tal vez todo lo mío es definitivo. Mi amor por las cosas, mi pasión por el presente. Mi entrega. Mi candor. Mi ánimo. Mi entusiasmo. Mi partida. Mis relaciones que me han desarmado. Todos esos viajes. Esos recónditos rincones donde experimenté la vida. Donde me encontré con ella. Sigo visitándola. La habito completamente. Ahora soy la vitalidad animal y la extravagante emoción. De manera permanente. Suena cansador. Lo es por momentos. Pero: I’m just a writer. Duda, caos, abismo, clímax. No lo dejes apagar. En mi cuerpo van las historias completas. Las voy dejando salir. Para organizar la casa. El universo total. Todas sus ramas que van creciendo. Ahora caen las hojas. Pronto llegaré a las flores. Tres semanas para el sol incandescente. Intenso pero es love. Esa es mi existencia. Intensa, pero es amor. Es lo que me digo. Me río todo el tiempo. De cualquier cosa. Si es trágica con humor negro, si es luminosa, con sincera entrega. Soy yo. Llevo las historias. Las llevo por las islas. Los carnavales. Para despertar, para gozar, para reflexionar, para los clímax definitivos. Escribo la gran historia que no se apague. Que esas ganas de existir sean el testigo de ese Gran Planeta fantástico. Donde todo es posible. I’m not afraid of anything, I want it all, canta The National. It’s half your fault so half forgive me, cantan. Swoon and fall into my arms, canta Imogen Heap. I’m not afraid to tell you what I want, never leave me out here for too long, canta The National. Intenso, pero es amor. Sólo soy una escritora. Para despertar, para gozar, para reflexionar, para cada clímax. Definitivo. La pasión es definitiva. El amor es definitivo. Todo fue por ese carnaval, por Ariel el dibujante, por Jean el saxofonista. Intenso, pero es amor. Entrar en el trance de la música. De a poco. Tras 25 años. Tras 12 años. Intenso, pero es amor.

Extravagante emoción

El Planeta fantástico está hecho de vitalidad animal y extravagante emoción. Caos y abismo. Duda, caos, abismo y clímax. Para ser precisos. Porque todo tiene un comienzo y un final. Lady Gaga le dice a un entrevistador el año 2009, “because I’m a female and I make music, you’re judgemental. I’m just a rock star.” Yo veo que las personas tienen una vida. En mi caso: I’m just a writer. Sólo una escritora es ser el fuego absoluto. Es desvanecerse con la música. Es no encontrar salidas. Puertas cerradas. Prohibido pasar. Duda. Abrirlas. Caos. Abismo. Clímax. Volver a comenzar. Nunca es igual. Frases como beats. Que tengan la pulsación del corazón. Que se sientan en el pecho. Una pequeña vibración entre las costillas. En el tórax. Se hace inmensa. Lo invade todo. Al ritmo de la euforia de estar en vida. El caos y el abismo es el tránsito necesario. Para los beats que perforan. Las dudas. La culminación. Antes del abismo en el Planeta fantástico hubo una etapa final del caos: el carnaval de Río de Janeiro. Fue en esa explosión, y en embarcaciones, y en grandes islas donde se forjó la continuación del Planeta fantástico: el viaje definitivo. Pero antes había que pasar por el abismo. Porque la cima es siempre después de la duda, el caos y el abismo. No hay atajos. En aquella época del Planeta fantástico partimos a Brasil con dos amigas. La vitalidad animal. Yo no había estado nunca en un despliegue de esa magnitud. Mi existencia se modificó. Quiero vivir aquí, me dije. El país de la euforia y la música. De otras cosas también. Estuvimos en las favelas. Muchos muertos esta semana. Si los poderosos dejan de consumir drogas ilícitas legalizándolas se acaba la matanza. ¿La terminamos? Que se destruya el que quiera, pero por qué destruir a quien tiene menos en nombre de la salud de todos. Los grandes consumen y destruyen, es la gran paradoja. Conocimos una cantidad de gente impresionante en Brasil. Formas de vida que me llamaron la atención. Era el tiempo de la vitalidad animal y la serenidad de esas playas de la música suave en una fogata. Creo que ahí comprendí todo. Había que partir. Lejos. Convertir la vitalidad animal en libros. Emancipate yourselves from mental slavery, none but ourselves can free our minds, how long shall they kill our prophets, while we stand aside and look?, some say it’s just a part of it, we’ve got to fulfill the book, cantábamos, con Bob Marley & The Wailers. Won’t you help to sing, these songs of freedom? because it’s all I ever have, redemption songs, cantábamos. Era todo muy serio, yo lo sabía. Cantaba con ahínco. Porque sabía que era esencial. Ese pueblo y esos encuentros. Esas certezas. Comprendí cosas. La creatividad se parecía a ese carnaval y a esa isla completa. Aquí está todo, me dije. Hice el amor en la playa por primera vez, en la arena, sobre un pareo que tenía la bandera de Brasil, orden y progreso. Todo era revolución. Cada encuentro, cada conversación, cada baile, cada canción, cada nado por esa agua salada cristalina. La amistad y la alegría. Europa tiene un lado tan aburrido. Hay cosas que no se entienden aquí. De tanta forma a veces se pierde lo esencial en ocasiones. A mí me interesa la vitalidad animal. También la forma, pero mezcladas. Fue un viaje de mucho humor y catástrofes. Estoy alegre de haber nacido en Latinoamérica. Le debo mi vida completa. A todos esos lugares de paraíso que recorrí a través de los años. Con los amigos, con Ariel el dibujante, con la familia. Tuve una comprensión completa sobre el existir. De sur a norte, todo lo recorrí. Cada país y cada manifestación. Cada ínfimo detalle que me transformó. El carnaval de Río me abrumó y me estalló el cerebro. Era como ver toda mi literatura desplegarse por las calles. Todo el éxtasis existir fuera de mí. El brío en acción, como un gran escenario. Una ciudad incendiada e incendiaria. La playa de esa ciudad, qué idilio, el vergel de la vorágine. Un sol incandescente, cada día. Quemarse por dentro y por fuera. Encandilarse, expandirse. Tengo que hacer algo con mi vida, me dije. Lo primero, dejar ese trabajo con ese jefe de mierda. Miraba el océano y lo confirmé. Mataré a Narciso, lo supe en ese momento. En segundo lugar, tengo que irme de ahí. En tercer lugar, dejar el derecho en su forma actual, transformarlo en activismo de fuego, como este carnaval, y lo más importante: escribir. Tengo que comenzar a redactar el verdadero Planeta fantástico. El de la soledad, la distancia y la huida. El de la fiesta, el estruendo y el goce. Iré en busca de mejores oportunidades, como hace la gente que parte. Con ellos iré, hasta las últimas consecuencias. Lejos de casa. Cerca de casa. Conocer la casa. Habitar la otra casa. Volvimos a Santiago de Chile desde ese carnaval. Torbellino. Preparar la nave. Llegó marzo. La oficina. Un poco más de caos. Crear las estrategias. Caos intenso. Ariel el dibujante. Abismo profundo. Septiembre de ese año partía en un avión a Barcelona. No al carnaval, pero a algo por descubrir. Tenía un poco más de treinta años. Llevaba encima la playa y el carnaval. Abrí el arca. No había dinero ni animales, pero tenía el carnaval. Lo había vivido. Entonces comencé. 

1 de noviembre de 2025

Vitalidad animal

A mí lo único que me excita es publicar libros. Todo el resto es interesante, pero no lo más alto. Tengo un deseo intenso por los libros. Sueño con libros, fantaseo. Los hombres, interesante, pero no lo más alto. Los amigos, lo más alto. Casi como publicar libros. Tengo una vitalidad animal para las letras. Como si todo fuera un baile con el instante. Una danza interminable con la inmortalidad imaginaria. Me lo vivo como catarsis colectiva, como catarsis inclemente. Como movimientos indecentes. Simbiosis obscenas. Como si las palabras fueran cuerpos. Organismos para habitar. Para descubrir. Para indagar y explorar. Soy siempre virgen como un bosque deshabitado, y mujer incandescente. Las promesas de cima me aceleran. Nunca detengo a la nave espacial. La música me perfora una y otra vez. Como si nos encontráramos carnalmente en cada ocasión sin recordar la anterior. La sorpresa total. Así enfrento cada libro. Una nueva maniobra en la altura sin lugar donde caer para vivir. Salto. Como un tigre que no calcula bien la distancia entre un obstáculo y otro. Caigo. Esto es todas las veces. Me río a carcajadas. Esto es todas las veces. Como en cada encuentro amoroso. Saltar, caer, y reír. Entremedio llorar un poco. Depende de cuán arriba llegó todo, llorar un poco más. Muy arriba, llorar muchas veces. Muy arriba, reír muchas veces. Lo único que me interesa es la intensidad que me parta en dos. La fuerza del rayo. Que pulverice el presente completo. Tengo una vitalidad animal que es la creatividad en acción. Un afán de seducir cada rincón del presente. Me inspiro de los sentimientos y emociones que son extravagantes. Voy eligiendo los que brillan más, los que no entiendo bien, los que me desafían a inventar nuevas cosas para llevarlos encima. Todo consiste en una selección minuciosa, que no llevo a cabo para nada, porque todo es vértigo y desconcierto. El control es nulo. Sólo vitalidad animal y despeñadero. Olvido y me arrojo. Cada salto una apuesta que abrasa. Entonces el clímax, la euforia, y la perplejidad. Así es cada vez. Lo seguiría haciendo, hasta que me pulverice el deseo y ya no pueda seguir. Ocurre en ocasiones. En las relaciones, no en los libros. A la pluma no se renuncia. Tal vez tampoco al amor. Yo he renunciado muy pocas veces. Inmediatamente he retomado. Incluso cuando creía que moría. He amado siempre. Así como he escrito siempre. Al arte y al amor no se renuncia nunca. Pulverizarse es parte del oficio. Ser humano de las palabras es ser animal de costumbres. Todos los días las frases. Todos los días los significados. Clímax y turbación. Porque las palabras van transformándose como monstruos infernales de halloween y de fuego. Crees que tienes una en las manos, y luego abres los brazos y nada, no hay nada. Estás segura que hubo ese significado, pero nada. Dónde estaba. En qué lugar obtuve ese sentido. Buscar, buscar. Quizá el paraíso que soñamos cuando estamos enamorados es aquel del que fuimos expulsados, donde todos los abrazos son inocentes, escribe Doris Lessing. Las palabras no son inocentes en ningún sentido. El enamoramiento con cada una dura poco. Enseguida descubrimos que la ambigüedad es la regla. Nuestra constitución ambigua lo empeora todo. Como organizar un encuentro entre entes de caos. Es ilusorio. Pero tan alto. Por eso cada libro es una culminación, igual que el encuentro sexual. Porque decimos, no importa que todo sea vacío y sinsentido, aquí hay algo. Lo voy a dejar ahí al lado del camino. Que lo tome quien quiera, y vamos tomando lo que otros dijeron, lo que pulverizó a otros, y no hay fiesta más espectacular. Es la Gran Ultra Inmensa Fiesta. Exacta al Planeta fantástico. Entonces uno toma cada obra y la incorpora al corazón para que explote la alquimia. Igual como cada encuentro amoroso, cerca del corazón queda y explota. En obras, creaciones. En inspiración para otros, porque todo es dar y recibir. Esta es la regla básica de la vida. Dar y recibir. No se puede sólo dar, o sólo recibir. Esa es la pulverización definitiva. Vamos escribiendo y vamos leyendo. Vamos bailando y vamos observando. Vamos amando y vamos dejando que nos amen. Seducir a la existencia es la regla número uno del Planeta fantástico de la Gran Ultra Inmensa Fiesta. El humor que penetre el hielo, para evitar que caigan los glaciares. Que todo sea devastación y asolamiento. No olvidemos que todavía no sabemos dónde está Julia Chuñil. Porque escribir y amar es transitar con desaparecidos, con muertos. Es decir algo para que la Gran Ultra Inmensa Fiesta sea tal. Porque la vitalidad animal necesita serenidad y justicia. Inspiración sin intervalos. Una constante de paraíso, ese de los abrazos inocentes. Amo las palabras pero las miro con distancia. No quiero ser ingenua. La existencia no me lo ha permitido. En muchos momentos no me lo ha permitido ni el Estado, ni la sociedad, ni jefes, ni parejas, ni amigos, ni familiares. Estados que asesinan, sociedades que oprimen, jefes que acosan, parejas que maltratan, amigos que violan, antepasados que abusan. Pero vamos remando para mantener la cadencia lo más constante posible. Para que toda la composición siga intacta y modificar lo desértico completo. Seguimos intentado amar a los hombres, y tantas veces resulta. Estoy agradecida. Tenemos que ir todos juntos, con los animales no humanos. Contra la dominación que aniquila la vitalidad animal. Este año sabemos que la contienda es más dura que nunca. No renunciamos. 

Planeta fantástico XIV

Primero de noviembre. Que me perdonen los muertos, por hoy. Estoy en un Planeta fantástico. Pienso todos los días en ellos, que me eximan por hoy. Hoy es el día de los vivos. Quiero que de ahora en adelante sea ese día, cada vez, cada día. Como canta Silvio Rodríguez: soy feliz, soy una mujer feliz, y quiero que me perdonen, por este día, los muertos de mi felicidad. Y si esto fuera poco, como canta Rodríguez, tengo mis cantos que poco a poco, muelo y rehago, habitando el tiempo, como le cuadra a una mujer despierta. Recuerdo con gran nitidez la primera vez que escuché esa canción, en un bar en el centro de Santiago de Chile, era una adolescente, quedé en jaque, tal como Aureliano Buendía de García Márquez recuerda la primera vez que su padre lo llevó a ver el hielo. Yo no estoy frente al pelotón de fusilamiento sin embargo, creo, sino todo lo contrario. Liberada en este momento de ese pelotón, si puede alguna vez uno liberarse. Si bien en el país donde nací se expresan a veces ideas de esa línea con gran soltura. De todos los lados. Quedan las reminiscencias. Crea resquemor aquello. Aquí es el otoño, todas las hojas en el suelo. Muchos muertos en este lado del planeta. Pero dije que hoy los dejaré descansar tranquilos, porque la serenidad es algo que hace falta. Ha sido un año durísimo, infame. Todo lo que pueda decirse es poco. Yo he intentado hilar lo que sucede en esta mitad de mi vida, no sin dificultad por tanta catástrofe. A fin de este mes cumplo cuarenta y cinco años. Frente a una especie de pelotón de fusilamiento, que también ha sido un Planeta fantástico, en otros aspectos. Una gran paradoja, pero quien dice que existir es muy distinto que eso. Tengo la música, que escucho: Imogen Heap en este momento. Me lleva una y cien veces al Planeta fantástico y siento como danza mi cuerpo, porque debo haber nacido para eso. Me escribe Ariel el dibujante que está muy alegre que visitaré prontamente mi tierra natal, y podré unirme a él en el baile, lo que tanto nos gusta, la quintaesencia del Planeta fantástico, la conversación y el movimiento. El amor y el deseo son drogas más potentes que cualquier otra cosa. Lo más alto. El Planeta fantástico absoluto. La explosión verdadera. La nave espacial de las bienaventuranzas. Quiero vivir una y otra vez. Recordar a los muertos, y vivir sin medida ni freno. Quiero que me posea la intensidad para decir lo que tengo que decir. Son cosas importantes siempre. Porque vivir es importante. Es esencial. No se trata de intentar vivir, sino de vivir. Dejar de lado los pelotones de fusilamiento. Porque nos han traído muerte, desgracia y pesadillas. Secuelas, miedos. Este país incorporó el concepto de falta de consentimiento en la definición penal de violación. Que se vaya disolviendo ese pelotón de fusilamiento. Las muertas las recordamos mañana con fuerza. Los muertos. Las niñas, los niños, los adolescentes. Porque todos los días son los días de la vida y la muerte. Existir es un baile delirante entre los dos. Una desconcertante mezcolanza de la que cuesta sacar cosas en claro. Yo hago un esfuerzo sobrehumano en este sentido. Como las bestias y los monstruos del día de ayer, sobrehumanos. Debo tener algo de bestia, de monstruo, de bruja. Una desconcertante mezcolanza. Se me señala seguido esta falta de orden, esta interrupción constante de la dominación uniforme. No llegué hasta acá para la unanimidad, me irrita. Tengo que haber llegado hasta acá para algo. Para liberarme del pelotón de fusilamiento, y vivir el Planeta fantástico. Tal vez desde el comienzo fue eso: el fantástico planeta. Luego distracciones grotescas. En ese lugar, en que una persona cantaba en la guitarra la Pequeña serenata diurna, de Rodríguez, yo advertí algo sin medida. Algo que iba a llevarme más allá de las fronteras. El Planeta fantástico no tiene fronteras. No tiene jerarquías que aniquilan. Vivo en un país libre, creo. A diferencia de Silvio Rodríguez. Nací en un país que es libre, creo. No lo era en ese momento empero, para nada. Diez años tuve que estar junto a la muerte. Cual solamente puede ser libre, canta Rodríguez, en esta tierra, en este instante, y soy feliz porque soy gigante. Amo a una mujer clara, canta, que amo y me ama, sin pedir nada, o casi nada, que no es lo mismo, pero es igual. Yo amo a un hombre desconcertante y caótico, pero no me importa. En realidad amo a dos, desconcertantes y caóticos, Jean el saxofonista y Ariel el dibujante. Pero yo estoy en la misma fibra, así es que no me importa tanto. Más bien sólo un poco, creo. Dudas tengo siempre. Esa es una constante. Pero cómo puede ser de otra manera en este lugar de pelotones de fusilamiento, y hielo, derritiéndose. De animales no humanos que son muchas veces tratados como animales humanos: mal. Primero de noviembre yo recuerdo al Planeta fantástico para que me dé vida. Hace falta, hace falta. Que acabe ya este año del infierno. Yo quiero amar, no tengo dudas. Eso siempre está claro. Debo ser una mujer clara, que ama. Pidiendo mucho. Infinito. Transformar es exigir. Lo tibio no da llama. Las hojas de fuego que veo afuera encienden el entusiasmo. Que sea el Planeta fantástico.