El amor es oscilación. Es altos y bajos. Es expansión y bajada. Ningún día es igual al otro. Como un paisaje. Siempre nuevos matices. Siempre la incomprensión y la comprensión. No es fácil existir. Vamos pasando revista de todo cuanto circula por el camino de tierra. Parece una avalancha. Una gigantesca avalancha de nieve y de júbilo. En definitiva, yo he aprendido a vivir. Es la única manera de sobrevivir. De seguir frente en alto. Cuando todo te inflama y te hiere, vamos aprendiendo a dosificar, a sacar en claro los inicios de los sentimientos, de los cambios, de las estaciones, de los vaivenes, de los bailes, de los cantos, del arte misterioso, de las palabras que arden, del balanceo del río hacia una dirección y luego otra conforme el viento. Hay distintos planos. Mi amor cambia muy pocas veces. Se extiende en el tiempo como una playa infinita, un volcán interminable. La cotidianeidad es incierta porque hay que atender a tantos asuntos vitales que nos interrogan, a tantos llamados a la sustancia, a tantos llamados a lo irrelevante por ir sorteando, a cuanta trama que se asoma. Lo que me interesa es guiar la trama, y saber que al mismo tiempo es ella la que tiene las riendas. Las tramas van necesitando cosas, exigencias precisas que van mostrándose, las tomamos al vuelo e intentamos satisfacerlas, mientras observamos lo que va ocurriendo respecto de lo cual no tenemos ningún control. Escribir y vivir es observar sobre todo, anticipar lo necesario, sabiendo que esa intuición puede tener algo de verdadero y algo que luego se transforme. Paul me dice, mi corazón late por ti como el faro bajo la luna llena. La luna muy redonda entre las nubes. El faro y su luz intermitente, como un corazón que late. El corazón de Paul. Es un total misterio y al mismo tiempo siento conocerlo como si hubiese una unión secreta con el mío. Todo amor es en el fondo secreto, porque no puede describirse exactamente, no puede exhibirse a pleno día, vive en un espacio paralelo entre el aire y el tiempo, en las capas más ocultas de las cosas, entre el tronco de un árbol y su corteza, por donde circula todo, pero no siempre podemos verlo, sólo sentirlo. Lo vamos compartiendo como una negociación clandestina, y siempre perdemos porque lo entregamos todo, sin cálculos, sin frío, y sin organización alguna y menos una noción de futuro. Mi amor por Paul es secreto como un texto escrito que luego ya no podemos leer porque las letras se evaporaron, intento ponerlo en palabras, pero hay un abismo siempre entre el sentimiento y las frases, y todo trata sobre el juego de describir lo imposible y trascendente. Mi nombre es Camille y la revolución 9 ya está anunciada. La revolución 9 de la alegría. La merecemos, hemos trabajado duro. Todxs somos los imprescindibles. Hemos luchado toda la vida. Tan sólo existir es ya un gran viaje con obstáculos. Por eso la amabilidad nos acompaña, porque observamos la lucha, la sentimos. Sé amable, porque todos con quienes te encuentras están librando una gran batalla, escribió Adam. Él sabía bien que el amor es oscilación, y que el amor es definitivo, como la muerte. Lo mío ha sido siempre la oscilación, porque ahí encuentro los vaivenes de la existencia real que sabe modificarse. Ir adaptándose e inventándose, como un gran ciclo de explosiones creadoras. En la oscilación de Paul encuentro un cobijo a mi vaivén desordenado que es amable como una caricia inesperada. Siempre me he sentido a mis anchas en la oscilación. Los amores que fluctúan me saben a paraíso, los que se estacionaban me marchitaban, nací para las grandes tormentas y la lava que desciende volcán abajo. Finalmente la estabilidad es una alucinación. En cuanto el efecto de las sustancias se va se revela la extensión de la planicie y sus relieves intermitentes, amamos como los faros, con esos doce segundos de oscuridad, de los que canta Drexler. Yo te amo en la oscuridad y en la luz, porque eso es lo que aprendí, en ambos se encuentran las claves de la existencia. El secreto del amor. Cuando aceptamos la oscuridad en nosotrxs mismxs podemos atesorar la de los demás. Conversaba recién con Clara, es una luz es mi oscuridad, el otoño se cierne sobre la ciudad y el frío se asoma. Es difícil la oscilación, me decía, tú la entiendes muy bien. Siempre me da el impulso necesario para seguir. Es capaz de ver lo oscuro como luz, como originalidad, como aporte y diferencia creativa. Mi amistad con ella no es oscilante, sigue un camino muy exacto donde siempre está la admiración como guía. El tiempo y las avalanchas dan sabiduría. La luna llena es una suerte de permanencia aunque cambie, da la magia del secreto, de lo oculto, de ese lugar oscuro que siempre está y puede ser un deleite. La literatura existe porque hay la variación, el titubeo, el temblor y la vibración. Escribir me da una apariencia de estabilidad que me permite ir ordenando el caos y convirtiéndolo en armonía y sintonía. Las casualidades son lo que me da vida. Las veo todo el tiempo. Voy atenta. No aspiro a la estabilidad, nunca fue uno de mis objetivos, pero mi amor es permanente como el cambio mismo. He aprendido a apreciar la sabiduría de la incertidumbre. Amo de manera expansiva porque así es como aprendí, entregándose de manera completa. Las montañas rusas las conozco de muy cerca. Me lanzo del carro siempre que la ocasión lo amerita para sentir más intensamente, y muy pocas veces llevo cinturón de seguridad cuando transito. La poesía tiene que ser sin una seguridad constante. Como esta existencia es vertiginosa me encargo de que la literatura siempre perdure, al menos algo que marque el ritmo. Pero yo amo en la permanencia, en el tiempo. Amo con la secreta seguridad de que nunca voy a dejar de hacerlo. Una esperanza mística en lo imposible. Esa es mi cruzada. Una literatura que vaya junto a las olas para ir atravesándolas y quedarse en la cima hasta que la tabla llega a la orilla. La revolución 9 es el amor por la oscilación que no destruye sino todo lo contrario. Amo sin medida, sin equilibrio, sin moderación, sin sensatez y sin normas. La revolución 9 es fuera de la ley y fuera de la policía. Donde la creatividad está a sus anchas. Donde el vértigo es la norma. La revolución 9 es la definición de la imaginación. Es fantasía, ingenio y viveza. De los oscilantes será la gloria. Del faro, su oscuridad y la luna llena con su secreto a cuestas. Amar es la incerteza y el cambio. Me llamo Camille y aparezco y desaparezco. El vértigo de la montaña rusa es mi constitución más íntima. La naturaleza del león y su búsqueda. Voy con las manadas y sonrío. Sé que en las explanadas expansivas está sin cesar oculta la poesía. El futuro es ya la naturaleza y la poesía.
19 de septiembre de 2024
17 de septiembre de 2024
De cuando fui feliz IX
El deseo es siempre sombrío, y lleva dentro algo luminoso, como una explosión. Comprendí algo con Paul, la alegría es el amor poético. Como los crepúsculos de colores al borde de los viñedos cargados de uvas. Comprendí que la alegría es siempre el viaje. Muy pocas veces el destino. Porque no siempre alcanzamos el que teníamos trazado. Nos detuvimos en la playa de las velas que volaban sobre el agua, caminamos por el borde y hundimos nuestros pies en las olas breves de la orilla. Yo tenía un sombrero para el sol, que a Paul le causa alegría, por distintas razones que no logro dilucidar exactamente, y me dijo, Camille, vestida así pareces un personaje de una escena de Godard o Rohmer, me encanta. A mí me parece que tenerlo frente a mí es siempre una escena de una película que ejerce sobre una mí una seducción ilimitada. Su presencia causa en mí una atracción innumerable. Un magnetismo que me hechiza. Me pregunto seriamente de dónde viene eso, si es como una fuerza del centro de la tierra, como un imán, un mineral todopoderoso. Su cuerpo, su piel, sus manos, su mirada transparente e impenetrable me perturban, pierdo toda noción del presente y lo que rodea el instante. El amor es alegría.
De cuando fui feliz VIII
Jérémie habría cumplido cuarenta y cuatro años la próxima semana, el día veinticuatro, pero la nieve se lo llevó a los veintiséis. Me dejó de regalo el amor absoluto, que yo conocí por primera vez, en sus brazos, con sus besos, y su mirada perdida. En la existencia hay momentos que son determinantes, y nos muestran un camino. Aunque luego todo se modifique, eso queda. Tal vez siempre queda algo. Este es uno de esos momentos de la felicidad. Reconocí el amor porque lo había sentido antes. El amor puro. El amor del deseo. El día de esos árboles, de esa tormenta de relámpagos y la casa de piedra, supe con certeza lo que era la felicidad, el día de esa claraboya al cielo. Despertar en los brazos de Paul es sentir la materia del universo. Es saber que todavía existe el sol, las estrellas, la luna, las historias, los libros, el viento, los ríos, los árboles, los leones, las flores, los pájaros. Me maravillo de todo eso con él al unísono. Nos parecemos mucho, me causa gracia. No sé exactamente cómo se produjo este encuentro. Pero reconocí enseguida el gozo cuando lo vi sentado en la hierba, entre la acerca y la calle. Me hace reír mucho. A ratos sube como una montaña rusa, y a ratos no sé en qué estrato del aire se encuentra. Su estadía en los días tiene una sustancia etérea y densa, como la mía. Somos como pájaros tal vez buscando nuestro nido entre los árboles. Se nos pierde y volvemos a encontrarlo. Mi deseo hacia él es profundo y oscuro, como todo deseo. Se aloja en un lugar del cuerpo entre el cerebro y el corazón. Es una especie de necesidad vital como admirar a los cuervos volando. Verlos posarse en el cedro gritando, queriendo decir algo. El deseo es negro como un cuervo batiendo las alas. Mi deseo por Paul es idéntico a la velocidad de las estrellas fugaces. Al lado sombrío de la luna. Me carcome y se convierte en explosión creadora del todo. La alegría es una inspiración poderosa.
De cuando fui feliz VII
Lo que me gusta de Paul es que se da el tiempo. Es que despliega sus alas para posarse en los momentos y encontrar en ellos la vida. Los momentos siempre tienen fragmentos de existencia, los podemos ir encontrando, o creándolos. Paul tiene una mirada aguda sobre las cosas y sabe crear esto como si hubiese desarrollado un arte muy refinado. No conoce la prisa. Yo que vivo en un tiempo paralelo, atesoro su calma como un bien preciado. Alargar los momentos para que construyan la poesía. Nos despertamos un día entre los árboles, que se mecían al fuerte viento. El calor de su cuerpo como un cobijo. El calor de sus brazos es tal vez la alegría completa. El punto más alto de la dicha. La perfección del gozo. No recordaba una felicidad tan pura. Creo que está la primera vez que me enamoré, de Jérémie, a los quince años, y luego esto. Es una felicidad como cuando recién conocí el amor. También había el miedo, pero el asombro era infinito. Una fascinación que está cerca de saber que existen los pájaros, las flores, los leones, los árboles, los ríos, el viento, los libros, las historias, la luna, las estrellas, el sol. El calor, en definitiva, de saber que existe el calor.
De cuando fui feliz VI
Lo más importante para la alegría es el movimiento. El movimiento del espíritu, del cuerpo. Desplazarse, lanzarse a los caminos, a las bibliotecas, a los bosques, a las conversaciones, a la vida. Lo que me gusta de Paul es que siempre está en movimiento. Es nómade, como su biblioteca. Siempre tuve dificultades con lo estático. Con la quietud infértil. Necesito vivir en lugares donde pueda desplazarme caminando. Poner en movimiento mi cuerpo para que sepa dónde va poniendo los pies, la consistencia del suelo por el que transito, lo detalles de los lugares que van apareciendo frente a mis ojos. Esa es para mí la alegría. El movimiento. Por eso la revolución 9 es en movimiento. Porque la libertad está cosida por el flujo de las cosas, la actividad. La libertad está hilvanada de la alegría de la poesía. Lo que me gusta de Paul es que es libre, y que su mirada sobre los fenómenos es amorosa. Lo que me gusta es que quiere crear amor en los lugares donde reside y trabaja. Una mirada que se posa sobre las cosas con esperanza. Con una confianza ciega. Es porque el movimiento es confianza, en un presente, en un mañana mejor donde la retroexcavadora no extraiga nuestra parte poética que desarrollamos a punta de escuchar y admirar. Por eso que somos política, porque no podemos dejar que arrebaten nuestro mundo. La lucha consiste en desarrollar la alegría, describirla, crearla, mostrarla, entregarla.
De cuando fui feliz V
Las tramas demasiado simples también destruyen, porque los colores saturados sin música nos arrebatan humanidad. Olvidan lo rugoso. La justa medida es quizá lo rugoso y la alegría. Comprender que no se contraponen. El intento de las instrucciones en este sentido es siempre muy molesto. Sobre todo cuando amparándose en valores extraños y excluyentes se intenta hacer estacionar una universalidad que deja a más de la mitad de la humanidad fuera. Es necesario poder identificarse con las cosas. Es necesaria la mirada amorosa hacia lo que nos compone, y que además en muchas ocasiones no hemos elegido. Tal vez lo más duro es cuando se nos juzga por aspectos sobre los que no tenemos control alguno. Creo que a la base está la noción de la uniformidad que lo aplana todo. Una gran retroexcavadora que va sacando de nosotrxs la poesía que vamos formando con el tiempo, con bastante esfuerzo. Porque la poesía hay que encontrarla. Igual que la alegría. Se llama agradecimiento.
De cuando fui feliz IV
Al mismo tiempo vamos sacando cosas en claro, porque observamos en el mundo virtual y la alegría tiene una consistencia extraña. Se asemeja a colores saturados, pero sin música. Nos quedamos con hitos vitales, pero no sabemos para nada de qué estaban compuestos. Tal vez estaba anotado feliz cumpleaños, por ejemplo, y una torta, pero los cumpleaños están rodeados de asuntos que apremian. El paso del tiempo, por ejemplo, que es lento, pero ocurre. Entonces está el presente, y la noción de tiempo, que nunca comprendemos bien, porque es muy abstracta, y totalmente concreta por otro lado. Tan concreta que el pasar de los años nos hace conscientes de la alegría. De las palabras que leemos, que decimos, de cuando entregamos alegría y de cuando entregamos dolor, sabiéndolo, o sin darnos cuenta. Estamos tan atentxs que podemos a veces perder naturalidad. Es una dualidad difícil. Dar y recibir, sin herir, y pudiendo expresarse. Lo importante es que las palabras queman y tenemos que imprimir la pasión para que vibre. Tal vez sirve identificar las palabras que aman de las que destruyen. Cuando hablamos, si estamos amando o estamos destruyendo.
De cuando fui feliz III
El amor tiene que ser poético para que cause la explosión. Lo que me mueve es el deseo de observar la hilera de cisnes en el río. Lo que me gusta de Paul es que inventa juegos de palabras todo el tiempo. Fragmenta las palabras para mirarlas al interior. Las palabras están compuestas de otras palabras. Tal vez siempre fue un juego inventarlas. Unir los sonidos, darles consistencia. Un día alguien dijo alegría. Un buen día, alguien pronunció esa palabra. Tal vez estaba observando una hilera de cisnes, o una flor. Tal vez tenía al frente a un árbol que se balanceaba con el viento. Tal vez el sol se asomaba luego de muchos días de lluvia. Quizá alguien que conoció el amor pronunció una frase misteriosa que contenía en ella la dicha. En definitiva tenemos que definir la alegría, porque a veces sentimos que se nos va de las manos. Porque lo que da alegría es difícil de encontrar en los periódicos, por ejemplo. Nos entregan otra cosa, nos dan la sensación de que la alegría ya no existe para nada. Tenemos que definirla e ir describiéndola, para recordar que está ahí.
De cuando fui feliz II
¿Soy otra cosa que tu fuerza?, se pregunta Paul Éluard. Lo que tenemos es más que suficiente, no necesitamos más. Si podemos alimentarnos, vestirnos, cobijarnos de la lluvia cuando es torrencial. Luego cultivar nuestro espíritu. Una de las cosas que me gusta de Paul es que me conecta con la alegría. Con la poesía de las cosas, cuya sustancia está también labrada de alegría. Lo que me fascina es su mirada que se posa sobre las cosas con dicha. Como una mariposa sobre una flor. Lo que me gusta es su fuerza que está creada de detalles. Fragmentos que va entregándome a medida que el día transcurre. Inventa canciones con mi nombre, hilvanando palabras que riman con Camille. Paul es de esas personas que desatan el júbilo. Un gozo infantil de apersonarse en la vida para comprenderla. Un gozo mezclado con el desasosiego de quien sabe que nunca comprendemos del todo, y que da lo mismo.
De cuando fui feliz
Me asalta la exigencia que depositamos sobre las cosas. Quiero que mi caminar sea liviano. Llevar sólo lo imprescindible. Tu sonrisa, por ejemplo. Tus palabras, a saber, cuando me dices, buenos días mi sol amado. Cuando me dices te amo, cuando me expresas, es tu luz la que me embellece, amor mío. Voy perfectamente con eso encima. No necesito mucho más. St. Vincent y Rahim Redcar son la perfección para mí. Escucharlxs es ya bastante. Una vertiente de la felicidad. Creo que la alegría está subestimada y se la ha vaciado de contenido. Pensemos en lo siguiente: una mariposa. El vuelo liviano de una mariposa puede perfectamente ser alegría. Su manera sutil de posarse en las flores y luego seguir su camino. Ese vaivén hipnótico y desordenado. La alegría es desordenada como el vuelo de una mariposa desprevenida. A veces no sabemos que está en nosotrxs la alegría y dejamos que el color de la mariposa nos sobrepase sin detenernos. Sí, no es fácil, es verdad. Pero nunca nos derrotan del todo.
16 de septiembre de 2024
Revolución 9 VI
Concluimos que la revolución 9 es sentir. Porque teníamos mucha emoción y había que llevarla para algún lado. Resolvimos convertirla en coreografías. Estábamos preparadas para eso. ¿Cómo máquinas? ¿Y la poesía? A veces nos sentíamos como máquinas. Cuando nos decían llenen sus úteros, escondan su sangre, guarden las superficies rugosas, lustren los azulejos, canten al unísono, marchen en hilera, destruyan los libros, cubran sus cuerpos, entreguen su alegría al poder. Por supuesto nos cansamos enseguida. Las fotos tecnicolor eran agotadoras. Sonreír tenía algo de siniestro. Entre los dientes, en las encías, bajo la lengua, guardábamos carbón, terminaba saliendo por los poros. Luego las píldoras y la terapia eterna. Nunca tuvimos una confianza verdadera. Porque para tenerla había que hacer como si nada nos había sido arrebatado. Las coreografías las teníamos. Íbamos montando nuestros espectáculos cuando se podía. Los pueblos que los censuraban nos enviaban al calabozo. Seguíamos con nuestros espectáculos. El teatro está en todos lados porque todo son historias. Porque decir es un derecho inalienable. Lo aprendimos rápido, o eso creímos. En realidad fue lentísimo. Bibliotecas enteras, para limpiar los pulmones que por momentos no podían respirar. Dentro del pecho el telar con la lana enredada. Fuimos tejiendo. Luego parecía evidente. Nos lanzamos a los caminos y todo vibraba. Seguimos con nuestros espectáculos. Cuando la policía se acercaba teníamos ahora unas palabras nuevas. Las dijimos. Dijimos revolución 9, mientras reíamos. Un remedio santo. Que iba modificando la corriente. Éramos felices. ¿Tal vez no se esperaba eso de nosotrxs? ¿Y la poesía? Decidimos preguntarles. La respuesta ya la teníamos, sin embargo. Pero parecía como que siempre teníamos que estar preguntándoles. Era terriblemente aburrido porque las respuestas muchas veces eran idénticas y tratábamos de sacar algo en claro y era el vacío. Éramos felices, no obstante. Dejamos de preguntarles. Lxs invitamos a crear. Les dijimos, la revolución 9 es la integración total. Se mostraban incrédulxs. Da lo mismo, dudar es lo más importante. Las sombras rugosas. Sentir. La libertad es lo más importante. La solidaridad. La revolución 9 es la poesía que nace de la solidaridad. La conocemos bien porque sin ella no habríamos sobrevivido. Comprendimos que todo se trata acerca de sobrevivir. Luego viene la poesía. Caminamos frente en alto. Lo que no saben es que siempre ha triunfado la poesía. Por eso tenemos la vida. Nos mueve una sola cosa: la justicia. Es por lo siguiente: la poesía y la justicia son lo mismo.
Revolución 9 V
La consistencia poética siempre fue discriminada. Parecía una condena sin juicio. Fotos de sombras forzadas al olvido. Hojas que caen arrinconadas en un corral bajo la lluvia. Luego una mazamorra inentendible. Una especie de barro alabado como sagrado. Creímos que existir era remar en una galera. El timbre de la fábrica. En ella se creaban piezas de joyería que costaban más que el salario anual de quien las fabricaba. ¿Y la poesía? Todo bien liso para poder patinar encima sin caer. Nos evaporamos luego. La olla estaba a presión, el calor asfixiante. Sensación de frío glacial, sin embargo. ¿Y la poesía? Dónde estaba. Nos abandonaron. Seguimos puliendo el metal. Crearon leyes que no expulsaban. Que nos confinaban en centros que parecían prisiones. Mi padre estuvo en uno de esos. La fianza que alguien pagó pudo sacarlo de ahí. Las lágrimas cubrían su rostro. No tuvo tiempo de preguntarse por la poesía. El miedo era intenso. A veces sentimos miedo. No hay duda. Aun así preguntamos por la poesía. Es una confianza extraña. Uno pregunta eso en su casa. En su calle. En su ciudad. La de los leones. Si uno vino a la ciudad de la literatura, unx pregunta dónde está la poesía. Entonces creen que la política les pertenece y está lejos de la poesía y se aventuran a imponer leyes. A la troupe de artistas cheerleaders le importa un comino (no todas las veces). Cuando no hay la deportación entonces un comino. Con la familia de Maïa nos reunimos, para saborear los platos de Emma y preguntarnos con énfasis dónde está la poesía. Parece difícil, pero la encontramos. Siempre terminamos por encontrarla. Es como que nacimos en ella. Como que la llevamos dentro, igual que las coreografías. Entonces nos podemos a bailar y a recitar y todo se ilumina. Mientras esperamos las respuestas de las prefecturas que vuelan por el aire como cuchillos filosos. Al cuello llegan si no tienes el papel adecuado. En qué momento se parceló el mundo para que lo gobernaran antisociales. Sin embargo había poesía. No tanta. No siempre. Con la troupe de artistas cheerleaders nos reunimos cada semana junto a un altar de libros y diosas para agradecer que va modificándose el escenario y ya no es como antes, y vamos tramando los saltos e identificando las barreras que se nos van incrustando. Todo es agradecer, y continuar con las coreografías, porque nunca acaban. Lo que hacemos es música, a veces sin darnos cuenta. Concluimos que había la poesía. Lo importante es que la vamos inventando. La revolución 9 es inventar.
Revolución 9 IV
Entramos en los túneles. Todxs entramos en los túneles. A veces salimos de los túneles. Pero siempre acechan. En la era de la perfección tecnicolor nos aventuramos escondiendo nuestros relieves. Todo es liso como el plástico, es un fenómeno extraño. Luego tenemos miedo de que nuestros límites se muestren a simple vista. Nuestra sangre, nuestras vísceras, los fluidos del cuerpo que van dejando huellas. La saliva, el carbón, el sudor, el semen, las algas, el musgo, los coágulos. Nuestra existencia esterilizada se asemeja a un pabellón quirúrgico, las luces nos encandilan, pero no hay nada más que blanco. A mí me interesa el negro de la pintura. Ese rincón al que no le llega la luz. Por qué nos escondemos. Por qué reina el silencio. El moho crece en los recipientes cerrados donde no circula el aire, donde no alcanza la luz. Por qué escondernos. Lo que pareciera protegernos nos hiere, nos ahoga. En la perfección tecnicolor en realidad no circula el aire. Nos ahogamos como lentos suicidios. Porque existir es hacerlo para algo que tiene una consistencia rugosa. Nuestros defectos nos describen bien. Las aristas de nuestra personalidad que parecen lana enredada. Todas esas veces que sentimos rabia, tristeza, celos, envidia. Ahí es cuando entra triunfante el humor. Nunca puede perderse esa oportunidad. Porque a qué vinimos. A reír de las arrugas que nos entregan sabiduría. Reír con cariño porque así todo es tan enmarañado como las tramas indescifrables que nos sacan de quicio. Siempre tuve una predilección por las tramas complejas. El inmenso bulevar recto me hacía llorar porque no me encontraba por ningún lado. Luego de un rato no sabía si había caminado 5 cuadras o ninguna todavía. Los paseantes incrustándose contra mi cuerpo. Pensé que no me pertenecía para nada. Mira hacia adelante, les decía. Mira por donde caminas, les decía. Nadie parecía escuchar. Me sentí cansada rápidamente. Decidí tomar las pequeñas calles. Las callejuelas rugosas sin luz. Así fue como encontré la revolución 9. Tenía en la entrada un letrero en neón rosado. Entré, por supuesto. El espectáculo prometía. Siempre sentí una predilección por las coreografías. Allí estaba la familia de Maïa. La troupe de artistas cheerleaders. Inmediatamente hubo un viraje hacia el humor negro. Me sentí al instante a mis anchas. En la entrada no decía revolución 9. No sé bien por qué entré. El neón rosado me hacía soñar. Pensaba en flamencos y palmeras. En arena del Caribe. Siempre quise vivir en el Caribe. ¿Era porque la playa se veía lisa? Advertí sin embargo que la sombra de las palmeras era oscura como la noche. Como la boca de un lobo. Como la garganta de una fiera. Conocí las bestias. Unas daban más miedo que otras. Todas tenían algo grotesco. Algo siniestro, y sobre todo, algo aburrido. Clavamos el puñal en los vampiros cuando hizo falta. La troupe de artistas cheerleaders saben hacerlo con mucha gracia. Lo hacen mientras bailan, mientras escriben. Como si casi no costara esfuerzo. Juré seguir adelante con esa tropa secreta. Se volvió mi familia. La revolución 9 es en el Caribe con flamencos y palmeras.
Révolution 9 III
La vida es un eterno retorno, no hay duda alguna. Al menos la mía lo es. ¿Será porque unirse a las cosas es definitivo? Nacimos cazando leones, como Diotime. Sólo no lo sabíamos. Allá lejos en las grandes extensiones. Los leones eran tal vez nosotrxs mismxs, pero tampoco lo sabíamos. Todo era quizá como un gran juego. Luego yo llegué a la ciudad de los leones. Lo que a veces no sé es cuántas historias llevo dentro. Las vivo, parten, y vuelven. Tal vez no son tantas. Tal vez hay unas pocas que son significativas y vale la pena que las recuerde. Todo se ha vuelto misterioso, distinto. Siento una mirada dulce, una mirada suave. Las historias se han vuelto lo más importante del mundo. Contar las historias. El resto de las cosas va después. Tal vez porque ahora vivo la historia. Guío la historia. Soy como un gran león abriendo camino en la sabana. No temo a la lanza, aunque a veces temo. Vengo de una estirpe que no aniquila a los leones. Convive con ellxs. Los leones son como un sol en la colina. Nos guían. A veces soy un león y a veces no lo soy. A veces me pierdo en la ciudad. Doy más vueltas de lo necesario. Parto en sentido contrario. Paso por túneles, me encuentro con calles sin salida. Llego tarde. La comida servida. Las manzanas en el horno. Los pimientos y las berenjenas. En Lyon hay un sinfín de túneles desconocidos escondidos en la montaña que se asemejan a las espinas de un pez. Una columna vertebral en la oscuridad que va subiendo, con pozos de agua profundos. Yo no tenía noción de este laberinto extraño. Los túneles de la ciudad de los leones. A veces habitamos los lugares sin saber lo que contienen, o lo que contenían. Lo más vasto de nosotrxs es el silencio. Lo que existe sin existir. Estos singulares pasillos llegan hasta la ciudad de al lado, donde hay grandes piedras, utilizadas para construir cosas. Queremos controlarlo todo, y no controlamos nada. No sabemos ni de dónde vienen nuestros túneles ni para qué servían o estaban destinados. Por qué los construyeron. Subimos con Paul a la punta de la colina, a la gran roca. Paul se sentó en la gran roca como si fuese un juego de niños. Le tomé una fotografía. Fue él quien me habló de los túneles inverosímiles. Le hacían gracia. Y la gran piedra coronándolo todo. Me divierto con él. Está lleno de historias inverosímiles. De historias fantásticas que me hacen reflexionar. Que me hacen trazar líneas. Más tarde me mostró la historia de las estrellas y las buscadoras de huesos. Vertí lágrimas. Porque todo ocurría ahí en esa tierra donde cazábamos leones. Donde yo me aventuré en la selva. Profundo en la selva hasta las grandes cascadas. Entonces el desierto, luego los observatorios de estrellas. Nací en el desierto. Junto con las buscadoras de huesos. Junto con las estrellas. Con los leones. Estaban los lobos que arrancaron la piel a mordiscos. Y la música perdida. Entonces Paul me habló de esto y yo vertí unas lágrimas. Porque todo estaba mezclado. La historia, las historias, nuestra historia, la magia, las estepas, las grandes cordilleras, los océanos interminables. Todo tiene un final, le dije. Todo vuelve, me dijo. Es el eterno retorno. Lo tengo frente a mí, su cuerpo, con un corazón que late, y lo que quiero es que siga latiendo. No quiero que las personas partan. No quiero que las personas vuelvan y vuelvan. Quiero la libertad. Quiero que haya la democracia y recorrer las grandes extensiones sin obstáculos. De la tierra de los leones, a la ciudad de los leones. Qué son los leones, qué representan, qué quieren decir. Cuando me pierdo en la gran ciudad recuerdo las extensiones interminables para refugiarme. Así sentía yo la libertad. Recorriendo. De norte a sur, de sur a norte, de este a oeste. En la revolución 9 hay extensiones interminables que se asemejan al pasaje de los leones por la selva. He perdido materialidad. Debe ser la revolución 9. El amor nos eleva, nos enraíza. El amor es como los leones, rugen al sol. No quiero entrar en esos túneles, me basta con que existan. Lo mío son las grandes extensiones. Lo mío es el amor inconmensurable. Definitivamente soy como el río que llega al mar.
15 de septiembre de 2024
Revolución 9 II
El lugar donde llegaban los libros era un diminuto supermercado donde las cosas tenían pegados los precios como en otra época, y el lugar completo estaba fuera del tiempo. Algo totalmente anacrónico, donde un gran cartel en forma de monolito de metal indicaba los lugares que componían el pasillo de servicios donde ya no quedaba nada más que el supermercado, se indicaba antaño lavandería, peluquería. Ahí estaban los carteles, unidos hacia arriba como afiches de una estación de gasolina del siglo pasado, pero sólo estaba el pequeño supermercado. Cada vez que iba a buscar un libro, en su envoltorio, parecía como que se abría un portal de algún otro lado, y yo podía entrar al bazar que me esperaba. Siempre la misma persona, al principio serio, y luego terminó por alegrarse de verme cada vez, me sonreía. Yo llegaba siempre a último momento. Él parecía tener todo el tiempo del mundo. También estaba eso, se guiaba por un tiempo diferente. ¿Cierra a esta hora?, le pregunté una vez. Depende, me dijo, no, me quedo. Yo lo observaba. De acuerdo, le dije, siempre pienso que voy a llegar tarde cuando el portal se haya cerrado. ¿El portal?, me preguntó. Alguna vez le compré una botella de agua, porque después me quedaba en el parque leyendo los libros. Con los murciélagos del atardecer. Creo que el supermercado era como el ropero de Narnia, y de ahí salían los libros. Un ropero de Narnia en un barrio residencial donde no había nada más que edificios de pocos pisos, y árboles. Yo comunicaba el nombre que me habían indicado, para recibir el libro, a veces variaba, como un código secreto, la persona observaba su pequeña pantalla y luego buscaba sobre una breve colina de paquetes. Después de 40 días Paul me dijo juntémonos en el lugar de los libros. Tenía la dirección, era él el que me los enviaba. Juntémonos en el ropero de Narnia, de acuerdo, le dije. ¿El ropero de Narnia?, me preguntó. Sí, le dije, espero se abra cuando lleguemos. No nos veíamos desde hace nueve años. Lo que es una cantidad de tiempo considerable. Una vida completa, parecía, y asimismo una línea paralela que nos había mantenido unidos y cercanos en el tiempo. No habíamos hablado en nueve años. Nunca tuve la oportunidad de decirle en persona lo que su biblioteca nómade había transformado en mi alma. Esta sería la primera vez. Era una ocasión muy particular. Lo que el tiempo había decidido era dejar suspendido el recuerdo de su biblioteca en mi espíritu nómade. Lo que yo quería era mirarlo a los ojos. Era aterrizar el mito. Habría cambiado, sin duda, así como yo misma me había transformado en nueve años de literatura, desierto y paraíso. Este me parecía un encuentro crucial. Algo que había estado esperando por muchos años, sin esperar. Para mí Paul había pasado a ser un personaje de ficción. No podía ser real. Tal vez verlo en persona iba a confirmarme a ciencia cierta que tenía un cuerpo. Muchas veces quise poseer ese cuerpo, en el terreno del delirio, del ropero de Narnia. No sé bien cuál es ese terreno. Uno que es incierto. En el que pueden llevarse a cabo asuntos inesperados. Donde viven las personas condenadas, del tiempo fijo. Como la persona del supermercado diminuto anacrónico. Con Paul nada es irrelevante o anodino, no podíamos encontrarnos en la puerta de mi casa, por supuesto. Tenía que ser en el portal desconocido. En la gasolinera desaparecida. Qué es el tiempo. Qué es la realidad. A veces no tengo ni idea, a veces soy yo la que vive en roperos de Narnia, y las gasolineras desaparecidas son la norma. Tal vez entrar en ese portal con Paul sería tirar un cable a tierra. Tal vez tenía razón de darme cita en el portal del espacio-tiempo. Para elegir un espacio y un tiempo. Para que la magia tomara forma. Me gusta que su existencia sea fuera del tiempo, como el personaje misterioso del supermercado microscópico que se hace gigante como un objeto del bolso de Mary Poppins. Siempre llenos de relojes que estamos como el conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas. Lo que más me gusta es la magia que lo acompaña. La posibilidad de salir de este mundo, dentro del mundo. Tal vez lo que siento es una especie de serenidad de la existencia de la magia. La intuición la tenía. La existencia del sinfín de casualidades también me da una especie de serenidad, mezclada con alerta. Es demasiado. Nos parecemos como dos gotas de agua. Hay algo en el límite de lo extraño. A mí me gustan los límites, para atravesarlos. Su existencia está cosida a la mía desde siempre, es evidente. Como las estrellas están cosidas entre ellas para acercarse cuando es el momento. Paul es esa casualidad perfecta que estaba esperando. Como un ropero de Narnia que se abre en la cotidianeidad para llevarme a otros parajes. Estoy preparada para la revolución 9. Los libros los tengo, seguir leyéndolos. Escribirlos. Paul es la casualidad justa. Algo que podría describir como alegría. Como placer. Tal vez encierra en él todo lo que me gusta de este mundo. Por eso lo sigo de cerca. Por eso le pregunté si quería formar parte de mi vida. La literatura aprendió a compartir. Un día se abre el ropero de Narnia. Lo que viene es explorar. Lo que viene es vivir.
Revolución 9
Un día como hoy, exactamente como hoy, de un año anterior de nuestro calendario, quince de septiembre del año dos mil trece, subí a la nave espacial hacia Barcelona. Tenía la forma de un avión. Un gran avión. Tenía dos maletas, con libros. Quería llevarlos conmigo. Vestirse, de acuerdo, pero luego los versos, pero luego las indicaciones de cómo sobrevivir a la avalancha. Se acercaban las fiestas patrias en aquel país donde nací. Yo llegué al día siguiente de haber ingresado a la nave, al aeropuerto de Barcelona, porque ambos lugares están a catorce horas de avión, y además había que hacer una escala porque no existían los vuelos directos. Bajé de la nave: once años. Quince de septiembre de dos mil veinticuatro. Vuelvo de un viaje de 9 días. La revolución 9. Luego de 9 años y habitar la biblioteca nómade. De qué trata la revolución 9. Mi nombre es Camille, siempre he creído en la justicia. Siempre he creído en la literatura. Tengo una fe ciega. De esas que mueven montañas. Voy dando con el mazo, sin embargo. Porque esa fe no sé de dónde viene. Por más que intento buscar, nada. No tengo idea. La poesía me ha dado gran parte de las respuestas. La filosofía me ha generado la mayor parte de las preguntas. Buscaba las respuestas, y sólo preguntas. Pero encontrar las respuestas trata sobre encontrar las preguntas adecuadas. La existencia me ha aniquilado de preguntas, intento abordarlas con calma. ¿Demasiada calma, tal vez? La premura es enemiga de las respuestas adecuadas. Las vamos coleccionado y luego todo va transformándose y entonces ya nada tiene sentido. El feminismo me ha entregado cientos de respuestas que son como habitar una casa, estoy agradecida. Hace cuatro años comencé a leer muy atentamente sobre los derechos de las mujeres. Una ruta militante que modificó mi cerebro completo. Algo así como reinventar la identidad entregada. Unirse es todo. La revolución 9 es lo siguiente: la integración de todo. Le debo mucho a Paul, el viaje de 9 días, que comenzó cuarenta días antes, que tuvo su origen 9 años antes, cuando recién habitaba el terreno de la Francia. Paul es la poesía en estado puro. Yo pensé que la poesía sólo estaba anotada en libros. Su voz compone los versos, su piel, sus ojos azules y amarillos. La totalidad de sus frases son poemas. Tuve suerte de encontrarlo. La existencia tiene eso entrañable, te asalta muy duro por momentos por la espalda, y otras veces te sonríe como si nada hubiese ocurrido. Da para desconfiar. Pero yo tengo una fe ciega. Creo que es un punto a favor. Revolución 9 entonces. Convengamos que existir es un viaje. Yo vengo llegando de uno de 9 días. Vamos al punto. Comencé hace cuatro años a leer casi exclusivamente a mujeres y a realizar proyectos con mujeres. Fue un gran descubrimiento. El comienzo de algo grande. Que ha dado sus frutos. Luego de cuatro años, la revolución 9 y la integración total. La revolución 9 es la poesía. Luego de mi viaje de cuatro años todo es posible y todo está unido. Retomar la lectura de personas, de proyectos con personas, sumergirme en la poesía para que nazca el nuevo ser vivo. La gran persona, el gran animal. La revolución 9 es el gran animal. Es el Gran Animal compuesto de Poesía. Lo fantástico es que yo tomé esa nave espacial en forma de avión un día, más tarde me encontré con Paul, y siempre la poesía. Mi nombre es Camille y hay límites pero pasamos entre las barreras. Partimos al galope, escoltados por sus guardias, y lo que para él no era más que una caza después de tantas otras, para mí fue la embriaguez, la invención de la vida, escribió Henry Bauchau en Diotime et les lions, entonces descubrí la alegría de la velocidad en el aire ardiente y el olor de las cabalgaduras, placer como ese sólo he vuelto a experimentarlo en alta mar, con fuerte viento, cuando Arsés llevaba el timón. La revolución 9 es el erotismo, la sensualidad, el placer, de saberse vivx. Galope a campo travieso, océano abierto. Revolución 9 es el ser vivo que es animal y persona. Son todos los derechos. Es el mundo sin clasificaciones que destruyen. Es el mundo de la literatura. El viaje de 9 días me reveló algo esencial: existe la belleza y el amor. Nos sumergimos en el río que bordea el inmenso risco de piedra. En él se ve la historia, el paso del tiempo. Así es como se mide el tiempo, en historias. Tal vez no exista el tiempo, escribió Robin Wall Kimmerer botanista y escritora Potawatomi, sólo hay momentos, cada uno con su propia historia. Lo más fundamental que he realizado en estos años es escuchar y leer historias. Ser parte del tiempo. De los momentos y sus historias. Revolución 9 es la historia. Mi nombre es Camille y todo está integrado. Revolución 9 y la música. Que sea en este mundo, al contrario de lo que soñó Baudelaire. No importa dónde, en todos lados, pero que sea en este mundo.
14 de septiembre de 2024
Occitanie
Nueve años y nueve días. Nueve días de viaje. Porque cada día es una vida. Una vela. Una estrella. Un árbol. Una guarida. Una cascada. Dónde estabas, me pregunto a veces. Ya no tiene sentido la pregunta. Subí la colina, crucé el parque, desde lejos te vi. Observé hacia la acera de enfrente, lejos hacia delante. Estabas sentado en la hierba, entre la acerca y la calle. Eras tú, lo supe enseguida. Me viste desde lejos. Te pusiste de pie, crucé sin prisa hasta ti, observando hacia ambos lados. No era el momento de morir. Llevaba ya el amor dentro, el que te aniquila de intensidad. Me abrazaste, nos besamos. Nos miramos a los ojos. Era una especie de sueño vital en el tiempo detenido. Nueve años y el primer día. Nos reunimos en el lugar donde llegaban los libros que me enviabas de regalo desde lejos. Ahora me llegaba al fin tu cuerpo. Tu existencia completa. Existir es como ese crepúsculo rojo entre viñedos, algo que te enciende el alma para luego modificarse. Estuvimos en el lugar de las velas que vuelan sobre el agua, sentados en la arena. Los nueve días se mezclan ahora, los nueve años. Todo me asedia. Cada día fue uno de esos años. Dónde estabas, y nueve días de saber que existes en esta tierra, que es tan mía. Soy todos los viñedos, las colinas verdes, el río y las olas. Los árboles que nos cobijaron. Al despertarnos, y nos rodeaban, como una canción de cuna, meciéndose con el viento. Caminamos por la ciudad, buscando nuevos lugares, eso parecía, todo era nuevo, detalles desconocidos, horas en una café, pintando el paraíso. No entiendo bien cómo sucedió. Creo que Adam te trajo. Paul, eres el sueño infinito que tomó forma, le dije. Camille, quédate a mi lado, me dijiste. Un gran sofá en el café. Dos tazas de café en la mesa redonda frente a nosotros. Zumos de fruta, limonada y frambuesa. La terraza del café de la librería y el sol de la tarde. Todo se mezcla. Nueve días. El edén en nueve días, y la incertidumbre y el reconocerse. Cómo te llamas, le dije. Quién eres. Quería saberlo todo. Estoy enamorada de ti, le dije en esos días de fuego. Todo era calma, y tormenta salvaje en las entrañas. No sabemos bien lo que es el amor hasta que lo sentimos dentro como miles de explosiones de estrellas. Como mariposas que se van volando suavemente. El deseo siempre es oscuro. Es totalmente misterioso y apremiante. No conoce la calma para nada. Una apariencia de calma que esconde una catarata que se viene encima. No hay calma posible. Mi deseo es totalmente sombrío. Porque lo quiere todo. No conoce las medias tintas. Soy el vértigo hecho día. El vértigo hecho órganos. Amo de una manera que me aniquila. Que me devasta porque lo invade todo. No puedo detenerme. No puedo simular reposo. Porque hay las explosiones. Nací para poseer tu cuerpo. A veces me pregunto si hay algo más. La literatura. Siempre está. Entonces está tu cuerpo y la literatura. Las historias que hace nacer tu cuerpo en el mío. El deseo y el amor se entrelazan y se acompañan. Escribo tu nombre, escribió Paul Éluard, sobre las sendas despertadas, sobre las carreteras desplegadas, sobre los lugares que desbordan. Eres un lugar que desborda. Eres el amor que desborda. No sé cómo era mi nombre. Lo único que hay en mi cerebro es tu existencia enigmática. Nunca quise tanto descifrar las incógnitas del presente. Me intrigas. Necesito entender tu mirada sobre las cosas. Es la poesía pura. Tuve esa intuición. Sentí el océano dentro y supe que no habría vuelta atrás. Existir me interesa especialmente si es contigo. Admiro tu camino, tu cruzada, tu visión. Todo tu arte. Que está ensamblado tan bien con tu cuerpo. El amor es como una puerta que abrimos hacia el paraíso. Una seguridad de que hay un lugar al que pertenecemos, en el que todos nuestros versos reposan inflamados de orgullo y esperanza. El amor sirve para creer, para tener fe, para saber que la providencia es la fortuna de los seres que esperan con paciencia que un día serán llamados por el sentimiento. La emoción nos va escribiendo. Creemos que la escribimos, pero es ella la que nos escribe. Nos volvemos emoción porque ahí está el camino. Te encontré y entonces supe que los versos se ajustaban al planeta tierra. Supe que había significados que no había alcanzado y ahora todo hacía sentido. Nueve días y la certeza definitiva. No puedo olvidar. Nunca olvido. Voy contigo. Para ti escribo. Porque en ti encajan los versos, como las casualidades. Todo adquiere un sentido justo. Las emociones precisas que van dando un significado a cada paso. A veces la emoción intensa hace temblar. La incertidumbre es total y constante en el camino de la literatura, pero tus ojos contienen la explicación a cada pregunta. Tus ojos azules y amarillos. Quiero que todo sea en tus brazos. Con tus manos. Con tu lengua. Con tu boca. Escribimos porque conocimos el cuerpo. Eso nos unió a la tierra. Eso nos dio un lugar. El mío es contigo, fuera de este mundo, dentro de este mundo, cosidos a la poesía, como si sólo fuéramos versos. Los versos y tu cuerpo. Ahora entiendo porqué escribía. Todo fue para encontrarte. Para entregarte la literatura de mis valijas. Las que traje desde lejos y ahora han crecido porque la pluma delinea y delinea. Nueve días y la certeza tiene la consistencia de las piedras de lava. El río al rojo vivo que desata la creación. El viaje fue crearlo todo para delinear el edén que ahora siento dentro. Escribo tu nombre, escribió Paul Éluard, sobre los campos en el horizonte, sobre las alas de los pájaros, y sobre el molino de las sombras. Revolución nueve, cantaban The Beatles. 9 días del parnaso. Número 9. 9 años y 9 días. Soy completamente tuya, y estoy completamente lista para la revolución. Veo el barco con luces de colores que pasa frente a la ventana deslizándose por el agua oscura en la noche bajo la luna. Mi alma va en él porque alcancé el parnaso.
Generación del 24
La literatura es en la soledad. Es en el viaje. En ese viaje que nunca acaba. Que se renueva. Como un regalo cien veces entregado. Como el río que corre raudo caudal abajo. Como cada pequeña gran ola en el agua, inmensa como la esperanza. La que nunca se detiene. La que se renueva. Vinimos de lejos. Nos detuvimos un día. En un lugar del mapa. Un lugar que nos acogió a ratos con cariño, a ratos con distancia. Sentíamos la distancia. Sentíamos la lengua en nosotrxs. Lo que queda es la lengua. Lo que queda es la solidaridad. La cercanía. Publicábamos libros mientras soñábamos. Siempre en la penumbra, siempre en lo borroso que perfora. Intentábamos publicar libros mientras reflexionábamos. Mientras el recuerdo candente. El presente de fuego. Escribir es siempre el fuego, pero en silencio. En la nada. En el aire. En el vacío. Un café y el encuentro. Un bar y el encuentro. Esa vibración de una sintonía fina que es un hilo que lo une todo. Un colectivo de escritores en lengua castellana en Lyon, perdidos en Lyon, encontrados en Lyon. Escribir es encontrar. Acercarse es conversar y trazar los versos en el aire. Conversar es otra manera de escribir, es la extensión de los versos, es la sustancia de los versos. La generación del 24, dijimos. Porque siempre escribir es inspirarse, porque siempre es reír. Es transformarlo todo, reescribirlo, volver a inventarlo, modificar la corriente tozuda. Ser escritor es obstinación. Cambiar cuando el hastío arrecia, cuando hay el dolor o la desesperanza. Cuando los papeles no llegan, o no da para la tinta. Entonces el esfuerzo y el encuentro. Todos los tiempos son el tiempo del esfuerzo y el tiempo del encuentro. Escribir es en la soledad, pero la sustancia está en la conversación y en el movimiento de los elementos y los seres vivos. La poesía es el absoluto nómade. Dimos por constituido el colectivo de escritores en lengua castellana en Lyon, Generación del 24, porque buscar es alcanzar, un día, tal vez un día. Escribir es delinear frases en la incertidumbre que va abrasando. Lyon nos abre los brazos porque las ciudades están dispuestas para la literatura. Lyon es la ciudad de la literatura. Trajimos nuestros versos, con esperanza, a ratos con impotencia, con sabiduría, con alegría, nunca olvidamos de dónde venimos. Pero sabemos que pertenecer es una entelequia. Sabemos que la identidad es algo móvil y fluido. Nunca queremos clasificaciones, y siempre lectorxs. Porque quien lee vuelve a escribir un verso que se volvió huérfano en cuanto salió de la pluma. Lo que tenemos son nuestrxs libros que llevamos con nosotrxs, con amor, los libros de los demás, que llevamos con nosotrxs, con amor. Los libros de los otrxs son nosotrxs hasta un cierto punto. Cada unx es un fragmento de la epifanía constante de la literatura. Trajimos poesía y encontramos poesía. Siempre es mejor unidxs. Siempre es mejor recordando. Siempre es mejor leyendo. Siempre la conversación y el milagro de lo que se crea en el espacio entre nosotrxs. Entre las personas y los versos. Todo ese espacio disponible preparado para llenarse de frases de verdad. Lo que decimos sale de las entrañas. De las tripas de la tierra y de las constelaciones celestes. Nuestros huesos de calcio, como las estrellas. La luna y su lado oscuro, siempre velando por la salida de nuestro ahogo que se aliviana con el sol y el caminar pausado por el borde del río. Un día 13 de septiembre comenzó. La generación del 24 y la resistencia constante. Siempre la literatura. Poesía para volver. Para nunca dejar de volver, y volver. Con la frente en alto. La mirada febril siempre, como quiso Gardel, errante en las sombras. Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar, cantaba. Sacamos algo en claro: no tenemos miedo. Que nos persigan, que nos amenacen, siempre la vida y siempre la voz, siempre la acción que revoluciona. Renovar la poesía y los poderosos que tiemblen. Con alma humilde conocer los límites. Escribir con calma. Ir descifrando las formas. No hay peor obstáculo que el que intenta sobrepasarse con premura. Sabemos que partir de nuevo en otro lugar es un tiempo paralelo que no conoce urgencia porque es lento como un caracol junto al viento sin prisa. Nada sucede al paso de lo imaginado. Terminamos por acostumbrarnos. Sin nunca rendirnos. Por eso nos reunimos. Por eso luchamos, y aceptamos, sabiendo que el reino es de las letras rebeldes que quieren decir verdad. Que quieren gritar tornado y relámpagos. La historia se ha movido por quienes se unieron para escribir, para decir, para actuar. Con tesón crear. Lanzarse a los caminos, como quiso Bolaño. Ahí estamos. Con él y sin él. Porque siempre la existencia es doble. Desde lejos y cerca. El grupo de escritores de lengua inmigrante, pero quién dicta la lengua de un lugar. Nuestra lengua también es de este lugar, y la lengua del lugar nos pertenece, porque todo y nada pertenece a todos y a nadie. A la extrema derecha le decimos, inmigraciones y arte. Estamos en casa. Nuestra identidad múltiple tiene derechos claros, que no nos serán arrebatados. Seguiremos creando porque a eso vinimos. A inventarlo todo de nuevo en nuestros sueños. En nuestra realidad luminosa y a ratos oscura. Nos tenemos unxs a otrxs porque eso es vivir. Soy reina y fui mendiga, escribió Gabriela Mistral. El olvido no es fácil, escribe Carmen Ávila, a pesar de todas las penas, el futuro desde antaño, nos había ya perdonado. Movimiento y poesía por siempre. Todo es el viaje. Generación del 24.
12 de septiembre de 2024
Drôme
Todo es el viaje. Lyon, Ardèche, Drôme, Occitanie. Todo es literalmente el viaje. La música. La poesía del viaje. La travesía por los versos. La literatura está en todos lados. Las personas que dan vida. Los caminos sinuosos y el grito. Las curvas y el risco. El bosque, el bosque. Las casas de piedra. Las iglesias, los viñedos. El mar. Amo este país misterioso y mágico. Este país hermoso. Esta vida llena de vidas. Llena de historias. Que recibo. Que cuento. Soy todas las historias. Escucho con el corazón abierto. Los versos van hilvanando mis fragmentos. Todo se vuelve uno. Qué es la identidad. Qué es vivir. La identidad es el viaje y la vida. Lo que los otrxs te entregan. Los límites. Lo que nos separa de los demás. De las historias de los demás. Lo que los otrxs no nos entregan. En un viaje hay tormentas y sol. Todo encuentra su lugar. Todo se ilumina al paso del amor. Lo que busco es amor e historias. Lo que encuentro es amor e historias. Siempre encuentro la música. En el viento, en la naturaleza, en la voz, en el agua. Los inmensos acantilados de roca tallada por el tiempo. Colinas volcánicas y lava. Todo estuvo ahí. El río que se desplaza suavemente y al mismo tiempo con fuerza en sus entrañas. Luego los tornasoles, las colinas verdes, las montañas, las ciudades de piedras con pequeñas calles que van ascendiendo y terminan en grandes escaleras directamente al cielo. Veletas de dragones y el tiempo. Siempre el tiempo. Qué buscaba. ¿Buscaba tiempo? Qué es el tiempo. Te encontré. Eso es lo que importa. Es lo único que me importa. Tú, la literatura, y los otrxs. Todxs a quienes amo. Amo este país del milagro. Este país de la historia y de tus versos. Llevo en mí la historia. De muy lejos traje la historia. Para que nunca sea olvidada. Traje las estrellas. Las constelaciones del hemisferio contrario. Todo va en mí. Voy contigo. Todo es viaje. Soy la estrella nómade que encontró sus versos más íntimos, construidos con historias de viajes, con caminos que van pavimentándose en la piel, hasta que son nosotros. Siempre fueron nosotrxs. Somos los otrxs de la misma manera que ellxs son ellxs mismxs. Nos pertenecen las historias y no nos pertenecen. Nada nos pertenece. Yo te encontré, voy contigo, y todo es el viaje. El regalo del mundo hay que reescribirlo. Escuchar las historias y reescribirlo. Todo guarda una historia. Todas las piedras y todos los gritos. La literatura es la historia de las cosas que van sedimentándose en el alma. Es ir decantando el sortilegio para explorar su origen y sus consecuencias. El agua siempre. Que fluye, que avanza. La lluvia, los relámpagos, el río, el mar. Todo es nosotrxs, y yo voy contigo en el viaje. Sólo tiempo, voz y poesía. El viaje de saberse vivo y amar. Recibir el regalo y recomenzar. Recordar y recomenzar. Crear es apersonarse en la vida como en un viaje: con los sentidos abiertos al asombro. Con los sentidos y la emoción abierta al amor. Crear es recorrer la emoción hasta el vértigo. Crear es entregarlo todo. El viaje absoluto. Como libros en una maleta. Lo que nunca acaba. La literatura es vivir en viaje, y siempre el asombro, y siempre el amor.
8 de septiembre de 2024
Ardèche
Cuál es la sustancia de la felicidad. Cuáles son sus contornos, sus límites, sus impulsos. En medio de viñedos y casas de piedra. Una tormenta eléctrica como si el mundo fuera a acabarse y tu cuerpo. La lluvia torrencial y los relámpagos. El cumpleaños de Adam y su presencia constante. No sé en qué momento comenzó la vida. No conozco su sustancia exacta. Pero están tus palabras y tu mirada. Tu abrazo. Observo la existencia, la siento. La dejo sorprenderme. Acepto que me llene de interrogantes y de un gozo que es idéntico al misterio. Sé que hubo un día en que todo comenzó. Subterráneos que llegaban a mi corazón. Peces, olas. Sol. Los versos tienen la consistencia del delirio. Cuando queremos atraparlos ya son nosotros. Soy tanto tus versos y eres mi poesía. Todo fue para decirte. Veo los muros de piedras, las calles de tierra con pequeñas frutas y flores. La tierra tiene un corazón, es evidente. Creo que late al ritmo del tuyo. Al compás de la vibración del mío cuando me abrazas. Cuando sonríes. La existencia era de una cierta manera. Crearlo todo de nuevo. Porque el corazón de la tierra gira como flotando en el espacio, y los pies sobre los montículos de arcilla. Porque vivir es dejar para otro momento la respuesta absoluta. Todas las respuestas. Existen, pero no son necesarias. Descubrir es el embrujo. Una extraña confianza desconocida. ¿Y si existir es simple como la brisa que mece los cabellos? Como un día de campo y el sol que va y viene entre las nubes. ¿Y si todo es poesía y todo trata sobre ir encontrándola? A veces no sé a qué vine pero quiero estar aquí. Quiero que la serenidad sea la regla, como se siente mi corazón cuando advierte el amor en tu mirada. Si el amor era enigmático ahora puedo tocarlo con las manos. Puedo acunarlo en mis brazos como la brisa que mece los cabellos. Tal había un final para la lucha. Una tregua. Que encarna la sustancia de la literatura, lo que nos incita a escribir. Descubrir es siempre acompañado de consecuencias. Yo soñé pero el sol iba y venía. Tal vez se quede, tal vez una tregua, el amor es la propuesta que se extiende en el tiempo. El amor es no entender la sustancia de las cosas pero reconocer un esfuerzo secreto, insondable. Confiar en lo indescifrable. Una existencia creada de treguas. Interrupciones que vayan trazando una línea. Hay una cierta realidad que tiene a ratos la consistencia de la felicidad. Las preguntas siempre. La entrega siempre, porque la música que crea la poesía es definitiva en el alma desnuda. Sin abrigo me presenté. Siempre quise saber lo que era vivir. Tenía nociones, relámpagos. Esta es la música de la sustancia. Donde todo tiene un significado. Donde las cosas se encuentran. Como grandes casualidades que van sugiriendo un camino al encontrarse. Vivir era posible. Esa intuición siempre la tuve. Lo que no sabía era la sustancia exacta. Relámpagos y tu cuerpo. El camino y la literatura. Sólo me interesa vivir. La poesía de tu cuerpo y lo que produce en mis versos que nacieron al calor de las olas a la deriva. Ahora sé que nacieron para explicar lo que causa tu delicadeza en mi espíritu. Un día aprendemos a sentir sin miedo. Aprendemos a decir sin miedo. El amor es la chispa que lo enciende todo. El inicio, el transcurso y el final del camino. Escribí porque buscaba. En estas murallas de piedra y la tormenta infinita encontré una respuesta. Somos el polvo de estrellas que inicia el milagro. El amor es la creación infinita, igual que la literatura. Esta tu cuerpo y todo lo demás. Están los versos y la sugerencia de fuego. La tormenta infinita es la creación todopoderosa. En tus labios estaba escondida la existencia. El sol la trajo. La tregua es real. Tiene la consistencia de tu lengua. Existir tenía relación con tu cuerpo y con tu voz. Con el inicio de la aventura y su sorpresa. Todo comienza y el sol arriba. El misterio intacto y siempre la búsqueda de fuego. Que sea contigo porque el destino a veces es exacto como el gozo de tu risa en mi espíritu. Que la literatura sea contigo. La búsqueda. La creación infinita.
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