31 de octubre de 2024

Alchimie

Cuando unx está enamoradx lo que quiere es escribir discursos de amor, que produzcan la alquimia. Que vayan transformando todo en oro, o en piedras preciosas, o en minerales impresionantes. Es un deseo. Crear una atmósfera, como una canción de Bon Iver. Como una canción de Depeche Mode. Como una canción de Bob Dylan. Crear frases que sean amplias como los paisajes de Islandia, como los videos de Björk. Donde el corazón puede estar a sus anchas y encontrar su lugar. Escribir es también agradecer. La predilección para unx escritorx es escribir cartas de amor. Transformar es el deseo último. Transformar es un texto de goce, como diría Barthes. Placer del texto, escribe Roland Barthes, cultura, inteligencia, ironía, delicadeza, euforia, maestría, seguridad: arte de vivir. Los textos de goce están fuera de toda finalidad imaginable, incluso la finalidad del placer, escribe Barthes, ninguna justificación es posible, nada se reconstituye ni se recupera, el texto de goce es absolutamente intransitivo. Sin embargo la perversión no es suficiente para definir al goce, escribe Barthes, es su extremo quien puede hacerlo: extremo siempre desplazado, vacío, móvil, imprevisible, este extremo garantiza el goce: una perversión a medias se embrolla rápidamente en un juego de finalidades subalternas: prestigio, ostentación, rivalidad, discurso, necesidad de mostrarse, etcétera. Una carta de amor tiene una finalidad humilde, y grandiosa. Es una reverencia y un proceso de alquimia. Los procesos de crear cosas se parecen mucho entre ellos. Intentan llegar a extremos desplazados, vacíos, móviles, imprevisibles. Escribir cartas de amor consiste en describir el anhelo de la fusión con el otrx. El afán de emular a la música. Tal vez sólo cuando amamos obtenemos certezas: quiero estar con él. Pero al mismo tiempo se abre el abismo de la claridad de la incertidumbre. Ese vértigo del risco impreciso. Cuánto sé yo de esta persona, y la sensación de ya saberlo todo. Es igual que observar un barco con luces de colores navegando en el río. Las personas bailando en su interior. Un bello espectáculo, pero no puedes saber exactamente qué está sucediendo en la fiesta. Es una especie de voto de confianza ciega, relleno de presente como torbellino. Lo que siempre quise fue escribir cartas de amor. Intuía que en esa ceremonia había la fantasía y la realidad. En ese ritual mágico podía vislumbrar el lado oscuro de las palabras, su doble significado, su contexto, lo que las modifica, como proceso de alquimia. Redactar versos es como cantar, algo corporal. Algo que surge del cuerpo en tensión. La tensión amorosa es un escalofrío de misterio, la ilusión de que es posible, de que ninguna cima será muy escarpada. Lo que me emociona es constatar que el anhelo de la pasión está intacto. Lo que me modifica es comprobar que el deseo del amor está inalterado. El ser humano tiene eso que es exactamente igual que un proceso de magia. Algo inexplicable que sólo puede sentirse. El cerebro a veces es muy torpe para estos asuntos. Interfiere más que ayudar. Escribir cartas de amor es la sensación absoluta. La sensación poética que transforma. El despertar poético de la consciencia para entrar por la puerta de oro al reino del presente. Es esa sensación de la integración infinita, la emoción constante. Todo el resto tiene que quedar para más adelante. Sentir como que llegamos a ese extremo desplazado, vacío, móvil, imprevisible. Escribir cartas de amor es compartir un momento con las mariposas y las estrellas. Fundirse con la luna. Es hacer de la sensación del rayo de sol un sentido. De todas maneras, quién nos dice que este no es el sentido. El sentido no es desplazado, vacío, móvil, imprevisible. El acto de amar es concreto y modifica como una música dulce. Todo proceso de transformación hacia una cima sagrada cual mineral precioso tiene como base el amor. El amor hacia unx mismx y hacia los demás seres vivos. Lo que entregamos es lo que nos transforma. Esas cartas de amor que dejamos en el alféizar de la ventana. Esperando llegar al corazón del milagro. Amar tiene una cualidad extraordinaria y es su gratuidad, el resto llega con el tiempo. Todo amor es libre e intenso. Su forma es la del paisaje más sublime. Su contenido la serie de planetas en hilera orbitando como en un cosmos secreto, indecible. Lo mejor de amar es la ficción que se crea, esa historia para guiarse y exultar. El goce es amar. 

Alquimia

El día de las brujas, es también el día de los muertos, el día de la alquimia, el día de hacernos conscientes de las transformaciones, de los cambios. Nos modificamos todo el tiempo. La regla es la impermanencia. Pero en qué nos transformamos. Ahí está la pregunta. En qué diablos nos transformamos. ¿En cuarzo, en oro, en rubí, en azufre, en obsidiana, en jade, en esmeralda, en ámbar, en diamante? No es lo mismo. Adónde nos lleva la noche de las brujas. La existencia de las brujas. Yo nací bruja, de bisabuela bruja. Tuve suerte de nacer en 1980, y vestirse de bruja puede ser un juego. Hace un par de años me vestí de una especie de reina de las nieves, me divertí en grande. Cuando era pequeña hacía la operación de ir por las casas y luego de sonar el timbre, decir: truco o trato. Creo que no tenía ningún truco en mente. Sólo quería dulces. Era una dulce niña vestida de algo relativo a las brujas, y quería que me dieran dulces. Por el contrario, no todxs pensaban igual, ni eran tan dulces, había ciertas casas que sabíamos de antemano que no recibiríamos nada, los timbres estaban destruidos, o llenos de espuma de afeitar o pasta de dientes, o había un agujero, y ya no había timbre. A ratos no parecía un juego de niñxs, si no que una obligación perentoria de tener dulces. Recuerdo que me gustaba un compañerito de la escuela que me acompañaba en esta operación, él andaba en un skate. Entramos en la casa y había una bruja de verdad, nos puso en una cacerola. Pero nosotrxs queríamos dulces. Su casa era de dulces, pero adentro, nada, sólo una cacerola con fuego. Las apariencias engañan a veces. Los convertiré en oro, dijo. ¿De qué está hablando esta señora, le dije? ¿Por qué está vestida así? A mí me parece bien, me dijo él, mejor que en cuarzo. ¿Qué?, le pregunté, ¿me estás hablando en serio? Esto no es un libro, le dije, con historias de alquimia, yo no quiero que me conviertan en nada, sólo salí a buscar dulces, además preferiría convertirme en un diamante, o en jade. ¿Puedes hipnotizar, con esos ojos de iguana que tienes?, me preguntó. Yo los veo más como de una rana, le dije. Bueno, eso da igual me dijo, ¿pero puedes hipnotizar? No da lo mismo, le dije, tal vez yo misma soy una bruja convertida en rana y puedo hacer que nos conviertan en diamante, ¿no te parece mejor? Pero oro está súper bien, me dijo. No, diamante o nada, repliqué. La bruja volvió. Nos puso en la cacerola. Qué prefieren, dijo, diamante u oro. No logramos ponernos de acuerdo. Nada, concluimos. Salimos de la cacerola. Queremos dulces, dijimos. Si no vamos a pensar en un truco, dijo él mientras me pegaba un suave codazo para que yo apoyara su plan. No tengo dulces, dijo la bruja. Nos fuimos. Hay que hacer un truco, dijo él. Qué, pregunté. Le conté la historia a las pequeñas Agustina y Margarita, escuchaban atentas. Entonces qué hicieron, preguntaron. Nada, respondí. ¿Nada?, dijo Margarita. Podrían haber convertido a la bruja en oro, propuso Agustina. Lo pensamos, afirmé, pero yo quería en diamante, tampoco pudimos ponernos de acuerdo. Qué complicados, dijo Agustina. ¿Cómo es ese proceso?, preguntó Margarita. Es un proceso de alquimia, Margarita, le dije, todo en la cacerola, y sale otra cosa. Yo quiero convertirme en bruja, dijo Agustina. Yo en princesa, dijo Margarita. De acuerdo, intentémoslo, dije. Traigan la cacerola, dije. Fueron a la cocina y volvieron. Fuimos en busca de las pociones mágicas. Las dejamos dentro de la cacerola. ¿Y ahora qué?, preguntaron. No tengo ni idea. Busquemos a la bruja esa y le preguntamos. Es todo muy confuso, dijo Agustina. ¿Dónde está esa bruja?, preguntó Margarita. Tengo una idea mejor, dije, preguntémosle a la abuela Andrea, mi madre, que hace esos ungüentos mágicos, y sabe convertir a las personas en princesas, y en brujas, si es lo que quieren. Esos ungüentos y flores que sanan. Fuimos a buscarla. Andre, dijeron -así la llaman-, queremos convertirnos en brujas y princesas. Claro, dijo, ¿tienen la cacerola? Sí, contestaron. ¿Las pociones mágicas? También, respondieron. Perfecto, dijo la terapeuta. Lo preparamos, tomamos el brebaje, y listo, señaló. De acuerdo, dijimos. Pero yo quiero convertirme en diamante, afirmé, ¿se podría? Si es lo que quieres, respondió. Sí, estoy segura, asentí. ¿Por qué no en oro?, preguntó. No sé, respondí. De acuerdo, dijo. Bueno, cuando estuvimos convertidas en bruja, princesa y diamante, salimos al tema del truco o trato. Nos abrió la puerta la misma bruja, no había envejecido ni un poco. Tal vez encontró la piedra filosofal, les comenté en voz baja a Agustina y Margarita. Qué es eso, preguntaron. Un elixir de la vida, útil para el rejuvenecimiento y, posiblemente, para lograr la inmortalidad. De acuerdo, dijeron, debe ser eso. Entonces sí sabía los procesos de la alquimia, les dije. Nos hizo pasar. Queremos dulces, dijimos, truco o trato, agregaron las pequeñas Agustina y Margarita. No tengo dulces, dijo la bruja. Pero la casa está hecha de dulces, dijo Margarita. Qué tienes, preguntó Agustina. Las puedo convertir en oro, dijo. De nuevo lo mismo, les dije en voz baja. Por qué todxs insisten en el oro. No tengo idea, nos dijo Agustina susurrando. Quiero ser una esmeralda, dijo Margarita. Oro o nada, dijo la bruja. No puede ser, le dije, pasan los años y lo mismo, tú no cambias, le dije. No hay que dar el brazo a torcer, me dijo la bruja. Firmes hacia adelante. ¿De qué está hablando? De nuestros derechos, Agustina. De acuerdo, contestó. Tenemos derecho a unos dulces, dijo Margarita. Es cierto, dijo la bruja. Todo será posible. Por mientras tengo un queque, dijo, y sacó un queque del horno. Nos sentamos a la mesa y celebramos. Por lo demás era nuestra noche: la noche de las brujas. Las estaba esperando, dijo la bruja, queda mucho trabajo por hacer, y siempre celebrar. La alquimia nos convertirá en brujas. 

30 de octubre de 2024

La sensación poética II

A veces tenemos la sensación de ordenar el caos, la sensación de que hay una línea coherente en nuestra historia. Tenemos la necesidad de una sensación poética. De versos en el recorrido. De relatos que vayan estructurando, que vayan dando consistencia a ciclos infernales que en ocasiones no poseen magia alguna. El pragmatismo tiene límites. Ordenar el caos se realiza mediante la poesía. La realidad es que los relatos tienen fugas por todos lados. Nada realmente está bien organizado. La literatura trata sobre tener fe en la posibilidad de ordenar el caos. Se trata sobre una especie de selección de palabras y eventos que nos deje respirar de la lógica desprovista de sentido. La necesidad de la poesía es como la necesidad de la magia, de lo fantástico, de las metáforas que nos entregan la posibilidad de ir por las aceras sin que el hastío o la injusticia nos destruya. Creamos historias y hacemos la revolución. Hacemos arte porque confiamos y porque aliviana, porque significa lo críptico. Con Troy creamos fugas. Creamos las salidas y las entradas de las historias, para liberarnos de los túneles, para no estar ahí aprisionadxs. Fuimos a la Rue des Fantasques. Estuve ahí hace unos años y tomé fotografías. Me pareció que era una calle fascinante. Una calle de fugas. De escaleras para llegar a algún lugar imprevisible. Observé la ciudad desde lo alto. Bajé a la ciudad y quise sentir su atmósfera. Las atmósferas son fugas. Son tramas secretas que se perfilan. El sentido es la unión de las tramas y el tránsito por las escaleras y la apropiación de los jeroglíficos en los muros. Troy entiende de estas cosas y al identificar las fugas nos llenamos de gozo. Porque la sensación poética también tiene que ver con el placer y el goce. Lisa, me dice, por esta puerta se entra a los pasadizos. Así se van creando las historias y respiramos de la lógica y la planicie. También sabemos salir cuando es necesario. Cuando los pasadizos nos llevan a impasses. En Francia en las calles sin salida se indica claramente: impasse. Antes de estar aquí lo veía como un problema con solución difícil. Imposible comprender con más claridad lo que es un impasse que cuando está anotado en un cartel: hay un muro que impide salida alguna. A veces las respuestas de las cosas son muy literales y claras. Grandes muros y señaléticas. Tal como no es posible ordenar el caos tampoco es posible salir de un impasse. La sensación poética tiene que ver con imaginar estructuras y salidas. La base de la política es la sensación poética. La posibilidad de imaginar otros mundos posibles, cuya salida y fuga es la pluralidad, base de la política, como diría Arendt. No hay goce alguno sin diversidad, así como no hay goce alguno sin historias. Si esto se sugiere como impasse estamos en ideologías que crean muros sin ser capaces de imaginar. Lo que está en cuestión es la subversión de toda ideología, escribe Roland Barthes. La sensación poética también nos da la fuga de la ideología. El estereotipo es un hecho político, la figura mayor de la ideología, escribe Barthes. La Rue des Fantasques también nos dio respuestas. Al menos nos dio fugas. Historias que podían entrar y salir de sí mismas. Nos dio identidades borrosas y la posibilidad de la creación sempiterna de ellas mismas. La literatura que no se aloja en el estereotipo nos da la posibilidad de salir de la ideología. No entendíamos los jeroglíficos del muro, no importa. La Rue de Fantasques nos guió por la extravagancia y la exaltación. Danzamos hasta llegar al parque, resistiendo a la culpabilización. Las historias nos dan seguridad cuando se parecen a nosotrxs y cuando no se parecen a nosotrxs, porque nos señalan ese fondo único que nos agrupa, junto con los seres vivos. La fuga de la ideología se realiza en conjunto con los seres vivos. Nunca implicando la destrucción de ningunx. Hay que desconfiar inmediatamente de la sugerencia de destrucción, de la posibilidad real de eliminar físicamente. El cuerpo es para amar, nunca para matar. Las historias que tienen entradas y salidas son las que están en el lado de la vida y las que reconocen que acaece la muerte y la respetan sin negarla. Las ideologías que asesinan no contienen historias posibles, mienten. La mentira está sobrevalorada y se camufla como inofensiva. Las ideologías son el refugio último de las mentiras. La distorsión de las historias verdaderas. En la Rue des Fantasques hubo un compromiso con la sensación poética. Se pronunciaron votos: por siempre la fuga y nunca la planicie. Todo se trata sobre la mágica sensación de organizar el caos, e hilvanar la fantástica línea coherente de nuestra historia.  

28 de octubre de 2024

Princesas

Las pequeñas Agustina y Margarita fueron a la tierra de Walt D. y adentro del castillo había una peluquería. Decidieron peinarse de princesas, y luego recorrer el reino. Porque a veces lo único que necesitamos es peinarnos de princesas, y seguir la aventura por la comarca. Agustina y Margarita se pusieron sus vestidos rosado y amarillo, y con decisión atravesaron los terrenos para conquistar la alegría. Porque Agustina y Margarita saben que la alegría se captura. Se conquista con pasión y por asalto, como diría Rosa Luxemburgo. Rosa más bien lo dijo en relación al deseo. Pero aquí el tema es la alegría. Los peinados de princesas y los vestidos rosado y amarillo. Entonces, las pequeñas Agustina y Margarita, con todo el pelo tomado hacia arriba en forma de castañas gigantes, salieron con paso decidido, hacia el asalto de la alegría. Estaban tan felices que no quisieron desmontar el peinado en dos semanas, aunque ya no habitaban el reino de Walt. Es difícil cambiar y dejar atrás, pero ese es otro tema. Aquí el asunto es la alegría. Rosa Luxemburgo vivía en una incesante oscilación entre la esperanza y el desánimo. Agustina y Margarita salieron en busca de la esperanza y la alegría. Recorrieron la comarca de Walt y encontraron algo: juegos. Ser niñx tiene esa gracia. Se pueden encontrar juegos y andar vestidx de princesa. El paso decidido es todo. Agustina y Margarita salieron del castillo con pasión y por asalto. Lo importante es buscar. Encontrar es secundario. ¿Qué encontraron Agustina y Margarita de paseo por el terreno de la alegría? No se hicieron tantas preguntas. Ellas querían los trajes de princesas y la sensación de ser las reinas de la comarca. Unx es un ser humano y quiere que lo quieran. Unx quiere jugar y que todo sea fantasía. Unx quiere recibir halagos por su traje y su peinado, por su búsqueda incesante, por haber encontrado la alegría. Ser niñx es fantástico, y a veces difícil, no siempre se encuentra lo que unx busca. Queda imaginar y soñar. Todas íbamos a ser reinas, escribió Gabriela Mistral, de cuatro reinos sobre el mar. Pero aquí son dos, el de Agustina y el de Margarita. Cada persona su reino, cada persona su mar. Con pasión y por asalto, lo importante es soñar (y hacer la revolución). De la alegría y el amor, y el trato: de princesas. La ternura va con la alegría, como dos princesas en el reino del juego. Lo que queremos es que nos acaricien el cabello, y nos lo peinen tomado hacia arriba en forma de castañas. Vestidos rosados y amarillos. Ser princesas (y hacer la revolución). 

3 meses [esp-fr]

Escribir y amar es el mismo gesto. La entrada en el palacio de lo desconocido. El esbozo del infinito. Amar es un recuerdo circular, como diría Barthes, la imposibilidad de vivir fuera del texto infinito. El libro hace el sentido, escribe Roland Barthes, el sentido hace la vida. Eres lo que me llega, no lo que yo llamo, como diría Barthes. El amor es como un texto, donde los bordes, la fisura, son imprevisibles, como diría Roland. Lo que atesoro del amor son las fallas, la posibilidad de ver a través de la grieta. La repetición del amor lo vuelve erótico, esa repetición excesiva me hace devenir excéntrica, me desplaza hacia ciertas regiones marginales de la música, como diría Barthes. Vivo en ciertas regiones marginales de la música desde hace tres meses. Observo a través de las fisuras y los libros que me llegan desde el faro. Ahí en lo alto van enviando señales intermitentes. Segundos de oscuridad y de luz. Lo desconocido da vértigo y embriaga. Troy es para mí la imposibilidad de vivir fuera del texto infinito, un recuerdo circular que se va adhiriendo a mi piel. Como pasear por un parque que ya conozco, pero que descubro siempre por primera vez. Recorrimos la ciudad de los grandes leones la semana anterior. Soñamos en la rue des fantasques, mientras transitábamos escaleras. Mi existencia con Troy está poblada de historias subterráneas. De cuentos fantásticos que saben abrirse camino. Tuve sueños, pero el definitivo siempre fue vivir en las historias. La poesía de Troy me sobresalta. Puebla mi asombro. Tal vez él no está consciente de las historias que lo gobiernan y que marcan su paso. Su poesía me conmueve. Amar tiene ese borde inquietante que nos despierta a la vida. 


[fr] 3 mois

Écrire et aimer, c'est le même geste. L'entrée dans le palais de l'inconnu. L'esquisse de l'infini. Aimer est un souvenir circulaire, comme dirait Barthes, l'impossibilité de vivre hors du texte infini. Le livre fait le sens, écrit Roland Barthes, le sens fait la vie. Tu es ce qui me vient, pas ce que j'appelle, comme dirait Barthes. L'amour est comme un texte, dont les bords, la fissure, sont imprévisibles, comme dirait Roland. Ce que je chéris dans l'amour, ce sont les failles, la possibilité de voir à travers la fissure. La répétition de l'amour le rend érotique, cette répétition excessive me fait devenir excentrique, elle me déplace vers certaines régions marginales de la musique, comme dirait Barthes. Cela fait trois mois que je vis dans certaines régions marginales de la musique. J'observe à travers les fissures et les livres qui me parviennent du phare. Là-bas, au sommet, ils envoient des signaux intermittents. Des secondes d'obscurité et de lumière. L'inconnu est vertigineux et enivrant. Troy est pour moi l'impossibilité de vivre hors du texte infini, un souvenir circulaire qui me colle à la peau. Comme une promenade dans un parc que je connais déjà, mais que je découvre toujours pour la première fois. Nous avons traversé la ville des grands lions la semaine précédente. Nous avons rêvé dans la rue des fantasques, en montant et en descendant les escaliers. Mon existence avec Troy est pleine d'histoires souterraines. De récits fantastiques qui savent se frayer un chemin. J'ai eu des rêves, mais le définitif a toujours été de vivre dans les histoires. La poésie de Troy me fait sursauter. Elle alimente mon émerveillement. Peut-être ignore-t-il les histoires qui le gouvernent et marquent son passage. Sa poésie m'émeut. Aimer a ce bord inquiétant qui nous éveille à la vie.

24 de octubre de 2024

El potencial creativo II

Vas viendo la muerte, entonces te dices, tengo que ir a las grandes preguntas. Abordarlas, domesticarlas. No es posible. Sólo enfrentarlas sin miedo. Sin temblar. Qué es el amor revolucionario, del que canta Ani DiFranco. Cómo se relaciona con el potencial creativo. Como dice la teoría del texto: la lengua es redistribuida, escribe Roland Barthes, pero esta redistribución se hace siempre por ruptura. Se trazan dos límites: un límite prudente, conformista, plagiario (se trata de copiar la lengua en su estado canónico tal como ha sido fijada por la escuela, el buen uso, la literatura, la cultura), explica Barthes, y otro límite, móvil, vacío (apto para tomar no importa qué contornos) que no es más que el lugar de su efecto: allí donde se entrevé la muerte del lenguaje. Esos dos límites, afirma, –el compromiso que ponen en escena– son necesarios. A veces no tenemos todas las respuestas. Tal vez no queremos tener todas las respuestas. Qué significaría tenerlas todas. Una avalancha de respuestas dejando la realidad desprovista de misterio. Desprovista de su límite móvil, vacío. Por qué las hojas que caen tienen ese llamado al vacío. El vacío es un límite a nuestra esperanza. Las grandes preguntas en tropel: las hojas rojas, cafés y amarillas. Caminar sobre ellas mientras el viento las moviliza lentamente de lugar. Se acumulan, van haciéndose colina, como las preguntas. El sol tímido. Los rayos otoñales son pasión silenciosa. Calor indeciso, pero alcanzarlo es devoción. Sabes que hay personas que esperan la muerte, y otras que esperan la vida, sin saberlo. El potencial creativo se nutre de todo, de la vida y de la muerte. De la música que despierta. De los rayos solares intermitentes. De café y canela. Lo tenebroso es existir. Ese borde móvil intermitente y eterno. Esa dificultad de organizar las preguntas y las respuestas. Reunirlas. Cuál va con cuál. El amor con la esperanza. El miedo con la envidia. Lo siniestro con el funámbulo. Lo retorcido con el trapecista. Un gran circo tal vez. Una escena vacía, con un borde. Las dudas móviles. Lo impreciso enredándose en las hojas que vuelan lentamente para aterrizar en las aceras desiertas. El potencial creativo es por momentos una entelequia. El límite sin contornos una burla irrisoria. Pura convención y abrazos en el aire, y escribir para qué. Para acceder a esa ruptura mientras se nada entre las preguntas y las respuestas que nunca se encuentran. Quizá unirlas de manera equivocada, y decir, violencia y canto, derrota y misterio, baile y puzle, envidia y redención, nada encuentra su lugar y todo parece amoldarse a un destino errado, a una llamada de auxilio, a un límite roto, a guardias rodeando el castillo, el de la lengua incorrecta, el de la lengua perdida, el de la lengua dominante, el de la ideología que destruye, y por qué no entrar no más, volando. En helicóptero, desde el cielo, como los carteles de drogas, evacuar los castillos, pero nunca estaré con la violencia. El lenguaje tiene que enfrentar la violencia de manera estratégica, de manera sinuosa, pero clara. El amor revolucionario es el que inyecta en el lenguaje la no dominación. El que no crea mitologías sino verdades. La mentira se toma por anodina, pero crea una transparencia desprovista de misterio que nos lleva a una superficie plana que explota el potencial creativo no para despertarlo sino para aniquilarlo. Porque una mentira trae la otra y el laberinto es eterno y sórdido. Las consecuencias reales se nos vienen encima. Tal vez en el encuentro de las preguntas y respuestas, mentira esté con muerte. Pero vamos nadando y despejando, porque mentira nos llega encima, pero su rostro quiere ser otro, en el baile de máscaras tenemos que hacer más preguntas, para entrar, vamos leyendo, leyendo, bailando, describiendo, y caemos en cuenta que: no. Que había más. Colores y vacío pueden ir juntos, unos adelante del otro, ocultándolo. Para qué escribimos. Cómo reunir las preguntas con las respuestas si no hay organización y método, compromiso y combate. Escribir es organizar para no olvidar. Para volver. Para recorrer ese parque en otoño y al sentarse en el banco que quede algo. Que no sea todo hojas que caen, que también haya el sueño, el amor que va con esperanza. Rendirse es lo que prohíbe la literatura. Te crea la seguridad del camino siempre en pendiente por el bosque perdido y el claro de luna nunca, pero pequeñas estrellas para que al menos haya el risco y el saber que no estamos cayendo, al menos por ahora. La literatura es el potencial creativo como promesa. El texto que usted escribe debe probarme que me desea, escribe Roland Barthes, esa prueba existe: es la escritura. La escritura es esto: la ciencia de los goces del lenguaje, escribe Barthes, su kamasutra (de esta ciencia no hay más que un tratado: la escritura misma). Escribir en el otoño a la deriva conlleva sin embargo una esperanza. Tal vez crear el deseo. Salir de ese parque renovado. Quizá olvidar que ya no quedan hojas en los árboles. Que todo está en el suelo, volándose con el viento, rojo, café y amarillo. El sol y las nubes batiéndose por espacio. Esos parques perforan, yo lo sé. Luego sigue la excavación, como buscando subterráneos, porque tal vez las preguntas y las respuestas se escabulleron por pasadizos secretos, y cuando creímos tener noticia todo se esfumó como humo de fábrica tóxica. Lo enmarañado queda en nuestros huesos. Luego sacarnos de encima lo venenoso para no repetir. Para no ser lo convencional que no ve matices, que ensucia los ríos, las arterias vivas bombeando sangre. Lo que esperamos es que las venas sigan latiendo al compás del corazón que tiene algo que decir. Escribir es compartir ese ritmo que vibra con los timbales en esa parte de la obra que sube en expectación. Exaltación y promesas, de eso vivimos. De potencial creativo que asoma su cabeza. Nunca rendirse porque la literatura es estoicismo. No hay lujo sólo pasión desnuda. Sólo versos que acribillan de tan extensa verdad. Ir por las calles es ir encontrando los libros que unen las preguntas con las respuestas. Escribir es dar cuenta de ese milagro inaudito. Sugerir: no partas ahora, quédate un momento más, la existencia te dará esos barcos con luces de colores. La promesa es algo. Escribir es hacer nítida la promesa. Sugerir salidas al laberinto, ideas para consultar en el banco del parque otoñal. Volverse hojas que caen para convertirse en polvo y proponer luego algo que inspire. Que diga con claridad: escribe tus versos porque nadie más lo va a hacer por ti. Este espacio de la dialéctica del deseo tiene que poblarse. Escribir es alcanzar el orgasmo constante del punto final. Un punto final repleto de dudas, pero que contiene una invitación: sal de ese parque antes de que sea demasiado tarde, atrapar las preguntas y las respuestas para seguir. Lo que nadie dice es que no queremos todas las respuestas, sólo aferrarnos al misterio, y que las preguntas tengan una consistencia amable. Nunca saltar del risco porque nos atrincheran. Escribir es observar desde el acantilado las preguntas y las respuestas que caen, como hojas. Habitar el espacio en el todo presente. El potencial creativo es sólo una promesa unida a una esperanza. Nadie lo dice pero los escritores son personas de gran esperanza. De gran optimismo. Hacer arte es pensar que las preguntas pueden unirse a las respuestas. Un intento infatigable. Un placer que termina en goce. Existir sólo es posible en el goce, en la creencia de un amor que revolucione. Que toque lo divino. 

23 de octubre de 2024

El potencial creativo

Al buscar una pareja es necesario evaluar el potencial creativo. Explorar la posibilidad de una dialéctica del deseo, como diría Barthes. ¿Escribir en el placer, me asegura a mí, escritor, la existencia del placer de mi lector?, se pregunta Roland Barthes. De ninguna manera, responde, es preciso que yo busque a ese lector, que lo “seduzca”, sin saber dónde está. Se crea entonces un espacio de goce, afirma, no es la “persona” del otro lo que necesito, es el espacio: la posibilidad de una dialéctica del deseo, de una imprevisión del goce: que las cartas no estén echadas sino que haya juego todavía. Lo que no se puede dejar pasar es el potencial creativo. Abrazar a la imprevisión del goce, pero atarla al juego posible. Amar tiene un componente de juego como recorrer laberintos. Seducir a los pasadizos para que vibren al paso de los enamorados. Escribir, como amar, puede no tener destino, o tenerlo. Todo ocurre como en una calle de fantasques, fantasías, caprichos, humor lunático, arrebato voluble. Pero todo de una precisión de relojero, pero todo de una imprevisión sideral. Rue des Fantasques, ahí te encontré. Te seguí. Tal vez amar sea como jugar al laberinto, pensé. Ir cada día por los pasajes, y encontrar las salidas. Ir como en un skate por las explanadas y encontrar el verso que viene luego del siguiente, y así. Recorrer la ciudad por escaleras perdiéndose todo el tiempo. Mejor así, queda el tiempo para soñar. Para los circos. Para las grandes fieras en la ciudad de las fieras. Para los pasajes subterráneos con forma de columna vertebral de pescado. Espinas, porque recorrer la ciudad y amar son espinas. Crear es un sinfín de espinas. Seducir al espacio de gozo para que aparezca y desaparezca. Las salidas a veces aparecen y desaparecen. La parte alucinante del juego es inventarlas. La parte del desvarío. Todo consiste en ir uniendo los fragmentos para crear las historias. Como si estuviésemos caminando por la calle de los caprichos. La calle de los lunáticos decididos a alcanzar la máquina del sol que va a bajar para hacer una fiesta, como la canción de Bowie: The Sun Machine. Eso es, la máquina del sol en la calle de los caprichos. Bob Dylan se pregunta al final del documental de Scorsese sobre Rolling Thunder Revue, qué es lo que queda de este recorrido, nada, dice, cenizas. Los caprichos son relámpagos. Siempre queda algo. El presente es un germen que puede ir multiplicándose. Si lo vislumbramos puede existir en el pasado y en el futuro. El presente es un potencial creativo, y una obra al mismo tiempo. Un camino que se traza para profundizar en la calle de lo extraño pero significativo. Lo importante es no asirlo todo inmediatamente. Alargar la dialéctica del deseo. Seguir subiendo las escaleras hasta la cima. Te haré preguntas, intentaré comprender, canta Ani DiFranco en Revolutionary Love, y si me das tu historia, la guardaré entre mis manos. ¿El amor se crea, como una obra? ¿Un destino es como un objetivo? El presente es el potencial creativo infinito. La magia de la Rue des Fantasques, donde los peldaños de la escalera explotan los cerebros que descansan. Descanso no hay. Ya está la muerte para eso. Los libros son para vivir, y las calles. Recorrerlas con tus historias y tu poesía, Troy. El nombre secreto de la ciudad de los leones es: potencial creativo. Todo sucede como en la canción Terrifying sight de Ani DiFranco, incluso en tu hora más oscura, tienes una fortuna más amplia que cualquiera. La Rue des Fantasques es: la fortuna de recorrer las calles y encontrar las historias y sus fragmentos para ensamblar. Lo crucial es ir con la música en la mirada para no perderse detalle. Subir y bajar escaleras. La ciudad de los grandes leones está repleta de escaleras infinitas. Lyon y su literatura disponible en las avenidas y pasajes. Cada rincón unos versos secretos. Busquemos los versos, le dije a Troy. Lisa, busquemos los secretos, me dijo Troy. Nos sentamos en un banco y Troy leyó Terrase à Rome, de Pascal Quignard en voz alta. Queríamos atraer los secretos. Pronunciar la literatura atrae los versos en plazas perdidas en la colina. En terrazas que sueñan con laberintos para encapsular al sol. Escuchamos a Alejandro Jodorowsky en el gran teatro presentando su película La montaña sagrada, abriendo sus brazos a la creatividad de los espectadores que querían crear una montaña sagrada entre ellxs. El amor se crea definitivamente, como una obra. Un destino es como un objetivo compuesto de presente absoluto. Se renueva mientras nace. Despliega sus alas para planear sobre la ciudad de los leones. A ras del suelo. En el barro producido por el temporal en el paseo junto al río. En el espacio del gozo es donde voy escribiendo los versos. A esos lectores propongo salidas, o no propongo nada. Sentir, amar, reflexionar. Habitar la dialéctica del deseo para ir sintiéndola en el cuerpo. En una terraza asoleada tomé el compromiso definitivo con la vida, y para la vida: escribo para ella. Me ha revelado alguno de sus secretos, como el amor: no puedo defraudarla. Me ha sugerido algunos de sus misterios, como la literatura: no puedo frustrar su fuerza. Sin frenos ni barreras, así funciono. Floreciendo o nada. El amor tiene que abrir a la vida. Entregar claves para unir los fragmentos. En la calle de Fantasques recitar la poesía eterna. Nada es infinito. Pero más que cenizas queda el presente que es germen constante. Encontrar el potencial creativo y despedazarlo. Unir los fragmentos para que todo comience. El espacio del goce es el presente sin expectativas precisas, concentrarse en los versos. El amor nos acompaña, pero no nos salva, lo importante es que no nos destruya. La dialéctica del deseo debe llevarse a cabo en condiciones precisas, para alcanzar el goce impreciso. El amor tiene un potencial creativo cuando es intenso y suave. El amor tiene poesía cuando acaricia, y entrega ideas complejas. En la ciudad de los leones todo toma forma. La forma misteriosa de los eventos que subyace cada movimiento es el amor. El deseo tras cada paso como el timbre de un piano en sordina persiguiendo los intentos. El deseo es un grito que impulsa, que despierta. El espacio del goce es donde habito en cada crepúsculo ordinario. Los días que me quedan, porque siempre queda algo, es para habitar el espacio del goce y trazar cada brazo de la literatura. El potencial creativo explora y explota al llamado de la consciencia. 

17 de octubre de 2024

El asombro VI

Elegir el camino del asombro es exponerse. La vía de la redención es la autenticidad. Saber que no estamos haciendo la pantomima ni destruyendo a nadie. Es fácil destruir. Lo mucho más complicado es amar. Darle una oportunidad a la estima. Más presencia al carácter. Más participación a la forma de ser. Qué hacemos aquí está estrechamente ligado a quién somos. Vengo de una generación en que esos aspectos no estaban tan bien evaluados, más bien había que sujetarse a ciertos cánones para ser realmente valorado. El individualismo no me parece algo negativo si significa no ir dando tumbos porque lo que nos define es una total incertidumbre constante. Creo que hemos ganado la posibilidad de elegir nuestros destinos. Aún hoy identifico personas a quienes la salida de línea los sobresalta. No los juzgo. Sólo no quiero que se me juzgue. Ya muy lejos de todo eso, identifico a quien se expone y siempre me alegro. La cobardía me parece un defecto deplorable, y también la prepotencia y la intolerancia. Sé que también estuvo en mí esta última, y hago esfuerzos por sacármela de encima. El dolor que causa es innumerable. El asombro también se aprende. La emoción también. Las máquinas de información nos mantienen ciegxs a nuestra emoción. No sólo nos dan mucho, si no que también nos dan irrelevancia. El asombro se empantana y pierde su esencia. Nos sorprende el vacío siendo que es neutro de emociones. Juega en nuestra contra. Cómo saber lo que nos compone cuando no tenemos los significados de las palabras. Cuando estos están manipulados y más nos confunden que nos aclaran. El asombro debe sentirse. Para eso nos exponemos. El mundo está allá fuera y está creado de realidad. De opciones diversas. De opciones tolerantes. De acercamientos amorosos. No hay nada más concreto que el amor. Todo ser vivo pueden comprenderlo. Desde una planta, un perro hasta un ermitaño. Que se invoquen asuntos en su nombre es otra cosa. No nos engañemos. Exponerse es aprender a amar y esconderse es rechazar esa posibilidad. Además, a quien más le importa nuestra vida es a nosotrxs mismxs. El delirio de un narciso es pensar que todo gira en torno a él. No. El mundo sigue girando. La diferencia es que puede girar tropezando innecesariamente o caminar con dulzura. Si el mundo no es ternura no nos queda nada. Suficiente ya tenemos con nuestras batallas para que la hostilidad nos vaya arrinconando en cada paso. La posibilidad del asombro tiene su raíz en la ternura. En ese camino que nos va acariciando sin juzgarnos. La delicadeza de saber que nuestras sombras nos describen. El asombro es la suavidad ante la realidad. Lo que sea que llegue contiene una porción de asombro en devenir. Pero sin afecto estamos en el abandono a las circunstancias. Tantas veces creemos estar solxs y ese no suele ser el caso. El individualismo tiene un arma de doble filo. Su antídoto es la ternura. El verdadero amor conlleva la ternura. Haberla sacado del esquema tiene mucha relación con esa idea de que no es sensual porque es débil. Qué idea tan extraña. Lo que me parece débil es la violencia. Afirmarse sometiendo. El asombro es lo más lejano a la dominación. Nace de la admiración sincera. Que no brota de otra fuente que el amor. El motivo del asombro es la confianza. La estadía de una estrella indeleble en nuestro espíritu. Esa que nos acompaña en cada asomo de las dudas, que son inconmensurables. Asombrarse es poder ir de la mano con el presente. Como dos grandes amantes. 

El asombro V

Elegir los caminos del asombro. Hablar de amor sin feminismo es entrar en terrenos pantanosos donde los significados de las palabras en ocasiones juegan en contra de esas mismas palabras. Esto es, el amor puede ser una y mil cosas, que en realidad no tienen que ver para nada con el amor. A veces se dice amor y en realidad se está hablando de alguna otra cosa. Tal vez no hay palabra que haya sido objeto de mayores manipulaciones en la historia. En otras oportunidades su definición se acerca a su sustancia. Por ejemplo, Troy me dice, Lisa, en menos de cuarenta y ocho horas, tendré tus labios, tus ojos, tu cuello, tu lengua, tus orejas, tus hombros, tu piel, tu espalda, tu vientre, tus senos, tus nalgas, tus piernas. Todo tendrá un sentido, me dice. Pero cuál es nuestro propósito. ¿Amar flotando en el universo? ¿Como satélites? ¿Orbitando? ¿Amamos sin observar el plano mayor? ¿Nos fundimos con el ser amado y que todo se disuelva? ¿Ir de un temporal al otro y no ganar en sustancia? Nos ahogamos en la culpabilización, y en ocasiones la olvidamos completamente. No todxs tenemos la misma oportunidad de olvidarla. A veces las hojas que caen nos hacen pensar que nuestra valía no es suficiente. Que el amor es una entelequia y algo que nos supera completamente, que nunca podremos obtener ni conocer realmente. Nuestro cerebro intenta integrar todas esas concepciones del amor que se han ido anquilosando en sus cavidades. ¿El amor tiene entonces que ver con sobrevivir, con vivir? Cuánta libertad tenemos en realidad. Cuántas posibilidades reales de elegir. En qué se basa esa elección. Cuánto está condicionada por el asombro, cuánto por el miedo. Creo que hay que darle una oportunidad al asombro. Guiarse por esa intuición que es posible escuchar en el silencio de la habitación. Nos exigimos demasiado y a veces exigimos demasiado a los demás. El asombro es la poesía que se intuye. La poesía que se siente. Es necesario sentir. El asombro sólo podemos obtenerlo cuando sentimos. El asombro es la emoción de oasis. Algo que se vislumbra en medio del desierto. Algo que despierta. Algo que posibilita conocer el verdadero significado de la palabra amor. Lo que tengo es el asombro, que está muy cerca de la lengua, porque las palabras son emoción. Cuando las comprendemos nos encienden. Entonces podemos amar, porque lo aprendimos. Amar se aprende. Con el corazón abierto al asombro. 

El asombro IV

Elegir los caminos del asombro. Darle una oportunidad a la estima. Las hojas que caen en ocasiones lo difuminan todo. Las noticias tristes. Las reflexiones que perforan. Tiene que haber un significado. En qué consiste. Ese propósito. A veces no entiendo que algunos hombres sigan acosándonos en eventos públicos y actividades y tengamos que ir a la policía a solicitar que esto cese, en muchas oportunidades sin mayores resultados. Queremos pensar en propósitos y tenemos que detenernos en hostigamientos perseguidos por la ley. Queremos escribir poesía pero tenemos que redactar comunicados y denuncias. Queremos escuchar música pero tenemos que recurrir a guardias y organizadores que se quedan impávidos. Este verano tuve que hacer frente a uno de esos yo también, que escribía largos testamentos en mis publicaciones y me llamaba a horas insólitas, alguien que no había visto en mi vida, y se permitió escribir textos con contenido sexual haciendo referencia a mí y a mi literatura y enviarlo a un grupo de personas. Hablando luego con otrxs amigxs, otras personas habían tenido que hacer frente a situaciones de este tipo con este mismo sujeto. No importa cuánta experiencia unx tenga, siempre estás al descampado con estas agresiones. Me tomó un par de meses comunicar esto y detenerlo. El asombro quiere seguir su camino, pero algunos obstáculos perfectamente evitables, interfieren. En ocasiones implican un riesgo para la integridad y la vida. Luego pareciera como que el feminismo no es necesario. El asombro no sobrevive sin el feminismo. 

El asombro III

Un diluvio. Hoy, un diluvio. Truenos y relámpagos a las siete y treinta de la mañana. La luna aún llena. Lo que yo tengo es la lengua. Para expresarme. Los relámpagos me llenan de energía. He aprendido a sobrevivir a pesar de los diluvios. El río caudaloso. Arrastrando troncos y ramas. Leo Mona Chollet, Resistir a la culpabilización. Dice que la voz ultra crítica que resuena en nuestro cerebro es ilógica, irracional, contradictoria, y no debe confundirse con la de la consciencia, no es una guía moral en ningún caso. Los tiempos son confusos, pero digámoslo: son mejores en ese sentido. Al menos podemos ir tomando decisiones en relación a los asuntos que nos atañen, dentro de ciertos márgenes visibles e invisibles dependiendo de varios factores. Tal vez el tiempo de las hojas que caen ayuda a despejar lo relevante de lo irrelevante. Elegir los caminos del asombro. 

16 de octubre de 2024

El asombro II

Qué pasa si no hay un sentido exacto a existir y más bien se va renovando. Mostrando sus dientes de cuando en cuando. Para morder el presente. El sábado presencié la ópera Wozzeck de Alban Berg, una historia dura como el período en que caen las hojas. Lentamente, una cosa luego de la otra, me da vértigo, dice el Capitán. Cae el rocío de la noche, dice Marie, ¡cuán roja es la luna que aparece! Hay historias que nos rompen, como el asesinato de una mujer. Hay historias que nos elevan, como la forma de la música. El viernes nos reunimos con los escritores, para seguir trazando el presente literario. Esas veladas me completan de sustancia. De gozo en las palabras. Explorar los caminos para luego lanzarse, como Bolaño. No hay una consistencia única del asombro. Está guardado en cada trazo que da vida. Una semana en Barcelona con mi amiga Piedad y es el paraíso. El asombro está compuesto de música y palabras. De ese gozo de lo que vale la pena. Ani DiFranco y sus letras en la guitarra. Lo que yo tengo es esos detalles para maravillarme. No es tanto, pero es muchísimo. Soy rica en amor. En palabras y en música. El rayo de sol entre las nubes, siempre aparece. Las hojas rojas, cafés y amarillas no alcanzan a botarme. Nací con el asombro a cuestas. Lo comparto con las personas. Lo deposito y lo extraigo. El presente nació para surfear sobre él como en una tabla. A veces pienso que viene el miedo y no. Recorro a consciencia los días. Los interrogo para exprimirlos. Porque no sé cuánto tiempo más tenga. Pero quisiera escribirlo todo antes. Quisiera escuchar toda la música. Seguir el ritmo cuando es grandioso. Si me preguntas, diré, sí, por favor, a ti hoy, así que no me preguntes, porque así soy débil, no me preguntes, ¿de acuerdo?, canta Ani DiFranco en O.K. Lo que siempre me asombra es el amor. El viernes te estaré esperando en el aeropuerto. No se detiene el asombro. Amar es lo que me da la vida. 

El asombro

Lo que me ha mantenido en pie es el asombro. La capacidad de maravillarme con la belleza. Con las olas, con el canto de los pájaros. Con la lluvia y los versos que perforan. De cada persona he obtenido algo que me dejó en jaque. Lo que me gusta es descubrir. Ese ingrediente que cada unx puede entregarme. Ayer pasé el día leyendo periódicos llenos de catástrofes, y reflexionando sobre la seguidilla de noticias tristes que me llegaron a principios de esta semana. Pareciera que en ocasiones existir no da tregua. Pero siempre están esos detalles que pueblan el asombro y hacen nacer ese rincón de flores. Hace una semana estuve en la ópera de Lyon escuchando al pianista Nelson Goerner, tocar Schumann, Liszt, Chopin, Haendel. Nunca había visto algo así. Esas ocasiones del asombro absoluto. Lo que quiero es casarme con la música, me dije. Lo que quiero es que mi existencia comience toda de nuevo y tocar el piano como él. Si acaso es eso posible. Lo que quiero es que esa música me tome en cada paso, me ayude cuando el caminar es cansado, me eleve porque mi lugar es la euforia, la vida. Tengo la certeza de que llegan y llegan cosas, oscuras y musicales. Lo que me mantiene en pie a mí es la música. Son los versos importantes. Los que hablan sobre verdades de la existencia. Vivo para una sola cosa: para extraer de las personas esas verdades. Todxs las llevan dentro. Como un concierto de piano clásico que hace ponerse de pie a la audiencia tantas veces que el pianista vuelve y sigue tocando, porque el paraíso hay que prolongarlo cuando se puede. Vivo para prolongar el paraíso. Para eso se me dio la vida. Para hacer entrar los versos en la música. Para un sentido que pueble los días. Para observar de cerca el asombro y reproducirlo. Nuestras verdades son lo más alto. Que resuenen fuerte y dancen al unísono. La liviandad no es superficialidad. Es el intento por alcanzar el asombro. Que descansa en cada acorde. Entre las nubes un rayo de sol, y que siempre vaya siendo suficiente. El camino es largo pero vale la pena. 

Germán

Germán, supe el lunes sobre tu partida con una gran tristeza. Justamente hace unos días en Barcelona estábamos recordándote con la Piedad. Muchas veces volvemos sobre esas extrañas y totalmente mágicas aventuras de la facultad. Creo que nadie nos hacía reír como tú. Seguimos repitiendo con el tiempo tus bromas y esos momentos fantásticos que pasamos juntxs. Te consideramos un gran amigo. De una inteligencia y un humor extraordinarios. Luego te perdimos la pista. Existir tiene eso de que las cosas van cambiando. Pero quedan los recuerdos, y podemos atesorarlos cuando han sido bonitos. El nerviosismo de todos esos exámenes no es un recuerdo bonito, pero todo era liviano con las conversaciones y paseos que hacíamos con los amigxs. Creo que fue lo que posibilitó el haber podido estudiar ese volumen de información enredada. Germán, ¿sabes lo que comentamos en Barcelona?, que tu humor y tu personalidad eran inolvidables. Con la Piedad te hacíamos fiesta todo el tiempo, nos reíamos a carcajadas de todas tus bromas, muchas veces de un humor negro único, era muy interesante, casi una escuela para aprender. Siempre admiré tu inteligencia, y siempre fuiste muy cariñoso con nosotrxs. Lamento que los caminos de cada unx nos hayan distanciado. Para nosotras siempre serás nuestro amigo que tenía una visión aguda sobre la vida y una mirada crítica sobre existir y el mundo. Te seguiremos recordando con la Piedad, como lo hacemos cada vez que nos vemos. Fuiste alguien indeleble. Gracias por todo, recuerdo tu música, que siga sonando fuerte en ese otro lugar, que también es un poco este, siempre se sigue aquí de alguna manera. Tú, tranquilo, sigue cantando, y tal vez nosotrxs podremos seguir dando ese barniz de misterio que dabas a las cosas, y arreglando un poco el mundo, ese impulso no se nos ha acabado, continuamos firme, Germán, descansa y que tus acordes lo pueblen todo. Te vamos a echar de menos. 

Germán Espinosa Molina
23 de octubre 1980, 13 de octubre 2024.

12 de octubre de 2024

El informe de actividades

El cómplice no puede liberarse de la impronta maligna de Narciso, y lo contrata. Porque la vida y la muerte, el bien y el mal, son algo difuso para el cómplice, todo se mezcla, no hay claridad. Porque su trabajo tanto no le importa. Más le importa saldar su deuda con Narciso, como si formara parte de una mafia. Tal vez no es eso. Tal vez el cómplice está enamorado de Narciso, sueña con él por las noches, se desvela, quisiera tener un encuentro carnal con Narciso, acariciar su pelo, su cara, besar sus labios. Fundirse de una vez y ser una sola cosa. Lo que no sabe es que ya son uno. Se parecen como dos gotas de agua. Narciso va a una reunión y le pagan un millón y medio de pesos. Un abusador para impulsar un convenio contra el abuso sexual. Ese tipo de contradicciones que a veces ocurren en las instituciones de derechos humanos. Porque el cómplice, en su cerebro todo es la gran confusión y en realidad los derechos de la gente lo tienen sin cuidado. No le importan en absoluto. En cambio quiere poseer a Narciso. Lo que le importa es que los niñxs y sus derechos se vayan al diablo, y también el dinero de las personas de ese país, que están pagando a un abusador de reconocida trayectoria infame por ir a una reunión y seguir desplegando su mierda constante. Porque Narciso no sirve para nada más que para ensuciar al mundo. Es tan nefasto que la estela de su caminar es dolor. El cómplice llora por las noches en un rincón de su casa porque teme. Porque desea a Narciso, y no sabe cómo obtenerlo, pero tal vez un contrato ayude. Una reunión y un informe de actividades. Un poco de dinero para Narciso que cayó en desgracia porque ir destruyendo suele tener consecuencias. Las responsabilidades están tan claras. Sabemos por qué la mierda sigue su camino amparada en supuestos funcionarios de instituciones de derechos humanos, en universidades. Porque digámoslo bien, la apariencia de una institución no nos indica lo que contiene. Tal como a veces erramos al juzgar un libro por su portada. Una institución puede ser de derechos humanos, una universidad puede decirse cristiana, pero nada. Sólo mantener al abuso y al silencio en su lugar. Porque el poder y el dinero son incentivos más grandes en ocasiones, que los derechos humanos y la enseñanza. Para qué vamos a proteger, para qué vamos a enseñar, si podemos seguir perpetuando la mierda. Hay confusión, la misma que tiene el cómplice. Tal vez en las noches tiene dificultades para pensar claramente, cuando recuerda la sonrisa sugerente de Narciso observándolo. Yo cuando pienso en todo eso siento una inmensa náusea, que luego aliviano y convierto en humor conversando con amigxs porque en realidad, es tan irrelevante esa cruzada que trazan los narcisos y sus cómplices, es tan grave. Lo saben bien, pero cuando uno se cree sobre la ley y los demás, no le da tanta importancia. Lo que no saben es que ser una mierda ya pasó de moda. Estos son los tiempos feministas y de los derechos humanos. Esperamos observando cómo se hunde ese mundo de antaño, tan feo e inmoral. Tenemos cosas más importantes que hacer. Pero de que se hunde, se hunde. Gracias por tu trabajo, ya no te necesitamos para nada. Hay unas reglas nuevas, pasaste de moda. No a los abusadores que contratan a abusadores denunciados. Que se acabe la falta de ética en las instituciones de derechos humanos y las universidades. Fuera los abusadores denunciados y sus cómplices.

El informe de actividades



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