Año nuevo. Expansión. Año nuevo. Libertad. Año nuevo. Literatura. Música. Creatividad. Un nuevo año. Un año y todos sus días nuevos. Una vida y todas sus vidas nuevas. Todas las cadencias. Alcanzarlas todas. Nuevos océanos. Nuevas olas. Un año de nuevos libros. Antes que todo acabe. Nuevos viajes y nuevas estrategias. Un año nuevo es la vida por delante. Rock. Baile. Libertad. Libertad. Libertad. Imaginar. Crear. Un año nuevo es la vida desnuda. Diciendo así no. De esta manera sí. Así me gusta a mí. Así te gusta a ti. Así lo vamos a hacer. La máquina del sol está llegando, y vamos a hacer una fiesta, como dice Bowie. Una gran fiesta. El año nuevo. La vida por delante. Vivir.
31 de diciembre de 2023
El atardecer
Donde nací el sol se hunde en el mar cuando el día acaba. Se cansa y se sumerge. Todos los días tiene energía para salir al día siguiente. Desde las montañas para volver al mar. Antes de que desaparezca le pido cosas. Música. Le pido. Rock progresivo le pido. Canciones. Cuerpos. Coreografías. Refranes. Fábulas. Le pido. Tráeme lo que sea le digo. Pero que tenga ritmo. Pero que tenga armonía y melodía. Guitarras y bajos. Le pido. La unión de todos los instrumentos que me devaste. Que me haga llorar. Que me haga querer vivir. Me quitan el sol, me sacan a dios, me secan el sudor y el sabor, ¿quién puede reír de tanto sufrir el frío y el calor y el dolor?, canta La Máquina de hacer pájaros. Tal vez sólo podría vivir de atardecer, música y literatura. ¿Y el amor? No se lo pedí al atardecer. Lo hundí en el agua. Parte le dije, pero vuelve mañana. Pero vuelve por las montañas. Parte por el mar, ¿pero estarás aquí al día siguiente? Confié en la música. Confié en la melodía, la armonía y el ritmo que había impreso a mis ojos. A mi piel. Pero el sol estaba tan cerca del horizonte. Quedaba tan poco. Parte, le dije. Tengo la música. Tráeme lo que sea pero que tenga ritmo. Pero que sea sin miedo. Sin culpa. Pero que sea amor. Pero que tenga la consistencia del atardecer, que toma la forma de amanecer al día siguiente. El sol estaba en el borde de hundirse en el abismo. De traer la oscuridad. Pero volverás al día siguiente, le dije. ¿Cierto? El atardecer mudo. La Máquina de hacer pájaros. Le pido a la música que me salve. Tráeme lo que sea, le digo. Pero que tenga ritmo. Pero que no esté cubierto de nubes. No sé si el atardecer me escuchó realmente alguna vez. Le pedí un sinfín de cosas. Se fue sin más. Tráeme música, le dije. Tradúceme las cadencias de tu amor en las sombras. Se va el sol. Me queda el mar oscuro. La esperanza del amanecer. La música. Quizá el atardecer nunca me escuchó realmente. Dejé de pedir. Partí con el sol. Renací al día siguiente. La música del atardecer la guardé en mi alma. La olvidé. Igual como me olvidó el atardecer. Acuérdate, si vas a volver que tenga ritmo. Que sea rojo como el atardecer.
30 de diciembre de 2023
El mar
Se creó el mar. Un día nació el mar. Un buen día empezó el mar y con él la fascinación de mi alma. Que esperaba algo grande. Sólo estoy contenta con lo inmenso. Con mucho amor y montañas rusas. La literatura nace de lo grande. De lo amplio. De las pequeñas cosas que son gigantes. La verdadera literatura nace del mar. De la música. Del vaivén rítmico de tu mirada que se parece al movimiento de las olas. De la fluctuación de tu alma que se parece al balanceo de las algas en la espuma. Háblame sólo, de nubes y de sal, como canta La Máquina de hacer pájaros. Mi alma está llena de pájaros aprisionados que surgen al sonido del mar y su profundo azul. Vi el mar y supe que mi alma le pertenecía. Me rendí ante la evidencia definitiva. Supe que el mar y el arte eran lo mismo. Necesidad de expansión. De algo grande. De salir de uno y perderse para siempre. Nunca ser y siempre ser. Vivir en una dimensión que es azul. Intensamente azul y asoleada. Nunca en esta dimensión. Siempre en el mar. Profundo en el arte. Sólo belleza y bondad. El mar es belleza y bondad. Nos entrega la oscilación de las olas. Sin detenerse. Sube y baja para deslumbrarnos. El arte refleja que subimos y bajamos. El amor es inestabilidad e inconstancia. Expansión y ahogo. Rocas talladas por el paso de las olas. Terminamos por ser una figura esculpida. El mar nunca me ha traicionado. Yo no lo he traicionado nunca. El espacio nuestros cuerpos ilumina, canta La Máquina de hacer pájaros. El amor, el mar y el arte son tal vez lo mismo. Nacieron en un mismo momento. Presencié ese instante. Quise ser arte para ser inmensa como el mar y el amor. Sólo mirando el mar entiendo el vaivén de las cosas. Mi alma se expande y sé que amo. Sé que el amor es más grande, como el mar.
Amé en la planicie
Amé en la planicie. Amé en el descenso. Hoy no sé dónde estás. Yo misma te dije que siguieras adelante. Tal vez no sabía que me harías falta. Tal vez no entendía bien a mi alma. Hice lo que esta me dictó. Observo un inmenso azul con grandes olas. Es difícil pedirle a las olas que se lo lleven todo. Es lo que hice. Siento una gran espina en mi corazón que quiero sacar y el año que va a comenzar. Seguí lo que me dictó mi alma y ahora vas con las olas. Con las gaviotas que pasan frente a mis ojos. Te veo partir lejos. La verdad no tengo idea dónde estás. Me acribilla la idea de perderte para siempre. Tal vez debiera hacerme la idea. El mar también va a abandonarme. Igual que las certezas que creí iban conmigo. Estoy azul toda por dentro. Te extraño. Un gran sol cae sobre el agua. Le pido que me lleve con él. Le pido que me convierta en espuma. Que me lleve al nuevo año libre de pecados y nostalgias. Quiero una vida de libertad. No quiero que el mar tenga el sabor de la melancolía. Quiero recordar cómo se sentía tu piel y tu mirada y que eso me eleve por sobre el azul. Quiero saber que estás en algún lado y que también piensas en mí. Donde sea que estés. Es tan ancho el mundo. Es tan grande la distancia. Te extraño. Te quiero. Tal vez las olas puedan entenderme y traerme tu voz. Un día, traerme tu voz. La que me deslumbra. La que quiero hacer mía. Te extraño. Te quiero.
27 de diciembre de 2023
Un año nuevo
¿De qué se trata un año nuevo? Este año encontraré el amor. Tal vez lo busco sin darme cuenta. Quiero saber lo que es el amor, como canta Foreigner. Quiero que tú me lo muestres, dicen, quiero sentir lo que es el amor, sé que tú puedes mostrármelo. Me gusta la idea de que el amor signifique algo distinto cada vez. Que el amor sea algo desafiante. Una casa. Que el amor sea una inspiración incendiaria para escribir. Alguien con quien compartir lo que me abrasa las entrañas. Esas ideas que vuelan dentro de mi cerebro y aterrizan a una hoja. Una minúscula hoja de papel que significa todo. Quiero que la literatura y el amor sean amigos y no se excluyan. Quiero que los libros que imaginé se materialicen. Quiero que el amor que imaginé se materialice. Llevo el nuevo año bajo la piel. Me acompaña. Va tramando cosas en el vendaval solitario. Mi alma está erosionada pero siempre resiste. Siempre da la cara. Voy a crear el amor que quiero. No estaré esperando. No lo observaré con perplejidad. Destinaré cada día a crear. A ver pasar la vida para sacar algo en claro, o no. Tal vez sólo vivir. Tal vez sólo crear. Qué es vivir sin crear. Qué es crear sin saber vivir. Este año viviré sabiendo. Viviré consciente de cada día. De cada tesoro que llega a mi puerta. Saldré a buscar por las calles las buenas noticias. Siempre las hay. Saldré a buscar por la calle cada triunfo. Aunque signifique muy poco. Tal vez vea a una flor y sea una victoria. Una gloria humilde. Existir es ya bastante. Existir y escribir es lo mínimo. Tal vez quiera amar. ¿Un nuevo año y debo cambiar? ¿Debo dejar atrás definitivamente? Un año nuevo es soñar. Yo lo que siempre quiero es escribir. Espacio, tiempo, y felicidad. Un año nuevo de espacio, tiempo, y felicidad. Me gustaría sentir otro cuerpo junto al mío. Una larga conversación que me entregue nuevas sugerencias. Quiero que el año sea entretenido. Quiero reír. Ópera y música. Imágenes que me perforen, de verdad y sentido. Quiero belleza. Quiero sorprenderme de lo que existir podía ser. Quiero viajar. Quiero que tenga algún sentido estar aquí. Busco un sentido. Uno nuevo. Que tenga respuestas en sus entrañas. De fuego. Quiero pasión. Más pasión. Como si este fuera el último. ¿Qué es vivir? Tal vez aprender eso. Encontrar un sinfín de sentidos. Decir algo que valga la pena. Amar. Quiero que este año signifique algo. Quiero tu cuerpo. Tu mirada. Palabras y tu mirada. Año mío, ¿existes? Aquí estoy para encontrarte.
Familia
En qué consiste una familia. Considero familia a personas con quienes comparto lazos de parentesco y lazos de amistad. Mi mundo se mueve por estas personas que me hacen reír, que me hacen feliz. Tengo suerte porque siempre he estado acompañada de personas excepcionales. Que me tocaron y que elegí y ellxs me eligieron. Tengo una familia en Lyon, una familia en Barcelona, y una en Santiago de Chile. Me desplazo durante el año y comparto con ellas. Soy lo más afortunada que hay. Porque puedo moverme y porque me llena de dicha existir acompañada. La vida ha sido generosa conmigo. Mostrándome el valor de la familia. Esas personas que le dan sentido a mis días. Que me motivan a escribir. Escribir es tal vez querer compartir el amor que sentimos. El agradecimiento constante. Delinearlo en una hoja vacía. Me he escrito a mí misma. Línea por línea. Fui imaginando lo que era vivir. Lo que era tener una familia. Tomé lo que se me había enseñado. Lo que fue llegando y era significativo. Soñé lo siguiente: quiero estar rodeada de personas que amen. Vivo sola y nunca estoy sola. Personas se van y personas llegan. Tal vez mi sueño más grande fue estar rodeada de amor. Dar amor. Dar todo el amor disponible que tenía. Un nuevo año y sigo agradeciendo. Riendo junto a quienes aman. Tener una familia es lo más importante.
26 de diciembre de 2023
El circo homofóbico
Compartimos nuestra navidad con quienes otros grupos excluían. Desde cuándo en nuestra inmensa familia se ha dictado quién puede amar a quién. Yo no había visto algo así. Vente conmigo y dile adiós, a los abrazos que no dan calor, canta Alex Anwandter, que esto no es vida, es pedir perdón. No nos perdamos, cada unx amará a quien estime. Quien no esté de acuerdo no tiene para qué participar. Hacer familia es más que imponer fobias personales causando sufrimiento. Cada unx arreglará sus fobias. Pero todxs podremos formar parte. Todxs queremos amar. Como dice Anwandter, quiero que me quieras como soy, y ahora somos dos. Al final, nuestros actos repercuten en otrxs, que terminamos alejando, por ejemplo a nuestrxs hijxs. Esos no son los valores que nos enseñaron. Ni los que vamos a enseñar. Ahora somos dos. Seremos todxs los que haga falta. Hacer familia es amar.
Tienen miedo
Dicen, cuando se van contra Depardieu es el arte el que están atacando. Qué le pasa a esta gente. Tu carrera vale callampa si está construida sobre miles de personas. Privarnos de él no es un drama ni un fracaso, es más bien un gran alivio. La muerte de nuestra alma, dijeron. Qué. Lo que quisiera es que en nuestra alma no hubiese lugar a violaciones. Lo alegre es pensar en todas esas miles de personas que deben haberse negado a firmar esa carta infame. Entonces vienen a recordarnos con su carta siniestra todo el bien que este hombre nos ha hecho. Yo más bien recuerdo a todas las mujeres que lo han denunciado que a sus roles. Oye si se puede ser actor y no violar. Se puede perfectamente. No hay inconveniente alguno. ¿Esta gente tiene miedo o qué? No se explica. O no tienen miedo justamente. Porque la justicia. La justicia. A veces no se parece nada a la justicia. Uno por ciento de las violaciones denunciadas terminan en condena en este país. Por qué temer. Mejor firmar cartas. Qué es el arte. Destruir no es, eso seguro. Impunidad tampoco. No se trata de elegir. Se pueden tener los derechos humanos y el arte. Adiós a las violaciones: se acabó. Depardieu y sus amigxs: chao. A ver si la justicia hace bien su trabajo por una vez. Justicia y reparación. Adiós a quienes agreden sexualmente y violan. Au revoir.
24 de diciembre de 2023
El amor es una fiebre
Tu existencia es fiebre. Tu existencia es culpa. Es un volcán. Tu pasadizo es misterio. Tu estadía es tinieblas. Volví. Llegué. A la hora acordada. Miré el reloj. Estaba puntual para la cita. Una cita con las debacles. Llegas tarde, le dije. Los sucesos ya se han desencadenado. No pude detenerlos. Llegas tarde. No puedo esperarte. Tengo que irme. El amor es una fiebre. Por donde pasé estaba tu rostro. Me detuve en cada esquina para descansar. Sin darme cuenta había caminado todo el día. Llegó el momento. Pero luego no sabía a qué había venido. Sé que vine para algo. Sé que tenía que interrogar a tu mirada. Cuando la vi no supe lo que esta quería decir. Sólo vi un cielo azul cubierto de nubes. Una fiebre. Unos signos indescifrables. Jeroglíficos que indicaban múltiples huidas. No quiero esto para mí, me dije. No quiero huir. Quiero que el amor sea una fiebre. Una fiebre de verdad. Pero llegas tarde. Pero cantas en la tonalidad incorrecta. Habría querido tu fiebre. Ahora quiero huir. Escapar de los sucesos. De tus signos indescifrables. Recorrí el camino de vuelta y guardé tu rostro de cada esquina en el bolsillo. Una vez en el risco los lancé al vacío. Así no volverá, me dije. Lo que quiero es huir. Escapar de la hora incorrecta. Olvidar la fiebre. Encontrar el camino a casa. Redactar las montañas rusas que esperan. Las fiebres que acechan. Nunca pensé que perderse en una mirada fuera tan definitivo.
El amor a medias
El amor lo merece todo y a veces no le damos nada. Lo dejamos a su suerte. Creemos hacerlo bien, y no. Las canciones sin terminar nos pasan la cuenta. Nos tocan la puerta. Nos dejan paquetes en la entrada y no sabemos qué hacer con ellos. Ahí nos quedamos, mirando al vacío. Rogando por respuestas. No quiero que nada sea perfecto. Quiero que todo tenga fallas. Que todo sea vulnerabilidad. Que todo sea temor al fracaso. Que todo sea dudas. Fragilidad e incertidumbre. Quiero entregarme entera y que no duela tanto. Mirar de reojo. De manera oblicua darlo todo. Quiero amarte y que no duela. De manera directa darlo todo. Decirlo en voz alta. Que no duela. Que todos sepan que en mi balcón hay una flor que he querido regar y no se abre. Que atesoro el destino del viento. Es cruel el paso de la creatividad. Me deja luego vacía y a la deriva. El amor a medias nunca lo pedí. No llamé yo a ese número. Se me interpeló en aquella calle con grandes faroles. Yo me entrego entera. Yo no me entrego entera. Yo a veces no sé en qué consiste este pasatiempo. Sé que quiero escribir. ¿Me refugio en las palabras porque no sé cómo hay que amar? Siempre me refugio en las palabras. A veces sé cómo amar. A veces siento que el camino recorrido es como un atardecer nublado. No ha servido de nada. En cuanto a aprendizajes. Dónde empecé. Hacia dónde me dirijo. Hay flores, no sé en qué momento salieron y veo que van a marchitarse. Tal vez no alcanzamos a saborear lo que había porque no lo había. Las flores bajo la piel. Esperando salir por los poros y evaporarse. Yo nunca quise un amor a medias. Yo conocí, tal vez, otra cosa. Ya no sé lo que era el amor entero. Yo conocí, tal vez, el amor entero. Yo conocí. Bajo grandes faroles. Más tarde, en un atardecer incierto. Yo perdí. Soplaba la brisa y perdí. Tuve miedo, y perdí. En el camino, una parte de mi amor nunca fue mía. No quise esperar, mi alma es sensible y se resiente. Nunca me gustó esperar. El amor a medias no me conquistó porque me gustaba el color de todos los pétalos. Aprendí, aprendí. Dejé de esperar. Perdí. Decidí que tenía que perder. Ganar. Perder y ganar. Qué era amar entero. Qué era amar. Qué era. Qué es lo que fue.
23 de diciembre de 2023
Un nuevo año
¿Dejamos de perder? ¿En este nuevo año, dejamos de perder? Pareciera que siempre perdemos lxs mismxs. El juego siempre nos escoge. ¿Quiénes crean las reglas? ¿Quiénes mantienen las reglas? Es un juego cruel y a veces sin salida. Un juego mortal y siniestro. Un juego frío y calculador. Que nos atrapa. La voluntad sombría es cobarde. Tiene miedo. Persigue nuestros pasos. Nos aniquila. Creen en un mundo muy raro. Un mundo sin alma y sin consecuencias. ¿Nos liberamos ya este año? ¿Trascendemos? El mundo no puede ser destruir. No nos representan. No nos representan para nada. Nos traicionan sin detenerse. Nos humillan como si diera lo mismo. No vinimos para esto. Vinimos para crear puentes. Puentes entre las cosas. Puentes entre las personas. Para crear amor. Para imaginar lo imposible. Para agradecer. La vida. Este tiene que ser el año de la vida. Tenemos que ver la dimensión de la muerte. De la muerte que causamos. De la muerte que nos deshonra. Ser humano significa algo muy concreto: honrar la vida. Encontrarnos. Apoyarnos. Ayudarnos. Ser humano es solidaridad. Es saber que nada nos pertenece. Sobre todo no la vida de los demás. El hambre y las persecuciones. Lo sentimos todxs. En qué momento olvidamos lo que era ser humano. Tendremos que comparecer. Ahí, en la soledad, tendremos que comparecer. En la absoluta soledad, tendremos que comparecer.
22 de diciembre de 2023
El amor es una mentira
El amor es una serie de equivocaciones. Una serie de mentiras sin destino. Una lista incompleta de deseos. Cómo dejarlo a un lado del camino. Cómo pasar rápido a su lado sin mirarlo. Es un conjunto de montañas rusas que te ahogan. Una avalancha de nieve que esconde el sol. Una droga inútil con un descenso siniestro. Oxígeno que satura tus pulmones donde ya no había más espacio. No lo llamas mentira porque tienes miedo. Le das una forma misteriosa y trágica. No hay acto más difícil que llamar a ese amor por su nombre: una mentira. No hay acto más difícil que decirle que te deje respirar. Que conociste el oxígeno. Que quieres volver a encontrarlo. Que el solsticio tiene que significar algo en la ruptura de esa órbita. El sol que avanza tiene que iluminar nuevos confines. Se acaba el año. Tal vez deban acabarse también las mentiras. Tal vez deba haber amor. Uno que no sea una mentira. Uno que conozca el sol y pueda seguir una órbita. Un amor con miedo y sin mentiras. Se acaba el año y el amor está a la vuelta de la esquina. Orbitando. Bajo el sol incandescente. Voy a escribirlo. Voy a escribirlo todo. Amaré la órbita, lo juro. Bajo el sol, amaré. Será dulce, dulce. Será amor.
Humillar
Tener el poder significa a veces poder decir cualquier barbaridad. Humillar. Violentar. Poder tomar decisiones que humillan. Decisiones racistas y patriarcales. Qué hemos hecho para merecer esto. ¿Tenemos que hacernos cargo de los traumas e inseguridades de los demás si no estamos haciendo daño? En qué momento vivir se convirtió en aplastar al otro. ¿Pasó algo determinado? ¿Tenían miedo? Una tregua. Pero no venimos a pedir, venimos a exigir. Tener el poder no significa cualquier cosa. Las leyes a veces son armas letales. Como misiles. Como la falta de justicia que humilla. Tal vez hay personas racistas, pero no puede ser eso lo que determine nuestras leyes. No es lo que hemos construido. Nos hemos propuesto otras cosas. Que exista impunidad no significa que hay que refregarla en la cara. Las heridas generan odio. El odio puede generar violencia. Se puede humillar solo un rato. Luego ya no. Porque hay respuestas. Porque está la justicia, que a veces tarda, pero llega. ¿No pudimos tener sueños? ¿No pudimos desear una vida libre de violencia? Siempre pensé que mi miedo a la tortura era universal. Luego noté que no. No todxs hemos vivido lo mismo. ¿Y qué importa eso? ¿Eso nos da algún tipo de poder sobre los demás? ¿Eso nos pone en situación de humillar a otrxs? No vine a un mundo así. Que no avanza. Que retrocede. El poder en manos de personas abyectas lo desencaja todo. El cuerpo y el país son nuestros. Seguiremos llegando. Para hacer los trabajos que ustedes no quieren hacer. Que ustedes pagan mal. Para ser víctimas de humillación. Pero así y todo estamos aquí. Resistimos. Seguiremos resistiendo. Te recordaremos una y otra vez tu miedo. El mundo es diverso. Y nuestros cuerpos son nuestros. Los machitos y racistas a la heladera.
Traición
Ser mujer e inmigrante es ser traicionada casi todas las veces. El poder protegiendo a los poderosos. El racismo decidiendo contra los que no tienen el poder. El presidente defendiendo a un abusador. El congreso dictando leyes que hacen añicos los derechos humanos que van alcanzándose con gran esfuerzo. Escapas de la violencia, la precariedad, y te llega más fuerte, más fuerte. Sueñas con una vida mejor y tu sueño no tiene cabida alguna en el mundo. Muere, te dicen, muere. Acábate, arrodíllate, pide perdón, besa nuestros pies, somos los que vamos a organizarlo todo y vamos a someterte. No dejaremos de someterte. Cállate y soporta. Sopórtalo todo. Porque todo es nuestro. No lo es. Nuestra es la dignidad y la lucha. Nuestros son los derechos. Nuestra ética está intacta. Nuestra autoestima. Nuestra felicidad. No han ganado y no van a ganar. Quieren pelear. Podemos hacerlo. Hemos aprendido. Nos ha hecho falta. Quieren nuestro trabajo, tendrán también nuestra voz. Tendrán también nuestra acción. ¿No tienen miedo? Tal vez debieran tenerlo. La solidaridad y la sororidad han llegado mucho más lejos de lo que esperaban. Sigue avanzando. Siempre avanzando. ¿Tuvieron miedo? ¿Reaccionaron? Las cosas que hacen y hacemos toman forma. Tienen consecuencias. ¿Quieren seguir en un mundo desigual? Tengan miedo entonces. La solidaridad y la sororidad son invencibles. Si hay que pelear podemos hacerlo. Con nuestros métodos, que no son abyectos como los de los poderosos. Si hay que pelear podemos hacerlo. Resistir es lo que mejor hemos aprendido.
20 de diciembre de 2023
Se acaban las coartadas
Cuando se acaban las coartadas queda el descampado. La lluvia. Los rayos del sol que penetran más adentro en la piel. Agujeros en el aire denso. En la selva atiborrada de caimanes. Tomé la balsa río abajo. Recibí todas las flechas que me lanzaron. Cuando quería seguir incólume no era posible. Supe que todo sería cuesta abajo. Desde el primer momento lo supe. Pero todo se confabuló para hilar los trajes y entrar al salón. Redacté todos los libros que me fue posible. Anoté en el aire reglas secretas que me prometí cumplir y que luego iba repasando. Parecía una procesión de rodillas rodeada de misterio. Quise quedarme al margen pero la montaña rusa me clavó un último puñal. Caí rendida a los pies de la imagen que causaba destellos. ¡De qué estás compuesta! le grité. ¡De qué se trata este baile en la oscuridad! ¡En qué consiste esta danza de máscaras! Que se me autorice a proseguir, rogué. He venido de tan lejos. Entendía tanto. Luego nada. Estaba ilesa y las heridas parecían una entelequia. La poesía desvela. La poesía revive. Las coartadas tienen una doble cara y a veces desaparecen. El parque al atardecer brilla y revive. ¿Llamé yo a toda la simbología que se me cruzaba? ¿Busqué yo un paraíso encapsulado? Se abren los caminos y quedan las grietas, que van haciéndose grandes. Crear se ve ridículo al lado del fenómeno. Tiene que haber un malentendido. Yo no llamé a nadie. Yo no desplegué ninguna fuerza oculta. Yo quería que el día tuviera la consistencia del oasis. Yo quería que la vida me acompañara a mirarla de frente y darle el crédito de lo sucedido. Yo buscaba respuestas y ahora suspendida en el aire soy las nubes que planean para disolverse. He renunciado a toda certeza. El camino me apuñala. Yo lo tomé. Lo sé. Tal vez pinté las coartadas sin darme cuenta. No he aprendido a vivir en absoluto. No tengo respuesta alguna y el descampado me bifurca. Ordeno mis pedazos para crear cabañas a la intemperie. Las grandes olas del océano se mofan de mi afán de caballero andante. No he querido que los molinos me destrocen pero sí he dejado mi pelo al viento. La veleta marca el norte. Por momentos inconfundibles. La selva es una maldición. No me voy a bajar de la balsa. No lo haré. Que me alcancen las flechas si quieren. No les tengo miedo. O no tanto. Un poco. Tiemblo de miedo ante la avalancha. Suspendamos la función. Cuando me saque las flechas te digo dónde quedó mi alma. Fue a pasear al parque y luego la vuelta a casa era confusa. Se perdió en el camino. Miraba las estrellas, las estrellas, las estrellas.
La absurda puesta en escena
La vida es una absurda puesta en escena cuando lo que en realidad queremos es amar y que nos amen. Tiramos por la borda a veces la posibilidad de ser verdaderos con nosotros mismos. Con los demás. Decir: tengo miedo. Tengo dudas. Aceptar con humildad que la vida nos enfrenta una y otra vez a situaciones que no teníamos previstas. Que nos alcanzan. Que nos desafían. Escasean las respuestas a veces. Situaciones que nos impiden tener la coherencia que nos gustaría. Horizontes que enredan todo el orden que habíamos construido. Los asuntos humanos son mágicos y absurdos. Amorosos y perjudiciales. En la debacle el arte nos salva. A veces pone en su lugar lo desencajado. Tal vez el arte es la sensatez con límites. Lo cierto con una dosis de lo imposible. Dinamitar las estructuras que nos aprisionan. La ficción es una salida al laberinto. La composición la entrega de lo que quema para incendiar lo que está afuera y transformarlo. Nos llenan de leyes absurdas. Nos alivianan con leyes que aportan. Para crear necesitamos espacios. Contextos. Libertades. Tierras. Símbolos y señas. Lo intangible. Y lo concreto. Amor y más que amor. Un amor que signifique algo. Que nos deje algo. Que no parezca un carnaval vacío. Como las puestas en escena. En ese gran escenario gritamos nuestro nombre. Despacito y más fuerte. No tenemos idea si alguien escucha. Pero sabemos que queremos amar y ser amados. Queremos que todo nos pertenezca. Aunque sabemos que todo es una entelequia. Queremos vencer a toda costa. Aunque sabemos que todo es un embuste. Menos nuestra necesidad de amar y ser amados. Nuestra necesidad de seguridad e integridad. Nuestra necesidad de un nombre que signifique algo. De redactar libros que resistan lo superficial y ominoso. La puesta en escena tiene límites. Lo verificamos una y otra vez. Y seguimos pensando que es importante. Cuando en realidad estamos muertos de miedo y eso no lo alivia en lo más mínimo. No sé si hay diferencias insalvables. Sí sé que amar y ser amado debiera ser el horizonte.
19 de diciembre de 2023
Jugar a vivir
Vivir es un juego mortalmente serio. Un juego arriesgadísimo. Que te persigue los talones sin tregua. Una extraña mezcla de pasividad y actividad. A las mujeres se nos ha impreso la pasividad. La falta de iniciativa. La espera. Lo más difícil de vivir es seguir las instrucciones. Aceptar la pasividad como algo que nos constituye. Lo más ridículo de vivir es que nos den instrucciones. Siempre me ha parecido fascinante la actividad. La penetración. La certeza. El impulso. Pero la existencia se encarga de exhibirnos que la pasividad no tiene que ver con el género. Todos estamos sometidos a la incertidumbre del juego de vivir. El que termina invariablemente con nuestra desaparición. Pero antes de eso: qué. Qué hubo. Qué hicimos. Qué hacemos. Qué estamos haciendo. Barbaridades, siempre barbaridades. El ser humano tiene grandes problemas y grandes aspiraciones. Destruye y crea. Está tan perdido que aúlla. A la luna solitaria. Los leones a la orilla del camino. Viendo pasar a los transeúntes hambrientos. Viendo pasar lo evitable presentado como inevitable. Qué es la paciencia. Qué es la aceptación. Qué es el deseo. Qué es la incertidumbre. A veces todo se fusiona y se vuelve torbellino. Qué es la actividad. Cuánto tiempo esperamos. La vida es el arte de actuar y esperar. Saber cuándo plegarse a uno u otro. Saber cuándo es un juego y cuándo no. Nos imponen el juego de vivir y tal vez queríamos otra cosa. Tal vez estamos agotados de jugar. Sólo queremos estar en una habitación y observar las líneas del techo. Sentarnos en un parque y ver pasar la vida. De a poco. Un poco de la vida. Que se va. No quiero que te vayas. Quiero quedarme en ese parque. Saber que tus palabras significan algo. O nada. Quiero saber. Nunca aprendí el arte de la pasividad. El tiempo me lo impuso con constantes obstáculos. También me enseñó el verdadero arte de la actividad. Aquel que me estaba vedado. Pero los límites artificiosos muestran su verdadera cara tarde o temprano. Hay límites, eso está claro. Pero a veces estamos confundidos en cuanto a cuáles debemos seguir y cuáles no. Lo más interesante del tiempo es aprender los límites y su ausencia. Nací en el parque jugando a vivir y todo se ha vuelto mortalmente serio. Sigo riendo y jugando. Tal vez estoy equivocada. Tu mirada me ha dado señales. O quizá lo ha destruido todo. Todas esas certezas que deposité al lado del camino con los leones. La actividad es inevitable.
La trama de la vida
La trama de la vida me persigue y yo inerme. Mi historia se construye de trazos que no me pertenecen. De decisiones que me caen encima. Se acaba el año y qué me queda. Libros que escribí y ya dejé partir. Viento que me despeina y lo veo alejarse. Un nuevo año para fundirme con el paisaje. Quisiera tal vez que no me persigan las decisiones ajenas. Quisiera que estés tal vez un poco más en mi tiempo. Todo lo que he poseído no ha sido mío en realidad. Tuve una apariencia de propiedad que tal vez me llevó por nuevos laberintos. Tal vez fue un señuelo que me dejó atada a libros sin sentido, o quizá el mayor sentido se manifestó en esos libros, portadores de frases a la deriva pero convencidas. Quizá vivir es imprimirle sentido a algo en un momento determinado. Dar todo de sí cuando alguna certeza golpea la puerta. Mantenerse firme ante la ventisca. Pedir perdón por todas esas veces que salimos por la ventana porque tenemos miedo. A veces tengo miedo. De no dar con la expresión correcta. De fracasar en mis convicciones. De no estar a la altura de los desafíos que yo misma me he fijado. No quiero salidas fáciles. Inventos mediocres. Complacencia barata. Quiero vencer a mis propios fantasmas. Dar la cara. Quizá vivir es entregarle sentido a dar la cara. Olvidar los simulacros. Las triquiñuelas pesadas en el fondo de apariencia liviana. No quiero perder mi tiempo. No voy a desfigurar mi tiempo para que se amolde a las circunstancias. Sé a lo que vine. Los nuevos desafíos me dejan inerme, es cierto. Pero les planto cara. Les propongo nuevas salidas, por la puerta delantera. Con la frente en alto. Amo lo que se me ha entregado. Amo a quien me ha entregado su vulnerabilidad. Las dudas nos constituyen sin gobernarnos. Vivir es tener miedo pero amar.
13 de diciembre de 2023
La misma maldita historia
Me subí al avión y puse una película. Comenzaba así, Jean Dujardin sentado en la ladera de una montaña anotaba en un cuaderno las palabras de Sylvain Tesson de Sur les chemins noirs, pensando en voz alta: Certains hommes espéraient entrer dans l'Histoire, nous étions quelques-uns à préférer disparaître dans la géographie. Algunas personas esperaban hacer historia, algunos pocos preferíamos desaparecer en la geografía. Puse pausa y me quedé observando la pantalla. Hace unos meses uno de los libros que escribí comenzaba así: Hay gente que quiere sobresalir, Jean, y yo lo que quiero es fundirme con el paisaje. Qué es esto, me dije. Estamos todos escribiendo la misma maldita historia. Fui a visitar a una amiga que no veía hace tiempo, y comenzó a contarme una historia que era absurdamente parecida a la mía sin saberlo. Qué es esto, me dije. La coincidencia imposible. Estamos todos contando la misma maldita historia. ¿Somos todos lo mismo? Dónde está mi historia y dónde comienza la de los demás. ¿Es la misma? ¿Pensamos lo mismo? ¿Vivimos lo mismo con distintos matices? Variaciones de un idéntico relato al descampado. Necesidades idénticas. Sueños homólogos. Geometría exacta. Lo que está en mí está en los demás. La geografía y el paisaje. Dónde termina la historia de los demás y dónde comienza la mía. ¿Y si la continuación de mi propia historia se vuelve idéntica a la que me contó mi amiga sin saber que estaba insinuando mi propio futuro? En qué medida podemos saber lo que viene después. ¿Es necesario saber lo que queremos que venga después? Mi cuerpo es presente y quiere expresarse. Encontrarse con una historia idéntica en el avión. Con una historia idéntica bajo el sol. Presente absoluto que se funde con el de los demás. La misma maldita historia. Seriamente abordar la vida. Entender algo. Encontrarle sentido a las cosas. Desear. Desear.
8 de diciembre de 2023
Tres tipos de hombres
Los que tienen el poder, aunque sea por poco tiempo, no saben nada de literatura, sólo les interesa el poder, dijo Roberto Bolaño, y yo puedo ser el payaso de mis lectores, si me da la real gana, pero nunca de los poderosos. Si veo que hay igualdad en una relación o interacción, puedo hacer cualquier cosa y mostrarme frágil. Pero si percibo que está desbalanceada, cierro filas. Existen relaciones de igualdad, con personas empáticas y sinceras, si miramos el cuadro general. Existen otros que son manipuladores y están en otro grupo, con esos jamás hay que dar el brazo a torcer. Ni hablar de los abusadores, que cometen delitos, eso es una categoría realmente al otro lado, y a esos hay que combatirlos. Recapitulemos entonces, los sensibles, los manipuladores y los abusadores. Las clasificaciones suelen ser muy torpes. Pero pueden servirnos internamente para poner atención. A mí me interesan los del primer grupo. Exclusivamente los del primer grupo. No en vano he llegado al grupo de 43 años. Tal vez estar en ese grupo permite ver con más claridad a través de las apariencias, o con más rapidez. Hay huesos duros de roer sin embargo. Siempre hay que estar atento. El tiempo es implacable no obstante. La verdadera cara termina por mostrarse. La experiencia es como una música celestial. El feminismo es la panacea. Esperar sin esperar en los tiempos feministas es un gran pasatiempo. El amor significa tantas cosas. Tan profundas. Tal vez lo peor del mundo de antes era la superficialidad. Querer amar hoy para mí tiene un significado muy preciso. Instalado en lo inexplorado. Tengo la dicha de la sorpresa y de la noción de un cierto tiempo disponible. Cada intersticio está relleno de profundidad. De grandes océanos. La felicidad está compuesta de amor y feminismo. Quien diga que los tiempos eran mejores antes miente. Quien diga que es mejor tener veinte años miente. Este es el tiempo. Seguimos desarmando. Amamos igual y de otra manera. Que no es lo mismo pero es igual, como la canción de Silvio Rodríguez. El gato por liebre ha disminuido mucho sus posibilidades. El amor ha comenzado a tener significados mucho más precisos. Lejano de instituciones inconducentes además. Lo que me interesa a mí es escribir. Escribir sobre el amor. Y de otras cosas. Vivir el amor. Y no otras cosas. Los sensibles o nada. Vine a escribir, y siempre, siempre, vivir. La felicidad está compuesta de literatura, amor y feminismo. Siempre, siempre, vivir.
7 de diciembre de 2023
Creemos a los leones
Mi pequeña ahijada Agustina me había dicho que la ciudad se llamaba Lyon, pero no hay leones, me hizo ver el gran error cometido, se equivocaron de nombre, me dijo. Tienes toda la razón, Agustina. Noches en vela pensando en esto, intentando resolver este problema. La ciudad se llama Lyon y no hay leones. A quién se le ocurre nombrar Lyon a una ciudad en la que no hay leones. ¿Y ahora qué? La inquietud de Agustina era atendible. Y yo haciendo malabarismos. Horas de reflexión. Convicción profunda. Tienen que haber leones. Por alguna parte. Se escondieron. Tienen miedo. No existen. Vuelan. Se estacionan. Reptan. Se escabullen. Atacan. Rezan. Leen. Di con una solución. Llamé a Consuelo, mi amiga creadora de criaturas. Consuelo, le dije, la ciudad se llama Lyon, pero no hay leones. Se equivocaron de nombre. Necesito que crees un león, es urgente. No puedo llegar con las manos vacías. No hay leones, pero yo necesito uno. De acuerdo, dijo Consuelo. Con una habilidad fantástica, creó un león y le puso Roberto. Me lo envió por encomienda. Llegó Roberto junto con Ester, el ciervo, para Margarita, mi sobrina. Tomé el avión muy lejos junto con Roberto y Ester y llegué a destino. Agustina, le dije, sí hay leones. Tuve que pedirle a Consuelo que creara uno. Especial para ti. Agustina observaba. Le extendí a Roberto. Agustina tomó pétalos de flores y le creó una cama. El único león de Lyon ya no estaba en Lyon. Ahora estaba en las manos de Agustina. Gracias, me dijo, con una gran sonrisa. Lo que viene ahora es crear a Frankenstein. ¿Por qué no? ¿Queremos leones? Agustina, ¿quieres a Frankenstein? le pregunté. ¿A Frankenstein? me respondió. Quiero mi león, dijo. Yo voy por Frankenstein, le dije. Para qué queremos leones si podemos tener a monstruos que se destruyen solos. Consuelo, necesito a Frankenstein. ¿Ahora? Ahora. Te mando la dirección. Es lejos. Cómo se va a llamar. Cambiémosle el nombre. Se equivocaron de nombre. Frankenstein y el león. Agustina, ¿leíste Frankenstein y el león? Pero si todavía no lo escribes. Frankenstein no ha llegado. Cuándo llega. Cansada de crear leones. Léon de Lyon perdido y yo creando a Frankenstein. Agustina, los cuentos se agolpan en tu cama de pétalos de rosa. Que vuelen los cuentos, tal vez no sea necesario crear a los leones. Quizá estábamos finalmente equivocados, Agustina, ¿importa? No hay leones.
La medida del amor
La idea de tener una pareja ha perdido toda importancia. A veces lo pienso, es cierto. Pero luego la lista de proyectos que anoté que me interesa desarrollar este año pareciera que rellenaron la totalidad de mi corazón y cerebro. Cuando iba a anotar lo otro ya no había espacio. Observé la hoja llena y la falta de un renglón al final disponible. Me causó gracia. Tomé otra hoja y anoté: el proyecto de pareja es tan aburrido y sumiso al lado de mis otros proyectos que se desvanece en el jardín de flores. Me quedé observando las flores en la luz de la mañana de verano que amo. Con un café en la mano. Definitivamente hay belleza, me dije. Cantaban miles de pájaros. A veces la vida se parece a una escena cándida de una película. Con flores y cantos de pájaros en la mañana asoleada. Finalmente no sé si vine a otra cosa a la existencia. Espero sin esperar que alguien me haga cambiar de opinión. Explorar la cotidianeidad con alguien que despierte en mí el deseo tal vez haga plegarse a la literatura a rincones inexplorados. Eso siempre viene bien. Lo inexplorado. La igualdad me llama como una música celestial. Quizá alguien quiera saber qué es el amor en la misma medida que yo. Tal vez la experiencia ha logrado que lleve conmigo una larga lista de requisitos exhaustivos que aniquilan el deseo incipiente. Los pretendientes se quedan todos enredados en redes. Parece la cenicienta y el zapato. A nadie le queda aunque lo han intentado. Hay algo jovial en la procesión cuando se está pensando en proyectos y no en relaciones. La belleza tiene tantas caras. Tantas caras ocultas. El zapato es tan bello. Lo he construido desarmando. La vida me comparte secretos que no conocía. La medida del amor es ese jardín asoleado y su mañana con flores. Espero sin esperar y los versos tienen la consistencia del sol que me desarma para entregar todo lo que mi corazón ha amasado por años. El tiempo es el mejor amigo del arte. El tiempo y el arte es la medida del amor. Yo quiero un amor que sea arte. El tiempo me ha dado expectativas de belleza. El conocimiento de la belleza. Si encuentro el amor será belleza. El tiempo que me queda será para lo inexplorado. No para cualquier cosa. El tiempo es el mejor amigo del arte.
6 de diciembre de 2023
Juguemos a leer
No estoy acostumbrada a tratar con niños. Luego de jugar con Agustina y Margarita, mi ahijada y mi sobrina, les propuse una idea excelente: juguemos a leer. Primero le propuse a Margarita y no me fue bien. Luego le propuse a Agustina. Agustina, le dije, tengo una idea muy buena, yo me siento aquí, y tú aquí al lado mío, y leemos. ¿Qué te parece? Agustina trajo un libro de cuentos y aceptó. El juego duró el rato que duró el libro de cuentos. Yo leía la vida de Britney Spears. Cuando Agustina terminó su libro de cuentos sobre una familia ardilla, quería jugar luego a otra cosa. Pero la vida de Britney Spears no había terminado en lo que duraron las aventuras de la familia ardilla. Le propuse a Agustina que leyera otras aventuras. Me fue mal. Ahora quiero jugar a otra cosa, dijo. Al restaurante. Buena idea, le dije, yo leo aquí, en tu restaurante, ¿sirves café? Parecía sospechosa mi propuesta. Mi interacción iba a ser baja. Tenía que llegar a la última página de la vida de Britney, y había ya jugado a tantas cosas, sentía que ya estaba lista para toda la semana. Mi modificación del juego del restaurante no le pareció. No había caso. No podría enterarme todavía cuál era la continuación de la vida de Britney. En cambio había aprendido un sinfín de juegos. Los que a mí me parecían los más entretenidos no parecían interesarles demasiado. Aceptaban a regañadientes. Mi capacidad de adaptación ha llegado a unos niveles sin precedentes. Estoy orgullosa de mí misma. Y todas las variaciones del juego de leer que se me han ocurrido. La imaginación en caso de necesidad es salvaje. Realmente wild, como Britney. Finalmente pude terminar las no tan felices aventuras de Britney. Qué buen libro. Si tan sólo pudiéramos tomar realmente nuestras propias decisiones y ser libres. Incluso en nuestros juegos. Estoy muy contenta que el juego de leer tiene su espacio en mi vida. Un gran espacio. Independiente de que lo he pasado fantástico jugando con Agustina y Margarita. Creo que las dosis pequeñas, como ellas mismas, de esos otros juegos que no son leer, son las ideales. Y ojalá nadie estuviese nunca bajo tutela, como Britney. Que no se juegue más a que los adultos tomen decisiones que parecen juegos. Es lo más serio que hay, las decisiones. Cada uno jugará a lo que tenga ganas, ¿qué les parece, Agustina y Margarita? Que la imaginación sea wild. Yo sé hablar inglés, dijo Margarita, sé decir yellow y blue. Margarita, saber dos palabras no es hablar ese idioma, dijo Agustina. Es cierto, le dije. Imaginemos las otras palabras.
Lo que más me gusta es meterme en problemas
Estaba con Agustina y Margarita, mi pequeña ahijada y mi pequeña sobrina. Dos seres humanos muy divertidos. Soñé que tenía un pololo, les conté. En Chile, pololo significa dos cosas: un novio o un insecto que se adhiere a la ropa. Cuál de los dos, preguntaron. El insecto, contesté, por supuesto. La pequeña Margarita quiso saber entonces si yo tenía novio. No, le dije. Entonces la pequeña Agustina, que tiene unos años más, dijo, Cuqui, yo creo que ya estás en edad de tener novio. ¿Cuántos años tienes? Estás en edad de casarte ya, de hecho, dijo. Cierto, Agustina, le dije, en efecto me casé dos veces ya. Me miró sorprendida. ¿Y tú mamá, sabe?, me preguntó susurrando y abriendo los ojos, con la mano junto a la boca como haciendo una barrera para que nadie más pudiera escuchar su pregunta. No sé, le dije, preguntémosle si sabe. Fuimos a preguntarle. Mi mamá sabía. Fuimos más tarde a pasear caminando a la librería, mi paseo favorito, y luego querían correr por todos lados. Mi mamá las autorizó a comprar dos libros cada una. En la heladería, Agustina le comentó al señor de la mesa contigua que ella había comprado dos libros, pero que su madrina Cuqui había comprado como treinta mil, que parecía haberse vuelto loca. El vecino observaba. Yo le expliqué a Agustina que la regla de dos libros no se aplicaba para mí, porque yo vivía en un lugar donde se habla otro idioma entonces era importante conseguir libros en mi idioma natal. No se veía convencida con esta diferencia de criterios. Mi mamá le explicó, lo que pasa, Agustina, es que cuando uno es escritora tiene que leer muchos libros, por eso. Agustina luego preguntó si podía ir a explorar, porque la aventura era lo que más le gustaba, y dijo exactamente lo siguiente: a mí lo que más me gusta es meterme en problemas. Partió luego a correr por ahí, con Margarita, mientras mi mamá y yo terminábamos nuestro helado con café. Café-helado le llaman aquí, es fantástico. Vaya, me dijo mi mamá, Agustina es como su madrina. Para qué hacerlo fácil si difícil también resulta. Agustina es de las nuestras: una aventurera. No tuve oportunidad de indagar a qué se refiere exactamente con meterse en problemas, pero ya habrá ocasión. No daré ninguna idea, lo juro. Que cada uno invente su aventura.
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