A cuántas historias tenemos derecho. Cuántas podemos escribir. Cuántas veces podemos cambiarnos de casa. Las mudanzas tienen un lado difícil. Y un lado mágico. Esa maravillosa dualidad que está en todo. Por eso la condición humana es sufrimiento. No nos conformamos. Lo cual es excelente. Tienes que pagar tu camino en el dolor, como dijo St. Vincent. Después no andamos diciendo por mi culpa, por mi culpa, todo el tiempo. Es el pasado. Quién sabe por qué siquiera canta el pájaro enjaulado, se preguntó St. Vincent. Te llevaré hacia abajo, dijo también. Hacia abajo y hacia arriba. Hacia muy arriba. Tan arriba que no podrás ver abajo. Tan arriba, que cuando llegues abajo el camino será largo. Muy largo. El camino es tan condenadamente largo. Y el arriba es tan intensamente alto. El resultado son los personajes para las historias. Pero cuántas podemos escribir. Cuántas mudanzas soportan nuestros cuerpos. Nuestra emocionalidad adicta a aferrarse a la porción de terreno estable. A las pociones que nos embriagan. El amor está sobrevalorado, como me dijo una amiga. A mí me interesa el amor bien romántico. Lo más exagerado que se pueda. Desintegrarse. Hacer todas las promesas que existen en el universo. Caminar la ciudad entera de la mano. Volar. Los de las medias tintas me aburren enormemente. Los indiferentes con miedo a la vida me espantan. Los que quieren ganarlas todas me provocan distancia. Aquí se juega por las siguientes reglas: o te interesa vivir o no hay comienzo. La apuesta es total.
30 de julio de 2022
La mudanza
En vez de hacer las cajas me pongo a escribir, evidentemente. Por varias razones, entre esas la más importante es que escribir es siempre mejor que cualquier cosa, pero otra bastante crucial, no tengo ninguna caja. Hoy fui a buscar al supermercado de abajo pero no tenían. Luego se me hizo tarde, los supermercados cerrados, resultado, mañana temprano quizá haya mejor suerte en ese aspecto. Y luego a velocidad supersónica hacer las cajas. Cuánto tiempo toma guardar la biblioteca que va creciendo en pequeños recipientes precarios.
Nos enamoramos de los lugares donde vivimos. Con cariño vamos pegando cosas en la pared, instalando cada detalle en su lugar. Amo este caos tan propio. Este espacio tan mío. Desarmarlo me parece un crimen. Quizá por eso estoy aplazando el momento. Saboreando tantos recuerdos hermosos que viví aquí, tantos textos que han salido de mi alma aquí mismo, en esta mesa, entre mis amados libros, entre mi mundo que atesoro como un templo. Este lugar es una extensión de mí misma. Los recuerdos son míos y podré llevármelos. O dejarlos, algunos, los que ya olvidé quedarán entre estas cuatro paredes. O partirán por la ventana quizá adónde. Lejos.
La verdad que fui feliz aquí, creía que tenía las respuestas, y ahora que sé que no, puedo irme. Cuesta partir, pero las nuevas aventuras siempre son un bálsamo para el alma. Soy feliz. Aunque me persiga una estampida, no dejaré que nada escape de aquí. Quedarán atrás las ingratitudes. La tristeza que viene a veces cuando pedimos lentamente permiso para cambiar de nombre.
Observo mi biblioteca armada en estantes nómades que en cualquier momento se desmayan. Cada autor instalado en cualquier lado, una organización sin ton ni son. Quizá el desplazamiento permita posarlos en unos estantes a la altura de la dignidad que merecen y poder agruparlos uniendo todo lo que dijeron junto, y uno al lado del otro por algún criterio cognoscible. Al menos sería menos de diez minutos para encontrar uno de ellos cada vez. Pero nunca creemos que vamos a realmente asentarnos, decimos ya vendrá esa disposición. Y al mismo tiempo en el todo presente vivimos un lugar como si fuera el último. Necesitamos sentir que estamos en nuestro lugar. Que podemos tomar decisiones. Tomar posesión de cada centímetro. Para poder evaluar realmente lo que hay, con miras a escribirlo. Todo ese despliegue de vida que surge entre estas cuatro paredes que pronto dejaré.
La literatura es generosa pero posesiva. Exige exclusividad. La literatura es todopoderosa. El amor se funde con ella esperando ensalzarla para que entregue sus versos más sublimes. Hay cosas que sí se extienden en el tiempo. Mi compromiso es definitivo. Mi pacto es felicidad pura y desafío constante. La literatura es todo lo que conozco, la música de las profundidades. La posibilidad de transformar en alguna medida el mundo. La humildad hecha oficio. La maravillosa ocasión de pulverizar la respetabilidad, el gran lastre, como dijo Bolaño. La desnudez simbólica es un arte elegante. Un remanso lleno de obstáculos. Nos vestimos de literatura para que las piezas del puzzle encajen y haya algún sentido a tanta velocidad que se nos viene encima.
Te diré algo, escribir es exactamente igual a amar: difícil. La literatura es la mudanza que nunca acaba. No puedes quedarte en el mismo lugar. Escribir es un viaje sin fronteras. Igual que amar, nos erosionamos hasta que ya no sabemos quiénes éramos y tenemos que volver a empezar. Cuando hemos sacado todo fuera se extiende el limbo del éxtasis hasta que caemos en cuenta que estamos de pie sobre nada, porque el suelo se ha evaporado. Existencia y literatura es por siempre el vértigo. Por siempre el viaje. Si he de morir, que sea porque el miedo no me detuvo, a pesar de la seguidilla de avalanchas silenciosas. Que sea porque le entregué mi vida a las palabras. Sin nunca arrepentirme. Escribir y amar es la sustancia de lo que muere y no muere. Morir y no morir. Una y otra vez. Por favor, dame unos días de asilo. Podré mostrarte el calor de las venas extraviadas entre los libros. Escribir es fuego.
26 de julio de 2022
Dame unos días de asilo
Hay tantas palabras dentro mío. Tantas cosas que me gustaría decirte. Pediría verte una vez más, pero no sería suficiente. Tu recuerdo estaría luego en mis días entorpeciéndolo todo. O quizá enalteciéndolo. El amor tiene una calidad doble, impulsa y mata. Tan pronto te lleva a tramar los versos más sofisticados, tan pronto está pulverizando lo que te quedaba de quietud. Tengo esto: este amor que no me explico. Prefiero lamer después mis heridas a que tu amor pierda filo, como dijo Drexler. Quiero crear, la idea de tu mirada traza un camino. ¿Aceptarías ser mi inspiración? ¿Puedo escribir sobre ti? ¿Sobre tu mirada que me desarma? ¿Puedo usarte como una flor que recoges por el sendero para obtener su aroma sublime y luego regalarla al río? No sería verdad, iría luego corriente abajo intentado recuperarla. Porque cada encuentro sólo acrecienta el vértigo. Sólo expande el sentimiento. El desconcierto es total. Sólo observarte me deja colgada en un hilo. El éxtasis se va desarrollando como ir pintando un cuadro o bordando lentamente una gran composición. La verdad es esta: no me atrevo a decirte. Tus nubes se han quedado instaladas frente a mi ventana y ya no se desplazan. No me hace falta nada más. Sólo la idea de verte una vez más. Pero no sería suficiente. Nunca puedo tener suficiente, como dijo Depeche Mode. ¿Y si me das unos días de asilo? Tardes en el sofá conversando sobre la existencia. Sobre la muerte que nos persigue. Sobre el amor que nos abandona. Sobre el filo que talla nuestros cuerpos cuando la pasión desborda. Sobre el miedo de seguir aquí y caminar por la cuerda floja haciendo equilibrio. Sobre las ganas de hacer viajes a lo desconocido. Sobre la imposibilidad de hacer las paces con la desaparición repentina de lo que hemos amado. Sobre el mar que a veces se lo lleva todo. Sobre la juventud cortada en flor. No he podido preguntarte cómo se sigue adelante y tengo la intuición que lo que me digas agregará un barniz hermoso a lo que voy descubriendo. A esas respuestas que busco y que han ido apareciendo convertidas en música y comunión. El amor y la muerte están tan cerca. Como nuestros cuerpos trémulos y temerosos en el sofá. Se encuentran sin encontrarse. Encontrarse es una ilusión. Siempre estamos lejos de los demás. Nunca hay fusión. Sólo pequeños destellos en la oscuridad que nos permiten seguir viviendo. Que son tan potentes que nos autorizan a crear. A dejarlo todo en vistas de lo desconocido. A traspasar la inercia de la repetición constante. No me atrevo a decirte pero me acompañas a cada instante. Incluso cuando estoy distraída. Cuando observo el cielo azul y todas sus nubes. Amar da timidez. La indiferencia es tanto más fácil. Quisiéramos que dure porque desnudar el alma duele. Pero luego caemos en cuenta que la posibilidad de volver a amar es siempre una esperanza. El amor puede significar cosas nuevas. Darle cabida a los sueños. Simplemente existir. Dejar las heridas y la muerte de lado y emplear el tiempo que queda en expandirse. En dejarlo todo por tu mirada y las palabras. Como si fuera la primera vez. A veces quiero existir sin existir. Decirte que amo tu mirada porque deja salir esa creación que se aloja en mi alma y me permite vivir. Dame unos días de asilo y la creación tendrá tu nombre. Se acabará la muerte. El arte es misterioso y definitivo.
25 de julio de 2022
Sound of da Police
Sólo somos un puñado de inmigrantes abandonados desafiando a la vida. Personas sin pasado y sin futuro. Bailamos juntos y pertenecemos. Conocemos el presente y sus rincones olvidados. Somos el todo presente y sus contornos afilados que cortan lo que envuelve. Reímos porque hemos partido y porque no vamos a volver. Nunca. Mejor morir. Mejor la peregrinación de rodillas. Conocemos el vértigo de la soledad eufórica y de la soledad sombría. Sabemos que la existencia es impenetrable y por eso reímos. Por el color de nuestra piel y nuestras lenguas desconocidas se nos indica que estamos de paso. Que todo es una gran mentira y nuestros días están contados. Miramos al cielo y decimos fuck the police. Esta tierra también nos pertenece. Estamos a la defensiva y contestamos si se requiere. A veces de manera casi inaudible. A veces fuerte y claro. Estamos compuestos de solidaridad y nos acompañamos. Formamos redes suaves como caricias y más fuertes que el hierro. Estamos como en casa. Nos tenemos a nosotros mismos, a nuestro orgullo, a nuestra falta de temor. A veces sí tenemos miedo, pero disimulamos, nunca se nota, sólo lo comentamos entre nosotros, y lo exorcizamos todos juntos. Somos una hermosa y gran comunidad de todos los confines del planeta, que se diluye en el paisaje. Lo que nos motiva es el desafío constante. La posibilidad de la sustancia del recorrido. De aplacar el hambre, de soñar, de crear la Gran Obra, de crearnos una vida que se parezca a nosotros mismos, que imite la vida, una existencia fuerte y resistente al paso del tiempo. Soñamos con treguas dentro del presente. El futuro es una entelequia. Sabemos que las oportunidades y las grandes obras son utopías del reino de lo posible imperfecto, la peleamos porque no tenemos nada mejor que hacer. Porque un día nacimos y teníamos una seguidilla de días por rellenar. El espejismo del viaje nos carcomía. Partimos. Siempre se está partiendo y ya se está tan lejos que no es posible mirar atrás. Somos obstinados y rendirse nos causa gracia, no conocemos el descanso, porque ser inmigrante es nunca detenerse. Te detienes y la corriente te lleva de nuevo hacia el mar. El espacio en el que nos relacionamos es un baile que da placer en el vacío. En el fondo nos constituye el cinismo y la ensoñación. En cuanto se nos presenta la oportunidad repetimos fuck the police, y seguimos bailando. Somos felices porque exprimimos el presente único, miramos a los ojos, saltamos, gritamos. Y cuando nos dicen que no podemos estar aquí, repetimos: fuck the beast y fuck the police. Zemmour y sus amigos nunca podrán doblegarnos porque este es nuestro país. Somos felices aquí. El país se elige, y este es nuestro país.
24 de julio de 2022
L’amour, la mort, le cataclysme
Preámbulo
Al abrigo del ruido imperante y las ideas que circulan por nuestra cabeza aturdida a ratos nos refugiamos en la música. En el baile que libera. Ahí nos sentimos que pertenecemos a algo. En la comunión del movimiento. Las estrellas colisionan a veces y liberan energía que estaba retenida en nosotros. Cambiar duele porque uno está muy acostumbrado a las cosas, pero una vez que se pasa una cierta barrera o una cierta etapa, luego es difícil volver atrás.
Nuestra existencia transcurre en pequeños universos, como pistas de baile. En pequeñísimos encuentros que lo cubren todo. En energía que se libera. Pequeñas interacciones como te hablo o no te hablo. Te observo o no te observo. Te invito o no te invito. Ínfimas decisiones que tomamos a cada instante. Queremos alivianar el peso de ellas. No sentir que vamos equivocándonos. Creamos estrategias para que la realidad vaya desenvolviéndose sin un sinfín de obstáculos. Nos enredamos enteros porque queremos modelar la realidad a nuestro gusto. Pero la realidad es totalmente independiente. El control es igual a cero. Ninguno. No hay ninguna porción de la realidad que se ajuste a nuestros parámetros. Sintamos esto: sol, café, música. Se expanden las neuronas. Como la pista de baile. Flotar. En ella pertenecemos a algo. En la comunión del movimiento. En lo efímero está el secreto de la inmortalidad. Esa colección de momentos que construyen una línea sobre la que posarse. Nos esforzamos en ir construyendo cuidadosamente, y luego qué queda. Una colección de momentos. Una colección de indiferencia. Amor, muerte, cataclismo, como dijo Simone de Beauvoir. Yo sólo quiero presente. El amor no me interesa. No quiero tener sentimientos. Sólo quiero ser ritmo y palabras. Euforia y caminatas por el río. La emoción la quiero reservar para lo que yo elija. El amor tiene un componente muy oscuro. A veces es sórdido. A veces no se parece nada al amor. Como dijo Simone de Beauvoir, sentí que mi vida me abandonaba, mi vieja vida con sus preocupaciones, sus fatigas, sus recuerdos gastados. Simone: él no conocía ni mi país, ni mi lengua, ni mis amigos, ni mis preocupaciones; sólo mi voz, mis ojos, mi piel; pero yo no tenía otra verdad que esta piel, esta voz, estos ojos. Le he dado varias oportunidades al amor. Tengo una colección de momentos que valieron la pena. Pero la pena es larga y el tiempo escaso. Sólo tengo esta verdad, mi piel, mi voz, mis ojos. El amor es una broma amarga de un arlequín absurdo lleno de colores tristes. A mí me interesa el cuerpo. El baile y el movimiento. El cinismo y las desilusiones. Me interesa mentir y reírme. Reírme sin parar. Ser esa persona que no mira atrás. Que no le interesa el camino. Esa persona que parte por el descampado hacia otros lugares. Hacia la sustancia de la intemperie. La que recorre el pantano con ritmo. Con beats imperceptibles y explanadas de sonrisas maliciosas y guiños de ojos. Las relaciones debieran acabarse. Que sólo quede el humo que expele esa rutina falaz y aplastante. Esa repetición torpe e insensata. Ese oasis de horror en un desierto de aburrimiento, como dijo Baudelaire. ¡Amargo sabor, aquel que se extrae del viaje!, como también dijo. Como dijera Shakespeare de la vida, el amor no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada. Lo que me interesa son las flores del mal. Lo que nace de lo oscuro. De la luminosidad que encandila. Del río que fluye. Del cauce que se desborda. En mala hora quise ordenar mi existencia. Si está llena de brazos de ríos que salen de ella. Que me otorgan palabras mudas. Que me instalan en la intemperie absoluta y todas las ciudades de lo posible. Sabes lo que quiero: no quiero ser amada, al contrario de lo que dijo St. Vincent, irónicamente. Quiero que se me deje tranquila. Poder recorrer las avenidas sin contratiempos. Hacer un pacto con la incertidumbre y toda su oscuridad, y toda su luz creativa. La estabilidad es una burla, un freno a la creación, almas vacías y cerebros en blanco. Rutina es condicionamiento. ¿Qué es la libertad? La intemperie imprecisa. El barco sin timón. El movimiento y las palabras. El ritmo y el viaje. Déjennos tranquilos de una vez con sus consignas. Más claro imposible: no nos interesa el amor. Lo intentamos y ya pasamos a otra cosa. No nos preguntaron. Ahora podemos decidir. La amistad es un elixir. El cuerpo lo gobierna todo. Nuestra democracia estará basada en el cuidado de la euforia. En las estructuras efímeras que puedan sostener nuestro deseo fructífero. Nuestras ganas de vivir. En las constituciones debe haber espacio para el sin-espacio. Para los que no tienen parte. Para los que están en lo efímero. Para lo efímero-mismo. La colección de momentos que no está fijada en el tiempo. Para los colores que enceguecen por su reflejo y liberan. Para el no-trabajo y la no-estabilidad. Para la felicidad real. Para el fin de la violencia. Más claro imposible: no nos interesa la violencia de la estabilidad.
22 de julio de 2022
Buscamos la destrucción
Convocamos a la existencia para que nos dé pistas. Señales que indiquen alguna frecuencia. Alguna ruta por seguir. Observamos extraviados el torbellino de intuiciones. La sensación de volver a encontrarse con personas que no hemos visto jamás. Como si los hubiésemos conocido de otra vida. De algún pasado desconocido. Como si hubiesen rellenado historias de las que nunca tuvimos noción. Pero algo revela una cercanía levemente perceptible. Una unión interesante. Caminos por explorar. Cómo explicarte. La sensación de querer lanzarse por el risco. Abrir los brazos y abarcarlo todo. Volar hasta esa comunión anterior. Por qué hay personas que se parecen. Historias que se encuentran. Se alinean. Se repiten. Esa magia que le da significado a las cosas. Luego se independizan. Toman nuevos rumbos. No hay dos historias idénticas. No hay dos personas iguales. Sólo reminiscencias. Evocaciones que fascinan. Otras que espantan. Al final todo se mezcla en un gran espiral confuso. Dónde está el comienzo. Dónde está el final. En qué momento las cosas se transforman. En qué momento comienza un sentimiento. Cuáles son sus contornos. Cuál es su sustancia exacta. De qué hablamos cuando intentamos definirlo. Hoy caminé la ciudad entera intentando entender el centro y los márgenes de un sentimiento. Sus límites y su superposición con otros. Qué significa un ser humano. Esa unidad. Qué es lo que le pertenece y qué es lo que le excede. Qué es lo que toma prestado. Cuando nos acercamos a qué nos acercamos. A una personalidad. A una cultura. A ciertas reglas. A una cierta vibración única. Hasta dónde me pertenece lo que digo y en qué momento entra en la esfera de la persona que está enfrente observando. Mirando a los ojos. En qué momento de su mirada su mundo me pertenece. En qué instante aprendo algo de su alma. Desde cuándo una porción de su interior entra en el mío para fundirse. Para desprenderse y quedarse dentro. ¿Podemos extraer esa parte que queda dentro? Ese pedacito que se aloja en un rincón de los pulmones y ayuda a respirar. Y da holgura a los pulmones. Hasta cuándo nos pertenece. ¿Tenemos derecho a guardarlo para nosotros? ¿Podemos hacerlo a escondidas? ¿Podemos omitir que lo estamos guardando? ¿Que es significativo? ¿Que nos está transformando? Que queremos acercarnos más. Y siempre pertenecer. Queremos que las cosas nos pertenezcan. Aunque no lo comuniquemos. Queremos respirar y nunca destruir. Pero dudamos de ese pequeño fragmento incrustado entre las tripas y buscamos a veces destruirlo. Porque así como nos hace respirar puede matarnos. Porque queremos que crezca. Que sea gigantesco. Pero los ritmos humanos son demasiado lentos. Queremos que sea enorme de inmediato. Podemos simular su gran tamaño. Imaginarlo sin contornos. Decirle al oído que no tiene límites. La locura nos posee. Somos felices así. En secreto aceptamos su magnitud. Su monstruosidad. Porque nos consume. Queremos ser amados. Queremos que nos hagan volar una y otra vez. Queremos que todos los fragmentos se fusionen. Puedan ser uno. No tener que tomar decisiones. No tener que renunciar. Elegir. Dejar de hacer. Queremos fluir. Olvidar lo denso de avanzar por la realidad. Todos los sentimientos que pasamos a llevar en el camino. Todos los sentimientos que nos lanzan encima sin que lo pidamos. Todas las veces que los sentimientos nos duelen. Los que intentamos esquivar. Todos esos fragmentos que no nos pertenecen. Todas esas veces que no nos fusionamos. Que son todas. Todos los fragmentos que queremos depositar en otros. Cuánto les pertenecemos. Cuándo perdemos nuestra libertad. Qué es amor y qué no es. A qué tenemos derecho. Quién nos concede ese derecho. Por qué amamos tan profundamente. Cuándo es irreal y cuándo no. Quién lo define. Hoy estabas ahí y todo tenía sentido. Cuando sentimos que amamos se despliega el abismo del miedo. Todo se vuelve real.
19 de julio de 2022
Toute ma vie fut amour, puis oubli
Recorrimos la accidentada geografía de Portugal, tan accidentada como sus aceras de adoquines que suben y bajan, con motivos negros y blancos. Porto, Espinho, Aveiro, Coimbra, Figueira da Foz, Nazaré, Óbidos, Peniche, Lisboa, Sintra. Florbela Espanca me susurraba al oído: Toda mi vida fue amor, luego olvido... Un sol se apagó y luego otro sol, iluminó mis caminos brumosos... Y este amor que poco a poco me huye, se parece a este otro que se despierta, y que también huirá... cuándo, no sé...
Me decía, ¡Quiero amar, amar perdidamente! Amar por amar solamente; aquí, allá, a éste y a aquél, al otro, a todo el mundo. ¡Amar, amar, y no amar a ninguno! ¿Recordar? ¿Olvidar? ¡Lo mismo da! ¿Atar o desatar? ¿Está mal? ¿Bien? ¡Quien diga que se puede amar a alguien toda la vida es sólo porque miente! Hay una primavera en cada vida: cantarla siempre en flor es necesario, pues Dios nos dio la voz para cantar. Y si he de ser ceniza, polvo, nada, sea la noche mía un alba en llamas, que me sepa perder... para encontrarme.
Observando el océano y los riscos de piedra que exhiben el paso del tiempo, recordaba a Florbela y su sueño, Sueño ser la Poeta preferida, la que lo dice todo y todo sabe, posee inspiración pura y perfecta, y ata la inmensidad en sólo un verso.
La existencia es esencialmente saudade y euforia. Nunca poder atar la inmensidad en un solo verso. Sólo aspirar a decir la exaltación que rebana. Quiero aprender todas las lenguas del mundo. Extraer el alma de los lugares para poblar mi saudade. Esa soledad florida y nostalgia vital. Estamos de paso, como mi recorrido por Portugal. Todo quiero llevarlo conmigo. Ser viaje permanente. Despertar en un nuevo puerto cada vez. Para qué construir. Yo quiero construir de otra forma. Dando todo de mí. Ser la aventura por definición. La aventura sin final. Ser el risco y el océano. El camino. Atar la inmensidad en una sola existencia. Amor, literatura y viaje.
13 de julio de 2022
La llamada
Yo pensé que lo había visto todo, pobre de mí. Me enfrentaba cara a cara con la vida y pensé que iba sacando cosas en claro. Aquella llamada me dejó en el punto de inicio. Fue así: nos encontramos de nuevo en el barco. Algarabía. El latido que se acelera. Su sonrisa y la hipnosis. El sortilegio en acción. La magia negra. Seguirlo. Querer saber más. Más. Extraer todas las historias del mundo. Averiguar el secreto de sus labios y ese poder destructor y adictivo. Su mirada que devasta y entrega secretos inteligibles que aturden y embriagan. La música que expande el universo y transporta. Querer mantener ese momento por el tiempo suficiente. Más tarde me lo dijo: he recibido la llamada. ¿Quién? ¿Hacia dónde? ¿Cómo? Esta vez no se lo tragó el agua. Era algo mucho más difuso. Algo totalmente misterioso e imposible de entender. Estaba ahí y me hablaba de la llamada. Pensé que era una broma. Pero era algo muy serio. Demasiado serio. Lo más serio del mundo. Tanto que estaba por sobre todo. El éxtasis no tenía cabida. Mi perplejidad invadía la escena. Discutimos. Le dije que no estaba de acuerdo. Pero la distancia entre mi cerebro y su llamada no tenía precedentes. Y la magia negra destrozándome. Y él, confiado. Me rendí ante la evidencia. La vida se había ensañado conmigo enviándome desafíos. Iba bien pero me pregunté qué había más allá que yo no lo había visto. Me dieron ganas de decir, perfecto, comencemos de nuevo y voy a mirar más atentamente todo el despliegue de recursos del mundo. Observaré todas las creencias. Nada será pasado por alto. Pensé que el nuevo mundo era una tregua pero era algo totalmente distinto. Era la llamada de auxilio. La certeza de la incerteza. La llamada se lo llevó de mis brazos pero quedó el misterio y el éxtasis de la exploración y su temor y asombro asociado. No me detuve, tenía más dudas que antes de comenzar pero sólo me hacía sentido comprender y encontrar respuestas. Me quedé atónita, pero como tantas otras veces, no me rendí. Quizá también recibí una llamada. Otra llamada. Dudo que haya sido mística pero sí vital. La más esencial del mundo. La magia negra me devastó. No quise dejar de florecer. Quise comprender. Y siempre amar. Ahí me quedé, dando la bienvenida al mundo a mi mundo, con asombro. Ahí estoy. La sorpresa es una constante. La fascinación y la admiración, un regalo. Lo que quiero es comprender. Lo que quiero es amar. Nunca dejar de soñar.
9 de julio de 2022
Where can you run when the outlaw's inside you
Lo que quiero es desprogramarme. Seguir trabajando mis cimientos hasta convertirlos en algo expansivo. Algo capaz de ver más allá de la manera en que mi cerebro decidió organizarse. Identificar los escombros que quedan de toda esa hilera de veces en que no puse los puntos sobre las ies. Que no delimité mi propio terreno. Las veces que cedí a unas ciertas reglas del juego sin mirar más atentamente. Todas esas veces que debiese haber dicho, cuidado, caballero, el pantano puede ser muy extenso. Quisiera, como Edith Piaf, decir que no me arrepiento de nada. Pero sí me arrepiento de algunas cosas. No de demasiadas, quizá. Pero sí de haber insistido en relaciones que no tenía sentido alargar, por ejemplo. Cómo saberlo. Hay algo fantástico de la literatura: sirve para todas las venganzas. Si no puedes olvidar o si el asunto ya te tiene sin cuidado: también sirve. Cada cosa a su momento. No sabes cómo decirle, no te escucha, o insiste: también. La literatura tiene una consistencia que repara evadiendo obstáculos. Como dice St. Vincent, hacía dónde vas a correr cuando el fuera de la ley está dentro de ti. No hay para qué correr. Se puede dialogar con él y escribir. Con esa parte de ti que sabe que todo va a estar bien. Que el tiempo y la edad son implacables, la mayor parte de las veces. Tropezar varias veces con la misma piedra es posible pero no probable. La literatura tiene la facultad del incógnito. De lo difuminado. De lo que no se deja atrapar. Como el fuera de la ley. Para todos aquellos que saben que en el fondo se extralimitaron, estaban distraídos, no quisieron profundizar un poquito más, no se preocupen: tendrán su momento. El placer que proporcionan las palabras es ilimitado. Sobre todo cuando sirve para ordenar una habitación caótica, de un caos que viene de afuera pero intenta penetrar. Cuidado caballero, el caos es una vocación. No hay más espacio que para el propio. El caos encauzado hace maravillas. El caos es la posibilidad de reordenar una y otra vez. Desprogramar. Llamar a comparecer a todo aquel que se lo merezca. Por mientras, ámame y desprográmame. ¿Así funciona, no? El caos es la posibilidad de fijar nuevos límites. Hermosos límites. Inventar radiantes nuevas salidas. Demarcar el terreno y luego emigrar. Compartir lo que querías decirle. Tarde o temprano el caos llega a puerto. Cuidado, caballero, cuando el barco recala hay que bajarse.
6 de julio de 2022
El puente
La calma es una actitud deseable, pero algo siempre apremia, la poesía, el amor. El presente tiene un componente inmediato que incendia. El futuro lo dejamos para más adelante. Lo busqué por toda la ciudad y estaba tan cerca, sin saberlo. Casi nos cruzamos sin cruzarnos. Intenté entender su manera de hacer las cosas pero fue imposible. ¿Qué esperas?, le dije, ¿por qué me dices todo eso? Su mirada era imposible de asir. ¡Qué hay dentro tuyo!, le habría gritado, ¡por qué esta hipnosis!, me repetía a mí misma. De dónde viene el embrujo. Opté por esperarlo en el puente. Sabía que no tardaría. Era una tarde de verano con mucho calor y una leve brisa. Decidí que la vida estaba finalmente despojada de superficialidades. El sol potente interviniendo. Cuando la muerte te deja sin respuestas hay que buscarlas en otros lados. Es lo que yo quería preguntarle. Cómo encontrar el camino a casa cuando las rutas han perdido los nombres. Sabía que él podría ayudarme con ideas. Su abrazo está compuesto de respuestas. De la tierra entera sosteniéndote. Su sonrisa me deja aturdida y sedienta de verdad. Como la existencia ha perdido peso he movido obstáculos que me cegaban. Sólo quiero amar y ser amada. Transformar el amor en palabras. Incendiar lo descompuesto. Acabar con el poder que destruye. Mirar los márgenes y gozar con el secreto de lo real. Cuando llegó al puente nos reímos. Sin ninguna razón. Prometimos incendiarlo todo. Prometí una vida verdadera. Llena de belleza. Conectada con el cuerpo. El placer de expresarse y derrumbar los cimientos de lo que debe acabarse. En ese puente se reveló algo importante. La conexión de las distancias. Mi pasión por los márgenes. Todos los caminos a los que podrán llevarnos los puentes. Una ciudad en llamas y todo lo que espera de mí. Sus promesas que me hacen delirar y me consumen de exaltación. Perdí los caminos pero sé que algo me guía desde el universo paralelo. Cruzaré los puentes aunque no sé adónde puedan conducirme. Luego bajamos al borde del río. Siempre estuve perdida en sus ojos. Miramos al puente que vibraba. Prometimos, mirando el agua que fluía, incendiarlo todo.
2 de julio de 2022
Buscarme la ruina
Me esclavizas. No quiero tus leyes. Sobre mi sensibilidad. Mi disposición. Sobre mi útero. Sobre mi manera de visualizar las relaciones. Te esclavizo. Con mis leyes. Mi sensibilidad. Mis palabras. Me esclaviza tu sonrisa. Tu cuerpo. La necesidad del agua que fluye. De la caminata al borde del río. Me perdiste de vista en la bruma. En la mitad del bosque. Busqué abrigo en una cabaña solitaria. Desaparece. Tus palabras no me hacen mella. Tus frases no me tocan. Tocarte. Queremos que nos amen y amar, nada más. Queremos volver a esa cabaña solitaria. Ser sorprendidos por el azar misterioso. Pero el azar se busca. Como la ruina. El éxtasis se busca. Son movimientos hacia los puentes. Hacia la sinapsis. Son marchas hacia el renacimiento. La libertad de la cabaña solitaria. La esclavitud de lo efímero. Lo esencial tan lejos de la indiferencia. Lo superficial tan cerca de tu miedo. No muerdo. No siempre. Sólo la piel tersa. De nuevo. De nuevo. Cuándo comenzó todo. Cuándo termina. Espero sólo a medias. Respiro junto a los espectáculos de la ciudad. Junto a la conversación florida. Junto a la compañía que me da el impulso. Junto a todas esas historias que me hacen volar. Que me extraen de la cabaña solitaria y me sitúan en comunión con lo que me rodea. Los ritmos de las voces y la magia del valor de dar los pasos necesarios. Los que no eres capaz de dar. En nombre del temor. De un credo. De tu angustia por un mundo que cambia. Tu cuerpo también cambia y sigue corriente abajo. Tus leyes no me tocan. Tus leyes no me alcanzan. Mi sensibilidad sigue su cauce hasta el mar.
1 de julio de 2022
Vivir a la deriva y vivir
Dame historias y podré escribirlas. Quiero escucharlas desde tu voz. Lo que quiero es vivir la historia. Saber todos los ríos que has cruzado. Ser una con tus sentimientos. Que no haya límites entre tu sensibilidad y la mía. Quiero escuchar tu respiración y la tierra a la que va unida. Sentir la arena tibia sobre la piel. Sentir el sol y la embriaguez de saberse vivo. Ver el agua fluir sin intentar detenerla. Aunque no hayas nacido en un lugar, el lugar puede nacer en ti, aunque no lo conozcas. El útero tiene diversas funciones. Desde él todo nace. El amor, la curiosidad, los libros. El cuerpo es una máquina de creatividad. Es una máquina de pasión. Un productor de suavidad, de dulzura, de ternura. Fue creado para acariciar el mundo. Para abrazarlo. Para dormir con él, abandonarse al aroma que expele. Que queda en el aire. En la almohada de la ciudad. Donde recostamos la cabeza al abrigo de la violencia. Tal vez en otra vida fui tu cuerpo. Tu disposición al azar. Tal vez recuperamos lo que fuimos. Una y otra vez. De maneras impensadas. Tal vez la existencia sólo trata sobre descubrir. Sobre refugiarnos y nacer. Sobre no dejar de salir del útero. Como la primera vez. Sobre dejar salir las combinaciones abstractas de amor que portamos dentro. Que son tan concretas como una caricia sincera. Como la creatividad que se manifiesta al mirar a los ojos. Esos ojos que hipnotizan. Que barren con todas las brújulas. Y ahí, a la deriva, volver a nacer. Para exprimir el mecanismo de la creatividad. Para saber que aún estamos vivos. Y todo lo vivo se apasiona. Amar es nacer a la tormenta. Hacer explotar la curiosidad. Fuego, una rosa con espinas, seda, música. El río. Olvidar la mirada de los otros cuando no hace falta. Dejar ir. Conservar algo al final de la cuerda. Sacarlo del agua. Agradecer. Decirle que perdiste el sextante y el compás. Las cartas náuticas las olvidaste en la mesa del bar. Al escuchar la música. Explorar, explorar. Dejando de lado lo que antes viste. Aceptando con humildad que la tierra te posee y ese es tu destino. Que vas a fijar tus propios límites. Que la máquina de la creatividad activada es la pérdida de los puntos de referencia. De la barandilla para apoyarse. Y que ahí está el verdadero éxtasis. La comprensión y la creación. Volver a la tierra es volver a nacer. Pasión y suavidad. Asombro. Descansar y fluir. Vivir a la deriva y vivir.
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