Un mes ya en Chile, con bondad, con buena onda, con
agradecimiento, conversaciones honestas, humor del más puro, la sonrisa de mi
ahijada Agustina, pan con palta, camarones con merkén, océano, mucho sol, música
siempre, filosofía iluminadora, rearmar el mundo, experiencia humana y
sensorial, profunda y hermosa. Tengo suerte. Un grupo humano lleno de vitalidad
y amor por la vida. Pronto partir. ¿Adónde se va cuando se parte? Hoy por hoy,
no importa, tengo el alma llena de amor y buena energía. ¿Qué más se puede
pedir?
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